domingo, 12 de abril de 2009

Philip Roth: Elegía


Idioma original: inglés
Título original: Everyman
Año de publicación: 2006
Valoración: Muy recomendable

Si no os importa, voy a empezar con una batallita. La primera novela que leí de Philip Roth la leí por error. Acababa de leerme dos novelas de Joseph Roth (Hotel Savoy y La leyenda del Santo Bebedor) y me habían encantado, y quería leerme algo más de él, así que cuando encontré por casa un libro de un tal Roth, lo cogí sin mirar más, y empecé a leerlo. Aquel libro era El lamento de Portnoy, y claro, a mí me extrañaba bastante que un autor centroeuropeo de la primera mitad del siglo XX escribiera sobre las tribulaciones de un judío en Newark (Nueva Jersey), obsesionado por su incapacidad para disfrutar de las más variadas y freudianas experiencias sexuales. Una vez aclarado el error, la novela me gustó bastante, tengo que decir.

Desde aquel primer encuentro accidental, he leído varias novelas más de Philip Roth, y casi todas me han dejado una sensación parecida: la de que son buenas novelas, bien escritas, "sólidas" como ficciones y como narraciones, pero ninguna llega a ser redonda, perfecta. Tanto en Me casé con un comunista como en Sale el espectro hay momentos brillantes, pasajes sobre lo físico y sobre lo metafísico que quitan el aliento (y Roth no se corta un pelo a la hora de sumergirse en lo físico, tanto en lo sexual como en lo escatológico). Pero en todas ellas, también, hay momentos en los que la novela pierde fuerza, como si Roth fuera mejor en el arte de escribir que en el arte de tachar o tirar a la basura.

A Elegía (en inglés, Everyman, con una referencia al drama medieval del mismo título que se pierde en el español), le pasa algo parecido: al principio me costó entrar en la novela, las primeras 50 páginas -en las que se celebra el funeral del protagonista y algunos de sus allegados comienzan a recordarlo- me parecieron excesivament densas, torpes, de ritmo atrancado. A partir de ahí la cosa mejoró, y la segunda mitad, que trata sobre todo de la vejez y sus consecuencias, me encantó. De hecho, de todas las novelas que he leído de Roth, es por ahora la que más me ha gustado.

Y eso es precisamente lo que me pasa con Philip Roth: que la novela que más me ha gustado me parece "Muy recomendable", que no es poco, pero ninguna de ellas "Imprescindible". Dicen que La mancha humana es su mejor novela. Espero leérmela dentro de poco y ver si por fin consigue subir ese último peldaño. Porque a Roth sólo le falta éso y el Premio Nobel...

3 comentarios:

Paula dijo...

A mí la película no me gustó. Cinematográficamente me pareció preciosa (aunque no soy una entendida), pero en mi opinión los personajes no estaban más que delineados. La relación entre los personajes me resultaba inconsistente; como si se hubieran dado por sentadas muchas cosas y se hubiera saltado por encima de muchas de las cosas básicas que ayudan a que se forje una relación. Floja. Y me pregunto si con el libro se queda uno con la misma sensación de que las piezas no encajan. ¿Qué opinas sobre esto, Santi?

Santi dijo...

Hola, Paula, creo que te refieres a esta película: http://en.wikipedia.org/wiki/Elegy_(film) ¿no?

Lo que pasa es que esa película está basada en otra novela de Roth, The Dying Animal, que trata del típico personaje de Roth, vagamente (o no tanto) basado en sí mismo: profesor de literatura, escritor, judío, libidinoso...

Yo también vi la película y no me gustó, en ningún momento me creí la historia, ni la relación, ni los personajes... Los actores lo hacen bien, porque son muy buenos actores -y eso que Penélope Cruz no es santo de mi devoción...-, pero no son suficientes para salvar la película.

En cuanto al libro, el personaje principal está mucho mejor dibujado que los secundarios, que en realidad no son más que excusas para explicar la evolución emocional, psicológica y sexual del protagonista. Pero vamos, que en general me gustó bastante, la que más me ha gustado de Roth por ahora.

Jaime dijo...

Es verdad, no había caído en que existía esa peli. Coincido con Paula, parecía que las cosas se mencionaban o se anunciaban, en vez de mostrarse. O sea, "la alumna guapa se enamora del profesor viejo", pero sin que eso se siguiera de lo que se ve en pantalla.