miércoles, 18 de noviembre de 2009

Philip Roth: El animal moribundo

Idioma original: inglés
Título original: The Dying AnimalAño de publicación: 2001
Valoración: Recomendable

Conviene empezar aclarando que esta es la novela en la que se basó Isabel Coixet para su película Elegy, y no en el libro -también de Philip Roth- que en español se tituló Elegía, y que en inglés se titulaba Everyman (perdón por el trabalenguas). De hecho, la lectura de este libro ha estado muy condicionada por el recuerdo de la película (que por cierto no me gustó demasiado): mientras leía, no podía evitar ponerle a David Kepesh la cara de Ben Kingsley, ni a Consuela Castillo la de Penélope Cruz. Y a pesar de eso, la novela -que no está al nivel de las novelas mayores de Roth- me ha gustado más que la película.

Como en muchas otras novelas de Roth, aunque aquí de manera más consciente y constante, el tema central es el sexo. El sexo, en relación con el amor, con las convenciones sociales o con la pura carnalidad del cuerpo. O con la enfermedad, o con la muerte. También como siempre, Roth no huye de los aspectos más pornográficos, fisiológicos o incluso escatológicos de la realidad de los personajes, algo que sin duda considero una virtud, aunque dé lugar a escenas algo duras.

La historia: David Kepesh, crítico literario y profesor a tiempo parcial, acostumbra a acostarse con sus alumnas, que lo encuentran irresistible porque sale en la tele (sic); en uno de sus cursos, conoce a Consuela Castillo, hija de exiliados cubanos de grandes pechos, sensual, superficial, contradictoria. Los dos empiezan una relación fundamentalmente sexual, que es el centro de la novela. Todas las demás historias y personajes que aparecen, son variaciones sobre el mismo tema: la tensión entre el puro deseo sexual, y las concesiones al convencionalismo, el conformismo o el amor. Para Kepesh -y quizás para Roth-, todo el que renuncia a un gramo de deseo, se está traicionando a sí mismo.

Y sin embargo, en la segunda mitad de la novela (no creo estar desvelando ningún gran secreto de la trama) el personaje principal sucumbe, sentimentaliza su relación con Consuela, en una palabra: se enamora. Siempre me ha llamado la atención que en muchas novelas, series o películas (sobre todo si son hollywoodienses), los personajes que deciden vivir su sexualidad de manera puramente física, al margen de convencionalismos o sentimentalismos, acaban o muertos o enamorados. En esta novela, con su contundente frase final (you are finished: "estás acabado") parecen unificarse ambas salidas posibles: enamorarse equivale a morir.

También de Roth: Elegía, La mancha humana.

5 comentarios:

izas dijo...

Es curioso, sí. En Hollywood, todo aquel que decide vivir su sexualidad de forma física acaba enamorándose perdidamente de alguien. Claro que también el putón del instituto acaba convirtiéndose en una chica decente y religiosa (salvo en Grease) y el chico malo y rebelde se vuelve un chico bueno y romántico.
Como la vida misma, vamos.

Jaime dijo...

En un congreso le escuché decir a un crítico de cine que en la mayoría de películas de terror actuales los personajes que mueren han pecado -en algún momento, de un modo u otro, siendo conscientes o no- contra los preceptos del cristianismo tradicional. El asesino en serie o los zombis, vampiros y demás vendrían así a convertirse en sustitutos post-modernos del Dios que juzga a vivos y muertos.
Tiene algo que ver con lo que comentas. ¿No creéis que hay una especie de subconsciente colectivo donde sobreviven las creencias que nuestra consciencia ha abandonado? Hoy la propaganda oficial nos invita por todos sus canales a disfrutar del sexo sin limitaciones convencionales, pero parece que en el fondo no estamos tan convencidos...

izas dijo...

Lo que pasa es que formamos parte de una generación a la que han educado en los valores tradicionales y eso no nos lo quitamos de encima fácilmente. Aunque mis padres no son tan tradicionales como mis abuelos, recuerdo a mi madre diciéndome que lo que yo tenía que hacer en la vida era estudiar una carrera, conseguir un trabajo y, a los 30 años, casarme y tener hijos [de verdad, qué agonía de infancia].

Así que, de puertas para afuera, todos somos liberales y, en principio, hemos evolucionado y respetamos cualquier opción que nos encontremos, pero, de puertas para adentro, la educación recibida pesa lo suyo.
Aunque nos fastidie.

Santi dijo...

Respecto a lo de "pecar significa morir" en las películas de terror, es famoso el decálogo de normas del género que aparece en la película Scream, y una de las normas es precisamente que el que folla, muere.

La otra opción es más sutil: personajes hedonistas con respecto a su propia sexualidad, que de repente descubren que eso no les llena, y que en realidad lo que les va a hacer felices es enamorarse, tener hijos, fundar una familia. En este sentido, casi podríamos llamar a estas películas "propaganda" del modelo de vida occidental más convencional. Fuera de este modelo, aparentemente, no existe felicidad.

izas dijo...

Quizá por eso mis amigas sólo me recomiendan un tipo de libros... Seguro que cualquier día empiezan a buscarme novio o a darme folletos de inseminación in vitro :S