lunes, 16 de noviembre de 2009

Ryszard Kapuscinski: El Imperio

Idioma original: Polaco
Título original: Imperium
Año de publicación: 1993
Valoración: Muy recomendable

SANTI: Bueno, Jaime, ¿qué te ha parecido Imperio?

JAIME: Pues mira, sólo te voy a decir una palabra: "Naranjada".

SANTI: Pues me has dejado como estaba. ¿Me he perdido algo? ¿O es una referencia a algún pasaje del libro que no he leído con la atención que debería?

JAIME: Jejej... No, no, supongo que no es un pasaje más importante que el resto, pero sintetiza bastante bien lo que me ha atraído de El Imperio. Cuando está contando su viaje por Azerbaiyán, Kapuscinski comenta que, tradicionalmente, las chicas de por allí tenían nombres como Flor o Primavera. Sin embargo, después de la Revolución, y para adaptarse a los nuevos tiempos, sus padres empezaron a ponerles nombre de cosas modernas que llegaban al campo. Por ejemplo, Tractor, Naranjada o Chófer. Una anécdota así, recogida en un poblado de Asia central, te dice mucho más sobre la URSS que miles de páginas de enciclopedia. Porque, por cierto, ése es el Imperio del que estamos hablando.

SANTI: ¡Ah, vale! No me acordaba de esa anécdota. A mí la parte que más me ha impresionado es la que cuenta la hambruna que mató a diez millones de ucranianos, provocada deliberadamente por Stalin. ¡Es increíble! No es que, como en Irlanda, se produjera una hambruna y las autoridades no supieran gestionarla: ¡es que las autoridades la generaron a propósito como medio de someter a la sociedad! La verdad es que en general me ha parecido un libro interesantísimo, un buen complemento a Vida y Destino, que leí hace poco, y que cuenta el nacimiento del Imperio (ruso) desde una perspectiva más rusa; la mirada de Kapuscinski, como él mismo dice, siempre será la de un extranjero -lo que no le quita valor, claro, sino casi al revés.

JAIME: Sí, la verdad es que por momentos el libro se convierte en un catálogo de atrocidades. Y no lo digo como un defecto: supongo que va con el asunto. Me sorprendió mucho, por ejemplo, el capítulo que habla de los campos de concentración de Siberia, que Kapuscinski no duda en poner al mismo nivel que Auschwitz. Es aterrador imaginarse, aunque sea por un momento, todo ese sistema gigantesco de esclavitud y muerte, con el agravante del entorno más inhóspito del planeta. Me dejó pensando lo distinta que es la actitud general hacia los crímenes nazis y los soviéticos: los alemanes se pasan la vida haciendo penitencia pública para expiar sus culpas, mientras que los rusos parecen bien dispuestos a reivindicar las glorias de la URSS. Creo que es precisamente la idea de Imperio la que les permite esa cómoda reconciliación con su pasado.

SANTI: O como dice el propio Kapuscinski en algún momento, lo afrontan con un estoicismo amoral. "Así es la vida", sí, hicimos y consentimos cosas terribles, pero ¿qué podíamos hacer? No tiene sentido rebelarse. Un gobierno totalitario no es muy distinto, en ese sentido, de una catástrofe natural: pasa porque tenía que pasar.

JAIME: Qué curioso. Debía de ser una sensación muy extendida, porque Boris Groys e Ilya Kabakov (en un libro de entrevistas del que espero hablar pronto) también dicen que la dictadura soviética se vivía "como una nevada". En ese sentido, llama la atención el final tan anodino que narra Kapuscinski. La gente dejó de obedecer a Gorbachov y un día, sin más, se arrió la bandera roja del Kremlin. Es que como si la nieve se hubiera fundido de pronto, dejando un enorme lodazal.

SANTI: Bueno, lo dejamos entonces en muy recomendable, y publicamos ya la entrada, ¿te parece? ¡Que hay que dejar algo para los comentarios!

JAIME: ¡Jajaja! Vaale, ya me callo...

También de Ryszard Kapuscinski: La jungla polaca, La desmesura del poder.

7 comentarios:

Guillermo Gómez dijo...

Es una de las lecturas pendientes encima de mi mesita.
Me ha encantado la forma dialogada de la reseña.

Paula dijo...

Jajajaja! Parece una discusión intelectual vía chat (mejor que el típico "ola qtl cm t yams", desde luego ;)).
Me pregunto cómo trataran el tema de la URSS en los colegios rusos; seguro que tiene poco que ver con el modo en que lo tratan en los alemanes...
En realidad, no sabía de esta diferencia de mentalidad frente a la experiencia del genocidio. Me ha resultado muy interesante.

Jaime dijo...

Vale, lo admitimos, es precisamente eso: una discusión intelectual vía chat. En realidad el original era:
-J.ktl Imprio??
-nrnjda;p
-^^
-LOL, no,no:ls tías dAzrbyn k s llmn xofer, :D
-k mofs! y k m dics d Stln??
etc, etc...

Paula dijo...

Se te ve el plumero en la tilde de "tías"... :P

Jaime dijo...

Mierda!

-- marcaching -- dijo...

Soy un entusiasta de Kapuscinski. Mi favorito Ébano. Quería felicitaros por la reseña, que ha quedado genial.

Carlos Más dijo...

jajaja, muy buena la reseña. Kapuscinski me encanta, si bien no me he leído los más "famosos", ni El imperio ni Ébano.
Interesantísima la comparativa entre el sentimiento post-nazi y el sentimiento post-soviético: siempre me había preguntado exactamente esa diferencia de criterio: por qué "nadie" se da cuenta de que los resultados de ambas tiranías (bueno, tiranía soviética y democracia nazi) fueron, lamentablemente, los mismos. Cuando veo a gente (incluso a algún amigo mío) con la típica camiseta con la CCCP me planteo el por qué somos tan ignorantes de los gulag y hay tanto conocimiento de los campos nazis.
Según yo lo veo, la expiación alemana debe estar basada en parte a que Hitler fue elegido democráticamente, esto es, que teóricamente el pueblo estaba de acuerdo en sus ideas principales (aunque no todos se enterasen de todo), y claro, cuando vieron el resultado con perspectiva temporal no quedó otra que pensar "la hemos liado parda", y luego pedir perdón.
Sin embargo los rusos vivieron bajo una dictadura totalitaria: entiendo que en esa situación es muy difícil hacer juicios de valor, es un o mueres o matas, pero ¿pedirás perdón 50 años después?. Quizá es que no quedaba otra...