martes, 28 de abril de 2009

J. M. Coetzee: Esperando a los bárbaros

Idioma original: inglés
Título original:
Waiting for the Barbarians
Fecha de publicación: 1980
Valoración: Imprescindible

De los Premios Nobel de los últimos, digamos, 10 años, Coetzee es probablemente junto con Kertész el más indiscutible, el que de manera más evidente ha demostrado su maestría para crear mundos, personajes, arquitecturas narrativas. Coetzee es un narrador poderoso y temible, capaz de mostrar delicadeza pero sobre todo de ser implacable en su descripción de la violencia -individual o colectiva- y de tejer complicadas relaciones humanas entre sus personajes.

Esperando a los bárbaros (cuyo título se relaciona probablemente con un magnífico poema de Kavafis) narra de una manera alegórica lo que La edad del hierro -otra magnífica novela del mismo autor- muestra históricamente: la relación entre los ciudadanos y un sistema de poder injusto; las posibilidades del individuo ante la violencia sistemática, o la relación entre conciencia y actuación.

El protagonista y narrador de la obra es un Magistrado de una ciudad fronteriza de un Imperio sin nombre, que apura sus últimos años de vida y de servicio. Su apacible modo de vida se ve interrumpido por la llegada de un destacamento militar que llega a la ciudad con la intención de defender la frontera contra el ataque de los bárbaros, seres nómadas y difusos de los que no sabemos casi nada. El Magistrado encuentra y acoge entonces a una joven bárbara, mutilada y ciega tras las torturas de las tropas imperiales, y decide devolverla a su pueblo, en un viaje a través del desierto, lo que cambiará para siempre su situación -de ejecutor a víctima- frente al poder imperial.

La narrativa de Coetzee, aun cuando no lo haga expresamente, siempre debe entenderse en el contexto de su origen sudafricano, un país en el que las fronteras entre el poder y "lo otro" no era geográficas sino raciales. Esto no significa que haya que realizar una lectura fácil y paralelística (los "bárbaros" son los negros, víctimas del Apartheid...), sino que los problemas que plantea -el poder, el miedo al otro, las zonas fronterizas de la conciencia, la moral y la civilización- tienen un origen sudafricano, aunque Coetzee sepa elevarlas, a través de su narrativa, al nivel de las grandes preguntas universales.

9 comentarios:

Jaime dijo...

¡Qué bueno el poema de Kavafis! Tiene toda la razón: todos necesitamos a los bárbaros y es horrible si al final resulta que no existen. (Sobre todo, porque en ese caso me están obligando a quitarme el cinturón y a no llevar más de 100ml de líquido de lentillas cada vez que subo a un avión por ningún motivo, y eso sí que fastidia.)

Ian Grecco dijo...

Creo que merece la pena mencionar este otro poema de Leonard Cohen que pone voz a los bárbaros:

http://amediavoz.com/cohen.htm#92.%20Los%20asesinos%20que%20dirigen...

Por cierto, qué ganas de leer a Coetzee...

Jaime dijo...

En la página del vínculo hay muchos, ¿cuál dices?

Ian Grecco dijo...

Lo pongo directamente que soy un cyberdesastre...:

Los asesinos que dirigen
los demás países
están intentando que nosotros
derribemos a los asesinos
que dirigen el nuestro.

Yo por mi parte
prefiero el yugo
de los asesinos nativos.
Estoy convencido
de que el asesino extranjero
mataría a más de nosotros
que nuestros viejos y conocidos asesinos.
Francamente no creo
que ninguno de esos de fuera
quiera que resolvamos
nuestros problemas sociales.
Para decir esto me baso en lo que siento
hacia el vecino.

Sólo espero de él que no se vuelva más feo.

Por lo tanto, yo soy un patriota.
No me gusta ver quemar una bandera,
porque eso excita
a los asesinos de los dos lados,
hasta que llegan a excesos desafortunados
que continúan alegremente,
casi totalmente incontrolados,
hasta que todo el mundo ha muerto.

Jaime dijo...

Está bien, sí. Y me gustó lo que leí de él en la página que ponías. De este me encanta lo que siente hacia su vecino. Jajaja, qué filantropía ni qué leches: ¡eso es lo que pensamos todos!

Nuria dijo...

Acabo de terminar el libro y he leído unas 15 reseñas. Sin duda, la vuestra, la mejor.
Solo una cosa, entre los premios Nobel de los últimos años, (no recuerdo muy bien ahora si de los últimos 10), yo también incluiría a Oé.

Santi dijo...

¡Muchas gracias, Nuria! Esta es una novela magnífica, fascinante, dura pero que atrapa, como casi todas las de Coetzee.

Kenzaburo Oé es una de mis asignaturas pendientes, solo he leído de él La presa, una novela corta que me gustó bastante.

Daniela dijo...

Buenas reseñas para un libro que claramente es una más de las metáforas maravillosas a las que nos acostumbra Coetzee (aquí, la paranoia y la necesidad de que el enemigo exista para uno poder ser alguien...). El paralelismo con el poema de Cohen es acertadísimo. Y coincido con Nuria en que Oé, algo más áspero y (por) con alguna experiencia personal (su hijo) más cruda (como sus textos) es otro gran acierto de la Academia Sueca!

galgata dijo...

Y yo que pensaba que era australiano. Muy mal, yo, jaja. Quizá sea a causa de la Costello que aparece en algunos de sus libros.