- Grita que nunca han sido solo palabras
- Grita que no quieres ser transformado en miliciano de ninguna guerra
- Grita cuando veas que usan tecnicismos eruditos para ocultar la verdad
- Grita que, para combatir, no tienes que por qué ser asceta
- Grita que no es verdad que el mal siempre sea auténtico y el bien nunca lo sea
jueves, 12 de marzo de 2026
Roberto Saviano: Grita
lunes, 21 de julio de 2025
Colaboración: Vinagre, de Jorge Matías
Año de publicación: 2023
Valoración: Muy necesaria
Aunque en otros países es más común (si bien no lo suficiente todavía) lo que se conoce como working class literature/literatura obrera, en España como siempre, y en contradicción fragante con el nombre del Partido que nos gobierna, seguimos a la cola. Esta novela autobiográfica sobre el alcoholismo, más que recomendable, es muy NECESARIA, tal y como puse en la valoración; entre otras razones porque como bien dice en la página 115 su autor madrileño perteneciente a una generación que a alguien se le ocurrió un buen día llamar de manera muy, muy ingenua nocilla:
…No hay historias escritas por alcohólicos de clase obrera españoles…
Tristemente, esto es cierto. Lo que sí hay y abundan a mares, son o novelas autobiográficas sobre esta adicción, pero de clases sociales medias y altas/muy altas, intelectuales, académicas… o novelas no autobiográficas pero que vienen a ser más de lo mismo. Es decir, resulta impactante que en pleno siglo XXI, se siga creyendo que las obreras y obreros no leen, o no escriben, o no tienen nada interesante para decir. Y más grave todavía es que las Editoriales a las que no me cabe la menor duda de que les van llegando escritos de este tipo, simplemente no las publiquen, debido a ese clasismo endogámico, sectario y oscurantista que siempre, siempre aprovecho para denunciar, porque aquí es plaga. Cada vez con más descaro, si no tienes un doctorado o has ganado cinco premios, no te publican. Pero VINAGRE también es muy necesaria por otros motivos: sin caer en ningún momento en la típica autoayuda o más típica aún superación, consigue que reflexiones y que empatices con el dolor en torno al alcohol y sus consecuencias, tanto a corto como a largo plazo. El ritmo de lectura es tan fluido que pasa a ser fílmico, y la identificación con el personaje/autor, instantánea. Logra también que te sientas como él, aunque no seas hombre como él, ni jevi (así lo escribe) como él, ni obrero del metal como él. Cuando cierras el libro en la última página, te invade ese vacío repentino de final de lectura tan poco frecuente y te dices: qué pena. Pues el autor termina siendo tu amigo.
Es como si hubiera abierto un cultivo para más escritura del estilo por un lado. Y por el otro y de manera inevitable, nos llene de culpa a las que si bien no somos de clase obrera como tal, por el esfuerzo infinito de (m)padres que murieron antes de tiempo para que pudiéramos acceder a la Universidad, llevamos ese escudo interior; pertenezcamos o no a la categoría siguiente: precariado. Algunas con orgullo llevamos ese escudo aunque carguemos a cuestas ese sufrimiento ancestral, como es mi caso. Pero otros no tanto, o no nada, mejor dicho. Porque sigue llenando de vergüenza el trabajo a destajo, sudoroso, manual, de fábrica. Y que Jorge Matías se atreva con una honestidad inmensa, en muchas ocasiones tragicómica, a desplumar el mito del obrero analfabeto y muchos otros transversales y SAGRADOS como que el alcohol es una droga blanda, constituye un giro totalmente radical de actuación en el género. El autor dedica prácticamente todo el libro, con saltos temporales mediante, a diseccionar hasta qué punto esta droga nos fractura y extraña de las personas que nos rodean, y de nosotras mismas. A ratos, es casi una novela de terror, porque lo hace llegando al fondo fondísimo, ese fondo que todo el mundo quiere evitar, en sintonía con la sustancia de la que habla, la que provoca más daños en España y continúa estando bien vista.
Recuerdo haber leído hace tiempo La hija de la mujer de la limpieza de James Stephens, un regalo espontáneo de la maquetadora o quizás editora de Ediciones del Viento porque no quisieron publicarme, (y se ve que le di lástima). Ya va siendo hora de leer a la misma mujer de la limpieza. Sin hombre que hable por ella. Incluso sin hija.
miércoles, 11 de junio de 2025
Kate Brown: Manual de supervivencia
Idioma original: inglés
Título original : Manual for Survival
Año de publicación: 2019
Traducción: David Muñoz Mateos
Valoración: necesario
De acuerdo con que la atención prestada al asunto de Chernóbil puede que ya nos parezca suficiente: aquí o también aquí o incluso aquí , tanto en este blog como en algún adormecido proyecto paralelo, ya se le ha dispensado alguna cobertura a sus hechos y a sus repercusiones inmediatas. Afortunadamente estamos en una época dorada y pujante de la posibilidad de acceso a mucha clase de información, soslayemos los debates sobre sus límites, su saturación, la necesidad de filtros y advertencias constantes que nos aconsejan justo eso: relativizar ese aluvión avasallador de datos que se complementan o se contradicen según sean los intereses. Que Chernobil sucedió es innegable, que fue la espoleta del final de los dos bloques (eso decíamos en los 90: hoy diremos que de los dos bloques en su formato post II WW), que puso al mundo en alerta sobre el uso de la energía nuclear y sus protocolos de seguridad...
Kate Brown, investigadora de campo, da un paso más en este Manual de supervivencia. Ahí es donde se justifican esas algo extenuantes quinientas páginas. Recupera, por si algún astronauta la necesita, la puesta en contexto, los datos básicos. Las fechas, los hechos, los protagonistas activos y pasivos, desfilan uno a uno. Pero esa superficie es conocida, gracias al tesón de quien investigó en su momento para que, al menos, los posibles daños inmediatos fueran conocidos. Lo que Kate Brown hace va más allá de estadísticas, de hechos constatados o incluso de toda aquella máxima que pueda ser distorsionada en clave política (el gobierno de la URSS actuó como un colectivo monolítico obstinado en preservar el poder antes que proteger a la población) o incluso filosófica (la energía nuclear es el producto del ansia de la comunidad científica por descodificar el universo y jugar a ser dioses). Brown acude a los lugares y se encuentra las clásicas sorpresas, tres décadas más tarde. Portazos, restricciones de acceso, escasa colaboración de los estamentos oficiales, oportunas desapariciones de información comprometedora, oportunas lagunas de memoria de los implicados supervivientes.
Por eso es un mérito, porque haya llegado a ese volumen de información, por todos los cauces que ha tenido que nadar a contracorriente para obtenerlos, y que (convengamos que esa fecha, 26 de abril de 1986, podría perfectamente haber significado el inicio del fin de la vida en Europa) porque esos datos sean tan irrefutables como espeluznantes. Desde la incidencia de enfermedades relacionadas con la radiación, el comportamiento de los órganos con respecto al variado abanico de elementos radiactivos, su perdurabilidad, sus dosis, la comparación con los estudios efectuados tras Hiroshima y Nagasaki, la denuncia de todas las mentiras usadas como argumento para sosegar a la población (no solo en la URSS, también en los entornos de los ensayos nucleares de Francia, USA, u otros paises), el perverso argumento de las cuotas de producción para, con la tosca técnica de la mezcla y la disolución, reintroducir alimentos, agua, materiales irradiados ya no solo en ciclos productivos sino incluso en el consumo humano. No es fácil recorrer ese camino, llegar a esos datos, ni lo es es, al leerlos, reconocer lo cerca que estuvimos de que las grandes capitales centroeuropeas fueran hoy un catálogo de ciudades fantasma en la oferta de agencias de viajes de riesgo. Es, más bien, escalofriante, igual que suponer que sólo esa situación hizo extremar las precauciones, los controles, los niveles de seguridad, y que a saber qué necesitamos que ocurra en el futuro para volver a darnos cuenta de que tampoco eso era suficiente.
sábado, 9 de diciembre de 2023
NOVELAS PIRAÑA #6: Un detalle menor de Adania Shibli
domingo, 10 de septiembre de 2023
Alana Portero: La mala costumbre
domingo, 3 de julio de 2022
Keum Suk Gendry-Kim: Hierba
Traducción: Joo Hasun
Año de publicación: 2018
Valoración: muy recomendable y necesario
Hay libros que resultan especialmente difíciles de reseñar, no tanto por la complejidad de su estructura narrativa o su...
viernes, 10 de agosto de 2018
Neil Postman: Divertirse hasta morir

Idioma original: inglés
Título original: Amusing Ourselves To Death
Año de publicación: 1985
Traducción: al catalán por Betty Alsina Keith (edición leída)
Valoración: terrorífico
Han sido varias las veces que he consultado el año de publicación de este libro. 1985. Lo he subrayado y todo en la entradilla. Cierto: un año más que ese 1984 al que parece empeñado en refutar. Impresionado por las pocas decenas de líneas del prefacio, compruebo que no sólo me impresionó a mí. Parece que sobre ese prefacio se han llegado hasta a hacer cortas historias gráficas. No es que deba alardear, por eso, de buen ojo. Este libro es uno de tantos que yo ignoraba hasta que, gracias, Un disco a la semana, leí en un artículo sobre el maduro último disco de los Arctic Monkeys, que La broma infinita de yadeberíaissabertodosquien y este ensayo constituían las lecturas de sobremesa de Alex Turner durante la concepción de su último trabajo. Y si esta confesión supone hasta un cierto punto un reconocimiento de la permeabilidad entre expresiones creativas de los tiempos que corren, también es, de modo intrínseco, un reconocimiento más a los méritos de Neil Postman, escritor ya fallecido al que muchos podrían calificar de gurú o de visionario o de hombre por delante de su tiempo.

Porque, 1985, tened presente, es una fecha que queda unos lustros antes de la explosión de internet (templo del espejismo de la democracia informativa que tanto criticamos y sin el cual este individuo anónimo que escribe desde una terraza en Barcelona no podría ni imaginar que alguien lo leyera en unos minutos en Bariloche, Argentina), unos años antes de que la guerra del Golfo fuera retransmitida como si fuera una final de la SuperBowl, décadas antes de que los smartphones convirtiesen a media humanidad en zombies que caminan (y cenan, y se despiertan, y conviven con sus parejas en cenas íntimas) con los ojos fijados en una pantalla de apenas un centenar de cm2.
Son 30 años antes de Trump y 30 años antes de que los programas cutres de las telecadenas comerciales pretendan colarnos a sus elementos menos sonrojantes como prescriptores literarios. Y son 20 años antes de la explosión de las RRSS. Madre mía, qué hubiera dicho este hombre de las pérdidas colosales de tiempo a que nos lleva Twitter.
Pero Postman, que nombra varias veces a Marshall McLuhan, con lo que se descarta la clásica competencia entre pensadores de polos opuestos, no prevé todos esos acontecimientos producto del implacable avance tecnólogico. Simplemente ve que el mundo va hacia ellos y que llegarán de una forma u otra y que sus consecuencias no serán todo lo buenas que podrían o que deberían y (esto ya le añado yo) que sus efectos serán irreversibles.
Cierto es que las premisas pueden ser (tres décadas antes) fáciles de establecer. Pero incluso esta afirmación queda sesgada por cómo las cosas han cambiado desde entonces. Y escribo esto cuando hace unos días la gente se reía del bloqueo de las páginas de Wikipedia en ciertos países. ¿Y cómo me informo ahora?
Postman simplemente habla de cómo la TV (y por añadidura la cultura visual) ha alterado la cultura global y el pensamiento y la capacidad de raciocinio. Y de que sus efectos iban a ser cómo los de la perca del Nilo en el famoso reportaje de hace unos años. ¿Cómo? ¿no lo ha habéis visto? Narices, mirad en Youtube. ¿En qué estaba? Ah, lo de la TV. Sí, Postman se lanza a un ensayo/estudio más consultable que necesariamente legible (servidor corrió a hacerse con una de las escasas copias disponibles una vez devolví la copia a la biblioteca*) que parte de ese brillante prefacio para definir al hombre moderno como alguien atrapado por su inagotable voracidad hacia el entretenimiento, muchas veces banal, secuestrado por todo aquello que le distrae y le ayuda a escapar, con la capacidad de pensar y de analizar lo que sucede alrededor prácticamente inhibida o teledirigida o severamente castrada, con la atención de sus sentidos amaestrada por las pautas marcadas de una manera cruelmente instintiva, como si la evolución de la especie haya sido delimitada por los medios de comunicación. No más de dos minutos sobre un tema, no más de unos segundos en un plano fijo, dame media hora en un informativo y yo te explico lo que debes saber, lo demás es superfluo, es pérdida de tiempo, es caca, es desperdicio de tu valioso tiempo como trabajador/productor/consumidor. Postman lo adereza con profusión de ejemplos basados en la evolución de la nación USA, reflejo actual (piense el lector gracias a qué sistema operativo/software/buscador está leyendo esto) del desquiciado acelerón de esta carrera, y cada uno de estos ejemplos es aplastante: se ha pasado de gente interesada en interactuar con lo que pasaba a su alrededor a trozos de carne sentados en el sofá ingiriendo comida o bebidas o snacks a la vez que ingiere lo que el programador de la cadena de turno ha decidido. Y mucha gente solamente sabe del mundo por ese medio.
En fin, no me corresponde a mí organizar un culto a visionarios como Neil Postman. Por cierto, aquí hasta los cultos televisados reciben lo suyo. Puede que hasta se quedara corto, puede que ni siquiera fuera capaz de imaginar a youtubers seguidos por decenas de millones colgando videos llamando a la gente para tomarle el pelo o visitando bosques japoneses llenos de suicidas. Puede que Postman incluso llegara a inspirar con este texto a todos esos desquiciados que son ya demasiado conscientes de que la TV (o Youtube o Instagram) es un poderoso medio de manipulación y de creación de realidades alternativas y otro cómplice más de esa mierda llamada post-verdad. La TV, las redes sociales, la cultura basada en la imagen visual y en el escaso desarrollo intelectual. Puede que nos merezcamos este mundo.
*Copia, por cierto, repleta de subrayados a lápiz, anotaciones, prácticamente podría haber reseñado el libro solamente consultando todas las notas que un lector muy desconsiderado o muy maleducado o con muchas ganas de protagonismo dejó en un libro que es de uso público.
lunes, 29 de mayo de 2017
Javier Valdez Cárdenas: Malayerba (La vida bajo el narco)
domingo, 6 de septiembre de 2015
Andrea Camilleri: La captura de Macalé
Idioma: italianoTítulo original: La presa di Macallè
Año de publicación: 2003
Traducción: María Antonia Menini Pagès
Valoración: Imprescindible
sábado, 18 de julio de 2015
Carlos Hernández de Miguel: @deportado4443 Antonio Hernández Marín
Año de publicación: 2015
Valoración: muy recomendable
Un libro (o lo que sea) muy recomendable, incluso imprescindible, aunque con cautela; el lector ha de estar preparado para saber dónde se mete: en uno de los peores momentos del horror. Aunque no el único ni el último, por desgracia. Y aún así, agradecidos debemos estar de que hubiera quien pudo salir de ese agujero para contárnoslo.
jueves, 12 de febrero de 2015
Patricia Heras: Poeta muerta
Idioma: españolAño de publicación: 2014
Valoración: necesario
Como ya digo, se trata de una recopilación de escritos variados (2), pero no realizada por su autora, sino que han sido rescatados de los archivos -algo caóticos, por lo visto- que dejó. El criterio de ordenación parece ser, más o menos, el cronológico, de manera que todo -poemas, ficciones en prosa, dietarios...- acaben formando una suerte de autobiografía. Destaca, claro está, la vertiente poética de Patricia Heras, dividida aquí en varios periodos: el anterior a 2007, lo componen una serie de poemas enérgicos, electrizantes, incandescentes incluso, en los que, en buena parte, se retratan los efectos de diversas drogas -el título de esta primera entrega de sus Poemas Difuntos es asaz significativo: Delirius Tremens-, no sin un refrescante toque de humor que resulta característico de casi todo lo escrito por Heras, incluso en momentos mucho más negros. También hay poemas de carácter sexual -generalmente de forma muy explícita, aunque también hay alusiones eróticas más disimuladas en otros poemas-, que son, en mi opinión, en los que mejor se plasmaba el talento poético de esta autora. Por ejemplo, el comienzo de Eléctrica niña:
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