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jueves, 24 de julio de 2014

Roberto Saviano: CeroCeroCero

Idioma original: italiano
Título original: ZeroZeroZero
Año de publicación: 2014
Traducción: Mario Costa García
Valoración: recomendable

Al igual que le pasó a Salman Rushdie, la condición de escritor perseguido de Roberto Saviano predispone inevitablemente sobre su obra. Sobre la presión y las circunstancias en que la escribe y sobre su actitud hacia los temas que elige. De perdidos al río, supongo, si se es perseguido por lo de Gomorra, qué más da añadir al negocio en masa del tráfico de cocaína. ¿Es Saviano un mártir vocacional, es como esos serial-killers que, en el fondo, desean ser detenidos? Veis, esta ya es una reflexión implanteable en otros escritores. Producto del trato por el que Feltrinelli va a hacerse con las riendas de Anagrama, es la prestigiosa editorial independiente quien se encarga de publicar la traducción al español de estas 500 páginas de ensayo ante las que el lector salivará. Cómo no. Si novelas como El poder del perro fantasean con el poder del narcotráfico con excitantes resultados, qué nos deparará Saviano, de vuelta de todo y que ya reconoce que su vida es un infierno y que seguramente escribir y escribir y escribir sea su única válvula de escape. Seguramente la parte más brillante de este libro es ese último capítulo en el que Saviano se sincera en lo referente a su situación personal, reflexiona sobre el laberinto sin salida en el que se encuentra y se autoinmola: "Me he convertido en un monstruo."
El tema aquí es la cocaína y cómo las organizaciones criminales (o abiertamente criminales: el libro arroja muchas dudas sobre el comportamiento del poder frente a un negocio tan jugoso y rentable) gestionan todos los aspectos de su proceso de comercialización: desde las devastadas economías agrícolas que usan la hoja de coca como único cultivo que garantiza la subsistencia hasta el entramado financiero que permite que sus pingües beneficios acaben integrándose en el flujo económico convencional. Con varios centros geográficos delimitados: México, Colombia, Italia, Rusia, y con un abrumador volumen de información, mucha de la cual nos hace acudir a la red. Sí, existió Kiki Camarena, sí, existe Natalia París. Eso sí, echo de menos algo más de remojón con nombres de la actualidad, algo más de valentía para afrontar todas esas leyendas que vinculan altos mandatarios politicos y empresariales con el crimen organizado. Pues la denuncia es constante pero es una denuncia que no acaba de concretarse, es una mano levantada constantemente sin llegar a desplomarse. Es un poco una bravata. Por bien contado y bien estructurado que esté, lo que esperamos aquí no acaba de producirse, y mucha de esa información ya la conocemos o la intuimos. Lo que hace Saviano en CeroCeroCero es recopilarla, ordenarla, darle un sentido, y dejar algunos cabos sueltos, por eso. Quizás ya tenga suficientes enemigos.
Ocurre con Saviano que sus libros pueden acabar convirtiéndose en una especie de subgénero. Como el cine de Michael Moore, por ejemplo. Que se conviertan, cosa que ya empieza a ocurrir en CeroCeroCero, en frías secuencias, en relaciones de hechos delictivos, de vínculos, de crímenes, de métodos de tortura. En resumen, de torrentes de información que cumplen su cometido, sí, el de concienciarnos a todos del arraigo y el peligro de las organizaciones criminales, y de su presencia en el día a día de nuestras sociedades. Pero lo hacen, ya, con el piloto automático puesto. Consciente de ejercer esa función por la que ha acabado sacrificando tanto en lo personal, lo cual puede fascinarnos y hasta estimular nuestra imaginación (cómo debe ser la vida de este hombre, que debe hasta ocultar los nombres de sus colaboradores, con tal de evitar que sus poderosos enemigos den con él y le apliquen el castigo ejemplar), pero que en lo literario ha empezado, ya, a transitar un poco por el camino de la reiteración.

También de Roberto Saviano en ULAD: La belleza y el infiernoLo contrario de la muerteGomorra (además, se le menciona aquí)

domingo, 30 de octubre de 2011

Colaboración: Gomorra de Roberto Saviano

Idioma original: italiano
Título original: Gomorra
Año de publicación: 2006
Valoración: Imprescindible

Podría empezar esta reseña señalando la situación en la que vive Roberto Saviano a raíz de este texto: siempre en movimiento, sin probar dos veces la misma cama, con la muerte en las espaldas. Serviría, creo yo, para ilustrar la potencia y la importancia que cobraron sus palabras en su país de origen, y que al mismo tiempo es el país que ama y al que quiere salvar. Pero si bien estas cuestiones son bastante ilustrativas, uno no alcanza a comprender la magnitud de sus palabras hasta que toma contacto con el texto.

De Saviano y de su actitud comprometida se ha hablado antes (aquí), pero creo que la mejor forma (sino la única) de reconocer esta faceta es leyendo su obra. Gomorra es un cuadro de nuestro tiempo y al mismo tiempo un cuadro sobre la condición humana. A lo largo de las páginas de esta crónica/novela/libro de viajes (es difícil distinguir un género tradicional en una narración que va de la simple mención de hechos técnicos a pasajes aterradoramente poéticos) vamos conociendo la otra cara de Italia, la sumergida, la que no sale en ningún lado, la que permanece como rehén del lujo y el glamour del otro lado de la moneda.

Al principio, la obra muestra los aspectos estrictamente económicos de la organización a la que disecciona con maestría y pavor (la “Camorra”, una de las mafias más poderosas del mundo, con ramificaciones por todo el planeta), pero a medida que pasan las páginas va mostrándonos el precio en vidas humanas que se cobra el accionar criminal, y llegando al final, uno termina sintiéndose tan hastiado como el narrador, que culmina la novela flotando entre la basura irresponsablemente distribuida por la mafia.

Pero Gomorra no es solamente una denuncia de la corrupción que reina en su país y en el mundo. También es una actualización, una desmitificación del mundo criminal. Olvídense de las cicatrices en el rostro y de las navajas ocultas: los mafiosos de la vida real van a escuelas de negocios. Es el capitalismo más salvaje, un capitalismo primitivo que ha conseguido convertir a los criminales en extraordinarios empresarios, y que se vale de todas las herramientas posibles para conseguir el poder, inclusive la mera violencia. ¿Y para qué? Para nada. Tal es la conclusión que se extrae.

Y es en ese punto, donde reside la mayor crítica y la mayor lucidez (y quizás, la causa real de que sea perseguido) de Saviano: Gomorra prueba el absurdo del Sistema (como llaman los miembros a la organización criminal). Nadie se va a salvar, todos se van a morir. Envenenar la tierra o matar por dinero van a traer gloria pasajera, pero al final todos vamos a comparecer ante la muerte. “Y así, conocer ya no es un indicio de compromiso moral. Saber, entender, se convierte en una necesidad. La única posible para considerarse aún hombres dignos de respirar”, concluye el texto. Matar o comprender, ese es el dilema.

Firmado: Jonatan Lipner

También de Roberto Saviano en ULAD: CeroCeroCeroLa belleza y el infiernoLo contrario de la muerte. Además, se le menciona aquí


martes, 6 de enero de 2015

Roberto Saviano: Lo contrario de la muerte

Idioma original: italiano
Título original: Il contrario della morte. Ritorno da Kabul
Año de publicación: 2007
Valoración: recomendable

Roberto Saviano se ha convertido, a raíz de escribir Gomorra y de lo que sucedió después, en un especialista en denunciar todo aquello que nadie más parecer tener ganas de sacar a la luz. En esta ocasión nos presenta dos artículos, "Lo contrario de la muerte" y "El anillo", en los que vuelve a su país de procedencia para mostrar el terrible futuro al que se enfrentan numerosos jóvenes italianos.

En el primero de estos artículos, Saviano denuncia la inutilidad de la guerra mostando como protagonista a Maria, una joven cuyo novio (como muchos otros jóvenes italianos, engañados con promesas de conseguir un sueldo que les permita construir un futuro a cambio de viajar a la otra parte del mundo en (en teoría) una misión de paz) se alistó en el ejército para poder ahorrar, casarse y comprar una casa en la que formar una familia y volvió en un atáud.

Después de mostrar la realidad de todas aquellas familias italianas que no van a formarse nunca, Saviano nos presenta "El anillo", un artículo que parte de una boda para explicar lo que ocurre con los cachorros de la mafia, los jóvenes traficantes que, atraídos por el dinero fácil, son los primeros en morir en cuando surge el mínimo problema, cabezas de turco fácilmente intercambiables cuya vida no les importa lo más mínimo ni a la policía ni a los capos que los contratan.

El autor italiano nos presenta su país como un lugar en el que la falta de oportunidades para los jóvenes los lleva muchas veces (que no siempre, también hay que recordar que una inmensa mayoría de la población desea e intenta vivir honrada y dignamente) a intentar conseguir dinero rápido, ignorando o negando el peligro al que se enfrentan con ello.

A pesar de su brevedad, Lo contrario de la muerte es un libro que plantea muchas preguntas que aún hoy siguen sin respuesta, al tiempo que nos hace reflexionar y nos obliga a pensar en aquellos problemas de nuestra sociedad a los que, desgraciadamente y a pesar de estar más que presentes, no prestamos nunca demasiada atención.


También de Roberto Saviano en ULAD: CeroCeroCeroLa belleza y el infiernoGomorra (además, se le menciona aquí)

viernes, 15 de diciembre de 2017

Roberto Saviano: La banda de los niños

 Idioma original: italiano
Título original: La paranza dei bambini
Año de publicación: 2016
Traducción: Juan Carlos Gentile Vitale
Valoración: Muy recomendable

Mártires del Compás es un grupo musical que hace flamenco-fusión o algo parecido cuyo nombre siempre me ha hecho gracia, por lo original y certero: hasta donde yo sé (que no es mucho), en la música flamenca no hay peor pecado que perder el compás, precisamente. Y cada vez estoy más convencido de que lo mismo ocurre en la literatura; en la narrativa, al menos: un escritor puede hacer lo que quiera con sus personajes, con la trama, recrearse en descripciones o digresiones sin fin, permitirse experimentos modernuquis, cambios de ritmo (que no es lo mismo que el compás, aunque a los legos en música nos cueste entender la diferencia), lo que sea... pero, si equivoca el compás, si se trabuca en esto tan básico, está perdido. Dominarlo y manejarlo con soltura es algo fundamental, creo yo, para que una historia pase a ser una buena historia, una novela se convierta en una gran novela.

Algo en lo que, desde luego, destaca Roberto Saviano -posiblemente de una forma instintiva y no adquirida, pues ya ocurría en su debut literario, la celebérrima Gomorra-; esta La banda de los niños se diría que avanza a golpe de palmas y cajón flamenco. O quizás al de la caja de ritmos de un gangsta-rap, más adecuado para contar la historia -basada en un hecho real y todo eso-, de un grupo de chavales que, a lomos de sus scooters, como unos modernos forajidos, se hacen con el control criminal del centro de Nápoles, aprovechando una grieta del Sistema, un inusual vacío de poder que a ellos les sirve para eclosionar, cual unos Podemos de la Camorra. Chavales muy jovencitos pero despiadados, que no dudan en recurrir a los métodos más expeditivos; de hecho, su líder, Nicolas el Marajá, es un auténtico psicópata, amén de un macho alfa obsesionado con el poder. Un animal político, por otra parte: lo único que le interesa de la escuela es la lectura de Maquiavelo. Los demás miembros de la banda -Dientecito, Briato', Dragón, el pequeño Bizcochito...- aun siendo también bastante animales de bellota, le van a la zaga por varios cuerpos; en todos ellos, en cambio, lo que mueve su emergencia juvenil no es tanto la ambición ni, desde luego, la miseria, sino la borrachera de formar parte de un grupo, de seguir a la jauría (iba a utilizar un sinónimo, pero ya me da asco hasta la palabra), de rebozarse juntos en la violencia, ya sea en la vida real o en los videojuegos; en  las películas de gángsters o en el sexo aprendido en Pornhub. Aunque, al fin y al cabo, se trata de la historia más vieja que existe: el hijo, los hijos, que se rebela contra el padre -literal y metafóricamente, aquí-; Lucifer que se enfrenta a su Creador y se convierte en el Ángel Caído  -una referencia que sospecho Saviano ha tenido en cuenta, como apreciarán quienes lean la novela-, que también debe tener aspecto de niño, por qué no...

La novela remite también, inevitablemente, al libro que sirvió de presentación -y de qué manera- a este autor napolitano; ahí está el background de La banda de los niños, el poso, el mantillo del que surgen estas flores del mal que son el Marajá y sus colegas... Tampoco puedo dejar de acordarme de esa otra estupenda historia de Giancarlo De Cataldo que es Una novela criminal, sobre la banda de la Magliana. O incluso la narrativa de Bret Easton Ellis. Pero quizás sean más bien las referencias cinematográficas las que, de forma inevitable, acuden a la mente al leer este libro: por supuesto, Uno de los nuestros está presente o El precio del poder. O esa filigrana de relojería que es Un profeta, de Jacques Audiard. Y, desde luego, también recuerda a La naranja mecánica, aunque, a diferencia de Álex y sus drugos, estos niños de Forcella no se mueven, o no sólo, por un impulso nihilista. De hecho, lo más perturbador de toda la novela, más todavía que la minoría de edad de esta banda de traficantes, asesinos y hasta terroristas, resulta el hecho de que representan al Caos que acaba con el Orden, sí, pero también al Nuevo Orden (las resonancias fascistas de este concepto tampoco son desdeñables) que sigue al Caos. Y ya sabemos que todo orden, pero más aún el que quiere imponerse, puede ser terrible.


Otros libros de Roberto Saviano reseñados en Un Libro Al Día: GomorraLo contrario de la muerteCeroCeroCeroLa belleza y el infierno

sábado, 4 de octubre de 2025

Contrarreseña: Gomorra de Roberto Saviano vs Los señores del narco de Anabel Hernández

Idioma original: Español                                                   Idioma original: Italiano

Año de publicación: 2010                                               Año de publicación: 2006

Valoración: Muy recomendable                              Valoración: Muy recomendable








A pesar de (o precisamente por) ser miembro de ULAD, sigo religiosamente las recomendaciones del blog. Una de ellas me llevó estos días a Gomorra, de Roberto Saviano: una crónica periodística novelada sobre la Camorra italiana (pueden ver la reseña original aquí).

En una rap battle, los MC suelen jactarse de la violencia de sus barrios, de las armas que tienen, de lo gánster que son. Aquí vamos a hacer algo parecido con estos dos libros. Esta es una batalla en la que nadie gana.

Terreno de juego

Gomorra entra por Nápoles/Campania y se abre al sistema camorrista como una economía total: puertos, contenedores, obra pública, moda, basura, subcontratistas, cementerios clandestinos. El narco aparece, sí, pero como una línea más del balance general. Los señores del narco levanta el mapa desde México y el tráfico de drogas es el eje que organiza el resto: extorsión, secuestro, homicidio, trata de personas, armas, huachicol (extracción y venta ilegal de gasolina). En Italia la diversificación arranca del territorio productivo (construcción, residuos, logística); en México, de las rutas y plazas del narcotráfico y su protección política.

Round 1 - Método

Saviano trabaja la inmersión y la crónica lírica: escenas a ras de calle, nombres propios, olores y texturas, un yo que se asoma pero que no se embarra del todo. La prueba es la acumulación sensorial que vuelve visible la maquinaria (el puerto, los talleres, los vertederos).

Hernández apuesta por la investigación documental y testimonios: expedientes, declaraciones, redes de complicidad, cronologías. Su fuerza es la trazabilidad: quién, cuándo, cómo se pacta entre narcos, policías, militares, empresarios y políticos.

Saviano “improvisa” desde la calle con rimas internas y ritmo; Hernández “lanza barras” personales, con datos duros y nombres.

Round 2 - Voz y riesgo

En Gomorra el narrador es presencia física; la cercanía crea tensión: el yo que mira también se mancha. Saviano se juega la vida (y se la sigue jugando) y lo cuenta como quien sabe que lo están escuchando los mismos que retrata.

En Los señores del narco la voz es acusatoria y forense. Hernández arma el expediente de un país en coautoría con sus fuentes; el riesgo no es performativo, es sistémico: tocar una red implica tocar muchas carreras y presupuestos públicos. Sin embargo, como en los narcocorridos, los narcos se regocijan en la exposición.

Round 3 - Economía del crimen

Italia/Camorra: licitaciones amañadas, control de residuos, falsificación de moda, usura, “protección” a negocios, y sí, tráfico de drogas; la clave es colonizar cadenas de valor legales y contaminar el mercado.

México/Narcos: producción y trasiego de drogas, captura territorial, extorsión, secuestro, cobro de piso, trata, robo de combustible; la clave es administrar el miedo sobre poblaciones y autoridades, fundar microestados con reglamentos propios.

En ambos casos el crimen no es excepción sino estructura: sin puertos, carreteras, notarías, bancos y funcionarios no hay “empresa”.

Round 4 - Estado y cohabitación

Saviano muestra un entramado orgánico entre política local, empresarios y clanes. El Estado no siempre es enemigo; muchas veces es socio o cliente.

Hernández radiografía alianzas federales, estatales y municipales con cárteles específicos; documenta el vaivén entre guerra declarada y pactos tácitos.

En Italia predomina la infiltración y captura regulada; en México, la intermitencia entre combate y connivencia que desmorona las instituciones del Estado.

Round 5 - Violencia y representación

Saviano sugiere violencia ubicándola en la cadena económica: cuerpos que aparecen como subproducto de contratos; la prosa corta cuando la imagen basta. Salvo en la última parte. Donde se pone más serio. Nos da cifras brutas sobre el coste de la forja de imperios.

Hernández la nombra y la enumera: listas, operativos, cifras, masacres; la violencia no es alegoría, es inventario.

¿Glorificación? Ninguna, o si acaso, pasajera (los gangsters italianos quedan retratados en películas, los narcocorridos hacen lo propio con los cárteles de la droga). En ambos, sin embargo, el desencanto moral de quienes lo sufren es ineludible.

Round 6 - Lenguaje

Saviano mezcla metáfora, rumores, detalle material y montaje. Te mete en el muelle y luego te empuja a la pasarela de moda falsificada.

Hernández elige precisión y repetición: si un nombre, lo veremos diez veces, con cargo, fecha y vínculo. No se ve lo duro, sino lo tupido; la estructura se entiende por cansancio de la evidencia.

Round 7 - “Side hustles” y jerarquías

En Gomorra el “negocio” extra-drogas puede ser fundamental (residuos y construcción mueven millones con menor riesgo penal y moral); en Los señores del narco, la prioridad suele ser la ruta de droga y, alrededor, los oficios del terror (extorsión, secuestro) que financian la guerra local y disciplinan a la población. De ahí que las “versiones tropicalizadas” de la mafia no sean calco, sino ajustes a ecosistemas distintos: puerto vs sierra, obra pública vs corredor de trasiego, municipio capturado vs plaza.

Round 8 - Ética del relato

Ambos satisfacen nuestro morbo con estrategias distintas.

Resultado

Leídos en conjunto, Gomorra y Los señores del narco desmontan una misma ilusión. El crimen organizado no es una anomalía externa, sino una forma de gestión violenta de la economía y del poder. Cambian los paisajes, los oficios y las jerarquías de los “negocios”, pero persiste la lógica de captura de instituciones, territorios y del imaginario colectivo.

Saviano revela el anclaje del sistema camorrista en la vida cotidiana: puertos, talleres, residuos, moda, obra pública. Su prosa, cercana y material, muestra cómo la ilegalidad se adhiere a los circuitos legales y los corroe desde dentro. Hernández, por su parte, documenta con precisión quiénes sostienen ese andamiaje en México: redes de complicidad entre cárteles y funcionarios de distintos niveles, cronologías verificables, nombres propios y responsabilidades administrativas y penales.

Estas dos obras son complementarias para conocer los mecanismos del crimen organizado: una ayuda a comprender cómo opera la maquinaria en el tejido diario; la otra, quiénes la habilitan y se benefician de ella. Su lectura paralela no ofrece consuelo, pero sí claridad. Entenderlo así desplaza la discusión del espectáculo de la violencia a su infraestructura y obliga a pensar en políticas públicas, controles institucionales y protección efectiva a las víctimas y a las fuentes. Ese es, al final, su mayor aporte: transformar la indignación en una exigencia de rendición de cuentas.

Sin embargo, después de años de su publicación, la situación no ha cambiado mucho. Si acaso, nos ha dejado buenos libros. "Los dioses tramaron desventuras para que los hombres y las generaciones venideras tuviesen sobre qué cantar".

jueves, 12 de marzo de 2026

Roberto Saviano: Grita

Idioma original: italiano
Título original: Gridalo
Año de publicación: 2020
Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona
Valoración: necesario

Este tipo de libros tocan, inevitablemente, mi idealismo. Valorarlo de esa manera, como necesario, es pura y exclusivamente porque me inclino hacia las obras que, de alguna forma, contengan ciertos preceptos morales (nada tan dogmático como un libro oficial, por supuesto, pero sí como para indicar un camino claro entre tanta niebla) que estén en consonancia con el espíritu de la esperanza.

Dicha esta declaración tan de los sesenta, me sumerjo en el libro. Saviano deja de lado (pero no tan de lado) las historias e investigaciones sobre la mafia y nos ofrece una colección de historias cuyo recorrido no es necesariamente cronológico y sí ocupa varias líneas históricas y filosóficas. Por ejemplo, utiliza a Carl Schmitt y su amigo/enemigo para explicar la necesidad de que alguien tome las decisiones por nosotros, que alguien señale a nuestros conocidos y a nuestros desconocidos; inventa una conversación entre dos empresarios que trabajan de generar una imagen corrupta o, cuanto menos, lo suficientemente dudosa y sin ningún tipo de escrúpulos éticos y legales, para manchar al objetivo señalado; se pone en la piel de aquellas víctimas que sufrieron, de cerca, lo que significa enfrentarse al poder, entre otros recursos literarios, todo ello aderezado de la bibliografía leída para escribir la historia, por lo que cualquiera puede acceder a las fuentes originales (el mismo Saviano nos insta a hacerlo) y sacar nuestras propias conclusiones.

Todas estas historias, que arrancan con un detonante como pregunta (¿sabes que tienes que defender tu privacidad, sabes que, cuantas más palabras conozcas, más libre serás?), entran en paralelo con un principio: qué es lo que sucede cuando alguien se atreve a gritar la verdad, a desenmascarar la prenda del emperador para revelar la desnudez abyecta, a señalar con puntos y comas lo que sucede realmente, por más que alrededor todos parezcan llevar el velo de la distorsión. Y el punto en común, y esto se entronca con el tono del libro, es un mensaje hacia un supuesto Saviano joven (colocado al inicio de libro, establece la trama y se sostiene a lo largo de las páginas, ya que el autor las va trufando de anécdotas personales), uno que hubiese agradecido todas las enseñanzas del futuro antes de embarcarse en una misión prácticamente suicida y que lo tiene huyendo de una muerte que lo persigue casi con GPS. 

Es verdad que, depende del tipo de lector, la calidez que trasmite, bordeando el paternalismo en varias ocasiones (y por eso creo que este libro funciona mejor entre los quince y los veinticinco años, como en mi caso, y aunque sea paradójico por el mismo rango etario), puede resultar cargante, como un mayor que nos advierte de los peligros y no queremos escucharlo para no agobiarnos más, porque muchas veces cuestiona lo que nos parece cómodo y otras veces deja pasar situaciones que a nosotros mismos no nos cierran por ningún lado. Quizás es una forma de decirnos que no puede hacer todo el trabajo, que nosotros no podemos ser un ente pasivo a la hora de buscar y recibir la información, pero eso ya es una posible interpretación. 

Una de las cosas que más me ha gustado es que reconoce que cae en la necesidad de educar al joven y a la vez de no tenerlas toda consigo a la hora de seguir su camino, y termina admitiendo que es lo máximo que puede hacer y que espera que sea suficiente para despertar a quien lo lea. También cuenta con un elevado ritmo literario; cada historia tiene su inicio, su nudo y desenlace, como un cuento breve o largo bien contado. Da placer (estético) leerlas y genera una desolación difícil de asimilar.

Como digo, la elección de algunas palabras (gritar, confrontar, despertar) resulta incisiva, redundante en ciertos puntos, y se hubiera agradecido no sentir al autor, todo el tiempo, con la guardia alta (aunque qué menos, siendo la persona que es), con el miedo a que la historia que narra pierda su significado, su tragedia, su horror, casi como si sostuviera el celular y nos pidiera ver un vídeo sin sacarle los ojos de encima y luego preguntándonos si captamos los mil simbolismos implícitos. Conmigo, al menos, y considerando que una colección de historias desgarradoras hacen que termine inmunizado, logró que siguiera leyendo y estremeciéndome ante los hechos, ante la crueldad manifiesta y ante ese residuo de esperanza que revienta cualquier plan.

Cada capítulo cierra con un precepto que encierra la idea de gritar. Pongo mis favoritos:
  • Grita que nunca han sido solo palabras
  • Grita que no quieres ser transformado en miliciano de ninguna guerra
  • Grita cuando veas que usan tecnicismos eruditos para ocultar la verdad
  • Grita que, para combatir, no tienes que por qué ser asceta
  • Grita que no es verdad que el mal siempre sea auténtico y el bien nunca lo sea
Bueno, se puede ver por dónde va la mano, ¿no? Es una buena forma de recordar aquellos que lucharon por levantar su voz. El mensaje es el mismo de hace mil años, simplemente se va renovando. Varios de los casos no son estrictamente famosos, lo cual le da un matiz de cercanía y verosimilitud, de compasión ante una persona cualquiera. Para cerrar la reseña, a mí, y con esto no me voy a comparar a Saviano, también me gustaría dejar una suerte de máxima, la de gritar que mañana es mejor cuando todo parezca perdido.

Más de Roberto Saviano acá

viernes, 13 de noviembre de 2015

Roberto Saviano: Lo contrario de la muerte

Idioma original: italiano
Título original: Il contrario della Morte
Año de publicación: 2007
Traducción: Francisco J. Ramos Mena
Valoración: muy recomendable

No me llamen diletante. Pero así me gusta Saviano. Relajado en su escritura. Sin condicionantes de planificación. Situacional, cercano, personal. No es que yo no valore su aportación cuando responde más a lo que suele esperarse de él. Porque libros como Gomorra o CeroCeroCero seguramente tengan una función, la denuncia, más definida que este Lo contrario de la muerte. Puede que cumplan con ese destino documental, con esa finalidad torrencial de datos y magnitudes, que son cosas que permiten al lector calibrar hechos y tomar conciencia.

No recuerdo ninguna cifra relevante en Lo contrario de la muerte.

Leí, hace unos días, por la cuestión de Anagrama y Feltrinelli, el nombre de Saviano como una de las esperanzas de futuro. Y me ha sorprendido ver que apenas tiene 36 años. De los cuales ya lleva unos cuantos huyendo. Y los que le quedan, porque a quienes se ha enfrentado es a gente que no descansa ni perdona. Ignoro si esa situación anómala ha condicionado su escritura posterior. Si el compartir con Salman Rushdie esa agobiante existencia de escritor amenazado y perseguido ha generado una obra diferente a si no lo fuera. Lo más posible es que sí. Cómo va a ser ajeno a eso. Cómo se va a sentar ante el teclado en una habitación de hotel sin sentir la punzada del temor cuando oye un ruido, cuando llaman a la puerta. 
Pero ante Lo contrario a la muerte, que desprende la frescura del material que uno puede entregar para un suplemento dominical o incluso para un proyecto literario conjunto, estoy por reconsiderar ciertas opiniones sobre su encasillamiento o su reincidencia en la denuncia.
Lo contrario a la muerte, relato principal, está protagonizado por Maria, joven italiana del sur del país. Viuda sin haber llegado a casarse: Enzo, el joven con el que se había prometido, ha muerto tras un atentado en Afganistán. El camión en que viajaba pisó una mina y Enzo no pudo superar las graves heridas y las mutilaciones que sufrió. Solo permiten a Maria que se acerque al cadáver con los ojos tapados. Y Enzo estaba en Afganistán porque en esa misión iba a tener triple, puede que cuádruple paga. Y por esa paga se alistó en el ejército y con ese dinero contaba para empezar una vida con Maria, casarse y sacarla de una habitación donde todavía hay peluches y un póster de Barbie. Saviano no apela al antibelicismo en ningún momento. La cosa va del deprimente panorama social de la Italia del Sur y de las escasas opciones, salvo la de integrarse en redes criminales y depender del azar del destino. Saviano usa a Maria y su luto para dibujar esa realidad. La esboza, apenas, la interpretamos y la comprendemos ya con eso.
El anillo, escueto pero impactante relato final, viene a ser a la vez suplemento y complemento. Aquí Saviano regresa a su tema recurrente, pero lo hace a través de una historia cercana, la de las víctimas colaterales en los ajustes de cuentas entre bandas mafiosas rivales. Y da en el clavo de nuevo. 

Desde luego este Saviano no tiene sentido sin el otro Saviano. El escritor vs el periodista, el narrador vs el cronista. Pero es curioso que la veladura que crean las cifras, las fechas, los datos que acaparan sus obras más conocidas acaben ensombreciendo, o atenazando, con su efecto ligeramente sensacionalista, su eficacia como narrador, su capacidad de transmitir sensaciones entre la crispación y la estupefacción, y que sea un librito de apenas cien páginas el que la muestre más claramente. 

jueves, 21 de marzo de 2013

Roberto Saviano: La belleza y el infierno


Idioma original: italiano
Título original: La bellezza e l'inferno. Scritti 2004/2009
Año de publicación: 2009

Valoración: Muy recomendable

Este volumen, que recopila materiales publicados en diversos medios, está dividido en cinco apartados: Sur, Hombres, Negocios, Guerra, Norte, y se abre apelando al gran poder de la literatura, que convierte en carne y sangre unos fríos datos estadísticos. En estos primeros artículos, se informa también al lector, someramente, de la forma de vida que ha de llevar alguien como él, amenazado de muerte por la mafia: precauciones extremas, soledad, enclaustramiento, la amargura producida por los ataques a su reputación, pero también la satisfacción que le produce sentirse a gusto con su conciencia, la confianza en sus cualidades literarias, el agradecimiento por ciertas solidaridades o el placer de saberse embarcado en un mundo intelectual a su medida. Su fe en  el compromiso del escritor es incuestionable y eso le lleva a censurar a esos colegas que solo ven en su oficio una forma de enriquecerse. Pero si él no simpatiza con esa clase de personas, más incómodo resulta para ellos, ya que –según le hizo ver el mismísimo Salman Rushdie- se ha convertido en testimonio vivo de que se puede actuar de otra manera, mucho menos pragmática.

En alguno de los artículos incluidos en Sur muestra una audacia insólita. En el primero, Carta a mi tierra, publicado en La Repubblica en 2008, facilita gran número de detalles, incluso nombres y apellidos; narra, explica, argumenta, pero sobre todo increpa y pregunta. Porque lo que aflora es una rabia infinita y el ardiente deseo de que alguien con capacidad de decisión se ponga en marcha, acabe con la pasividad de siempre e intente modificar la situación. El sur del título es Italia –y, dentro de Italia, Nápoles-pero también el África de Miriam Makeba o la Francia del festival de Cannes dónde se proyecta el film basado en su novela, Gomorra. Hombres está dedicado a personajes concretos que, en su opinión, han destacado por una escritura apasionada o por su afán de superación, o que pasaron por las circunstancias más adversas convirtiendo su vida en un hecho excepcional gracias al arte o a alguna vocación a la que se han entregado en cuerpo y alma. Por ejemplo, los “huesos de cristal” del pianista de jazz Michel Petrucciani durante los años 80 y 90, o Messi, que ha llegado convertirse, a base de cabezonería, en un indiscutible as del futbol, o el padre de Eluana Englaro y su valiente decisión que le enfrentó a una parte de la opinión pública italiana, o la madre de una víctima de la mafia, que acusó el asesino de su hijo frente a frente y a cara descubierta. En el apartado Negocios, se desvelan ciertos pormenores relacionados con la mafia, sus fuentes de ingresos, unos claramente ilegales, como la cocaína, otros fácilmente legalizables,  entre ellos el negocio del cemento que se legitima a través del transporte y la construcción. Su enorme poder, afirma, radica en algo tan sencillo como la facilidad que les otorgan las leyes para lavarse rápidamente las manos solo con cambiar el dinero de sitio. Por eso, los capos pueden presentarse como respetables y acaudalados ciudadanos, siempre omnipresentes en cualquier negocio lícito y rentable, a los que se permite hacerse de oro impunemente recogiendo las basuras de toda Italia y acumulándolas en las regiones del sur. En Guerra se refiere a la literatura como arma de combate a partir de unos pocos ejemplos. Finalmente, en Norte repasa las luces y sombras de esa parte del mundo, desde los premios Nobel al nazismo pasando por los campos de trabajo soviéticos.

Estos artículos, aparecidos en La Repubblica, L’Espresso, Il Manifesto, El País y varias páginas de Internet de 2004 a 2009, reflejan la habilidad de Saviano, no solo para dar a conocer la realidad tal cómo es sino para mostrarla más allá de lo evidente, para darle la vuelta con el lenguaje y destapar lo que ocultan los tópicos revelando todos sus aspectos.

La prosa es concisa y enérgica, el autor tiene la habilidad de sintetizar resaltando el detalle conmovedor, la escena emocionante y de emplear el término sorprendente y  exacto. No sigue una secuencia lógica ni cronológica, se mueve a saltos, muestra y razona según un esquema aparentemente caprichoso pero lleno de sabiduría y tremendamente efectivo. Alterna el razonamiento, la exposición de hechos, la pura exclamación, la descripción, todo mezclado para componer estos expresivos artículos. Saviano escribe bien, lo sabe y no le importa admitirlo, su talento es su principal valor, pero también, y bajo un aspecto algo caótico, existe un trabajo enorme, tanto de investigación como literario. Aunque su mayor recurso, aparentemente a disposición de todos y en realidad al alcance de muy pocos, es la verdad. Como suena.

También de Roberto Saviano en ULAD: CeroCeroCeroLo contrario de la muerteGomorra (además, se le menciona aquí)

martes, 11 de junio de 2019

Magius: El método Gemini


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable

Decía Leonardo Sciascia que la mafia es “una asociación criminal con fines de lucro ilícito que se interpone parasitariamente y con medios violentos entre la propiedad y el trabajo, entre la producción y el consumo, entre el ciudadano y el Estado”. De este asunto, el escritor siciliano sabía bastante, al igual que el napolitano Roberto Saviano, que advierte que el cine de Coppola o de Scorsese han ofrecido un relato edulcorado, abrillantado, de este tipo de criminales. ¿Qué empuja al cerebro de un dibujante murciano a meterse en el empeño de querer contar de manera fidedigna la trayectoria de un mafioso neoyokino de siglo pasado? Misterio. Por supuesto desconozco la explicación, pero desde luego reconozco que El método Gemini me ha sorprendido y me ha fascinado.

De acuerdo que el islote de Manhathan y sus aledaños sea quizás el milímetro cuadrado más mitificado del mapamundi y que sus calles, sus edificios, sus barrios, las escaleras, andenes y el plano del metro, sus avenidas, puentes y muelles formen parte de la tarjeta gráfica que llevamos incorporada. Pero que alguien que jamás ha puesto allí los pies le dedique un cómic a esas calles y a los tipos que las infestan y lo haga de manera pulcra, mordaz, veraz y atractiva a mí me resulta definitivamente meritorio. Es así en el caso de Magius, el nombre que Diego Corbalán (Murcia, 1981) tomó prestado del monje miniaturista del siglo X para firmar sus ilustraciones y cómics, género en el que se inició a través de fanzines de black metal a los que siguieron álbumes como Murcia, una corrosiva y desternillante visión de la séptima ciudad más poblada de España en la que el autor insistía en su predilección por diseccionar sociedades y grupos cerrados, secretos, sus formas y rituales y su manera de alcanzar y gestionar el poder y el dominio por la fuerza.

Con estos antecedentes, supongo que poner en el punto de mira el barrio de Canarsie, en Brooklyn, y la vida de Roy Albert deMeo (1942 / 1983) ya puede ser considerado más fácil de entender. El tipo en cuestión, para la ocasión rebautizado como Mickey DioGuardi, tuvo una exitosa trayectoria criminal; en sus inicios trabajó como banquero y a su olfato para invertir en nuevas posibilidades de negocio agregó una genuina falta de escrúpulos así como grandes dosis de crueldad y ambición para labrarse un venturoso porvenir que le llevo a ser captado y promovido por las estructuras mafioso/criminales que dominaban algunos de los sectores más lucrativos de Nueva York. El tipo en cuestión hizo carrera con la sede central de su organización radicada en un bar de su barrio, el Gemini Lounge, dedicada a todo tipo de trapicheos y delitos, como el robo, desguace y exportación de automóviles de lujo, muy en la línea que explicaba Leonardo Scaiscia. Allí puso en marcha y desarrolló hasta la excelencia el que fue conocido como método Gemini, una discreta y eficiente manera de asesinar y hacer desaparecer cadáveres, se calcula que al menos un par de centenares, gracias al aprendizaje en su adolescencia del oficio de carnicero y de la técnica para descuartizar animales.

Pero El método Gemini no cae en el error que señalaba Roberto Saviano porque transmite una sensación pegajosa e incómoda de vísceralidad, de violencia cruda y sistemática, de oportunismo sin escrúpulos y obsesión por el dominio, del lucro por sometimiento y de la ramplonería del poder, de la ostentación de la bestialidad y del orgullo por vínculo de sumisión, de lo miserable de las jerarquías autoritarias y el brillo de la ostentación hortera. Lo hace a través de un dibujo pulcro y depurado pero, especialmente, a través de la opción por los colores primarios –rojo, azul, amarillo- que confieren al relato una atmósfera algo así como delirante, alucinada. Como contrapunto, los diálogos, directos y punzantes, y el desarrollo cerrado de escenas como secuencias narrativas, van aportando matices, detalles, contexto, que dotan a la narración de ritmo, elocuencia e interés. A mí, que tampoco he puesto jamás los pies ni en la Gran Manzana ni aledaños, la novela de Genius me lo ha hecho pasar en grande.




martes, 29 de marzo de 2011

¿Puede la literatura cambiar el mundo?

Hace unos meses, en un programa televisivo con Roberto Saviano, autor de Gomorra, el director Roberto Benigni pronunció una frase hermosísima: "Cuando un hombre con una pistola se encuentra a un hombre con una pluma, el hombre con una pistola es hombre muerto". La frase fue muy aplaudida, repetida, compartida, twitteada. ¿Pero es cierta además de hermosa? ¿Sigue teniendo la palabra tanta fuerza como para cambiar la realidad? ¿Alguna vez la tuvo?

Dos entradas recientes de este mismo blog están dedicadas a dos escritores que han creído en la necesidad de escribir desde el compromiso ideológico, y en la capacidad de su escritura para cambiar el mundo (a pequeña o mayor escala): me refiero a Gabriel Celaya y a Stéphane Hessel (esta segunda entrada, por cierto, ha resultado ser bastante polémica). Y Mario Benedetti es uno de los faros que han iluminado este blog desde su primera entrada. ¿Cómo podemos entonces renegar del valor social, político, ideológico de la literatura?

Probablemente las personas que escribimos este blog tengamos una opinión distinta al respecto: por eso esta entrada está planteada como pregunta, y por eso no dará ninguna respuesta. Pero es casi inevitable ser algo escéptico sobre el poder real de la palabra, en un mundo en el que hasta la política parece estar supeditada a la economía; y sobre todo, en un mundo en el que otras formas de arte o de comunicación (el cine, la música, la televisión, el propio internet) han absorbido gran parte del poder de influencia que en otro tiempo tuvo (puede pensarse) la literatura.

Y sin embargo, no faltan hoy en día los escritores (literatos, periodistas, blogueros) amenazados, perseguidos, exiliados, detenidos, censurados en todo el mundo; y en este mundo occidental nuestro, en que no existe la censura institucional, existe también, y cada vez más poderosa, la censura (que muchas veces se convierte en autocensura) de lo políticamente correcto. Y si tantos esfuerzos se hacen por controlar o mutilar la libre expresión a través de la palabra, ¿no será que algún poder conserva? ¿No será que decir y escribir lo que se piensa sigue siendo en sí mismo un acto de rebeldía? ¿Y un acto de consecuencias imprevisibles?

Al fin y al cabo, quizás la literatura sí conserve la capacidad de cambiar a las personas; y las personas, al fin y al cabo, son las que pueden cambiar el mundo.

martes, 17 de noviembre de 2015

Bernard Maris: Houellebecq economista

Idioma original: francés
Título original: Houellebecq économiste
Año de publicación: 2014
Traducción: Antonio Prometeo Moya
Valoración: recomendable para fans

Preámbulo necesario.
Bernard Maris murió este año, antes de cumplir la setentena. No murió de accidente ni de enfermedad alguna. Murió en enero, en París, el día 7 concretamente, y todo el mundo supo de las circunstancias de su muerte y vio imágenes y fue otro de esos momentos que paraliza el mundo. Bernard Maris murió en su despacho en la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo. Fue una de las víctimas del asalto yihadista y murió en las instalaciones de la revista que había fundado y para la cual aún colaboraba bajo el pseudónimo de Oncle Bernard.
La casualidad quiso que ese día se publicara Sumisión y que Maris fuera un buen amigo de Michel Houellebecq que, afectado por la situación, procedió a interrumpir precipitadamente la promoción de su novela. Una sensacional  novela que, si su temática no fuese suficiente por sí sola, ha quedado indeleblemente asociada a estos repugnantes hechos.

-Otra casualidad, igualmente trágica, hace que, cuando esta reseña está ya programada se produzcan los atentados del 13 de noviembre-

Hace apenas unas horas he estado leyendo a Roberto Saviano, otro escritor, otro comunicador bajo amenaza, efecto que la redacción del semanario francés consiguió con sus viñetas sobre Mahoma y efecto que el mismo Houellebecq va acumulando a base de meterse con el islam a través de sus personajes. Parece que no hay que andarse con bromas con según quién,
El libro que nos ocupa es un claro testimonio de la amistad y la admiración mutua existente entre Houellebecq y Maris. Maris recoge el pensamiento económico que Houellebecq volcó en sus obras y lo hace de una manera rendida. Selecciona entre toda la obra de Houellebecq (exceptuando, lógicamente, Sumisión) y, a base de hurgar, extrae una nada desdeñable recopilación de frases, reflexiones, pensamientos y disquisiciones merced a las cuales proclama, con ese título a su admirado amigo, y le otorga el título que el mismo Maris tenía: llegó, curioso para un personaje que seguro que por estos pagos encuadraríamos dentro del  panorama alternativo, a ser consejero del Banco Nacional de Francia.
Los iniciados en la obra de Houellebecq ya habíamos detectado ese pensamiento crítico hacia el liberalismo y el capitalismo feroz. Maris ejerce de recopilador y de ordenador en el tiempo de esos bosquejos ideológicos. Lo hace criticando desde el propio sistema y lo hace con conocimiento. Puede, para los profanos en los iconos del pensamiento económico (Keynes, Malthus, Ricardo, Schumpeter) desde una cierta espesura conceptual y un planteamiento que podría apreciarse algo cargado en la erudición. Disculpable en el contexto aunque un cierto impedimento para quien quiera usar este libro como un mero entretenimiento que le acerque a la obra de Houellebecq. Pues Maris hace sus propias aportaciones y vertebra y ordena la información, y bien hace en recalcar que nadie mejor que un escritor para escribir de economía. Maris no es tan fluído y directo como el autor del que habla. Lógicamente.
Habrá quien tilde esta de publicación algo oportunista tanto por las condiciones del autor como por el retorno de Houellebecq a la cúspide de la polémica. Como si no hubiera sido una acción mucho más torpe guardar estos escritos en el cajón y negárselos a un público ávido de información. El islamismo sólo aparece muy de soslayo y Maris no carga las tintas en el tema: defiende a un escritor con el que siente afinidad (lo defiende hasta de las frecuentes acusaciones de misoginia) y lo hace con seriedad y convicción. Convicción: esa es la palabra; a quien Houellebecq ya le interese, este libro lo empujará a releer su obra lápiz en mano. Quien lo deteste seguirá considerándolo un francés gruñón y malcarado enfrentado a todo el mundo. 

martes, 9 de febrero de 2016

Nacho Carretero: Fariña

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: muy recomendable

En un principio, no parece que Nacho Carretero vaya a ser el Roberto Saviano gallego. Eso espero, en lo que concierne a la amenaza constante, al miedo, a la sentencia de muerte en vida que supone el saberse objeto potencial de una represalia. Ello debería alegrarnos en cuanto a que el talante de ciertas redes de delincuencia sea un poco menos violento, un poco menos vengativo o, vaya usted a saber, un poco más comprensivo con la urgencia de la labor periodística.
Labor ingente, por cierto. En Fariña (vocablo gallego para "harina", y una de las múltiples expresiones que aluden a la cocaína), Carretero efectúa un exhaustivo (aunque, en el fondo, el mundo descrito parece inabarcable) recorrido por todo lo relacionado por el narcotráfico en Galicia. El ilustrativo fajín que adorna el libro lo aclara: Historia e indiscreciones del narcotráfico en Galicia. Y la cosa no puede ser más explícita. Carretero se ahorra valoraciones a lo largo de ese extenso camino; como buen periodista se limita a desgranar hechos, a relacionarlos uno a uno, a dejar que ese goteo cause efecto en el lector, a remarcar los regresos a primera plana de algunos protagonistas, a establecer sus vínculos (acertada mención a García Márquez, esto va de sagas, de clanes) y a esperar, paciente, que la realidad se visualice.
Recuerdo, años atrás, cuando prácticamente cualquier comercio despachaba tabaco, que solía darse a elegir entre el tabaco "legal" y el de contrabando. Ignoro si esa diferencia se notaba en algo al margen del precio, pero aquellos paquetes que carecían del preceptivo sello abonando los correspondientes impuestos iban de mano en mano entre aquellos que fumaban de entre mi entorno. Ese tabaco entraba, en su mayoría, a través de las costas gallegas. Galicia, dice Carretero en los primeros párrafos, dispone de una gran cantidad de kilómetros que dan al mar. En playas y costas, pero también en intrincadas rías de complicado acceso. Allí se efectuaban las "descargas", operaciones minuciosamente planificadas y rápidamente ejecutadas, rapidez relativamente necesaria, pues Carretero dibuja un panorama de permisividad absoluta, cuando no colaboración retribuida, por parte de fuerzas de seguridad locales y estatales, autoridades, políticos, empresarios, vecinos, familiares y toda la pléyade de "agentes" que deberían hacer cumplir las leyes o colaborar en su cumplimiento, y no.
Porque la sociedad que describe Carretero es una sociedad que ha asimilado el contrabando como algo normal, como una industria en que sustenta su economía, como un negocio que hay que preservar y defender usando todos los mecanismos a su alcance. Cuando se pasa del tabaco al hachís o a la cocaína, simplemente se está dando una vuelta de tuerca más, se está trocando riesgo por rentabilidad, se está tratando con otros socios, los carteles colombianos, más peligrosos y exigentes, por lo que hay que demostrar rigor y profesionalidad. Curioso el énfasis del autor en la seriedad de los clanes gallegos en la ejecución de su función. Cuando trafican, escrupulosos, cuando transportan, cumplidores y meticulosos, cuando simplemente usan esas formidables lanchas para descargar los barcos, rápidos y seguros. El arraigo y la respetabilidad, la normalidad, se muestran de las formas más variadas. Niños que quieren ser contrabandistas, como sus padres, vecinos que facilitan cobijo en momentos difíciles, narcos que se consideran a sí mismos como honrados y ejemplares, mujeres de narcos que se quejan de que la ciudad se ha llenado de yonkis...
Se lee casi de un tirón y no escatima diatribas a políticos, autoridades mal coordinadas o directamente pasivas, inhibición del gobierno central, el consabido laissez faire que se va de las manos, hasta que, porque los hay, aparecen los cadáveres, los ajustes de cuentas, las desapariciones, los cambios de bando, y una sordidez que no por no ser siciliana sino gallega, deja de ser sordidez. Gran libro, sí señor.

martes, 15 de diciembre de 2020

Igort: 5 es el número perfecto

 Idioma original: italiano

Título original: 5 è il numero perfetto

Año de publicación: 2002

Traducción: Carlos Mayor

Valoración: recomendable


Hace poco escribí en este blog la reseña de una novela gráfica, Sordo, que recientemente se ha convertido en película. Pues bien, es el mismo caso de ésta otra, del italiano Igort, publicada allá por el 2002, aunque con la curiosidad de que es su mismo autor quien dirigió la adaptación cinematográfica en 2019. Ahora, con motivo del estreno de la misma en una plataforma audiovisual, el libro se ha vuelto a reeditar en España en este singular 2020.


La trama de 5 es el número perfecto se desarrolla en el Nápoles de 1970, y cuenta una historia de venganza y redención protagonizada por un sicario de la Camorra retirado, Peppino lo Cicero (interpretado en la película, al parecer, por el gran Toni Servillo), que recorre la ciudad -una Nápoles insólitamente lluviosa y desierta- repartiendo muerte cual un Clint Eastwood de spaguetti-western o un rōnin traicionado por su antiguo señor... -la mención a este último arquetipo no es gratuita, pues Igort comenzó este libro cuando vivía en Japóny, como explica en una entrvista añadida en esta nueva edición, las novelas gráficas aún eran una modalidad incipiente en el mundo de la historieta; más todavía en los fumetti italianos-; aunque para ser fiel a la verdad, hay que señalar que peppi lo Cicero sí cuenta con alguna ayuda en su peripecia: la de un viejo camarada camorrista, Salvatore, la de Rita, un antiguo amor que lleva veinte años esperándole, la de un matasanos de la Camorra y la de Ciro, un amigo de su hijo... Un grupo de cienco outsiders, si se quiere, aunque no sea a ese 5 al que se refiere el título (o quizá, también).

La historia que nos cuenta esta novela gráfica sería pues un noir (o giallo, en este caso)"crepuscular", por emplear el tópico... Pero, aun si obviar su evidente interés en este sentido, lo más destacable, en mi opinión, es el aspecto gráfico de la misma; no tanto en lo que respecta al dibujo en sí, de aspecto, en general, que parecentan sólo abocetado -curiosamente, los bocetos a lápiz que se incluyen en el contenido extra  resultan más pulidos que la historieta acabada-, sino a la composición de la página, los encuadres de cada plano... es decir, viñeta y, sobre todo, el dramatismo conseguido por medio del empleo de tan sólo tres tintas, o, mejor dicho, dos: negra y azul, junto con el blanco, que contribuye a crear decisivos efectos lumínicos. Aunque lo más interesante quizá sea el escenario donde se desarrolla la acción: como ya he mencionado, una Nápoles azotada por la lluvia y casi desierta, extraña para quien no conocemos la ciudad y la recreamos desde el tópico; la ciudad se convierte aasí en un escenario con aire de "pintura metafísica" donde evolucionan los actores del drama, sin perder, de todos modos su idiosincarsia peculiar, la de la ciudad omnívora y cruel, pero también vibrante y generosa que tantas obras y autores han querido y sabido plasmar, desde Anna María Ortese a la actual Elena Ferrante, pasando, cómo no, por Roberto Saviano, un escritor que bien podía haber firmado el guión de esta historieta... aunque quien sabe si ésta no sería también uno de los acicates que le impulsaron a escribir su estremecedora Gomorra.



Otros títulos de este autor reseñados en Un Libro Al Día: Cuadernos rusosCuadernos ucranianos 

jueves, 2 de octubre de 2014

José Saramago: Alabardas

Idioma original: portugués
Título original: Alabardas, alabardas, Espingardas, espingardas
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable como objeto de culto

Viviendo en Lisboa, dedicándome a la literatura y siendo un admirador de Saramago como figura pública y como escritor (sobre todo, debo confesarlo, de sus primeras obras), era casi obligatorio que me comprase Alabardas (en el original el título completo es Alabardas, alabardas, Espingardas, espingardas, que es un verso de una obra de teatro de Gil Vicente). Y mi conclusión después de leerlo (se lee en dos tardes) es que estamos más ante un objeto de culto que ante una obra literaria: Alabardas, tal y como se nos presenta -y probablemente no se nos podía presentar de otra forma- es un homenaje de los amigos de Saramago a la memoria del escritor, antes que la novela que podría haber llegado a ser si Saramago hubiera tenido el tiempo y las fuerzas para terminarla.

Porque el volumen Alabardas contiene, efectivamente, los tres primeros capítulos de la novela inacabada de Saramago (traducidos, en la edición española, por su viuda Pilar del Río), a la que se añaden unas notas del escritor en relación con la redacción de la novela; unas ilustraciones de Günter Grass que aunque no se relacionan de una forma muy evidente con el texto, contribuyen a realzarlo; y además otros dos textos de Fernando Gómez Aguilera (que se limita prácticamente a glosar las notas del propio Saramago), y de Roberto Saviano, que hace una elocuente defensa de la honestidad ética, aplicable y necesaria tanto para los escritores como para cualquier otra profesión.

Ese es (o podría haber llegado a ser) uno de los temas centrales de la novela Alabardas: el protagonista, Artur Paz Semedo trabaja en una fábrica de armamento y está enamorado de su trabajo: de hecho, su único deseo es ascender en la empresa y llegar a ocuparse de la sección de armamento pesado. Esta pasión por las armas ha provocado su separación de su pacifista mujer Letícia, con la que sin embargo mantiene una buena relación. Todo su mundo cambia cuando descubre en una película de Malraux (L'Espoir, o Sierra de Teruel en español) que durante la Guerra Civil española hubo trabajadores de la industria armamentística que sabotearon los obuses destinados a bombardear España, en solidaridad con los soldados y obreros de la República.

A partir de este descubrimiento, y tomando en cuenta las notas del propio Saramago, se intuye cuál era el desarrollo que Saramago pretendía para la novela: Artur Paz Semedo se sumerge en el archivo de la empresa, donde descubre historias sobre su pasado que le hacen replantearse su vocación. Así comprende que existen siempre diferentes opciones y que cada persona realiza elecciones éticas fundamentales que repercuten en la vida de los demás. Eso habría llevado, según las notas de Saramago, a una reaproximación con Letícia, que se habría visto truncada cuando la empresa consigue volver a seducir a Artur y atraérselo al lado oscuro, ascendiéndolo a su soñada posición en el departamento de armas pesadas. La novela terminaría así con una nota negativa, con Letícia abandonando nuevamente a Artur y despidiéndose con un sonoro "Vete a la mierda" (que recuerda, inevitablemente, al "Mierda" con el que termina El coronel no tiene quien le escriba).

Pero todo esto son especulaciones sobre lo que podría haber llegado a ser, porque lo que tenemos son, efectivamente, tres capítulos no demasiado largos (veinte páginas de manuscrito, alargadas hasta ocupar 70 en el volumen publicado), que dan para percibir algunas de las intenciones del autor, pero no su desarrollo ni el nivel de profundidad al que habría podido llevar cada uno de estos temas. Así pues, Alabardas es un objeto de culto, un bonito libro preparado con evidente cuidado, un homenaje cariñoso que los amantes de Saramago sabrán apreciar; pero no es en sí mismo un texto literario completo, ni quizás deba considerarse como perteneciente al canon de la obra del Premio Nobel portugués.

Otros libros de José Saramago reseñados en ULADCaínLa cavernaEl evangelio según JesucristoEl hombre duplicadoEl año de la muerte de Ricardo ReisEnsayo sobre la ceguera

lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo mejor del 2017, ULAD dixit

Marc Peig dice:

Juan G. B. dice:

Koldo CF dice:
  • Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
  • Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
  • Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
  • Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
  • Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
  • Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
  • Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti) 
  • Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
  • Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
  • Propósito 2018: Apuntarme al gimnasio y sacar a Marc del lado oscuro knausgardiano

Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
  • Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
  • Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
  • Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
  • Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
  • Mejor libro de relatos'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
  • Peor libro de relatos'Alevosías', de Ana Rossetti
  • Mejor libro de historia/pensamiento/política'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
  • Mejor libro de arte/estética'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
  • Descubrimiento del año'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
  • Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
  • Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.

Oriol Vigil dice:
    • Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
    • Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
    • Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    • Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
    • Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
    • Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
    • Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
    • Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
    • Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
    • Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
    • Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.

      Beatriz Garza dice:
      • Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
      • Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
      • Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
      • Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
      • Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
      • Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
      • Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
      • Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica. 

      Carlos Ciprés dice:
      • Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
      • Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
      • Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
      • Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
      • Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
      • Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
      • Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
      • Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.

      Santi dice:

      Francesc Bon opina:
      • He tenido años mejores
      • No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
      • Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
      • Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno":  La uruguaya de Pedro Mairal
      • Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
      • Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
      • Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
      • Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
      • Lista de deseos: tiempo 
      Montuenga dice:

      FICCIÓN:

      NO FICCIÓN: