Mostrando las entradas para la consulta Álvaro Colomer ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Álvaro Colomer ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de abril de 2025

Álvaro Colomer: Aprende a escribir

Idioma original: español 

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable 

En otro contexto, uno podría especular si alguno, de entre la centena aproximada de autores que se incluye en Aprende a escribir, no fuera el mismo autor, oculto bajo alguna guisa, y describiendo su propio modus operandi. Quizás hubiese sido una cuestión a plantear cuando acudí a la tumultuosa presentación del libro, hace algunas semanas, en una conferencia que contó con la inestimable presencia de un Enrique Vila-Matas ataviado con una gorra que le daba un aire de timidez esquiva. No lo hice, porque tampoco soy mucho de llamar la atención, aunque el acto me permitió constatar la preocupantemente alta media de edad de los asistentes, cuestión que algún día habrá que abordar.

Hago el comentario porque Colomer parece responder a una especie de perfil promedio de los descritos en este libro. Periodista, cronista, autor de novela juvenil y de novela para todos los públicos (...), también reseña con cierta regularidad en medios de gran divulgación, y ejerce de eso tan socorrido que se viene a denominar agitación cultural que, desde luego, sería un concepto idóneo como carrera profesional, si existiese la mínima posibilidad de hacerse rico con ello. 

De su desempeño en Zenda surge la mayoría de los textos que incluye esta colección de artículos. Algunos se mantenían inéditos y, aunque con paciencia y orden, podríamos hacernos con muchos de ellos, entonces no contaríamos con la estructura que Colomer les otorga al dividirlos en bloques. No hablamos de entrevistas transcritas, sino de textos trabajados, apenas dos o tres páginas, que describen los hábitos de trabajo de un buen montón de escritores de la escena española (con alguna excepción), de sus manías, sus procedimientos, sus ritmos, sus emplazamientos, sus horarios, sus entornos...

Y aunque podamos detectar similitudes, es enormemente estimulante profundizar en ello, y Colomer nos ahorra mucha verborrea aportando su sentido crítico y su agudeza, analizando sus comportamientos, aunque puede que en cierto sentido este libro sea mejor que la suma de sus partes. Tenemos aquí desde escritores a los que no conocía hasta manufacturadores de best-sellers (glups, Pérez Reverte) o maestros absolutos (Vila-Matas, Caparrós, Enriquez) y todos los artículos resultan tan interesantes que seguramente algunos de los autores nos decepcionarán, si nos atenemos al lógico entusiasmo de Colomer al describir sus secretos. Personalmente he echado de menos algunos autores que me hubiera gustado ver por aquí (¿quizás una segunda parte, Álvaro?) como Carrión, Monzó, Ramis o Pàmies, pero el libro, más que el convencional muy recomendable,  (etiquetas homologadas mandan), lo valoraría como perversamente tentador para cualquiera que conciba la literatura más allá de afición o entretenimiento. Es sumergirse en sus artículos y lanzarse a devorar estantes. Y ya se sabe lo que se dice de las tentaciones.

Otras obras de Álvaro Colomer reseñadas en ULAD: aquí

lunes, 9 de noviembre de 2020

Álvaro Colomer: Guardianes de la memoria


Idioma original:
español 
Año de publicación: 2008 (reedición de 2020 con prólogo añadido)
Valoración: muy recomendable

Van con este cuatro los libros que he leído de Álvaro Colomer y cuatro son los estilos o géneros que le he visto emplear (novela psicológica, juvenil, crónica bélica novelada, crónica pura y dura) y he de decir que en todos se resuelve con brillantez y buen hacer. Obviamente, me lanzo a leer Guardianes de la memoria convaleciente de un síndrome de abstinencia que me generó su brillantísima última novela Aunque caminen por el valle de la muerte, que me parece no solo la cumbre de su obra sino una de las mejores novelas en español en lo que va de siglo, y no me cansaré de recomendarla como muestra de dinamismo literario pasándole la mano por la cara a muchos escritores adictos a los chalecos llenos de bolsillos como única muestra de espíritu aguerrido y aventurero.

Guardianes de la memoria no es, entonces, su sucesora sino una recuperación de un texto compuesto por cinco extensos artículos, cinco relatos que aluden a cinco lugares de la geografía europea marcados a fuego por grandes hechos ocurridos en cada uno de ellos y que han marcado su historia y, en muchos casos, condicionado las existencias no solo de los nacidos allí a partir del momento de los hechos, sino también de cualquier otro hito posterior alcanzado. El patronímico, el origen, se convierte en una carga o en una especie de adjetivo definitorio más allá de todo sentido común y las generaciones se sucederán teniendo que lidiar con comentarios de todo pelaje cuando uno se presente y explique su procedencia. Esos cinco lugares, por el orden en que protagonizan los relatos, son Gernika, Chernóbil, Transilvania, Lourdes y Auschwitz. Cinco componentes de la historia europea, varios de ellos como objeto de hechos trágicos, cinco emplazamientos que pueden sonarnos familiares aunque sea por su omnipresencia en ciertos ámbitos informativos, el arraigado interés que es creciente a medida que la curiosidad te hace penetrar en sus entresijos, el enorme calado de lo sucedido y cómo en muchos casos son, más que un punto en el mapa, puntos de inflexión en el desarrollo de la realidad continental del siglo XX.
Creo que solo el relato dedicado a Transilvania ha acusado el paso del tiempo en exceso: siquiera porque la figura de los vampiros y las tradiciones de la zona nos parecen ahora más risibles y menos solemnes, pero aún así el texto que explica las curiosas costumbres que, en pleno siglo XXI, aún mantienen ciertas comunidades de esa Europa unida y desesperada por una fallida cohesión, es brillante y rodeado de un cierto halo de oscuridad que resulta inquietante. Los otros cuatro, quizás por mantenerse vigorosamente actuales, dado los regalos que nos hace el presente en lo relativo a totalitarismos y fanatismos, permanecen frescos como rosas. Y su disposición en el texto, empezando y acabando por las tropelías de la Alemania del III Reich, con la Legión Cóndor bombardeando el emblema de la nación vasca y la dictadura franquista negando los hechos durante décadas, y con el solemne relato que cierra el libro, dedicado a Auschwitz/Oświęcim, relato en el que Colomer toma (hasta entonces ha sido redactor fiel y periodista de oficio) cuerpo como narrador o cronista al que la presencia de una anciana como testimonio intimida de tal manera que lo hace colapsar, lo arredra y zanja el texto sin atreverse a hacerle responder, como si silencio y respeto ante silencio fueran mejor que testimonio alguno. Es el relato más tenso, el colofón que agrupa y totaliza los textos anteriores, todos brillantes y todos con un perfil común: un testimonio de los hechos se convierte en guardián de la memoria, en garante de que, algunos años más, los lectores tendrán presente aquello de no olvidar la historia para evitar repetirla.
Le sugiero a Colomer más lugares para actualizar tal premisa y regalarnos más textos de tan buen nivel: Fukushima, Harrisburg (por cómo países teóricamente menos herméticos tratan hechos similares), New Orleans, Columbine, Ciudad Juárez, Biescas. Por si lo de la novela se retrasa, digo.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Álvaro Colomer: Ahora llega el silencio

Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: se deja leer

Vaya por delante que a mí, eso de ser joven me queda ya bastante lejos. 
Incluso teniendo en cuenta esa eterna juventud de hoy en día que alguno, véase casos como Álvaro de Marichalar , exprime hasta la extenuación. Lo que tienen los tintes para el pelo y la ropa casual.
Y considerando igualmente que lo que marca la entrada en la juventud es el final de la infancia, eso de la adolescencia, abrupto paso desde Peppa Pig a Pornhub en milisegundos, y que no tengo claro qué es ser joven cuando hay patanes de 25 años a los que a uno le da escalofríos saber que hace siete años que votan, aunque, perdonen el exabrupto, hace diez que fumen, beban y follen, todo ello según las estadísticas de acceso público.

Entonces, la literatura juvenil es para mí un misterio que intento desentrañar aquí de manera esquemática:

Protagonistas de parecidas edades por el tema de que el lector potencial se sienta representado.
Peso generacional en cuando a situarse frente al mundo adulto de forma colectiva.
Lenguaje directo, sencillo, sin excesivo peso formal pues ya sabemos, los jóvenes dicen TKM por el Whatsapp y todo alarde literario resulta superfluo y distrae de lo principal.
Trama dinámica, tendencia al estereotipo plano héroe-villano, tensión sexual poco explícita, cierta pulsación algo grandilocuente, los jóvenes vivimos con intensidad, ya nos aburriremos cuando cumplamos los .... (rellénese lo que proceda).

La última novela de Álvaro Colomer, Aunque caminen por el valle de la muerte,, me pareció magnífica. Una osada crónica ligeramente barnizada de ficción sobre la batalla de Najaf. Un estupendo texto que combinaba dinamismo, un sentido narrativo intrépido, y del que traslucía un escritor valiente, no sin cierta sorna incluso al tratar de hechos dramáticos como los encuadrados en los episodios bélicos.

Lo siento, entonces, por expresarlo con tanta contundencia, pero creo que una novela juvenil ahora es un paso atrás, y cualquiera me dirá que hoy en día los escritores ya no tienen que tener carreras ni trayectorias, sino que tienen que publicar para ir viviendo.
La historia de Astrea, Néstor, León, Lobo y el Rey Muerte conserva algunas similitudes en el fondo: batallas encarnizadas en escenario urbano, una Barcelona en que todos los adultos (o sea, todos los que superan los 22 años) han fallecido por un extraño virus, dejando la ciudad a expensas de los que no alcanzan esa edad, que se han agrupado por barrios y han procedido a marcar su territorio. Todo resulta algo misterioso y hay reminiscencias de esa cultura de la distopía onda Mad Max-La carretera-Waterworld-Mecanoscrit del segon origen donde la civilización se ha reseteado y todo queda en manos de unos pocos elegidos. Así que hay hordas de desalmados que se comportan con la crueldad propia de las situaciones límite y la ciudad ya es el escenario de cruentas luchas por dominio del territorio, de los recursos. Cada grupo reacciona a su manera, y hay bandadas de niños menores, de mujeres, de malos y de buenos.

Cuesta un poco creer todo esto, pero claro, los jóvenes tragan con cualquier cosa. ¿No?

Y tan legítimo es decir que sí, que es posible que el libro cale en cierto público o algún profesor de literatura lo use como recurso a la hora de estimular a los alumnos, pues no pocas analogías pueden establecerse de ese punto de partida: un mundo donde los adultos han desaparecido y ha quedado a disposición de una generación aún no madura. Nuevos paradigmas, realidades cambiantes, la mierda de mundo contaminado e hipercompetitivo que les dejamos los adultos de hoy. Etc. Puede que sea el detonante de encendidos debates, ¿por qué no?
Pero que, incluso con una narración solvente y unos hechos esquemáticos, a mí ya no me enredan más con estas etiquetas, pues también.

domingo, 21 de mayo de 2017

Álvaro Colomer: Los bosques de Upsala


Idioma original: español
Año de publicación: 2009
Valoración: recomendable

Es bueno comprobar que los autores, sobre todo, decid que son manías propias, los de ficción, tienen capacidad para el cambio de registro. Ello no debe sonar peyorativo. La creación de universos propios no debería estar reñida con la posibilidad de probar con distintos ámbitos, de salirse de los esquemas. No es que algún autor favorito personal (Houellebecq) sea un ejemplo de ello. Pero gusta ver a un escritor intentando, con éxito, adoptar distintos tonos.
Leo Los bosques de Upsala como consecuencia del deslumbramiento (pasadas unas semanas, dista mucho de ser un fogonazo) ante la muy brillante Aunque caminen por el valle de la muerte. Y no tiene nada que ver. Para empezar en una se sitúa en un primer plano la faceta periodística y esta que hoy comento es una novela más pura de ficción: casi un thriller psicológico que no desentonaría en la obra de Lemaitre, aunque uno pueda hallar aquí rastros de Kafka o de Bernhard, o de Sábato. Palabras mayores, lo sé, pero quien se adentre en esta novela no podrá desmentirme esas influencias. 
La historia empieza cuando Julio, entomólogo dedicado a localizar un primer ejemplar de mosquito tigre en la geografía nacional, llega a casa y se encuentra ante un escenario que lleva tiempo temiendo afrontar: Elena, su mujer, víctima de la depresión, ha desaparecido. Justo el día en que se cumple su quinto aniversario de boda. Julio se teme lo peor, y una de sus primeras sospechas es que se ha suicidado, idea que sabe que anda por su cabeza hace tiempo. Julio descubre que no ha sido así, pero el hecho desencadena la búsqueda de los motivos que empujan a su mujer hacia esa situación, momento en que la novela toma un viraje al uso de cierto tipo de thriller psicológico. Colomer nos conduce, estilo sobrio al que empuja el uso constante de la primera persona con algunos -pocos- diálogos intercalados, en un monólogo interior que progresivamente nos sume en dudas. Julio arrastra sus propios traumas, uno de ellos contundente cuando, siendo un niño, presenció el suicidio de una vecina, un hecho aparentemente accidental que ha arrastrado toda su vida y que parece haber condicionado su personalidad. Y esa investigación, esa duda que le turba en lo concerniente a lo que anida en la cabeza de su mujer, empieza a mostrar sombras.
Los bosques de Upsala juega, como novela, con esa imagen del individuo que aplica su prisma subjetivo a interpretar una situación, como una cámara que empieza a desplazarse respecto a un plano fijo. Con las debidas distancias, Kafka o el Sábato de El túnel parecen asomar como influencias y, con un desarrollo digno y correcto, es una novela interesante aunque quien quiera ver los esbozos o la incipiente genialidad que Colomer ha demostrado en Aunque caminen por el valle de la muerte va a encontrarse con algo diferente.

martes, 5 de febrero de 2019

Philip Roth: Zuckerman desencadenado

Idioma original: inglés
Título original: Zuckerman unbound (*)
Año de publicación: 1981
Traducción: Ramón Buenaventura
Valoración: les explico

Quien esto escribe, saben, era, hace ya un cierto tiempo (más de dos años, pongamos) alguien a quien los lectores de este blog se dirigían en términos más o menos así: cómo lees tanto, menuda máquina, de dónde sacas tanto tiempo. Quizás en aquellos momentos no disponía de mucho más tiempo del que dispongo ahora para abordar lecturas, puede que me organizara mejor, puede que careciera de alguna de las preocupaciones que el paso del tiempo acarrea. 
Quizás sea demasiado fácil culpar al stress.
Pronúnciese la palabrita de marras con mucha énfasis en las "s", como pretendiendo dar miedo sin evitar que suene la cosa un poquito socarrona.
El stress es una cosa bastante mala. Puede uno combinarla con una serie de factores y el resultado suele ser letal, como mínimo desastroso o sumamente arriesgado. Sean bocadillos de chistorra, actividad sexual frenética, alteraciones del ritmo de descanso. Lo que a mí me sucedía, me repite mucho la chistorra y no suelo tener en la despensa, es que afectaba mucho mi capacidad de concentración. Y yo, que era capaz de capturar la esencia de un libro y transcribirla a unos cuantos párrafos, yo, ese mismo, ahora me desmoronaba apenas adentrado unas páginas en obras objetivamente inapelables. 

Hace poco tuve la oportunidad de hacer cola frente a un organismo oficial. Abrí este libro y me impresionó esa primera escena: Nathan Zuckerman reconocido por la gente como escritor de enorme éxito que se desplaza en transporte público, con los comentarios propios de una situación así, con la correspondiente variedad de estos ya se sabe, hasta que es asaltado por un tipo ávido de conversación que le suelta un rollo impresionante en el que Roth empieza a colar su prosa intensa y su penetrante análisis de la sociedad americana de finales de los 70, esa sociedad en evolución.

Al día siguiente me desplacé a recoger el teléfono móvil de mi hija, que estaba siendo reparado, esta juventud y su descuido con el trato de esos cacharros tan delicados. Me encontré con Álvaro Colomer e intercambiamos unas cuantas frases de forma precipitada, tenía algo más de prisa que yo el hombre pues iba a un taller de lectura y solo pudimos mostrarnos los libros que cada uno llevaba (él Caldwell y un Cormac McCarthy, yo, éste), en todo caso en el último momento acabamos comentando acerca del último de Houellebecq. Simpático este hombre. Colomer, digo. Acudí a la biblioteca a renovar esos préstamos de esos libros que esperan pacientes sobre la impresora de mi casa a ver si les llega su momento. Lluís el bibliotecario hizo mención a mi reseña de Donna Tartt y ya me fui a casa.

No saben cómo de cabrón es el tío este que coordina este blog. Si se tomara la molestia de leer todas las reseñas y no sobre todo las suyas, tendría cierta prudencia de decirlo de forma tan tajante. Pero qué va. Así que mi decisión sobre Zuckerman desencadenado ya está tomada de antemano.
Aún así, al día siguiente, mientras espero que me preparen unas hamburguesas, continúo leyendo, me resulta reconfortante constatar que el libro continúa en ese nivel inasequible a la mayoría de los que se dedican a esto de escribir. Auto-ficción: menudo pretexto para muchos meterse con este género, que me ha deparado unos cuantos de mis escritores favoritos. Quizás no los más favoritos, pero Cercas y Vila-Matas y, claro, Roth, están seguro entre mi top-20. Me pregunto si podría aplicar lo de auto-ficción a esto de las reseñas y vuelvo a pensar en el tipo este del blog y en mi tensa relación con él. A ver si lees esta frase certera y contundente, de aquellas que tanto gustaban. "Roth, escritor de poderoso estilo propio". Toma. Recuerdo algo sobre el encuentro con Colomer de ayer. Habría de cultivar algo de amistad con este hombre. Qué diálogos, dijo, los de Caldwell. Qué buena, dije, la novela de Roth. No debí empezar a leer a Roth con El lamento de Portnoy. Dice: no es el más adecuado. Vaya, las hamburguesas ya están. Yo ahí, concentrado en el capítulo, y ya he de irme.

Zuckerman desencadenado puede parecer una autoparodia, claro, la de un escritor judío nacido en Newark que escribe Carnovsky, una novela de enorme éxito que le ha convertido en una persona célebre a la par que enormemente controvertido en su relación con su pléyade de lectores: los que le idolatran y aquellos que, muchos de ellos confundiendo a autor y narrador, han empezado a atacarle porque interpretan que con su obra ha ofendido a la comunidad judía, que con su obra ha señalado a conocidos y familiares y los ha señalado. Y Zuckerman ya no puede viajar en autobús (impresionante puesta en escena en las primeras páginas) sin que su mera presencia allí, él que es célebre y rico, sea cuestionada. Sin que su vida sea alterada por los comentarios de la gente le afecten, sin recibir llamadas telefónicas o correspondencia. Puede que un subtítulo obvio para esta novela fuera El precio de la fama, pero Roth no era un escritor dado a las obviedades. La novela entera es una broma, una farsa con unos diálogos inverosímiles, como si Roth en algún momento hubiera tenido intención alguna de apelar al realismo... No, de ninguna manera; el escritor aprovecha cualquier resquicio para ser agudo, mordaz, con una acidez que filtra a la que se presenta la mínima oportunidad. Cada personaje esconde algo paradigmático y no se trata de arte figurativo sino de arte abstracto. Alvin Pepler, por ejemplo, poderoso secundario en manos de un célebre concursante de quiz shows venido a menos, dice, por una suerte de conspiración en manos de productores televisivos para que un w.a.s.p. obtuviera un gran premio que él decía merecer. El hermano de Zuckerman, Henry, hijo perfecto que ha seguido la tradición profesional paterna y que se presenta de madrugada en casa del hermano a volcar toda la frustración que esa elección le ha procurado. Toda esa familia que sufre en silencio su estupefacción ante la repercusión que el éxito de Carnovsky ha representado en sus vidas.
La fama, sí. En los Estados Unidos de los últimos años 70, heridas aún tiernas las de Vietnam y el feo asunto del Watergate, un escritor aún puede convertirse en una celebridad y ser asaltado con comentarios sobre su obra. Reírse de ello y crear un alter-ego que cree otro nuevo alter-ego. Menuda genialidad retratarlo de esta manera y escribirlo así.

Muy recomendable, cómo no.

(*) Publicada en español por Seix Barral, integrando, junto a la ya reseñada La visita al maestro, la trilogía Zuckerman encadenado.

Mucho Philip Roth reseñado ya en este blog: aquí

lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo mejor del 2017, ULAD dixit

Marc Peig dice:

Juan G. B. dice:

Koldo CF dice:
  • Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
  • Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
  • Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
  • Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
  • Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
  • Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
  • Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti) 
  • Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
  • Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
  • Propósito 2018: Apuntarme al gimnasio y sacar a Marc del lado oscuro knausgardiano

Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
  • Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
  • Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
  • Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
  • Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
  • Mejor libro de relatos: 'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
  • Peor libro de relatos: 'Alevosías', de Ana Rossetti
  • Mejor libro de historia/pensamiento/política: 'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
  • Mejor libro de arte/estética: 'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
  • Descubrimiento del año: 'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
  • Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
  • Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.

Oriol Vigil dice:
    • Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
    • Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
    • Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    • Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
    • Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
    • Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
    • Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
    • Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
    • Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
    • Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
    • Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.

      Beatriz Garza dice:
      • Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
      • Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
      • Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
      • Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
      • Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
      • Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
      • Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
      • Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica. 

      Carlos Ciprés dice:
      • Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
      • Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
      • Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
      • Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
      • Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
      • Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
      • Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
      • Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.

      Santi dice:

      Francesc Bon opina:
      • He tenido años mejores
      • No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
      • Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
      • Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno":  La uruguaya de Pedro Mairal
      • Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
      • Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
      • Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
      • Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
      • Lista de deseos: tiempo 
      Montuenga dice:

      FICCIÓN:

      NO FICCIÓN:

      lunes, 13 de marzo de 2017

      Reseña + Entrevista. Álvaro Colomer: Aunque caminen por el valle de la muerte


      Idioma original: español
      Año de publicación: 2017
      Valoración: muy recomendable

      La guerra de Irak, y una cita bíblica tomada prestada para el título. Si eso no es apostar fuerte y seguro. Porque se está hablando mucho, y muy bien, de este libro. Y no es que Colomer vaya a inaugurar un género, pero sí que se le ve decidido a insuflarle algo de vida a eso que podríamos llamar novela bélica.
      Desde luego a ese declive habrá ayudado que los escenarios de los nuevos conflictos (Kuwait, Irak, Siria) hayan obligado a reformular muchas cuestiones. La guerra moderna tiene otra épica; se libra en países que parecen enormes pabellones donde algunos contendientes acuden  como si fueran futbolistas convocados a un campeonato. Y con público involuntario y, no olvidemos, frágil. El elemento débil que Kapuscinki siempre veía salir derrotado.
      Nada más lejos de mi intención que banalizar esto. Uno de los dilemas morales más presentes aquí es el de los daños colaterales. O sea, los civiles en sus casas o por la calle haciendo sus vidas. Los internos en los hospitales donde se han apostado los francotiradores. Todo el atrezzo presente de forma involuntaria mientras los actores se lían a tiros y a cuchillazos y a cañonazos. Las tropas presentes se inclinan a un lado o al otro de esta cruel balanza. La de la integridad moral de evitar los daños y la de la integridad profesional de pagar el precio que sea para ganarse el jornal. Es una de las cuestiones que Colomer saca a la palestra en esta fascinante novela basada en hechos reales. Que a Irak los americanos no han ido a abrazar niños y entregar paquetes de arroz. Que las fuerzas de la Coalición (aquí, soldados españoles, estadounidenses y salvadoreños) han de actuar bajo una maraña de pautas de distintos orígenes. Órdenes de gobiernos en proceso de cambio, gobernantes temerosos de que una foto, un enfoque ambiguo en un artículo, unas declaraciones malinterpretadas, echen al traste todo el artefacto propagandístico (el de las armas de destrucción masiva y la foto de las Azores) que ha aportado coartada para sus duras decisiones. Ese equilibrio justifica otro de los dilemas planteados. Si una vez en el campo de batalla, en ese escenario donde todo va muy en serio, esas cuestiones deben dejarse atrás en aras de lo realmente importante. Derrotar al enemigo y hacerlo con el mínimo de bajas.
      Hay planteamientos no tan diáfanos. Porque Colomer no se muestra abiertamente anti-belicista y eso no suele sentar muy bien a según quién. Como el hecho de que sea un escritor barcelonés sugiriendo en algún momento que la fuerza armada española (su conjunto: gobierno, mandos, tropa) no tuviera un comportamiento a la altura de lo que una situación así requiere. Terreno delicado hoy en día que está a mucha distancia del centro de esta novela. Que tiene muchas lecturas, incluso, para horror de algunos, el puro elemento escapista. Colomer lleva muy bien todo el elemento relacionado con la acción, y esa sensación presente desde 1990, la de la guerra que es un video-juego de carne y hueso. Esa fusión de tecnología y realidad se refleja constantemente en el texto y le aporta un dinamismo nada desdeñable. Claro que está la reflexión, la del soldado que echa de menos a su familia y que se siente más llamado a solventar sus batallas domésticas, está aquí y tiene sus páginas. Pero para horror de ciertos puristas Aunque caminen por el valle de la muerte también (también) tiene esa opción. La de la novela bélica de aventuras donde los rincones donde guarecerse, las balas, los cañonazos (¡esas onomatopeyas constantes!), los cuchillos seccionando cuellos, parecen estar ahí ante nosotros.
      Ah, sí. La trama. Tres batallones conviven en un cuartel en Najaf: salvadoreños, españoles y norteamericanos, algunos de estos mercenarios de BlackWater (contratistas), cuando se produce un ataque a consecuencia de la detención de uno de los líderes de la insurgencia local. Los milicianos empiezan un intento de asalto. El cuartel es acosado y lo que parecía ir a ser una situación controlada se convierte en una batalla en toda regla. Hecho que fue silenciado en su momento (abril de 2004) con los atentados del 11-M recientes y con un gobierno cuyo relevo suponía un cambio de actitud hacia el conflicto. Porque siempre se dijo que no había intervención directa en combate. Que los muertos lo eran en accidentes, atentados, escaramuzas, incidentes aislados.
      Colomer ha empleado en la confección de este libro una nutrida base de entrevistas y testimonios sobre un hecho silenciado. Lo ha hecho a pesar de oscuros intereses empeñados en que los hechos descritos no salieran a la luz pública, incluso a pesar del tiempo transcurrido. Parece ser que ha incordiado al poder establecido, al de entonces o al de hoy, qué más da. Y solo por eso ya he decir que cuenta con muchos puntos a favor. De los míos, casi todos. Porque esto es un librazo.

      Y, además, su autor es otro que se apunta a la moda de responder nuestras impertinentes cuestiones.

      ¿Y si cogiéramos todos esos testimonios que Vd. ha recogido y los publicáramos "a la Aleksiévich", surgiría algo muy distinto de lo que surge tras leer su novela?
      -Sin duda. Al principio, cuando estaba haciendo la investigación, mi intención era escribir una no-ficción al más puro estilo Aleksiévich o, más concretamente, Jon Lee Anderson. Quería narrar mi propio viaje, mi propia investigación, mis propias impresiones. Porque 'Aunque caminen por el valle de la muerte' tiene una no-ficción oculta: lo vivido durante tres años de viajes a bases militares, a Irak, a casas particulares de mercenarios, a los cuarteles españoles... Realmente, las vicisitudes de esta investigación daban para un libro. Pero al final me incliné por una novela porque llegué a la conclusión de que, cuando tienes una historia realmente buena, una historia que todo el mundo debe conocer, has de acudir  al género más popular de todos: la novela. La batalla de Najaf es un hecho histórico de una importancia capital para la historia contemporánea española y, cuando ya hube realizado las historias, entendí que mi misión tenía que ser conseguir que la conociera el mayor número de lectores posibles. En ese sentido, la novela sigue estando por encima de la no-ficción.

      ¿La literatura bélica está en desuso o es que no vemos clara la guerra que discurre ante nuestras narices?
      -Los españoles no queremos ver las cosas que no nos gustan. Esta novela es una denuncia hacia una realidad evidente: después de las manifestaciones contra la guerra, cuando quedó claro que José María Aznar mandaría a las tropas dijéramos nosotros lo que dijéramos, la gente guardó las cacerolas y se desentendió del tema. De alguna manera, la población dijo: No voy a prestar atención a esta guerra porque estoy en desacuerdo con ella. Desde mi punto de vista, es un error enorme. Si uno es realmente pacifista, debe prestar mucha atención a lo que pasa en las guerras. Quedarse tumbado en el sofá no es ser pacifista; el auténtico pacifista se informa sobre la guerra para después saber contra qué está luchando. En ese sentido, creo que la sociedad española es hipócrita.

      Un escritor catalán poniendo en tela de juicio la eficacia del ejército español, o supeditándola al artificio de una maquinaria burocrática superior. ¿No teme que le venga el tertuliano de turno a buscarle los tres pies al gato?
      -Ya ha venido. Se han escrito algunos artículos que no dan una visión veraz sobre el contenido de mi novela y que han provocado aludes de e-mails en mi correo electrónico. Estoy comprobando que cada uno lee mi novela como quiere y opina en relación a sus propios pensamientos, no a los que la novela desprende. Quiero decir que algunos periodistas han escrito artículos en los que decían que yo acusaba al ejército español de cobardía, cuando en verdad mi novela es absolutamente política, apunta hacia el Ministerio de Defensa. Sin embargo, las malas interpretaciones que se hacen sobre mi novela hacen que los soldados o los altos mandos me escriban e-mails insultándome. Si leyeran mi novela no me insultarían, pero, como sólo leen los artículos sobre ella, pues se enojan. Es el problema clásico de este país, que se resume con la famosa cita de Stanislaw Lem: 'Nadie lee nada, y los que leen no comprenden lo que leen, y los que lo comprenden lo olvidan fácilmente'.

      Si este país tuviera una mejor tradición lectora su libro debería levantar polvareda. ¿Y si los nombres de los personajes fueran los reales?
      -Los nombres de los personajes no pueden ser reales porque todos los personajes tienen elementos de varias personas reales. Nadie puede decir: 'Yo soy este personaje'. En cuanto a la polvareda, estoy de acuerdo. Lo que narro en la novela tendría que alarmar y preocupar a toda la población. Y, de hecho, parece que lo está haciendo, porque ya hemos entrado en segunda edición y no hace ni un mes que la novela salió publicada.

      Cita a Chaves Nogales y entre esas líneas he creído ver el reflejo de un libro relativamente desapercibido, Nuevo destino de Phil Klay ¿Influencias?
      -Phil Klay fue un autor importantísimo para mí, pero en España salió publicado cuando yo tenía la novela ya muy avanzada. En ese sentido, creo que, en el universo anglosajón, me influyó mucho más Tim O'Brien ('Las cosas que llevaron los hombres que lucharon') o Oakley Hall (sobre todo 'Warlock', una novela sobre el Lejano Oeste que, sin embargo, me fue de gran utilidad para entender cómo se comportan los hombres en una situación armada). En cuanto a la tradición española, señalaré principalmente a Ramón J. Sender y Manuel Chaves Nogales.

      En este mundo sobresaturado en lo audiovisual, todos parecemos haber estado ya en los frentes de las guerras recientes. Pero la batalla de Najaf parece estar bastante lejos de los militares aburridos de Generation Kill. ¿Reconoceremos un género en unas décadas y encontraremos nuestro John Wayne, o estas guerras ya son anónimas?
      -La batalla de Najaf tendría que ser llevada al cine sin ningún género de dudas. En otros países ya habrían rodado varias películas tipo 'Black Hawk Derribado', de Ridley Scott. En España no hay mucha tradición de cine bélico, así que no sé si alguien se atreverá a rodarla. Quién sabe.

      (Inciso: esta semana se ha estrenado, curiosamente, una película española llamada Zona hostil sobre un episodio de la guerra de Afganistán).

      Me sorprende que en  un momento dado las nacionalidades definen más a los personajes que ellos mismos. Salvadoreños: resueltos y con un líder claro. Estadounidenses: individuales y obsesionados por sus valores de referencia, sean familia o dinero. Y los españoles, pendientes de una autoridad superior a la que temen desobedecer ¿esta es su visión?
      -Totalmente. Además, cada país tiene un estilo bélico. Los americanos están acostumbrados a ganar guerras y, por tanto, se comportan como si fueran los amos del mundo. Los salvadoreños todavía tienen fresca su guerra civil, probablemente la más salvaje de toda Latinoamérica, y siguen recordando cómo se gana una batalla, algo que se reflejó en Irak. Los españoles no hemos pegado un tiro en casi cincuenta años, así que no somos capaces de reaccionar sin que nos llegue la orden de arriba. Esto es algo que me dijeron los salvadoreños: 'El auténtico soldado sabe cuándo hay que saltarse las normas'. Está todo dicho.

      ¿Entrevistó a alguno de esos "soldados de fortuna" que parecen héroes de video-juego?
      -Los entrevisté y estuve durmiendo en sus casas. Sé que la gente quiere verlos como asesinos sanguinarios y enloquecidos, pero lo cierto es que, en sus hogares, son personas normalísimas. Creo que la novela deja clara una de mis tesis: no hay gente buena o mala. Sólo hay comportamientos puntuales. Los mercenarios que estuvieron en Najaf apretaron el gatillo con demasiada facilidad. Pero no creo que eso se deba a que son más sanguinarios que otras personas. Creo que eso se debe a que no tienen normas a las que ceñirse. Si las tuvieran, hubieran sido más precisos y cuidadosos. Es por este motivo que no hay que llevar a mercenarios a las guerras. Porque no tienen normas.

      ¿Qué hay que cambiar en el mundo para que el pacifismo no solo tenga sentido, sino que tenga futuro? ¿Cree que reflejar esas realidades en la literatura va a aportar su granito de arena?
      -Los antiguos asirios creían que el mundo había sido creado durante una guerra entre dioses y, en consecuencia, creían que la guerra era el estado normal de los seres humanos, ya que éramos hijos de la sangre. No estoy del todo de acuerdo en la idea de que seamos belicosos por naturaleza, pero tampoco creo en el buenismo de Rousseau. Dicho de otra forma: no creo que los seres humanos podamos ser pacíficos nunca. No, no lo creo en absoluto. Por otro lado, la literatura bélica sirve para reflejar una realidad que, en el siglo XXI, está ya apartada de nosotros. Los ejército están formados por voluntarios, lo que hace que el resto de civiles no veamos la guerra en primera persona (al menos en Occidente). Esto nos distancia tanto de la realidad, nos mete tanto en nuestra burbuja, que es necesario que los escritores cuenten esas historias. Sólo así la gente recordará que la guerra es un acontecimiento de naturaleza cruel, y no un espectáculo para rellenar minutos de telediario. 

      domingo, 27 de septiembre de 2026

      Kevin Powers: Los pájaros amarillos


      Idioma original:
      inglés

      Título original: The Yellow Birds

      Año de publicación: 2012

      Traducción: Jesús Gómez

      Valoración: recomendable

      Quizás estemos llegando a cierto momento en que el género bélico resurja de alguna manera, aunque sea para mostrar cierta permeabilidad en sociedades, en momentos en que las actitudes que implican cierta violencia han dejado de ser patentemente reprobables y empezamos a otorgarles cierta justificación, algo que quizás no sea un abierto beneplácito, ya se verá, pero que ya no es un rechazo abierto. No puedo evitar referirme al obvio auge de las escuelas de boxeo, a la omnipresencia de la UFC, a una serie de detalles que nos revelan cierta inflexión en una tendencia de décadas. Lo cierto es que la sangre en un ring es algo a lo que empezamos a acostumbrarnos, de nuevo.

      ¿Es que esto debería asustarnos? Bueno, es una reflexión necesaria, pero lo que está claro es que, por una serie de factores, la plasmación gráfica de la violencia o su descripción, como la que contienen las páginas de Los pájaros amarillos, ya no escandaliza, ya ni siquiera parece que pueda parecernos ofensiva, por cuanto ese es un entorno que empieza a ser habitual. Ésta es una novela bélica, la historia del soldado Bartle, veintiún años y en acción en Irak en 2004, precipitadamente alistado y enviado a misiones acompañado de Murph, este de dieciocho, que queda a su cargo de cierto simbólico modo, pues ambos proceden de Virginia. La novela se situa en tres escenarios en que los capítulos van saltando: los poblados que se convierten en zonas de combate, Virginia, una vez Bartle regresa tras el incidente que marca la narración, y la fugaz presencia de una zona de tránsito en Alemania que sirve de escala para su regreso. 

      Se me hace difícil considerar esta novela como un abierto alegato antibelicista, no lo es al uso de alguna otra novela aunque tampoco es exactamente una novela de acción. El componente psicológico es importante, por cuanto Bartle (que parece un alter ego de su autor, que también combatió) carga con la narración y su tono es más apático y resignado que inflamado y emocional. Quizás un adecuado reflejo de lo que representa afrontar esas situaciones a esa edad. Cierto es que el conflicto ha sido abordado ya desde ciertas perspectivas más o menos críticas - la excelente serie Generation Kill - o incluso con tonos más periodísticos como en cierta brillante novela de Álvaro Colomer, pero sorprende el tono casi monocorde de la narración de Bartle, supongo tomado de forma consciente, y que no deberíamos interpretar como una banalización, más bien como una abnegada asunción de que ciertas decisiones no tienen camino de vuelta.

      lunes, 30 de diciembre de 2019

      Varios autores: ALTAÏR magazine. Contar(nos) el mundo


      Idioma original: español
      Año de publicación: 2019
      Valoración: muy recomendable

      Dejadme que empiece primero por dejar paso a mi reprimida vena fetichista. Este libro es un objeto precioso. Con su tapa dura, su maquetación, lleno a reventar de ilustraciones y detalles gráficos de todo tipo, que revelan el mimo empleado en su confección. Con ese olor a tinta que tanto nos gusta a algunos, con una primorosa presentación pendiente de cada detalle. Ya la gente de Altaïr hizo que me saltara hace tiempo una norma (con su número sobre el desierto de Sonora), pero aquí me lo han puesto más sencillo aún: aunque ponga magazine hablamos de un libro, de 200 páginas en gran formato, y como su portada proclama recoge 32 miradas sobre la cultura y el viaje. Y estas 32 miradas incluyen a Martín Caparrós, a Jorge Carrión, Leila Guerriero, Jon Lee Anderson, Ander Izagirre o Rodrigo Fresán. Poca broma, entonces, y tened la completa seguridad de que no solo tenéis en las manos algo objetivamente bello, sino el resultado de un planteamiento muy serio y muy respetuoso, no solo con el concepto de la revista, la crónica, sino con su resultado en términos literarios. 
      Y aquí hay textos de mucho valor. Crónicas en el término canónico del término, ejercicios más despojados de una estructura clásica. Con el pretexto del viaje, con la presencia del escritor en entornos que en principio le son ajenos, aquí nos encontraremos interesantes aportaciones con mayor o menor aporte visual, más extensas y bordeando la ficción algunas, otras puros textos de denuncia sobre situaciones particulares y, aunque se haya escapado algún texto algo escorado hacia la modalidad "perfil de destino de vacaciones", en la mayoría de los casos los autores van más allá del puro detalle de andanzas en viaje, indagan, informan, detallan, toman ese papel tan fascinante del ojo objetivo que muestra las cosas para que cada lector adopte su visión subjetiva.
      Aquí se habla del Irán de la decidida apertura, de Irlanda, del Perú amazónico, de Tenerife, de las duras condiciones de extracción del azufre en Indonesia, de Venecia, de las reservas indias en Estados Unidos, de Alaska, y diría yo que es una lectura particularmente apropiada para aquellas personas que recortarían un reportaje interesante pero se olvidan y acaban tirando la revista. Echo de menos a autores que encajarían perfectamente aquí como Juan Villoro, Álvaro Colomer o Valeria Luiselli, pero el nivel es desde luego muy notable, esto, queridos lectores, es un libro con todas las de la ley, una obra consistente, cohesionada, tan homogénea en el fondo como heterogenea en la fonda, un disfrute lector y visual de mucho valor, y os recomiendo, si os interesa, que le echéis un vistazo, si lo tenéis en las manos no os vais a poder resistir.
      Porque encima queda la mar de bien sobre la mesa de centro.