Idioma original: alemán
Título original: Ohne Respekt
Traducción: Guillem Gómez Sesé en catalán para Edicions62 y Lara Cortés Fernández en catellano para Ediciones Paidós
Año de publicación: 2026
Valoración: recomendable
Título original: Ohne Respekt
Traducción: Guillem Gómez Sesé en catalán para Edicions62 y Lara Cortés Fernández en catellano para Ediciones Paidós
Año de publicación: 2026
Valoración: recomendable
Siempre es interesante reflexionar sobre la sociedad actual, y más especialmente ahora que parece que la mayoría de lo que interesa a la gente es ella misma. Y, claro, cuando nos volvemos egoístas y apartamos la mirada de lo que ocurre alrededor nuestro, perdemos empatía, perdemos comprensión, perdemos consideración y, en consecuencia, perdemos el respeto, especialmente hacia los demás, pero incluso también hacia uno mismo. Y eso es algo que el narcisismo y la competitividad en una sociedad altamente capitalista no tiene demasiado en cuenta ni es consciente de sus posibles consecuencias.
En este ensayo del que afirmaría sin tapujos que es el filósofo más mediático de la actualidad (sin ser algo peyorativo), Byung Chul-Han trata el tema del respeto y su necesidad como uno de los pilares fundamentales sobre los cuales edificar una sociedad (y una vida). Así, parafraseando a Rawls y su obra «Una teoría de la justicia» (1971), afirma que «quien no se respeta a sí mismo, no tiene autoestima o incluso llega a odiarse, acabará menospreciando también a los otros. El respeto por uno mismo y el respeto por los demás van de la mano»; un respecto que debe construirse desde y por uno mismo y, además, «debe cumplir dos condiciones. Requiere un “firme convencimiento sobre la concepción del bien que tenemos y que nuestro proyecto de vida merece la pena de realizarse”. Por otra parte, es necesario tener “confianza en la propia capacidad, en la medida que sea posible, de llevar a término los propios propósitos”». Así, el autor destaca el respeto como elemento fundamental de la integridad como personas y el propósito vital que anhelamos conseguir.
Pero, uno de los posibles mayores impedimentos con los que nos podemos encontrar es tener que lidiar con un ambiente inerte, un terreno casi hostil a los valores y a los ideales, pues el mundo que nos rodea intenta limitar nuestra autonomía como individuos; el autor, consciente de ello, reprende directamente al sistema neocapitalista que impera actualmente en gran parte del mundo por atentar a los principios que deberían regir una sociedad, ya que «la sociedad bien ordenada no es una sociedad del rendimiento, sino una sociedad del respeto». Esta aseveración confronta radicalmente el régimen neoliberal quien «aísla las personas y las convierte en combatientes individuales» de manera que «la ‘idea del bien’ que es la noción que rige la sociedad bien ordenada, recula delante del materialismo de la propiedad». Por este motivo, «en la sociedad del rendimiento, todos se enfrentan a todos, y eso sucede en todas las capas sociales. Ya no hay solidaridad, ni tan siquiera entre los perdedores». Esta situación es algo que el tecnocapitalismo ha alimentado, nutrido y aumentado a través de las redes tecnológicas en las que todos, en mayor o menor medida, hemos caído lamentablemente, pues «en las redes sociales, la lucha por el respeto se convierte en una lucha librada por la atención. Quien no consigue recibir feedback se siente insultado y humillado; la falta de reconocimiento online de vive como un rechazo y una exclusión social» y, con ello, aumenta nuestra distancia, pero también nuestros recelos ante nuestros semejantes.
A partir de esta introducción que permite anticipar lo que tratará en el libro, Byung-Chul Han perimetra e identifica los diferentes aspectos en los que el respeto (o la falta de) inciden en la sociedad. Así, nos habla de una atención hacia los demás en lucha (perdida) con el egocentrismo que aparta la mirada al entorno que nos rodea para dirigirla hacia el propio ombligo en busca de una identidad influenciable y frágil, infravalorando una alteridad que permitiría la contraposición de ideas o razonamientos se manera que lo que podrías ser un diálogo respetuoso acaba derivando en una confrontación entre semejantes en nuestras sociedades cada vez más polarizadas.
En este interesante ensayo, el autor menciona profusamente la figura de Kant, bastión de la ética a través de su imperativo categórico y al que muchos situamos como ejemplo de los valores vitales y se fundamenta en su ideología para sustentar la defensa de unos principios que deberían regir la conducta de cada uno para fomentar el respeto a los demás, afianzar el respeto a uno mismo y no desviarse ante las tentaciones externas que intentan quebrantar la rectitud moral hacia intereses ajenos, especialmente en una sociedad sometida al dictado de las tecnológicas, pues «la denominación algoritmo, no es represora, sino adictiva y seductora (…) por este motivo, la dominación, algo rítmica es, a la vez, pérfida y poderosa, porque estimula en nosotros una ilusión de libertad». Así, tal y como afirma el autor, «el ser humano no puede ser utilizado únicamente como medio para nadie más —ni tan siquiera para él mismo—, sino que siempre tiene que representar una finalidad. Esto es lo que conforma su dignidad (…) El imperativo categórico permite actuar de manera que “la humanidad se considere, tanto en propia persona como en cualquier otro, siempre como a un fin y nunca como a un medio”». Por ello, Han se manifiesta contra el sistema económico actual, pues se rige por un imperativo capitalista que denigra las personas atribuyéndoles un valor de mercado hasta el punto de pasar de la autodeterminación a la autoexplotación donde todo tiene un precio y, con ello, se sacrifica la identidad monitorizándola. De esta manera, el respeto es el resultado de un logro, una consecución, un valor atribuible al rendimiento, no un valor per se inherente a toda persona.
Tal y como afirma el autor, «si el arte fuera un lugar donde lo sublime se pudiera refugiar, se convertiría en un antídoto contra la cultura del consumo, pero, en el orden horizontal, la presión espectacular para nivelarlo todo también mantiene el arte en captividad, convertido en un 'Art del like', del me gusta». Qué duda cabe que aquí, si bien somos amigos (y agradecidos) de los elogios, no está en nuestra mente el escribir para conseguir aceptación, sino más bien el intento de contrastar opiniones. Y este es un punto que también destaca el ensayo, pues «la práctica del diálogo implica estar dispuestos a revisar nuestra opinión o incluso adoptar la del otro, sin que esto suponga una amenaza para nuestra identidad. En un debate ideal se produce una división clara entre opinión e identidad». Para ello, es necesario un ejercicio honesto de humildad y estar dispuestos al contraste de opiniones (debidamente argumentado) pues anquilosarnos en una creencia nos ata a un inmovilismo ideológico que nos impide avanzar. De igual manera, debemos tener una mirada amplia al conocimiento y a la alteridad, separando lo que somos de lo que pensamos pues, si lo atamos como a un solo tótem, corremos el riesgo de sentirnos cuestionados o creernos interpelados a cambiar la manera de ser; eso es algo que deberíamos evitar, pues «si alguien vincula su identidad a una manera de pensar o convierte los aspectos fácticos en una cuestión de identidad, está incapacitado para el debate». Somos conscientes que «no siempre conseguimos que se mantengan separadas la opinión y la identidad, porque las opiniones a menudo se anclan en nuestra auto imagen, que muchas veces no se dejan cuestionar», pero debemos luchar contra ello si queremos desprendernos de antiguos pensamientos que lastran el avance y el progreso.
Byung-Chul Han termina este interesante ensayo afirmando, acerca de la inteligencia artificial, que «como ha pasado a menudo, el ser humano se convierte en esclavo de sus propias creaciones». Quién sabe si, al final, nos pasamos gran parte de la infancia y la adolescencia intentando aumentar nuestras capacidades intelectuales cuando lo que realmente deberíamos hacer es desarrollar y afianzar nuestros valores.
También de Byung-Chul Han en ULAD: La sociedad del cansancio, La agonía del Eros, La sociedad paliativa, La expulsión de lo distinto, La crisis de la narración, Capitalismo y pulsión de muerte

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