viernes, 15 de diciembre de 2017

Roberto Saviano: La banda de los niños

 Idioma original: italiano
Título original: La paranza dei bambini
Año de publicación: 2016
Traducción: Juan Carlos Gentile Vitale
Valoración: Muy recomendable

Mártires del Compás es un grupo musical que hace flamenco-fusión o algo parecido cuyo nombre siempre me ha hecho gracia, por lo original y certero: hasta donde yo sé (que no es mucho), en la música flamenca no hay peor pecado que perder el compás, precisamente. Y cada vez estoy más convencido de que lo mismo ocurre en la literatura; en la narrativa, al menos: un escritor puede hacer lo que quiera con sus personajes, con la trama, recrearse en descripciones o digresiones sin fin, permitirse experimentos modernuquis, cambios de ritmo (que no es lo mismo que el compás, aunque a los legos en música nos cueste entender la diferencia), lo que sea... pero, si equivoca el compás, si se trabuca en esto tan básico, está perdido. Dominarlo y manejarlo con soltura es algo fundamental, creo yo, para que una historia pase a ser una buena historia, una novela se convierta en una gran novela.

Algo en lo que, desde luego, destaca Roberto Saviano -posiblemente de una forma instintiva y no adquirida, pues ya ocurría en su debut literario, la celebérrima Gomorra-; esta La banda de los niños se diría que avanza a golpe de palmas y cajón flamenco. O quizás al de la caja de ritmos de un gangsta-rap, más adecuado para contar la historia -basada en un hecho real y todo eso-, de un grupo de chavales que, a lomos de sus scooters, como unos modernos forajidos, se hacen con el control criminal del centro de Nápoles, aprovechando una grieta del Sistema, un inusual vacío de poder que a ellos les sirve para eclosionar, cual unos Podemos de la Camorra. Chavales muy jovencitos pero despiadados, que no dudan en recurrir a los métodos más expeditivos; de hecho, su líder, Nicolas el Marajá, es un auténtico psicópata, amén de un macho alfa obsesionado con el poder. Un animal político, por otra parte: lo único que le interesa de la escuela es la lectura de Maquiavelo. Los demás miembros de la banda -Dientecito, Briato', Dragón, el pequeño Bizcochito...- aun siendo también bastante animales de bellota, le van a la zaga por varios cuerpos; en todos ellos, en cambio, lo que mueve su emergencia juvenil no es tanto la ambición ni, desde luego, la miseria, sino la borrachera de formar parte de un grupo, de seguir a la jauría (iba a utilizar un sinónimo, pero ya me da asco hasta la palabra), de rebozarse juntos en la violencia, ya sea en la vida real o en los videojuegos; en  las películas de gángsters o en el sexo aprendido en Pornhub. Aunque, al fin y al cabo, se trata de la historia más vieja que existe: el hijo, los hijos, que se rebela contra el padre -literal y metafóricamente, aquí-; Lucifer que se enfrenta a su Creador y se convierte en el Ángel Caído  -una referencia que sospecho Saviano ha tenido en cuenta, como apreciarán quienes lean la novela-, que también debe tener aspecto de niño, por qué no...

La novela remite también, inevitablemente, al libro que sirvió de presentación -y de qué manera- a este autor napolitano; ahí está el background de La banda de los niños, el poso, el mantillo del que surgen estas flores del mal que son el Marajá y sus colegas... Tampoco puedo dejar de acordarme de esa otra estupenda historia de Giancarlo De Cataldo que es Una novela criminal, sobre la banda de la Magliana. O incluso la narrativa de Bret Easton Ellis. Pero quizás sean más bien las referencias cinematográficas las que, de forma inevitable, acuden a la mente al leer este libro: por supuesto, Uno de los nuestros está presente o El precio del poder. O esa filigrana de relojería que es Un profeta, de Jacques Audiard. Y, desde luego, también recuerda a La naranja mecánica, aunque, a diferencia de Álex y sus drugos, estos niños de Forcella no se mueven, o no sólo, por un impulso nihilista. De hecho, lo más perturbador de toda la novela, más todavía que la minoría de edad de esta banda de traficantes, asesinos y hasta terroristas, resulta el hecho de que representan al Caos que acaba con el Orden, sí, pero también al Nuevo Orden (las resonancias fascistas de este concepto tampoco son desdeñables) que sigue al Caos. Y ya sabemos que todo orden, pero más aún el que quiere imponerse, puede ser terrible.


Otros libros de Roberto Saviano reseñados en Un Libro Al Día: GomorraLo contrario de la muerteCeroCeroCeroLa belleza y el infierno

3 comentarios:

Rita dijo...

Buenas tardes, muy interesante su reseña. Deseo que pasen unas felices fiestas y que el próximo año nos traiga muchas cosas buenas a todos y maravillosas lecturas. Saludos

Oriol dijo...

Hola, Juan.

Me ha gustado especialmente tu primer párrafo, felicidades.
Lo cierto es que de Saviano había oído hablar por el follón ocasionado por la publicación de Gomorra... Y ya. No es que pensara que le habían matado (si no, seguro que habría sido noticia), pero ignoraba que siguiera escribiendo... Y viendo las reseñas del blog, que son bastante halagadoras, y hasta entusiastas en algún caso, creo que le daré una oportunidad.

¡Un abrazo!

Juan G. B. dijo...

Hola a los dos:
Rita, muchas gracias y por su puesto, le deseamos lo mismo y también a todos los seguidores de un Libro Al Día!
Oriol, yo cada vez estoy más convencido de que en narrativa, dominar el ritmo y sobre todo el compás es fundamental para escribir una buena novela (también un relato corto, claro, aunque por su extensión, los desajustes se notan menos). Eso es lo que explica que una novela con vocación descarada de best-seller pueda ser un tostón y en cambio otra más experimental o minoritaria o como quieras llamarla se lea como quien bebe agua fresca.
En cuanto a Saviano, yo recuerdo haber estado totalmente absorbido por la prosa de Gomorra, pero pudiera ser que lo tremendo del tema lo propiciase. Aunque ahora, después de haber leído esta otra novela, no me cabe duda de que Saviano es uno de esos escritores que tiene el don de controlar no sólo lo que cuenta sino cómo lo cuenta.
Gracias de nuevo a ambos y un saludo : )