jueves, 14 de diciembre de 2017

Pablo Herrán de Viu: Manuel Bergman




Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2017
Valoración: Está bien

 Nueva York es una metrópoli que mengua a la gente hasta hacerla desaparecer. Sus habitantes son seres solitarios, desamparados, frágiles. Nuestro protagonista, Jorge, no es una excepción, como tampoco lo son la mayoría de personas con las que se cruza a lo largo de los quince días que dura la novela. Personas con relaciones que arruinan su vida profesional, o con una vida profesional que arruina sus relaciones. Personas con sueños rotos, aplastados por una realidad inmisericorde. Personas con carencias y defectos. 

 Jorge lleva dos años en la Gran Manzana; dos años estériles. Quiere ser guionista, pero no consigue arrancar. Se da cuenta de que no le será fácil lograrlo. Y tendrá que tomar decisiones difíciles para ello, que le afectaran tanto a él como a su entorno.  

 Este es, a grandes rasgos, el argumento de la novela. La cual, como ya he dicho, dura quince días; cada uno es un capítulo. Debo decir que hay alguno que otro que se hace más largo que un día sin pan (perdón por el chiste malo), pero en general aportan a la trama y no carecen de cierto interés. 

 La historia contiene algo de autoficción y se podría considerar de aprendizaje. Moderadamente trágica, va proporcionando agradables dosis de alivio cómico. Estos toques cómicos (a veces puro humor cínico) me han hecho llevadera la lectura; agradezco su presencia. Y es que difícilmente se me puede mantener por más de doscientas páginas apenado por un personaje; algo más complicado todavía en una historia de corte realista que transcurre en estas coordenadas (país del primer mundo, protagonista sin problemas realmente abrumadores, etc...). 

 Debo destacar la caracterización de los personajes. La gran mayoría están mínimamente desarrollados, y no me ha sido difícil simpatizar con varios de ellos. Lástima que Eve Sternberg sea demasiado excéntrica como para resultar remotamente verosímil (cosa que la obra se empeña en querer demostrar): está claro que es uno de los aspectos de la novela por los que el autor apostó más fuerte. 

 Probablemente una forma de disfrutar este libro es ignorar las palabras de la contraportada, que lo vinculan con autores como Salinger, Fante o Auster (así, tirando a la baja). Y es que la promoción editorial puede resultar, en ocasiones, perjudicial para el producto al que se hace mención. En este caso, acudir a Manuel Bergman con grandes expectativas provocadas por referentes tan enormes puede dejarnos algo desconcertados. 

 Es cierto que la novela toma aspectos de la narrativa de Auster. Algunos de ellos, positivos, aunque se decanta por otros que a mí nunca me han convencido. Por ejemplo, el azar, tratado de forma conveniente, lo que lo vuelve algo artificial y, paradójicamente, premeditado. El doble como entidad más real que la propia identidad. O los personajes excéntricos hasta límites inverosímiles.

 Su inspiración en la obra de Fante me es, honestamente, más difícil de ver. Es cierto que nos encontramos ante un personaje joven que quiere escribir, que parece creer que su existencia y su lugar en el mundo depende de semejante empresa. Pero esa es toda la relación que yo he encontrado entre ambos autores. Sí, no ignoro la autoficción, ni el extranjero que llega a la Gran Manzana con la intención de comerse al mundo. Pero es que Fante toca estas ideas con una honestidad vivencial y profundidad de las que Manuel Bergman carece. 

 Sobre Salinger ya no me pronuncio, porque no he percibido nada relevante que remita a su estilo en esta novela. Y ojalá que no se refieran a lo del joven incomprendido.

 Mi problema con este libro, pues, se resume a la extensión innecesaria de algunos pasajes y a que tiene cierta inclinación a emular las características del Auster que a mí menos me impresiona. En general, pero, transmite una historia que, sin destacar por su originalidad ni relevancia entre otras tantas similares, funciona a su modesta manera. En otras palabras: tiene algún que otro hallazgo propio, aunque la comparación con titanes mucho más capaces le hace un flaco favor. 

4 comentarios:

César dijo...

Apuntado. Tiene libros muy interesantes, esta editorial.

Sir Robin dijo...

Buena reseña, y coincido con la apreciación respecto a los paratextos y los parabienes que dispensan algunos a sus productos: cada vez son menos de fiar. Creo que dejaré este texto de lado: demasiadas lecturas encoladas...

Marc Peig dijo...

Buena reseña, Oriol. Y, ciertamente, a veces la serie editoriales se exceden en las comparativas de los autores que publican. Y no ayuda en nada porque crea, a menudo, expectativas demasiado altas. Me ocurrió con uno de los últimos libros que he reseñado, "Cómo comportarse en la multitud", donde la contraportada incluye una valoración que la considera la "Salinger francesa". Parece que está de moda parecerse a Salinger, y eso no es nada fácil.
Saludos
Marc

Oriol dijo...

¡Hola, César! Concuerdo con que Dos Bigotes tiene algunas propuestas de lo más interesantes. Y también el diseño gráfico de su colección suele gustarme bastante (aunque esta cubierta no me acaba de convencer; la veo algo excesiva). Me alegra que la reseña te haya animado a leer el libro. ¡Ya dirás qué te parece!

Sir Robin, me alegra que la reseña te parezca buena. Yo pienso que a veces se tiene que recurrir a este tipo de estrategias (¿Puede ser que se llamen clickbait? Ni idea) para destacar entre la ingesta cantidad de productos que salen a la venta a día de hoy. No me gustan porque no son de fiar, como dices. Y no es que las defienda, pero por desgracia las veo algo justificadas. Por eso en la reseña menciono estas comparaciones tan exageradas, pero he intentado que no despoje a la historia de sus propios méritos. En general no suelo hacer mucho caso a estas cosas... Pero sí que es verdad que a veces cansan un poco.

¡Buenas, Marc! Pues vaya con Salinger. ¿Será que queremos un Salinger en cada localidad, cual edificio de Calatrava?

Muchas gracias a los tres por comentar.