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jueves, 26 de marzo de 2020

Delphine de Vigan: Basada en hechos reales

Idioma original: francés
Título original: D'après une histoire vraie
Año de publicación: 2016
Traducción: Javier Albiñana
Valoración: Recomendable

A estas alturas no puedo ocultar mi total admiración por Delphine de Vigan, cuya intuición, sensibilidad e inteligencia brillan especialmente en la concepción y la materialización de este thriller psicológico. ¿Estoy diciendo entonces que Basada en hechos reales es mejor que su antecesora, Nada se opone a la noche? No. Y que quede claro desde ya: NADA es mejor que Nada se opone a la noche, pero precisamente sobre esa premisa radica el mérito de esta novela sucesora que nadie esperaba. 

Resumen resumido: Delphine sobrevive como puede a la resaca mediática y psicológica que ha supuesto el éxito atronador de su novela basada en su familia y, aunque no lo comparte con nadie, alberga serios temores a no ser capaz de escribir nada más. En ese momento vital de inseguridad emocional y creativa hace acto de presencia una mujer, «L», que se convierte en el puntal indispensable para la estabilidad física y psicológica de la escritora. 

Basada en hechos reales es todo un tratado de intenciones, prácticamente un ensayo velado sobre los límites entre realidad y ficción. Delphine de Vigan construye este artefacto inspirado en algunas obras de Stephen King para responder (o no) a la pregunta con la que más veces se ha enfrentado desde que se publicó Nada se opone a la noche: ¿Todo lo que has escrito es verdad? Imagino que tanto en su papel de escritora como en el de sujeto paciente de su anterior novela, esa pregunta tiene que haberle quitado muchas horas de sueño. Pero ella sabe que esa pregunta en realidad se está desviando del verdadero debate: 
«Raras son las personas que formulan las verdaderas preguntas, las que importan.» 
Y que la convención ficción-realidad en la literatura no es algo que haya inventado ella. No obstante, la autora se ve obligada a pronunciarse con esta novela en relación a esos límites entre ficción y realidad, y lo hace adentrándose en otro terreno que ya ha explorado en sus obras anteriores: los límites entre cordura y demencia. 
«Si no captas la pequeña vena de la locura de alguien, no puedes amarlo. Si no captas su punto de demencia, has perdido la ocasión. El punto de demencia de alguien es parte de su encanto.» 
Basada en hechos reales es, por todo eso, un ejercicio inteligentísimo mediante el cual Delphine de Vigan desactiva la pregunta maldita al tiempo que sale reforzada como escritora en un momento de su carrera en el que nadie apostaba por un «continuará...» 

En lo puramente narrativo, nos encontramos con una serie de aspectos ya conocidos en la autora, así como con otros específicos de esta novela: 
  • De nuevo nos hallamos frente a esa narrativa orgánica que resulta imposible analizar por partes, todo está íntimamente imbricado bajo una apariencia de sencillez a pesar de la complejidad que alberga. 
  • La voz narrativa de Delphine de Vigan se nos aparece de nuevo como un canto de sirena capaz de arrastrarnos ya desde los primeros renglones sin necesidad de recurrir a ningún gancho. No obstante, en las primeras líneas de Basada en hechos reales ya se nos anuncia una tensión en ciernes que la diferencia del resto de obras de la autora: 
    «Pocos meses después de que apareciera mi última novela, dejé de escribir. Durante casi tres años, no escribí una sola línea. Las expresiones estereotipadas deben interpretarse algunas veces al pie de la letra: no escribí ni una carta burocrática, ni una tarjeta de agradecimiento, ni una postal de vacaciones, ni una lista de la compra. Nada que exigiera un esfuerzo de redacción, que obedeciese a una preocupación formal. Ni una línea, ni una palabra. Ver un bloc, una libreta o una ficha me producía náuseas.»
  • Un narrador poco fiable. La autora/narradora nos hace cómplices desde el principio de sus dudas y de la inestabilidad emocional que la acecha, por lo que lo que cuenta queda siempre en el aire, como pendiente de confirmación. La novela avanza en medio de arenas movedizas y obliga al lector a replantearse continuamente si lo que le están explicando es verdad. 
  • El final es otra lección de literatura y el broche a toda esta tesis sobre ficción y realidad. Cada vez me gustan más esas obras que no acaban en la última página si no que se quedan dando vueltas en la cabeza del lector durante horas o, incluso, días. 
Basada en hechos reales concluye la fase de autoficción de la autora que se inició con Días sin hambre (de la que hablaremos otro día) y que tiene su mayor exponente en Nada se opone a la noche. Aunque ¿dónde empieza y acaba la autoficción? ¿podemos decir que sus obras posteriores como Las lealtades no tienen también algo de autoficción? 
«Creo que la gente sabe que nada de lo que escribimos nos es del todo ajeno. Saben que siempre hay un hilo, un motivo, una fisura, que nos vincula al texto. Pero aceptan que se trasponga, que se condense, que se disfrace. Y que se invente» 
A mí me vale.

Así que, sin duda alguna, Recomendable. Lo que, al parecer, no lo es tanto es la adaptación cinematográfica que hizo Roman Polanski en 2017. No se puede tener todo.

Otras obras de Delphine de Vigan reseñadas en ULAD: Nada se opone a la noche, Las lealtades , Las gratitudes

jueves, 28 de septiembre de 2017

Delphine de Vigan: Nada se opone a la noche

Idioma original: francés
Título original: Rien ne s'oppose à la nuit
Año de publicación: 2011
Traducción: Juan Carlos Durán
Valoración: muy recomendable


El año de su publicación, «Nada se opone a la noche» fue la novela más premiada en Francia con un total de cinco galardones. El dato toma mayor relevancia, desde mi punto de vista, al tratarse de una obra intimista, sin crímenes aparatosos ni dramas históricos ni epopeyas bélicas, tan solo el aquí, el ahora y el conflicto emocional que se plantea.

Resumen resumido: tras encontrarse inesperadamente con el cuerpo sin vida de su madre, dos días después de haberse suicidado, Delphine se embarca en la reconstrucción y narración del errático recorrido vital de Lucile, sobre el que sobrevuelan las sombras del incesto, la drogadicción, el aislamiento y el trastorno bipolar. Delphine es la propia autora y Lucile, su madre, por lo que se trata de una obra autobiográfica.

Hasta las obras más poéticas o las más descarnadas tienen en su trastienda cientos de pequeños engranajes trabajando como un gran todo; los puedes identificar por separado y valorar su función específica. Lo llamo «el artilugio narrativo», la máquina que crea la ilusión de una historia. Sin embargo, en la trastienda de «Nada se opone a la noche» no hay engranajes, si no articulaciones de hueso, tendón y cartílago, donde resulta casi imposible discernir dónde acaba un elemento y empieza otro. Porque el germen de esta novela es más orgánico que mecánico, nace del dolor y de la ansiedad acuciante de la propia autora. Delphine sufre porque teme que la memoria de su madre caiga en el pozo de la incomprensión y el olvido, pero también teme escribir sobre ello y que la verdad resulte sesgada o bien acabe desgarrando a su familia.

La pulsión narrativa se abre paso sin contemplaciones, adaptando y poniendo a su servicio las cuestiones técnicas. El uso de tres voces (en el mismo narrador que es Delphine) es un claro ejemplo:
  • La voz en primera persona (Delphine como escritora), habla de su conflicto frente a la muerte de su madre y el reto de escribir sobre ello.
  • La voz de narrador testigo (Delphine como hija), relata hechos del pasado de Lucile que también pertenecen al suyo propio.
  • La voz en tercera persona omnisciente (Delphine como cronista), evoca pasajes del pasado de Lucile a partir de los documentos que ha leído, de las grabaciones del abuelo Georges o de las conversaciones con sus tíos.
La voz que transmite mayor afectación es la de la escritora, cuyo conflicto es cercano en el tiempo, seguida de la voz de la hija que muestra mayor contención debido a la distancia. Ambas representan los dos conflictos principales que mueven la novela: el conflicto vital de Lucile, marcado por la enfermedad, y el conflicto emocional y narrativo de su hija cuando trata de escribir sobre ello. Formalmente, la novela consta de tres partes y cada una está, a su vez, subdividida sin numeración ni capítulos. Los acontecimientos no se explican en orden cronológico, se alternan escenas del complejo pasado de Lucile con otras en las que la narradora expresa los temores que la abordan mientras escribe. Pero ese supuesto caos de narradores, cronología y estructura cristaliza en un texto perfectamente conformado y fácil de leer, capaz de exponer los hechos más tristes o detestables con tanta intensidad como delicadeza.

La escritora pone sobre la mesa la cuestión de la verdad narrativa a partir de sus tribulaciones a la hora de recomponer la historia de Lucile. Es consciente de que el modo en el que decida ordenar los hechos, así como la elección de lo que explique y lo que omita, construirá una verdad específica para esa narración. De algún modo concluye que la verdad absoluta (ideal y teórica) es inabarcable y debemos conformarnos con una inconsistente gama de grises.

Esta obra resulta muy recomendable por la implicación personal de la propuesta y su perfecta resolución en todos los aspectos, por la sutileza, por el equilibrio, por ese germen caótico que se materializa en un texto fluido, bello, doloroso e intenso, por el cuidadoso retrato del trastorno bipolar y por esas interesantes reflexiones acerca de lo que significa escribir sobre unos hechos con los que existe un fuerte vínculo emocional. La novela en sí es un acto de amor y Delphine de Vigan pasa a ser, desde este momento, una de mis autoras de cabecera.

En otro orden de cosas: la mujer de la portada es Lucile, lo que me ha parecido un detalle bonito e interesante. En cuanto al título «Nada se opone a la noche», no guarda relación alguna con la historia pero mi interpretación particular es: si la noche son las tinieblas que te nublan el alma y el entendimiento, te van a acompañar siempre y al final te vas a morir. Afortunadamente para vosotros, no tenéis que quedaros con mi interpretación porque la propia autora aclara en una nota: 
«El título del libro está sacado de la canción “Osez Joséphine” escrita por Alain Bashung y Jean Fauque, cuya belleza sombría y audaz me ha acompañado durante toda la escritura». 
En mi defensa diré que la letra de «Osez Joséphine» no tiene ningún sentido y que el videoclip, de gran magnetismo, tampoco arroja mayor luz al asunto, así que no hace falta perder el tiempo curioseando este link.

Otras obras de Delphine de Vigan reseñadas en ULAD: Las lealtades , Basada en hechos reales, Las gratitudes

jueves, 24 de octubre de 2019

Delphine de Vigan: Las lealtades

Idioma original: francés
Título original: Les loyautés
Año de publicación: 2019
Traducción: Javier Albiñana
Valoración: Muy recomendable

En 2011 Delphine de Vigan publicó Nada se opone a la noche rompiendo todos los esquemas y dejándonos con la boca abierta. Personalmente, no suelo obsesionarme con los autores/as de las obras que me gustan si no que mis lealtades —je—, suelen ceñirse más bien a las obras en sí y, tal vez por ello, empecé a leer su última novela con el recelo del que no quiere llevarse una desilusión. Olvidaba que Delphine de Vigan es muy capaz de arrancar una novela con suma genialidad y sin necesidad de utilizar los recurridos ganchos:
«Las lealtades.
Son lazos invisibles que nos vinculan a los demás –lo mismo a los muertos que a los vivos–, son promesas que hemos murmurado y cuya repercusión ignoramos, fidelidades silenciosas, son contratos pactados las más de las veces con nosotros mismos, consignas aceptadas sin haberlas oído, deudas que albergamos en los entresijos de nuestras memorias. Son las leyes de la infancia que dormitan en el interior de nuestros cuerpos, los valores en cuyo nombre actuamos con rectitud, los fundamentos que nos permiten resistir, los principios ilegibles que nos corroen y nos aprisionan. Nuestras alas y nuestros yugos. Son los trampolines sobre los que se despliegan nuestras fuerzas y las zanjas en las que enterramos nuestros sueños.»
Resumen resumido: Hélène es una introvertida profesora de instituto que, sin embargo, muestra una gran implicación hacia la causa educativa y sus alumnos. Cuando Théo, un tímido chico de doce años, aterriza en la clase de la que ella es tutora, Hélène cree ver en él algo que la remonta a las miserias de su propia infancia.

No es casualidad que el título enuncie directamente el tema de la novela y que el prólogo presente abiertamente la cuestión en forma y en fondo. Delphine de Vigan sabe muy bien el tipo de artefacto narrativo que tiene esta vez entre manos y está tratando de transmitirle al lector dos mensajes:
  1. Esto es lo que yo hago (y lo hago así de bien).
  2. La historia que te voy a contar va de ilustrar desde la ficción una faceta muy concreta del comportamiento humano.
Por ello nos encontramos frente a una novela de apenas doscientas páginas que es un ejercicio puro y conciso, casi como un relato largo. Todo juega un papel en esta narración en la que no sobra nada y donde la subtrama (en singular) sobre los padres de Mathis, es una pequeña ramificación necesaria para el desarrollo del conflicto principal. Porque la tesis que la autora quiere demostrar es cómo las lealtades que nosotros mismos hemos urdido nos rigen para bien o para mal y sin que nos percatemos. En la trama, todas las relaciones —entre padres e hijos, entre los miembros de una pareja e, incluso de uno con uno mismo— se basan en la lealtad (mejor o peor entendida) o en la total falta de ella. Por ello Las lealtades es un maravilloso viaje de descubrimiento de los mimbres más íntimos de la conducta humana que, a su vez, invita a la reflexión. 

Así como Nada se opone a la noche era autobiográfica y por ello era un ejercicio casi orgánico en el que el sufrimiento de la autora y protagonista impregnaba todo el relato, Las lealtades parte de un planteamiento muy distinto, con una mayor distancia narrativa que otorga más espacio para la disección e incluso para la ironía. Hay dos narradores, uno en primera persona que es la voz de Hélène y otro en tercera persona que focaliza en Théo, Mathis (su amigo) y Cécile (la madre de Mathis). Los capítulos son cortos y en cada uno estamos en el punto de vista de alguno de esos personajes de manera que la trama y el conflicto se van completando y enriqueciendo con sus aportaciones. Reconozco que al principio de la lectura tuve serias dudas sobre el interés de mostrar el punto de vista de Cécile en esta historia, pero el personaje ha resultado ser un grato descubrimiento y una pequeña válvula de escape entre tanta miseria.

Quizá para disimular un poco mi —ya sí— total veneración por la autora, voy a ponerle una pega a Las lealtades: su final abrupto. El clímax y el final propiamente dicho se superponen de manera que el lector se siente de pronto empujado fuera de la historia. No tengo ninguna duda de que se trata de un efecto buscado, que además es interesante y coherente, pero como lectora tengo el derecho al pataleo y, por tanto, lo ejerzo.

Así que Muy recomendable por su planteamiento, por su concisión, por esa manera de entretejer las palabras con sencillez, riqueza y hondura y, sobretodo, porque hoy día abundan los libros mediocres y obras como esta te reconcilian con el universo editorial. Así, sí.

Ya para acabar, me crucé por casualidad con la cubierta de la edición francesa e hizo que me preguntara hasta cuándo Anagrama nos va a seguir castigando con esas cubiertas color mayonesa baja en calorías.




También en ULAD de Delphine de Vigan: Nada se opone a la noche, Las lealtades, Las gratitudes

viernes, 19 de marzo de 2021

Delphine de Vigan: Las gratitudes

Idioma original: francés
Título original: Les gratitudes
Traducción: Pablo Martín Sánchez
Año de publicación: 2021
Valoración: Muy recomendable




No voy a andarme con rodeos: lo ha vuelto a hacer.

Me refiero, por supuesto, a Delphine de Vigan, cuyos libros empiezo siempre con recelo (pensando que me van a decepcionar porque me parece imposible que vaya a lograr mantener el nivel de sus obras anteriores) y cuyas últimas páginas siempre termino rebosante de GRATITUD.

Resumen resumido: la anciana Michka vive sola y no tiene familia. Cuando empieza a sufrir vértigos y afasia, no le queda más remedio que internarse en una residencia a la que Marie, su única allegada, la visita con frecuencia. Allí Michka conocerá a Jérôme, un amable logopeda que se implicará, junto con Marie, para que Michka no pierda su capacidad de comunicarse y, con ella, la oportunidad de cumplir su deseo por expresar una gratitud que tiene pendiente.

Las gratitudes forma parte de una serie iniciada con Las lealtades cuyo objetivo es, según expresó la propia autora, indagar en esos sentimientos que de un modo u otro determinan nuestra visión de la vida y, sobre todo, nuestras relaciones con los demás. Ambas son novelas bastante cortas con tramas muy contenidas, casi minimalistas, con el propósito de mantener continuamente el foco en el asunto central, la gratitud en este caso. Ese planteamiento hace que durante la lectura uno se pregunte si no se tratará en realidad de un relato largo o incluso de una fábula, sin apenas subtramas y con tan pocos personajes; dos narradores que hacen avanzar la trama desde el punto de vista de Marie y de Jérôme y de forma lineal, un final que se prevé con facilidad… Esto no es una novela —te dices a ti misma— Delphine está resbalando —te lamentas— tenía que pasar —concluyes. Pero, de nuevo, te equivocas. Las gratitudes es otro artefacto narrativo calibrado con gran precisión, cuya contención no le resta ni un ápice de sensibilidad, de certeza o de emoción. De hecho, Las gratitudes podría adaptarse con suma facilidad al teatro. 

Gratitudes expresadas, las pendientes, las dolorosas, las arriesgadas, las sistemáticas, todas nos sobrevuelan y conforman nuestro universo. Así lo refleja maravillosamente esta historia, aparentemente pequeña, que de nuevo abre una brecha a la reflexión sobre esas «cosas pequeñas» que al final tanto importan y tal vez por eso el libro se nos pegue a las manos como a fuego y nos dejemos transportar por su belleza, su nostalgia, tristeza, humor y sobre todo, por su amor.
«Veo, como si estuviese allí, esas extensiones vacías, áridas, esos caminos devastados que surgen en mitad de sus frases cuando intenta hablar. Paisajes desolados, sin luz, de una trivialidad inquietante, y nada, absolutamente nada, a lo que aferrarse. Imágenes del fin del mundo. En cuanto empieza una frase le faltan las palabras, trastabilla como si hubiera metido el pie en un agujero. Ya no hay balizas ni puntos de referencia, pues no hay sendero capaz de atravesar tierras tan estériles. Las palabras han desaparecido y las imágenes no consiguen reemplazarlas. Su voz, asfixiada por el yugo de la derrota, se desintegra. Obstáculos desconocidos le obstruyen el paso. Masas oscuras, igualmente innombrables. Ya nada puede compartirse. Y todos sus intentos caen en un pozo sin fondo de donde nada, jamás, podrá ser rescatado. Busca en mis ojos un indicio, una clave, un atajo. Pero mis ojos no le ofrecen ninguna ayuda, ningún desvío. La ruta está cortada. El hilo de la comunicación se ha roto. El silencio le ha ganado la partida. Y ya nada la retiene.»
La valoración, sin duda que Muy Recomendable. Aprovecho para adelantarme al debate que suele surgir siempre que reseño a esta autora. En mi opinión, Nada se opone a la noche es su mejor obra (punto) y si en mi reseña de entonces la valoré solo con un Muy recomendable en lugar de con un rotundo Imprescindible fue quizá porque era mi primera aportación oficial en el blog como colaboradora y no quería ir de intensa. Dicho esto, revalido el Recomendable de Basado en hechos reales y el Muy Recomendable de Las lealtades que guarda, como ya he dicho, ciertas similitudes con Las gratitudes sin que por ello ninguna de las dos pierda una pizca de personalidad propia o el lector pueda sentir que al leer una ha leído la otra.

Hemos llegado de nuevo a ese punto en el que trato de disimular mi absoluta veneración por la autora y, para demostrarlo, me quejo de algo. En este caso diré que Las gratitudes es muy corta —unas ciento setenta páginas bien espaciadas— y te la lees en una sola tarde quedándote, inmediatamente después, huérfana de lectura. A solas con la reflexión y con el pataleo.

Otras obras de Delphine de Vigan reseñadas en ULAD: Nada se opone a la nocheLas lealtadesBasada en hechos reales

miércoles, 16 de diciembre de 2020

ULAD: Lo mejor que nos dejaron leer en 2020

Hagamos como en el popular juego de mesa: a ver si conseguimos omitir ciertas palabras que van a definir el 2020. Pero primero, una escueta explicación del título de nuestra entrada. "Nos dejaron" se refiere a las circunstancias: a las generales y a las de cada uno. Porque nos afectó de formas distintas. Algunos leyeron como nunca y a otros lo que sucedía (perdón: lo que aún está sucediendo, en un presente continuo que se transforma en futuro condicional) les impedía concentrarse, les acaparaba la atención hasta situarse en un primer plano incómodo y fascinante. Pero "nos dejaron" también puede interpretarse de otra manera: cuando se han necesitado vías de escape, se ha podido ir a cortarse el pelo, pero no a ver una obra de teatro, se ha podido adquirir tabaco, pero no trastear estantes de libros en librerías o bibliotecas. Y, sin negar lo demagógico de estas afirmaciones, sí que esos hechos son representativos de la sociedad en que vivimos y de sus prioridades. La cultura, en la cola de espera. Aquí no podemos, no debemos estar de acuerdo.

 

Beatriz Garza

Libro/ autora del año: El quinto hijo de Doris Lessing

Lectura revelación: Lectura fácil de Cristina Morales

Relectura provechosa del año: El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence

Lecturas "gallina de piel" del año: El color púrpura de Alice Walker y Las malas de Camila Sosa

Lectura sanadora del año: La ciudad de los arquitectos de Llàtzer Moix

Formato revelación: "miniensayo" o "minicrónica" como Un miércoles de enero de Bob Pop, Ofendiditos de Lucía Lijtmaer y Contarlo para no olvidar de Maruja Torres y Mónica G. Prieto

Buenos propósitos para el 2021: llegar cuerda al 2022

 

Carlos Andia

Mejor novela (2x1): Siglo XXEl gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Siglo XXICorazón giratorio, de Donal Ryan

Microrrelato: Obras completas (y otros cuentos), de Augusto Monterroso 

Clásico: Tiempos difíciles, de Charles Dickens 

Teatro (ex-aequo): Aquí no paga nadie, de Dario Fo, y Anillos para una dama, de Antonio Gala 

Ensayo histórico-político: La estirpe del camaleón, de Julio Gil Pecharromán  

Un tocho interesante, de toda la vidaLa democracia en América, de Alexis de Tocqueville

Un monstruo ingobernable (pero una lectura que nunca se olvidará): Finnegans Wake, de James Joyce

Libro de viajesEn las antípodas, de Bill Bryson

Relectura del añoEl templo del alba, de Yukio Mishima

Diario de guerra: El abrazo de los muertos, de José de Arteche (en enlace no sale bien)

Y dejamos para el final lo más flojito:

Libro de relatos: Ninguno convincente, o sea, premio desierto

Y ni con un palo: nada de David Foenkinos (pongo el enlace de Hacia la belleza por si alguien quiere saber por qué)

 

Francesc Bon

Otro año más bien desastroso: escarbando en el baúl de los grandes clásicos del siglo, tras comprobar demasiado a menudo que las grandes novedades me siguen dando disgustos y pereza a partes iguales. Es mi culpa, seguro. Bueno, casi seguro.

Propósitos de año nuevo: encontrar algún nuevo autor de ficción que me deje patidifuso (habiéndolo buscado previamente), aunque me veo probando otra vez con la obra de Philip Roth o William Faulkner, que me han dado grandes satisfacciones, de nuevo, y a lo mejor de eso se trata

Libro del año: Falso espejo, de Jia Tolentino (sin negar lo fresco y reciente de la sensación, una autora que no desperdicia palabrería en conceptos vacíos)

Tiempo desperdiciado: segundas oportunidades a quienes no lo merecen, como el plasta de Vilas o algunos que no merecen ser mencionados (Vilas sí, por prolongar su impostura)

Me lo imaginaba más grande: Exhalación, de Ted Chiang, al que encontré sobrevalorado.

Un poco hartito: de la literatura queer et al hacinándose en un rincón, refractaria a ser evaluada objetivamente.


Juan G. B.

Ensayo del año: El infinito en un junco, de Irene Vallejo.

Mejor novela histórica de Ciencia-Ficción: Proletkult, de Wu Ming.

Novela negra de fantasmas: La apariencia de las cosas, de Elizabeth Brundage.

Latinas Power: Ladrilleros, de Selva Almada; Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor; Las voladoras, de Mónica Ojeda.

Agradables sorpresas: La voz y la espada, de Vic Echegoyen y Matèria de Bretanya de Carmelina Sánchez-Cutillas.

Cierta decepción: El olor del bosque, de Hélène Gestern.

Aún no lo tengo claro: Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, Desierto sonoro, de Valeria Luiselli; Noche y océano, de Raquel Taranilla.

Libro que no me atreví a reseñar: Apocalipsis, de Stephen King.

Leeré en 2021: Algo de José Luís Peixoto, si encuentro una buena traducción, que es difícil...


Koldo CF

RelecturasLos pasos perdidosLa marcha Radetzky o Nieve de primavera (3 libros imprescindibles).

Autoras rescatadas, ya sea para el público en general, como Sara Gallardo y sus magníficas Eisejuaz o Enero, o para mi en particular, como Svetlana Alexievich (no la había leído hasta este 2020) y el terrible Voces de Chernóbil

Novedades del año: Un debut, el de Ce Santiago con El mar indemostrable, y una novela "autobiográfica", el Porque ya no queda tiempo de Rafa Cervera

Año balcánico: Destacan Ismail Kadaré como "autor más leído este año" y la lectura de Un puente sobre el Drina de Ivo Andric.

Decepciones:  Tan malos que no merecieron ni reseña destroyer han sido "Sueños de trenes" de Denis Johnson y "Los cuadernos de Don Rigoberto" del amigo Vargas Llosa.


Marc Peig

Libro del año: «No digas nada», de Patrick Radden Keefe.

Ensayo políticosocial del año: «Como ser antirracista», de Ibram X. Kendi.

Librodenuncia del año:  «Sin más amigos que las montañas», de Behrouz Boochani.

Grandes debuts en narrativa: Xavier Mas Craviotto por «La mort lenta» y Carlota Gurt por «Cabalgar toda la noche».

Descubrimientos del año (autores): Saša Stanišić por «Los orígenes», Eduardo Lalo por «Simone»,  Claudia Rankine por «Ciudadana» e Ignacy Karpowicz por «Sońka».

Consagraciones del año: Eva Baltasar con «Boulder» y Han Kang con «Blanco».

Experimento exitoso del año: «El càstig», de Guillem Sala.

Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Stefan Zweig, Rebecca Solnit y Per Petterson.

Propósitos para el 2021: intentar evadirme de tanta novedad y volver a los clásicos (segundo intento). También hacer reseñas más breves ;-)


Montuenga

LO +

Ficción:

·       Una joya olvidada: La vagabunda de Sidonie-Gabrielle Colette.

·       Un clásico indiscutible: El color púrpura de Alice Walker.

·       Una maravilla más en la extensa obra de una autora excepcional (y cuyo premio Nobel la humanidad se va a perder por culpa de esos suecos imprevisibles): Qué fue de los Mulvaney de Joyce Carol Oates.

·    Un clásico revisitado (y convertido en thriller por obra de un maestro del género negro): Macbeth de Jo Nesbo.

·        La mejor novela histórica leída (y publicada) este año: Ni siquiera los muertos de Juan Gómez Bárcena.

·     La mejor primera novela que he leído en muchísimo tiempo: La vida verdadera de Adeline Dieudonné. (Aunque se trate de un texto intimista se lee como si fuera un thriller).

                                                                                                                                                No Ficción:

·       El mejor ensayo filosófico leído este año, riguroso, documentado y repleto de humanidad: La mujer molesta de Rosa María Rodríguez Magda. (Y con entrevista añadida).

·     Un ensayo científico muy adecuado para reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí: El cisne negro de Nassim Nicholas Taleb. (Hay sucesos que la ciencia puede prever y al ciudadano medio ni se nos pasa por la cabeza).

·     Un texto didáctico, elemental para según quién pero muy instructivo y necesario en los tiempos que corren: Querida Ijeawele de Chimamanda Ngozi Adichie. (Aunque dedicado a las jóvenes, lo deberían leer muchos/as adultos/as).

LO –

Ficción:

·       Sin comentarios: La hija de la española de Karina Sainz Borgo

·     El testamento, poco afortunado, de un clásico indiscutible del género negro (pero a él se le perdona todo): Km 123 de Andrea Camilleri

·       Una novela que aburre a las ovejas (en mi opinión, naturalmente): El verano sin hombres de Siri Hustvedt.


Oriol Vigil

-Mejor novela: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

-Otras novelas destacables (por citar sólo unas cuantas): Personajes desesperados, de Paula Fox, Tennessee, de Luis Gusmán, El quimérico inquilino, de Roland Topor, El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Le Guin, Bubu de Montparnasse, de Charles-Louis Phillipe, Ethan Frome, de Edith Wharton

-Mejores antologías: La condena, de Franz Kafka, El séptimo caballo, de Leonora Carrington, Acostarse con la reina y otras delicias, de Roland Topor

-Lo mejor en no ficción: La canción de las máquinas, de Sherwood Anderson, El mercado y la globalización, de José Luis Sampedro 

-Tochazos: Sexual Personae, de Camille Paglia, Los mandarines, de Simone de Beauvoir 

-Libros decepcionantes: El lado de la sombra, de Adolfo Bioy Casares, Barbazul, de Kurt Vonnegut, The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson, Reinas del abismo, de varias autoras

-Autores descubiertos: Isaac Asimov, Roland Topor, Mijaíl Bulgákov, Ursula K. Le Guin

-Empacho de: Literatura decimonónica, narrativa juvenil y fatalismo

 

Santi 

Dentro de lo poco que he conseguido leer este año, por falta de tiempo y de ánimo, afortunadamente ha habido algunas grandes lecturas que me han salvado el año:

  • Panza de burro de Andrea Abreu: creo que es para mí la lectura del año, por sorprendente y rompedor, este relato canario (muy canario) del proceso de crecimiento de dos niñas;
  • Basilisco de Jon Bilbao: esta no es una sorpresa, porque Jon Bilbao es un escritor consolidado, pero esta es probablemente su mejor obra. Y ni siquiera sé en qué género se clasifica;
  • Casas vacías de Brenda Navarro: una dura aproximación a la (no) maternidad, algo tremendista pero muy poderosa también.
  • La cresta de Ilión: un acierto más de la editorial Tránsito, esta reedición o revisión de un texto de la mexicana Cristina Rivera Garza sobre la identidad, los desaparecidos, el lenguaje....
  • El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Ţîbuleac, una historia cruda y poética, otra aproximación diferente a la relación entre un hijo y su madre;
  • Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan: la madre francesa de la autoficción (el padre francés sería Carrére) ofrece un relato autobiográfico centrado en la relación de la autora con su madre

Otras lecturas interesantes (ya digo que este año no han sido muchas) incluyen géneros como la crónica (El peón de Paco Cerdá), la ciencia ficción nacional e internacional (36 de Nieves Delgado, Bionautas de Cristina Jurado o El apagón de Connie Willis, aunque esta última la dejé a medias), el cómic (Los puentes de Moscú de Zapico), y cómo no, algo de literatura portuguesa, como El retorno de Dulce Maria Cardoso o De la naturaleza de los dioses, del "inevitable" Lobo Antunes. También di mi opinión sobre el "fenómeno Sally Rooney", y me hizo especial ilusión reseñar la primera novela de una buena amiga, Penínsulas rotas de Magdalena López.

Hubo otras lecturas incompletas o que me gustaron menos, pero bastantes cosas malas ha tenido ya 2020 como para terminarlo recordando lecturas decepcionantes...

 


viernes, 8 de diciembre de 2023

NOVELAS PIRAÑA #5: Los de Bilbao nacen donde quieren de María Larrea (Reseña + entrevista)

Idioma original: Francés
Título original: Les gens de Bilbao naissent où ils veulent
Traducción: Alicia Martorell
Año de publicación: 2022
Valoración: Está muy bien

La literatura francesa tiene una larga tradición en lo que a autobiografía personal y familiar y/o autoficción se refiere. No nos remontaremos mucho en el tiempo y nos centraremos en literatura escrita por mujeres para dar dos ejemplos: Delphine de Vigan y Brigitte Giraud. En esa tradición y en el mismo epígrafe que estos nombres podemos situar el libro de debut de la bilbaína residente en Francia María Larrea. Luego preguntaremos a la autora si esta comparación es acertada o no, pero creo que puede servir para una ubicación inicial.

Resulta casi imposible hablar de Los de Bilbao nacen donde quieren sin hacer "spoiler". La historia que en el se narra resulta tan tremenda que es muy difícil no destripar el libro, pero lo vamos a intentar. 

Estamos ante una autobiografía familiar que transcurre entre la posguerra española y el París del siglo XXI, ante un drama almodovariano (cambiando los colorinchis del manchego por el gris del Bilbao preGuggenheim) en el que la búsqueda y construcción de la identidad personal y familiar/colectiva ocupa el lugar central. 

Por tanto, no es solo la historia de María Larrea sino también, y especialmente, la de Victoria y Julián. Vidas marcadas por unas condiciones terribles en la infancia, por abandonos, violencias, exilios, soledades, estrecheces, revelaciones, dudas, etc, aunque siempre con un punto de esperanza y ternura entre todo ese sufrimiento.

En este tipo de textos siempre existe el riesgo de que la propia historia acabe devorando otros aspectos del libro. Es innegable la potencia que aquella posee, pero también es cierto que Los de Bilbao nacen donde quieren posee, además, un alto valor literario. Por varios motivos:

  • Las diferentes lecturas que ofrece, gracias a la estructura elegida por la autora. Breves capítulos con saltos temporales que sirven para mostrar un crudo retrato de la España posfranquista (más en la primera parte del texto) se mezclan con capítulos intimistas centrados en tiempos y problemáticas más cercanas.
  • La acertada combinación de drama, humor (¡¡¡¡María, cómo se te ocurre lo de La tienda del espía!!!!) y ternura (ay, ese capítulo 23). El material daba para caídas libres en lo melodramático y autocompasivo, pero la autora consigue el tono adecuado al texto, en mi opinión.
  • El ritmo, gracias a esos breves capítulos de los que hablaba. Los cambios de personajes y escenarios, además de otorgar al texto de diferentes capas, confieren a la narración una agilidad que es de agradecer.
En resumen, un magnífico debut con una historia impactante pero muy bien manejada por su autora. Queda saber qué camino tomará en el futuro la escritura de María Larrea. Estaremos atentos

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Gracias a la gente de Alianza Editorial (Pepe, Raúl), tenemos la suerte de colarnos el día 16/11, día de la investidura de Pedro Sánchez, en la gira de presentación de la novela y de charlar un rato con María Larrea. Estas son nuestras preguntas y sus más que interesantes respuestas:

ULAD: Hablo al comienzo de la reseña de la tradición literaria francesa en lo que a literatura autobiográfica se refiere (Duras o Simone de Beauvoir en el pasado y Ernaux, De Vigan, Brigitte Giraud o Vanessa Springora más recientes). ¿Es correcto situar Los de Bilbao nacen donde quieren en esa tradición?

M.L.: Sí, yo hablaría más (doy la lata con esta novela) de Ordesa, de Manuel Vilas. Es mi novela española favorita, la número 1 para mi. La leía cuando escribía, así que de verdad que ha sido una novela muy importante para mi. Y también Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan. Esta la leí después de escribir, no quería leerla antes. 

Pese a esto, Los de Bilbao nacen donde quieren es una novela autobiográfica, sí, pero insisto mucho en que es una novela. No en un ensayo, no es un testimonio. Es una novela y eso es también lo que dice Delphine de Vigan de su libro, que es novela basada en hechos reales.

ULAD: Siendo autobiográfica, tu novela tiene muchas capas, muchas lecturas. La historia de tus padres es brutal y habla de una España que, por suerte, ya no existe, pero tiene también esa lectura, por ejemplo.

M.L.: Bueno, no sé si esa España no existe. Yo creo que todavía hay ecos de esa España en esta sociedad. Ahora mismo utilizar 24 horas la palabra amnistía me parece que no es inofensivo (anodine es la palabra usada por María) y eso remueve muchas cosas. Creo que todavía está esa tiniebla, o esa España oscura, por ahí escondida.

ULAD: Antes de que tu misma incluyeras la referencia a Almodóvar en la novela yo pensaba en un Almodóvar sin colorines, pero pasados unos días de la lectura del libro pienso en un Almodóvar guionizado por Agustín Gómez Arcos o en un Almodóvar pasado por el filtro del Truffaut de Los 400 golpes o del Louis Malle de Un soplo en el corazón. ¿Pueden ser referencias válidas para alguien que no haya leído el libro?

M.L.: Sí, absolutamente. Los 400 golpes es una referencia. He pensado mucho en Truffaut. Es una de mis referencias. Hizo un cine, a través del personaje de Antoine Doinel, íntimo y comercial al mismo tiempo, pero sin que la palabra sea "fea". Él podía llegar a mucha gente hablando de sí mismo.

Y Almodóvar, también. Creo que Almodóvar ha sido muy importante para mi, siendo hija de inmigrantes. Era mi primera ventana hacia España, y hacia una España y un mundo de mujeres socialmente invisibles que yo no veía representado en el cine o en la literatura francesas. Así que el y su cine me han ayudado mucho a medida que crecía, en mi vida de adolescente en París que empezaba a ser llamada por el cine. 

ULAD: En el capítulo 11 del texto dice que "pone su salvación en el celuloide y en las historias". ¿Qué pones en este libro?

M.L.: También la salvación. La salvación en la ficción, ya sea en el cine o en la literatura. Desde que empecé a escribir películas, a hacer cortos o con el libro, quise entender el mundo, que la vida es, muchas veces, muy absurda y que con la ficción nos hacemos preguntas e intentamos buscar respuestas a lo absurdo, lo complicado, lo duro o lo violento. 

Cuando empiezo la novela, yo me hago esta pregunta: ¿cómo tres huérfanos de una misma nación van a formar una familia en la Francia de los 80? Y así he tenido que revisitar todas las historias para poder entenderlas y para poder comprender de dónde venía y a dónde voy. Nosotros nos hacemos preguntas existenciales y tratamos de contestarlas escribiendo.

ULAD: Hace poco veía una entrevista al escritor cubano Severo Sarduy (que vivió y murió en París, por cierto) en la que decía que "la biografía de un hombre es un corte bastante arbitrario. ¿Por qué esta biografía ha de empezar forzosamente en el momento en que ese hombre nace y terminar en el momento en que un hombre muere?". ¿Se anticipó sin saberlo a tu novela?

M.L.: Sí, lo que has citado es muy impactante y precisamente la primera frase de mi novela es "nadie se acuerda del momento en que nació". Eso era lo que me fastidiaba, no poder recordar para saber lo que ocurrió. Y toda la novela trata de intentar saber sobre esa nacimiento. Para mi es muy importante esa primera página, párrafo o frase que va a ser el "programa" del libro.

También por eso quise inventar el nacimiento de Julián y de Victoria hasta llegar al mío porque esa ha sido la clave de nuestra familia, esos nacimientos, esos abandonos...

Curiosamente, en el libro solo hay un personaje (Julián, el padre) al que seguimos desde el momento en que nace hasta el momento en que muere y con ese personaje lo que he buscado es una redención. He escrito sobre ese antihéroe y redimirle a través del resumen de su vida. 

ULAD: ¿Cuánto hay de memoria personal y cuánto de investigación / documentación en el texto?

M.L.: Lo mejor que hice cuando empecé la novela fue tirar el guion de la película que había escrito y parar de hacer preguntas. Dejé de preguntar a mi madre, solo quería funcionar con mi memoria y mis recuerdos. En francés, la palabra recuerdo es souvenir y la etimología de souvenir es "venir al socorro de". Creo que la memoria y el recuerdo vienen a socorrernos ante el sufrimiento o las preguntas.

Posteriormente sí que me documenté sobre cómo eran Galicia o Bilbao en los años 40, pero fundamentalmente he querido trabajar sobre la memoria y el recuerdo. Como dice Vilas en la edición 5º aniversario de Ordesa, "la memoria es una de las formas más misteriosas del amor". ¡Manuel Vilas me mata, me mata!. 

Yo he trabajado, ya te digo, fundamentalmente con esos recuerdos o esa memoria que tenía de mis padres y de lo poco que me habían dicho y al final la novela es una declaración de amor hacia ellos. No hay otra manera de decirlo.

ULAD: ¿Y cómo afronta una persona con un pasado familiar tan "peculiar como el tuyo su propia maternidad?

M.L: He sido madre dos veces; una sin saber y otra sabiendo. La viví de las dos maneras. Una de ellas fue totalmente incomprensible, no entendía lo que era ser madre. Con mi primer hijo me sentía totalmente desarmada y con mi segundo hijo, sabiendo ya el secreto de mi nacimiento, habiendo reflexionado sobre eso y sin tener todas las respuestas, he sido madre de una manera algo diferente, aceptando que no podré ser la mejor madre del mundo sino la única madre disponible para él y que tratará de hacerlo lo mejor posible.

ULAD: Ahora hago yo autoficción y te cuento que un familiar relativamente cercano tiene una historia muy similar a la suya (no en Bilbao, pero en otra ciudad del norte de España) pero en su caso nunca quiso saber. ¿Qué le parece esta postura, tan diametralmente opuesta a la suya?

M.L.: En mi caso, yo no sabía de dónde venía. En mi caso había un gran misterio, un gran agujero negro, y yo, siendo guionista y gustándome las historias y con una mente que va fabricando escenarios y guiones de todas las posibilidades, me volvía loca y tenía esa obsesión de saber, saber, saber, saber...Quería saber la verdadera historia, cuál era el árbol genealógico escondido detrás del otro.

Por otra parte, además de la obsesión de un adoptado de saber de dónde viene, yo siempre estado obsesionada con las historias de la gente (de mis amigos, de la gente que voy conociendo, etc) o sus trayectorias humanas. Y por ese motivo, también, quise saber de la historia de mis padres biológicos
 
ULAD: Otro tema de libro, aunque en menor medida, es el cambio de las ciudades. ¿Reconoces en el San Francisco de ahora el San Francisco de su abuela paterna (San Francisco fue, durante años, el barrio de "mala vida" de Bilbao y ha sufrido un brutal proceso de gentrificación en los últimos años? 

M.L.: Bilbao es un claro protagonista del libro. Como te decía, la casi única documentación o investigación que hice para la novela fue sobre Bilbao. Y también quería contar ese Bilbao de los 80 que no tiene nada que ver con el Bilbao de hoy y la transformación de ese Bilbao que mis amigos, por fin, saben que no es esa ciudad oscura, negra, sucia de los 80 o esa ciudad que los inmigrantes portugueses o marroquíes atravesaban en verano cuando volvían a sus orígenes.

Para mi, Bilbao, o Irala, eran mi pueblo y yo quería contar la transformación de la ciudad hasta llegar al Guggenheim, hasta esa ciudad de postal que es ahora, y la resiliencia de los bilbaínos. Estoy muy orgullosa de venir de una ciudad que ha podido y sabido transformarse sin dar la espalda a lo que ha sido. Ese creo que es el orgullo de ser bilbaíno.

ULAD: Y ya para terminar. No vamos a hacerte un examen de bilbainidad ni a pedirte que nos digas la alineación del Athletic, que ni yo me la sé, pero sí que tenemos una pregunta muy importante: ¿bollo de mantequilla o carolina?

M.L.: Con el bollo de mantequilla. Soy "team bollo de mantequilla" (risas de María pero no mías porque yo soy "team carolina") y "team" palmera de chocolate de Arrese!.

sábado, 20 de mayo de 2017

Marguerite Duras: Las diez y media de una noche de verano

Idioma original: francés
Título original: Dix heures et demie du soir en été
Año de publicación: 1960
Valoración: Está bien



Una novela que leeremos en un par de horas y nos parecerán bien aprovechadas si no tenemos prisa por averiguar qué nos están contando. No solo se aterriza muy despacio en la trama, es que esta parece moverse en círculos en vez de avanzar hacia un desenlace. 
Más que novela, Las diez y media de una noche de verano, por su extensión y pautas narrativas, podría considerarse un relato largo al gusto del llamado nouveau roman, un movimiento que constituyó una novedad por entonces al eliminar muchos recursos de la novela clásica en aras de una objetividad transmitida a base de sensaciones para evitar la interpretación personal del narrador. A pesar del título, la acción transcurre a lo largo de veinticuatro horas y supone un vuelco en la vida de cinco personas. Aquí la imagen es la protagonista: cada retazo de paisaje, oscilación climatológica, gesto, actitud y sensaciones de los personajes son descritos minuciosamente. Hasta los diálogos, aunque significativos, parecen anecdóticos y fuera de contexto. El relato progresa, sin que apenas nos demos cuenta, a un ritmo exageradamente lento, de la forma menos explícita posible. La autora consigue con ello, por una parte, un marcado clima poético que de alguna forma equilibra la crudeza de ciertas escenas, por otra, nos convence de la veracidad de unos hechos que nos parece estar viviendo paso a paso. Lástima que la traducción resulte algo forzada y muchas veces poco convincente.
Aunque ni de lejos puede encuadrarse en el género policíaco, el argumento se abre con un asesinato y tendremos garantizado el suspense siempre que nos armemos de paciencia. Claro que no es el tipo de suspense que puede esperarse con un planteamiento de ese tipo. Ni su objeto es siempre el mismo, se va renovando con el tiempo: cuando un conflicto se resuelve otro ocupa su lugar. Conflictos soterrados en su mayor parte, que se producen en el interior de los personajes o que ocurren tan en secreto que apenas repercuten en su entorno.
El episodio culminante es sin duda esa persecución nocturna -silenciosa y de andar por casa- que se va gestando al compás de la lluvia, los relámpagos, la respiración de los durmientes y que, al margen del desenlace, servirá al lector para hacer elucubraciones de todo tipo. ¿Estará la policía sobre la pista y perseguirá a la familia francesa? ¿Habrá cogido María la pistola y se tomará, ella también, la justicia por su mano?
Pero la cuestión es mucho más simple. Lo que se plantea es un paralelismo entre dos situaciones similares que se resolverán de forma muy distinta. El melodrama que tiene lugar en tierras aragonesas se opone a la suave transición que –por usar el tópico– se producirá entre gente civilizada: ese reducido grupo de turistas que la tormenta detiene en su viaje hacia Madrid. Matrimonio, infidelidad, venganza, alcoholismo, celos. En diferentes grados y condicionados por los fenómenos naturales. Es cierto que la tragedia surgida en el ámbito rural ni siquiera se insinúa entre los visitantes, pero advertimos en estos una especie de nostalgia, de envidia por unos sentimientos tan a flor de piel, un aburrimiento, en definitiva, que aflora en ese afán por inmiscuirse en la aventura ajena, con el propósito de vivirla aunque sea de forma indirecta ya que no hay agallas para asumir la propia.
¿Qué desenlace puede esperarse de un conglomerado tan prosaico? Pues nada espectacular, una escena cotidiana parecida a cualquiera de las que Duras nos ha ido mostrado hasta ahora.

También de Marguerite Duras: El amante, Moderato cantabile, Escribir, La siesta de M. Andesmas

lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo mejor del 2017, ULAD dixit

Marc Peig dice:

Juan G. B. dice:

Koldo CF dice:
  • Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
  • Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
  • Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
  • Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
  • Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
  • Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
  • Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti) 
  • Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
  • Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
  • Propósito 2018: Apuntarme al gimnasio y sacar a Marc del lado oscuro knausgardiano

Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
  • Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
  • Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
  • Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
  • Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
  • Mejor libro de relatos'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
  • Peor libro de relatos'Alevosías', de Ana Rossetti
  • Mejor libro de historia/pensamiento/política'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
  • Mejor libro de arte/estética'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
  • Descubrimiento del año'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
  • Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
  • Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.

Oriol Vigil dice:
    • Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
    • Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
    • Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    • Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
    • Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
    • Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
    • Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
    • Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
    • Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
    • Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
    • Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.

      Beatriz Garza dice:
      • Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
      • Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
      • Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
      • Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
      • Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
      • Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
      • Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
      • Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica. 

      Carlos Ciprés dice:
      • Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
      • Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
      • Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
      • Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
      • Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
      • Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
      • Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
      • Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.

      Santi dice:

      Francesc Bon opina:
      • He tenido años mejores
      • No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
      • Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
      • Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno":  La uruguaya de Pedro Mairal
      • Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
      • Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
      • Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
      • Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
      • Lista de deseos: tiempo 
      Montuenga dice:

      FICCIÓN:

      NO FICCIÓN: