miércoles, 13 de mayo de 2009

Italo Calvino: Las ciudades invisibles

Idioma original: italiano
Título original: Le città invisibili
Fecha de publicación: 1972
Valoración: Imprescindible

"Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades" dice Calvino en la nota preliminar, y no le falta razón. Las ciudades invisibles es para mí uno de los ejemplos más discretos y eficaces de prosa poética, dicho en el mejor sentido posible. Cuando lo leí, hace ya varios años, disfruté de cada frase, deteniéndome en las palabras como sólo ocurre con la poesía. Y no hablo de lo que a veces se entiende por prosa poética: no hay aquí alardes de adjetivación ni pirotecnias rítmicas, sino una severa economía de medios subordinada por completo a la viva transmisión de imágenes. Esta depurada selección de las palabras recupera aquí la que fuera -quiero suponer- una de las funciones primordiales de la narración: la descripción de gentes y países extraños a quien no los conoce.

Calvino pone la descripción de 55 ciudades imaginarias en boca de Marco Polo, quien narra las maravillas de sus viajes a Kublai Kan, emperador de los tártaros. Cada ciudad tiene un precioso nombre de mujer -Ersilia, Aglaura, Fedora, Zoe- , y todas las describe Marco Polo con palabras compasivas o temerosas o entusiastas de enamorado. Los breves textos se ordenan en once series que se van entrelazando. Zenobia, por ejemplo, es una de las "Ciudades sutiles": construida sobre altísimos pilotes, es toda ella una escala de balcones, miradores y atalayas. Valdrada pertenece a la serie "Las ciudades y los ojos": asomada a la superficie de un lago, todo en ella aparece doble a la mirada del visitante y sus habitantes conviven con la certeza de que cada uno de sus gestos se repite, invertido, bajo el agua.

Las conversaciones entre Marco Polo y Kublai Kan ofrecen una pausa al lector para asimilar las imágenes que se le transmiten y son también una ocasión para cuestionarse sobre lo que significa, en última instancia, narrar. En uno de estos diálogos, el emperador le pregunta a Marco Polo por qué nunca le ha contado nada de su propia ciudad, Venecia. Este sonríe y responde: "¿Y de qué crees que te hablaba? Cada vez que describo una ciudad digo algo de Venecia."

Desde 1973 Italo Calvino formó parte de OuLiPo, grupo del que ya hablamos en esta entrada.

También de Calvino: Aquí

6 comentarios:

marta dijo...

La ciudad de Marta...

Jaime dijo...

¿Hay en el libro una ciudad con ese nombre o te ha dado un arrebato, así sin más? Ya es que no me acuerdo de todas..

Paula dijo...

Pues suena bonito... Lo que pasa que a veces los libros tan descriptivos pueden llegar a ser aburridos. Belleza del lenguaje, sí. Pero es que si ése es el único aliciente para seguir leyendo... ¿no?

Jaime dijo...

Desde luego es cierto que en este libro no hay nada de acción. Pero bueno, tampoco eso lo tiene que hacer aburrido necesariamente.. Cada descripción te sumerge en un mundo tan diferente, que esa variedad basta para querer seguir leyendo y a la vez lamentar cada página que nos acerca al final.

También es verdad que yo lo leí en unas circunstancias muy especiales, que quizá me hicieron disfrutarlo más, con cierta ansiedad incluso. Estaba de interrail y éste era el único libro que llevaba conmigo (lo elegí más que nada porque pesaba poco). Para que me durara, me obligué a leer sólo un poquito cada día, así que esperaba ese rato de lectura en trenes atestados o estaciones perdidas casi (sólo casi) con la misma ansiedad con que esperaba mi exigua ración de comida. Me da miedo releerlo cómodamente sentado en mi casa, descansado y con el estómago lleno, y que no sea igual.

esti dijo...

una ciudad "martiana"
desde luego, sería muuuuuuuy divertida..

y jaime;
ese "casi (sólo casi)"
era una aclaración innecesaria,jeje ;)

Juan Melville dijo...

Buen libro, aunque hay varios mejores de este autor