lunes, 11 de mayo de 2009

Imre Kertesz: Dossier K

Idioma original: húngaro.
Título original: Dossier K.
Año de publicación: 2007.
Valoración: Muy recomendable.

Tras hablar de Sin destino, la obra de Kertesz por la que creo que es recomendable empezar a conocerle, merece la pena hacer referencia a esta otra.

Se trata de una novela peculiar, escrita en forma de diálogo, en la que el autor (cansado de responder siempre a las mismas preguntas, después de recibir el Nobel y salir así del anonimato) se entrevista a sí mismo.

Con este curioso método de escritura, consigue ponerse delante las preguntas más importantes que un autor puede hacerse; su motivación para crear, el pozo del que extrae lo que después expresa en sus obras... Más aún, profundiza en su propio ser y, más en general, en la esencia de la condición humana.

De esta novela, Kertesz dice: “Nunca habría podido escribirla a una sola voz, porque necesitaba el agudo contraste”.

Y en ella, entre otras cosas, nos aclara, una vez más, que sus obras no son "autobiográficas", en el sentido tradicional del término; nos habla de por qué sigue escribiendo, a pesar de su desencanto ante el mundo y la historia de la humanidad (contra lo que suele creerse, no sólo debido a su estancia en varios campos de concentración)...

En definitiva, por su técnica narrativa y por su contenido, se trata de un valioso testimonio de una de las mentes más lúcidas que he conocido: un texto que nos hace pensar, poniéndonos (como todas las obras de su autor) ante cuestiones que quizá nunca nos hubiéramos planteado por nosotros mismos, o ante las mismas y conocidas preguntas, formuladas desde otro punto de vista.

Para lectores con ganas de reflexionar y abrirse a nuevas ideas.

6 comentarios:

Santi dijo...

Me sorprende que una obra así sea una novela. ¿La considera así el propio autor? Porque si la denomina "novela", parece que se impone una cierta distancia entre el autor real y el literario, mientras que si es una (auto)entrevista "real" esa distancia, sin desaparecer completamente, es mucho menor...

Lo que nos llevaría a otra discusión muy borgiana: ¿es el escritor como hombre público la misma persona que el escritor privado e individual? Cuando Philip Roth escribe sobre su propia obra, por ejemplo, ¿es el mismo Philip Roth de carne y hueso que se lava los dientes, va a la compra y conduce su coche? ¿O el escritor tiene siempre algo de ficción cuando sale a la palestra pública?

esti dijo...

bueno.. creo que kertesz dice que su obras no son autobiográficas pero que, desde luego, recoge en ellas cosas de su vida para convertirlas en literatura.

de todas formas, en sus libros resulta difícil aclarar cuánto hay del autor real y cuánto del literario.

en éste, en concreto, muchísimo más.

la cosa es un poco confusa porque él define este libro como una autobiografía a dos voces pero también dice:

"Esto también es una ficción más. Hay que creer en los hechos históricos que se relatan, el resto, simplemente se debe querer".

en fin, que no he aclarado nada. si alguien lo tiene más claro que yo, que me avise por si hay que cambiarle la etiqueta a la entrada ;)

Jaime dijo...

¿Es que no es una autobiografía siempre "también una ficción más"? Puede decirse ensayo ficción, por ejemplo, pero "autobiografía ficción", ¿no es una inevitable redundancia?

itsaso dijo...

no he leido la obra, pero cuando alguien tiene, al ser el autor, la opción de elegir, ordenar, magnificar o menospreciar lo que añade o no añade en su biografía ya está creando ficción...no? por ello una autobiografía, aunque se base en la vida de X, podría considerarse ficción... lo mismo que la historia...aunque sólo sea ficción selectiva por momentos, está totalmente presente...de hecho...hay algo que no sea ficción? a absolutamente TODO se le carga algo de ficción, no?

Rizzo 82 dijo...

Lo que ocurre fuera de nosotros podría, solo podría, ser la realidad, pero lo que ocurre en nuestra mente es ficción, gracias a Dios

Rizzo 82 dijo...

Lo que ocurre fuera de nosotros podría, solo podría, ser la realidad, pero lo que ocurre en nuestra mente es ficción, gracias a Dios