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viernes, 14 de julio de 2017

Cristina Morales: Terroristas modernos

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: muy recomendable


Pedazo de novela el que le ha salido a Cristina Morales; de ésas que (si uno fuera más ingenuo y pensara que los excelentísimos miembros que componen los jurados  de ese tipo de cotarros fuesen a leerla), diría que podría ser perfecta candidata a algún premio rimbombante, tipo de la Crítica o Nacional de Narrativa. No la leerán, supongo, porque tal y como está el patio y teniendo cuenta el título (más aún después de haber recibido el de la Crítica de 2016 la celeberrísima Patria), no se querrán arriesgar a que les apliquen un "alsasuazo". Y, sobre todo, porque sospecho que esos galardones poco tienen que hacer las obras de género. Sospecho también que  a la autora de dicha obra no le importará demasiado estar fuera de toda quiniela.

¿Qué de qué género estoy hablando? Pues de la narrativa histórica, claro... ¿qué se pensaban, que Terroristas modernos iba de un grupo etarra vintage con activistas gafapastosos? ¿De una célula yihadista que camuflaba sus barbas entre la comunidad hipster? Para nada: debemos irnos 200 añitos atrás para encontrar la ambientación de esta novela, cuando Fernando VII "el Deseado" (que también manda narices...) había ocupado el trono de España y restaurado un régimen absolutista casi peor que el anterior a la invasión napoleónica. En ese trance, en 1816 un grupo de liberales perseguidos, ex-militares o ex-guerrilleros descontentos y gentes diversas con ganas de jarana, en general, se unieron en una insólita conspiración para obligar al monarca a jurar la Constitución de 1812 e instaurar un régimen liberal. La organización de la conjura, más o menos inspirada en las sociedades masónicas, hizo que recibiera el nombre de "la conspiración de Triángulo".

Una conjura terrorista que no deja de ser una fiesta, con sus preparativos y prolegómenos, su apogeo, su desmadre etílico y la inevitable resaca. Una conjura de buscavidas y resentidos, de aprovechados y hasta pordioseros, más que de fanáticos convencidos o desprendidos idealistas. Todos embarcados en una aventura que, como ya ocurriera con la primera novela de Morales, Los combatientes -pero incluso más que en ésta-, bien se puede interpretar como un espejo irónico en el que contemplar otras pseudorevoluciones más recientes, igualmente truncadas. Porque "la Conjura del Triángulo", y supongo que no le estropeo el final a nadie, acabó en un fiasco.

Aunque lo del título tiene su coña, por otra parte... No sólo porque puede llamar a engaño, si alguien piensa que se va a encontrar un libro sobre ciberterrorismo, o algo parecido, sino porque los "terroristas" de esta novela lo que pretendían era instaurar el mismo régimen liberal en el que, con sus variaciones, vivimos ahora en España y proclamar la Constitución de Cádiz que hoy es reivindicada y homenajeada por los capitostes del statu quo político actual. Régimen que, después de todo, tiene su origen en el establecido en su momento por la Revolución francesa y contra el que se acuñó por primera vez el adjetivo "terrorista", precisamente...

Novela de hálito coral, compuesta con variopintos personajes, pues, siguiendo los cánones revolucionarios, ha de ser el pueblo en su conjunto el protagonista de ese proceso y de su relato... por más que la susodicha revolución se quede en agua de borrajas. Pero novela, sobre todo, que hace gala de unas formas, de un estilo apabullante, deslumbrante; Morales es una virtuosa y no se arredra en demostrarlo, en hacer avanzar la narración con variss líneas en paralelo, en dar saltos temporales con seguridad envidiable, en jugar con los cambios de escenario y de actores, en combinar con desparpajo y maestría el lenguaje más coloquial con el más lírico, la acción con la introspección, el erotismo con el humor... Todo un derroche, en suma.

A medio camino entre la tradición picaresca y los Episodios Nacionales de Galdós, entre La colmena y el mejor Eduardo Mendoza, entre la poesía romántica y Siniestro Total, esta novela es una gozada, un verdadero regalo para el lector. Y qué gusto da cuando se encuentra uno.


lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo mejor del 2017, ULAD dixit

Marc Peig dice:

Juan G. B. dice:

Koldo CF dice:
  • Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
  • Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
  • Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
  • Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
  • Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
  • Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
  • Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti) 
  • Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
  • Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
  • Propósito 2018: Apuntarme al gimnasio y sacar a Marc del lado oscuro knausgardiano

Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
  • Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
  • Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
  • Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
  • Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
  • Mejor libro de relatos: 'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
  • Peor libro de relatos: 'Alevosías', de Ana Rossetti
  • Mejor libro de historia/pensamiento/política: 'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
  • Mejor libro de arte/estética: 'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
  • Descubrimiento del año: 'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
  • Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
  • Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.

Oriol Vigil dice:
    • Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
    • Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
    • Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    • Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
    • Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
    • Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
    • Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
    • Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
    • Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
    • Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
    • Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.

      Beatriz Garza dice:
      • Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
      • Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
      • Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
      • Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
      • Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
      • Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
      • Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
      • Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica. 

      Carlos Ciprés dice:
      • Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
      • Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
      • Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
      • Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
      • Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
      • Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
      • Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
      • Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.

      Santi dice:

      Francesc Bon opina:
      • He tenido años mejores
      • No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
      • Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
      • Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno":  La uruguaya de Pedro Mairal
      • Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
      • Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
      • Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
      • Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
      • Lista de deseos: tiempo 
      Montuenga dice:

      FICCIÓN:

      NO FICCIÓN:

      miércoles, 19 de diciembre de 2018

      Cristina Morales: Lectura fácil

      Idioma: español
      Año de publicación: 2018
      Valoración: bastante recomendable, si os queréis reír un buen rato; si en cambio pretendéis regalárselo por Navidad a vuestra madre o a vuestro tío que lee el ABC o a vuestra hermana perroflauta o al primo de Badalona que vota a la CUP, poco recomendable...

      Una teoría, con toda probabilidad errónea, de cómo Cristina Morales escribió esta novela: en algún momento se abrió una cuenta de twitter (es de suponer que no con su nombre auténtico) y se puso a petar su TL con todo usuario/a buenista, vegano, neoliberal, podemita, fachilla, feminista de variado pelaje y condición, machirulo, aliado sensible, ácrata, indepe, tabarnés, apóstol de la izquierda verdadera, de la izquierda tricornio, de la izquierda posmo, activista LGTBIetc, ofendidito, hater, intelectual con y sin conciencia política, magufo, terraplanista y seguidor de las teorías conductistas que encontró. Y una vez que le echó un vistazo al panorama, se dijo: voy a chotearme de toda esta gente a base de bien... y a ello se puso con ahínco y ecuanimidad dignas de la mejor causa.

      Para ello, echó mano de cuatro jinetes que, por su condición al margen no ya de toda esta gente que he mencionado, sino de la sociedad en su conjunto, poco reparo podían poner en convertirse en los factótums de este su apocalipsis figurado, en agentes destructores de todo convención social y actitud bienintencionada: cuatro mujeres con discapacidad intelectual -en el libro se emplea para ellas términos de lo más variado, desde el crudo "sunormal" (sic) al eufemismo de "Personas con Necesidades Especiales"- que son parientes entre sí y viven juntas en un piso tutelado de la Barceloneta. Cada una tiene su grado de discapacidad y características diferentes, así como una forma de expresarse en la novela distinta y variada: tanto el monólogo verborreico de Nati, la más leída y politizada, también la más radical -en apariencia-, aquejada  del "síndrome de las compuertas", como las memorias, en forma de libro de "lectura fácil", que escribe su prima Àngels, la mayor y menos discapacitada, se supone. A Patricia, medio hermana de Nati, y en principio la más "convencional" de las cuatro, la conocemos a través de las transcripciones judiciales de sus declaraciones a la jueza que  debe decidir sobre la estirilización de la última de ellas, Marga, que en cierto modo es la protagonista de la novela o, al menos, el elemento central de la misma, pero de la que sólo conocemos su voz a través de testimonios indirectos. los de sus primas o las actas del Ateneo anarquista al que acude a pedir ayuda para okupar (sí, con K) una vivienda.

      Esta variedad técnica literaria que Morales despliega en esta novela -hay que añadir las páginas de un fanzine titulado Yo, también quiero ser macho, que se incluye hacia la mitad de la misma-, remedando desde el lenguaje oficial hasta el más coloquial o el "políticamente correcto", en sus variadas formas, se ve homogeneizado por un elemento común a toda la novela: el humor. Sí, vale que el libro trata temas espinoso, incómodos y profundos, como la situación de las personas que viven en los márgenes de la sociedad y la actitud que debe tomar ésta hacia ellas, el sector económico-legal-asistencial que se ha desarrollado alrededor de ellas, el libre albedrío frente a la protección social, la libertad sexual y no sólo sexual, la politización como elemento liberador o alienador y, sobre todo, la reivindicación de la individualidad, con todas sus limitaciones y defectos, frente al grupo, castrador por naturaleza, ya se trate de las instituciones oficiales o de la autogestión más o menos dirigida. De acuerdo, todo lo que queráis... pero lo que al final queda de esta novela es, ante todo, que la autora parte y reparte, mientras que tú, lector, te partes, pero de risa. TE PAR-TES.

      Pero no menciono el humor que destila todo el libro como algo banalizador o minimizador de la profundidad de la historia que se cuenta. En realidad, aquí el humor es un elemento disruptivo, perturbador, casi un terrorista infiltrado que dinamita todo el discurso aceptado y aceptable, tanto el de la "asistencia social" como aquellos pretendidamente rupturistas, como el anarquista o el cupero. Nuestras protagonistas, las primas-hermanas del piso de la Barceloneta, viven al margen de todo esto y ahí es donde quieren quedarse, (unas dando más guerra y otras pasando más desapercibidas, eso sí). Como ha declarado la autora en más de una entrevista, trataba aquí de explorar el discurso del loco, del tonto del pueblo, personajes típicos del imaginario popular, pero poco tratados, o al menos con poco protagonismo, en la literatura (recordemos aquí al "detective loco" de  Eduardo Mendoza, al menos el de sus primera y más vitriólica aparición, en El misterio de la cripta embrujada. Aunque también podemos enlazar a estas personajas, con la tradición picaresca española, la del Lazarillo o El Buscón). En fin, ya se sabe que si hay algo subversivo es el humor, y que los niños y los locos suelen decir la verdad (también es cierto que, si ya cuesta soportar a los tuyos, como para aguantar a los de los demás...).

      El humor, además, cumple aquí otra función, al igual que la variación estilística de que hace gala la, por otro lado, superdotada para estas lides Morales -que no se me olvide mencionar el gran oficio y desparpajo con que despacha las escenas de folleteo-: se trata de dinamizar a una narración que si adolece de algún defecto, es cierto carácter estático; la novela es más una descripción de una situación en un momento determinado que una peripecia, por más que se nos ponga en antecedentes del pasado de las parientas (ya se puede utilizar este término sin que suene despectivo, sino inclusivo, ¿no?) en su pueblo de algún rincón de Castilla o León y, en cuanto al conflicto dramático que subyace en el trasfondo de la historia -la esterilización de Marga-, sabemos de él sólo de forma indirecta. También es verdad que es un estatismo engañoso: semeja, en gran medida uno de los ejercicios de danza contemporánea que realiza Nati, en el que la bailarina (no sé si se puede emplear este término, en este caso) queda a merced de sus compañeros, empujada, acariciada, atenazada o protegida por sus compañeros, sin que su voluntad cuente demasiado. Así también le ocurre a las protagonistas de esta novela; así también el lector que se deje llevar por el oleaje, por el fárrago de risas, indignación e incluso amargura que encontrará en este libro.


      Notas más o menos extraliterarias: Con permiso, hay dos puntos que quisiera comentar. Por una parte, el de la cubierta del libro, que si bien tiene su explicación dentro del mismo e incluso cierta gracia, es horrenda, lo siento...
      Por otro lado, creo mi deber avisar a cualquier futuro lector o lectora de esta novela que en el fanzine que forma parte de la misma y que ya he mencionado, se incluye una entrevista, con foto y todo, al ya casi omnipresente Juan Soto Ivars... ¿Era necesario, Cristina Morales? ¿De verdad?


      Otros títulos de Cristina Morales reseñados en Un Libro AL Día: Terroristas modernos

      viernes, 15 de diciembre de 2017

      Roberto Saviano: La banda de los niños

       Idioma original: italiano
      Título original: La paranza dei bambini
      Año de publicación: 2016
      Traducción: Juan Carlos Gentile Vitale
      Valoración: Muy recomendable

      Mártires del Compás es un grupo musical que hace flamenco-fusión o algo parecido cuyo nombre siempre me ha hecho gracia, por lo original y certero: hasta donde yo sé (que no es mucho), en la música flamenca no hay peor pecado que perder el compás, precisamente. Y cada vez estoy más convencido de que lo mismo ocurre en la literatura; en la narrativa, al menos: un escritor puede hacer lo que quiera con sus personajes, con la trama, recrearse en descripciones o digresiones sin fin, permitirse experimentos modernuquis, cambios de ritmo (que no es lo mismo que el compás, aunque a los legos en música nos cueste entender la diferencia), lo que sea... pero, si equivoca el compás, si se trabuca en esto tan básico, está perdido. Dominarlo y manejarlo con soltura es algo fundamental, creo yo, para que una historia pase a ser una buena historia, una novela se convierta en una gran novela.

      Algo en lo que, desde luego, destaca Roberto Saviano -posiblemente de una forma instintiva y no adquirida, pues ya ocurría en su debut literario, la celebérrima Gomorra-; esta La banda de los niños se diría que avanza a golpe de palmas y cajón flamenco. O quizás al de la caja de ritmos de un gangsta-rap, más adecuado para contar la historia -basada en un hecho real y todo eso-, de un grupo de chavales que, a lomos de sus scooters, como unos modernos forajidos, se hacen con el control criminal del centro de Nápoles, aprovechando una grieta del Sistema, un inusual vacío de poder que a ellos les sirve para eclosionar, cual unos Podemos de la Camorra. Chavales muy jovencitos pero despiadados, que no dudan en recurrir a los métodos más expeditivos; de hecho, su líder, Nicolas el Marajá, es un auténtico psicópata, amén de un macho alfa obsesionado con el poder. Un animal político, por otra parte: lo único que le interesa de la escuela es la lectura de Maquiavelo. Los demás miembros de la banda -Dientecito, Briato', Dragón, el pequeño Bizcochito...- aun siendo también bastante animales de bellota, le van a la zaga por varios cuerpos; en todos ellos, en cambio, lo que mueve su emergencia juvenil no es tanto la ambición ni, desde luego, la miseria, sino la borrachera de formar parte de un grupo, de seguir a la jauría (iba a utilizar un sinónimo, pero ya me da asco hasta la palabra), de rebozarse juntos en la violencia, ya sea en la vida real o en los videojuegos; en  las películas de gángsters o en el sexo aprendido en Pornhub. Aunque, al fin y al cabo, se trata de la historia más vieja que existe: el hijo, los hijos, que se rebela contra el padre -literal y metafóricamente, aquí-; Lucifer que se enfrenta a su Creador y se convierte en el Ángel Caído  -una referencia que sospecho Saviano ha tenido en cuenta, como apreciarán quienes lean la novela-, que también debe tener aspecto de niño, por qué no...

      La novela remite también, inevitablemente, al libro que sirvió de presentación -y de qué manera- a este autor napolitano; ahí está el background de La banda de los niños, el poso, el mantillo del que surgen estas flores del mal que son el Marajá y sus colegas... Tampoco puedo dejar de acordarme de esa otra estupenda historia de Giancarlo De Cataldo que es Una novela criminal, sobre la banda de la Magliana. O incluso la narrativa de Bret Easton Ellis. Pero quizás sean más bien las referencias cinematográficas las que, de forma inevitable, acuden a la mente al leer este libro: por supuesto, Uno de los nuestros está presente o El precio del poder. O esa filigrana de relojería que es Un profeta, de Jacques Audiard. Y, desde luego, también recuerda a La naranja mecánica, aunque, a diferencia de Álex y sus drugos, estos niños de Forcella no se mueven, o no sólo, por un impulso nihilista. De hecho, lo más perturbador de toda la novela, más todavía que la minoría de edad de esta banda de traficantes, asesinos y hasta terroristas, resulta el hecho de que representan al Caos que acaba con el Orden, sí, pero también al Nuevo Orden (las resonancias fascistas de este concepto tampoco son desdeñables) que sigue al Caos. Y ya sabemos que todo orden, pero más aún el que quiere imponerse, puede ser terrible.


      Otros libros de Roberto Saviano reseñados en Un Libro Al Día: Gomorra, Lo contrario de la muerte, CeroCeroCero, La belleza y el infierno