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domingo, 30 de septiembre de 2018

Leonardo Sciascia; El mar color de vino


Idioma original: Italiano
Título original: Il mare colore del vino
Año de publicación: 1973
Traducción: Juan Manuel Salmerón Arcona
Valoración: Muy recomendable

¿Por qué nos gusta tanto Sciascia? Repaso las entradas que este blog  dedica al escritor siciliano y encuentro hasta una decena, cargadas de elogios, reconocimiento de bondades y entusiasta recomendación. Y desde luego no seré yo quien vaya a desmarcarse de esta respetabilísima tradición. Pero, ¿por qué nos gusta tanto Sciascia? Podría irme por los cerros de Úbeda y soltar alguna ocurrencia del tipo por que todos los mediterráneos somos sicilianos. Proclives a buscar refugio en una sombra y verlas pasar, bla bla bla…

Pero no. Hay algo más hondo. Más sustancial. Los libros de Leonardo Sciascia (1921 / 1989) cuentan, casi exclusivamente, historias sicilianas y para nuestro autor Sicilia era una excelente unidad de medida de lo universal. Sin ápice de ombliguismo ni asomo de aldeanismo. Pero lo que ciertamente fascina de Sciascia es el rigor, la pulcritud de los argumentos, la exigencia a motivos y razones, la capacidad para pensar, para desnudar y (re)vestir ideas, comportamientos, actos y roles. O sea, para desmenuzar la condición humana con lucidez y agudeza. Por eso (creo) nos gusta tanto, y nos da lo mismo acabar de leer sus libros sin saber quién ha dado la orden, quién puso su pulgar hacia abajo, por que eso –como buenos sicilianos- no hace falta que nos lo cuenten, ya lo sabemos, estamos debajo de la sombra viéndolas pasar…. Lo que interesa es cómo sobrevivimos o cómo –casi siempre- somos manejados, dominados, toreados. Sometidos. Casi siempre.

El libro recoge trece relatos publicados en revistas y publicaciones varias entre 1959 y 1972. Destaca, por supuesto, la proverbial contención del autor; si el asunto puede ser bien contado en diez páginas, no son necesarias ni doce ni once. De los relatos aquí reunidos me parecen magníficos el que da título al libro, en el que un ingeniero peninsular emprende viaje en tren de Roma a Sicilia donde coincide en el compartimento con una familia siciliana –amor a dentelladas- que le dan un trayecto del que no conseguimos saber si le resulta sublime o terrorífico, o ambas cosas a la vez; la ironía resplandece con el mismo brillo que el sol del amanecer sobre el Jónico cuando el tren reinicia su andadura por el lado insular del estrecho de Messina.

En La retirada se pone a prueba el dogmatismo y la fe de aquellos militantes comunistas que recriminaban a sus esposas la devoción en santos milagreros y vírgenes protectoras mientras caían en la misma fantasía aunque su ídolo fuese un orondo y bigotudo soviético. En Un caso de conciencia vuelve a aflorar ese empacho de narcisismo y temerosa vergüenza al que dirán revestido de honor que tanto impregna y motiva al macho siciliano y a ese escozor que se percibe en la frente cuando surgen los cuernos, y que es uno de los grandes asuntos de la literatura del país. Y aquí es imposible no acordarse de los textos que componen el Tríptico siciliano de Vitalino Brancatti, uno de los referentes fundamentales en la formación como escritor de Leonardo Sciascia.

Otros relatos, como Juicio por violación o Eufrosina o El largo viaje, desprenden un aire como de crónica social, de retrato de un tiempo desde una cercanía sentimental que, aún así, prescinde por completo de la autoindulgencia que les haría caer de cabeza en el costumbrismo. Algunos, en fin, son un ejercicio divertido y sagaz de sacar punta a la relación entre los poderosos y las gentes de a pie, como en Reciprocidad, Western de “Cosa Nostra” o Giufà, donde la asimetría del trato entre los encaramados a la cúspide social y los que deambulamos por su base no deja de ser una arbitraria distinción frente a la simetría en la capacidad de pensar y desenvolvernos que a todos nos es propia y que convierte a quienes pululan por estos relatos en personajes de la negra comedia de la vida bajo el inclemente sol mediterráneo. Por eso siempre hay que volver a Sicilia. Y releer a Sciascia.

lunes, 29 de junio de 2015

Leonardo Sciascia: El caballero y la muerte

Idioma original: italiano
Título original: Il cavaliere e la morte
Año de publicación: 1989
Traducción: Ricardo Pochtar
Valoración: Muy recomendable

El caballero, la muerte y el diablo es posiblemente el grabado más célebre de Alberto Durero (no estoy seguro, porque en el que dedica a la visión de San Eustaquio aparece un ciervo con un crucifijo en la testuz, similar al de las botellas de Jägermeister, así que nunca se sabe...): en él aparece un ritter medieval, montado a caballo. con su armadura y su lanza; junto a él, una especie de esqueleto barbado que le muestra un reloj de arena -obviamente, la Muerte- y otro ser, entre monstruoso y grotesco, que representa al Diablo. Este grabado, amén de proporcionar el título a la novela, es el leit-motiv que recorre toda esta historia escrita por Leonardo Sciascia, la penúltima que escribió, de hecho -la última fue Una historia sencilla -, antes de morir.
De la misma forma que se enfrenta a la muerte el "caballero" protagonista de la novela: el Vice, un oficial de policía enfermo de cáncer que ha de resolver el asesinato de un importante abogado, en una ciudad italiana sin identificar (por ciertos datos, podría ser Turín). Un crimen cometido, aparentemente, por un supuesto nuevo grupo revolucionario que se hace llamar "Los hijos del 89"... aunque el caso está enturbiado por la implicación en él del Presidente, no de la República Italiana, sino de las Industrias Reunidas, alguien que parece ser incluso más poderoso... El personaje del Vice, por otro lado, no tiene nada que ver con el tópico policial; más bien resulta ser un trasunto del propio Sciscia: siciliano, exquisitamente culto y erudito, dado a la reflexión, al apunte filológico o histórico, incluso a filosofar....un personaje contado con una elegancia que se extiende a todo el texto, y por supuesto, al estilo con que está escrito. Elegancia que es marca de la casa, como ya sabrán sus lectores.
Por supuesto, El caballero y la muerte, novela a la que el autor puso el subtítulo de sotie ("tontería" en francés, pero también  farsa o sátira teatral), guarda un carácter de alegoría irónica y hasta sarcástica, en ocasiones. Recordemos que Sciascia no sólo fue un escritor siciliano que denunció los tejemanejes de la mafia de su tierra, conchabada con el poder político y económico; también ejerció como político en los años "de plomo" en que Italia se vio envuelta en la llamada" estrategia de la tensión", con grupos terroristas, tanto de la extrema derecha como de la izquierda, actuando a veces por motivaciones poco claras y con la intromisión de los servicios de inteligencia o de -otra vez-los poderes políticos y económicos (de hecho, Sciascia fue unos de los parlamentarios de la comisión encargada de dilucidar  el asesinato de Aldo Moro). De ahí que tuviera una opinión bastante desconfiada sobre lo que pudiera ocultarse detrás de este tipo de organizaciones, como ya dejó ver en una novela de 1971, El contexto.
El caballero y la muerte no es una novela policíaca redonda. No es tampoco -creo yo- la mejor novela de Sciascia: se me ocurren como obras mejor acabadas El consejo de Egipto o El día de la lechuza, por ejemplo. Y aunque aquí este escritor sí se explaya, en gran medida, sobre sus pensamientos y observaciones sutiles, no es tampoco, ni mucho menos, el único libro donde plasma todo su escepticismo humanista, su visión de la sociedad en la que le había tocado vivir. Pero sí que es, desde luego, su libro más conmovedor y emocionante, más comprensivo y compasivo. y eso, tratándose de Leonardo Sciascia, no es poco, precisamente.


Otros libros de Leonardo Sciascia en Un Libro al DíaEl archivo de EgiptoMuerte del InquisidorUna historia sencillaPuertas abiertasActas relativas a la muerte de Raymond RoussellLos apuñaladores

viernes, 22 de marzo de 2013

Leonardo Sciascia: Muerte del inquisidor

Idioma original: italiano
Título original: Morte dell'Inquisitore
Año de publicación: 1964
Valoración: Muy recomendable

Leonardo Sciascia (que se pronuncia, más o menos, como "Shasha") es una figura interesante de la literatura y la cultura italiana de la segunda mitad del siglo XX: profesor, periodista, político (famoso por sus discursos irónicos, directos, afilados) y escritor de novelas policiacas alejadas de la norma, sin un final cerrado y reconfortante; un escritor que mucho antes que Saviano se atrevió a retratar el mundo de la mafia y sus promiscuas relaciones con el poder político y económico.

Esta Muerte del inquisidor es una obra peculiar, una reconstrucción histórica pero con un inevitable aire de relato novelesco. Recrea, a través de una documentación bastante amplia, el asesinato del inquisidor Juan López de Cisneros a manos del fraile Diego La Matina en 1657, durante el proceso de interrogatorios (léase torturas) a que el fraile fue sometido antes de ser condenado a morir en la hoguera. La obra parte de un misterio casi policiaco: el origen desconocido de la persecución de la Inquisición contra La Matina: ¿quizás algún tipo de herejía religoso-política relacionada con el cuestionamiento de la propiedad privada? ¿Por qué, si era en efecto un hereje peligroso, la Inquisición encarceló y condenó a La Matina a varias penas menores antes de su condenación definitiva?

El "caso" que da origen al texto sirve de punto de partida para la presentación más amplia del régimen de terror implantado por la Inquisición en Sicilia, y en el resto de los reinos cristianos durante varios siglos: un régimen de delaciones, torturas, abusos de poder, brutalidad y fanatismo en el que, viene a decir Sciascia a lo largo del texto, la religión no pasaba muchas veces de una mera excusa para el ejercicio de un poder absoluto y arbitrario. Del mismo modo que el caso de De La Matina sirve para representar a toda la Inquisición, la Inquisición sirve para representar a todas las formas de poder omnímodo e ilimitado, sea cual sea su origen.

La lectura del texto gana con el paso de las páginas: al principio resulta fácil perderse entre la maraña de datos, nombres, fechas y documentos, hasta encontrar el hilo central que guía la historia. Después asistimos fascinados (con una fascinación algo morbosa, es cierto) a la representación de los terrores de las sesiones de tortura y las iniquidades de un sistema seudo-judicial sádico y corrupto.

Por cierto que el traductor de la obra, Rossend Arqués, merece una mención especial por su trabajo en la traducción de los fragmentos de documentos de los siglos XVI y XVII, en los que ha hecho un esfuerzo por reproducir la distancia gráfica y gramatical del original italiano, imitando la ortografía vacilante del español de la misma época. Probablemente un experto en historia de la lengua española pondría algunos reparos a algunas de las soluciones adoptadas, pero para el lector no especialista el efecto está muy bien conseguido. Algo menos mérito tiene el corrector ortotipográfico del texto (cuyo nombre nunca conoceremos) al que se le han escapado algunas erratas molestas (acentos, comas que sobran, espacios que faltan, etc.).

Nota final: Es imposible (para mí, por lo menos) hablar de Sciascia y de sus obras y no pensar en Andrea Camilleri, otro escritor siciliano, admirador de Sciascia para más señas, y que, como él, compagina la escritura de novelas policiacas (frecuentemente muy críticas con el sistema policial, político y judicial) y el compromiso político. De hecho, esta Muerte del inquisidor me ha recordado en cierto modo a Las ovejas y el pastor, una obra igualmente a medio camino entre el ensayo histórico y la novela, y que también reflexiona sobre el poder religioso, su vinculación con los poderes más terrenos y sus consecuencias en la vida social siciliana. La obra de Sciascia, en todo caso, tiene una profundidad y una resonancias más amplias que la de Camilleri.

Otros libros de Leonardo Sciascia en Un Libro al DíaEl archivo de EgiptoUna historia sencillaPuertas abiertasActas relativas a la muerte de Raymond RoussellEl caballero y la muerteLos apuñaladores

jueves, 27 de noviembre de 2014

Leonardo Sciascia: El archivo de Egipto

Idioma original: italiano
Título original: Il consiglio d'Egitto
Año de publicación: 1963
Valoración: recomendable

Leonardo Sciascia es conocido sobre todo por sus novelas policiacas, algunas de ellas ya reseñadas en este blog; sin embargo, más que a un género, a Sciascia hay que relacionarlo con un espacio: Sicilia. (Así entre paréntesis, no está mal la nómina de 25.000 km2: Lampedusa, Quasimodo, Pirandello, Camilleri...). Y en este caso, Sciascia se acerca a este espacio a través del molde de la novela histórica, aunque, como era de esperar, con un toque muy personal.

La trama central de El archivo de Egipto (o El consejo de Egipto, en otras ediciones) es la historia de una falsificación: a finales del siglo XVIII el abate Vella, para poder ascender en la jerárquica sociedad siciliana y obtener reconocimiento y prestigio, altera un manuscrito árabe que narra la vida de Mahoma, para transformarlo en una desconocida historia de Sicilia; animado por el éxito de su empresa, pasa luego a inventar un amplio volumen, también supuestamente árabe, El archivo de Egipto, que permitiría demostrar que los nobles sicilianos han llevado a cabo una tarea secular, casi milenaria, de expropiación de los bienes comunes.

Aunque esta trama es la principal, y la peculiar psicología del abate Vella (ambicioso, manipulador, inteligente, escurridizo) es lo más memorable, los demás materiales literarios añadidos a este tronco principal contribuyen a crear una obra coral, en la que se retrata el conjunto de la sociedad de Palermo, con sus tensiones entre la monarquía renovadora y la nobleza feudal conservadora, entre los primeros iluministas y los guardianes inquisitoriales de la ortodoxia. Así, surge, como único héroe posible de esta historia, la figura del abogado Di Blasi, cabecilla de una revolución fallida contra los poderes establecidos.

Se perciben así en esta novela algunos de los temas permanentes en la obra de Sciascia: la crítica al poder absoluto y al fanatismo, la reflexión sobre el origen de los males de Sicilia o la oposición constante entre fuerzas modernizadoras y tradicionalistas. También hay en El archivo de Egipto un cierto barroquismo en el estilo y en la estructura que son muy propios del autor, que nunca cuenta solo lo que parece estar contando a primera vista. Esto hace que la lectura de El archivo de Egipto no sea necesariamente fácil, pero sí muy rica en interpretaciones.

También de Leonardo Sciascia en Un Libro Al Día: Muerte del inquisidorPuertas abiertasActas relativas a la muerte de Raymond Roussel, Una historia sencillaLos apuñaladores

domingo, 30 de agosto de 2015

Matteo Collura: Sciascia. El Maestro de Regalpetra

Idioma original: italiano
Título original: Il maestro di Regalpetra. Vita di Leonardo Sciascia
Año de publicación: 1996
Traductora: María José Palomero
Valoración: Muy recomendable

El gran Leonardo Sciascia nació en Racalmuto, un pueblo del interior siciliano, de salinas y solfaratas, en 1921, cuando Italia estaba a punto de caer en la época fascista. Creció bajo su yugo y asistió a su declive, a la ocupación alemana y al desembarco aliado en la isla. También a las turbulencias de la posguerra y al hegemonía política de la democracia cristiana. Denunció a la Mafia que dominaba su tierra, gracias a la violencia y a su conchabeo con los mandamases de Palermo y Roma. Vivió en primera fila la confusión de los "años de plomo", las guerras mafiosas que asolaron Sicilia y el nacimiento del movimiento Anti-Mafia. Murió justo antes de que los actores políticos que se habían disputado su país durante décadas (DC, PCI, socialistas...) implosionaran a raiz del escándalo de la Tangentopolis (se libró, al menos, de tener que ver a Berlusconi de Presidente). Fue maestro, editor, concejal en Palermo, diputado nacional, amante de la cultura, tanto italiana y siciliana como europea -sobre todo, francesa y española-, erudito en literatura, lingüística, historia, amigo de escritores ilustres -Calvino, Bufalino-, discípulo de otros -Brancati-, pirandelliano, productor de su vino y su aceite, esposo, padre y abuelo, fino analista de la realidad italiana, coleccionista de grabados... y sobre todo, fue un hombre de letras, escritor de estupendas -y preclaras- novelas policíacas, cuentos bendecidos por el humor y la ironía, penetrantes ensayos; rescató también figuras y sucesos del pasado siciliano -aunque no solo siciliano- sobre los que extendió la luz de su entendimiento y su mirada llena de inteligencia y sutileza. Fue uno de los grandes de la literatura italiana, sin duda.

Matteo Collura traza aquí una biografía ejemplar, perfectamente documentada y estructurada, que recorre desde la infancia y años de formación del escritor siciliano, sus antecedentes familiares, sus amigos, etc... hasta sus últimos años, pasando por aquellos de compromiso político. Y, ante todo, sus libros, de los que hace un repaso pormenorizado y agudo, de la mano -o de la boca- del propio Sciascia. Porque la gran virtud de esta biografía es precisamente que convierte al biografiado en el guía que nos va mostrando lo que ha sido su propia vida. El autor se retira a un lado para cederle la palabra a Leonardo Sciascia, a través de su testimonio, obtenido de diversas entrevistas, libros de conversaciones (estupendo el de Fuego en el alma, con Doménico Porzio) o sus múltiples ensayos en el que nos fue legando su visión sobre numerosos asuntos, contemporáneos a él o pertenecientes a ese pasado que tanto le apasionaba (sobre todo el siglo XVIII, el Siglo de las Luces y de la Revolución francesa, el de Diderot y Voltaire...).

Tampoco se esconden aquí las polémicas que vivió este hombre de letras y de acción, que no huía de ellas, pese a su carácter eminentemente pacífico y para nada pendenciero. Pero era un hombre valiente, como ya demostró sobradamente al ser de los primeros y más decididos denunciantes de la opresión mafiosa que vivía Sicilia. Por eso, seguramente uno de sus momentos más amargos los vivió cuando, a raíz de un artículo suyo sobre el nombramiento del juez Borsellino (más tarde asesinado por la Cosa Nostra), fue acusado por los "fanáticos de la anti-mafia" de cierta connivencia, si no con tal organización, sí con su espíritu -o, cuando menos, de compartir el derrotismo interesado de sus valedores-... ¿A alguien le suena algo parecido? No, claro, en la impoluta democracia española no pasan ni han pasado nunca estas cosas... Otro momento "delicado" de su vida pública ocurrió cuando formaba parte, como diputado del Partido Radical,  de la comisión parlamentaria encargada de investigar el secuestro y asesinato de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas. Sus sospechas y disquisiciones sobre la naturaleza de este grupo le darían -y de hecho, ya le habían dado- para más de un libro.

Una biografía ésta que es, pues, el retrato de un hombre inteligente, lúcido, irreductible en su independencia intelectual; un hombre y un escritor de una pieza que supo mantener su integridad en una época y un lugar complicados para hacerlo, que además supo escribir una buena muestra de magníficas obras, y convertirse en un referente literario y cívico de primer orden. Una muy buena biografía escrita, además, por otro siciliano amante de su tierra y que nos brinda la oportunidad de conocer mejor a ese maestro de las letras que fue Leonardo Sciascia.

miércoles, 29 de julio de 2015

Leonardo Sciascia: Los apuñaladores

Idioma original: italiano
Título original: I pugnalatori
Año de publicación: 1976
Traducción: Juan Manuel Salmerón
Valoración: recomendable

La noche del 1 de Octubre de 1862, trece personas fueron apuñaladas por sorpresa, sin que mediara ningún tipo de riña o amenaza previa, a la misma hora y en distintos puntos equidistantes, repartidos por la ciudad de Palermo. Los agredidos eran personas de diferente edad y condición, sin nada más en común, en apariencia que su conciudadanía y encontrarse a esas horas en la calle. Los agresores, en cambio, sí que parecían cortados por el mismo patrón: iban vestidos de forma similar y también su apariencia física era la misma. Pero tan sólo uno de estos apuñaladores pudo ser detenido en el momento de los hechos: Angelo d'Angelo, un limpiabotas de treinta y ocho años que confesó formar parte de una banda constituida para ejecutar tales hechos; delató a sus compañeros e incluso al instigador de esos actos, que según él era nada menos que el príncipe de Sant'Elia, un rico noble y político siciliano, senador del Reino de Italia y representante en la isla del rey Víctor Manuel II, etc... (aunque quizá no demasiado leal al nuevo régimen; recordemos que esto ocurrió en un momento en el que el Estado de la Italia unificada aún estaba tratando de afianzarse, amenazado en el Sur por las conspiraciones borbónicas...).

Éste es el material a partir del cual Leonardo Sciascia construyó uno de sus libros -habituales en su producción literaria más madura-, en los que parte de un acontecimiento real o un proceso judicial del pasado para desarrollar una investigación a posteriori, que, dada la extrema agudeza y sutileza del escritor siciliano, le sirve para ir desovillando una trama bien enredada -en ocasiones, a propósito- y observar aquellos hechos aplicándoles la lupa clarificadora de los años transcurridos... y de su propia inteligencia, por supuesto. Así hizo también en La bruja y el capitán, 1912+1Muerte del inquisidor o La desaparición de Majorana y también hace en Los apuñaladores, sobre uno de los sucesos más misteriosos aún y más embrollados de la Historia de Sicilia (que no es cualquier cosa...).

Como es evidente, Sciascia no tenía nada de estúpido; tampoco de ingenuo... Este libro apareció en 1976, justo en los años en los que estaba reciente en Italia la llamada "estrategia de la tensión" (una versión imperfecta o más expeditiva de la "doctrina del shock", si se quiere), con la que la extrema derecha -y otros poderes utilizando a la extrema derecha- había tratado de provocar un colapso en la política italiana por medio de cruentos atentados, para precipitar la instauración de un gobierno autoritario neofascista, que frenase al pujante PCI. La respuesta de la izquierda tampoco se quedó atrás y dio lugar a los llamados "años de plomo". Sciascia (que, no olvidemos, además de literato también se dedicó esporádicamente a la política y en aquel momento era concejal en Palermo por el Partido Comunista) vio en aquellos hechos lejanos del ottocento siciliano un antecedente claro de esta "estrategia de la tensión" y también una manera de evidenciarla. Lo que no es obstáculo para que este libro, escrito con la elegancia característica de este autor, sea, además de una pesquisa en el pasado apasionante , una obra literaria estimable yuna lectura de lo más recomendable, sin duda alguna.




martes, 19 de agosto de 2014

Leonardo Sciascia: Una historia sencilla

Idioma original: italiano
Título original: Una storia semplice
Traductor: Carlos Manzano
Valoración: Muy recomendable

Ésta es la última novela (y el último libro) que escribió uno de los grandes de la literatura italiana, Leonardo Sciascia, precisamente entre sus sesiones médicas, cuando ya la enfermedad que padecía le conducía hacia un final inevitable. Se publicó justo antes de su muerte, en 1989.

La historia, de corte policial, en realidad no tiene nada de sencilla, como ya podíamos imaginar: un ex-diplomático siciliano, residente en el extranjero, vuelve un día  a la casa de campo familiar y encuentra algo que no debería estar allí, un famoso cuadro robado años atrás (Sciascia se inspiró en el caso real de una famosa tela de Caravaggio desaparecida en 1969 de un oratorio de Palermo). El hombre llama a la policía, pero cuando un sargento acude al día siguiente, lo que halla en la casa es el cadáver del ex-diplomático, aparentemente suicidado. A partir de la pista que le da un profesor, viejo amigo del finado, el sargento de policía sigue investigando una trama que se va complicando por momentos, a medida que transcurre la novela (y eso que el libro consta de poco más que 70 páginas), hasta llegar al sorprendente final. o quizás sea el final, precisamente, lo que tiene poco de sorprendente, menos aún en un lugar y una época (la Sicilia de los años 80) en donde cualquier cosa parecía posible, incluyendo las actividades criminales de personas poco sospechosas de ellas. 

La sencillez de es ta historia viene marcada, eso sí, por la limpieza y concisión del estilo, admirables. Lo que no impide que el autor demuestre en cada momento su erudición y la distinción característica de su prosa, como sabrá cualquiera que haya leído sus libros. En esta novela, en todo caso, hay alguna diferencia con respecto a otras que escribió en los 60, como El día de la lechuza y A cada cual lo suyo: si en éstas su función principal era la denuncia, aunque fuese una denuncia amarga e incluso desesperanzada, en Una historia sencilla, bajo el evidente escepticismo queda lugar para la esperanza, al menos la que supone la figura del sargento Lagandara. Una esperanza que también, en ese momento y lugar, en Sicilia, era absolutamente necesaria,  por más que recibiese duros golpes no mucho después (uno de ellos, sin duda,  la desaparición del propio Sciascia). 

En suma, una novelita concentrada y deliciosa, magníficamente escrita. Y un buen modo, para quien no lo conozca, de comenzara frecuentar a un autor imprescindible. Y para quien no guste demasiado de las historias de mafiosos y demás, tranquilos: la palabra Mafia no aparece ni una sola vez en todo el libro. No hace falta.

También de Leonardo Sciascia en Un Libro Al Día: El archivo de EgiptoMuerte del InquisidorPuertas abiertasActas relativas a la muerte de Raymond RoussellEl caballero y la muerteLos apuñaladores

domingo, 14 de mayo de 2017

Leonardo Sciascia: Los tíos de Sicilia

Idioma original: italiano
Título original: Gli zii di Sicilia
Traducción: Rossend Arqués
Año de publicación: 1.958-1.960
Valoración: Recomendable


Como se puede ver al final de esta reseña, Leonardo Sciascia es un autor al que hemos dado bastante bola en ULAD. Algo que llama la atención en él es su versatilidad, tanto dentro del propio mundo literario como en sus fronteras: es Sciascia hombre de notable erudición, experto en temas históricos desde el siglo XIX hacia atrás, donde construye algunas de sus tramas, pero tiene la habilidad de combinar y simultanear a veces estas aptitudes con narraciones que caerían en el ámbito de lo que podríamos llamar género policíaco. Algo que recuerda un poco por ejemplo a Umberto Eco.

En esta ocasión tenemos sin embargo algo diferente. ‘Los tíos de Sicilia’ es una de las primeras obras de Leonardo, diríamos una obra de juventud, formada  inicialmente por tres relatos, a los que se añadiría un cuarto en ediciones posteriores.

Se podría elucubrar acerca de quiénes son esos tíos de Sicilia (está bastante claro en los dos primeros relatos, quizá también en el tercero y mucho menos, o nada, en el último), pero me parece más oportuno ir por partes. El libro arranca con ‘La tía de América’, donde se dibuja un pueblo siciliano en los compases finales de la Segunda Guerra Mundial. Desde la perspectiva de un chaval de familia pobre tenemos un retrato de individuos anclados a la tierra para quienes la guerra es un accidente, algo cuyo valor radica en la posibilidad de hacerles salir de la pobreza. Algunos toman partido, otros se muestran indiferentes y no pocos cambian sin pudor de chaqueta esperando colocarse cerca del ganador. En lo que todos coinciden es en la fascinación por América y la expectativa de que con la victoria de los aliados algo de la supuesta opulencia del tío Sam (¿otro tío?) acabe pegándose a la reseca tierra siciliana.

En parecidos registros se mueve ‘La muerte de Stalin’, donde las esperanzas de un tal Calogero se depositan no en América, sino en el líder soviético que da título al relato. Calogero sigue con devoción su trayectoria política y durante años justifica a duras penas sus decisiones, aunque esto le lleve a duros enfrentamientos con sus vecinos y por supuesto con la Iglesia. Stalin es por tanto también ‘lu zi Peppi’, el tío Pepe, el padre del mundo ideal de justicia e igualdad que se está fraguando, una ilusión a la que agarrarse desde una polvorienta aldea del extremo sur de Europa.

Las dos historias rebosan el aire inconfundible del realismo italiano. Uno siente que está viendo una película de Alberto Sordi o de Vittorio de Sica: chicos vivaces, mujeres malhumoradas, hombres que discuten de política de forma apasionada, viejos socarrones que se limitan a jugar y charlar en la taberna, curas iracundos. Mucho humor ácido, personajes ridículos pero profundamente humanos, gente en la que la esperanza parece una broma.

‘El quarantottu’ (barullo, follón) se mantiene obviamente también en Sicilia, pero cambia el decorado a un siglo antes, durante los episodios revolucionarios de 1.848. Aquí los estamentos sociales son todavía más nítidos, y por encima de los demás emergen los personajes de un barón, enredado en un notable lío de faldas, y el obispo, celoso de los bienes de la Iglesia (o de los suyos propios, que viene a ser lo mismo). Metidos nobles, clérigos y pueblo llano en confusos acontecimientos sin un rumbo político definido, los potentados maniobran con habilidad, resueltos a conservar sus privilegios, olvidándose de sus principios en cuanto se vea la necesidad. La sátira es feroz y el relato resulta tronchante, aunque desde el punto de vista literario el argumento resulta más endeble, quizá por abarcar un periodo demasiado largo y acumular multitud de sucesos.

Como decía al principio, el último relato, ‘El antimonio’, se añadió en ediciones posteriores, y está claro que no guarda demasiada relación con los demás. En esta ocasión nos encontramos en la Guerra civil española, a donde el protagonista ha llegado integrado en las tropas enviadas por Mussolini. Una vez más, su única intención es escapar de la pobreza y, en paralelo al primer relato, buscar una oportunidad para huir a América. Sin embargo, se verá inmerso en la brutalidad de una guerra que poco a poco empieza a percibir desde enfoques diferentes a los que traía. En realidad, ‘El antimonio’ no cuenta exactamente episodios de la guerra, sino que pronto adquiere un tono ensayístico, el argumento desaparece bajo las reflexiones que el protagonista va desarrollando a partir de lo que vive en primera persona. Se diría que es la voz de Sciascia la que va descubriendo lo absurdo de la situación: es una guerra de clases, y por lo tanto nada pinta un italiano pobre luchando contra españoles pobres.

De manera que no es fácil encontrar un denominador común a las cuatro historias. Si acaso, la voluntad de retratar a esos sicilianos ‘que no se agitan, que se reconocen por dentro y sufren en silencio, pobres que nos saludan con gesto cansado, como desde la lejanía de siglos’. Esa imagen la encontramos a lo largo de todo el libro, es lo que se oculta detrás del humor dislocado, de esas esperanzas depositadas en cosas lejanas o absurdas, en mitos americanos o rusos, en la huida de esa tierra que parece retenerles como un imán. Y sin embargo, no nos transmite desánimo ni pesadumbre: los sicilianos pasan penalidades, anhelan un mundo mejor, pero no parecen haber dejado de disfrutar de la vida.

Otras obras de Leonardo Sciascia en ULAD: Aquí

domingo, 12 de mayo de 2013

Leonardo Sciascia: Puertas abiertas

Idioma original: italiano
Título original: Porte aperte 
Año de publicación: 1987
Valoración: Recomendable

Tengo la sensación de que las novelas de Leonardo Sciascia (aunque solo he leído dos, y por lo tanto estoy extrapolando) no pueden calificarse propiamente de novelas policiacas, sino más bien de novelas políticas con una excusa policial. No son, desde luego, novelas policiacas al uso, ni del género whodunit ni hard-boiled, y el "caso" policial es en realidad una excusa para reflexiones de mayor calado, basadas en la realidad siciliana pero aplicables al resto de Italia y del mundo.

Ese es, por lo menos, el caso de Puertas abiertas, una novela aparentemente inspirada en un caso real. Como en toda novela policiaca, hay un crimen: en 1937, en pleno auge del fascismo de Mussolini, un hombre asesina con premeditación a su mujer, al jefe que lo ha despedido y a la persona que ha ocupado su cargo; pero este crimen es únicamente el origen, no el núcleo de la novela. En realidad, el personaje central es el juez ad latere del caso, que sabe que el acusado es culpable -así lo ha confesado el propio reo-, pero que debe decidir si le aplica la pena de muerte, como quiere todo el lobby jurídico y político, o si, de acuerdo con sus convicciones, lo condena "solo" a cadena perpetua.

Sciascia, como hacía en Muerte del Inquisidor (aunque en un género textual distinto), utiliza por lo tanto el caso puntual como origen para una reflexión, densa y demorada, sobre el poder, la justicia, la dignidad y la honestidad en medio de un ambiente corrupto que clama pidiendo sangre: prensa, abogados, políticos, policías y el conjunto de una sociedad anestesiada que viste la escarapela del fascismo aunque no crea en él. En una Italia en la que, según la propaganda oficial, "se duerme con las puertas abiertas", la realidad es que todo el mundo tiene miedo de todo el mundo, y la lealtad a unos principios puede costar cara.

Traducción de Ricardo Pochtar.

Otros libros de Leonardo Sciascia en Un Libro al DíaEl archivo de EgiptoMuerte del InquisidorUna historia sencillaActas relativas a la muerte de Raymond RoussellEl caballero y la muerteLos apuñaladores

lunes, 29 de noviembre de 2010

Leonardo Sciascia: Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel


Idioma original: italiano
Título original: Atti relativi alla morte di Raymond Roussel
Fecha de publicación: 2010 (primera edición: 1971)
Valoración: Muy recomendable

De Raymond Roussel se sabe que fue poeta, novelista, dramaturgo, músico y ajedrecista, y que tuvo gran influencia sobre los surrealistas y los autores de la nouveau roman. También se sabe que dedicó su vida a la escritura y que murió el 14 de julio de 1933 en el Hotel des Palmes de Palermo, aparentemente debido a una sobredosis de barbitúricos. Y digo "aparentemente" porque todas las actas oficiales referentes a su muerte tienen la misma fecha: el 14 de julio, lo que quiere decir que en apenas medio día se encontró su cadáver, se hicieron las pertinentes investigaciones (?) y, sin autopsia de por medio, se dio por válido que la causa de su muerte había sido la ingesta masiva de medicamentos con la intención clara de quitarse la vida.

Treinta y ocho años después, Leonardo Sciascia recupera esas actas y decide investigar concienzudamente los hechos que rodearon la muerte del célebre escritor. La primera parte del libro es la exposición de esos hechos (por ejemplo, se sabía que estaba en el hotel con una mujer que ocupaba la habitación contigua y cuyas declaraciones en relación a Roussel y al momento en que se encontró su cadáver eran contradictorias) y las preguntas que se hace Sciascia al respecto: no queda claro por qué se omitieron (o se pasaron por alto con una desvergüenza sorprendente) ciertos detalles que habrían sido claves para la investigación y que habrían podido desestimar el suicidio como causa de la muerte, por qué los periódicos italianos no hablaron del deceso hasta varios días después, por qué el caso se cerró en apenas medio día en un país en el que la burocracia es excesivamente lenta y cualquier investigación se demora meses innecesariamente, etc.

La segunda parte del libro, escrita por Julio Reija (también el traductor del texto de Sciascia), es un llamamiento a re-valorar el trabajo de este autor italiano, quien dedicó su vida a escribir obras denunciando la manipulación, la desinformación y las mentiras a las que estaba sometido el pueblo por parte de los gobernantes. Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel, por tanto, más que un intento de descubrir qué ocurrió en la habitación 224 del Hotel des Palmes el día 14 de julio de 1933, es una pequeña joya que denuncia las malas artes de las instituciones y el borreguismo al que todos estamos sometidos, y que nos hace pensar si hoy en día esto ha cambiado algo. Desgraciadamente, yo diría que no.

jueves, 12 de julio de 2018

Eduardo Halfon: Biblioteca bizarra

Idioma: español
Año de publicación: 2018 (como libro)
Valoración: recomendable

He de confesar que éste es el primer "Halfon" que leo. Y también confieso (o, mejor, prometo) que no va a ser el último. De hecho, la mayor objección que le puedo poner a este librito de poco más de 100 páginas es que me ha sabido a poco.porque se trata de uno de esos libros misceláneos, una recopilación de artículos y otros textos ya publicados aquí y allá, que sirven de perfecto aperitivo, de entrante para abrir el apetito a obras más extensas y con más chicha (lo que no significa con más sabor) a las que hincarle el diente.

No son muchos los capítulos, pues ya digo que el libro no es muy extenso: seis artículos, en principio variados, pero que tienen en común, de una u otra forma, el veneno inoculado de la literatura, tanto en su vertiente lectora como, en su caso,  en la práctica de la escritura. También la memoria, la personal y la familiar, que, me parece, es uno de los motores que mueven la obra literaria de este autor; de hecho, los vericuetos de la memoria son el tema principal -incluso en su título- de uno de los "capítulos" del libro, La memoria infantil.

Los demás textos, pese a su carácter diverso, ya digo que guardan también una relación entre sí, un hilo invisible que los une y que, sin ceñirlos en exceso, sí que les otorga una cierta coherencia: Biblioteca bizarra, que da título al volumen, es un repaso, con un aire algo calviniano, a una serie de bibliotecas personales que el escritor ha conocido -o incluso de ninguna manera ha podido conocer, como ocurre con la última, La biblioteca mojada-; en algún caso la descripción se hace de las bibliotecas de escritores conocidos: reconozco que cuando leí la que dedica a la de Leonardo Sciascia -o más bien a su colección de retratos de otros escritores-, conservada en la fundación que lleva su nombre, Halfon me ganó para la causa...

Los desechables, el segundo capítulo del libro, se refiere a una reunión que tuvo este autor en una biblioteca de barrio de Bogotá con personas que vivían en la calle y trataban de sobrevivir a ésta y al infierno de la adicicón que les había llevado a ella. Halfon, boy es la rememmoranza de la gestación y nacimiento de su hijo, que el autor entrevivió con la traducción de los poemas de William Carlos Williams, lo que le da pie para una nueva reflexión sobre la creación y sus complejidades, tanto referida a la literatura como a la de la vida de una persona. En Saint-Nazaire el escritor que le sirve para llevar a cabo estas reflexiones es Chéjov, cuya correspondencia estudia mientras se encuentra en esa localidad francesa, al tiempo que contempla el mamotreto de la base alemana de submarinos de la II Guerra Mundial (esas megaestructuras nazis, siempre tan sugerentes...).

Dejando aparte la ya mencionada La memoria infantil, el último capítulo del libro es quizás el mejor de todos: un artículo publicado originalmente en inglés titulado Mejor no andar hablando demasiado, en el que Eduardo Halfon va trenzando la historia reciente de su país, Guatemala, con la suya personal y su descubrimiento tardío y abducción por parte de la literatura. un artículo que avanza con una nostálgica suavidad hasta que Halfon, que como narrador no tiene un pelo de tonto (no va con segundas), de pronto incrementa la tensión hasta terminar con un mazazo que te deja sin respiración, pero, sin dudas con ganas de leer más, mucho más , de este escritor.

Termino ya, tranquilos todos, enlazando con la referencia anterior al gran Sciascia. Porque este librito -de apabullante sobrecubierta, hay que señalar- me ha recordado a alguno de este escritor siciliano, como Negro sobre negro, en el que también se aunaban una serie de reflexiones sobre las sutilezas de la vida o sobre las circunstancias histórico.políticas de su país con otras puramente literarias, de una exquisitez y sensibilidad inigualables. Al menos, para mí como lector, inigualables hasta ahora, que he descubierto a Eduardo Halfon.


Otros títulos de Eduardo Halfon reseñados en Un Libro Al Día: MonasterioSignor HoffmanDuelo

jueves, 27 de marzo de 2014

John Dickie : Cosa Nostra

Idioma original: inglés
Título original: Cosa Nostra
Traductor: Francisco Ramos
Año de publicación: 2006
Valoración: Muy recomendable

            En esta vida, cada cual tiene sus debilidades (por no decigangsters o el supuesto glamour (o falta del mismo) de la “honorable sociedad”, por encima de todo disfruto y admiro el rigor y la inteligencia a la hora de abordar un tema, sobre todo si éste es espinoso, como es el caso. Y rigor e inteligencia es lo que abunda en este libro de John Dickie.
r vicios) y la mía, lo confieso, son las historias de mafiosos, ya sea como tema literario, en formato película o serie de televisión. Ahora bien, por más que me pueda sentir atraído por el morbo de las historias de

            Para ello, el autor echa mano de las herramientas del historiador, más que de las del literato o incluso el periodista (no quiero decir que todos los historiadores hagan gala del mismo rigor, ni tampoco que no lo puedan hacer literatos o periodistas...) a saber: la documentación, la metodología y el sentido común. Y digo documentación porque, si bien es cierto, como comentaba Sciascia, que estamos hablando de una sociedad secreta de carácter criminal que, por su propia naturaleza, no deja ningún tipo de documento interno (a no ser que consideremos como tales los pizzini de Bernardo Provenzano, sobre los que ha escrito Camilleri), sí que existe, casi desde el primer momento de su aparición, en el siglo XIX, abundante documentación judicial (procesos, interrogatorios...), informes realizados  sobre el terreno por expertos, miles de noticias y artículos periodísticos sobre la Mafia, tanto en Italia como en Norteamérica, confesiones de mafiosos prominentes, como Buscetta, entrevistas con algunos de ellos (para los fans de Andrea Camilleri, no perderse el diálogo entre el viejo mafioso Gentile y un joven dutturedu, precisamente sobre lo que significa ser mafioso. No tiene desperdicio) y cientos de libros, entre ellos autobiografías de capos especialmente vanidosos.

            Haciendo gala de un estilo narrativo impecable, Dickie nos va desgranando todos los momentos de la historia de la Cosa Nostra, tanto siciliana como italoamericana (al menos, hasta que ambas se desligaron de forma definitiva), desde su aparición en la Conca d’Oro y Palermo, más o menos al mismo tiempo que el propio Estado italiano, su ligazón con la oligarquía local y su infiltración en los fascios campesinos;  las andanzas de la famosa Mano Negra, el establecimiento en Estados Unidos; la persecución por parte de Mussolini y el prefecto Mori; el post-fascismo y el alineamiento de la Mafia con la DC, el misterio del caso de Salvatore Giuliano, el enriquecimiento por medio del pelotazo urbanístico, en el llamado “saqueo de Palermo” ( ya vemos que en España ni siquiera hemos inventado eso); la eclosión del tráfico de droga a gran escala y el consiguiente desequilibrio de poder, origen de las “guerras mafiosas” de los años 60 y 80, que llevaron al poder en la Cosa Nostra siciliana a los militaristas corleonesi, capaces incluso de enfrentarse con el propio Estado, en vez de colaborar con él, como había hecho la Mafia hasta entonces. También habla de la aparición del movimiento anti-Mafia y de sus contradicciones (que llevaron incluso a cuestionar la honorabilidad de Leonardo Sciascia, uno de los primeros en denunciar en Italia el peligro que era la Mafia, cuando para la mayoría no pasaba de ser un tema folklórico… Esto también nos suena de algo, me temo). Aunque por desgracia, el libro fue publicado justo antes de la detención de Provenzano, el último capo di tutti i capi.

            Dickie rebate también algunas de las “leyendas” más habituales sobre la Cosa Nostra: el origen medieval de la organización (y del propio término “Mafia”), su supuesto "atraso";  su inserción dentro de la tradición y peculiaridad de la cultura siciliana; la ayuda que prestó la organización a las fuerzas aliadas, durante la liberación de Sicilia (y la realidad, una vez más, resulta menos colorista pero más inquietante)…

            En definitiva, una obra de investigación histórica exhaustiva e imprescindible para quien esté interesado en el tema. Y un libro magnífico, que cuenta un relato absorbente, también para quien no esté especialmente interesado. Muy recomendable.

También de John Dickie en ULAD: ¡Delizia!

martes, 11 de junio de 2019

Magius: El método Gemini


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable

Decía Leonardo Sciascia que la mafia es “una asociación criminal con fines de lucro ilícito que se interpone parasitariamente y con medios violentos entre la propiedad y el trabajo, entre la producción y el consumo, entre el ciudadano y el Estado”. De este asunto, el escritor siciliano sabía bastante, al igual que el napolitano Roberto Saviano, que advierte que el cine de Coppola o de Scorsese han ofrecido un relato edulcorado, abrillantado, de este tipo de criminales. ¿Qué empuja al cerebro de un dibujante murciano a meterse en el empeño de querer contar de manera fidedigna la trayectoria de un mafioso neoyokino de siglo pasado? Misterio. Por supuesto desconozco la explicación, pero desde luego reconozco que El método Gemini me ha sorprendido y me ha fascinado.

De acuerdo que el islote de Manhathan y sus aledaños sea quizás el milímetro cuadrado más mitificado del mapamundi y que sus calles, sus edificios, sus barrios, las escaleras, andenes y el plano del metro, sus avenidas, puentes y muelles formen parte de la tarjeta gráfica que llevamos incorporada. Pero que alguien que jamás ha puesto allí los pies le dedique un cómic a esas calles y a los tipos que las infestan y lo haga de manera pulcra, mordaz, veraz y atractiva a mí me resulta definitivamente meritorio. Es así en el caso de Magius, el nombre que Diego Corbalán (Murcia, 1981) tomó prestado del monje miniaturista del siglo X para firmar sus ilustraciones y cómics, género en el que se inició a través de fanzines de black metal a los que siguieron álbumes como Murcia, una corrosiva y desternillante visión de la séptima ciudad más poblada de España en la que el autor insistía en su predilección por diseccionar sociedades y grupos cerrados, secretos, sus formas y rituales y su manera de alcanzar y gestionar el poder y el dominio por la fuerza.

Con estos antecedentes, supongo que poner en el punto de mira el barrio de Canarsie, en Brooklyn, y la vida de Roy Albert deMeo (1942 / 1983) ya puede ser considerado más fácil de entender. El tipo en cuestión, para la ocasión rebautizado como Mickey DioGuardi, tuvo una exitosa trayectoria criminal; en sus inicios trabajó como banquero y a su olfato para invertir en nuevas posibilidades de negocio agregó una genuina falta de escrúpulos así como grandes dosis de crueldad y ambición para labrarse un venturoso porvenir que le llevo a ser captado y promovido por las estructuras mafioso/criminales que dominaban algunos de los sectores más lucrativos de Nueva York. El tipo en cuestión hizo carrera con la sede central de su organización radicada en un bar de su barrio, el Gemini Lounge, dedicada a todo tipo de trapicheos y delitos, como el robo, desguace y exportación de automóviles de lujo, muy en la línea que explicaba Leonardo Scaiscia. Allí puso en marcha y desarrolló hasta la excelencia el que fue conocido como método Gemini, una discreta y eficiente manera de asesinar y hacer desaparecer cadáveres, se calcula que al menos un par de centenares, gracias al aprendizaje en su adolescencia del oficio de carnicero y de la técnica para descuartizar animales.

Pero El método Gemini no cae en el error que señalaba Roberto Saviano porque transmite una sensación pegajosa e incómoda de vísceralidad, de violencia cruda y sistemática, de oportunismo sin escrúpulos y obsesión por el dominio, del lucro por sometimiento y de la ramplonería del poder, de la ostentación de la bestialidad y del orgullo por vínculo de sumisión, de lo miserable de las jerarquías autoritarias y el brillo de la ostentación hortera. Lo hace a través de un dibujo pulcro y depurado pero, especialmente, a través de la opción por los colores primarios –rojo, azul, amarillo- que confieren al relato una atmósfera algo así como delirante, alucinada. Como contrapunto, los diálogos, directos y punzantes, y el desarrollo cerrado de escenas como secuencias narrativas, van aportando matices, detalles, contexto, que dotan a la narración de ritmo, elocuencia e interés. A mí, que tampoco he puesto jamás los pies ni en la Gran Manzana ni aledaños, la novela de Genius me lo ha hecho pasar en grande.




lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo mejor del 2017, ULAD dixit

Marc Peig dice:

Juan G. B. dice:

Koldo CF dice:
  • Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
  • Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
  • Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
  • Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
  • Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
  • Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
  • Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti) 
  • Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
  • Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
  • Propósito 2018: Apuntarme al gimnasio y sacar a Marc del lado oscuro knausgardiano

Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
  • Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
  • Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
  • Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
  • Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
  • Mejor libro de relatos'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
  • Peor libro de relatos'Alevosías', de Ana Rossetti
  • Mejor libro de historia/pensamiento/política'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
  • Mejor libro de arte/estética'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
  • Descubrimiento del año'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
  • Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
  • Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.

Oriol Vigil dice:
    • Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
    • Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
    • Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    • Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
    • Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
    • Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
    • Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
    • Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
    • Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
    • Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
    • Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.

      Beatriz Garza dice:
      • Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
      • Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
      • Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
      • Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
      • Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
      • Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
      • Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
      • Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica. 

      Carlos Ciprés dice:
      • Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
      • Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
      • Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
      • Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
      • Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
      • Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
      • Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
      • Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.

      Santi dice:

      Francesc Bon opina:
      • He tenido años mejores
      • No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
      • Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
      • Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno":  La uruguaya de Pedro Mairal
      • Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
      • Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
      • Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
      • Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
      • Lista de deseos: tiempo 
      Montuenga dice:

      FICCIÓN:

      NO FICCIÓN:

      miércoles, 5 de octubre de 2016

      Adam Foulds: En la boca del lobo

      Idioma original: inglés
      Título original: In the Wolf's Mouth
      Año de publicación: 2014
      Traducción: Irene Oliva Luque
      Valoración: bastante recomendable


      Siento un particular interés por los libros que se desarrollan o tratan de Sicilia, consecuencia, sin duda, de mi admiración por las obras de Leonardo Sciascia y, más tarde, de Camilleri (también, aunque resulte demasiado tópico, por una culpable debilidad por las historias de mafiosos). En este caso, sin embargo, se trata de una novela escrita no por un siciliano ni italiano, sino por un inglés y que, si bien ya no podemos considerar como un "escritor joven" (aunque ésta es una categoría huidiza y cambiante en el mundo de las letras), tampoco tiene demasiadas obras en su haber. Que además, parece conocer o haberse documentado muy bien sobre lo que escribe. una historia que transcurre durante la invasión -o liberación, aunque en la novela se utiliza el primer término, supongo que por fidelidad histórica- de Sicilia durante la II G.M.

      En un un pueblo del interior, cerca de Palermo, concurren, tras ser vencidos los fascistas, una serie de variopintos personajes: un oficial inglés de servicio de seguridad, un cinéfilo soldado italoamercano, un "hombre de respeto" que vuelve al terruño después de haber pasado veinte años huido en Nueva York, una joven y ociosa princesa siciliana, un antiguo pastor, al servicio del padre de ésta... Entre todos tejen una trama aparentemente inconexa, que se va entrelazando de forma discreta según pasan las páginas. Una historia minuciosamente realista y, al mismo tiempo, curiosamente alegórica, como si se tratara de un irónico cuento infantil con, ya digo, princesas, pastores y soldados, pero también brujas o monarcas árabes. Una historia, además, que tiene como tema de fondo el crecimiento, la pérdida de la inocencia (entendida como el resquebrajamiento de los sueños y las aspiraciones que tiene cada cual sobre sí mismo) y el dolor que provoca ésta en muchos de los personajes.

      La novela, digámoslo de una vez, está muy bien; incluso por momentos resulta excelente, no sólo por la nítida prosa que maneja Foulds (sin duda, de lo mejorcito que se escribe hoy en día, en mi opinión), sino, sobre todo, por su sensibilidad y agudeza a la hora de profundizar en el interior de sus personajes, en las honduras de una subjetividad, a veces un tanto absurdas o desconcertantes, que ocultan -u ocultamos- todos. Sin caer, no obstante, en los desequilibrios narrativos que pueden aquejar a la llamada "novela psicológica". En consecuencia, lo peor -o lo mejor-, que puede decirse de la novela de Foulds es que sabe a poco; así como hay novelas que seguramente ganarían con un buen recorte de páginas (todos tenemos alguna en mente), hay otras, mucho menos numerosas, que parecen pedir un mayor recorrido para dar lo mejor de sí. Con una mayor extensión (no me atrevo a decir cuánto más; quizás el doble de páginas o una tercera parte más), creo que En la boca del lobo habría pasado a ser de una buena novela, a una novela memorable, un "novelón" sobre la guerra, la violencia y el poder. También, como ya he señalado, sobre los sueños rotos y los espíritus  agrietados. Y si es posible restañar sus heridas.

      En fin, esperemos a nuevas entregas del talento de Adam Foulds; presiento qeu como escritor, él también tiene que mostrarnos lo mejor de sí.