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domingo, 18 de octubre de 2020

Alexander R. Luria: El hombre con su mundo destrozado

Idioma original: ruso

Año de publicación: 1972

Valoración: Se deja leer (interesante)


Con este título nadie podrá ya decir que no leo libros divertidos, a que no? Pues echen un vistazo a lo que sigue: durante la Segunda Guerra mundial, creo que en la batalla de Smolensk, el soldado ruso Zasetski recibió un balazo en la cabeza. A consecuencia de ello su cerebro se vio afectado de diversas formas que luego comentaré y, tras un periplo por distintos hospitales, pasó a ser atendido por el neuropsicólogo y médico Alexander R. Luria. Este señor, que figura como autor del libro, era por lo visto toda una autoridad en esos extraños campos que estudian el cerebro humano, y publicó un montón de libros al respecto, todos relacionados con distintos tipos de afecciones y sus consecuencias sobre la actividad humana.

Luria tuvo a Zasetski como paciente durante veinticinco años y examinó con detalle las secuelas de su dolencia, lo que sin duda sirvió para profundizar en sus conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro, y los efectos de las posibles lesiones. En este sentido, el soldado debió ser un ejemplo vivo de inestimable valor para ser estudiado, porque el pobre hombre reunía todo tipo de espantos imaginables. Algunos que nos son más o menos conocidos, como la pérdida de memoria a distintos niveles: imposibilidad de retener ideas, nombre de los familiares o del lugar donde vive, utilidad de los objetos cotidianos. Pero también incapacidad para entender preguntas sencillas, pérdida de gran parte del campo de visión y percepción disgregada de las cosas, además de terribles dolores de cabeza, vértigos y sensación de irrealidad. Zasetski ve el mundo fragmentado, distingue las partes de un objeto pero no es capaz de percibir el conjunto y no consigue ubicar las cosas en su lugar, ni siquiera su propio cuerpo: a veces siente que le ha desaparecido la mitad, otras percibe sus extremidades colocadas en formas inverosímiles o en dimensiones desproporcionadas. En ocasiones una nube de fragmentos de algo invade el espacio y hace que desaparezca lo poco que está viendo.

Luria describe la vida de Zasetski como una pesadilla permanente, y su consciencia como una interminable serie de laberintos conectados entre sí. El relato es aterrador por momentos, y las explicaciones técnicas del autor (no demasiadas, algunas con gráficos bastante rudimentarios) sobre las funciones de las distintas partes del cerebro que han resultado afectadas producen una sensación extraña, porque uno acaba pensando si todo lo que consideramos normal (formas, sonidos, relaciones espaciales), nuestras certezas sobre el mundo exterior, no serán a fin de cuentas más que el efecto estándar de un determinado funcionamiento de nuestro cerebro. Si, en definitiva, todo lo que nos rodea será realmente como creemos que es. Pero en fin, quizá no sea más que una elucubración boba bajo la influencia de una lectura perturbadora.

Decía arriba que Luria figura como autor, porque en realidad el libro es en gran parte una especie de diario escrito por el paciente, aunque el científico intercala numerosas anotaciones y, como también he indicado, algunas explicaciones sobre aspectos de la lesión de Zasetski. Resulta también llamativo que una persona con semejante combinación de dolencias cerebrales pudiera escribir algo así. Pero parece ser que este tipo de daños afectan a distintas áreas de una forma muy singular. El hombre era incapaz de leer, apenas identificaba las letras y su vista no le permitía abarcar ni siquiera una palabra entera. Pero por el contrario no había perdido la capacidad de escribir, digamos de forma automática, así que se ejercitaba de esta forma, en parte como terapia, como quien escribe en la oscuridad: no podemos ver lo que escribimos pero la mano es capaz de moverse de forma mecánica para dar forma a lo que pensamos. Así, con un enorme esfuerzo, el soldado fue llenando horas interminables durante veinticinco años hasta llenar ¡tres mil páginas de diario!, de las que afortunadamente apenas solo unas decenas han sido incorporadas al libro.

La verdad es que el carácter espeluznante de las primeras páginas del libro va quedando poco a poco algo diluido. Zasetski insiste una y otra vez sobre sus dificultades para comprender, para expresar ideas o reconocer objetos, se repite bastante, y a Luria los datos que ofrece le deben parecer muy interesantes, pero a nivel del lector profano el texto –aunque bastante breve- pierde parte de la tensión anterior (esto puede entenderse como un comentario morboso, pero es mi opinión como lector).

En todo caso, es la exposición de una experiencia devastadora, la forma en que un hombre ha visto desaparecer el mundo que conocía de un día para otro, aplastado por una realidad incomprensible y, lo que es quizá peor, perfectamente consciente de todo ello. La vida reducida a ruinas desconcertantes, un día tras otro a lo largo de años y más años. Zasetski tampoco vio mermada su capacidad para luchar contra sus nuevas limitaciones, se esforzó hasta el límite para mantener su conexión con la realidad que le había abandonado, y su diario es un testimonio contundente. Pero el daño lo llevaría consigo siempre. Esta vez fue la guerra, contra la que Luria levanta la voz al final del libro, y que tantos otros millones de víctimas de distintos tipos ha dejado a lo largo de la Historia.

P.S: Parece ser que el libro ha vuelto a ser editado en 2010 con el título de Mundo perdido y recuperado. Aun sin conocer esta última versión, y no obstante su cuestionable título, no dudo en recomendarla por encima de la que yo he leído, una edición argentina cutre de letra minúscula que no me ha puesto las cosas nada fáciles.


miércoles, 4 de diciembre de 2019

Nina Bunjevac: Bezimena

Idioma original: inglés
Título original: Bezimena
Año de publicación: 2019
Traducción: Montse Meneses Vilar
Valoración: inquietante y bastante recomendable (o bastante inquietante y recomendable)

Lo reconozco: hasta donde recuerdo, puede que sea ésta la reseña más complicada, o una de las que más, a la que nme he enfrentado; la de una novela gráfica-fábula para adultos-delicia estética no poco turbadora... y peligrosa. Como la historia me parece un campo de minas y por follonero que sea uno, me gustaría sobrevivir aquí en este vuestro blog amigo, me voy a limitar a enumerar cosas que se pueden encontrar en este libro, y luego cada cual que decida si le interesa o no... o si se atreve: 

-Una diosa vengativa.
-Una sacerdotisa quejica.
-Una anciana poco paciente.
-Un niño perturbado por la sensualidad femenina.
-Unos padres amantísimos.
-Unas pesadillas mitológicas.
-Unos osos polares.
-Un ciervo perseguido por los perros.
-Un búho fisgón.

-Unas fases de la luna.
-Unos dibujos pornográficos.
-Unas paredes llenas de ojos.
-Una vulva por ventana.
-Una mansión en el bosque.
-Una carbonera recóndita
-Una escalera contra un balcón.
-Una cabaña llena de secretos.
-Un sombrero acusador.
-Unas fotos implacables.
-Una lección impartida.
-Un trazo vigoroso pero exquisito.
-Una riqueza gráfica indiscutible.
-Un prodigio de tramas, luces y sombras.
-Una historia complicada.
-Un problema para el reseñista.



Tampoco os quiero dejar así: me doy cuenta de que esta lista de elementos lo mismo podría servir para un novela basada en los cuentos de los hermanos Grimm que para una distopía ciberpunk con toques surreales; así que quizás deba explicar un poco lo del campo de minas, etc... Pues bien, la intención de esta autora serbio-canadiense (o viceversa) fue, además de llevar a cabo una curiosa inversión del mito de Artemisia y Siprestes, a quien la diosa conviritó en mujer como castigo por haber intentado violarla, realizar un inmersión en la mente, precisamente de un obseso sexual, un voyeur, acosador y, a la postre, violador -como poco-... Es decir, meternos en sus fantasías, en su distorsión de la realidad, aunque al hacerlo, también nos convirtamos en partícipes de ella, asistentes fascinados a un despliegue de un erotismo que, guste más o menos (hay un juego equívoco también en todo esto), seguro que no deja indiferente a nadie... ¿Nos hace cómplices de la perversión, por tanto, el hecho de ser lectores de la misma, y en consecuencia, también voyeurs? ¿En qué punto el juego de cajas chinas o de matrioshkas en el que aceptamos participar al ser lectores o espectadores de una ficción nos convierte también en creadores y no meros espectadores o lectores, y por ellos coresponsables de lo que leemos u observamos? ¿Y en la ficción existe alguna obligación de guardar esa responsabilidad? ¿Se trata, por ejemplo, esta obra de una apología de la violación o de todo lo contrario? ¿Somos nosotros cómplices de esa apología o precisamente todo lo contrario, al leerla? ¿Son todo esto elucubraciones absurdas, pajas mentales que se le ocurren a un reseñista cuando no sabe como acabar una reseña incómoda? Yo digo: SÍ, SIN DUDA.

Pero cuidadín, que os estaré vigilando...



Otros títulos de Nina Bunjevac reseñados en Un Libro Al Día: Patria

domingo, 22 de septiembre de 2019

Hannes Råstam: Thomas Quick: cómo se hace un asesino en serie


Idioma original: sueco
Título original: Fallet Thomas Quick: att skapa en seriemördare
Año de publicación: 2012
Traducción: Yeray García
Valoración: más que recomendable

Parece que en los últimos tiempos se ha reavivado el interés popular por los asesinos en serie, tal vez debido a ciertas series y documentales programadas por Netflix (esto lo escribe un seguidor acérrimo de Mindhunter, sin ir más lejos); parece también, por tanto, el momento adecuado para recomendar este libro publicado ya hace unos años por el periodista sueco Hannes Råstam. En él se trata el caso de Thomas Quick, como se conoció durante un tiempo al también sueco Sture Bergwall, quien, a partir de 1992, estando internado en una clínica psiquiátrica y a raíz de la terapia recibida, comenzó a confesar su culpabilidad en diversos crímenes execrables -asesinato, violación, mutilación y canibalismo- cometido durante los 30 años anteriores; en total, se reconoció autor de casi cuarenta asesinatos, por ocho de los cuales fue declarado culpable por los tribunales, siendo considerado además el mayor serial killer europeo hasta ese momento. Pues bien, este pavoroso asesino está hoy en día libre y vive bajo seudónimo en algún país fuera de Suecia. Quizás resida en vuestra misma ciudad y os lo cruzáis todos los días, pensando que es un inofensivo jubilado escandinavo. Quizás sea ese tipo calvo y con gafas que os mira fijamente  mientras vosotros leéis esta reseña en el móvil...

Pues tranquilo todo el mundo, porque eso es exactamente Thomas Quick/Sture Bergwall (o como se llame ahora): un vejete más o menos inofensivo; Thomas o Sture es inocente, al menos de los crímenes que confesó. Todo había sido una trola inventado por este caballero tan locatis y creída -o al menos aceptada- por un buen número de médicos, psicoterapeutas, policías, abogados, jueces, periodistas... Otros, no obstante, se mostraron desde un primer momento escépticos sobre sus revelaciones -empezando por los padres de su supuesta primera víctima- y siempre le consideraron inocente, a la par que mentiroso. El autor de este libro, que era periodista de la televisión sueca, en principio sin una opinión formada al respecto, fue quien, al preparar un reportaje sobre el caso en 2008, consiguió que Sture/Thomas reconociese que todo había sido una invención por su parte. El libro es, por tanto, la crónica de cómo se llevó a cabo la investigación, no para probar la culpabilidad de un asesino, sino su inocencia.

¿Y por qué razón iba a querer alguien, por muy chiflado que esté, autoinculparse de un montón de terribles y hasta horripilantes crímenes? Pues por el motivo más viejo del mundo: para que le hicieran casito. Primero se inventó abusos e intentos de asesinato que habría sufrido por parte de sus padres, para hacerse así más interesante a los ojos de su terapeuta y luego confesó la autoría en uno de los casos de desaparición infantil más célebre de Suecia. La cosa no hubiera salido de la clínica psiquiátrica, tal vez, de no llegar a oídos de la policía y luego de la fiscalía, por lo que Quick, ante la tesitura de tener que retractarse, decidió tirar para delante y confesar no sólo ése sino otros asesinatos sin resolver -que le fueran aumentando la medicación, a la que era adicto, también tuvo mucho que ver-; ya sea por su interés particular o por incompetencia propia de un país bananero, psicoterapeutas, fiscal, policías, abogado defensor... todos le siguieron el juego y fueron hacer crecer la bola de nieve del "peor asesino en serie de Suecia".

De todas formas, lo más llamativo del asunto Thomas Quick, no es lo ñapas que pudieron ser algunos psiquiatras, policías, etc... suecos, ni siquiera en el caso de que su intención fuera cargar el mochuelo a un inocente -por más que él fuera quien se incriminara a sí mismo, a partir de cierto momento aquello era una verdadera encerrona- o, lo que es más probable, sacar algún partido en sus carreras profesionales (por cierto, que si algunas medidas que se tomaron sobre el paciente eran muy cuestionables sabiendo que era inocente, otras resultan totalmente increíbles si pensamos que podría haber sido culpable); es cierto que uno de queda atónito al leer como de van acumulando desafuero tras desafuero, sí, pero la manipulación de pruebas, interrogatorios o testimonios no es algo nuevo bajo el sol procesal, por desgracia. Lo impactante en último término, por diferente, de esta historia es darse cuenta cómo todos o muchos implicados acabaron sucumbiendo al poder de la ficción: la que se inventó en un primer momento Thomas Quick, pero que después es retroalimentada, en un demencial bucle que parecía no ir a tener fin, por la ficción que van pergeñando quienes se ocupan de su caso -tanto criminal como psiquiátrico- y a la que el paciente se va adaptando como nuevo Zelig. De hecho, justo estos días se ha estrenado en Suecia una película basada en este libro de Råstam, titulada Quick, pero cuyo título en inglés es asaz significativo: The Perfect Patient.

El libro resulta aún más interesante además, porque no se trata de la crónica de la captura de un asesino o el trazado de su perfil psicológico, sino de todo lo contrario: la deconstrucción  (más apasionante que su desvelamiento) de uno de estos serial killers. Muchos de los cuales ya han pasado a formar parte de la cultura popular, ya sean personajes reales -Bundy, Dahmer, Berkowitz... o novelescos, como el sempiterno Hannibal Lecter. Ya digo que yo mismo soy muy aficionado a este género de historias, pero también pienso que ojalá incorporemos pronto a nuestro imaginario el caso de Thomas Quick; todos podemos aprender más de él que de cualquier asesino psicópata de tres al cuarto. Por la cuenta que nos trae, además...

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Cristina Morales: Lectura fácil

Idioma: español
Año de publicación: 2018
Valoración: bastante recomendable, si os queréis reír un buen rato; si en cambio pretendéis regalárselo por Navidad a vuestra madre o a vuestro tío que lee el ABC o a vuestra hermana perroflauta o al primo de Badalona que vota a la CUP, poco recomendable...

Una teoría, con toda probabilidad errónea, de cómo Cristina Morales escribió esta novela: en algún momento se abrió una cuenta de twitter (es de suponer que no con su nombre auténtico) y se puso a petar su TL con todo usuario/a buenista, vegano, neoliberal, podemita, fachilla, feminista de variado pelaje y condición, machirulo, aliado sensible, ácrata, indepe, tabarnés, apóstol de la izquierda verdadera, de la izquierda tricornio, de la izquierda posmo, activista LGTBIetc, ofendidito, hater, intelectual con y sin conciencia política, magufo, terraplanista y seguidor de las teorías conductistas que encontró. Y una vez que le echó un vistazo al panorama, se dijo: voy a chotearme de toda esta gente a base de bien... y a ello se puso con ahínco y ecuanimidad dignas de la mejor causa.

Para ello, echó mano de cuatro jinetes que, por su condición al margen no ya de toda esta gente que he mencionado, sino de la sociedad en su conjunto, poco reparo podían poner en convertirse en los factótums de este su apocalipsis figurado, en agentes destructores de todo convención social y actitud bienintencionada: cuatro mujeres con discapacidad intelectual -en el libro se emplea para ellas términos de lo más variado, desde el crudo "sunormal" (sic) al eufemismo de "Personas con Necesidades Especiales"- que son parientes entre sí y viven juntas en un piso tutelado de la Barceloneta. Cada una tiene su grado de discapacidad y características diferentes, así como una forma de expresarse en la novela distinta y variada: tanto el monólogo verborreico de Nati, la más leída y politizada, también la más radical -en apariencia-, aquejada  del "síndrome de las compuertas", como las memorias, en forma de libro de "lectura fácil", que escribe su prima Àngels, la mayor y menos discapacitada, se supone. A Patricia, medio hermana de Nati, y en principio la más "convencional" de las cuatro, la conocemos a través de las transcripciones judiciales de sus declaraciones a la jueza que  debe decidir sobre la estirilización de la última de ellas, Marga, que en cierto modo es la protagonista de la novela o, al menos, el elemento central de la misma, pero de la que sólo conocemos su voz a través de testimonios indirectos. los de sus primas o las actas del Ateneo anarquista al que acude a pedir ayuda para okupar (sí, con K) una vivienda.

Esta variedad técnica literaria que Morales despliega en esta novela -hay que añadir las páginas de un fanzine titulado Yo, también quiero ser macho, que se incluye hacia la mitad de la misma-, remedando desde el lenguaje oficial hasta el más coloquial o el "políticamente correcto", en sus variadas formas, se ve homogeneizado por un elemento común a toda la novela: el humor. Sí, vale que el libro trata temas espinoso, incómodos y profundos, como la situación de las personas que viven en los márgenes de la sociedad y la actitud que debe tomar ésta hacia ellas, el sector económico-legal-asistencial que se ha desarrollado alrededor de ellas, el libre albedrío frente a la protección social, la libertad sexual y no sólo sexual, la politización como elemento liberador o alienador y, sobre todo, la reivindicación de la individualidad, con todas sus limitaciones y defectos, frente al grupo, castrador por naturaleza, ya se trate de las instituciones oficiales o de la autogestión más o menos dirigida. De acuerdo, todo lo que queráis... pero lo que al final queda de esta novela es, ante todo, que la autora parte y reparte, mientras que tú, lector, te partes, pero de risa. TE PAR-TES.

Pero no menciono el humor que destila todo el libro como algo banalizador o minimizador de la profundidad de la historia que se cuenta. En realidad, aquí el humor es un elemento disruptivo, perturbador, casi un terrorista infiltrado que dinamita todo el discurso aceptado y aceptable, tanto el de la "asistencia social" como aquellos pretendidamente rupturistas, como el anarquista o el cupero. Nuestras protagonistas, las primas-hermanas del piso de la Barceloneta, viven al margen de todo esto y ahí es donde quieren quedarse, (unas dando más guerra y otras pasando más desapercibidas, eso sí). Como ha declarado la autora en más de una entrevista, trataba aquí de explorar el discurso del loco, del tonto del pueblo, personajes típicos del imaginario popular, pero poco tratados, o al menos con poco protagonismo, en la literatura (recordemos aquí al "detective loco" de  Eduardo Mendoza, al menos el de sus primera y más vitriólica aparición, en El misterio de la cripta embrujada. Aunque también podemos enlazar a estas personajas, con la tradición picaresca española, la del Lazarillo o El Buscón). En fin, ya se sabe que si hay algo subversivo es el humor, y que los niños y los locos suelen decir la verdad (también es cierto que, si ya cuesta soportar a los tuyos, como para aguantar a los de los demás...).

El humor, además, cumple aquí otra función, al igual que la variación estilística de que hace gala la, por otro lado, superdotada para estas lides Morales -que no se me olvide mencionar el gran oficio y desparpajo con que despacha las escenas de folleteo-: se trata de dinamizar a una narración que si adolece de algún defecto, es cierto carácter estático; la novela es más una descripción de una situación en un momento determinado que una peripecia, por más que se nos ponga en antecedentes del pasado de las parientas (ya se puede utilizar este término sin que suene despectivo, sino inclusivo, ¿no?) en su pueblo de algún rincón de Castilla o León y, en cuanto al conflicto dramático que subyace en el trasfondo de la historia -la esterilización de Marga-, sabemos de él sólo de forma indirecta. También es verdad que es un estatismo engañoso: semeja, en gran medida uno de los ejercicios de danza contemporánea que realiza Nati, en el que la bailarina (no sé si se puede emplear este término, en este caso) queda a merced de sus compañeros, empujada, acariciada, atenazada o protegida por sus compañeros, sin que su voluntad cuente demasiado. Así también le ocurre a las protagonistas de esta novela; así también el lector que se deje llevar por el oleaje, por el fárrago de risas, indignación e incluso amargura que encontrará en este libro.


Notas más o menos extraliterarias: Con permiso, hay dos puntos que quisiera comentar. Por una parte, el de la cubierta del libro, que si bien tiene su explicación dentro del mismo e incluso cierta gracia, es horrenda, lo siento...
Por otro lado, creo mi deber avisar a cualquier futuro lector o lectora de esta novela que en el fanzine que forma parte de la misma y que ya he mencionado, se incluye una entrevista, con foto y todo, al ya casi omnipresente Juan Soto Ivars... ¿Era necesario, Cristina Morales? ¿De verdad?


Otros títulos de Cristina Morales reseñados en Un Libro AL Día: Terroristas modernos

viernes, 11 de diciembre de 2015

Emmanuel Carrère: Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos Philip K. Dick 1928-1982

Idioma original: francés
Título original: Je suis vivant et vous êtes morts Philip K. Dick 1928-1982
Año de publicación: 1993
Traducción: Marcelo Tombetta
Valoración: entre recomendable y está bien; imprescindible para seguidores de Philip K. Dick (o de Carrère)

En este blog somos muy de Philip K. Dick (bueno, en realidad soy yo, que últimamente me ha dado por leerlo) y también somos muy de Emmanuel Carrère (en esto ya somos varios los culpables), así que, ¿cómo no reseñar un libro escrito por uno y que trata sobre el otro? Libro que además tiene el interés añadido de marcar un punto de inflexión en la trayectoria literaria del autor francés: hasta este momento, se dedicaba a la ficción literaria pura y dura; a partir de esta biografía, sus libros (no todos: aún escribió alguna novela "tradicional") se han ido basando, sobre todo, en la observación y semblanza de personajes reales (más o menos célebres, por diversos motivos... o no); también, en su última publicación -El Reino- sobre el nacimiento de toda un religión tan poco "relevante" como es el cristianismo...

Curiosamente, este tema del cristianismo enlaza perfectamente con esta biografía del escritor Philip K. Dick de curioso título (del que, quien haya leído Ubik reconocerá perfectamente su origen)... pero mejor no adelantar elementos del libro... Para empezar hay que reconocer que es una biografía muy bien realizada, más aún por la dificultad inherente al personaje. No me refiero tanto a la falta de documentación o testimonios sobre él, que más bien parecen abundar (para empezar, en sus propios libros, amén de los que escribieron luego varias de las personas que se relacionaron con él), sino porque el amigo Dick, estaba en apariencia, por decirlo de algún modo, no ya como una de las maracas de Machín sino como las dos. Entiendo que tal afirmación parece displicente y sin duda resulta arriesgada, partiendo de alguien que lleva una vida más o menos apacible y que tiene una visión del mundo más o menos convencional. También, que si Philip K. Dick estaba, en efecto como una regadera (no sé si resulta exacto tal símil, de todos modos), tampoco pasa nada: no sería el primero... me refiero al caso de escritores y artistas en general, y además, gracias a eso, sin duda, podemos nosotros  los "cuerdos" disfrutar y asombrarnos con una serie de relatos -novelas y cuentos- que nos abren las puertas de mundos desconocidos y realidades paralelas a la nuestra. De todas formas, aconsejo dos cosas a quien se proponga leer esta biografía: la primera, prepararse por un viaje por la paranoia, la manía persecutoria, el psicoanálisis junguiano, la -casi- psicosis, las drogas varias (curiosamente, no el LSD, que al parecer Dick sólo probó una vez en su vida, pese a ser considerado uno de los autores más "lisérgicos" de los 60), el delirio religioso, la relaciones sentimentales obsesivas...

Por otra parte, recomiendo leer antes que esta biografía, al menos las novelas más destacadas de Dick, para evitar el riesgo, más que cierto, de destripamiento total por parte de Carrère. Y de paso el riesgo, no menos previsible, de condicionamiento en su lectura, pues en la biografía se nos ofrecen muchos datos sobre la concepción y elaboración de tales novelas, señalando elementos e interpretaciones que posiblemente nos pasarían desapercibidos en caso de una lectura anterior -de hecho, yo mismo debería revisar alguna de las reseñas que he escrito en este blog, para ser más riguroso-: en el caso de Dick, su experiencia de la vida alimentaba su obra y viceversa, hasta el punto de que el hombre parece haber acabado inmerso en la trama de alguno de sus libros. Lo que no deja de tener su guasa, tratándose de un autor de ciencia-ficción... Ciertamente, el concepto de "realidades paralelas" o "universos dentro de otros universos" parece que estaba muy presente en la existencia de este escritor.

La biografía, en suma, resulta ser exhaustiva y pertinente, y con mínimas intrusiones de la vida y opiniones del autor, que,a este respecto, se mantiene más apartado que en su posterior Limónov (lo que, en mi opinión, es de agradecer). Todo un viaje, además, por una época apasionante del siglo XX y por la vida y obra de uno de sus escritores fundamentales -al menos a posteriori-; imprescindible para los seguidores de Philip K. Dick y también recomendable para el resto de lectores. Aunque en alguna ocasión, ya digo se sientan tan perdidos como Douglas Quail en Marte o John Anderton investigándose a sí mismo. Si sirve de consuelo, parece que el propio Dick no lo tenía mucho más claro, la mayor parte del tiempo...


Más libros de Emmanuel Carrère en Un Libro al Día: aquí


jueves, 9 de mayo de 2013

Darian Leader: ¿Qué es la locura?

Idioma original: inglés
Título original: What is madness?
Año de publicación: 2011
Valoración: Muy recomendable


Si buscamos la definición de "locura" en el diccionario, veremos que éste nos dice que la locura es la privación del juicio o del uso de la razón. Si la razón, a su vez, se define como la facultad de discurrir, y discurrir es –entre otras acepciones– aplicar la inteligencia, llegamos a la conclusión de la locura es la no aplicación de la inteligencia, lo cual tampoco nos aclara mucho las cosas. ¿Acaso los locos no aplican la inteligencia? Lo hacen, sin duda. Entonces, ¿qué es la locura? ¿Cómo sabemos si una persona está loca? La verdad es que es muy difícil afirmar si alguien está loco o no, pues la mente humana sigue siendo un terreno desconocido en el que queda mucho por explorar.

Darian Leader (célebre psicoanalista, conocido, entre otras cosas, por sus estudios sobre el arte y el psicoanálisis) utiliza este planteamiento como punto de partida de un interesantísimo ensayo con el que pretende tirar por tierra muchos de los mitos y prejuicios que aún tenemos sobre la locura, al tiempo que aporta una nueva visión de las enfermedades mentales y de los tratamientos que reciben los pacientes.

Afirma el autor que muchos de los síntomas que presentan los trastornos mentales (como los delirios, las alucinaciones, las manías, los tics...) son en realidad mecanismos de defensa desarrollados por los enfermos para poder sobrellevar su enfermedad, por lo que la actual clasificación de enfermedades mentales (que se dedica a diagnosticar a un paciente en base a sus síntomas externos) resulta ser inútil. Así mismo, denuncia que el tratamiento más extendido actualmente se limita a la ingesta de fármacos que lo único que consiguen es atontar al paciente y adormecer sus síntomas, de manera que pueda volver a comportarse de forma "normal".

Haciendo continuas referencias a los maestros del psicoanálisis como Lacan o Freud y a su experiencia con diversos pacientes, Leader defiende la técnica del psicoanálisis tradicional (basado en el diálogo habitual con el paciente) y la aplicación de terapias (que no de medicamentos) exclusivas para cada persona, pues sostiene que cada trastorno, como cada paciente, es único, y por tanto necesita un tratamiento individual y adaptado a cada caso. Estas terapias permiten, según el autor, que los pacientes sobrelleven su enfermedad y mejoren notablemente su calidad de vida y la de los que los rodean.

¿Qué es la locura? nos intoduce así en un tema del que no sabemos demasiado, a pesar de lo mucho que nos afecta, y explica de forma amena y con ilustrativos ejemplos diversas cuestiones que todos nos hemos planteado alguna vez, como: ¿Hay que decir que alguien está loco o que se vuelve loco? ¿Son todos los enfermos mentales peligrosos o violentos? ¿Se puede vivir con una persona que no está cuerda?, etc. El autor carece, por supuesto, de varita mágica que aclare todas las dudas existentes o de tratamiento definitivo para todos los trastornos mentales que existen, pero sin duda aporta una visión esclarecedora y consigue que dejemos de lado muchas de las ideas preconcebidas –y negativas– que todos tenemos sobre este tema.

martes, 4 de septiembre de 2012

Oliver Sacks: Un antropólogo en Marte

Idioma original: inglés
Título original: An Anthropologist on Mars
Fecha de publicación: 1995
Valoración: recomendable

¿Un libro plagado de palabros técnicos neuropsiquiátricos puede ser entretenido? Oliver Sacks demuestra que sí. Y no sólo entretenido: cómico, sorprendente, cautivador y emotivo, también. Uno está siempre preguntándose qué puede esperar en la próxima página, y eso, tratándose de libros de divulgación científica, tiene mucho, mucho mérito. Izas ya nos habló de Oliver Sacks aquí (en la que, de hecho, fue su primera entrada en el blog), pero por si acaso recuerdo que lo que hace es presentar casos que se ha ido encontrado en su ya larga carrera como psiquiatra. Escribe de un modo directo, franco, alternando narraciones muy ágiles en primera persona donde cuenta los encuentros con sus pacientes, y explicaciones que ilustran, con economía de medios, el estado científico de la cuestión. Este es el primer libro que leo de él, y entiendo que esta mezcla pueda no ser atractiva para todo el mundo, pero a mí me ha encantado.

En Un antropólogo en Marte, Sacks presenta siete historias principales (entrecruzadas de muchas otras, eso sí). Y digo "historias" conscientemente, y no "casos", porque estas siete vidas se despliegan con tal cercanía y humanidad ante el lector que nunca se tiene la sensación de estar observando la presencia singular de una enfermedad, como si se viera un bicho al microscopio; Sacks se preocupa constantemente por ver más allá de los síntomas (a veces realmente escandalosos) de sus pacientes y llegar a la persona que estos en parte ocultan, pero en parte han contribuido también a conformar. Hay siempre latente una profunda inquietud filosófica sobre el significado último de nuestros conceptos de "salud" e "identidad", a los que el lector aprende a mirar con sospecha.

Un pintor que deja de ver el color, un cirujano aquejado de violentos tics, un ciego al que le devuelven la vista pero que no sabe ver, una persona anclada en los 60... "Siete relatos paradójicos" resulta ser un subtítulo de lo más apropiado. Aprender de la mano de Sacks cómo se las arreglan estas personas paradójicas en el mundo que todos compartimos es una lección apasionante.

También de Sacks en ULAD: MusicofiliaEn movimiento. Una vida

martes, 7 de junio de 2011

Michel Foucault: Los anormales

Idioma original: francés
Título original: Les anormaux. Cours au Collège de France 1974-1975
Fecha de publicación: 1999
Valoración: recomendable

Michel Foucault es uno de los autores más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Sus agudos análisis en torno a la formación de los discursos del saber y su imbricación con los mecanismos del poder son determinantes para entender buena parte de los debates en la teoría política más actual. En términos aún más generales, puede decirse que su obra arrojó una nueva luz sobre el modo en que la subjetividad se construye a partir de complejos procesos sociales. Todo el campo de la teoría queer, por ejemplo, sería incomprensible sin estas aportaciones.

Foucault dio clases en el Collège de France desde 1971 hasta su muerte en el 84. Las transcripciones de sus cursos se recogen en una colección de Akal, uno de cuyos volúmenes es el libro del que os hablo hoy, correspondiente al curso 74/75. Antes de decir nada sobre su contenido, hay que aclarar que Foucault se beneficia póstumamente de un adelanto técnico de los 70: la cassette. Gracias a que existen muchos registros sonoros de sus multitudinarias clases, la transcripción no deja lugar a dudas. No le pasaba lo mismo a Hegel, por ejemplo, algunas de cuyas lecciones cambian, y mucho, según el autor de las notas que se sigan.

El curso en cuestión se centró en la categoría del "anormal", que se sitúa en el quicio entre el Derecho penal y la psiquiatría. Foucault prosigue sus investigaciones en torno a las relaciones entre saber y poder, ocupándose, no tanto de la historia de las instituciones de reclusión (como en Vigilar y castigar), sino siguiendo la evolución de la psiquiatría forense. Al comienzo trae ejemplos de algunos informes periciales, escritos por psiquiatras, en los que se aprecia claramente la voluntad de criminalizar a la persona completa, y no al acto que cometió (como en teoría dicta el Código penal).

A partir de ahí, Foucault se lanza a hacer una genealogía del "anormal", buceando principalmente en dos direcciones: el monstruo y el masturbador. Muestra el deslizamiento del monstruo clásico (mero prodigio de la naturaleza) al delincuente anormal pero corregible, pasando por el monstruo criminal (abuelo de nuestro psycho-killer). La cruzada antimasturbatoria del XIX es explorada en sus intenciones últimas, que apuntan a la constitución de la familia nuclear burguesa. A esto hay que añadir un par de magníficos capítulos sobre la historia de la confesión y la dirección de conciencia.

Se trata de una lectura exigente, desde luego, pero que no requiere grandes conocimientos previos, y que depara el placer de ver cómo Foucault relaciona los temas más sorprendentes con increíble agudeza.

También de Michel Foucault en ULAD: Vigilar y castigar