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jueves, 5 de octubre de 2017

James Ellroy: La Dalia Negra

Idioma original: inglés
Título original: The Black Dahlia
Año de publicación: 1986
Traducción: Albert Solé
Valoración: Muy, muy recomendable


Me voy a permitir comenzar con una boutade, que quizá no lo sea tanto: ojalá James Ellroy fuera vasco o español o al menos estuviese suficientemente interesado en el tema como para escribir una novela sobre el llamado "conflicto vasco" que nos espeluznara y maravillara por igual. Y, sobre todo, mandase a freír espárragos toda esa palabrería interesada y/o tramposa sobre la "batalla del relato".

Dicho esto, toca reconocer que tanto maravilla como repeluzno fue lo que consiguió el señor Ellroy hace treinta años con esta La Dalia Negra. Maravilla por lo bien escrita que está, claro; Ellroy consiguió con ésta una novela negra canónica, utilizando con maestría muchos elementos clásicos del género. El resultado, ya digo, es negro, negrísimo, como el culo de un chipirón... Pero espeluznante, además, porque a la tremenda escabrosidad de la historia que cuenta se le une el saber que está basada en un famosísimo caso real: el 15 de enero de 1947 apareció en un solar de Los Ángeles el cuerpo salvajemente torturado y despedazado de Elizabeth Short, una aspirante a actriz que la prensa bautizó como "La dalia negra". Pese a las muchas teorías y hasta curiosas atribuciones de culpabilidad, el caso sigue oficialmente sin estar resuelto y Ellroy lo aprovechó para construir a partir de él una de sus novelas sobre la culpa y el destino humanos, y sobre la culpa y el destino de su ciudad, (la irónicamente llamada) Los Ángeles. Quien se ocupa de la investigación en ella es Bucky Bleichert, un boxeador que entró en la policía huyendo de ser alistado para la guerra y que forma, junto a su compañero , el también ex-púgil Lee Blanchard y la pareja de éste, la fascinante Kay Lake, un triángulo sentimental que luego convierte en doble triángulo, trapecio o qué sé yo, que soy de letras...

Más allá de la trama detectivesca, sin embargo, La Dalia Negra es, sobre todo, la historia de una obsesión, personalizada en Bucky, pero a la que en su momento sucumbió toda la sociedad californiana y hasta estadounidense. También de la obsesión de James Ellroy, debido a su truculenta historia personal (quién no la conozca la puede leer en el apéndice de la edición de este mismo año de la novela o en otro libro, de título asaz significativo: Mis rincones oscuros). En su caso, pues, está claro que tiene la justificación suficiente e incluso la autoridad moral como para escribir sobre éste o cualquier otro crimen real que le dé la gana... La pregunta que me hago yo, supongo que por mi educación judeo-cristiana, es si como lector tengo derecho a disfrutar tanto de un libro que, después de todo, no habría sido posible sin el sufrimiento extremo de una persona, por más que ocurriese hace 70 años. Y como lector, la respuesta también no puede ser otra que sí: desde el momento en que un escritor se ha apropiado de la historia para elaborar una obra literaria, ésta pasa a ser dominio de la ficción y sólo a los dioses de la misma y a su escurridiza moralidad debemos rendir cuentas. 

En todo caso, si acabamos pagándolo en el Infierno, quizás sea con el señor Ellroy o, al menos, con sus libros (casi mejor).


Otros títulos de James Ellroy reseñados en Um Libro Al Día: Perfidia

domingo, 25 de septiembre de 2016

James Ellroy: Perfidia

Idioma original: inglés
Título original: Perfidia
Año de publicación: 2014
Traducción: Carlos Milla
Valoración: Brutal y muy recomendable (o viceversa)

Pues no. Resulta que en este, por otra parte, inigualable y magnificiente blog de libros  no habíamos reseñado aún ninguno de don James Ellroy, quizás el más grande autor vivo de novela negra. Nunca. Asumo, pues, mi culpa en primer lugar y pido disculpas. El éxito y la vida muelle no pueden hacernos olvidar nuestro sagrado compromiso con los lectores; que ahora escribamos nuestras reseñas desde una lujosa mansión en una isla privada del Caribe no debe ser excusa. Así pues, amigas y amigos seguidoras y seguidores de Un Libro Al Día, aquí tienen por fin una reseña de James Ellroy, esquire de la ciudad de Nuestra Señora la Reina de Los Ángeles y doctor en asuntos sucios de toda índole:

Perfidia -el título original también es así, en castellano- es la última novela, hasta la fecha, de este escritor y la primera de lo que aspira a ser el "Segundo Cuarteto de Los Ángeles". Sus incondicionales seguidores ya lo sabrán, pero para quienes no lo sean -aún-, me explico: existe ya un "Primer Cuarteto de L. A.", que arranca con el caso de La dalia negra, en 1947. El segundo cuarteto, que comienza Perfidia, en realidad vendría a ser, en la ficción, anterior al primero, comenzando cronológicamente en 1941, por lo que ambos cuartetos, junto con la llamada "Trilogía Americana", constituirán al final (al menos tal es el objetivo) una serie de once novelas que abarcarán desde 1941 a 1972; es decir, un gran fresco de 31 años de Historia del crimen y la corrupción norteamericanas, contado con el mejor y más inclemente estilo posible hoy en día. Por supuesto, muchos de los personajes aparecen o aparecerán en ambos cuartetos e incluso en la trilogía. Amén  de los variopintos personajes reales que salen aquí o allá (y que, por cierto, no suelen ser los mejor tratados, precisamente).

¿Qué tal, resulta un poco lioso? Tranquilos, que no es para tanto. Menos aún si se empieza a leer la serie por esta Perfidia, en la que algunos de los más conspicuos personajes "ellroyanos" aparecen por primera vez (aunque, en realidad, no es la primera, sino que... vale,de acuerdo; no voy a reptir todo el rollo de nuevo). La acción de la novela transcurre en diciembre de 1941, cuando EEUU entra en la II Guerra Mundial. Un dí antes del ataque a Pearl Harbor aparecen destripados en su domicilio, en lo que parece un ritual seppuku, todos los miembros de una familia de origen japonés, los Watanabe y el Departamento de Policía de Los Ángeles se pone a investigar el posible crimen -o no crimen-, con la dificultad añadida que supone la entrada en la guerra al día siguiente y sus consecuencias directas en la ciudad: histeria antinipona, redadas en Little Tokyo, oscurecimientos para dificultas ataques enemigos, presencia de submarinos junto a la costa, conatos de revuelta... Además, como hablamos de una novela de Ellroy, las cosas no pueden ser tan simples como la investigación de un crimen, por enigmático o enrevesado que sea; aquí encontramos también policías corruptos y fascistas, políticos aún más corruptos y fascistas, criminales fascistas, espías fascistas, eugenistas fascistas, fascistas a sec... (¿¡pero bueno, en EEUU en 1941 eran todos fascistas, o qué!? Pues según parece, casi, menos Roosevelt y poco más). Vale, no es para tanto: también hay rojos quintacolumnistas, estrellas de cine de variado pelaje, bandas tong de chinos, mafiosos judíos y polis mexicanos... aunque he de reconocer que estos últimos también son bastante fascistas.

En mi opinión, lo mejor de esta novela, además de que Ellroy ha sabido dotarla de un ritmo endiablado, apabullante -casi se diría que uno la va leyendo dopado de benzedrinas, como alguno de los personajes- y del desacomplejadamente ágil dominio del estilo del que hace gala  (inteligente uso del stream of conciousness, por ejemplo, cuando le viene bien hacerlo), es que la indagación detectivesca no recae sólo en un investigador arquetípico, sino que son cuatro los protagonistas que se encargan de ello: Hideo Ashida, inteligente, minucioso y ambiguo criminólogo de origen japonés; la seductora Kay Lake, novia de un agente de policía e inquieta, quizá en demasía, por la necesidad de la aventura; William H. Parker, ambicioso y católico teniente de policía dividido entre sus escrúpulos y sus debilidades; Dudley Smith, sargento de policía irlandés y no menos católico que el anterior, pero casi absolutamente amoral. Encantador, brutal y expeditivo. Según he leído en alguna entrevista a James Ellroy, Dudley es su personaje favorito (y no me extraña, porque es un caramelo para un escritor), aunque yo diría que les trata a todos con el mismo cariño o falta del mismo... Estos cuatro personajes -y no sólo ellos, sino prácticamente todos los que aparecen en la novela-, haciendo honor al título de la misma, nos ofrecen todo un recital de traiciones, asechanzas, rivalidades y felonías de diverso tipo, aunque también, en cierto modo, guarden una cierta extraña lealtad entre ellos. Como copiosa guarnición para la historia, el autor nos ofrece todo un despliegue de violencia -mucha violencia-, sexo -bastante sexo-, alcohol -ídem- y drogas. No hay rock & roll porque en 1941 aún no se había inventado, que si no...

Por resumir la reseña de esta novela de alguna forma, recordaré que en una entrevista a un medio digital español Ellroy declaró: "Me lo he pasado de puta madre escribiendo esta mierda" (suena más fino en inglés, pero no lo es). Yo sólo puedo añadir que lo mismo que  un servidor leyéndola.

Nota: si no he valorado este libro como imprescindible, es solamente por el reparo que me produce su condición -o su pretensión- de ser una parte de un cuarteto, del que aún no sabemos el resultado global. Pero, desde luego, se trata de una novela mucho más que recomendable... Más bien está bordeando el imprescindible. Por no decir chapoteando dentro como un cochino en un lodazal.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

James Ellroy: L.A. Confidential

Idioma original: Inglés

Título original: L.A. Confidential

Año de publicación: 1990

Traducción: Carlos Gardini d'Angelo

Valoración: Muy recomendable

La edición que tengo del Cuarteto de Los Ángeles de James Ellroy es un verdadero tabique de más de mil páginas que reúne las cuatro novelas. Y, como las páginas casi no pesan, apenas terminé El gran desierto seguí de corrido con L.A. Confidential. Debo admitirlo: fue un error.

Aunque sigue la línea de las entregas anteriores: historias atravesadas por crímenes, corrupción y violencia; esta tercera novela marca un cambio de tono importante. Ellroy baja la intensidad de la brutalidad y del vértigo narrativo que había impulsado desde La Dalia Negra y, con mayor fuerza, en El gran desierto. El foco se desplaza hacia las maniobras políticas y la psicología de los protagonistas. Por supuesto, no deja de ser una novela policiaca, con su trama articulada en torno a una investigación criminal, pero la violencia pasa a un segundo plano, como si Ellroy quisiera ensayar un registro más introspectivo y estratégico.

El cambio se refleja también en los recursos narrativos. Si en El gran desierto abundaban las escenas descritas como si fueran tomadas desde la lente de una cámara, reflejo del ambiente hollywoodense donde transcurría la acción; en L.A. Confidential el eje es la prensa sensacionalista. Los capítulos se entremezclan con artículos de revistas de chismes, reportes periodísticos y documentos oficiales, un collage que aporta verosimilitud y acentúa la manipulación mediática que atraviesa la historia.

El propio título remite a una publicación ficticia, Hush-Hush, espejo deformante de los tabloides reales de los años cincuenta (como Confidential). Su editor, con contactos en el Departamento de Policía de Los Ángeles, funciona como engranaje clave: filtra información, fabrica escándalos y utiliza el chantaje como moneda corriente frente a policías y políticos. Uno de los tres protagonistas, Jack Vincennes, no solo colabora con esta maquinaria, sino que la explota para construirse una imagen pública de policía heroico, gracias a sus vínculos con un programa televisivo al estilo de “Chico malo, Chico malo”.

Los otros dos protagonistas forman un contraste que sostiene buena parte del conflicto narrativo. Ed Exley es el trepador impecable, un policía obsesionado con la disciplina y la ambición profesional, dispuesto a sacrificar la lealtad a sus colegas con tal de ascender en la jerarquía. Bud White, en cambio, es un detective impulsivo y violento, marcado por un pasado de abusos, que canaliza su rabia en una cruzada personal contra los hombres que maltratan mujeres. La tensión entre la rectitud de Exley, la brutalidad de White y el cinismo de Vincennes convierte a la novela en un escaparate de tres modos distintos de habitar la corrupción.

Uno de los episodios más impactantes es la llamada “Navidad sangrienta”, una redada en la que varios policías descargan una violencia desproporcionada sobre prisioneros mexicanos (como en otras novelas de Ellroy, ocurrió en la vida real), la cual detona gran parte de la trama posterior. Al mismo tiempo es un claro ejemplo de la moral de toda una institución: un cuerpo policial que se cubre las espaldas a sí mismo y que se fragmenta cuando la verdad amenaza con salir a la luz. Ellroy convierte esa masacre como muestra del racismo estructural, la brutalidad policial y el cinismo político de la época.

L.A. Confidential quizá no posea la misma potencia bruta que El gran desierto (recomiendo tomarse un respiro y dejar que baje la adrenalina tras leer esta última), pero ofrece un retrato más complejo y corrosivo de Los Ángeles como maquinaria de poder, espectáculo y corrupción. 

El único aspecto que creo que puede echar para atrás a muchos lectores, o hacer que dejen el libro sin acabar, es que su lectura exige paciencia (mucha): la trama es intrincada, los personajes abundan y los giros no siempre son fáciles de seguir. Pero, como todo lo que supone un esfuerzo, al terminar el último capítulo uno siente que el esfuerzo ha valido la pena.

Ahora, a darle a White Jazz.

jueves, 27 de febrero de 2020

James Ellroy: Esta tormenta

Idioma original: inglés
Título original: This Storm
Año de publicación: 2019
Traducción: Carlos Milla Soler
Valoración: bastante recomendable (y, sin duda, para los fans)

Última brutalidad, por el momento (*), perpetrada por el señor Ellroy, con todas esas cosas que tanto le gusta meter en sus novelas al viejo Demon Dog: violencia en plan burro, sexo desenfrenado -a veces también a lo burro-, alcohol y drogas por un tubo, polis corruptos a cascoporro, pirados de toda clase y muchos, muchos fascistas, fascistas a tutiplén... Coño, es que aquí hay más fascistas que en un mítin de VOX con barra libre; hasta los rojos que salen son bastante fascistas, no os digo más... También hay un mogollón de personajes -de hecho, el libro incluye al final una sección de Dramatis Personae para no perderse- que que se explayan a lo largo de casi 700 páginas de una trama que se enrosca y se desenrosca, que se ramifica y se poda a sí misma, a una velocidad extenuante. Porque esa es otra: la novela está escrita al ritmo del jazz más sincopado, con la cadencia de una metralleta Thompson que suelta una larga ráfaga de balas hasta que se agota todo el cargador. Pasan tantas cosas en cada uno de sus cortos capítulos que se hace imposible una sinopsis siquiera aproximada, menos aún en una modesta reseña...

Intentémoslo: la novela comienza en la tormentosa Nochevieja del año 41, poco después del ataque a Pearl Harbor -e inmediatamente después de la anterior novela de Ellroy, Perfidia- y la acción se extiende durante los primeros mese del año 42, cuando se temía un ataque japonés al sur de California y los nipones residentes en ese estado fueron recluidos en campos de concentración, por si las moscas. Crímenes que suceden esos primeros meses del nuevo año, más otros que vienen del pasado acaban convergiendo, en las mentes más perspicaces del departamento de Policía, en una trama inestable que arranca -o no- en el robo de un cargamento de oro en el año 31, y cristaliza de forma inaudita en el asesinato de unos polis de dudosa reputación en un tugurio de aún peor reputación en el barrio negro, pasando por el incendio de Griffith Park en 1933. Todo ello aderezado con los supuestos tejemanejes de los quintacolumnistas pronipones, pronazis o prosoviéticos, más la paranoia y la excitación de esos primeros momentos de la guerra en América. Y la presencia como guest stars de famosos de Hollywood como el afamado Orson Welles -éste no le cae muy bien a Ellroy- y Bárbara Stanwyck, entre otros...

¿Cómo maneja James Ellroy todo este quilombo? Pues al igual que hizo en Perfidia, repartiendo el peso de la investigación de los distintos sucesos, y de la propia narración de los mismos, entre varios personajes, en este caso un quinteto compuesto por:
  • Elmer Jackson: poli paleto y cafiche que busca a) desentrañar y si es necesario vengar la muerte de su hermano, delincuente ocasional no menos paleto y b) hacerle alguna jugarreta a Dudley Smith y protegerse por si éste se le adelanta.
  • Hideo Ashida: japo protegido del Departamento de Policía y de Dudley Smith en particular, por su habilidad como forensic. Busca impresionar a D. S.
  • Dudley Smith: poli irlandés corrupto y filofascista, macho alfa (o "chad", como dicen ahora los pobrecicos incels) favorito de Ellroy, se supone... Destinado como oficial del SIS a Baja California para detectar movimientos japoneses y quintacolumnista, allí entra en contacto con los sinarquistas mexicanos, tipejos aún más filofascistas que él, liderados por un tal Abascal (que también manda narices). Busca tenerlo TODO.
  • Joan Conville: oficial de la Marina que, de forma accidental, entra a trabajar para el departamento de Policía, donde subyuga a todo el mundo por su inteligencia, encanto y donosura de pelirroja del Medio Oeste. Busca venganza por la muerte de su padre en un incendio.
  • Kay Lake: abeja reina y metomentodo favorita de Ellroy (comprensible si pensamos que el personaje fue interpretado en el cine por Scarlett Johansson). Busca respuestas y salirse con la suya, básicamente.
Todo esto, ya digo, contado a un ritmo endiablado, absolutamente agotador, pero también electrizante: los capítulos que narran la "Batalla de Los Ángeles", por ejemplo, parecen coreografiar la música de una enloquecida Big Band. Frases cortas, casi telegráficas, en capítulos también cortos... pero que al cabo de unos cuantos, el lector siente como si un boxeador profesional le hubiese dado una paliza, cuando menos a los puntos.

Otro rasgo del estilo, además de esta velocidad y agilidad pasmosas, dignas de un practicante de parkour literario, es el empleo, en apariencia indiscriminado, de, por decirlo así, "términos políticamente incorrectos": aquí los afroamericanos son "charoles" y "tiznajos"; los mexicanos, "cholos", "frijoleros", "espaldas mojadas"; los homosexuales... ya os podéis imaginar. En principio, no deja de ser una forma de ambientar la novela en esos años 40 en los que los epítetos racistas, etc. se soltaban con naturalidad, más aún, es de suponer, por parte de los policías blancos... pero también cabe adivinar una cierta satisfacción en el autor por utilizar un lenguaje que escandalice a las mentes progres bienpensantes. Aunque al profundizar un poco en su narrativa, pronto se da uno cuenta de que su discurso -al menos, el subyacente- es mucho menos racista, menos derechista y machirulo de lo que parece. Ellroy podrá considerarse a sí mismo el último de los escritores "machos", el novelista cargado de testosterona y sin pelos en la lengua que se explaya en tal sentido en sus libros y entrevistas, pero al tiempo que representa ese papel, parece estar guiñando un ojo para avisarnos de que no va en serio. Bueno, sólo un poco...

(*) Aún quedan dos novelas más para completar el "Segundo Cuarteto de Los Ángeles", aunque cronológicamente, éste corresponda a una época anterior al "Primer Cuarteto de L. A.". Ambos, junto con la "Trilogía Americana", constituirán al final (esperemos) un ciclo de once novelas negras con personajes en común que saltan de unas a otras, que abarcarán desde 1941 a 1972 (he de decir, no obstante, que a diferencia de las series anteriores, en este Segundo Cuarteto sí que resulta conveniente haber leído el primer libro antes de acometer el segundo).

Otros libros del mismísimo Perro del Demonio reseñados en ULAD: Perfidia, La Dalia Negra, Mis rincones oscuros

jueves, 21 de agosto de 2025

James Ellroy: El gran desierto

Idioma original: Inglés

Título original: The Big Nowhere

Año de publicación: 1986

Traducción: Carlos Gardini d'Angelo

Valoración: Muy recomendable

«Todos los policías honestos se parecen unos a otros, pero cada policía corrupto lo es a su manera». Alain Ríos

La recomendación más concreta que puedo hacer sobre el segundo libro de El Cuarteto de Los Ángeles es la siguiente: si les gustó La dalia negra, El gran desierto les va a encantar.

Asesinatos, policías corruptos, mafiosos, judíos, femme fatales, comunistas, gais, jazz… No se puede pedir más. Una novela que lo tiene todo.

El epígrafe de esta reseña hace referencia a los tres protagonistas de esta historia: Danny Upshaw, un policía corrupto que investiga una serie de asesinatos grotescos; Malcolm "Mal" Considine, un policía aún más corrupto, encargado de infiltrar el movimiento comunista que ha impregnado Hollywood, mientras lidia con la batalla legal contra su esposa europea (a quien rescató de los nazis, detalle que da cuenta de la densidad de la novela) por la custodia de su hijo; y Turner "Buzz" Meeks, un expolicía convertido en esbirro de la mafia judía de Los Ángeles, quizá el más corrupto de todos. Como era de esperarse, las tres líneas narrativas se entrelazan de manera magistral.

Cuando leí el libro, era completamente ignorante de los hechos históricos que retrata la novela. En la mayoría de los casos, lo real aporta verosimilitud y crudeza a la ficción, algo que en ocasiones me parece una pequeña trampa por parte del escritor. En mi caso, incluso desconociendo la situación de los Estados Unidos de posguerra (sin saber siquiera que estaba basado en sucesos reales), los personajes y situaciones narrados por Ellroy me impresionaron por su autenticidad y complejidad.

Figuras como Mickey Cohen, el célebre gánster judío que controlaba el negocio del juego y la extorsión en Los Ángeles, o Jack Dragna, su contraparte ítalo-estadounidense, aparecen retratados con la crudeza característica de Ellroy: violentos, paranoicos y siempre al borde de la traición. 

Además, la novela se sumerge en las tensiones políticas de la época, en particular la cacería anticomunista que impregnó Hollywood durante los años cuarenta y cincuenta. Los comités de investigación, las listas negras y la paranoia generalizada forman parte del día a día de los protagonistas. Ellroy incorpora de manera orgánica episodios concretos como el caso de Sleepy Lagoon, donde un grupo de jóvenes méxico-americanos fue injustamente acusado de asesinato en un clima cargado de racismo, y los posteriores disturbios de los zoot suits. Estos hechos históricos revelan el ambiente de miedo, discriminación y persecución ideológica que convirtió a Los Ángeles en un hervidero de tensiones sociales y políticas, terreno fértil para la corrupción policial y la violencia que dominan la novela. 

Si en La dalia negra nos enfrentábamos al mito del crimen irresuelto, aquí el horror es colectivo: en Los Ángeles todos conspiran, todos traicionan y nadie queda limpio.

Otras obras de James Elroy en ULAD: La dalia negra, Perfidia, Esta tormenta, Mis rincones oscuros

jueves, 24 de enero de 2019

James Ellroy: Mis rincones oscuros


Idioma original: inglés
Título original: My Dark Places
Año de publicación: 1996
Traducción: Hernán Sabaté
Valoración: Out of order

Nota previa: No sé si esta reseña puede considerarse llena de spoilers o incluso un puro spoiler toda ella, puesto que no se trata de un libro de ficción, sino de unas memorias, pero, en todo caso, yo aviso.

Sobre la valoración: pongamos que uno de ustedes, de vosotros, es un un chaval de diez años cuyos padres están divorciados. Pasas los días de cole con tu pelirroja mamá, a la que odias y amas, mientras que los fines de semana te vas con tu padre, que viene a ser un simpático haragán. un domingo, al volver a casa te encuentras con que la noche anterior tu madre ha sido asesinada, posiblemente antes violada y su cuerpo arrojado a una acera del barrio. te vas a vivir con tu padre a tiempo completo; acabáis en la miseria. Dedicas tu adolescencia a llamar la atención soltando a diestro y siniestro majaderías nazis y a leer novelas policíacas; te obsesionas con la historia criminal de tu ciudad, con los casos que recuerdan al asesinato de tu madre. Tu padre muere antes de que llegues a la mayoría de edad. Te conviertes en alcohólico y drogadicto, en ratero, en un merodeador nocturno, en un mirón; en un sin techo ocasional. Acabas en la cárcel una y otra vez. Con 28 años, tras pasar por un psiquiátrico, te desintoxicas y empiezas a trabajar de caddy. También a escribir; consigues ser un novelista de éxito. Cuando tienes 47 años vuelves a investigar el asesinato de tu madre junto con un ex-policía: exploráis todas las pistas que permanecen, buscáis a todos los posibles testigos, seguís todas las huellas. Revivís juntos casos no menos pavorosos, con otras mujeres asesinadas. Y luego escribes un libro que es una confesión y una búsqueda, un abrirse en canal y una reconciliación con tu pasado y con tu madre. Además, un espejo en el que se refleja toda la violencia contra las mujeres que anida en esta sociedad, todo el rencor y la codicia sexual y la ferocidad de los hombres contra ellas. Y veintidós años después un panoli que escribe en un blog lee el libro y, anonadado, no sabe como valorarlo.

Nota posterior: abstenerse de leer este libro todo escritor que se haya dedicado o pretenda dedicarse a la llamada autoficción, porque le puede dar un pasmo. Yo aviso.

Otras barbaridades de libros de James Ellroy, reseñadas en Un Libro Al Día: Perfidia, La Dalia Negra

viernes, 25 de agosto de 2017

Thomas Pynchon: Vicio propio

Idioma original: inglés
Título original: Inherent Vice
Año de publicación: 2009
Traducción: Vicente Campos González
Valoración: se deja leer

Con pies de plomo. Así es como he de andarme con Pynchon. Que lo sencillo hubiera sido una relectura de La subasta del lote 49, sugerida, condicionada, guiada por las amables críticas que la contrarrestaron. Una cosa muy correcta, del estilo, gracias mil, lectores, vuestra clarividencia me ha abierto los ojos, vuestros comentarios han conducido mis pasos hacia una nueva dimensión de la lectura, han sido como el interruptor que ha dado con la luz perfecta que lo ha aclarado todo. Me retracto en ciertas cosas, me corroboro en otras, pero gracias. Quizás a continuación hubiera hecho lo mismo con El Anticristo. Qué panorama más idílico: yo contento por haber saciado mis puntuales ganas de ensañamiento, el lector interactuando en defensa del objeto de mi saña. Oh. Todos acabaríamos virtualmente cogidos de la mano.
¡Pero! ¿Para qué? Ya seremos buenos otro día, o quizás otro lustro. Aquí se trata de descubrir nuevas lecturas cada día: con contadas excepciones, reseñamos dos veces el mismo libro porque nos equivocamos (buscad, buscad) y a veces hemos hecho eso de la contra-reseña, que obviamente no voy a hacerme yo contra mí mismo. Voy a darles yo carnaza a los que me acusan de bipolar.
Vicio propio es la penúltima novela de Pynchon, de hecho la penúltima publicada en español y se sitúa en unas cómodas 422 paginicas que no son ni las (aparentemente) fáciles de la subasta ni las milipico casi inalcanzables del arcoíris. No subestiméis, por eso, 422 páginas de Pynchon. Sobre todo, como los Gremlins, pasada la medianoche, cuando el silencio arrulla y el sueño acecha. Vicio propio, leo en Wikipedia, pasó a la gran pantalla (interpretada por Joaquin Phoenix, dirigida por Paul Thomas Anderson), lo cual, a algunos días de empezar a leerla, me hace especular con la posibilidad de una trama y un desarrollo hacia algún sitio. Algún sitio en este planeta, o al menos en esta galaxia.
Alto: he dicho especular. A ver si alguien va a pensar que Pynchon en modo asequible es Ken Follett. Al principio, de hecho, parece James Ellroy, o Lehane, o Elmore James. Sí, la contraportada habla de novela negra y en cuanto situamos en escena investigadores, magnates del tema inmobiliario, matones y todo esa parafernalia, es fácil pensar que la cosa va a pisar terreno firme. Aunque sea la California de la era hippy y muchos de los protagonistas parezcan actuar en medio de ciertos efluvios o bajo cierta influencia. Aunque esa influencia parece ser también la que marca el tono de la trama hasta un punto algo desconcertante. El arranque, con Doc Sportello como detective o investigador contratado por Shasta, ex amante ahora emparejada con Mickey Wolfmann, empresario de éxito, desaparecido, se sospecha, por algún motivo relacionado con su mujer y el amante de ésta, es un arranque prometedor ya que amaga con ser concreto. Pero pronto esta concreción se pone en duda. Surgen los personajes de distintos pelajes y surgen los hechos confusos. Parece que la bruma de humo de canuto se sitúa entre libro y lector y la cuestión empieza a volverse fractal. Sportello empieza a investigar, a visitar gente de los círculos de empresario y, cosa de esperar, el desfile de personajes empieza a producirse, asistiendo a una más que variopinta muestra de todos los estereotipos de la época hippy en California, que es como decir en pleno centro del fenómeno a escala global. Vietnam, el FBI, organizaciones de extrañas siglas, gente de extraños nombres, policías, Las Vegas, músicos de la era psicodélica, fulanillas, la generación del amor, encuentros sexuales muy de soslayo, drogadictos en distintos estados de intoxicación y desintoxicaxión, menciones varias al caso Manson como punto de inflexión de esa especie de nube-letárgica-en-la-que-total-no-hacemos-daño-a-nadie-más-que-a-nosotros-mismos.
En fin: el terrible lastre de Vicio propio es querer combinar una trama más propia, lo dicho, de Ellroy o de Chandler, con los erráticos hábitos narrativos de Pynchon. Seguro que no hay un solo párrafo que no pueda extraerse como ejemplo de la meticulosidad del hermético escritor, pero a la vez el lector confía en que todos esos rastros más o menos mundanos acaben llevando a un lugar seguro y concreto, como si por un momento nos olvidáramos de que quien firma esta novela no es precisamente alguien que vaya a ponerlo fácil. Y no. De hecho, como poniendo a prueba nuestra paciencia (en mi caso, con 60 últimas páginas casi interminables), a tres páginas del final aún surgen esporádicamente nuevos personajes.

Y no es lo peor. Lo peor es que, obsesionado como estoy por hallar la clave secreta, el código máquina de su obra (la de DeLilllo me costó cuatro intentos, hasta encontrar "Ruido de fondo") mi próximo intento con Pynchon, carne más que segura de una futura TochoWeek, van a ser las 954 arredradoras páginas de la edición de bolsillo de "Mason y Dixon".

lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo mejor del 2017, ULAD dixit

Marc Peig dice:

Juan G. B. dice:

Koldo CF dice:
  • Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
  • Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
  • Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
  • Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
  • Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
  • Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
  • Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti) 
  • Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
  • Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
  • Propósito 2018: Apuntarme al gimnasio y sacar a Marc del lado oscuro knausgardiano

Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
  • Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
  • Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
  • Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
  • Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
  • Mejor libro de relatos: 'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
  • Peor libro de relatos: 'Alevosías', de Ana Rossetti
  • Mejor libro de historia/pensamiento/política: 'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
  • Mejor libro de arte/estética: 'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
  • Descubrimiento del año: 'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
  • Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
  • Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.

Oriol Vigil dice:
    • Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
    • Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
    • Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    • Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
    • Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
    • Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
    • Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
    • Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
    • Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
    • Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
    • Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.

      Beatriz Garza dice:
      • Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
      • Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
      • Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
      • Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
      • Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
      • Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
      • Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
      • Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica. 

      Carlos Ciprés dice:
      • Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
      • Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
      • Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
      • Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
      • Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
      • Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
      • Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
      • Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.

      Santi dice:

      Francesc Bon opina:
      • He tenido años mejores
      • No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
      • Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
      • Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno":  La uruguaya de Pedro Mairal
      • Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
      • Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
      • Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
      • Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
      • Lista de deseos: tiempo 
      Montuenga dice:

      FICCIÓN:

      NO FICCIÓN:

      lunes, 19 de diciembre de 2016

      ULAD: Lo mejor del 2016

      Francesc Bon:
      • Libro del año: Pues para mí el libro del año ha sido Breve historia de siete asesinatos de Marlon James. No sé decir exactamente el motivo, pero al final me recuerdo acarreándolo, con su presencia imponente y su lomo amarillo, siguiendo andanzas de rastafaris y es una sensación demasiado imborrable. Quizás sea un libro cautivo de su componente visual, pero desde cuándo va a ser malo que una novela contemporánea te recuerde a una nueva temporada de The Wire. Con dos muy dignos contendientes: Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin y Satin Island de Tom McCarthy, cuya importancia aún no soy capaz de calibrar.
      • Sorpresón postrero: el festín de Xavi Ayén en La vuelta al mundo en 80 autores.
      • Porquerías: En un año globalmente positivo: el incomprensible apoyo a algo tan vacuo como Érase una vez el fin, de Pablo Rivero, o la esperada constatación del timo de La chica del tren 
      • Caerá en 2017: Cualquier Saer que se ponga en medio.
      • No tocar ni con un palo: Zanón, Pérez Andújar, y todos aquellos que quieren apropiarse de la literatura de barrio. Por mediocres y por cansinos.
      • Los comentarios me han hecho salivar para el 2017: Vollmann y, dicen, el Ray Pollock que viene.

      Juan G. B.:

      Carlos Andia:
      • Volumen imponente del año: El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty -algunas claves que deberíamos conocer.
      • La relectura del año: Coronación, de José Donoso -buenas sensaciones después de muchos años
      • Libro de Historia del año: Continente salvaje, de Keith Lowe -una etapa muy especial de la Historia de Europa
      • Una joya a la que tenía muchas ganas: Locus Solus, de Raymond Roussel -atrévase usted.
      • Clásico rescatado: Reivindicación del conde don Julián, de Juan Goytisolo -imprescindible con mayúsculas.
      • Obra de teatro del año: Calígula, de Albert Camus -todo intensidad
      Y, si se me permite, porque obviamente es algo muy poco uladiano, pero muy especial para mi: 'Análisis de los fenómenos monetarios en España', de Florencio Salcedo -¡qué tío!


      Koldo CF: 

      Montuenga:
      Santi:

      Marc Peig:
      • Libro del año: El bar de las grandes esperanzas, de J.R. Moehringer
      • Autobiografía del año: Instrumental, de James Rhodes
      • Tocholibrohistórico del año: Las benévolas, de Jonathan Littell
      • Tochonovela del año: La broma infinita, de David Foster Wallace
      • Ensayo del año: Esto es agua, de David Foster Wallace
      • Clásico que debería haber leído antes: La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig
      • Libro del que no debería ni haber pasado de la portada: En manos de las furias, de Lauren Groff
      • Decepción del año: Sueños de trenes, de Denis Johnson
      • No pasará un año más sin leer: La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe
      • Autor que debo recuperar porque lleva tiempo olvidado (injustamente): Haruki Murakami
      • Caerán más libros de: Stefan Zweig
      • Ganas de que llegue el 2017 para lo nuevo de: Siri Hustvedt, Paul Auster y  Karl Ove Knausgaard


      lunes, 3 de septiembre de 2018

      J. D. Barker: El Cuarto Mono

      Idioma original: inglés
      Título original: The Fourth Monkey
      Año de publicación: 2017
      Traducción: Julio Hermoso
      Valoración: se deja leer


      ¡Anda que no tenía yo ganas de meterme entre pecho y espalda una buena novela de asesinos psicópatas (la última con la que lo intenté, la tuve que abandonar), con su villano chifladísimo pero más listo que un demonio con sobredosis de azúcar y su trama con más giros y recontragiros que la carretera de Sa Colobra! Su poli atormentado de rigor, sus escenas aquero... escabrosas, su sorpresa final... En fin, que, para mí, sin novela de psicópatas no hay verano (que ya sé que lo que hay que hacer es leer a Faulkner y así, pero mirad, hay un momento para cada cosa, lo mismo que no siempre vas a estar comiendo solomillo Wellington con salsa de Pedro Ximénez y patatas soufflé, sino que a veces apetece una hamburguesa con queso y patatas fritas...).

      Lo malo, claro, es cuando la hamburguesa no es de la cadena que te gusta, sino de esa otra que ni fu ni fa, por no decir puaggh... Cuando el artífice de dicha hamburguesa o de la novela de psicópatas asesinos (lo de la hamburguesa es una metáfora supercurrada que me había marcado, por si no os habíais dado cuenta) utiliza todos los ingredientes adecuados y sigue el manual de la cadena de fast-food de turno o el de "Cómo escribir su propia novela megaexitosa de psicópatas asesinos" (seguro que existe algo así) y el resultado es, quizá no puaggh pero sí plof... una sosada, una medianía, una decepción... Bueno, decepción a medias, porque tampoco es que uno esperase encontrar aquí un Faulkner, ni un James Ellroy... vamos, ni siquiera un Thomas Harris, por no salir del subgénero de asesinos psicópatas. Pero está claro que a veces no basta con seguir el manual, y por mucho que este Barker meta su asesino más listo que un demonio, su poli atormentado, sus escenas truculentas, sus giros y recontragiros, el resultado se parece más al cubo de cebo de Placton que a una deliciosa burguer Cangreburguer del Crustáceo Crujiente (igual ya se me ha ido un poco de las manos lo de la metáfora, ¿verdad? Sorry...).

      Y el caso es que, a priori, la cosa no pintaba mal, con una premisa interesante: el poli atormentado, Sam Porter, detective de homicidios de Chicago, debe averiguar si un tipo que ha muerto atropellado por un autobús es el Cuarto Mono, el asesino psicópata más listo que etc..., que lleva varios años aterrorizando a la ciudad. Y de paso, tratar de salvar a la que podría ser su última víctima. La narración de la investigación en sí -con sus giros y etc...- se alterna con la transcripción de un supuesto diario, aún más delirante, si cabe, dejado por el supuesto asesino y que constituye en sí mismo casi otra novela, una "narración dentro de la narración", digna por momentos de la literatura pulp más rarita... En fin, tiene su gracia, aunque también ralentiza y entorpece el ritmo de la que sería la línea argumental principal. Tampoco es que se pierda mucho, hay que admitir...

      Bueno, tal vez estoy siendo demasiado duro con esta novela. Lo cierto es que, aunque no entusiasma ni sorprende, tampoco despierta el sonrojo y mucho menos, ya digo, la vergüenza ajena (cosa que no ocurre con otras, y bien exitosas, del mismo género). Está escrita con corrección y resulta una lectura ligera y previsible, ideal, supongo, para quien no busca otra cosa que amodorrarse con un libro en la playa o en la piscina. O echar una buena siesta en la hamaca de la terraza en los meses de canícula estival... Eso sí, si, pese a la calor, se quiere leer algo con más sustancia, mejor hacerle caso a Tongoy y dedicarse a Faulkner (Luz de agosto sería lo más adecuado, claro); eso que se habrá ganado.

      domingo, 19 de agosto de 2012

      Jens Lapidus: Una vida de lujo

      Idioma original: sueco
      Título original: Livet de Luxe
      Año de publicación: 2011
      Valoración: Se deja leer

      Con esta novela, el abogado sueco Jens Lapidus (la verdad es que el nombre es cojonudo) cierra su exitosa "Trilogía Negra de Estocolmo", de la cual ya reseñamos en este mismo blog los dos primeros libros, Dinero fácil y Nunca la jodas. En aquellas entradas ya explicábamos que a Lapidus se le considera la nueva estrella escandinava del género negro, el renovador de la literatura sobre la violencia, el James Ellroy sueco, etcétera. Ha sido tal su éxito que [dice que] tuvo que escribir un comic spin-off (Guerra de bandas 145) a modo de continuación de las dos primeras novelas para contentar a los fans mientras terminaba de escribir el tercer volumen de la trilogía. También hay película de la primera (aquí) y, por lo visto, las habrá de la segunda y la tercera. En resumen: parece que le ha ido bien.

      A mí las dos primeras novelas me gustaron bastante. Aunque quizás un poco extensas, su estilo ligero, con una prosa suelta, canalla, de frases lapidarias, te llevaba en volandas de capítulo en capítulo. Ninguna complicación, claro, salvo los nombres rarísimos de personajes y calles, a los que aún me cuesta acostumbrarme a pesar de los años que llevamos con la moda nórdica. Personajes cabrones, gente chunga, violencia, tiros, toneladas de droga... Entretenimiento de buena calidad, de lectura fácil.

      Una vida de lujo mantiene el espíritu de las dos primeras novelas y recupera algunos personajes de aquellas, los más carismáticos. JW sale de la cárcel dispuesto a comerse el mundo; Jorge quiere pegar el gran golpe y jubilarse para siempre, con la ayuda de Mahmud; Radovan seguirá siendo el jefe mafioso hasta que; un asesino misterioso hará de las suyas... En este sentido funciona bien como "cierre" de la trilogía, ya que al lector le resulta fácil rememorar los acontecimientos pasados y al autor, creo, le permite construir una gran macedonia criminal con toda la peña que ha pasado por sus páginas. Y así, claro, hacer justicia con sus personajes: matar a unos, dejar a otros con vida, enrollar a este con aquella, esas cosas. 

      La cuestión es que con casi 700 páginas que tiene el tocho mi sensación, al final, es que NO PASA GRAN COSA. Hay tres tramas más o menos definidas con algún personaje transversal que descarga parte del peso de una a otra, pero en realidad... no confluyen. Todo el tiempo esperas un gran giro en los acontecimientos, una escena de acción inesperada, un momento en el que las tres tramas se encierren en la misma habitación... algo así. Pero no. Nada de eso. Sucede una movida con cierto interés... Sucede otra movida con poco interés... Sucede otra movida sin ningún interés... Y zas, el libro se acaba con un final anticlimático, sin fuerza, sin brillo.

      Ejemplo: tropecientos criminales y policías en un espacio reducido. Armas por todas partes. El narrador dice "y se lía gorda" (literalmente). Y luego nada: pasas la página y está el epílogo, que es una chorrada como un piano.

      No sé. Me da la sensación de que a Lapidus le ha podido la prisa, o las ganas, o la presión editorial, o el quedar bien con los fans. Son muchas páginas y poco tiempo de un libro a otro. Eso, necesariamente, tiene que pasarte factura, salvo que seas un genio o tengas una buena colección de negros que escriba por ti (no sería el primero, desde luego). A ver si ahora que ha terminado las casi 2.000 páginas de trilogía se lo toma con calma y escribe algo distinto, sin compromiso.


      También de Jens Lapidus en ULAD: Nunca la jodas, Dinero fácil, Una vida de lujo

      viernes, 3 de diciembre de 2021

      Tochoweek V #5 Stephen King: Billy Summers

      Idioma original: inglés
      Título original: Billy Summers
      Año de publicación: 2021
      Traducción: Carlos Milla Soler
      Valoración: recomendable (si no esperas una historia de terror)

      Vale, ya sé lo que estaréis pensando: que mientras mis compañeros/eras del blog se dejaban las pestañas leyendo tochacos de mil páginas de autores que parecen haberlos escrito con el palo de la escoba metido por el de lo más sesudo y selecto del panorama literario, yo me lo he estado pasando chupete con un best-seller del Rey de los mismos y de Maine. Ante esa sospecha, sólo puede decir dos cosas. SÍ, eso he hecho; tenéis toda la razón. Y, en segundo lugar, señalar que reseñar cualquier libro del Rey no es sólo un placer, sino UN SERVICIO PÚBLICO. Más aún si se trata de su más reciente novela (que siempre puede ser la última, que el hombre tiene ya una edad, por el amor de Dios). Además, cualquier año de éstos los de la Academia Sueca entran en razón y le dan el Nobel, y ya veréis lo que vais a poder presumir de conocer al dedillo su obra, gracias a Un Libro Al Día (el auténtico, rechace imitaciones).

      Dicho esto, y a pesar de que estamos hablando del escritor vivo, y posiblemente la persona sobre la faz de la Tierra, más guay que existe, lo cortés no quita lo valiente y la obligación de cualquier reseñista de ULAD es dar su sincera opinión sobre los libros hayamos sido o no sobornados por la editorial que los publica. En este caso, hay que dejar claro desde el principio que ésta no es una de las novelas de corte fantástico o de terror de Stephen King; pertenece, más bien a su vertiente "realista", si se puede considerar tal un noir -de aquella manera- sobre un asesino a sueldo que debe esperar a su víctima en un pequeña ciudad del Sur de EEUU; como no saben cuando deberá llevar a cabo el "trabajo", la excusa que se les ocurre a sus contratantes para justificar la estancia en la ciudad de Billy Summers -el killer- es que se trata de un escritor que necesita un lugar tranquilo para acabar su libro... Y aquí está la gracia de la historia, porque Billy, aunque por precaución intenta parecer más tonto de lo que es, en realidad resulta ser un avezado lector y toma esta coartada como una oportunidad para dar el salto a la escritura, comenzando a redactar su propia y dura autobiografía novelada.

      Así pues, nos encontramos con dos novelas en una o, mejor dicho, una novela (incluso más) dentro de otra: por un lado , una novela negra, más Elmore Leonard que James Ellroy (quizás un poco Don Winslow, si se quiere), que en parte recuerda a la hipnótica minuciosidad de Chacal, pero que luego remite a una historia de venganza(s). O también de redención del protagonista, a partir de cierto acontecimiento inesperado... Por lo que respecta, a la "novela dentro de la novela", nos ofrece una historia de crecimiento de un chico de la "basura blanca" y también un relato bélico, en este caso de la guerra de Irak en 2004. Además, y aunque sea a través del protagonista-autor del mismo, King nos regala alguna que otra reflexión de lo más interesante sobre el acto de escribir, algunas perlas se diría que sacadas de su Mientras escribo.

      Huelga decir que en esta novela encontramos la agilidad y el dominio narrativo que el Rey ha demostrado ya en multitud de ocasiones, así como la verosimilitud en los detalles que caracteriza a sus historias: los personajes compran en el Wal-Mart, comen en cadenas de hamburguesería y duermen en moteles baratos. Además, se incluyen referencias a películas bien conocidas, series de Netflix y libros -incluso, como suele hacer a veces King, a alguno de los suyos-; por no hablar de las referencias a la etapa trumpista en la que se desarrolla la acción. Aunque es cierto que la situación en sí no resulta demasiado realista , pero tampoco nos vamos a poner melindrosos a estas alturas con el autor de It, El misterio de Salem's Lot o La niebla... Tampoco resulta del todo verosímil el protagonista de la novela: aparte de ser un trasunto de otros "héroes tranquilos" habituales en las novelas de King, resulta ser un tío culto, empático y de lo más majete con niños y mayores que, sobre todo a partir de cierto momento, más que un encallecido asesino asueldo y veterano de guerra 8de una guerra de invasión, no lo olvidemos), se diría un caballero de brillante armadura, aun convenientemente camuflado para desenvolverse con naturalidad en la América Profunda...

      Da igual, porque tampoco es que uno busque realismo a ultranza en las novelas de King, ni que fuera Zola, caramba...;) Incluso en una como ésta, en la que el punto sobrenatural -que lo hay- está reducido a una mínima expresión, no es eso lo que sus lectores pedimos; lo que buscamos es una lectura que nos atrape, nos arrebate y no nos suelte hasta que hayamos acabado de conocer lasa aventuras y desventuras de sus personajes, tan de carne y hueso, por otra parte... Y con ese Billy Summers el Rey lo consigue, una vez más.


      Más libros de Su Majestad reseñados en Un Libro Al Día: here

      lunes, 16 de diciembre de 2019

      ULAD adoctrina sobre el 2019: nuestros libros del año

      Mirad: si este blog pretendiera ser solo leído por familiares de colaboradores ávidos de localizar ideas para regalar a la prima que lee, no nos veríamos obligados a esto. Pero hace tiempo que esto no es así. Es una verdad como un puño que la comunidad lectora global espera ver hacia dónde señalan nuestros dedos, cada año, por estas fechas. Aunque pueda darse el caso que los que aquí escribimos no acabemos de ponernos de acuerdo.

      Palabra de Juan G. B. :
      - Novela acojonante del año (en todos los sentidos): Mandíbula, de Mónica Ojeda.
      - Novela pasmante del año: Vivir abajo de Gustavo Faverón Patriau.
      - Novela chanante del año: El aliado, de Iván Repila.
      - Novela gráfica más turbadora del año: Bezimena, de Nina Bunjevac
      - Libro de no ficción (o sí ficción, según se mire): Thomas Quick. Cómo se hace un asesino en serie de Hannes Råstam.
      - Autovivisecciones en canal: Mientras escribo, de Stephen King y Mis rincones oscuros, de James Ellroy.
      - Ligeras decepciones: Traición, de Walter Mosley y La Señora Caliban, de Rachel Ingalls.
      - Sorpresa agradable del año: La novela del buscador de libros, de Juan Bonilla.
      - Libro que no me atreví a reseñar: Tsunami. Miradas feministas (V.V.A.A. con edición y prólogo de Marta Sanz)
      - Descubrimientos del año: Mónica Ojeda, Imogen Hermes Gowar, Gustavo Faverón.

      Palabra de Koldo CF:
      - No ficción (hispanoamericana): Distraídos venceremos, de Andrea Valdés
      - No ficción (resto de mundo): Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam
      - Novela (hispanoamericana): El desierto y su semilla, de Jorge Baron Biza
      - Novela (resto del mundo): La suerte de Omensetter, de William H. Gass
      - Relatos (hispanoamericana): La furia y otros cuentos, de Silvina Ocampo
      - Relatos (resto del año): Historias tardías, de Stephen Dixon
      - Tocho del año: Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo
      - Relectura del año: Los siete locos, de Roberto Arlt (habrá reseña en breve)
      - Peor libro con diferencia: Vox, de Nicholson Baker

      Palabra de Oriol Vigil:
      - Mejor novela: El lugar, de Mario Levrero
      - Otras novelas destacables: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, La mujer de la arena, de Kôbô Abe, El gusano máximo de la vida misma, de Alberto Laiseca, El proceso, de Franz Kafka, Tango Satánico, de László Krasznahorkai
      - Mejor antología: Bestiario, de Julio Cortázar
      - Lo mejor en género negro: La promesa, de Friedrich Dürrenmatt
      - Lo mejor en terror: Los sauces, de Algernon Blackwood, Uzumaki, de Junji Ito
      - Mejor cómic: Vinland Saga, de Makoto Yukimura (aunque se desinfla un poco)
      - Vicio literario del año: Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin (aunque también se desinfla un poco)
      - Lo mejor en no ficción: La conspiración contra la especie humana, de Thomas Ligotti, El discurso vacío, de Mario Levrero, ¡Escríbelo, Kisch!, de Egon Erwin Kisch
      - Libros decepcionantes: Cartero, de Charles Bukowski, Buick 8, un coche perverso, de Stephen King
      - Libros aburridos: El vestido azul, de Michèle Desbordes, En el jardín del ogro, de Leila Slimani
      - Autores descubiertos: Mario Levrero, Alberto Laiseca, Kôbô Abe, László Krasznahorkai
      - Empacho de: Literatura nipona, fatalismo, "bildungsroman" y "pulp"

      Palabra de Marc Peig:
      - Libro del año: «Cárdeno adorno», de Katharina Winkler.
      - Lo mejor del año (autores): Elizabeth Hardwick, Siri Hustvedt, Irene Solà, Tatiana Ţîbuleac
      - Mejor libro de relatos del año: «No importa», de Agota Kristof
      - Tochonovela del año: «Fin», de Karl Ove Knausgard
      - Ensayo políticosocial del año: «Ante el dolor de los demás», de Susan Sontag, y «El ojo y la navaja», de Ingrid Guardiola
      - Librodenuncia del año:  «Tú, ¡cállate!», de Laura Huerga y Blanca Busquets.
       -Autobiografía del año: «Noches insomnes», de Elizabeth Hardwick y «Los años», de Annie Ernaux
      - Experimento metaliterario del año: «Novel·la», de Pol Beckmann
      - Decepción del año: «Devastación», de Tom Kristensen
      - Autores clásicos que ya debería haber leído y que no tardaré en ponerme a ello: Henrik Ibsen
      - Autores que debo recuperar porque llevan tiempo olvidados (injustamente): Ngũgĩ wa Thiong'o, Paul Auster
      - Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Olga Tokarczuk, Agota Kristof
      - Propósitos para el 2020: más teatro, más ensayo e intentar evadirme de novedades y volver a los clásicos (veremos si lo consigo)

      Palabra de Montuenga:
      - Mejor clásico leído este año: Bel Ami, de Guy de Maupassant
      - Mejor novela española: El novio del mundo, de Felipe Benitez Reyes
      - Mejor novela extranjera: Los colores del incendio, de Pierre Lemaître
      - Obra maestra polémica donde las haya: El desembarco, de Jean Raspail
      - Mejor novela negra: El último barco, de Domingo Villar
      - Relectura que nunca defrauda: La saga fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester
      - Mejor western: Warlock, de Oakley Hall
      - Mejor ensayo: La edad de la ira, de Pankaj Mishra.
      - Distopía más esperada aunque algo fallida: Los testamentos, de Margaret Atwood.
      - Peor novela con diferencia: Juego de mentiras, de Ruth Ware.

      Palabra de Francesc Bon
      - Propósitos para 2020: Conseguir que el tsundoku rebaje sus proporciones amenazadoras, o se fusione con el cajón de los cables. Salir de la zona de confort. Y plantear, quizás, si la próxima ya debería ser la última oportunidad para Pynchon.
      - Mejor novela leída en el año: Por el regusto tras los meses, cualquiera de las tres de Zuckerman desencadenado, de Philip Roth
      - Novedad tolerada: El colgajo, de Philippe Lançon, por cruda y por ver cómo nos transforma experimentar la violencia
      - Me lo imaginaba más grande: Todos los hermosos caballos, de Cormac Mc Carthy
      - Satisfyer literario: Walt Whitman ya no vive aquí de Eduardo Lago
      - Toque de atención: a Michel Houellebecq, por los momentos autoparódicos en Serotonina

      Palabra de Carlos Andia:
      - Mejor novela en castellano: El silenciero, de Antonio Di Benedetto, y Prins, de César Aira (próxima reseña)
      - Mejor novela en otros idiomas: Mapa de una ausencia, de Andrea Bajani, , y Vértigo, de W.G. Sebald
      - Tocho anual (para no perder músculo, pero nada más): La muerte de Arturo, de Thomas Malory
      - Una incursión en el microrrelato: Ojos de aguja (recopilación)
      - Relectura del año: El unicornio, de Manuel Mujica Laínez
      - Mejor ensayo: El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki
      - Ensayo científico: El jinete pálido, de Laura Spinney
      - Mejor libro de relatos: El ídolo caído, de Graham Greene
      - Mejor obra de teatro (aunque tampoco había mucho donde elegir): El cementerio de automóviles, de Fernando Arrabal
      - Peligro de agotamiento inminente: Enrique Vila-Matas (Esta bruma insensata, y quizá no más)
      - Decepciones: varias, puede que más de lo normal, pero para qué les vamos a dar más cancha.