lunes, 13 de marzo de 2023
Albert Camus: Cartas a mi maestro
viernes, 2 de diciembre de 2016
Albert Camus: Calígula
Idioma original: francésTítulo original: Caligula
Año de publicación: 1.944
Valoración: Recomendable
domingo, 11 de julio de 2010
Albert Camus: El extranjero y La peste
Título original: L'Etranger, La pesteIdioma original: francés
Fecha de publicación: 1942 y 1947
Valoración: muy recomendables
Siguiendo la estela de la literatura existencialista, hoy reseñamos dos de las obras más importantes del premio Nobel Albert Camus. Escritor francés de origen argelino, Camus destaca por libros profundos y con una fuerte carga filosófica. Al inscribirse dentro de la corriente existencialista, aunque él renegaba de esta etiqueta, el argumento está cargado de reflexiones sobre el sinsentido de la existencia, el absurdo y las consecuencias del mismo.
Oséase, que página tras página nos sumergimos en cuestiones sobre la humanidad, la moral y la existencia, a través de diferentes situaciones y personajes. En El extranjero, Camus nos presenta al señor Meursault, un joven al que se le ha muerto la madre hace poco y que no ha sentido nada al respecto. Ocurre después un suceso del que él es el protagonista y tampoco siente nada. Un contemporáneo suyo habría llorado y se habría apenado en el primer caso, seguramente, y en el segundo no habría llegado a producirse tal suceso. Pero Meursault es ajeno a lo que le rodea, es un extranjero en medio de una humanidad que no controla su destino,sino que se deja llevar por la creencia en gobiernos superiores, ya sean humanos o divinos. La humanidad, que ha llegado a depender absolutamente de una moral ambigua y artificial que ata al hombre y termina otorgándole una sensación de absurdo y desintegración.
En La peste conocemos la ciudad de Orán, en Argelia, que está siendo consumida por la peste. A medida que mueren sus habitantes, Camus nos presenta al médico Rieux y su compañero Tarrou, personajes que, al interactuar con otros habitantes de la ciudad, nos dan a conocer la visión sobre la existencia que tiene el autor. Llegamos al absurdo a través del desligamiento de las autoridades superiores, por lo que las cosas se suceden sin poder tener control sobre ellas. Pero este absurdo, que al principio resulta aturdidor ( y nos provoca naúseas, como en Sartre), es positivo. El ser humano debe ampararse en sí mismo y en su propia existencia, sintiéndose parte de una humanidad colectiva,pero manteniendo su individualidad. Entonces será libre de ser él mismo y, a la vez, concurrir solidariamente con el resto de sus semejantes.
Como vemos, el conocimiento del absurdo no es negativo sino liberador, y propicia la libertad del individuo. Eso sí, una libertad solidaria y y en comunión con el resto de la humanidad. Así como en El extranjero el devenir de la sociedad ha llevado al ser humano a alienarse y convertirse en un forastero para lo que le rodea, en La peste podemos encontrar un mensaje esperanzador: la peste nos acecha, y hasta puede postrarnos en el lecho, pero el ser conscientes de nuestra existencia y del formar parte de una comunidad puede devolvernos a nuestra tierra, desalienarnos y hacernos libres.
Personalmente, me gustó más La peste, y reconozco que no son lecturas muy veraniegas, pero me impactaron y provocaron tanto, que llevo varios párrafos copieteados en la libreta. Muy recomendables.
También de Albert Camus en ULAD: Calígula, La caída, Crear peligrosamente, Cartas a mi maestro
sábado, 10 de diciembre de 2022
Albert Camus: Crear peligrosamente
lunes, 30 de noviembre de 2009
Los existencialistas
Los fundamentos filosóficos del existencialismo, se ha dicho a veces, no son muy sólidos. Se basan en el problema del sentido de la vida humana: en palabras de Sartre, "la existencia precede a la esencia", es decir, que mientras que un oso o una liebre son osos y liebres completos desde que nacen, un ser humano solo tiene existencia al nacer, y deberá encontrar y definir su esencia a través de sus propias decisiones vitales, a lo largo de su vida. De ahí que muchas de las obras literarias existencialistas (como La caída y La Peste de Camus, o La puta respetuosa y Las manos sucias de Sartre) planteen situaciones en las que los personajes deben tomar decisiones esenciales que los definen y los determinan para siempre.
Otro elemento característico del existencialismo, y que se deriva del anterior, es la sensación de angustia (el angst o la "náusea" de Sartre) que nace de esa indeterminación del sentido de la vida. La ausencia de principios que guíen nuestra existencia puede llevar a la liberación, pero también al absurdo o a la locura (como el brillante Calígula de Camus). Finalmente, esta sensación de desesperación existencial suele romperse a través del compromiso y el encuentro con los otros (así en La peste de Camus, o en la propia vida de Sartre, intelectual altamente comprometido con los movimientos franceses de izquierdas), aunque al mismo tiempo el Otro puede ser, desde otro punto de vista, quien nos juzga, nos vigila y nos limita en nuestra búsqueda de la esencia (de ahí la frase "el infierno son los demás" que aparece en A puerta cerrada, de Sartre).
Desde el punto de vista literario (y dejando aparte las calificaciones vagas que mencionaba al principio, tales como "Kafka es existencialista" o "Dostoievski es existencialista, que en mi opinión son más que discutibles), los dos escritores fundamentales de este movimiento son Jean Paul Sartre y Albert Camus, quienes hicieron que el existencialismo se convirtiera en la "corriente de moda" en la Francia de posguerra, y disfrutaron de una influencia enorme en la vida cultural francesa y europea.
Más que un escritor de literatura en estado puro, a Sartre hay que considerarlo como un "intelectual profesional": sus obras ensayísticas, como Qué es la literatura, El ser y la nada o El existencialismo es un humanismo, intentaron sentar unas bases sólidas para el pensamiento existencialista del siglo XX, y durante toda su vida desarrolló una intensa actividad política y cultural -vinculado al Partido Comunista de Francia, Sartre fue una de las voces (algo pasadas de moda, eso sí) del Mayo del 68-. Sus obras literarias más destacadas son La náusea (una novela en la que el protagonista es la quintaesencia del angst) y las obras de teatro Las moscas, Las manos sucias, La puta respetuosa o A puerta cerrada, que son lo mejor de su producción.
Albert Camus (quien por cierto siempre renegó del membrete de "existencialista"), a diferencia de Sartre, es básica y fundamentalmente un escritor literario, y de hecho sus creaciones están por lo general -por lo menos para mi gusto- un peldaño por encima de las de Sartre. Son absolutamente geniales El extranjero (en la que el protagonista personifica el absurdo y la abulia de la existencia humana) y La peste (novela en la que un ficticio brote de peste en Orán fuerza a los personajes a definir su postura ante la vida, ante los demás, ante el sufrimiento y la necesidad de comprometerse). En otros géneros destacan la obra teatral Calígula -con un comienzo brutal, impresionante, aunque luego decae algo-, y el ensayo El mito de Sísifo, que quizás desde el punto de vista filosófico no sea una obra maestra, pero que literariamente resulta provocador e interesantísimo.
También debe incluirse en la nómina de existencialistas a Simone de Beauvoir, la pareja de Sartre, quien dedicó una parte importante de su pensamiento y de su obra a estudiar y reivindicar el papel de la mujer en el mundo, por lo que está considerada una de las voces fundamentales del feminismo del siglo XX. Su obra más conocida es El segundo sexo, un ensayo en el que se plantea precisamente la existencia de la mujer, tradicional e históricamente condicionada por el "primer sexo".
domingo, 6 de marzo de 2022
Ilustres Olvidados #7: Albert Camus: La caída
Título original: La chute
Traducción: Anna Casassas (ed. en catalán) / Manuel de Lope (ed. en castellano)
Año de publicación: 1956
Valoración: entre recomendable y muy recomendable
En esta semana temática dedicada a los «Ilustres olvidados» no podía falta Albert Camus, de quién tenemos reseñados muy pocos libros y hace demasiados años ya de la última reseña. Por ello, la ocasión era perfecta para traer de nuevo al blog uno de los grandes pensadores de la primera mitad del siglo pasado y ganador del Premio Nobel de Literatura.
En esta breve novela escrita a modo de monólogo, el libro empieza con una suerte de conversación entre Jean-Baptiste Clamence, protagonista absoluto del relato, exabogado y ahora «juez-penitente» (como se autodenomina) y otro cliente con quien se encuentra de manera fortuita en un bar y que le sirve al protagonista para dar rienda suelta a sus reflexiones. Así, el lector solo es testigo de lo que dice y percibe el protagonista e intuimos lo que responde su interlocutor, mera comparsa en la escenificación de un relato que gira en torno a Clamence de quién poco sabemos al principio, únicamente que se encuentra en Ámsterdam tras haber vivido hace tiempo en París de cuyos conciudadanos opina que «tienen dos obsesiones: las ideas y la fornicación» mientras que, por contra, los holandeses «son personajes muy burgueses»; tal es así, que se dirige a su interlocutor esgrimiéndole si «se ha fijado que los canales concéntricos de Ámsterdam recuerdan a los círculos del infierno. El infierno burgués, naturalmente poblado de pesadillas».
De esta manera, con esta serie de monólogos encadenados que bien podrían tratarse de monólogos internos, vamos conociendo al protagonista a través de lo que nos cuenta de su pasado, alguien quien profesa sin tapujos ni disimulo que se tiene en alta estima, alguien quien afirma de sí mismo que «era un abogado bastante conocido», alguien que cuando defendía un caso «parecía que la justicia durmiera conmigo cada día» (…), alguien de quien afirma sobre sí mismo que «la naturaleza me ha tratado bien por lo que se refiere al físico, la actitud noble me sale sin esfuerzo». Por todo ello, «gozaba de mi manera de ser» afirmando que se pasaba el día ayudando a los demás, «orientando a la gente por la calle, dándoles fuego, ofreciendo una ayuda con los carritos demasiado cargados, empujando automóviles averiados…» Y por lo que, con ese ánimo altruista, también defendía como abogado a la gente necesitada porque «toda la vida solo me he encontrado a gusto en las situaciones elevadas» hasta tal punto que «me situaba por encima del juez, a quien yo juzgaba»; «los jueces castigaban, los acusados expiaban su culpa y yo, libre de cualquier deber, exento de del juicio y la sanción, reinaba, libremente, en una luz edénica».
Una vez nos situamos en la piel del narrador, nos imbuimos de manera inexorablemente en la historia, pues el estilo de Camus es irremediablemente atrayente, cautivador, te atrapa en un relato en el que la narración en primera persona permite alcanzar de manera rápida e ineludible el retrato que hace del protagonista. De igual manera, el ritmo narrativo es alto y constante a pesar del monólogo continuo, encontrando en la narración una gran precisión al construir y perfilar la personalidad del protagonista, alguien completamente ensimismado de sí mismo y orgulloso, que se tiene en muy alta estima y solo ve en él cualidades, tanto físicas como intelectuales, pues él «tenía un acuerdo total con la vida», «para ser sincero, a copia de ser hombre, con tanta plenitud y tanta simplicidad, me encontraba un poco superhombre» hasta el punto de que «me sentía elegido». Tal es así, que el protagonista se confiesa a su interlocutor afirmando que «tengo que reconocerlo, humilmente, apreciado compatriota, siempre he estado lleno de vanidad». Pero esta percepción sobre sí mismo, esta elevación en la que se ha autosituado queda alterada de golpe una noche, cuando caminando por el puente de las Artes oye una risa detrás de él y, al girarse, no ve a nadie a pesar de que inmediatamente después oye de nuevo la risa, está vez como si bajara de río. Este hecho le altera enormemente hasta el punto de que días después, de vez en cuando, le parece que la oye de nuevo y evita desde ese día pasar de nuevo por los muelles de París.
A partir de la confesión de este suceso y de cómo le afectó, el relato empieza a cambiar en su tono y enfoque, pues Camus utilizando el cinismo y la contradicción (algo muy propio de la filosofía del absurdo que le caracteriza) se centra en analizar la sociedad de mediados de siglo XX, tratando aspectos como el amor, la dignidad, la decencia, la educación o el honor pero también la vanidad, el egoísmo y la diferencia de clases. Por ello, el autor reconoce que «sé de sobras que no podemos prescindir de dominar o de ser servidos. Los hombres necesitan esclavos como el aire puro (…) lo que cuenta es poder enfadarse sin que el otro tenga derecho a replicar» porque «alguien debe tener la última palabra. Si no, a todas las razones se les puede oponer otra: no terminaríamos nunca. El poder, en cambio, pone fin a la conversación» y constata, finalmente, que «nuestra vieja Europa finalmente filosofa como es necesario (…) hemos sustituido el diálogo por el comunicado (…) ‘esto es la verdad’, afirmamos».
Así, el sentido de la vida propio del existencialismo toma forma en este libro al tratar los aspectos relativos a la condición humana y su relación con el resto del mundo pero sin apartarse de la visión que se tiene desde la propia experiencia y la conciencia de la propia existencia. Un existencialismo que el autor demuestra al afirmar, en boca de su protagonista, que «como yo mismo confesaba, no podía vivir sino a condición que, en toda la tierra, todos los seres, o la mayor cantidad posible, estuvieran orientados hacia mí, eternamente vacantes, desprovistos de vida independiente, dispuestos a responder en cualquier momento en el que yo los llamara (…) en pocas palabras, para que yo viviera contento, era necesario que los seres que yo elegía no vivieran. Únicamente tenían que recibir la vida, de vez en cuando, de mi antojo». Y eso lo hace extensivo a toda su vida, incluso al amor, pues afirma que «no tengo el corazón seco, de ningún modo, al contrario, lo tengo lleno de ternura, y encima tengo la lágrima fácil. Pero mis impulsos van siempre dirigidos hacia mí mismo (…) de hecho, es falso que no haya amado nunca. En mi vida he tenido al menos un gran amor, el objeto del cuál siempre he sido yo».
A medida que avanzamos en la lectura, esta superioridad manifiesta del protagonista va encontrando grietas, pues él mismo es consciente de la duda que genera («sé lo que piensa: como cuesta distinguir lo que es cierto de lo que es falso en lo que cuento») y vamos viendo como el cinismo cierne el relato y lo que se oculta bajo la superficie perfectamente pulida de una imagen que parece perfecta, pues el protagonista confiesa que a raíz del incidente, «me perseguía un temor ridículo: morir sin haber confesado todas las mentiras (…) se trataba de confesarlo a los hombres, a un amigo, a una mujer amada, por ejemplo». Y esta es la razón principal del monólogo que, habiendo partido desde un punto en el que el protagonista se siente superior, hablado sobre sí mismo desde un sitio alzado, va tornando hacia la reflexión sobre quien es él en realidad, dejando así de lado su vanidad y egolatría para desnudarse ante su interlocutor y ante los lectores y mostrarse errático, dubitativo, imperfecto y, en el fondo, humano.
Afirma Camus que «no hace falta ningún Dios para crear culpabilidad y castigar. Con nuestros semejantes, ayudados por nosotros mismos, es suficiente» porque, cómo constata el protagonista «cuanto más me acuso, más derecho tengo a juzgarlo. O mejor dicho, le provoco a juzgarse a sí mismo». Y es que este es el verdadero atractivo de esta novela, construir un relato sumamente atractivo en el que se pone de manifiesto la gran habilidad del autor para, a través de reflexiones, contradicciones y cinismo, ayudarnos a encontrar quienes somos y de qué mal adolecemos como individuales y como colectivo.
lunes, 19 de diciembre de 2022
Lo mejor de 2022
Un año más nos obstinamos en ir contracorriente, en llegar de los últimos para desmentir a muchos de los medios cautivos de jamones, lotes de Navidad y transferencias a cuentas cifradas en paraísos fiscales. También aclaramos que estas son nuestras lecturas durante el año, y que si se nos cuela algún libro inencontrable de hace cuatro décadas, seamos o no conscientes de ello, no nos culpéis. Es el amor a la literatura, que nos ciega con sus fogonazos.
Dicho ello:
La lista de Juan
Año de muchas y buenas lecturas, aunque quizás pocas que hayan destacado del resto. Por eso, me vais a permitir que desgrane mis mejores lecturas a base de tríos...
- Novelas cortas, pero intensas: Carcoma de Layla Martínez, Páradais de Fernanda Melchor y Azucre de Bibiana Candia.
- Cómics/novelas gráficas: Tótem de Laura Pérez, Hierba de Keum Suk Gendry-Kim y El corazón del Imperio de Bryan Talbot.
- Libros sobre libros (y escritores): Panfletario de Iban Zaldua, Bibliotecas imaginarias de Mario Satz y El mundillo literario de Posy Simmonds.
- Bizarradas: El año de la rata de Dr. Alderete y Mariana Enriquez, El necrófilo de Gabrielle Wittcop y Miles de ojos de Maximiliano Barrientos.
- Libros (de ficción... o no) que dejan muy mal cuerpo: Chicas muertas de Selva Almada, La condesa sangrienta de Valentine Penrose y La chica de al lado de Jack Ketchum,
- Fuera de concurso: Todo Makoki de Gallardo & Mediavilla.
La lista de Koldo
Curiosamente o no, pocas novedades de 2022 en mi lista de mejores lecturas del año:
- Novela: El beso de la mujer araña de Manuel Puig, Suave es la noche de Francis Scott Fitzgerald, Violación. Una historia de amor de Joyce Carol Oates, El caballo ciego de Kay Boyle, El mundo es ancho y ajeno de Ciro Alegría, Aniquilación de Michel Houellebecq y Los puntos ciegos de Borja Bagunyá.
- Memorias: Inocencia interrumpida de Susanna Kayssen
- Libros de viajes (en su más amplio sentido): Islas del abandono de Cal Flynn y Diarios del Polo Sur de Robert Falcon Scott.
- Crónicas, artículos, etc. : El otro lado de Mariana Enriquez
- Libros ilustrados: Atlas de literatura latinoamericana de VV.AA.
- Artefacto literario: La vida instrucciones de uso de Georges Perec
La lista de Santi
Año de muy pocas lecturas, pero algunas que me han hecho disfrutar soberanamente:
- El descubrimiento del año: Mariana Travacio, con sus dos novelas Como si existiese el perdón y Quebrada
- Dos relecturas: el Lazarillo y Nada de Carmen Laforet
- Libros necesarios: Nuevas cartas portuguesas de "las tres Marías", El encaje roto, antología de relatos de Emilia Pardo Bazán y Stone Butch Blues de Leslie Feinberg
- Dos libros de casas malditas: Carcoma de Layla Martínez y Restauración de Ave Barrera
- Dos decepciones: Umbilical de Andrés Neuman, de la que esperaba mucho por el tema, pero no, y El gabinete de los ocultistas de Armin Öhri
La lista de Oriol
- Mejores novelas: Los desposeídos de Ursula K. Le Guin, Ayer de Agota Kristof
- Novelas imperfectas que aun así dejan un buen regusto: El seductor de Isaac Bashevis Singer, Noches en el circo de Angela Carter, Augustin Zimmermann de Zuzana Kultánová, Batido de gato de Zigor Dewaelle, Hangsaman de Shirley Jackson, Una oportunidad de Pablo Katchadjian
- Novela que me ha parecido algo sobrevalorada: Desayuno de campeones, de Kurt Vonnegut
- Clásicos: El castillo de Franz Kafka, El doble de Fiódor M. Dostoievski, Los huevos fatídicos de Mijaíl Bulgákov
- Relectura: En las montañas de la locura de H. P. Lovecraft
- Lo mejor en género negro: La muerte de Belle de Georges Simenon, Los pies fríos de Beatriz García Guirado
- Gamberradas descacharrantes: "Un apartamento en tu colon" de Aileen Wuornos, Enano cautivo de Sean Hawker
- Mejor relato: "Quienes se marchan de Omelas" de Ursula K. Le Guin
- Debut narrativo sorprendente: Ruidos humanos de Carlos Pitillas Salvá
- No ficción que me ha gustado pese a su irregularidad: Panfleto contra la democracia realmente existente de Gustavo Bueno, Libertad de VV.AA., El coste de la desigualdad de Diego Sánchez Ancochea, El asesino anda suelto de Paco Villar, Feminismo e Islam de Waleed Saleh, Capitalismo y pulsión de muerte de Byung-Chul Han, Crear peligrosamente de Albert Camus
- Empacho de: Ensayo, cuento, terror y literatura "splatterpunk"
- Editoriales descubiertas: Horror Vacui, Lastarria & De Mora, Piel de Zapa, Dimensiones Ocultas, La Discreta, Esqueleto Negro, Pathosformel, Matraca
- Propósitos para el 2023: Publicar de una vez la antología Para los que estáis irreconocibles, seguir incorporando entrevistas en mis reseñas y conocer a más gente del mundillo
La lista de Marc
- Libro del año: «Ja estem morts, amor», de Xavier Aliaga
- Ensayo del año: «Feminismo de barrio», de Mikki Kendall
- Recopilación de relatos del año: «Radicalizado», de Cory Doctorow
- Grandes debuts en narrativa: Natasha Brown, Núria Bendicho Giró, Ocean Vuong
- Descubrimientos del año (autores): Albert Camus, Stig Dagerman, Cory Doctorow, Amor Towles, Walter Tevis
- Grandes descubrimientos tardíos (en libros): «Flores para Algernon», de Daniel Keyes
- Consagraciones del año (autores de quienes hay que leerlo todo): Pol Guasch
- Libro infantil del año: «La montaña de libros más alta del mundo», de Rocío Bonilla
- Caerán más libros de: Clarice Lispector, Siri Hustvedt, Amor Towles.
La lista de Montuenga
- Ensayo: La revuelta de las putas de Amelia Tiganus
- Novela histórica: Las fiebres de la memoria de Gioconda Belli
- Novela de época: El desertor de Siegfried Lenz y Kruso de Lutz Seiler
- Novela publicada este año: La decadencia de Nerón Golden de Salman Rushdie
- Novela decepcionante: El mercenario que coleccionaba obras de arte de Wendy Guerra
- Experimento fallido: Las niñas prodigio de Sabina Urraca
- Ya me lo esperaba: La hija oscura de Elena Ferrante
- Novela: Difícil, muy difícil de decidir, así que si se me permite, y ya que veo que algunos colegas no se han privado, pondré cuatro a un nivel parecido: El autobús perdido, de John Steinbeck; Autorretrato con piano ruso, de Wolf Wondraschek; Una cuestión personal, de Kenzaburo Oé; y La muerte de Iván Ilich, de Lev Tolstoi.
- Relato corto: Bestiario, de Julio Cortázar
- Clasicazo (con sus peculiaridades): La Ilíada, de Homero
- Crónica bélica: Otoño alemán, de Stig Dagerman
- Ensayo (también tienen que ir dos): Nadie nace en un cuerpo equivocado, de José Errasti y Marino Pérez Álvarez, e Influencers, de Ole Nymoen y Wolfgang Schmitt
- Libro sobre arte: ¿Qué estas mirando?, de Will Gompertz
- Teatro: Borís Godunov, de Aleksánder Pushkin
- Experimento: Lo infraordinario, de Georges Perec
- Crónica histórico-literaria: Otoño en Madrid hacia 1950, de Juan Benet
Entre medio, algunas cosas que han quedado cerca de esta lista de destacados, y otras inevitablemente prescindibles, regulares o más o menos decepcionantes. Como siempre, vaya. Veremos lo que está por venir.
La lista de Nieves J.
jueves, 4 de julio de 2013
José Luis Galar: Tras Albert Cossery
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable
sábado, 7 de noviembre de 2009
250 entradas - 250 años (y II)
Con 2 votos:
- Crimen y Castigo, de Dostoievski
- Esperando a Godot, de Samuel Beckett
- Fundación, de Isaac Asimov
- La peste, Albert Camus
- Las flores del mal, Baudelaire
- Maus, de Art Spiegelman
- Pedro Páramo, de Juan Rulfo
- Ulises, de James Joyce
Con 3 votos:
- Cuentos de Edgar Allan Poe
- Ficciones, de Jorge Luis Borges
- La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca
- La metamorfosis, de Franz Kafka
- Madame Bovary, de Gustave Flaubert
Enhorabuena a los premiados, y como siempre, se abren los comentarios para aplaudir, completar o criticar nuestro particular "canon".
martes, 4 de noviembre de 2025
Reseña + entrevista: Michel Houellebecq. La corrosión de lo humano de José Carlos Rodrigo Breto
Valoración: Bastante recomendable
Hace unos días hablábamos de Céline y de la separación entre obra y autor. Y hoy toca hablar de Michel Houellebecq, quien podría, hasta cierto punto, ser considerado una especie de "heredero" de Céline, tanto en lo literario como en la polémica que rodea su enjuta figura y su obra. Como sucede con Céline (y con muchos otros), creo que en el caso de Houellebecq hay que poner el foco en la obra y dejar de lado declaraciones más o menos "altisonantes". ¡Ya sabemos cómo se las gastan nuestros vecinos del norte con eso de escandalizar, epatar a la burguesía, los enfant terribles y esas cosillas!
El caso es que con su Michel Houellebecq. La corrosión de lo humano, Breto se centra en lo literario y desgrana las nueve novelas (y algo de El mundo como supermercado) publicadas hasta la fecha por el francés a través de las influencias, los temas y las obsesiones que las recorren.
Y aunque el propio autor nos avise de que este este es un libro triste que habla de libros tristes con personajes tristes, creo que el análisis (quizá un pelín reiterativo en algunos momentos) que hace Breto de la obra de Houellebecq es asequible tanto para fans irredentos como para no iniciados. Porque... ¿a quién lo le puede interesar el análisis de la obra que mejor refleja en final del siglo XX y el comienzo del XXI, que mejor habla de la soledad de la existencia, de la decadencia, del despojamiento, de la reformulación del ser humano? ¡Sí, Juan, sí, es lo que hay!
Digo que se trata de un análisis asequible porque las referencias o influencias que encontramos en Houellebecq son perfectamente reconocibles (Albert Camus y su Meursault, Kafka y mucha de su obra, Perter Handke y su Bloch) y porque cualquier hombre blanco, europeo, de entre 30-60 años y medianamente heterosexual podrá identificar algunas, muchas o todas de las obsesiones y temas que recorren las novelas: vacío existencial, amargura, alienación y desesperación, melancolía, esperanzas frustradas, etc. Por eso quizá hay gente a la que resulta tan "desagradable" su lectura, porque no hace otra cosa que ponernos frente a un espejo para que veamos en el nuestros "lujos y miserias".
Lo anterior nos lleva a plantearnos si no será Michel Houellebecq el escritor existencialista de nuestra época (si Michel lee esto, igual nos mata) o el último humanista en un mundo deshumanizado. Es posible, aunque yo le veo más como esos escritores centroeuropeos del período de entreguerras o como los rusos de mediados y finales del XIX, escritores que retrataron como pocos al ser humano y el final de una época, esa que les tocó vivir y sufrir. De ahí su vigencia y su universalidad, la que esperemos tenga Houellebecq en el futuro.
No me enrollo más. No hablaré aquí de las 3 etapas que Breto distingue en la obra novelesca de Houellebecq, su carácter más o menos visionario, etc. De eso hablamos en la charla que mantuvimos con él y que enlazamos a continuación. Así que bajad a pillar algo de comida envasada a Carrefour y a ver el vídeo!!!
P.S.: Me parece "indignante" que este libro no lleve en cubierta una foto de Michel Houellebecq. ¡Espero que la segunda edición del libro la incluya!
También de Rodrigo Breto en ULAD: Nuevo kafkarama
viernes, 8 de enero de 2021
Simone de Beauvoir: Los mandarines
No os voy a mentir: esta obra es difícil de leer. Es extensísima; tiene muchos personajes, cuyos nombres, bagaje y carácter cuesta recordar; su argumento se cuece a fuego lento; su subtexto filosófico, exitencialista y político es, por momentos, algo abstruso. Asimismo, producirá rechazo a más de uno por cuestiones ideológicas. ¿Qué me importan a mí las movidas de la izquierda?, dirán unos cuantos. ¿Por qué debería interesarme algo que no pasa el test de Bechdel?, se preguntarán otros.
sábado, 4 de marzo de 2023
Cristina Rivera Garza: El invencible verano de Liliana
lunes, 19 de diciembre de 2016
ULAD: Lo mejor del 2016
- Libro del año: Pues para mí el libro del año ha sido Breve historia de siete asesinatos de Marlon James. No sé decir exactamente el motivo, pero al final me recuerdo acarreándolo, con su presencia imponente y su lomo amarillo, siguiendo andanzas de rastafaris y es una sensación demasiado imborrable. Quizás sea un libro cautivo de su componente visual, pero desde cuándo va a ser malo que una novela contemporánea te recuerde a una nueva temporada de The Wire. Con dos muy dignos contendientes: Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin y Satin Island de Tom McCarthy, cuya importancia aún no soy capaz de calibrar.
- Sorpresón postrero: el festín de Xavi Ayén en La vuelta al mundo en 80 autores.
- Porquerías: En un año globalmente positivo: el incomprensible apoyo a algo tan vacuo como Érase una vez el fin, de Pablo Rivero, o la esperada constatación del timo de La chica del tren
- Caerá en 2017: Cualquier Saer que se ponga en medio.
- No tocar ni con un palo: Zanón, Pérez Andújar, y todos aquellos que quieren apropiarse de la literatura de barrio. Por mediocres y por cansinos.
- Los comentarios me han hecho salivar para el 2017: Vollmann y, dicen, el Ray Pollock que viene.
- Tochoclásico del año: Ulises de Joyce.
- Novelón histórico-o-lo-que-sea del año: Música acuática de T. C. Boyle.
- Novelón negro del año para-disfrutar-como-un-cochino: Perfidia de James Ellroy.
- Libro de relatos del año: Vidas imaginarias de Marcel Schwob.
- Novela gráfica del año: El arte de volar de Antonio Altarriba y Kim.
- Frikilibro del año: La exhibición de atrocidades de J. G. Ballard.
- Novela que ni fu ni fa: Cicatriz de Sara Mesa.
- Novela que algo fu y algo fa: Patria de Fernando Aramburu.
- Libro que se me cayó de la manos: Sumisión de Houellebecq
- Libro que ojalá se me hubiese caído de las manos: Me llamo Lucy Barton de Elizabeth Strout.
- Libro que no me atreví a reseñar: El secreto de la modelo extraviada de Eduardo Mendoza.
- Espero leer en 2017: La tetralogía de "las dos amigas" de Elena Ferrante.
Carlos Andia:
- Volumen imponente del año: El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty -algunas claves que deberíamos conocer.
- La relectura del año: Coronación, de José Donoso -buenas sensaciones después de muchos años
- Libro de Historia del año: Continente salvaje, de Keith Lowe -una etapa muy especial de la Historia de Europa
- Una joya a la que tenía muchas ganas: Locus Solus, de Raymond Roussel -atrévase usted.
- Clásico rescatado: Reivindicación del conde don Julián, de Juan Goytisolo -imprescindible con mayúsculas.
- Obra de teatro del año: Calígula, de Albert Camus -todo intensidad
Koldo CF:
- Clasicazo: En busca del tiempo perdido de Marcel Proust
- Novela en español: Seno de Ramiro Pinilla
- Novela extranjera: Los restos del día de Kazuo Ishiguro
- Libro de relatos: Evocación de Matthias Stimmberg de Alain-Paul Mallard
- Libro "musical": El café celestial de Stuart Murdoch
- Poemario: Ancia de Blas de Otero
- Novela histórica: Bomarzo de Manuel Mujica Lainez
- Truñazo del año: Andrés Iniesta: La jugada de mi vida. Memorias
- Decepción del año: Bravura de Emmanuel Carrère
- Propósito para 2017: Releer y reseñar la tetralogía El mar de la fertilidad, de Yukio Mishima
Montuenga:
- Publicadas este año (o el pasado):
- Mejor novela: Brújula de Mathias Enard
- Mejor ensayo: En defensa del error de Kathryn Schulz
- Mejor crónica de viajes: Mi vida en la carretera de Gloria Steinem
- Peor novela: Las chicas de Emma Cline
- En general:
- Mejor novela: Meridiano de sangre de Cormac McCarthy
- Mejor ensayo: Tratado de ateología de Michel Onfray
- Peor ensayo: ¿Es usted un psicópata? de Jon Ronson
- Mejor novela leída este año: La hierba roja de Boris Vian
- Mejor libro de relatos: Estrómboli de Jon Bilbao
- Plomazos del año: La montaña mágica de Thomas Mann y El tambor de hojalata de Günter Grass (la literatura alemana no es lo mío, se ve...)
- Libros españoles del año de los que esperaba más: Mala letra de Sara Mesa; El sistema de Ricardo Menéndez Salmón; Madre e hija de Jenn Díaz; Patria de Fernando Aramburu...
- Autor descubrimiento del año: David Toscana
- Una rareza maravillosa: Juego de cartas de Max Aub
- Autora a la que seguiré leyendo en 2017: Elena Ferrante
- Autor al que NO seguiré leyendo en 2016: Karl Ove Náusea
- Y una coda vasca:
- Un ensayo: El eco de los disparos de Edurne Portela
- Una novela / autoficción: El comensal de Gabriela Ybarra
- Una antología: Nuestras guerras. Relatos sobre los conflictos vascos
- Libro del año: El bar de las grandes esperanzas, de J.R. Moehringer
- Autobiografía del año: Instrumental, de James Rhodes
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- Tochonovela del año: La broma infinita, de David Foster Wallace
- Ensayo del año: Esto es agua, de David Foster Wallace
- Clásico que debería haber leído antes: La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig
- Libro del que no debería ni haber pasado de la portada: En manos de las furias, de Lauren Groff
- Decepción del año: Sueños de trenes, de Denis Johnson
- No pasará un año más sin leer: La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe
- Autor que debo recuperar porque lleva tiempo olvidado (injustamente): Haruki Murakami
- Caerán más libros de: Stefan Zweig
- Ganas de que llegue el 2017 para lo nuevo de: Siri Hustvedt, Paul Auster y Karl Ove Knausgaard
miércoles, 18 de enero de 2012
John Banville: El libro de las pruebas

Título original: The Book of Evidence
Valoración: Recomendable
Si el que más y el que menos se ha preguntado alguna vez qué es lo que les pasará por la cabeza a esos tipos (hasta ese instante concreto presuntos ciudadanos ejemplares) que saltan a la prensa de pronto por haber cometido un crimen, los escritores – antes de Capote y después – no van a ser menos. Todo lo contrario: en particular, a John Banville – quien, como ya comenté en otro momento , se convierte en Benjamin Black cuando escribe novela policíaca – en cualquiera de sus dos identidades, le apasionan los mecanismos metales que provocan esas conductas.
A El libro de las pruebas se le suele comparar con El extranjero. No sólo no estoy de acuerdo, además, lo considero injusto. La novela de Albert Camus se encuentra en el Olimpo hace tiempo y, por tanto, a salvo de cualquier descrédito ocasional, pero si el propósito de la comparación es añadir méritos a Banville, lo que consigue es precisamente lo contrario. Como sabemos, gran parte del valor artístico de una obra reside en su individualidad, sin olvidar que con un mecanismo tan absolutamente perfecto en su sobriedad como es El extranjero resulta imposible competir. La copia saldrá perdiendo si es más complicada, más artificiosa, menos sincera que el modelo – que lo es – pero también si la diferencia estriba en todo lo contrario. En consecuencia, es en lo que las separa dónde tenemos que buscar sus valores. Por otra parte, ni siquiera se parecen: que ambas tengan en común una madre muerta y enterrada, además de un reo que trata de hacer memoria, me parece muy poca cosa. Las personalidades de los protagonistas no tienen nada que ver, el tono, los recursos, el argumento, las cosmovisiones respectivas, lo que narra son completamente distintos.
Pero las comparaciones son odiosas y estamos hablando de El libro de las pruebas, al que no le faltan méritos propios.
Banville tiene a favor la relativa complejidad de la trama, su fino análisis psicológico, su bien perfilado cinismo, el esbozo que realiza de los bajos fondos y de los siniestros tipos que los habitan, la recreación de una personalidad que recuerda a algunos ejemplos que encontramos en las páginas de sucesos de vez en cuando. Perfiles tan indeseables para la convivencia como atractivos sobre el papel, dado que el análisis de sus entresijos mentales probablemente conduzcan a un mejor conocimiento de nosotros mismos. Quizá, en los héroes y los criminales se encuentre el embrión de lo que somos, ya que ¿de dónde salen perversión y heroicidad? ¿Llevamos todos dentro ambas conductas o sólo en circunstancias extremas aparece la tendencia que predomina en cada uno?
La evolución mental del protagonista, sus paradojas e incongruencias, están maravillosamente reflejadas. Se parecen bastante a las de cualquiera pero, en este caso, llevadas al límite. Probablemente no esté loco, lo que es seguro es que se trata de una mente confusa, fragmentada de tal modo que una introspección como la que lleva a cabo sólo consigue agravar. La técnica es irreprochable, el estilo brilla en muchos momentos con esas descripciones en que entorno y estado de ánimo se alían hábilmente logrando que nos identifiquemos con el personaje, incluso que, en algún punto, nos confundamos con él. Pero también hay que fijarse en una autenticidad que flojea en muchos párrafos y en que esas contradicciones de la mente humana tan bien planteadas son difíciles de separar de cierta inconsistencia narrativa.
Lo que me ha chocado, ya desde el principio, es el tono, que no coincide con el que correspondería a una confesión dirigida a un juez. Demasiado artificioso, lírico, sincero, detallado, autocomplaciente y hasta cínico para un contexto como ése. Ni siquiera como convención literaria resulta convincente. Lo que he echado en falta es un relato más detallado del origen de los hechos, de la amenaza que tiene lugar en una isla mediterránea (presumiblemente española) y que, indirectamente, sirven de desencadenante de la errática conducta del personaje. Lo escueto y ambiguo de esta primera parte contrasta con la morosidad y el detalle con que narra lo sucedido en Irlanda. Pequeños defectos ampliamente superados por una prosa y una análisis psicológico que sitúan a esta novela en un lugar más que digno.
Por cierto, entre Benjamin y John, prefiero a éste sin duda, se toma su oficio con mucho más interés que el otro.
Del mismo autor: Aquí





