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martes, 19 de abril de 2016

TochoWeek #2. James Joyce : Ulises

Idioma: inglés
Título original: Ulysses
Año de publicación: 1922
Páginas: 976
Traducción: José María Valverde
Valoración: imprescindible

Permítanme comenzar con una breve digresión sobre lo que es "políticamente correcto" (lo que decimos cuando pensamos que nuestras palabras van a quedar registradas o tendrán alguna repercusión) y lo "socialmente correcto" (lo que pensamos que hay que decir ante la máquina de café de la oficina o acodados en una barra de bar, compitiendo por ser el más "cuñao"). Un ejemplo, para entendernos: políticamente correcto puede ser disertar sobre las vanguardias artísticas, visitar museos de arte contemporáneo y tener una reproducción de un cuadro de Kandinsky en la pared del salón. Socialmente correcto es decir que "eso lo hace mi hijo pequeño" ante el cuadro de Kandinsky o contar la anécdota apócrifa de la limpiadora de ARCO que confundió una obra expuesta con un cenicero... Pues algo así ocurre con el Ulises, uno de los libros más suceptibles -quizá el que más- de ser objeto del postureo gafapástico, por un lado, pero también del desdén y hasta la ira de indignados lectores que no consienten "que se les tome el pelo".
Aunque no sólo indignados pero desconocidos lectores, claro: hay una nutrida lista de escritores, desde D. H. Lawrence al sin par Paulo Coelho... (sí, me duele poner a éste en el misma categoría que los demás, pero es responsable de una frase preclara sobre la novela: "El Ulises de Joyce hizo mucho mal a la literatura, porque nadie lo ha leído y todo el mundo dice que lo ha leído"). Mi opinión favorita, sin embargo, es la de Virginia Woolf: "Es el esfuerzo de un estudiante nauseabundo reventándose los granos". ¡Olé, doña Virgi!
Por supuesto, de igual forma ha habido colegas suyos no menos destacados y agudos  que han admirado y ensalzado la obra de Joyce: T.S. Eliot -que se lo recomendó a la Woolf-, BorgesFaulkner o Nabokov... De entre todas las opiniones, yo me quedo con una sentencia del inteligente y sutil Anthony Burgess sobre Joyce: "... una vez leído y absorbido un solo ápice de la esencia de este autor, ni la vida ni la literatura vuelven a ser las mismas de nuevo".
Tal cual, Mr. Burgess. Porque lo remarcable del Ulises no es la historia que nos cuenta, la de un día determinado (el 16 de junio de 1904, el día que James Joyce tuvo la primera cita con su mujer Nora) en la vida de unos dublineses, por lo demás no demasiado notables: Stephen Dedalus, Leopold Bloom y su esposa Molly. Tampoco es importante que estos personajes sean un reflejo de los protagonistas de la Odisea de Homero: Telémaco, Ulises y Penélope, respectivamente (bien es cierto que alguna interpretación que a mí me parece con bastante sentido considera que Stephen es también un trasunto del Joyce joven y Leopold del Joyce maduro... de la edad a la que acabó este libro). Nada más alejado de lo heroico, sin embargo, que el tono de la novela: el capítulo en el que se nos presenta a Leopold, por ejemplo, acaba con el relato de una de sus evacuaciones  intestinales...
No es lo más destacable que la estructura del libro se base también en la Odisea, con cada uno de sus capítulos avanzando de forma paralela a los cantos de aquella, y traduciendo el mito clásico a la mucho más prosaica Dublín de hace un siglo.
No es lo más importante, aunque quizás sí memorable, que Joyce despliegue una pericia técnica sin igual en la literatura escrita hasta ese momento -no dudo que habrá quien encuentre algún precedente de esto o aquello; ya sabemos cómo son los estudiosos-, todo un derroche de estilo -estilos- que consigue plasmar el continuo flujo de pensamiento de los personajes a través del monólogo interior -"stream of consciousness"-; sin olvidar los juegos de palabras y de imágenes, a todos los niveles, las referencias clásicas y cristianas; sagradas, profanas y mundanas (realmente, la novela merece otra lectura deteniéndose con más sosiego en las anotaciones del traductor, para entender a fondo cada párrafo). Joyce consigue combinar sin complejos lo más soez con lo profundo del pensamiento, lo banal con lo transcendente, lo sexual y lo fúnebre... (¿Eros y Tánatos? Uf... mejor lo dejo aquí).
Lo importante, lo fundamental, es que Joyce puso con este libro punto y final a toda la tradición narrativa occidental, que comienza con Homero. Si la Odisea es el Alfa, el Ulises es el Omega, las columnas de Hércules de la novela; es el Apocalipsis de San James, el diluvio tras de mí, el apaga y vámonos. Hasta aquí hemos llegado y el que venga detrás que arree... Y no es que después de Joyce no se pueda escribir más novela, pero eso ya será -ya ha sido- otra cosa: caminar por senderos explorados; es el ferrocarril, la plantación y el resort con campo de golf, no la selva virgen (e incluyo lo que han hecho muchos epígonos de Joyce, algunos muy aventajados: Gaddis, Pynchon... aunque en este asunto, también quien golpea primero da dos veces). Tenía razón Burgess, desde luego y, maldita sea, aún sin pretenderlo, también Paulo Coelho, en cierto modo...
Pero hay más: Joyce es el niño que grita que no ve el traje del emperador, y desnuda a sus personajes, a sí mismo y a nosotros... señalando lo que de nosotros hay en Stephen, Leopold, Molly... que es mucho, me temo. Joyce no es un escritor simpático -lo que no excluye un peculiar sentido del humor-, no es clemente ni misericordioso, pero dice la verdad.
Último apunte: esta novela, más allá de odios y fervores, postureos y cuñadismos, no se puede calificar de otra forma sino como imprescindible. Pero, siguiendo un criterio contrario al de Los reconocimientos, aún por los mismos motivos, no se la puedo recomendar a nadie. Quien la lea, que sea por su cuenta y riesgo.


Otros títulos de James Joyce reseñados en Un Libro Al Día: DublinesesExiliados

martes, 22 de marzo de 2016

James Joyce: Exiliados

Idioma original: inglés
Título original: Exiles
Traducción: Fernando Toda
Año de publicación: 1.915
Valoración: Está bien 


Entre el repertorio de muy conocidas obras de James Joyce (bueno, conocidas al menos en el título), pasa generalmente desapercibida su única incursión en el mundo del teatro que, como astutamente habrá adivinado el lector, es justo este Exiliados que voy a intentar comentar. Porque, oiga, para eso también está ULAD, para divulgar entre sus parroquianos libros extraños, desconocidos, improbables…, libros que hemos tenido ocasión de conocer y disfrutar (o sufrir, que de todo hay).

El genial irlandés escribió Exiliados al poco de concluir Retrato del artista adolescente y cuando empezaba a construir los cimientos del Ulises. Por lo visto, James era admirador de Ibsen, hasta el punto de que (dicen) aprendió noruego sólo para leer sus obras sin traductor de por medio (o sea, como se cuenta de Unamuno con Kierkegaard). Así que me imagino al Sr. Joyce entre dos fuerzas divergentes igualmente poderosas: por un lado, el hechizo de Ibsen, que quizá le empujaba hacia un modelo dramático más o menos convencional; y por otro, el tsunami creativo que estaba tomando forma en su cabeza, para estallar poco después en sus obras más vanguardistas. 

O puede ser que simplemente utilizó este breve contacto en el teatro para ajustar ciertas cuentas con su vida doméstica, o intentar poner orden en sus ideas. Porque Exiliados tiene un importante componente autobiográfico, como pasamos a contar ahora.

La obra se basa en un triángulo amoroso, lo cual no puede decirse que sea muy original, al menos en principio: el escritor Richard Rowan, que acaba de volver a Irlanda tras varios años en el continente europeo, su pareja Bertha (pareja, que no esposa, lo cual hoy parece irrelevante, pero no lo era en la católica Irlanda de hace un siglo), y Robert Hand, antiguo amigo íntimo del primero, y compañero de correrías juveniles. Vamos, una situación calcada de la del propio Joyce, sobre cuya relación con su compañera Nora se extendieron –quizá interesadamente- rumores de infidelidad con un supuesto amigo común.

Pero este punto de partida –como digo, nada novedoso- se utiliza para explorar en terrenos menos habituales. Para no desvelar más de lo debido, diré que los papeles de engañador y engañado van trasladándose de un personaje a otro, no en forma de simple enredo, sino en un nivel intelectual, que constituye el auténtico eje de la obra: la tesis consiste en que no son la fidelidad o la confianza los pilares sobre los que se sostiene la pareja, sino justamente la duda, el mantenimiento (o incluso la creación artificial) de cierto grado de incertidumbre. Se estimula así el poder de un vínculo espiritual, que no obstante tampoco queda claro si domina al carnal, lo presupone o simplemente es ajeno a él. 

Ese es el estrés en que se sumergen los personajes, unos de forma voluntaria, otros convertidos en mero instrumento de ese mecanismo, tal vez algo perverso. Y el resultado es que reclaman del lector ser escrutados en cada frase y cada gesto, y se muestran llenos de matices, mientras vamos recorriendo sentimientos y conceptos que flotan alrededor de la relación de pareja y la condicionan/definen/delimitan: la amistad, la posesión, la culpa, la admiración, la libertad. Y también la inacción, porque en Richard se dibuja un peculiar tipo de héroe cuyo valor reside precisamente en no hacer nada, para desconcierto de los demás.

Se diría en definitiva que Joyce parte de sus asuntillos particulares, les da forma (no sé si realista o voluntarista) y, ya puestos, se dedica a sondear en diferentes perspectivas de la relación amorosa, puede que buscando respuestas para sí mismo. El libro no es desde luego lo que uno espera encontrarse cuando tiene entre manos algo de Joyce, sobre todo en el aspecto formal. Es tal vez una obra menor, un material atípico y quizá prescindible, pero elaborado con inteligencia y que no deja de tener su interés.

Otras obras de James Joyce en Un Libro Al Día: DublinesesUlises

viernes, 5 de febrero de 2010

James Joyce: Dublineses

Idioma original: inglés
Título original: Dubliners
Fecha de publicación: 1914
Valoración: imprescindible

Para 1905 Joyce ya tenía planeado escribir una serie de historias cortas independientes que se unirían en Dublineses para formar una obra redonda y compacta. Esta peculiar y memorable novela no se publicó hasta 1914, tras algunas pequeñas concesiones editoriales. Sin embargo, James Joyce siempre se negó en redondo a omitir historias o a cambiar el orden de las mismas.

Y es que nada en Dublineses es aleatorio. Cada una de las quince historias que la conforman aporta su particular pincelada al retrato colectivo implícito en el título: las tres primeras nos hablan de la infancia; las cuatro siguientes, de la adolescencia; las siguientes, de la madurez; las últimas, de la vida pública. Así, asistimos al desarrollo -¿o tal vez degeneración?- de este protagonista múltiple que se nutre de cada protagonista particular y que crece no sólo en cuanto a temática sino en cuanto a forma. Ejemplo: las historias protagonizadas por niños están narradas en primera persona, pero en cuanto pasamos a la adolescencia encontramos diferentes juegos de focalización narrativa en tercera persona.

A pesar de no ser una novela al uso, Dublineses tiene definitivamente la consistencia y complejidad suficientes para no ser considerada como una mera recopilación de relatos: es lo que algunos críticos han convenido en llamar "composite novel" (algo así como "novela compuesta" en español).

Las historias, aunque son totalmente autónomas, adquieren un sentido más profundo al ser leídas en su conjunto, y están perfectamente interrelacionadas mediante la combinación de ciertos factores recurrentes: la ciudad de Dublín y el efecto opresor que ésta tiene en sus habitantes, el peso de la religión, el nacionalismo irlandés, el omnipresente alcohol...

Y también algunos menos obvios, como la anteriormente mencionada especial organización de las historias (no sólo nos movemos desde la infancia hasta la adultez, sino desde el verano hasta el invierno), el uso recurrente de la violencia y, más sutilmente, la atmósfera gris, irrespirable y "paralizante" de todas las historias. La ciudad retratada es un símbolo de la gloria ansiada e inalcanzada, e imposible de alcanzar si sus habitantes no cambian. El problema es que todos los protagonistas se encuentran, precisamente, "paralizados".

Dublineses es una obra rica, original, completa y, sobre todo, compleja. En definitiva, imprescindible. Por eso, quien se anime a abordarla deberá armarse de una buena edición anotada: cada frase adquiere significados inusitados dependiendo del ángulo desde el que se lea.


Otros libros de James Joyce  reseñados en Un Libro Al Día: ExiliadosUlises

lunes, 19 de junio de 2017

Kevin Birmingham: El libro más peligroso


Idioma original: inglés
Título original: The Most Dangerous Book
Año de publicación: 2016
Traducción: Óscar Palmer
Valoración: obscenamente muy recomendable

Este es uno de esos libros que hace que quienes comentamos sobre literatura nos vengamos algo arriba. Una conjunción de factores demasiado tentadora. Un estudio literario sobre una obra cumbre de la literatura (un clásico contemporáneo) que combina elementos diferentes, todos ellos atractivos a priori. Buena escritura, temática con aromas épicos, sentido del suspense, ritmo adecuado en lo narrativo combinado con la oportuna puesta en contexto de todo el entorno que rodeó la publicación de la obra en cuestión. Que es Ulises de James Joyce. La clase de libro cuya reseña, gracias, Juan, uno espera que un blog como el nuestro (conocido en ciertos círculos como blogcillo barato) incluya orgulloso integrando algo parecido a un fondo de armario en lo que a contenidos concierne. La clase de libro a la que tanta y tanta gente ha intentado meterle mano, saliendo escaldada en muchos casos de su difícil lectura y comprensión.
Y en función de lo leído en esta inclasificable obra, más de uno puede preguntarse si el mito que rodea a Ulises, que no es la única obra difícil y extensa de la literatura universal ni mucho menos, hubiera sido tan enorme de no mediar todo lo que El libro más peligroso describe. O, que viene a ser lo mismo, si esta obra no fue una de esas demostraciones fehacientes de que "lo importante es que hablen de uno, aunque sea mal".
Lo que se describe aquí queda en una atractiva confluencia que por momentos me ha recordado aquel magnífico ensayo/biografía sobre Salinger que reseñé aquí, guardando las debidas distancias, pues puede ser que Birmingham se centre algo más en el proceso de un libro en particular, sin ahondar tanto en detalles biográficos. Aunque todo lo que se escribe aquí sobre la vida de James Joyce viene a cuento. Su curiosa historia de amor con su esposa Nora Barnacle. Sus problemas de salud, concretamente los derivados de las enfermedades venéreas (frecuentaba prostíbulos) y los que afectaban a su visión, condicionando la escritura de la obra, un proyecto personal que todas las circunstancias convierten en obsesión.
Y, por supuesto, el centro del libro, la colosal lucha que supuso para él conseguir que Ulises fuera publicado tal como lo concibió, lucha que se hizo titánica a raíz de los sucesivos avances de sus capítulos en revistas cuyas publicaciones iban acompañadas de escándalos, de acusaciones por obscenidad de los respectivos capitostes atrincherados en las rancias y puritanas instituciones de la época, más pendientes de una descripción demasiado minuciosa del deseo sexual que de algo que hoy nos parece tan obvio como permitir que las mujeres votaran. Las maniobras, tanto para evitar su publicación como para conseguirla, convierten esta lectura en un cierto juego de suspense del cual, aunque conocemos el final; no deja de sorprendernos el encono de uno y otro bando. Joyce contó con la ayuda de importantes factores, aunque hubo de recurrir a ciertos entresijos que hoy nos dejan pasmados, apelar a editores, libreros, incluso tuvo que sufrir el veto de ciertos talleres de imprenta que no querían verse relacionados con lo que se consideraba una obra obscena y escandalosa. Cuesta creer que así estuvieran las cosas apenas hace un siglo y que hoy aún haya zonas de nuestro planeta en las que la moral inculcada por la religión y la pura religión coarten de tal manera la libertad de expresión, tanto a nivel personal como en lo que se refiere al proceso de creación artístico. Cuesta creer también que en ese momento algo como la literatura movilizara a la sociedad de la época, cuando a la de la nuestra parece que solo la movilicen pocas cosas, y prefiero no pararme a pensar cuáles.

sábado, 26 de julio de 2014

Rachel Joyce: Perfecto

Título original: Perfect
Idioma original: inglés
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

En 1972, Byron tiene once años y es uno de los pocos niños de su escuela que puede presumir de tener una madre perfecta: es guapa, amable, lista, buena cocinera, tiene la casa siempre limpia y ordenada, su jardín es la envidia de los vecinos y siempre cuida de que sus hijos y su marido acudan tan perfectos como ella al colegio y al trabajo, respectivamente. Pero toda esa perfección empieza a desmoronarse cuando, de camino al colegio, su madre atropella accidentalmente a una niña. Será entonces Byron, con ayuda de su amigo James, quien idee un plan para salvarla de la crisis a la que irremediablemente parece estar abocada.

En la actualidad, Jim acaba de ser contratado en una cafetería para limpiar mesas. Es uno de los pocos trabajos que puede desempeñar, a pesar de que es un hombre adulto, porque ha pasado la mayor parte de su vida recibiendo tratamiento en varias instituciones mentales. Aunque parece que su vida empieza a ponerse en orden gracias a la rutina laboral, aún tiene que vencer los rituales que siempre han gobernado su vida y que aún hoy llenan sus noches.

Así comienza Perfect, la segunda novela de la escritora inglesa Rachel Joyce, quien ya se ganó el favor de la crítica y el público con El insólito peregrinaje de Harold Fry. En esta ocasión y de la mano de Byron y Jim, la autora nos ofrece una historia más oscura y ambiciosa que la del buen Harold de su debut, en la que sus personajes tienen que intentar salir adelante en un mundo que, debido a un pequeño error, parece haber cambiado de forma irremediable y ya no los acepta.

Como ya ocurría en su primera novela, Joyce regala al lector momentos humorísticos que aligeran la tensión que parece no desaparecer nunca y que en esta ocasión resultan más que agradecidos, debido al ambiente trágico imperante. Perfect es, también, una historia más verosímil que su antecesora (y que conste que esto no lo digo como una crítica) y por ello menos amable y más implacable con sus personajes, algo que Joyce aprovecha para, además, hacer una sutil pero efectiva crítica social.Una recomendable lectura, en resumen, que no decepciona y que mantiene vivo nuestro interés de la primera a la última página.



También de Rachel Joyce: El insólito peregrinaje de Harold Fry.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo mejor del 2017, ULAD dixit

Marc Peig dice:

Juan G. B. dice:

Koldo CF dice:
  • Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
  • Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
  • Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
  • Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
  • Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
  • Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
  • Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti) 
  • Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
  • Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
  • Propósito 2018: Apuntarme al gimnasio y sacar a Marc del lado oscuro knausgardiano

Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
  • Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
  • Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
  • Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
  • Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
  • Mejor libro de relatos'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
  • Peor libro de relatos'Alevosías', de Ana Rossetti
  • Mejor libro de historia/pensamiento/política'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
  • Mejor libro de arte/estética'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
  • Descubrimiento del año'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
  • Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
  • Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.

Oriol Vigil dice:
    • Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
    • Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
    • Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    • Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
    • Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
    • Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
    • Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
    • Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
    • Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
    • Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
    • Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.

      Beatriz Garza dice:
      • Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
      • Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
      • Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
      • Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
      • Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
      • Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
      • Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
      • Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica. 

      Carlos Ciprés dice:
      • Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
      • Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
      • Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
      • Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
      • Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
      • Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
      • Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
      • Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.

      Santi dice:

      Francesc Bon opina:
      • He tenido años mejores
      • No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
      • Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
      • Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno":  La uruguaya de Pedro Mairal
      • Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
      • Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
      • Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
      • Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
      • Lista de deseos: tiempo 
      Montuenga dice:

      FICCIÓN:

      NO FICCIÓN:

      domingo, 16 de diciembre de 2018

      Antonio Soler: Sur


      Idioma original: Castellano
      Año de publicación: 2018
      Valoración: Está muy bien

      Las novelas que merecen la pena deben servir para “captar en un supremo esfuerzo, del torrente inexorable del tiempo, una fase transitoria de la vida para exponer el fragmento rescatado a los ojos de todos (…) mostrar su vibración, su color, su forma (,,,) revelar la sustancia de su verdad, desvelar su secreto inspirador: la tensión y la pasión que hay en el núcleo de cada instante convincente…”, explicó alguien que llegó a saber bastante del asunto, Joseph Conrad. Y ese empeño resulta más que patente en Sur, casi quinientas páginas en las que Antonio Soler (Málaga, 1956) ha querido capturar el pulso de una ciudad durante un día de principios de agosto, acosada por el terral y recorrida por un plantel de personajes para los que la convivencia resulta apenas una suerte de trituradora existencial.

      Sur es una novela arriesgada, ambiciosa, exigente. Muestra una ciudad -a la que no se nombra, aunque sí sus calles, plazas, barrios y playas, lo que la hace fácilmente reconocible- a través de una decena de protagonistas, personas grises con vidas corrientes, rutinas mecánicas y estrechos anhelos. Unos de la considerada como clase media (o mediocre), la mayoría de clase baja (y vulgar), así, sin paliativo; ingresos comprimidos, trémulos subsidios, rancias pensiones, trapicheos al detall, golpes descerebrados… Quizás con la excepción de ese parado crónico y semivoluntario que es el Atleta, de quien accedemos a una dimensión digamos más elaborada y ambiciosa a través de su diario, el resto se mueve por inercias o por impulsos más ramplones, viscerales, físicos y primarios.

      El retrato no es desde luego ni condescendiente ni amable, pero –como propuso Conrad- ahí está el fragmento de tiempo y espacio revelado y desvelado, tal y como el autor lo ha calibrado. Leía en una revista a uno de nuestros brillantes (y pedantes) intelectuales referirse a su último libro como a una delimitación del actual "perimetro moral", y algo de eso también aflora en las páginas de esta novela. Y quizás, a mi entender, por ahí reside también el desajuste, la objeción que se impone al llegar al final. Si lo que se busca es ofrecer el rostro de la desolación, del desamparo y del hastío, rellenar casi quinientas páginas con apenas desolación y desamparo y hastío y ira y resentimiento y resignación, provoca en definitiva que la dosis sea tan abundante que el filo, el desgarro, la herida que la narración busca producir en el lector quede disminuida, en parte neutralizada.

      Pese a este reparo, Sur es una lectura con recompensas. El autor juega, toma riesgos y sabe salir con acierto de los variados guiños con los que rinde homenaje al Ulises de James Joyce. Hay envites nada sencillos, como adjetivar de veinticinco maneras a la noche, o redactar un párrafo de veinticinco páginas, quince de ellas sin un punto y seguido. Otros, como la aparición de tres achispados literatos que acaban por salir de escena en carro, llevan incorporada la estampa cómplice. Sur es, en definitiva, una mirada a la desolación o una acerada y acerba visión a ese solar a la intemperie que siempre nos queda un poco más al meridión: “me da vergüenza escribirlo. Me siento, soy, un traidor. Infinitamente peor que ella. Un miserable. Porque soy más inteligente que ella, porque ella se ha esforzado para que yo sea mejor que ella y que todos y solo consigo ser mucho peor”.

      También de Antonio Soler en Un libro al dia:  Apóstoles y asesinos, El sueño del caimán,


      jueves, 27 de julio de 2017

      Henrik Ibsen: Juan Gabriel Borkman

      Idioma original: danés
      Título original: John Gabriel Borkman
      Traducción: Ricardo Baeza
      Año de publicación: 1.896
      Valoración: Recomendable


      Si no estoy equivocado, ‘Juan Gabriel Borkman’ es una de las últimas piezas teatrales de Henrik Ibsen, de quien ya hemos hablado en el blog en un par de ocasiones (ver enlaces abajo). Ibsen pasa por ser uno de los más relevantes dramaturgos de los últimos siglos, reformador del lenguaje teatral y admirado por numerosos autores, entre ellos, de forma muy destacada, por James Joyce. La obra a que me refiero no es de las más famosas del autor noruego, pero –dentro de mi muy limitado conocimiento- considero que no es para nada una obra menor.

      El señor Borkman era un director de Banco –eso en la época de Ibsen debía ser muy importante, también tenía ese cargo el Thorvald de ‘Casa de muñecas’-, aunque con funciones más parecidas a lo que hoy llamaríamos un asesor financiero. Afectado por cierto grado de megalomanía, Juan Gabriel no se corta un pelo, y dilapida los ahorros de sus clientes (aunque no de todos) en lo que también hoy llamaríamos inversiones de alto riesgo. El resultado: un montón de gente que pierde hasta el último céntimo, Borkman enchironado y su familia arruinada tanto en su bolsillo como en su prestigio. Vamos, un supuesto de palpitante actualidad, con la notable diferencia de que hoy no está tan claro que el patrimonio del estafador quede afectado por el delito. Pero no nos enrollemos.

      Aparte de sus actividades mercantiles, Borkman debió también decidir, años atrás, entre dos hermanas, Ela y Grunhilda. Naturalmente eligió la peor opción, la inhumana Grunhilda, que después nunca le perdonó la humillación a que les llevó el fracaso. Las dos mujeres no sólo se disputaron marido en su momento, sino que ahora pretenden atraerse al joven Erhart, pugnando la maternidad biológica de Grunhilda con la afectiva de Ela, que le tuvo a su cuidado durante años. Algo nos recuerda la dualidad que presentaba Unamuno en ‘La tía Tula’. Entretanto, Juan Gabriel lleva años viviendo completamente solo en el piso superior, rumiando su desgracia.

      Todo un panorama realmente crudo en el que los personajes se disputan el derecho a defender sus sueños. Aquí reside la clave de la obra, una lucha amarga entre los tres vértices de ese triángulo, figuras cargadas de amargura y reproches que buscan un último asidero para evitar el naufragio total. Borkman –a quien se le empieza a ir la olla- sueña con el regreso a la cúspide, el éxito y el reconocimiento, un resurgir de las cenizas fundamentado en la nada. Algo similar –e igual de disparatado- es lo que anhela Grunhilda, la rehabilitación de nombre y fortuna a través de su hijo. La mujer, vieja y reconcomida por el resentimiento y los celos, tampoco atina a distinguir el deseo de la realidad. A su vez Ela, gravemente enferma, pretende llenar lo que le queda de vida con los rescoldos del viejo amor de Gabriel, que supone vivos, y con alguna forma de materialización de su maternidad siempre incompleta.

      En ese mar de sueños irrealizables surge el ímpetu de Erhart. El joven es ajeno a las maquinaciones de sus mayores y muestra un alma limpia y resuelta a vivir su propia vida. Ibsen se sirve del muchacho para lo que tanto gusta al dramaturgo noruego: dinamitar las convenciones sociales de la época y poner en valor la libertad de los colectivos más alienados (jóvenes, mujeres).

      Confieso que me encanta el teatro escrito, la capacidad para retratar a un personaje con sólo las palabras que pronuncia, unos pocos detalles sobre sus gestos o sus movimientos. E igualmente, el talento para poner al espectador/lector en situación, darle a conocer hechos que no ocurren en escena pero que son decisivos para entender lo que se nos cuenta. Todo ello lo hace con eficiencia Ibsen, y nos conduce así al interior de un argumento en el que nos sumergimos sin dificultad desde el principio. Nos seduce además con personajes ricos, interesantes, incluso aunque queden limitados a apariciones muy breves y casi colaterales, como la fascinante señora Wilton. Si además se ponen sobre la mesa cuestiones de calado como las que he comentado, y el autor tiene destreza para colocar unas gotas de ironía en medio de la tragedia, tenemos una muy estimable obra teatral como la que hoy tengo el gusto de comentar.

      Otras obras de Ibsen en ULAD:  Un enemigo del puebloCasa de muñecas



      miércoles, 5 de agosto de 2015

      Flann O'Brien: En Nadar-Dos-Pájaros

      Idioma original: inglés
      Título original: At Swim-Two-Birds
      Año de publicación: 1939
      Valoración: Muy recomendable
      Traductor: José Manuel Álvarez Flórez

      Hace cosa de un mes reseñaba por aquí El Levante de Mircea Cărtărescu, y decía que era "una de las creaciones más originales que he leído en mucho tiempo". Bueno, pues casi podría decir lo mismo de esta En Nadar-Dos-Pájaros, que es, como El Levante, una elaboradísima broma literaria, heredera del Tristam Shandy en sus complicadísimos juegos metanarrativos, y de las obras de otros satíricos irlandeses, como Swift o, por supuesto, James Joyce, en su descarnada crítica a las costumbres y los defectos de su país.

      No es nada fácil intentar resumir el argumento de En Nadar-Dos-Pájaros: tenemos, por un lado, al narrador-protagonista, un estudiante dublinés que se pasa la vida bebiendo, vagueando en la cama y discutiendo con su tío; fruto de su pluma son, si creemos en su palabra, el resto de personajes de la novela, tanto los que pertenecen al mundo mítico irlandés (como Finn Mac Cool o el Rey Sweeney), como los que conviven en la taberna "El Cisne Rojo", regentada por Dermot Trellis, quien a su vez es también el autor de una narración en la que participan todos los demás pesonajes... hasta que estos personajes se rebelan contra él y empiezan a escribir una contra-novela en la que el autor (Trellis) es llevado a juicio por maltratar a sus propias criaturas...

      Este resumen es solo una pequeña parte de la gracia de la novela: O'Brien no deja de jugar con las intervenciones del narrador, las interpolaciones de textos ajenos (de un manua de buen comportamiento, por ejemplo) o introduciendo elementos absurdos, como los nacimientos de los personajes, descritos como partos en los que el nacido es un adulto de treinta años, o el hecho de que una vaca sea llamada a declarar en el juicio contra Trellis. Cualquier recurso humorístico sirve, incluidas las bromas escatológicas o sexuales (que en su momento le valieron algunas críticas al autor, claro).

      No todo el libro se lee con el mismo placer: hay momentos en los que los personajes se pasan páginas y páginas parloteando o recitando poesías; las parodias de antiguos poemas irlandeses son menos divertidas sin conocer los originales. Así que llega un punto, alrededor de la página 150, en que uno empieza a cansarse de algunas de las líneas argumentales y a odiar (cariñosamente) a alguno de los personajes. Por suerte, la novela remonta de nuevo en las últimas páginas, con el juicio contra Trellis organizado por sus propios personajes, y el final abrupto, pero al mismo tiempo conclusivo.

      No sorprende en Flann O'Brien el humor, la crítica ácida o la representación satírica de Irlanda: esas son las constancias de sus obras, varias de las cuales ya las hemos ido reseñando por aquí. Pero no cabe duda de que esta es su obra más ambiciosa, en la que lleva sus recursos y sus capacidades hasta el extremo. Probablemente pierde por el camino a algunos lectores, que preferirían una narrativa más tradicional; pero a cambio se gana la admiración de los apreciadores de una buena ida de olla metanarrativa, entre los que me cuento.

      Otros libros de Flann O'Brien reseñados en Un Libro Al DíaLa boca pobreEl tercer policíaLa vida dura

      miércoles, 1 de julio de 2015

      Colaboración: ¡Vivir! de Yu Hua

      Idioma original: chino
      Título original: Huozhe 
      Año de publicación: 1992
      Traducción: Anne-Helène Suárez Girard
      Valoración: Imprescindible

      Quien está acostumbrado a inmiscuirse en la exploración del análisis del ámbito cinematográfico acaba por saber apreciar el fondo, es decir, la teoría de la puesta en escena, la manera en el que el cineasta interpela al espectador, y el contenido, el relato que trata de contar, como un todo indisoluble. Obviamente, en el notablemente más anciano y experimentado arte literario, la manera de abarcar una novela un escritor no se queda atrás. No obstante, pocas veces se experimenta un sincronización tan grande entre forma y fondo que casen tan bien como lo hacen en la novela del chino Yu Hua ¡Vivir! (1992). El novelista, que alcanzó su popularidad haciéndose con el James Joyce Foundation Award, logró con esta obra colocarla entre las diez más influyentes de la década de los noventa en China. No es de extrañar, pues, que un cineasta tan ensimismado en la profundización de la China de provincias y la vida rural durante el siglo XX como es Zhang Yimou, sobre todo en la década en la que se escribió la novela, acabara dando vida (nunca mejor dicho) a su versión cinematográfica.

      El narrador de la obra, en primera persona, se entrevista con el viejo Fugui, quien ocupa casi todas las letras de la novela para explicar a su interlocutor, y a su vez al lector, la historia de su vida. Fugui fue un señorito venido a menos por su mala cabeza, que hizo pocos esfuerzos en cultivar su intelecto en el momento en el que pudo, por lo que su narración carece de cualquier tipo de florituras: habla de una manera llana y concisa, directamente al grano y sin desprenderse de su propia subjetividad en ningún momento. No espere el lector encontrarse con adornadas palabras que contrasten con la hostilidad de la contado (véase por ejemplo la novela epistolar picaresca de 1926 Don Segundo Sombra del argentino Ricardo Güiraldes): aquí la voz de Fugui será igual de dura, abrupta y doliente como el tratado sobre las penurias humanas a la que la historia se remite.

      ¡Vivir! trata sobre las vivencias humanas, la lucha por la supervivencia y sus rifirrafes con la muerte y las desgracias, pero no se queda ahí. Yu Hua ofrece un retrato existencial de cómo afectaron a la población rural los cambios de un periodo muy convulso dentro del contexto de la historia de China. El relato narrado por el propio Fugui, no incide en las raíces ni en los juicios morales sobre esta más de lo que le resulta totalmente inmediato; sin embargo, el lector chino, conocedor de la historia reciente de su país, comprende fácilmente el desarrollo de los acontecimientos.

      Es por eso por lo que para el lector poco entendido en la historia del gigante asiático, es posible no llegar a comprender la novela en su totalidad, al menos desde su visión política. Y es que lo que Fugui vive es ni más ni menos que la guerra civil que enfrentó al Guomindang de Chan Kai Shek, líder nacionalista aliado de EEUU, en el que él, sin saber de qué va todo eso, se ve forzosamente enrolado, y las milicias comunistas de Mao Zedong, quienes remontaron la debilidad mostrada después de la invasión japonesa para poder hacerse con el poder en China expulsando a los nacionalistas a la isla de Taiwán, donde se mantuvieron autoproclamando China de cara a las Naciones Unidas.

      Finalizada la guerra, sufre las consecuencias del Gran Paso Adelante, vive en sus carnes la fundación de acero (no olvidemos el detalle del Jefe de Equipo exclamando con alegría que podrán bombardear a Chang Kai Shek en Taiwán), las comunas alimenticias y el inicio de las grandes hambrunas que fueron consecuencia directa de estas políticas. Por último, debido a la revolución cultural, se verá mareado por una imperiosa necesidad de la juventud por condenar a los viejos jefes, tachándolos de reaccionarios. Aquí hay que felicitar a Zhang Yumou, quien en su adaptación fílmica es más feroz en su crítica, sobre todo en la escena en la que los doctores son expulsados del hospital por unas enfermeras jóvenes e inexpertas, pero fervientemente revolucionarias. No menos duras son las escenas ofrecidas por otro cineasta, Chen Kaige, en su inolvidable palma de oro en Cannes Adiós a mi concubina (1993).

      Y sin embargo, aunque el contexto histórico destila una de las esencias más valiosas de la novela, no hemos de olvidar de que lo que realmente trata es de profundizar de manera llana y directa en el potencial que desprenden las pasiones humanas. La mezquindad de Fugui, atada siempre al aburrimiento de una vida fácil, le sumerge en el egoísmo más malsano y en la total alienación respecto a las relaciones humanas. No será hasta el momento en el que cae en desgracia que sabrá valorar aquel amor recibido durante años y sentirá remordimientos por su mal comportamiento. Bajar del pedestal desde donde humillaba a los demás le hace sufrir en carnes propias lo que es encontrarse en el lado pobre de la vida. No obstante, se hallará tan solo ante el inicio de una epopeya existencial que le obligará a enfrentarse de cara con lo más duro de la vida y de la muerte. Asistirá al nacimiento de nuevas vidas y a la muerte de otras. Será entonces cuando tomará autoconciencia de su propia educación emocional, reflexionando sobre sus equivocaciones a la hora de tratar a los demás, intentando, dentro de lo humanamente posible, encontrar un equilibrio entre las decisiones racionales y las emocionales, aunque esto le lleve a diversos conflictos familiares fruto de su rudeza y tradicionalismo propios de un hombre en el contexto de la época.  

      ¡Vivir! se vale de la narración del anciano que cuenta su historia para apelar a un torrente de emociones humanas que a la vez que nos horroriza, sobre todo en la tristeza en la que se retrata la resignación de las miserias morales, nos invita a entender ese misterioso ímpetu del que hacen sus protagonistas por luchar contra las adversidades y afrontar la vida. Y es que los sentimientos amorosos hacia su propia familia serán los lazos que unan su supervivencia, aunque también por el que llorarán sus pérdidas y desgracias.

      Firmado: Luis Suñer

      jueves, 21 de agosto de 2014

      2000: Se dice pronto

      Cartel oficial de las fiestas de ULAD.
      Presupuesto: 15.000.000.000€


      Se hace saber al respetable público lector de Un Libro Al Día que, con motivo de la celebración de la entrada número 2000, el consejo rector de ULAD ha aprobado el siguiente programa de festejos:
       
      9:00 - Diana a cargo de la charanga eslava de los Hermanos Karamazov. ¡Diversión y alegría desde primera hora de la mañana!

      10:00 - Pregón de fiestas leído in spiritum por Franz Kafka, para que la fiesta no pare. Txupinazo, seguido de la aparición de los bomberos para apagar las consecuencias del txupinazo.

      10:00-14:00 - Chiquipark para los más peques con hinchables Stilton. Torneo infantil de quidditch con escobas voladoras (según las reglas de Hogwarts). Alternativamente, campeonato de caza de gamusinos en la era del pueblo.

      10.30 - Conexión en directo con Japón, desde donde Haruki Murakami nos hablará de su nueva novela en la que un hombre sensible y solitario se encuentra envuelto en una compleja trama dezzzzzzzzzzzz...

      11:00 - Parada militar con trajes de época,  organizada por la Asociación Pérez-Reverte de Recreación Histórica Castrense. En sentido contrario avanzará el pasacalles alienígena de la empresa Gurb de Barcelona (disfraces de churro y de Marta Sánchez disponibles para quien los solicite), hasta producirse la confluencia de ambos eventos con resultados imprevisibles.

      11:30 - Exhibición de herri kirolak: los harrijasotzailes Arretxe, Zaldua y Uribe (entre otros) se desafiarán a levantar la literatura vasca sin ayuda de poleas ni artificios mecánicos. Después,  la colla castellera Monzó, Pamiès i Piñol tratará de conseguir un quatre de nou. En caso de no conseguirlo, nuevo intento el día 11 de septiembre.

      12:00 - Vaquillas y concurso de recortes, con la presencia del ministro Wert.

      12.30 - Concurso de imitadores de Vila-Matas. Se espera la presencia del señor Vila-Matas, que se imitará a sí mismo hasta que el resto de competidores desista por agotamiento.

      13:00 - Cucañas, carreras de sacos y captura de libro engrasado. En esta ocasión se engrasará el Ulises de James Joyce. El ganador recibirá de premio un libro de Corín Tellado y un diccionario de inglés irish. Acto seguido, lanzamiento de libros de bolsillo (con tres categorías: Posteguillo, Tom Sharpe y Echenoz).

      14:00 - Paella popular y arroz negro al estilo escandinavo (valencianos abstenerse, por su bien).  Bollus preñaus y chorizos a la sidra para quien acredite su asistencia a la Semana Negra de Gijón.

      15:00 - Resopón y sobremesa amenizada con la lectura consecutiva de seis novelas de Amèlie Nothomb

      15:30 - Debate con comentarios de sus mejores momentos

      15.30 - Siesta de pijama, pero solo media horita que si no hace mal.

      16:00 - Cuentacuentos a cargo de Fernando Sánchez-Dragó. Prohibida la asistencia a menores de edad. Prohibida la entrada a mayores de edad. Prohibida la entrada a Fernando Sánchez-Dragó.

      17:00 - Campeonato de vuelo acrobático de palíndromos. Lucha leonesa de metáforas y metonimias. Carreras de sinécdoques. Exhibición de litotes. Concurso de camisetas mojadas sin nadie dentro.

      17:30 - Degustación solidaria de chocolate con churros a beneficio de Letraheridos Anónimos. (Con lo recaudado se patrocinará la publicación de un autor inédito. En Kindle. Y baratita).

      18:00 - Corrida de toros: En la plaza del pueblo se soltarán ejemplares de La broma infinita, 2666, Libertad, El jilguero y Las benevolentes, para que lidie con ellos quien buenamente pueda.

      19:30 - Desfile de alta costura con diseños de la modista María Dueñas.

      20:00 - Tangos y milongas con don Jorge, el bandoneonista ciego y el combo porteño Los Rayuelos, seguidos de fados pessoanos y loboantuneros. Después, suicidio colectivo de los asistentes.

      21:00 - Cena ligerita servida por el restaurante hi-tech À la Pynchon.

      Plato combinado único: Sopa espesa de Arco Iris 
      Lote de 49 postres
      Vino de las bodegas de Vineland.

      21:55 - Atención médica a indigestiones, mareos y desorientaciones.

      22:00 - Bailables con la orquesta andina Los Litumas y el afamado cantante de boleros Mario Vargas (o sea, la fiesta del chivo).

      23:00 - Fuegos artificiales de la conocida pirotecnia Alt Lit. Este acto puede cancelarse según las inclemencias meteorológicas y la volubilidad de los señores pirotécnicos.

      24:00 - Entierro de la Sardina,  hasta la entrada 3000.

      lunes, 4 de noviembre de 2013

      Flann O'Brien: La boca pobre

      Idioma original: gaélico irlandés

      Título original: An Béal Bocht
      Año de publicación: 1941
      Valoración: Muy recomendable. Imprescindible para quien haya vivido en Irlanda.

      Ya se sabe que los escritores irlandeses son muy dados a la ironía, la parodia y la sátira: solo hay que pensar en Jonathan Swift, Oscar Wilde, Bernard Shaw o incluso James Joyce, que tiene fama de aburrido pero también una lengua afilada como pocas. En esa noble tradición de humor corrosivo se sitúa Brian O'Nolan, quien firmaba sus novelas en inglés con el seudónimo de Flann O'Brien, y sus columnas periodísticas y esta novela en gaélico con el de Myles na gCopaleen.

      La boca pobre (expresión irlandesa que hace referencia a contar desgracias para conseguir algo a cambio) es fundamentalmente una parodia de las melodramáticas (auto)biografías aparecidas en los años 20 y 30, en las que los habitantes de la Gaeltacht (la zona del oeste de Irlanda en la que todavía se habla gaélico) cuentan sus interminables penurias y sacrificios. Sin este contrapunto paródico resulta difícil de entender por qué el narrador insiste en decir que "nunca habrá otro como él" (y "él" puede ser una persona, un cerdo o un ladrillo), o por qué se repiten las expresiones piadosas como "Dios le dé buen final" o "Dios nos proteja de todo mal".

      Los objetivos de la sátira de O'Brien son sobre todo dos: por una parte, los habitantes de la remota comarca de Corca Dorcha, pobres y al parecer encantados de serlo, que viven entre cerdos y patatas, rodeados de miseria y bañados en alcohol y rechazan cualquier posibilidad de mejora; y, por otro lado, los señoritos de Dublín que, sin hablar una palabra de gaélico, se autoimponen inventados nombres supuestamente tradicionales, exaltan la gaelicidad de todo lo gaélico y después huyen cuando descubren que la pobreza es demasiado pobre, la suciedad demasiado sucia, y la gaelicidad demasiado gaélica. Tampoco faltan los inoportunos visitantes ingleses que intentan imponer su lengua o su dominio con sobornos o con palos.

      Es difícil hacer una reseña de una novela cómica, porque la reseña nunca va a ser tan divertida como la novela. Y esta es, realmente, una novela muy divertida. La disfrutarán especialmente los que hayan vivido en Irlanda y reconozcan -aunque naturalmente exagerados y ahora, afortunadamente, en su mayor parte superados- muchos de los tópicos sobre el típico irlandés pobre, meapilas y borrachuzo; son precisamente estos tópicos, de consecuencias muchas veces nefastas, los más damnificados por la ironía de O'Brien.

      Una mención final para la edición de Nórdica, con traducción directa del gaélico de Antonio Rivero Taravillo, y una introducción que aclara bastante el origen y sentido del texto (aunque a veces sea algo repetitiva).

      Otras obras de Flann O'Brien reseñadas en Un Libro Al DíaEl tercer policíaLa vida duraEn Nadar-Dos-Pájaros

      viernes, 5 de julio de 2013

      Jack Green: ¡Despidan a esos desgraciados!

      Idioma original: inglés
      Título original: Fire the Bastards!
      Fecha de publicación: 1962 (en español, por Alpha Decay en 2012, con traducción de Rubén Martín Giráldez)
      Valoración: Interesante

      Qué poco me apetece reseñar este libro en el que su autor analiza y pone a caldo las reseñas que un buen puñado de críticos literarios con cierta fama le hacen a una novela que él considera la bomba.

      No sé si la culpa la tendrá el inclemente calor maltés, el atontamiento del que soy presa cuando me sumerjo en las anestesiantes vacaciones estivales, o mi reciente afición a leer blogs dedicados a criticar libros que la mayoría de las veces resultan a sus reseñistas bastante malos, pero lo cierto es que tengo una desagradable sensación de "empacho" de análisis literario, análisis literario ácido, je veux dire.

      Y ojo, que ello no me impide hacer un ejercicio de autocrítica... Vamos, que soy consciente de que el tono indignado, jocoso y malévolo con el que algunos criticamos con mayor o menos frecuencia libros que nos intentan vender como obras loables y que nosotros consideramos de baja calidad o, incluso, auténticas tomaduras de pelo, puede llegar a cansar o saturar. Más aún si uno se empecina, además, en criticar la vida personal de los escritores, las acciones mafiosas de las editoriales, la falsedad de algunos premios literarios, etc, etc...

      Pero a lo que iba...

      Resulta que en esta etapa de lectura de reseñas avinagradas (más allá de ULAD, matizo) que estoy pasando, no se me ha ocurrido otra cosa que deglutir en apenas un par de tardes un libro en el que se critica a críticos literarios, y este rizo demencial ha hecho que mi cabeza conectara rápidamente con la engolada preguntita "¿Quién vigila a los vigilantes?" del comic/filme Watchmen.

      Porque, ¿quién critica a los críticos? Pues miren, aparte de internautas en desacuerdo, trolls caverneros and company, tipos como Jack Green, el autor de ¡Despidan a esos desgraciados! (título muy utilizable en pancartas de la Spanish Revolution, por cierto).

       Jack Green es un tipo misterioso del que apenas circulan un par de fotos y que sacó su propio fanzine para publicar sus cosas y despotriques en los 60. Algunos dicen que Jack Green no existe (la foto que sacan los de Alpha Decay en su edición me hace pensar en un una suerte de Algarrobo, sí, sí, el de Curro Jiménez, intelectual); otros, que es el mismísimo y también presunto-inexistente Pynchon; otros, que en realidad se llama Christopher Carlisle Reid; otros, que es, fíjate tú, William Gaddis, y algunas teorías más.

      La cosa es que, fuera quien fuera, sea quien sea, Jack Green, al individuo le sentó muy mal que casi todos los críticos de la época pusieran a bajar de un burro la novela  Los reconocimientos, la primera obra de un hombre de 32 primaveras llamado William Gaddis que por lo que cuentan (no, no la he leído), irrumpió en el mundo literario con la misma fuerza y capacidad desconcertante que el amado/odiado Ulises de James Joyce.

      Al parecer, a Green este libro le pareció magistral y se indignó cuando leyó y leyó críticas y más críticas negativas al mismo, críticas que, según él, no estaban bien fundamentadas, eran injustas o, sencillamente, habían sido escritas por personas que ni siquiera se habían leído la obra. Y en ¡Despidan a esos desgraciados!, Green se desahogó analizando minuciosamente estas críticas y denunciando mediante elaboradas explicaciones y análisis por qué sus autores, según él, merecían acabar de patitas en la calle.

      En fin. Este ensayo de Green es un libro interesante, sobre todo para los que, de una forma u otra, están familiarizados con el mundillo de la crítica literaria. Y es que pone en duda la profesionalidad de los que en teoría son los más autorizados en la materia. E incluso se atreve a darles también un coscorrón figurado a los que alabaron las virtudes de Los reconocimientos de forma poco creíble o con endebles argumentos.

      Pero una cosa es cierta: yo, por mi parte, ya he tenido bastante. De blogs de crítica biliosa y libros criticones. Será el calor maltés, pero creo que en los próximos días me voy a poner con alguna cosita más light. Paso de que comience a salir humo de mis paneles auditivos.
      

      miércoles, 18 de agosto de 2010

      Lugares literarios

      En el grupo de facebook de Un libro al día hemos creado un álbum de fotos llamado "Lugares literarios", en el que proponemos añadir fotografías de sitios de todo el mundo directa o indirectamente relacionados con la literatura (librerías, bibliotecas, monumentos dedicados a escritores o a personajes, casas de escritores, lugares ficcionalizados, teatros, y cualquier otra cosa que tenga que ver con los libros y la escritura).

      No solo los autores de este blog podemos añadir imágenes al álbum: está abierto a la colaboración de cualquiera; así que, si tienes perfil en facebook y has visitado algún "lugar literario" estas vacaciones, animaos a compartirlo con nosotros. Puede quedar un álbum curioso...

      Estas son algunas de las imágenes subidas al álbum por ahora:

      Bouquinistes a orillas del Sena


      Les Deux Magots, café literario parisino

      Oscar Wilde en un parque de Dublín

      Tumba de Anne Brönte

      Manuscrito original de 'Una habitación propia' de Virginia Woolf

      The Globe, reconstrucción del teatro donde Shakespeare estrenaba sus obras, en Londres

      Corral de comedias de Almagro

      Estatua de Ovidio en el centro de Constanza (Rumanía)


      Estatua de James Joyce en Dublín

      Estatua de Camoes en Lisboa


      sábado, 7 de noviembre de 2009

      250 entradas - 250 años (y II)

      Y aquí, la segunda parte de la lista de "los mejores libros escritos en los últimos 250 años", con los 14 libros que aparecen en más de una lista, y que por lo tanto son, a juicio de los que hacemos este blog, "lo mejor de lo mejor":

      Con 2 votos:

      • Crimen y Castigo, de Dostoievski
      • Esperando a Godot, de Samuel Beckett
      • Fundación, de Isaac Asimov
      • La peste, Albert Camus
      • Las flores del mal, Baudelaire
      • Maus, de Art Spiegelman
      • Pedro Páramo, de Juan Rulfo
      • Ulises, de James Joyce

      Con 3 votos:
      • Cuentos de Edgar Allan Poe
      • Ficciones, de Jorge Luis Borges
      • La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca
      • La metamorfosis, de Franz Kafka
      • Madame Bovary, de Gustave Flaubert
      Y con 4 votos, y por lo tanto elegido como "el mejor libro publicado en los últimos 250 años", Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

      Enhorabuena a los premiados, y como siempre, se abren los comentarios para aplaudir, completar o criticar nuestro particular "canon".