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martes, 19 de abril de 2016

TochoWeek #2. James Joyce : Ulises

Idioma: inglés
Título original: Ulysses
Año de publicación: 1922
Páginas: 976
Traducción: José María Valverde
Valoración: imprescindible

Permítanme comenzar con una breve digresión sobre lo que es "políticamente correcto" (lo que decimos cuando pensamos que nuestras palabras van a quedar registradas o tendrán alguna repercusión) y lo "socialmente correcto" (lo que pensamos que hay que decir ante la máquina de café de la oficina o acodados en una barra de bar, compitiendo por ser el más "cuñao"). Un ejemplo, para entendernos: políticamente correcto puede ser disertar sobre las vanguardias artísticas, visitar museos de arte contemporáneo y tener una reproducción de un cuadro de Kandinsky en la pared del salón. Socialmente correcto es decir que "eso lo hace mi hijo pequeño" ante el cuadro de Kandinsky o contar la anécdota apócrifa de la limpiadora de ARCO que confundió una obra expuesta con un cenicero... Pues algo así ocurre con el Ulises, uno de los libros más suceptibles -quizá el que más- de ser objeto del postureo gafapástico, por un lado, pero también del desdén y hasta la ira de indignados lectores que no consienten "que se les tome el pelo".
Aunque no sólo indignados pero desconocidos lectores, claro: hay una nutrida lista de escritores, desde D. H. Lawrence al sin par Paulo Coelho... (sí, me duele poner a éste en el misma categoría que los demás, pero es responsable de una frase preclara sobre la novela: "El Ulises de Joyce hizo mucho mal a la literatura, porque nadie lo ha leído y todo el mundo dice que lo ha leído"). Mi opinión favorita, sin embargo, es la de Virginia Woolf: "Es el esfuerzo de un estudiante nauseabundo reventándose los granos". ¡Olé, doña Virgi!
Por supuesto, de igual forma ha habido colegas suyos no menos destacados y agudos  que han admirado y ensalzado la obra de Joyce: T.S. Eliot -que se lo recomendó a la Woolf-, Borges, Faulkner o Nabokov... De entre todas las opiniones, yo me quedo con una sentencia del inteligente y sutil Anthony Burgess sobre Joyce: "... una vez leído y absorbido un solo ápice de la esencia de este autor, ni la vida ni la literatura vuelven a ser las mismas de nuevo".
Tal cual, Mr. Burgess. Porque lo remarcable del Ulises no es la historia que nos cuenta, la de un día determinado (el 16 de junio de 1904, el día que James Joyce tuvo la primera cita con su mujer Nora) en la vida de unos dublineses, por lo demás no demasiado notables: Stephen Dedalus, Leopold Bloom y su esposa Molly. Tampoco es importante que estos personajes sean un reflejo de los protagonistas de la Odisea de Homero: Telémaco, Ulises y Penélope, respectivamente (bien es cierto que alguna interpretación que a mí me parece con bastante sentido considera que Stephen es también un trasunto del Joyce joven y Leopold del Joyce maduro... de la edad a la que acabó este libro). Nada más alejado de lo heroico, sin embargo, que el tono de la novela: el capítulo en el que se nos presenta a Leopold, por ejemplo, acaba con el relato de una de sus evacuaciones  intestinales...
No es lo más destacable que la estructura del libro se base también en la Odisea, con cada uno de sus capítulos avanzando de forma paralela a los cantos de aquella, y traduciendo el mito clásico a la mucho más prosaica Dublín de hace un siglo.
No es lo más importante, aunque quizás sí memorable, que Joyce despliegue una pericia técnica sin igual en la literatura escrita hasta ese momento -no dudo que habrá quien encuentre algún precedente de esto o aquello; ya sabemos cómo son los estudiosos-, todo un derroche de estilo -estilos- que consigue plasmar el continuo flujo de pensamiento de los personajes a través del monólogo interior -"stream of consciousness"-; sin olvidar los juegos de palabras y de imágenes, a todos los niveles, las referencias clásicas y cristianas; sagradas, profanas y mundanas (realmente, la novela merece otra lectura deteniéndose con más sosiego en las anotaciones del traductor, para entender a fondo cada párrafo). Joyce consigue combinar sin complejos lo más soez con lo profundo del pensamiento, lo banal con lo transcendente, lo sexual y lo fúnebre... (¿Eros y Tánatos? Uf... mejor lo dejo aquí).
Lo importante, lo fundamental, es que Joyce puso con este libro punto y final a toda la tradición narrativa occidental, que comienza con Homero. Si la Odisea es el Alfa, el Ulises es el Omega, las columnas de Hércules de la novela; es el Apocalipsis de San James, el diluvio tras de mí, el apaga y vámonos. Hasta aquí hemos llegado y el que venga detrás que arree... Y no es que después de Joyce no se pueda escribir más novela, pero eso ya será -ya ha sido- otra cosa: caminar por senderos explorados; es el ferrocarril, la plantación y el resort con campo de golf, no la selva virgen (e incluyo lo que han hecho muchos epígonos de Joyce, algunos muy aventajados: Gaddis, Pynchon... aunque en este asunto, también quien golpea primero da dos veces). Tenía razón Burgess, desde luego y, maldita sea, aún sin pretenderlo, también Paulo Coelho, en cierto modo...
Pero hay más: Joyce es el niño que grita que no ve el traje del emperador, y desnuda a sus personajes, a sí mismo y a nosotros... señalando lo que de nosotros hay en Stephen, Leopold, Molly... que es mucho, me temo. Joyce no es un escritor simpático -lo que no excluye un peculiar sentido del humor-, no es clemente ni misericordioso, pero dice la verdad.
Último apunte: esta novela, más allá de odios y fervores, postureos y cuñadismos, no se puede calificar de otra forma sino como imprescindible. Pero, siguiendo un criterio contrario al de Los reconocimientos, aún por los mismos motivos, no se la puedo recomendar a nadie. Quien la lea, que sea por su cuenta y riesgo.


Otros títulos de James Joyce reseñados en Un Libro Al Día: Dublineses, Exiliados, Finnegans Wake, Retrato del artista adolescente

jueves, 27 de junio de 2019

Joyce Carol Oates: Desmembrado

Idioma original: inglés
Título original: DIS MEM BER and Other Stories of Mistery and Suspense
Año de publicación: 2017 (como libro); entre 2015 y 2017 (en diferentes publicaciones)
Traducción: Patricia Antón
Valoración: entre recomendable y está bien

¡Hay que ver cómo es tía Joyce Carol! ¿Se pensaba alguien que, a la hora de publicar un libro de cuentos (uno más) lo iba a titular algo así como Las fábulas de tía Joyce Carol o Repostería narrativa con vuestra amiga y vecina Joyce Carol? Nada de eso: Desmembrado, que no es una metáfora, sino una historia con desmembramientos de verdad -incluso el título en inglés está "desmembrado"-, así, en plan gore... Pues menuda es ella, como ya sabrá cualquiera que haya leído sus libros.

Y eso que nadie lo diría, con la pinta de dulce ancianita que gasta... (hace poco ha cumplido 81 años): si la llamo, con familiaridad quizá excesiva, "tía Joyce Carol" es precisamente porque parece una de esas tías abuelas con aspecto algo extravagante a la que te llevan a ver de visita y te mete en el bolsillo pegajosos caramelos de menta. Una tía abuela a la que le gusta observar aves y cosas de ésas -en este libro hay un par de cuentos que lo confirman-, pero que luego tiene un punto más macabramente hardcore que un músico de black-metal escandinavo (bueno, menos Varg Vikernes, claro, que ése llevaba su macabrez a la práctica...). Si alguien tiene dudas al respecto, que le eche un vistazo a los relatos que componen este libro; casi todos ellos tienen en común tres cosas:

  1. Tienen como núcleo central algún comportamiento o situación violenta. A veces esta violencia es más explícita -de hecho, muy explícita- y en otras más difusa, o tarda en manifestarse, pero ahí está.
  2. Casi todos los cuentos -seis de siete- están protagonizados y narrados por mujeres. Esto no quiere decir (no nos apresuremos a sacar conclusiones) que las mujeres sean siempre las víctimas, o lo sean de un modo explícito: también pueden ser victimarias, como se dice tanto últimamente, o cómplices.
  3. En casi todos ellos -cinco y un tercio de siete, por decirlo así- hay un componente obsesivo, hasta el punto de que es la obsesión, más que la violencia, lo que parece el verdadero tema del libro. Aquí sí que está claro que quienes sufren esta obsesión son siempre mujeres. No sé si doña Joyce Carol pretende decirnos alguna cosa...
El cuento que se sale de la norma es el último del libro: ¡Bienvenidos al vuelo entre amigos!, una divertida parodia de las instrucciones que le da una compañía aérea a sus pasajeros. Humor negro-negrísimo, por supuesto... También se sale en gran medida Situaciones, que es un cuento algo enigmático dividido en tres partes y que me ha recordado algo al estilo y formas de Angela Carter. Los otros cinco sí que cumplen con claridad los tres puntos que he mencionado antes: todos ellos los protagonizan mujeres en aparente situación de debilidad, que sufren algún tipo de obsesión -no sólo con respecto a los hombres -Alida, la narradora de La chica ahogada tiene el seso absorbido por la historia de una chica que fue asesinada en su Universidad antes de llegar ella-, y en todos se da, en la realidad o en la imaginación -o en ambas, pues no siempre queda claro- alguna situación de extrema violencia. Alguno de los finales que da bastante abierto, de hecho, aunque el cuento quizá más logrado en lo puramente literario, Desengaño, también es el más previsible, según una célebre regla dramática que los lectores no dejarán de reconocer. El pasadizo, por su parte, adolece de todo lo contrario: sorprende (y perdón por el posible spoiler) con un exceso de giros finales, tras un desarrollo del relato que parecía ir por otro camino. Por último, Desmembrado y La garza azulada son dos cuentos bastante logrados, pero que dejan algún aspecto que otro deshilachado, aunque quizás esa fuera, justamente, la intención de su autora.

Espero que nadie piense, sobre todo tras leer el comienzo de la reseña, que mi valoración del libro está lastrada por prejuicios contra la literatura escrita por mujeres mayores. Muy al contrario: me parece un conjunto de relatos excelente, por encima de la media de lo que se suele leer y con un estilo y una agilidad narrativa envidiable, más aún si tenemos en cuenta que, según cabe suponer, su autora los escribió con setenta y tantos años. ¡Ya me gustaría a mí escribir así con esa edad... Vamos, y ahora también! En cuanto a lo de "tía Joyce Carol", es evidente que se trata de un apelativo cariñoso: Oates, junto con otras "tías abuelas" de la literatura como Margaret Atwood o Alice Munro es una de las grandes. Sin duda ninguna.

¡A ver si os enteráis, suecos!

martes, 22 de marzo de 2016

James Joyce: Exiliados

Idioma original: inglés
Título original: Exiles
Traducción: Fernando Toda
Año de publicación: 1.915
Valoración: Está bien 


Entre el repertorio de muy conocidas obras de James Joyce (bueno, conocidas al menos en el título), pasa generalmente desapercibida su única incursión en el mundo del teatro que, como astutamente habrá adivinado el lector, es justo este Exiliados que voy a intentar comentar. Porque, oiga, para eso también está ULAD, para divulgar entre sus parroquianos libros extraños, desconocidos, improbables…, libros que hemos tenido ocasión de conocer y disfrutar (o sufrir, que de todo hay).

El genial irlandés escribió Exiliados al poco de concluir Retrato del artista adolescente y cuando empezaba a construir los cimientos del Ulises. Por lo visto, James era admirador de Ibsen, hasta el punto de que (dicen) aprendió noruego sólo para leer sus obras sin traductor de por medio (o sea, como se cuenta de Unamuno con Kierkegaard). Así que me imagino al Sr. Joyce entre dos fuerzas divergentes igualmente poderosas: por un lado, el hechizo de Ibsen, que quizá le empujaba hacia un modelo dramático más o menos convencional; y por otro, el tsunami creativo que estaba tomando forma en su cabeza, para estallar poco después en sus obras más vanguardistas. 

O puede ser que simplemente utilizó este breve contacto en el teatro para ajustar ciertas cuentas con su vida doméstica, o intentar poner orden en sus ideas. Porque Exiliados tiene un importante componente autobiográfico, como pasamos a contar ahora.

La obra se basa en un triángulo amoroso, lo cual no puede decirse que sea muy original, al menos en principio: el escritor Richard Rowan, que acaba de volver a Irlanda tras varios años en el continente europeo, su pareja Bertha (pareja, que no esposa, lo cual hoy parece irrelevante, pero no lo era en la católica Irlanda de hace un siglo), y Robert Hand, antiguo amigo íntimo del primero, y compañero de correrías juveniles. Vamos, una situación calcada de la del propio Joyce, sobre cuya relación con su compañera Nora se extendieron –quizá interesadamente- rumores de infidelidad con un supuesto amigo común.

Pero este punto de partida –como digo, nada novedoso- se utiliza para explorar en terrenos menos habituales. Para no desvelar más de lo debido, diré que los papeles de engañador y engañado van trasladándose de un personaje a otro, no en forma de simple enredo, sino en un nivel intelectual, que constituye el auténtico eje de la obra: la tesis consiste en que no son la fidelidad o la confianza los pilares sobre los que se sostiene la pareja, sino justamente la duda, el mantenimiento (o incluso la creación artificial) de cierto grado de incertidumbre. Se estimula así el poder de un vínculo espiritual, que no obstante tampoco queda claro si domina al carnal, lo presupone o simplemente es ajeno a él. 

Ese es el estrés en que se sumergen los personajes, unos de forma voluntaria, otros convertidos en mero instrumento de ese mecanismo, tal vez algo perverso. Y el resultado es que reclaman del lector ser escrutados en cada frase y cada gesto, y se muestran llenos de matices, mientras vamos recorriendo sentimientos y conceptos que flotan alrededor de la relación de pareja y la condicionan/definen/delimitan: la amistad, la posesión, la culpa, la admiración, la libertad. Y también la inacción, porque en Richard se dibuja un peculiar tipo de héroe cuyo valor reside precisamente en no hacer nada, para desconcierto de los demás.

Se diría en definitiva que Joyce parte de sus asuntillos particulares, les da forma (no sé si realista o voluntarista) y, ya puestos, se dedica a sondear en diferentes perspectivas de la relación amorosa, puede que buscando respuestas para sí mismo. El libro no es desde luego lo que uno espera encontrarse cuando tiene entre manos algo de Joyce, sobre todo en el aspecto formal. Es tal vez una obra menor, un material atípico y quizá prescindible, pero elaborado con inteligencia y que no deja de tener su interés.

Otras obras de James Joyce en Un Libro Al Día: Dublineses, Ulises, Finnegans Wake, Retrato del artista adolescente

domingo, 9 de agosto de 2020

James Joyce: Finnegans Wake


Título original: Finnegans Wake

Idioma original: inglés (¿)
Traducción: Marcelo Zabaloy
Año de publicación: 1939 (en castellano, 2016)
Valoración: Necesario, agotador, cruel, inolvidable

Las expectativas

Lleva rondando mi cabecita la idea de leer Finnegans Wake desde que me enteré que existía un tal James Joyce, allá por mis diecisiete años o así (no ha pasado tanto tiempo, aunque sí más que en el caso de Oriol, y suficiente para que esta lectura postergada se fuese convirtiendo en algo parecido a una obsesión; pero sigamos). Este caballero, Joyce, había escrito cosas increíbles que fui leyendo una tras otra, pero por ahí andaba el monstruo, su obra cumbre, ese tocho esquivo al que dedicó más de quince años de trabajo. Un libro inclasificable que nadie había sido capaz de traducir completo al castellano, lo que era un síntoma preocupante pero que no hacía más que aumentar mi expectación. Nadie lo había traducido hasta que llegó Marcelo Zabaloy.

La traducción

Muchos (bueno, algunos que se atrevieron) había fracasado en la empresa. Por ejemplo, Salvador Elizondo se pasó no sé cuánto tiempo elaborando una traducción anotada y abandonó el trabajo cuando concluyó… la primera página. Por lo visto Zabaloy no le vio tanta dificultad al desafío, y lo terminó en unos cinco años. Hay toda una historia en torno a esos intentos de traducción, parte de la cual puede encontrarse por ejemplo aquí. El caso es que hay que hablar más de versiones que de traducciones, porque el libro está cuajado, línea por línea, de incrustaciones de otras lenguas y jergas, infinitos juegos de palabras, dobles sentidos y locos neologismos que multiplican hasta el infinito las posibles interpretaciones. El sitio web FWEET reúne más de 80.000 anotaciones sobre el Finnegans, y hay montones de libros escritos en torno a este fenómeno. De forma que, como seguramente hizo Zabaloy al traducirlo, al leerlo también habrá que utilizar un código diferente al habitual.

El libro

Como digo, las 628 páginas de Finnegans Wake son un torrente continuo de todos estos elementos que acabo de citar, mezclados, superpuestos, exhibidos sin tregua, hasta hacer el texto irreconocible, pantanoso, laberíntico. Como se puede suponer, tampoco es posible hacer una sinopsis normal. Por hacernos una idea mínima, se puede decir que se parte de la muerte del albañil Finnegan y su posterior velatorio, aunque eso es casi lo de menos, porque pronto revive y se transforma en el tabernero Earwicker. O tal vez es Earwicker el que sueña su propia muerte como Finnegan, porque el personaje es a fin de cuentas el protagonista de una vieja balada irlandesa. Podríamos decir que Earwicker es condenado por algún motivo que no conocemos y con todo ello se relaciona una misteriosa nota que desentierra una gallina. Pero también sabremos de su mujer, Anna Livia Plurabelle, y de sus dos hijos... y un millón de cosas más, con la presencia permanente de tres elementos esenciales: Irlanda, la religión y el sexo. Un millón de cosas que apenas intuimos, sumergidas en un colosal marasmo léxico al que luego me referiré. Se intuye que Joyce habla al mismo tiempo desde lo real y lo onírico, y el lenguaje y la lógica de los sueños (inestables, intuitivos) impregnan todo el libro. Los personajes se trasmutan unos en otros, aparecen y desaparecen o cambian de nombre, se encarnan en héroes y se materializan en paisajes, hay escenas que se repiten, sonidos que las interrumpen y evocan momentos pasados o futuros, guiños metaliterarios. Todo parece un gran chiste, una genialidad, una puta locura.

La experiencia

Esas etiquetas que tan poco usamos en el blog, Experimento o Artefacto literario, tienen aquí todo el sentido. El Finnegans es, en opinión de casi todos los que lo han leído, y yo lo corroboro en la medida de mis limitados conocimientos, el libro más extraño, complejo y hermético que nunca se ha escrito. Y sin embargo las sensaciones no son exactamente lo que puede esperarse. Se puede pensar que uno encara la lectura un poco por curiosidad y, visto lo que tiene delante, lo más probable es que enseguida deseche el libro, exasperado por no entender nada, o casi. Pero no necesariamente es así. Como decía antes, conviene deshacerse de prejuicios, abrir la mente y utilizar otras herramientas. Samuel Beckett recomendaba leerlo en voz alta, pero sin llegar a tanto, puede ser recomendable dejarse llevar por el ritmo y la musicalidad del texto y, una vez integrados en ese fluir, ver cómo la información permea en la consciencia. El peso de la entonación y los sonidos tiene gran importancia por ejemplo en ciertos textos literarios árabes y, a veces de forma inconsciente, es también relevante cuando leemos poesía. Resultando imposible detenernos en cada escollo (porque no terminaríamos nunca, ni llegaríamos a superar más que un puñado de ellos) esta forma de lectura me parece la más útil (y menos dañina para la salud).

Claro está que en este caso el éxito dependerá en buena parte de que el traductor haya sido capaz de transmitir los valores del original. Eso ya no me siento capaz de valorarlo en absoluto, aunque sí me suscita algunas dudas. En parte porque a veces el texto suena un poco a traductor de Google, dicho sea con todo el respeto. Y también porque he comparado algunos párrafos con otras traducciones y algunas cosas parecen no encajar del todo. Pero en fin,  la empresa es tan descomunal que no cabe más que admirar a este Zabaloy que ha conseguido llegar al final y, además, es lo que tenemos si queremos leerlo en castellano.

Con todo, la sensación es un poco la de un paseo por el monte en un día de niebla. No disfrutamos del paisaje, pero vagar entre la bruma tampoco resulta del todo desagradable. Solo hay que verlo con otros ojos: sentir el fresco, el aire de misterio, el reto de encontrar el camino, y de vez en cuando notamos que se abre una pequeña ventana de luz y nos sorprendemos al ver el peñasco, los árboles, quizá un trozo de panorámica en alguna dirección. Así, somos medio conscientes de la desgracia del pobre albañil, asistimos a una singular borrachera de su sosias, conocemos algún tipo de rivalidad entre sus dos hijos, o entrevemos algunas experiencias sexuales (varias, reales, soñadas o deseadas, no sabemos). Cosas así, esporádicas, que asoman brevemente entre el enorme desparrame lingüístico, y son un alivio, un pequeño premio, porque también dejan ver la genialidad del autor y disfrutar de momentos brillantes cuando se aligera de trucos retóricos. Y es que, digámoslo ya, esto no es una lectura sino más bien una inmersión, una experiencia.

Se podrá plantear si todo esto tiene realmente sentido, y de hecho algunos de los mayores valedores de Joyce pensaron que había perdido el juicio o que simplemente se le había ido la mano. Yo creo que desde luego el Finnegans tiene un valor inmenso, porque qué sería del arte si no hubiese gente decidida a explorar sus límites y a transgredirlos, y con talento para hacerlo. Tampoco una pintura abstracta representa cosas y no por ello parece razonable despreciarla sin más. Aquí se juega con otras reglas y no se puede mirar bajo los criterios habituales. El problema, claro está, es que hablamos de medios muy diferentes: una pintura la observamos durante unos segundos, hasta algunos minutos, pero leerse las seiscientas páginas del Finnegans lleva muchas horas. Así que, en su inmenso esfuerzo de años y su estratosférica creatividad, a lo mejor Joyce se olvidó de algo que puede tener cierta importancia hablando de un libro: el lector.

Otras obras de James Joyce en ULAD: Ulises, Dublineses, Exiliados, Retrato del artista adolescente

sábado, 26 de julio de 2014

Rachel Joyce: Perfecto

Título original: Perfect
Idioma original: inglés
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

En 1972, Byron tiene once años y es uno de los pocos niños de su escuela que puede presumir de tener una madre perfecta: es guapa, amable, lista, buena cocinera, tiene la casa siempre limpia y ordenada, su jardín es la envidia de los vecinos y siempre cuida de que sus hijos y su marido acudan tan perfectos como ella al colegio y al trabajo, respectivamente. Pero toda esa perfección empieza a desmoronarse cuando, de camino al colegio, su madre atropella accidentalmente a una niña. Será entonces Byron, con ayuda de su amigo James, quien idee un plan para salvarla de la crisis a la que irremediablemente parece estar abocada.

En la actualidad, Jim acaba de ser contratado en una cafetería para limpiar mesas. Es uno de los pocos trabajos que puede desempeñar, a pesar de que es un hombre adulto, porque ha pasado la mayor parte de su vida recibiendo tratamiento en varias instituciones mentales. Aunque parece que su vida empieza a ponerse en orden gracias a la rutina laboral, aún tiene que vencer los rituales que siempre han gobernado su vida y que aún hoy llenan sus noches.

Así comienza Perfect, la segunda novela de la escritora inglesa Rachel Joyce, quien ya se ganó el favor de la crítica y el público con El insólito peregrinaje de Harold Fry. En esta ocasión y de la mano de Byron y Jim, la autora nos ofrece una historia más oscura y ambiciosa que la del buen Harold de su debut, en la que sus personajes tienen que intentar salir adelante en un mundo que, debido a un pequeño error, parece haber cambiado de forma irremediable y ya no los acepta.

Como ya ocurría en su primera novela, Joyce regala al lector momentos humorísticos que aligeran la tensión que parece no desaparecer nunca y que en esta ocasión resultan más que agradecidos, debido al ambiente trágico imperante. Perfect es, también, una historia más verosímil que su antecesora (y que conste que esto no lo digo como una crítica) y por ello menos amable y más implacable con sus personajes, algo que Joyce aprovecha para, además, hacer una sutil pero efectiva crítica social.Una recomendable lectura, en resumen, que no decepciona y que mantiene vivo nuestro interés de la primera a la última página.



También de Rachel Joyce: El insólito peregrinaje de Harold Fry.

martes, 17 de enero de 2017

Joyce Carol Oates: Rey de Picas

Idioma original: inglés
Título original: Jack of Spades. A Tale of Suspense
Año de publicación: 2015
Traducción: José Luis López Muñoz
Valoración: está bien

Vamos a realizar un ejercicio de memoria literaria, amigos y compañeros ULADianos: ¿de qué escritor creéis que puede ser el siguiente argumento?: un exitoso autor de novelas de misterio mainstream escribe también otras más "cañeras" utilizando un pseudónimo, hasta que comienza a plantearse dejar de hacerlo, momento en el que ese pseudónimo parece cobrar vida propia y a interferir en la vida del escritor real. No, Koldo, no es de Proust, vaya idea... ¿Qué dices, Santi? ¡No, hombre, no... menuda obsesión con Murakami! ¿A nadie se le ocurre algo más plausible? A ver: oigo una voz que llega desde la lejanía... parece la de nuestra añorada Izas... ¿Cómo dices? ¡Exacto, gracias, Izas; sabía que podía confiar en ti: es el argumento de una novela de Stephen King! Por concretar, es el de La mitad oscura, una de las más interesantes, en mi opinión (aunque tampoco soy un experto) del autor de Maine y que escribió, precisamente, a raíz de su renuncia al pseudónimo que utilizaba, Richard Bachman. Pues así es también en esta novela de Joyce Carol Oates el inicio, al menos, de la trama, aunque luego cambie con respecto a la de King. De hecho, la cosa se complica cuando aparece una lectora chiflada de los libros del escritor que...

_ ¡Espera, esa sí que me la sé: es Misery!

_ Sí, bueno, también sale aquí algo que tiene que ver con Misery, aunque la novela no va por ahí... pero es cierto que las referencias a Stephen King son constantes desde la primera página, hasta casi convertirlo en un personaje más... Incluso se diría que Oates se trae bastante coña marinera cierto juego metaliterario a su costa (de hecho, aunque ignoro cuales son las relaciones personales entre ambos autores norteamericanos, casi parece que Rey de Picas constituye una especie de broma privada entre ambos. "¡Oye, Steve, te apuesto lo que quieras a que soy capaz de escribir una novela de las tuyas mejor que tú, incluso a partir de uno de tus argumentos!" "No te lo crees ni tú, Joyce... venga, vale, y el que pierda paga el six-pack de Miller que nos estamos bebiendo..."). Por lo demás, la sorna de Oates no se limita a sus referencias a colegas literatos reales -no sólo King- , sino que se ceba, a lo largo de toda la novela, en el protagonista, Andrew J. Rush, como ya he mencionado un exitoso autor de novelas de misterio "blanditas", esposo, padre y ciudadano ejemplar -o así se ve él mismo-, adalid de la corrección política y de la tranquila vida campestre, pero que parece ocultar un Mr. Hyde en su interior.

Y hasta aquí puede leer (es decir, escribir) para no estropearle la trama a nadie. Simplemente, debo avisar que se complica bastante... aunque tal vez no tanto como sería de desear. Me explico: la novela está escrita con la eficacia y hasta excelencia estilística que cabe esperar de tan insigne autora. Bien. La trama, aun no partiendo, ya digo, de un presupuesto original suyo, se va complicando de forma gradual, e incluso a su favor hay que decir que Oates sabe cómo introducir esas "complicaciones" de forma sutil, sugiriendo de manera exquisita lo que luego va a ir ocurriendo a lo largo de la historia; estupendo, también... Pero llega un momento en el que, quizás debido a la idea de mantener la narración dentro de los límites de una novela corta, la autora se decide por el camino más obvio, por no decir "fácil" (este adjetivo, con todo el entrecomillado del mundo), hurtando a los lectores la posibilidad de disfrutar de todo un novelón del género de suspense o thriller psicológico que podía haber sido este libro y limitándose a dejarlo en una especie de divertimento metaliterario, un guiño cómplice hacia sus colegas escritores y a los lectores más avisados. Porque, eso sí, lo "metaliterario" está presente en todo momento en esta novela y no sólo como referencia a otros autores o libros, sino con la inclusión de temas cuyo mayor desarrollo quizás habría tenido su interés: las vicisitudes de la creación literaria, el peligro de caer en el plagio, la dislocación personal que puede suponer dedicarse al oficio de escritor, etc...

No conozco tan bien la obra de Joyce Carol Oates (y a ver quíén: 50 novelas, 400 cuentos, no sé cuántos libros de otros géneros...) como para saber si sus lectores habituales estarán complacidos o decepcionados con esta novela. A mí me ha dejado más bien tibio. Ahora bien, estoy dispuesto a insistir con esta autora, una de las candidatas habituales al Nobel, a ver si cuando se lo den me pillan siendo ya un experto y puedo lucirme... Aunque, entre nosotros, si yo fuese el mandamás de la Academia Sueca de marras, a quien se lo concedería sería a Stephen King, ¡que eso sí que sería un puntazo! ; )


Otras obras de Joyce Carol Oates reseñadas en Un Libro Al Día: Puro fuego, Violación: Una historia de amor, Marya, Bestias

domingo, 5 de febrero de 2012

Harvey Pekar, Joyce Brabner y Frank Stack: Nuestro año de cáncer


Título original: Our Cancer Year
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1994
Valoración: recomendable

A pesar de que Harvey Pekar (1939-2010) fue un estupendo crítico de libros y de jazz, ha pasado a la historia por ser uno de los más conocidos autores de cómics underground del pasado siglo, gracias a su obra American Splendor. Aunque en esta serie de cómics se dedicó a contar su vida y su peculiar manera de ver el mundo (acompañado de excelentes dibujantes, como Crumb), la obra que reseño hoy poco tiene que ver con ella.

En este libro –escrito a cuatro manos entre Pekar y su mujer, Joyce Brabner–, el autor relata cómo fue 1991, el año en el que descubrió que tenía cáncer. Así, en plena Tormenta del Desierto (algo que afectará sobremanera a Joyce) y mientras sufren apuros económicos para pagar la casa que se acaban de comprar, Harvey y su mujer tienen que hacer frente a una enfermedad para la que no están preparados. Mientras las pruebas médicas, las sesiones de quimioterapia y los bombardeos de medicinas se suceden, ambos tienen que luchar contra el cuerpo cada vez más débil y depauperado de Harvey y su negativa visión del mundo, que empeora cada día que pasa.

Con absoluta crudeza y sin un atisbo de autocompasión, la pareja cuenta el día a día de una enfermedad que cada vez está más presente entre nosotros y que, sin embargo, nos aterroriza como ninguna. Para llevar a cabo esa tarea han contado con la ayuda de Frank Stack (conocido, sobre todo, por ser responsable del primer cómic underground de la historia, The Adventures of Jesus), quien, con un dibujo sencillo –en apariencia– y sumamente expresivo, consigue que el lector se introduzca de lleno en la historia y se contagie de ese malestar general que la narración desprende.

Harvey y Joyce dejan constancia en este libro de que la gente que nos rodea (amigos, familiares...) es imprescindible para poder seguir adelante en una situación como ésta, pero también, desgraciadamente, de que al final cada uno tiene que vivir su propia lucha solo. Y, a pesar de lo que pueda parecer, no lanzan un mensaje negativo. Simplemente cuentan las cosas como ellos las vivieron. Como son, en definitiva. Quizá por eso nos asusten tanto.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Joyce Carol Oates: Violación: Una historia de amor

Idioma: inglés
Título original: RAPE A love story
Año de publicación: 2004
Traducción: Santiago Roncagliolo
Valoración: muy recomendable

Dijeron Patrick Modiano. Yo había apostado, internamente, por una descabellada teoría, la de que los de la Academia optarían por desconcertar al planeta concediendo dos premios seguidos a dos mujeres que escribieran en inglés. Y Joyce Carol Oates es, igual que era Munro, igual que, espero, sigan siendo algunos otros, una de esas eternas aspirantes. Así que, obediente y planificador, opté por una de esas novelas cortas, por uno de esos platos degustación. Pues menudo acierto, si toda su obra es así. Porque Violación, una historia de amor es una joya. De síntesis, de estructura, de ritmo narrativo. De todo. Puede que abuse algo de esa especie de sentido del suspense, tan cinematográfico y tan propio de los géneros judiciales y/o policíacos, Pero eso dista mucho de ser un defecto. Puede que a muchos les parezca hasta un poderoso incentivo.
Como se deduce de su sinopsis, de su título y hasta de la foto que ilustra la portada de la edición que he leído, nos enfrentamos a una situación dura. Dura y cruel. Añadámosle injusta. Teena Maguire, viuda de 35 años, decide volver a casa con su hija de 12 años tras las celebraciones de una noche de 4 de Julio. Por el camino del parque de Niagara Falls acortarán diez minutos. En teoría: porque están siendo seguidas por un grupo de jóvenes vecinos, que, bajo los efectos del alcohol, las drogas, y una cierta sensación de impunidad, violarán a Teena y la golpearán hasta dejarla al borde de la muerte. Bethie, la niña, se escapará por los pelos de un destino tan trágico, pero quedará marcada por ser testigo de la agresión que sufre su madre. Y la novela se embarca, a partir de esa fuerte imagen inicial, la de Teena postrada agonizante en una cabaña en el parque, en una historia que es a la vez de hundimiento y de resurgimiento. Nada puede seguir siendo igual cuando Teena, que salva la vida, sabe que los que la han agredido son vecinos y conocidos que pensaban que tenían derecho a hacerlo. Nada puede seguir cuando, a medida que son detenidos, un abogado sin escrúpulos pero con una tarifa espectacular, logre hacer dudar al jurado de aquello que es más que obvio. La agresión en toda regla empieza a ser puesta en tela de juicio en un juego tan legal como inmoral. Teena empieza a temer por cómo acabe todo.
Y hasta aquí explico. 
Construida como una narración de suspense, Violación, una historia de amor, es, virtualmente, una de esas novelas que no se puede soltar hasta acabarla. Con su ligera sensación coral y con la apuesta por personajes muy hábilmente huidizos del estereotipo, esta es una de esas novelas que cala en el lector y que sirve, con sus 160 páginas, como aperitivo para abordar alguna de las obras en gran formato de Joyce Carol Oates. 
Pero dijeron Patrick Modiano.

Otras obras de Joyce Carol Oates reseñadas en Un Libro Al Día: Puro fuego, Rey de Picas, Bestias

miércoles, 16 de octubre de 2024

Roberto Bolaño/A.G. Porta: Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce. Diario de bar

Idioma original: español.
Año de publicación: 1984.
Valoración: bastante recomendable

Habrá quien diga que sabía quién era Roberto Bolaño en 1984. No voy a negar que un libro como este Confesiones… se publique, ya en su momento, y obtenga cierta repercusión posterior, debido al enorme mito generado por sus obras cumbre y, claro, por su trágica desaparición. Dentro de la obra del chileno (que creo, con esta reseña, está prácticamente completa en este blog) podría decirse ya no solo que es una novela de tanteo, sino que registra el inédito hecho de estar escrita a cuatro manos con el escritor barcelonés Antoni García Porta. Una cuestión a la vez curiosa y algo estimulante para el lector bregado: puede uno especular con el reparto de tareas en la configuración de la novela, en partes redactadas por uno y completadas por el otro, en algún curioso vocablo que delate si ésta u otra parte son del chileno o del catalán. Con todo, la novela acaba resultando potente y cohesionada y no he sido capaz de detectar diferencias ni brechas que resulten delatoras. Como en la vigente fiebre de las colaboraciones musicales, y aunque García Porta no haya disfrutado de tal repercusión (pues encima al hombre le ha dado por seguir vivo), el mérito es conjunto e indisociable.

Dije mérito. Desde su curioso título de cierta afectación pop/postmoderna, Confesiones de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce es una novela muy notable, aunque parezca un divertimento punk combinado con algunas gotas de hiperviolencia pre-Tarantino. Son apenas unos días en la vida de Ángel y Ana, dos jóvenes, uno de ellos poeta obsesionado por James Joyce, primer apunte de contextualidad futura con la obra de Bolaño, la otra una chica que es su pareja, o algo así. Uno barcelonés, la otra de fuera. Han cometido un atraco en la turbulenta Barcelona de los primeros ochenta, la del postfranquismo dando coletazos, la de la droga corriendo sin control por toda la ciudad. El atraco ha coincidido con otros sucesos violentos y Ángel y Ana se creen a salvo de la persecución policial recluidos en sendos pisos mientras siguen con su carrera criminal y planifican algún último golpe y una huida a París donde empezarán una nueva vida. Es una narración vertiginosa, atropellada, casi disruptiva, donde Ángel, el poeta, se ha ocultado en un piso destartalado en el barrio de Sants y se cree a salvo de la policía. Piensa en Ana, piensa en Joyce y en Dédalus y se ve proyectado en una chambre de bonne dedicado a la escritura. La posibilidad del último golpe se concreta y se ejecuta.

Por supuesto es una narración vigorosa, casi vertiginosa y poco dada al exceso lírico. Puede que en algún momento se tienda al exceso propio de cierto género criminal, pero todo ello se combina en una especie de atropellada narración donde los estilos se combinan de forma estimulante. De hecho,  la novela nos regala una parte final en forma epistolar. Ángel se dirige a la madre de Ana que, sin haber llegado a venir a España, se ha ido desplazando por el extranjero. Un capítulo final nos muestra a Ángel residiendo en Francia ya como un ciudadano más sin abandonar cierta paranoia de fugitivo cauto y timorato.
La novela se completa con Diario de bar, un opúsculo lleno de fechas y lugares que refiere a la estructura futura de Los detectives salvajes. Obviamente, Consejos… puede parecer una obra menor, un experimento a cuenta de futuros ejercicios más contundentes de estilo. Pero muy lejos de ser algo leve o puramente lúdico: aquí hay chicha de la buena.

De Bolaño en ULAD: aquí

domingo, 22 de octubre de 2017

Joyce Carol Oates: Marya

Idioma original: Inglés
Título original: Marya. A life
Traducción: Carmen Francí Ventosa
Año de publicación: 1986
Valoración: Recomendable

No creo que esta novela sea una de las mejores de Joyce Carol Oates, pero sí que creo que es una buena opción para acercarse a su narrativa. Y lo creo por dos motivos: porque se trata de una novela con una importante carga autobiográfica y porque en ella encontramos algunos de los temas que atraviesan de Oates.

"Marya" es una nueva crónica de la vida estadounidense contemporánea; esta vez, a través de la historia, desde la infancia hasta la madurez, de su protagonista. Y es, al mismo tiempo, la expresión literaria de un nuevo tipo de mujer (tengamos en cuenta que el libro data de 1986) que rompe con los esquemas preconcebidos, ya sea de hombres y mujeres de generaciones anteriores como, desgraciadamente, de sus contemporáneos.

En "Marya", Oates realiza una presentación realista, aunque no exenta de cierto lirismo, de ambientes económica y socialmente deprimidos, cargados de locura, machismo y violencia, ya sea explícita o implícita. En ese ambiente tendrá lugar la evolución personal de una mujer, ante todo, solitaria. Esta presentación,  además de ser realista, es verosímil. De hecho, la parte que narra la difícil infancia (muerte del padre, abandono de la madre, vida con sus tíos y primos, etc) y  adolescencia de Mary es, para mí, la más interesante del libro. Destaca la capacidad de Oates de meterse en la piel de una niña de 8-9 años sin caer en tópicos o cursilerías, de contar el horror cotidiano al que asiste Marya con toda la ferocidad de la inocencia. También la confusión y los vaivenes de la adolescencia, rapto casi místico incluido, merecen una mención.

A partir de ahí, a partir de la entrada de Marya en la Universidad y en la "vida adulta", la novela decae. A pesar de que el tratamiento de "grandes" temas como la amistad, el amor, el sexo o las dificultades de Marya en su vida profesional por su mera condición de mujer resulta más que interesante, me da la impresión de que, por momentos, la novela se vuelve un tanto farragosa (demasiadas páginas dedicadas a la vida académica que no aportan demasiado) y repetitiva. Tengo la sensación de que sobran páginas. 

Por último, el final me resulta demasiado abrupto, no me acaba de convencer. Y no lo hace porque no encuentro especial justificación al momento elegido por Oates para poner punto y final a la historia. Podría haber sido mucho antes o mucho después, no lo termino de ver claro.

De todas formas, y pese a que creo que esta se trata de una obra "algo menor" dentro de la extensa bibliografía de Joyce Carol Oates, resulta un libro interesante, en especial sus 150 primeras páginas (más o menos).


Otras obras de Joyce Carol Oates en ULAD

viernes, 5 de febrero de 2010

James Joyce: Dublineses

Idioma original: inglés
Título original: Dubliners
Fecha de publicación: 1914
Valoración: imprescindible

Para 1905 Joyce ya tenía planeado escribir una serie de historias cortas independientes que se unirían en Dublineses para formar una obra redonda y compacta. Esta peculiar y memorable novela no se publicó hasta 1914, tras algunas pequeñas concesiones editoriales. Sin embargo, James Joyce siempre se negó en redondo a omitir historias o a cambiar el orden de las mismas.

Y es que nada en Dublineses es aleatorio. Cada una de las quince historias que la conforman aporta su particular pincelada al retrato colectivo implícito en el título: las tres primeras nos hablan de la infancia; las cuatro siguientes, de la adolescencia; las siguientes, de la madurez; las últimas, de la vida pública. Así, asistimos al desarrollo -¿o tal vez degeneración?- de este protagonista múltiple que se nutre de cada protagonista particular y que crece no sólo en cuanto a temática sino en cuanto a forma. Ejemplo: las historias protagonizadas por niños están narradas en primera persona, pero en cuanto pasamos a la adolescencia encontramos diferentes juegos de focalización narrativa en tercera persona.

A pesar de no ser una novela al uso, Dublineses tiene definitivamente la consistencia y complejidad suficientes para no ser considerada como una mera recopilación de relatos: es lo que algunos críticos han convenido en llamar "composite novel" (algo así como "novela compuesta" en español).

Las historias, aunque son totalmente autónomas, adquieren un sentido más profundo al ser leídas en su conjunto, y están perfectamente interrelacionadas mediante la combinación de ciertos factores recurrentes: la ciudad de Dublín y el efecto opresor que ésta tiene en sus habitantes, el peso de la religión, el nacionalismo irlandés, el omnipresente alcohol...

Y también algunos menos obvios, como la anteriormente mencionada especial organización de las historias (no sólo nos movemos desde la infancia hasta la adultez, sino desde el verano hasta el invierno), el uso recurrente de la violencia y, más sutilmente, la atmósfera gris, irrespirable y "paralizante" de todas las historias. La ciudad retratada es un símbolo de la gloria ansiada e inalcanzada, e imposible de alcanzar si sus habitantes no cambian. El problema es que todos los protagonistas se encuentran, precisamente, "paralizados".

Dublineses es una obra rica, original, completa y, sobre todo, compleja. En definitiva, imprescindible. Por eso, quien se anime a abordarla deberá armarse de una buena edición anotada: cada frase adquiere significados inusitados dependiendo del ángulo desde el que se lea.


Otros libros de James Joyce  reseñados en Un Libro Al Día: Exiliados, Ulises, Finnegans Wake, Retrato del artista adolescente

domingo, 29 de septiembre de 2024

Joyce Carol Oates: Como un espectro. Miao Dao

Idioma original: inglés

Título original: Phantomwise: 1972 / Miao Dao

Año de publicación:2020

Traducción: Susana de la Higuera Glynne-Jones

Valoración: recomendable

Como todos los años (bueno, menos uno), se acerca ese momento en que los letraheridos y gafapastas del mundo, aunque lo neguemos, estamos atentos a que salga por una puerta un señor sueco con pinta de aburrido y nos desvele quien es el galardonado/a con el premio nobel de Literatura. Como todos los años, los bookmakers británicos publican antes como van las apuestas para acertar con el /la afortunada y, como todos los años, siempre hay incautos que ponen su dinero y esperanzas en el Murakami malo o Houellebecq, para regocijo, supongo, de los corredores, que saben que va ir a parar directo a sus bolsillos... Ahora bien, no hace falta gastarse un euro o una libra para pasarlo bien con esta ya tradición anual. Todos y todas podemos hacer nuestros pronósticos o al menos comentar quienes son nuestros favoritos, obviando el hecho habitual de que se lo darán a lgún escritor/a de quien no hayamos oído hablar y que ni siquiera tendrá una reseña en Un Libro Al Día, por imposible que esto parezca...

Pues bien, honrando esta pequeña tradición me voy a permitir hacer yo también mi predicción; teniendo en cuenta que, según lo establecido en los últimos años éste toca dárselo a una mujer y que el año pasado fue para un autor noruego, luego ya pueden volver a dárselo a alguien que escriba en inglés, mi apuesta (con permiso de la favorita, la china Can Xue) va para Joyce Carol Oates, quien, además de su excelencia literaria, es una escritora con una obra amplísima y que, aunque mantiene una capacidad intelectual y pública envidiable (ayer mismo se encontraba haciendo una gira por... Suecia, precisa y no sé si casualmente) ya atesora bastantes primaveras, al límite de lo admisible para la Academia Sueca, pues ya se sabe que a partir de cierta provecta edad miran para otro lado, no sea que el galardonado no llegue a la ceremonia de entrega del premio, con lo vistosa que es... 

En fin, que por si acaso y para que no me pille el toro, por si le conceden el premio, he decidido reseñar algún libro más de esta escritora. Ahora bien, dado que en su extensa producción literaria abundan los tochos (no sé de dónde ha sacado tiempo está mujer) y la vida de un servidor no está ahora mismo para eso, me he decidido por un volumen no muy extenso, que recoge dos novelas cortas -o relatos largos, si se prefiere- pero, me parece, bastante representativos del estilo y los temas habituales de la obra de Oates ( de todos modos y, tanto le den el Nobel como no, sus libros sin ninguna duda merecen la pena, prometo leer alguno más extenso en un futuro próximo. Y reseñarlo, claro). En la primera de las novelettes, Como un espectro, se nos cuentan las cuitas de Alyce Urquhart, estudiante universitaria de diecinueve años atrapada entre las redes -o las tenazas- del deseo de dos de sus profesores, dos hombres muy diferentes entre sí, pero hombres, al fin y al cabo, y por tanto más proclives a pensar en su propia conveniencia que en respetar la voluntad de una chica joven.

En la segunda historia, Miao Dao, una niña de doce años, Mia, hace frente al divorcio de sus padres, a la dificultosa pubertad y al acoso escolar/sexual refugiándose junto a una colonia de gatos callejeros, una forma de paliar su soledad y aferrarse a su infancia...

(No voy a contar más porque, como digo, ambas son novelas bastante cortas...)

Tal vez estas novelitas no sean lo mejor de la obra de Joyce Carol Oates, pero sí, me parece, una buena forma de introducirse en la misma, tanto por su excelencia narrativa como porque toca temas habituales en esta autora: la violencia contra las mujeres -y la violencia en general... De hecho, Oates tiene un ensayo acerca de por qué escribe sobre la violencia-, la compleja ambigüedad de los sentimientos humanos, la sensación de desamparo que puede y tal vez suele, atormentar a las jóvenes, la combinación de novela pegada a la realidad, el misterio r incluso cierto toque sobrenatural. En fin, todas buenas razones para iniciarse en el conocimiento de esta excelente escritora, le concedan el Nobel o no... Pero, por si acaso, no tardéis mucho en hacerlo ; )


Unos cuantos libros más de doña Joyce Carol reseñados: aquí

miércoles, 7 de junio de 2017

Joyce Carol Oates: Memorias de una viuda

Idioma original: inglés
Tïtulo original: A Widow's Story: A memoir
Traducción: María Luisa Rodríguez Tapia
Año de publicación: 2011
Valoración: Muy recomendable

Encontré este libro buscando información para una entrada temática que publicaré por aquí dentro de poco; el título y el resumen me decían que encajaba con lo que estaba buscando, así que inmediatamente me lo compré en ebook, lo descargué y empecé a leer. Y seguí leyendo, hasta que tuve de parar, porque estaba a punto de echarme a llorar delante del ordenador, y no precisamente por tener los ojos cansados de la lectura.

Que conste que no suelo llorar nunca, o prácticamente nunca, con un libro o una película. ¿El final de Titanic? Meh. ¿El discurso de Schindler en La lista de Schindler? Meh. ¿El final de Amour de Haneke? Bueno, ahí sí que se me puso un nudo en la garganta. La última vez que recuerdo llorar por culpa de una obra de ficción fue cuando murió David el Gnomo, y aun así me tragué las lágrimas porque mi hermano mayor estaba cerca.

Y sin embargo, en la página 47 de Memorias de una viuda tuve que parar, porque me ahogaba.

El título describe muy bien el contenido de la obra: son las memorias de Joyce Carol Oates en relación con la muerte de su marido, Ray Smith, en 2008, a causa de una pneumonía y/o de una infección hospitalaria posterior. Un hombre sano, trabajador, feliz y cariñoso se siente levemente enfermo, ingresa en urgencias de un hospital provincial y una semana después ha muerto. ¿Cómo puede alguien asumir que en tan poco tiempo ha perdido al compañero de su vida, con el que compartió 47 años? ¿Cómo se puede seguir viviendo después de un golpe así?

Esa es la pregunta que parece querer responder Joyce Carol Oates con esta obra: el proceso de reajuste brutal que debe acometer para responder a esta nueva realidad, y la forma como la vida exige seguir siendo vivida (en términos casi meramente funcionales, primarios, instintivos), más allá del deseo romántico de "no sobrevivirnos el uno al otro" que reina en una pareja compenetrada como el de los Smith.


Y el recuento de estos días, meses, años, confusos y dolorosos se realiza con un pormenor casi inhumano: Memorias de una viuda no es una breve y punzante reflexión sobre la muerte, como Una pena en observación de C. S. Lewis; son casi 440 páginas de reconstrucción detallada de cada momento, de cada paso, de cada sentimiento. Las noches sin dormir en el hospital, el último mensaje del marido en el contestador, la reacción primera, la culpa, el trauma, la desesperación, las conversaciones (en persona y por email) con amigos, colegas, desconocidos, los trámites burocráticos tras el fallecimiento pero también los recuerdos de los días felices... Todo, absolutamente todo tiene cabida en esta recolección que no parece querer dejar ningún resquicio al olvido;y quizás sea esa su función, de hecho: a través de un recuerdo implacable, conseguir conocer de verdad a su marido. (Hablando de las memorias de otra escritora, también viuda, Oates dice que "combinan lo clínico con lo poético"; en sus propias memorias, se impone claramente el primer elemento).

Quizás precisamente por esta saturación del recuerdo, la obra pueda parecer algo excesiva: después de unas primeras cien páginas que dejan al lector, como a la autora (salvando las distancias, claro), en estado de shock, el relato entra en una fase más lenta, más repetitiva, más "burocrática". Ayuda a salvar la lectura el sentido del humor de Oates (cuyo destinatario es muchas veces ella misma), así como las reflexiones casi siempre afiladas que cierran muchos de los capítulos, dedicadas al proceso del luto y a la confrontación con la muerte, a la que se despoja de su halo mí(s)tico para convertirla en un trámite de una vulgaridad dolorosa en sí misma.



Desde luego, el libro no es tan potente y emotivo en las últimas trescientas páginas como en las cien primeras. Quizás esto se deba a que el momento del dolor máximo, la muerte del marido, se sitúa en esas páginas, y lo que viene después es el lento proceso de readaptación, en medio de una sensación de vacío existencial, de la viuda a su vida de viuda. Quizás se deba a que de hecho la agudeza brutal de esas primeras cien páginas es superior, y el resto del libro palidece en comparación. En cualquier caso, ese inicio, como decía antes, me ha conmovido como muy pocos libros lo han hecho anteriormente, y solo por ellas vale la pena leer estas confesiones desgarradas y valiosas, llenas de amor, dolor e inteligencia.

Otras obras de Joyce Carol Oates en ULAD.