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sábado, 9 de junio de 2012

A vueltas con Murakami

Idioma original: japonés
Valoración: así en conjunto, se deja leer

Me van a perdonar los lectores y compañeros de este blog por esta entrada, que se sale de nuestra línea habitual por su tono y por su contenido, pero es que necesito desahogarme. Si no lo digo, exploto:

Odio a Haruki Murakami.

Por supuesto, estoy exagerando: no le odio, ni como persona (no le conozco de nada) ni como escritor. De hecho, me parece que no escribe mal (sus novelas se leen con facilidad y por momentos incluso sorprenden); Tokyo Blues fue la primera que leí, me entretuvo, y me dejó con ganas de leer más cosas de este autor. Y de hecho debo de haber leído cinco o seis obras suyas (Tokyo Blues, Kafka en la orilla, After Dark, La caza del carnero salvaje, De qué hablo cuando hablo de correr...).

Pero...

Mi odio a Murakami tiene dos partes. De la primera parte tiene la culpa el propio Murakami; de la segunda no, o no directamente.

La primera parte es que Murakami se repite más que el ajo. Sus personajes casi siempre parecen sacados por el mismo troquel: seres sensibles, algo alternativos, simpáticos, tímidos... Historias de búsqueda personal y/o romántica en un Japón casi abstracto. Algo de "realismo mágico" aquí o allá. Unos toques de novela de aventuras... Tengo comprobado, además, que es muy habitual que la novela que más gusta de Murakami es la primera que te lees de él. ¿Y por qué? Porque leída una, leídas (prácticamente) todas.

La segunda parte que ya no es culpa de Murakami propiamente, es su entronización como un "clásico vivo". Por favor. Que el nombre de Murakami aparezca en las listas de candidatos al Premio Príncipe de Asturias y, sobre todo, al Nobel, me parece un ejemplo de banalización o comercialización de los estos premios. Del Príncipe de Asturias uno ya espera cualquier cosa, pero ¿del Nobel? Yo a un Premio Nobel no le exijo solo que "no escriba mal"; sino que rompa barreras, en cuanto al uso del lenguaje, en cuanto al conocimiento del mundo, en cuanto a lo que los seres humanos conseguimos hacer con eso que llamamos "literatura".

¿Consigue algo de esto Murakami? Pues como ya os imaginaréis, yo creo que ni de lejos. Murakami me parece un autor superficial, fuegos de artificio narrativos sin contenido humano digno de tal nombre; un conjunto de juegos bastante vacíos por muy atractivos que sean, y por mucho que vendan. La diferencia con Philip Roth, con quien "compitió", según dicen, por el Premio Príncipe de Asturias, es tan evidente que debería hacer que Murakami se encerrase una temporada en su casa a replantearse su vida.

Esto no quiere decir que uno no se lo pueda pasar bien leyendo a Murakami (sobre todo, como decía, cuando se lee por primera vez una novela suya); ni que no pueda gustarte Murakami, faltaría más.

Pero para mí, Murakami es el Paulo Coelho japonés.

Si a pesar de esto quieres leer algo de Murakami, puedes empezar por After Dark
o Kafka en la orilla
Otras obras del autor en ULAD: De qué hablo cuando hablo de correrAl sur de la frontera, al oeste del SolTokio bluesLos años de peregrinación del chico sin colorEl elefante desapareceDe qué hablo cuando hablo de escribirDe qué hablo cuando hablo de escribir, La muerte del comendador

sábado, 18 de septiembre de 2010

Haruki Murakami: Kafka en la orilla

Idioma original: japonés
Título original: 海辺のカフカ (Umibe no Kafuka)
Año de publicación: 2002
Valoración: está bien


Después de mi "andanada" contra Murakami de hace unos meses (más de un año, en realidad, cómo pasa el tiempo), me había prometido a mí mismo no volver a leer nada de Murakami en una buena, buena temporada. Pero cuando una amiga me recomendó Kafka en la orilla como una de sus novelas favoritas, y la mejor de Murakami sin duda -algo que ya había oído antes-, me decidí a darle una nueva oportunidad. Pero no, lo siento, Haruki; lo siento, Susana: me reafirmo en mi opinión. Las novelas y, sobre todo, los personajes de Murakami no me convencen, no me los creo, me parecen artificiales, inverosímiles y repetitivos. No termino de entender que se sitúe a este autor (que a mí no me parece que diga nada esencial sobre la existencia humana, sinceramente) a la altura de otros como Phillip Roth, Ismail Kadare o Paul Auster. Qué le vamos a hacer, será cuestión de gustos.

En este caso, es verdad, Murakami le echa más inventiva que otras veces para contarnos la historia de dos personajes aparentemente no relacionados, pero que terminarán encontrándose porque en realidad estaban unidos por un destino superior. Se trata de Kafka Tamura, un adolescente que escapa de su casa y busca a su madre y a su hermana que lo abandonaron de niño; y Satoru Nakata, un hombre que de niño sufrió un extraño desvanecimiento, durante el cual perdió toda memoria y gran parte de sus capacidades intelectuales, pero a cambio ganó la habilidad de hablar con los gatos.

Es verdad, decía, que esta novela de Murakami es menos realista, más imaginativa y onírica que la mayoría de las demás. Pero esto, para mi gusto y en este caso concreto, no es una virtud, porque las invenciones sobrenaturales o sobrehumanas que se acumulan en la novela resultan de lo más arbitrarias, se acumulan sin adquirir sentido. Hay algunos pasajes intensos e interesantes, y la novela, como todas las de Murakami, se lee muy fácil, porque está escrita de manera ágil y llevadera; pero también hay escenas cuestionables (las de sexo, por ejemplo, están descritas de una manera demasiado genitalocéntrica para mi gusto) e innecesarias (la más clara, la visita de dos feministas a la biblioteca en la que vive Kafka, que no viene a cuento pero que a Murakami le debía apetecer incluir).

Tengo la sospecha de que para todo lector la primera novela que lee de Murakami es su favorita. Porque luego, todo lo que lea le sonará a repetido, o por lo menos, le parecerá ya menos original. La primera que yo leí fue Tokyo Blues, y me gustó bastante, sobre todo por el tono fácil y directo del autor, y por esos personajes poéticamente solitarios e inadaptados. Las que han venido después han sido darle vueltas al molino, y ya estoy cansado de leer sobre personajes poéticamente solitarios e inadaptados. Así que, ahora sí, me prometo firmemente a mí mismo no volver a leer nada de Murakami. Hasta la próxima vez, claro.

Sobre Murakami: A vueltas con Murakamiy de Murakami en UnLibroAlDíaAfter DarkDe qué hablo cuando hablo de correrAl sur de la frontera, al oeste del SolTokio bluesLos años de peregrinación del chico sin colorEl elefante desapareceDe qué hablo cuando hablo de escribirLa muerte del comendador

domingo, 19 de enero de 2025

Haruki Murakami y Makoto Wada: Retratos de jazz

 Idioma original: japonés

Título original: Potoreito in jazu (ポートレイト・イン・ジャズ)

Traducción: Juan Francisco González Sánchez

Año de publicación: 2020

Valoración: decepcionante

Si acaso piensan que leer todos los libros de Haruki Murakami traducidos al español les llevaría más tiempo que ver todos los capítulos de One Piece, deberían consultar el catálogo de sus obras en japonés. Siendo uno de los escritores japoneses más populares, las editoriales hacen bien en sacarle todo el jugo que se pueda, aunque lleguen a extremos absurdos como publicar libros del estilo “Aprende inglés con Haruki Murakami”. En esa línea, llega a nosotros la traducción al español de textos cortos, a medio camino entre el ensayo y el post de Facebook, donde el abuelo Murakami nos comparte sus ideas sobre el mundo del jazz, tomando como eje de cada texto a un músico icónico de aquella época dorada del jazz norteamericano.

El libro presenta más de 50 semblanzas, cada una acompañada del retrato del músico correspondiente, dibujado por Makoto Wada, un ilustrador que ya había colaborado con Murakami en otras obras y que fue el ilustrador de la portada de la revista literaria Shūkan Bunshun durante más de 40 años. Además, cada entrada incluye la foto de un vinilo, una recomendación para conocer al músico y comprender un poco más lo que Murakami está expresando.

Una pregunta que me planteé después de leer algunos capítulos del libro fue: ¿Por qué hacer un libro específicamente para esto? Con las palabras que elegí en el párrafo anterior ya se habrán dado cuenta de que, a mi parecer, este libro bien pudo haber sido un blog (¡ja!) o una cuenta de instagram donde Murakami recomendara los discos que le gustan. Incluso se podrían incluir fácilmente audios y videos, elementos indispensables tratándose de música.

Hablando específicamente del texto, por muy aficionado al jazz que sea (ya todos sabemos que tenía un club de jazz), se nota que Murakami no es músico. A pesar de que este libro no pretende darnos detalles técnicos y que el público objetivo es, al igual que Murakami, aficionados al jazz, la forma en que se abordan estos ‘retratos’ es demasiado superficial. En muchas ocasiones ni siquiera se relatan episodios interesantes de la vida de los músicos, solo impresiones de lo más frívolas: “es indudablemente increíble”, “el bajo era profundo como un bosque”. Murakami llega al descaro de, en el capítulo dedicado a Charlie Parker, ponerse a hablar de otra cosa y, al final, decirnos: “Ah, perdón, ya ni dije nada de Charlie Parker”.

Para no quedarnos en el terreno de lo abstracto, vean cómo se abordan estos temas por el saxofonista y youtuber Jay Metcalf de BetterSax en uno de sus videos ("Top 10 alto sax players of all time"), hablando de Charlie Parker:

Vamos primero con el más obvio, porque sin él, esta lista ni siquiera sería posible. Claro, estoy hablando de Charlie Parker, Bird. Considerado como el padre del Be-bop, el innovador, el instigador, el creador. Es, sin duda, uno de los más grandes genios musicales del siglo XX. Tan adelantado a su tiempo que si tocara al día de hoy, su música sonaría contemporánea. Es irónico que muchos músicos que aparecieron después de él sean acusados de plagiar a Charlie Parker, cuando en realidad, la técnica de Bird es aún inigualable. Hasta donde sé, este es el único video de Bird tocando en vivo (procede a mostrarnos un clip de Parker tocando). ¿Vieron eso? La llave de octava se quedó trabada y la tuvo que regresar a su lugar (a esto me refiero, alguien que sabe de lo que habla puede señalarnos detalles interesantes). Parker tocaba su saxofón personalizado ‘King Super 20’, el cual se encuentra exhibido en el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana (otro detalle interesante). Después nos da detalles más técnicos (tocando algunas partes él mismo). Como les decía, entiendo que este no es el punto del libro de Murakami, pero de no ser así, no entiendo cuál es.

Otro ejemplo notable de un texto desarrollado alrededor de un músico es El perseguidor, de Cortázar. Un cuento increíble, obligatorio para todo fan del jazz.

Además, Makoto Wada, el ilustrador del libro, aporta una dimensión visual que podría haber enriquecido la experiencia si se hubiera integrado de manera más coherente con los textos. Personalmente, su estilo naïf no es muy de mi agrado, al menos no en este libro, pero entiendo su atractivo. Sin embargo, a menudo no reflejan la profundidad o complejidad de los músicos (Miles Davis y Stan Getz son representados de manera muy similar). Un estilo más realista o expresivo podría haber complementado mejor los ensayos de Murakami, ofreciendo una conexión más significativa entre la imagen y el texto. 

En mi opinión, este libro solo fue un capricho de Murakami y/o un negocio para la editorial. Siendo yo mismo un aficionado al jazz, este libro fue realmente una decepción. Tanto en el texto como en lo visual, Retratos de jazz falla en capturar la esencia de los grandes músicos del género, quedándose en una superficialidad que no satisface ni a seguidores casuales ni a conocedores del jazz.

Otras obras de Haruki Murakami en ULAD: Kafka en la orillaDe qué hablo cuando hablo de correrAl sur de la frontera, al oeste del SolLa muerte del comendador. Libro I y IIDe qué hablo cuando hablo de escribirEl Elefante Desaparece de Haruki MurakamiLos años de peregrinación del chico sin colorAfter DarkTokio Blues

martes, 30 de octubre de 2012

Haruki Murakami: De qué hablo cuando hablo de correr

Título original: Hashiru koto ni tsuite kataru toki ni boku no kataru koto
Idioma original: Japonés
Año de publicación: 2007
Valoración: recomendable (para los fans: imprescindible)

Estoy preparado para todo. Después de escribir un título tan prolongado, hasta en japonés, mis fuerzas están renovadas y mi cabeza alta: mis sentidos, prestos a detectar cualquier flecha o cualquier proyectil. Preparado hasta para morir por el fuego amigo. Porque si ya sus obras de ficción ponen a Murakami en el disparadero, y es tildado, para mí de forma completamente injusta, de escritor lindante con la autoayuda, imaginad a Murakami hablando de su experiencia como corredor y estableciendo paralelismos con su condición de escritor. Incluso haciéndolo en 2007, cuando aún no detentaba su actual posición de fenómeno superventas, cuando apenas Tokyo blues y alguna otra novela habían sido traducidas, cuando Tusquets no había empezado a explotar el filón del japonés ese del que todos hablan. Ajeno, aún, al provechoso futuro que le esperaba como escritor mediático global. O, en todo caso, inconsciente del acelerón que se acercaba, o si acaso entonces ya se insinuaba.
Porque este libro es un magnífico diario de a bordo. Lo es porque está escrito en una clave de sinceridad desprovista de pedantería. Está escrito desde el profundo amor por la escritura, o por la literatura. No está escrito, como alguno podría interpretar por esa foto de la portada (cargada de simbolismo, en la que el propio Murakami parece ir a afrontar un camino u otro) o por la inclusión de fotos en el interior, con intenciones de restregar por la cara el propio éxito, o de aleccionar a potenciales escritores sobre cómo hacerlo para triunfar. El autor se limita a trazar esa alegoría entre carrera literaria y carreras deportivas. No alecciona: habla de su propia experiencia y de lo que le ha servido. Murakami no le dice a nadie que se ponga a correr maratones y entonces será mejor escritor, o mejor abogado, o mejor empresario. No creo que haya que culpar a Murakami por tener éxito o por vender mucho. Parece que el mundo de la literatura occidental vaya loco por encontrar escritores con un cierto exotismo. Mirad, si no, los premios Nobel. Cualquiera se endiosaría y tardaría siglos en sacar un nuevo libro, dejaría crecer la bola de nieve de la expectativa, y haría que sus seguidores sufrieran y salivaran, pero Murakami, como Auster, que me temo que es otro incomprendido, escribe, y escribe, y publica con tal frecuencia que cuando uno piensa que aún no ha leído su último libro, ya te ha plantado otro en el mercado. Es comprensible, entonces, que no siempre sea brillante.
Pero en fin, volvamos al libro. Sí que establece analogías entre cómo afronta su afición por correr y cómo afronta su carrera de escritor. Pero no es dogmático; no es cargante. Lo hace con  sencillez y con sincero sentido de la modestia. Lo hace como el tipo que triunfa y le dice, sentado en el sofá de su casa, a los amigos de toda la vida: "joder, no sé cómo coño me ha salido todo esto". A los que están hastiados de ver las portadas negras de sus libros por doquier, a los que les gustaría que el japonés de moda fuera cualquier otro (del que también despotricarían, seguro), me gustaría preguntarles cuántos libros de Murakami han acabado, y cuántos no han acabado, a base de resollar constantemente pensando en lo mal que les cae el tío. Vamos: decidme si Murakami no es la misma virgencita al lado de De Prada o Sánchez Dragó. Aun así, no caeré en la tentación de añadir un "muy" a la valoración del libro. Quien ya sea refractario ante la obra del nipón, mucho más lo será ante un ensayo autobiográfico que supera con mucho la mera sucesión de anécdotas para acabar convirtiéndose en un entretenidísimo diario de experiencias. Quien obtenga placer hasta de sus largas obras más densas aullará aquí. Parece no haber puntos intermedios. Ajeno a ello (y cada vez más relajado viendo como su cuenta corriente aumenta), estoy convencido de que Murakami seguirá escribiendo.

Sobre Murakami: A vueltas con Murakamiy de Murakami en UnLibroAlDíaAfter DarkKafka en la orillaAl sur de la frontera, al oeste del SolTokio bluesLos años de peregrinación del chico sin colorEl elefante desapareceDe qué hablo cuando hablo de escribirLa muerte del comendador

sábado, 30 de noviembre de 2013

Haruki Murakami. Al sur de la frontera, al oeste del Sol

Idioma original: Japonés

Año de publicación: 1992

Título original: 国境の南、太陽の西, Kokkyō no minami, taiyō no nishi
Traducción: Lourdes Porta
Valoración: recomendable

La constante polémica que rodea la valoración literaria de Haruki Murakami, reverdecida cada vez que se publica o se traduce una novela, o que suena su nombre para el Nobel, acaba resultando un serio inconveniente. Pues parece que los libros de este escritor no puedan ser merecedores de otra valoración que el entusiasmo o la crítica más feroz. 
Creo que Murakami es responsable, pero no culpable ni de su éxito ni de la voracidad con la que sus editores explotan ese filón. Creo, entonces, que debemos intentar abstraernos, cosa cada vez más difícil, y valorar sus novelas en función de sus méritos concretos. Y una a una. Para qué complicarse más. Que si sus personajes suelen parecerse y sus tramas repetirse en sus esquemas. Ah. Lo hacen otros y tenemos aquello de los mundos propios y los universos tejidos por un creador. Lo hace Murakami, y es reiteración. Curioso.
Pues Al sur de la frontera, al oeste del Sol resulta ser un buen libro, una novela más que solvente. Veis, alguno ya dejará de leer justo a aquí. Alguno ya ni habrá empezado, al ver que la valoración es, para lo que se espera hablando de un murakami (así, en minúsculas), una valoración, digamos, inocua. No, no hay un combate a dirimir en esta reseña. Lo que hay es una historia de reencuentro y de cierre de ciclo y de ajustes emocionales con el pasado. Una como otras, claro, y como otras de Murakami, por supuesto. Pero una historia bien estructurada, bien narrada y con los resortes de estilo y de contemporaneidad que hacen de este hombre, hoy en día y pese a quien pese, un valor seguro para la industria que necesita grandes cifras para poder apostar por valores no tan vendibles. 
Hajime habla de su vida, de sus amores de adolescencia y de juventud y de su condición de hijo único como hecho trascendente en el devenir de sus relaciones con las mujeres. Y su historia nos atrapa por su naturalidad y su sencillez. Una historia en la que se debate entre amores que representan etapas de la vida, que representan elecciones a nivel personal que nunca acaba de tomar con decisión, como si necesitara de alguien que apretara una tecla para que su adolescencia acabase.
Hay que reconocer que Murakami no está en la primera división literaria por ser un portentoso creador, es decir, por méritos artísticos, si no por méritos comerciales, pero que no es un escribidor de fast-food literaria, para nada. Y que Tusquets simplemente pone a disposición del público lo que el público parece acoger con agrado.Algo que no debe parecernos terrible ni perverso. Simplemente otorgarle su lugar: millas atrás de Franzen, peromuchas millas por delante de Dan Brown.

Sobre Murakami: A vueltas con Murakamiy de Murakami en UnLibroAlDíaAfter DarkDe qué hablo cuando hablo de correrKafka en la orillaTokio bluesLos años de peregrinación del chico sin colorEl elefante desapareceDe qué hablo cuando hablo de escribirLa muerte del comendador

sábado, 27 de abril de 2019

TochoWeek III #6. Haruki Murakami: La muerte del comendador. Libro I y II

Idioma original: japonés
Título original: 騎士団長殺し Kishidanchō Goroshi
Traducción: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés (ed. en castellano), Albert Nolla (ed. en catalán)
Año de publicación: 2017
Valoración: bastante recomendable

Hacía tiempo que no leía una novela de mi admirado Haruki Murakami. Después de haber leído la mayoría de sus novelas, no quitaré la razón a quienes afirman que repite a menudo la misma fórmula, por lo que considero que, aunque guste lo que escribe, sí hay que dejar cierto espacio entre novelas. Aun así, siempre empiezo sus libros con muchas ganas, aunque últimamente también con cierto recelo pues, dejando la magistral «1Q84» aparte, los últimos libros publicados no estaban al nivel que se espera del autor.

Pero, a pesar de esos últimos baches, ha sido justo empezar las primeras páginas, y las buenas sensaciones y recuerdos vuelven rápidamente, como si no hubiera pasado el tiempo desde el último libro leído, como si su narrativa siempre hubiera estado ahí presente, en el interior del propio lector. Vale, me he puesto sensible, pero es que en el prólogo de unas pocas páginas el autor ya nos muestra todo aquello que ofrece su obra: misterio, familiaridad, y cierta aura poética en sus frases. Así que, sin dilación, el autor nos invita a entrar en su mundo, como si supiera que ya lo conocemos. Y no nos negaremos a ello.

En primeras páginas ya vemos el estilo al que nos tiene acostumbrados el autor. El protagonista, un joven pintor divorciado, va a vivir a una casa que le han prestado, perteneciente a un pintor. En ella encuentra escondido un misterioso cuadro, que da nombre al título de esta novela. A partir de ese momento, y con la aparición de un enigmático vecino que vislumbra desde la distancia, se empiezan a suceder una serie de extrañas situaciones que el protagonista deberá desentrañar. Tenemos por tanto el origen del misterio, el escenario definido, la aparición de enigmáticos personajes y la soledad del artista, elementos habituales en la narrativa de Murakami con los que acostumbra a crear sus mundos a medio camino entre lo real y lo onírico.

Con todos estos elementos, Murakami nos ofrece un libro con aires de nostalgia, la nostalgia a la soledad a la que se ve abocado el protagonista tras un divorcio inesperado y los recuerdos sobre la pérdida de su hermana, fallecida siendo él aún muy joven. Y en esa soledad, y a causa de la aparición de un misterioso personaje, el protagonista recupera su capacidad de dar forma a un retrato con su don especial, la capacidad de revivir en él una imagen en apariencia estática.

Fiel a su estilo inconfundible, el autor nos invita a entrar en la historia poco a poco, conectando de manera irremediable con los personajes y, como en uno de sus muchos episodios oníricos, a medio camino entre la realidad y el sueño, nos vamos sumergiendo en la historia, arrastrados por esa aura enigmática que rodea los personajes del escritor japonés. En un claro avance in crescendo, al tercio del primer libro ya estamos plenamente inmersos en una historia que nos trae a aquel universo de Murakami formado por personas solitarias (aunque menos de lo que pretenden), en una revisión del pasado con mirada nostálgica, a un mundo donde el entorno invita a soñar, a creer, a abrirse, a adentrarse en lugares desconocidos donde, quien sabe si al final, se encuentra la propia realidad que hemos estado evitando, de manera imperceptible pero inevitable.

El libro, con el magnetismo propio al que los tiene acostumbrados el autor japonés, evoca al mundo de las ideas de Platón, jugando entre realidad e ilusión a lo largo del libro, plagado de apariciones y misterios quién sabe si creados por nuestra propia mente. De tal manera lo afirma uno de los personajes «a partir de un momento determinado me convertí en idea pura». Hay más referencias ocultas a Platón, transformando la caverna en un pozo, elemento clave en la historia narrada, de igual manera al famoso pozo que ya apareció en «Crónica del pájaro que da cuerda al mundo», uno de sus libros más crípticos a la vez que más extensos del autor. O, en otro párrafo, cuando revisando el pasado el protagonista dice «entonces salimos de la cueva y volvimos al mundo real».

Con este libro, Murakami abandona sus habituales narraciones con protagonistas jóvenes, relaciones sentimentales y la soledad habitual en las obras del autor, para tejer una historia más madura, más reflexiva, más profunda. Parece como si el autor haya llegado a la madurez y se haya decidido a tratar aspectos más propios de la edad adulta, más cercanos posiblemente a «After Dark» que a otras novelas donde los jóvenes son los protagonistas. También abandona en gran medida esas escenas cotidianas a las que nos tiene acostumbrados, que dotaban las novelas de cierta ligereza literaria. El autor incluso se atreve en esta novela a profundizar en el arte y se pone en la piel de un pintor. En este aspecto Murakami sale airoso de la contienda, pues su narración es creíble, intensa, interesante y reflexiva sobre qué aporta el arte, no únicamente a quién lo contempla, sino también al propio pintor, como canal de transmisión, como vehículo para exteriorizar una necesidad, una ventana abierta al mundo real por donde salgan las emociones, los sentimientos. Ahí entra también el mundo de las ideas, en un claro juego entre realidad e ilusión, entre percepción y objetividad, pero también entre la vida y la muerte (y su recuerdo, trayendo la persona en cuestión de nuevo a la vida, aunque no sea palpable, ni visible).

Según lo expuesto, y por los temas tratados, Murakami da un paso adelante en esta novela y prácticamente abandona ciertos tics de sus libros previos, no únicamente en aquello que trata, sino también en la manera de hacerlo; así, por ejemplo, cambia el tipo de relaciones amorosas por otro tipo de relaciones, más maduras, menos esporádicas o espontáneas. Y hubiera agradecido que este paso adelante fuera aún mayor, pues la parte más floja del libro son las relaciones del protagonista con su amante, que aportan bien poco a la historia y rompe el ritmo narrativo. También, otro de los aspectos menos logrados, son las partes de la historia relacionadas con la Segunda Guerra Mundial u otros momentos históricos. El autor intenta definir esos escenarios como parte de la trama, aunque parecen metidos de manera un poco forzada y eso se transmite en el tono narrativo, que adquiere una seriedad y cierta sensación de prudencia imaginativa que evidencia que Murakami no se siente tan cómodo en estos temas. Cuando se aleja de su escenario onírico, mágico y fantástico, e intenta transmitir profundidad histórica el autor no acaba de desenvolverse bien. Es inevitable, pues hasta ahora no se había adentrado en estos temas y parece no encontrar el punto, ya que se nota algo forzado cuando introduce apuntes sobre el muro de Berlín o la Armada Invencible, ... son párrafos que no tienen una relación creíble con la historia relatada y se ven demasiado desvinculados, no únicamente de la trama, sino también del estilo, pues son narrados de manera casi enciclopédica. También, en lo negativo, hay ciertos puntos de la historia, ciertos enigmas, que quedan en el aire irresueltos cuando termina la novela. Pero en parte tiene sentido, pues nunca llegaremos a conocer toda la verdad que hay dentro de nuestra historia, donde terminan todos los hilos que la han ido tejiendo, y más teniendo en cuenta que parte de ellos existen solo en nuestras ideas, no sabiendo en algunos casos cuáles han sucedido realmente o son puramente un producto de nuestra inquieta e indescifrable imaginación.

A pesar de estos puntos débiles, y de una sorprendente e incomprensible edición rompiendo el libro en dos tomos (y además con pocos meses de diferencia entre ediciones) cuando la historia no está pensada para ello ni el corte se produce en un momento justificado, es un libro recomendable por permitirnos volver a ese mundo que sabe idear hábilmente el autor, por esas sensaciones que nos transmite y, en este caso, por ese salto adelante hacia una madurez narrativa que era conveniente y lógica. La historia te atrapa y te engancha, sumergiéndote a un mundo de posibles, de sueños y reflexiones. Y siempre recomendaré al autor japonés, pues el mundo de Murakami gira siempre en torno a la soledad, la ilusión, la frontera entre realidad y sueño, en un espacio onírico en el que el autor nos invita a pasar, a ser parte de su mundo, a hacernos partícipes de esas historias que imaginamos como posibles, aunque sea en una realidad que solo existe en nuestro interior. Murakami es un autor que sabe cómo pocos cómo conectar con nuestras ilusiones, con otros mundos, nuestros sueños, o invitarnos a nosotros en los suyos. Bienvenidos a su mundo, o al de todos.

Hay mucha obra reseñada de Haruki Murakami en ULAD Aquí

viernes, 26 de mayo de 2017

Haruki Murakami: De qué hablo cuando hablo de escribir

Idioma original: japonés
Título original: Shokugyo Toshite No Shosetsuka
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable (para fans)

En este libro autobiográfico, Murakami nos cuenta su relación con la literatura y el proceso de creación de su obra, retomando parte de los elementos  biográficos que ya le sirvieron en su día para explicar como era su día a día en su anterior libro «De qué hablo cuando hablo de correr» donde ya daba sus primeras pinceladas de por qué empezó a correr así como la forma en la que se organizaba la vida y lo combinaba con su trabajo de escritor. De la misma manera, también nos aportaba apuntes sobre sus inicios en la vida profesional y cómo empezó abriendo un bar, hasta que lo dejó para dedicarse a la literatura. Así, lo que en su anterior libro eran únicamente unos apuntes para describir su vida diaria y su relación con el deporte, en este libro lo centra en la vida profesional, por lo que probablemente agradará especialmente a los seguidores interesados por su obra más que por el personaje.

Estructurada en capítulos correspondientes a los diferentes temas que quiere tratar, Murakami nos cuenta en primer lugar la (poca) importancia que le da a los premios literarios, en qué se basa la originalidad que transmite a sus obras, en el placer que encuentra escribiendo y haciéndolo libremente, su proceso de creación, la necesidad de haber leído mucho y ser muy observador para poder crear dentro de sí un espacio donde guardar tanta «materia prima» como sea posible. Así, describe como escribió su primer libro «Escucha la canción del viento» durante las madrugadas, después de cerrar el bar, y como tenía serias dudas de cómo encajaría debido a su poco conocimiento de la literatura japonesa contemporánea ya que leía básicamente literatura rusa y americana. La forma en la que nos explica su primera novela nos revela detalles interesantes acerca del origen de su particular estilo: después de un primer intento de escribir el libro, que no pasó su propio filtro, pensó que el problema era que intentaba escribir una buena novela con los cánones e ideas preconcebidas de cómo tenía que ser una buena novela según la literatura japonesa existente, y él no podía escribir de esta manera. Así que, para cambiar el marco, dejó papel y pluma, cogió máquina de escribir con caracteres ingleses y empezó a escribir, en inglés. Debido a su nivel de inglés, escribió principalmente frases cortas y así fue como acabo encontrado su estilo tan propio, sin grandes descripciones, con frases de estructura simple y que acabaría adoptando al escribir directamente en japonés.

Como apuntes interesantes, nos cuenta su proceso de escritura y su meticulosidad (como la de escribir diez páginas al día, tanto si está inspirado como si no) para establecer un ritmo que le acompañe en toda la escritura de una novela y que, hecha una primera escritura, la reescribe cuatro veces para pulirla, dejando un espacio de tiempo entre reescrituras.  Según indica Murakami, para un escritor,  la actitud que tiene más sentido es la de estar decidido a mejorar el texto. También, enlazando con su obra previa «De qué hablo cuando hablo de correr» recuerda la importancia de tener el cuerpo físicamente activo para, a la vez, estimular las neuronas y mantener la creatividad.

Probablemente uno de los capítulos más interesantes sea el dedicado a los personajes y cómo los construye: pasando de sus primeros inicios al uso de primera persona y personajes sin nombre, al uso de la tercera y poniendo nombre a los personajes; esto le permitió añadir complejidades a la vez que ampliar el abanico de los mismos para hacer historias más completas. Asimismo, este hecho le permite tomar distancia como escritor del personaje principal y tener la posibilidad de no identificarse con él. Murakami añade el ejemplo de «El gran Gatsby» para explicar esta opción narrativa, donde la primera persona no es Gatsby sino Carraway.

También nos cuenta cómo, a raíz de las críticas que recibió en sus inicios en Japón por no considerar como «literatura» a lo que publicaba se fue a vivir al extranjero, para así poder escribir en un entorno libre de interferencias. Nos cuenta además, la poca importancia que le da a los premios y a lo que aportan al propio escritor. Para él, el premio está en que los lectores lo valoren lo suficiente para comprar sus libros, ése es el mejor premio que puede obtener, donde sí hay una recompensa personal.

Como aspectos algo más ajenos a su obra, el libro da unos apuntes acerca de cómo es el sistema educativo en Japón y las grandes lagunas que ve en el sistema. También habla acerca de como los autores encajan el hecho que personas que se dedican a otros trabajos se decidan a publicar libros (actores, etc.). Parece que en Japón no se lo toman a mal, no lo perciben como si fuera una invasión de su territorio. Ignoro si en otros países lo encajan igual pero lo veo especialmente interesante en un momento donde cada vez más personas de otras profesiones escriben: locutores de radio, periodistas, actores, etc.

El aspecto más negativo del libro se encuentra en cierta tendencia a la repetición de ideas, dando vueltas a las mismas reflexiones. Entiendo que, al articular el ensayo en diferentes capítulos por temática, hay ideas que afectan a varios de ellos pero, aún y así, da la sensación de querer alargar la historia más en lugar de repetir para enfatizar. De todos modos, es un libro interesante para conocer qué hay detrás de la obra del autor y cabe decir, en su favor, qué Murakami no intenta sentar cátedra sobre cuál es el mejor proceso de escritura; él nos descubre el suyo particular e indica reiteradamente que es su opinión. Sin duda, sus seguidores agradecemos que haya encontrado un método tan característico y que le permita escribir con un estilo tan propio y, a mi modo de ver, tan interesante.

Sobre Murakami: A vueltas con Murakamiy de Murakami en UnLibroAlDíaAfter DarkDe qué hablo cuando hablo de correrAl sur de la frontera, al oeste del SolTokio bluesLos años de peregrinación del chico sin colorEl elefante desaparece, Kafka en la orillaLa muerte del comendador

domingo, 27 de marzo de 2016

Colaboración: El Elefante Desaparece de Haruki Murakami

Idioma original: japonés
Título original: 象の消滅 (Zō no shōmetsu)
Año de publicación: 2005
Valoración: Muy recomendable

Después de que el año pasado nos llegara la colección Hombres sin Mujeres, este marzo hemos podido disfrutar de El Elefante desaparece, antología de 17 relatos publicada originariamente en el 2005, pero que ha tardado 11 años en ver la luz en nuestro país, como siempre, de la mano de Tusquets Editores.

Haruki Murakami es ya un autor sobradamente reconocido, y parece que en los últimos años está experimentando una especie de renovada fama, pues cada vez que publica es más fácil verlo en las listas de más vendidos y no es nada complicado encontrar artículos y reseñas sobre sus obras en sitios webs especializados, en los medios y en las redes sociales. Por todo ello se ha colado entre las lecturas favoritas de este mes de marzo, apareciendo en gran cantidad de listas de páginas que recomiendan los mejores lanzamientos, rivalizando así, por ejemplo, con Cinco Esquinas de Mario Vargas Llosa, algo envidiable.

En esta colección, cuyo título proviene del relato que cierra el conjunto, Murakami nos hace disfrutar de nuevo de su maestría a la hora de jugar con la prosa poética que tantas alabanzas le ha valido, para sumirnos en diecisiete historias que provocarán en nosotros un sinfín de emociones. Algunas lógicas, naturales, otras caóticas, directamente imposibles. El autor juga constantemente, a través de sus personajes, que son quienes nos cuentan sus historias, con nuestra cabeza, hasta el punto de hacernos creer que lo que estamos leyendo es algo tan posible como la cotidianidad que todos vivimos y conocemos, cuando en realidad está narrándonos los más disparatados y oníricos sucesos imaginables –quizá solo escritores de su talla tengan la capacidad de hacerlo–.

Una pareja que, movida por un hambre voraz y totalmente irracional, decide atracar un McDonald’s al contar el hombre que una vez hizo lo mismo con una panadería; un enano bailarín, manipulador y oscuro que encandila a todo aquel que lo observa realizar su arte; un abogado en paro que se interna en un misterioso jardín para hallar al gato perdido al que adora su esposa, y que encuentra una conversación fuera de toda lógica... Son algunos de los ejemplos que nos dejarán descolocados. Todo ello, como de costumbre, narrado con un Japón de fondo que se nos presentará como si fuera nuestra propia ciudad, algo que ayuda enormemente a que el lector se identifique con paisajes y protagonistas, viéndolos cercanos, casi palpables.
 
Quizá la unidad de este volumen se presente en el tono, en las capacidades de sus personajes para asimilar como normal aquello imposible, directamente sacado de un sueño; situaciones descabelladas y en ocasiones, hilarantes. En más de una ocasión notaremos un halo de oscuridad rodeando a las personas que viven esas historias y a los sucesos mismos, y esto tal vez pueda entenderse como una especie de metáfora que todos nosotros podemos vivir, pues al igual que esos personajes, muchas veces nos quedamos esperando algo, una aparición, un milagro, cualquier suceso que dé un giro a algún acontecimiento y que, sin embargo, parece no llegar nunca, quedando solo la tenebrosidad o la melancolía que acompañan a una espera que se prolonga durante demasiado tiempo, o que nos hace encontrarnos de bruces con un final inesperado.

La lectura de cada uno de los relatos transcurre con una fluidez y una naturalidad pasmosa, pues Murakami nos ha acostumbrado con su prosa sencilla y bella al mismo tiempo a que nos sumerjamos sin darnos cuenta en sus líneas y párrafos, y con el surrealismo y los elementos oníricos que hábilmente introduce en esta obra, logrará que ese efecto se potencie. No nos enganchará una trama larga, profunda y compleja, pero sí nos hechizarán las pequeñas piezas que componen esta colección, llevándonos cada una a un mundo y una realidad distinta, cada una con sus matices, sus detalles, y todas ellas unidas por el hilo conductor que, cual portal interdimensional, nos hace posible un viaje ligero y sin dificultades.

En resumen, una obra diferente, muy amena y que ofrece distintos y variados matices que la convierten en una lectura más que interesante. 

viernes, 9 de mayo de 2014

Haruki Murakami: Los años de peregrinación del chico sin color

 Idioma original: japonés
 Título original: Shikisai o motanai Tazaki Tsukuru to, kare no   junrei no toshi
 Fecha de publicación: 2013
 Valoración: Recomendable

 Tsukuru es un muchacho nipón de veinte primaveras más bien especialito (es muy muy tímido y adora sentarse en las estaciones de ferrocarril a observar lo bien construidas que están, no diré más…). Pero tiene la suerte de contar con una pequeña cuadrilla mixta donde se siente querido y comprendido. Dicho ente grupal está formado por el típico amigo cachas, entusiasta y bueno para los deportes que es capaz de levantarle a uno la moral aunque el Apocalipsis esté a la vuelta de la esquina; el típico amigo intelectual, todo seso y raciocinio, que tenemos la esperanza de que se acuerde de nosotros cuando se convierta en una celebrity por idear una exitosa aplicación informática o cierta fuente de energía inocua para el medioambiente; la típica amiga preciosa y perfecta que levanta pasiones silenciosas a su alrededor y que encima es tímida, humilde y gentil y no se cree lo guapa que es, y la típica amiga colega-inseparable-de-la-guapa, vamos, la Desi de Verano azul o la goonie Martha Plimpton, que compensa el ser eclipsada continuamente por su siamesa a base de simpatía e ingenio a raudales.

Lo único que diferencia a Tsukuro de sus apigos es que su nombre completo no tiene ninguna connotación colorística (sus amigos llevan el rojo, el azul, el blanco y el negro respectivamente en sus nombres), y la única nota extraña de su agradable pandilla la constituye el hecho de que en ella no se haya formado ninguna parejita ni se dé ninguna clase de conflicto de intereses romántico, motivos principales por los que las cuadrillas mixtas se acaban yendo al garete, que el tío Ian sabe muy bien de lo que habla…

 Y la vida de Tsukuro discurre felizmente hasta que de la noche a la mañana, sus amigos le retiran la palabra. Le dicen que no quieren ni volver a verle ni volver a hablar con él, y Tsukuro se queda compuesto y sin colegas. Y como el chaval es, recordemos, tímido y muy especial, no insiste mucho para averiguar el motivo de que algo así suceda (sus súper amigos se resisten a darle una explicación desde el primer momento), coge una depresión de aupa, adelgaza no sé cuántos kilos e incluso fantasea con el suicidio (apunte: estudia en una universidad situada en una ciudad diferente, mientras que su ex grupo se queda en su ciudad natal). Pero gracias a un nuevo y pasajero colega revive y sobrevive, y sólo dieciséis años después, siendo un profesional de éxito (¡diseña estaciones de ferrocarril!) de vida amorosa penosa, decide dejarse ayudar por su última conquista, una mujer que parece merecer la pena, a localizar a sus amigos de juventud y preguntarles qué carajó pasó en su momento.

 Y éste es el argumento del último libro de Murakami, que como he puesto bastante más arriba me parece recomendable, sobre todo para los lectores que se inician en su lectura (no entraré en discusiones "nobelíticas" ni sobre si el autor se repite más que el ajo: mis compañeros de ULAD lo hacen mejor que yo). Si opino esto es gracias a la intriga planteada al principio de la historia y, aunque parezca increíble, a cómo Murakami logra que uno se crea que el prota permite que le expulsen sin explicaciones y de forma abrupta del único reducto de esperanza y deleite de su vida. Su prosa sencilla e intimista pero seca y cortante en muchas ocasiones, y la composición de la rara avis de Tsukuro, el amante de las estaciones de tren, obran el milagro. Luego, todo hay que decirlo, hay ciertas estridencias argumentales que ensucian la valoración final pero que más o menos van en consonancia con las presentaciones de los personajes iniciales.

 Es muy difícil explicar esto que acabo de afirmar sin incurrir en spoilers, pero digamos que los amigos de Tsukuro del presente, con treinta y pico años y trabajos variopintos, en mi opinión deberían reaccionar de forma más “apasionada” cuando el chaval al que jorobaron la vida no hace ni veinte años reaparece como un fantasma. Y también, echo de menos más datos sobre un personaje esencial, que Murakami se hubiera mojado un poquito más, sólo un poquito, para desentrañar qué diablos de vida llevaba el personaje femenino objeto último de todo el desbarajuste y por qué acabó cómo acabó. Sin explicar, sólo insinuar. Pero de verdad que lo echo en falta.

 Y nada más, que me parece un libro corto y sencillo de leer pero con más wasabi de lo que parece (perdón por la figurita culinario-nipona, pero es que le va ni que pintado). Sean felices y conserven a sus amistades (a no ser que a uno/a le roben, le traicionen o le birlen al/la respectivo/a, por supuesto).

PD: el título hace referencia a una pieza musical de Liszt que tocaba muy bien la chica guapa, consumada pianista.

viernes, 10 de febrero de 2017

Ryū Murakami: Azul casi transparente

Idioma original: japonés
Título original: Kagirinaku tomeini chikai buru
Año de publicación: 1976
Traducción: (del inglés) Jorge G. Berlanga
Valoración: recomendable para lectores audaces


Nos encontramos ante la primera novela de Murakami, publicada a unos tempranos 24 años y que, no obstante, le valió a su autor varios premios y un considerable éxito comercial, al menos en su país de origen. Es además, una obra, si no autobiográfica, sí que en cierto modo "testimonial", pues los protagonistas son un grupo de jóvenes de unos pocos años menos que su autor, con la adolescencia apenas cumplida. ¿Y de qué trata esta novela con un título tan cuqui? Pues de lo que debe tratar una protagonizada por jovenzuelos, claro: de sexo, droga y rock & roll.

Bueno, rock & roll tampoco hay tanto: algunas menciones a la banda sonora de fondo, con grupos de los 60 y 70 -Rolling Stones, The Doors, Led Zeppelin...- y música negra en general. Sexo, en cambio, sí que hay a mansalva y de qué manera; polifuncional y salvaje (nada recomendable para espíritus sensibles, en todo caso). Y drogas, para qué contar; los personajes de la novela le dan a casi todo: heroína, hachís, mescalina, ácido, nibroles (o metacualona, un sedante-hipnótico), pegamento... vaya, un auténtico despliegue de politoxicomanía. De regalo, también encontramos aquí su dosis de una violencia dura y desabrida. Y todo convenientemente aliñado con una sordidez que recorre sin compasión toda la novela, que está bien regada con vómito, sangre, semen, mugre, podredumbre e insectos espachurrados.

Sé que hasta ahora no he comentado nada sobre el argumento de la historia, pero es que tampoco hay mucho que contar; el protagonista /narrador es un joven llamado Ryu (ay, el viejo truquillo de los escritores para dotarse a sí mismos de  un aura más cool...) que vive junto a una base de las fuerzas estadounidenses y que aprovecha la visita de un grupo de amigos, tan drogotas como él, para organizar fiestas -llámalo orgías- para unos soldados afroamericanos, ir a un concierto de rock y, sobre todo, colocarse sin descanso como ávidas comadrejas (baste mencionar que el personaje del libro que parece más centrado  es la vecina-medio novia del protagonista, que es una chica de alterne heroinómana). No es de extrañar que en su momento el libro fuese todo un éxito en Japón; imagino que los padre querían escandalizarse con lo que supuestamente hacían sus hijos y los hijos, divertirse con lo que escandalizaba a sus padres (algo parecido a lo que sucedió en España con Historias del Kronen). Muchos lectores recordarán, además, ejemplos de esta "literatura del exceso"; como antecedentes, se puede citar a Burroughs, a Bukowsky, a Jean Genet... y entre los continuadores, es inevitable acordarse de Trainspotting (hay quien incluso ha llamado la novela de Murakami "la Trainspotting japonesa", obviando que se publicó 17 años antes); entiéndase, no estoy afirmando que Welsh o Mañas plagiaran en algo Azul casi transparente, pero sí que pertenecen todas a la misma familia narrativa o son hitos en un mismo hilo que recorre la literatura y la cultura contemporánea.

Otra referencia de la que se suele hablar al respecto de esta novela es la de El extrajero, de Camus. Y no es algo descabellado: en la novela de Murakami -narrada igualmente en primera persona- también prevalece un tono despegado o ausente, si se prefiere; da igual lo que haga el protagonista: inyectarse caballo, travestirse para fornicar en una orgía, asistir a una brutal paliza, llevar a un amigo suicida al hospital... todo lo vive como si le estuviese pasando a otra persona o, más exactamente, (no) le afecta como si le estuviese ocurriendo a otra persona... Resultan brillantes, en mi opinión, los pasajes en los que Ryu describe la imágenes y sensaciones que le acometen en pleno "colocón", así como los que cuentan lo que ocurre cuando llega el bajón o resaca de los efectos de las drogas. La contención estilística, así como el buen uso del tempo narrativo y la misma extensión acotada de la novela -que se circunscribe a poco más que la visita del grupo de amigos a casa de Ryu- resultan un claro acierto que consigue acrecentar y transmitir ese efecto de extrañamiento que siente el propio narrados de la historia, de forma más perturbadora de lo que hubiese sido un exceso de verborrea psicotrópica. Bien, pues, por el entonces aún joven escritor Murakami. Sabemos que las comparaciones son odiosas, pero ya podrían aprender otros... ; )



Otros títulos de Ryū Murakami reseñados en Un Libro Al Día: Los chicos de las taquillas

sábado, 2 de septiembre de 2023

Ryū Murakami: Sopa de miso

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Idioma original: japonés

Título original: イン ザ・ミソスープ (In za Misosūpu)

Año de publicación: 1997

Traducción: (del inglés) Javier Martínez de Pisón 

Valoración: recomendable (aunque no para todos los paladares)

¡ATENCIÓN! ATENZIONE! WARNING! Éste no es un libro de recetas de cocina. Repito: NO ES UN LIBRO DE COCINA. Aviso, no sea que alguien se ponga a leerlo para aprender a hacer una deliciosa sopa de algas, un ramen, temperatura... o, yo qué sé, albóndigas de pulpo o cualquier otro plato tradicional de la gastronomía nipona y le dé un parraque del susto...

Resumen resumido: Kenji es un joven de veinte años que se mudó a Tokio para preparar su ingreso en la universidad, pero ha acabado ganándose la vida como guía para extranjeros que quieren conocer la variada oferta sexual de la vida nocturna del barrio de Kabuki-cho, en el famoso distrito de Shinjuku. Unas noches antes de Nochevieja se reúne con un cliente de un norteamericano llamado Frank que resulta ser un tipo bastante peculiar y  le da cada vez más mala espina a Kenji, sobre todo porque unos días antes ha aparecido el cadáver despedazado de una adolescente que "lo vendía" -según cierta expresión  utilizada en ese ambiente y que explica, me parece, las supuestas aventurillas sexuales de cierto escritor español de extrema derecha que ya ha pasado a mejor vida, si cabe-; el joven guía, al darse cuenta de las rarezas y mentiras del tal Frank, sospecha que puede tener algo que ver con el crimen y, de esta forma, la novela, al menos en su primera mitad, se convierte en un thriller psicológico, para luego... (bueno, no quiero estropearle su lectura a nadie, así que considerad esta reseña, a partir de a, como un spoiler) digamos que hay algún que otro momento bastante gore splatter (no sé explicaros la diferencia, habrá que preguntarle a Oriol)... Aviso también aquí para los lectores/as de espíritu y estómago sensibles.

De todos modos, tampoco penséis que este libro es un festival sangriento churrigueresco... es más, la comparación con El silencio de los corderos que se hace en la cubierta de la edición española me parece un tanto exagerada. De hecho, la mayor parte del libro se podría adscribir, como ya digo, tanto a la novela psicológica como a la filosófica o sociológica, dadas sus interesantes reflexiones sobre la cultura y la sociedad japonesa, lo que parece ser, a la postre, el principal interés de su autor. Amén, claro está, de sumergirnos, siquiera a través de una narración literaria, en el submundo de la industria sexual de Tokio, con sus clubes de omiai -donde los hombres pueden ligar tanto con profesionales como con aficionadas a ejercer un rato el puterío-, los soaplands (nada que ver con la sopa, tampoco esto, peep-shows, etc. Vaya, que entretenido es un rato, el libro.

Otro aspecto del mismo a tener en cuenta, por supuesto, es el apasionante pero falso debate sobre quién es mejor escritor, si este Murakami o el usurpador otro (bueno, apasionante sólo para Marc Peig y para mí, en realidad... y puede que sólo para mí); falso porque no hay duda alguna de que el Murakami bueno es Ryū, claro. Aunque, en este sentido, Sopa de miso no deja de encerrar cierta ironía, no sé si premeditada: tanto Kenji como su casi púber novia Jun, jóvenes sensibles y desencantados, e incluso un poco moñas, bien podrían ser los protagonistas de alguno de los pestiños libros que perpetra el otro Murakami, sólo que enfrentados, en este caso, sórdida e incluso espantosa realidad de la noche tokiota. Pero, ya se sabe que la cabra siempre tira al monte, que se dice...;)

Otros títulos del Murakami bueno reseñados en este augusto blog: Los chicos de las taquillas, Azul casi transparentePiercing

jueves, 9 de abril de 2009

Haruki Murakami: After Dark


Fecha de publicación: 2004
Idioma original: japonés
Título original: Afutā DākuValoración: Se deja leer

Que sí, Haruki, que sí (puedo llamarte Haruki, ¿verdad?): que ya lo sé, que escribes bien, fácil, fluido, que tus novelas se pueden leer casi de un tirón; que tus personajes son todos seres inadaptados que sin embargo se reconocen entre sí, y son capaces de comunicarse en medio de la incomprensión del resto de los mortales; que todos son interesantes, excéntricamente cool, almas románticas en un mundo materialista; que a muchos de ellos les persigue un viejo amor, trágico como no podía ser de otra manera; que el sexo es muy bonito y muy divertido, Haruki, sí, ya lo sé. Y que tienes mucho éxito y que incluso Kafka en la orilla fue elegida mejor novela del año 2005 por el New York Times...

Pero ¿no crees que te repites un poquito? Porque mira, Haruki, te lo digo desde el respeto y desde el cariño: me he leído cuatro o cinco novelas tuyas (Tokyo Blues, que igual no la reconoces porque el título original era Norwegian Wood; Sputnik mi amor, A wild sheep chase -me la leí en inglés porque yo también sé ser cool- y After Dark, y creo que no me dejo ninguna), y la verdad, aunque están bien escritas y me las leí casi de un tirón y todo eso, se me hacen demasiado iguales, Haruki, no sé si me explico, sobre todo los personajes principales. Mira: por ejemplo un diálogo como éste:

"-Hola, ¿estás sola aquí?
-Sí. Soy rara pero interesante.
-Yo también soy raro, pero contigo puedo comunicarme mejor con el resto de los mortales, qué cosas, ¿no?
-Ya, a mí también me pasa, tengamos una relación amorosa intensa y única, y luego separémonos trágicamente por algún motivo.
-Venga, vamos a hacer eso. Así dentro de veinte años podremos volver a reencontrarnos y todo será maravilloso. O no.
-Qué bien. Esto parece una novela de Murakami".

Reconozco que en After Dark has intentado algo un poco distinto, con personajes e historias un poco diferentes: la prostituta china, la "bella durmiente" (¿un homenaje a Kawabata o a Walt Disney?), ese contar las horas de la noche hasta la madrugada; pero qué quiere que te diga, Haruki, no ha funcionado, y precisamente lo mejor de la novela, las partes que se leen de un tirón y eso, son aquellas en las que vuelves a tus personajes típicos: la casi-adolescente inadaptada y lectora, el músico majetón de las ensaladas de pollo.

¿Entiendes lo que te quiero decir, Haruki? Y que conste que esto te lo digo desde el cariño y el respeto que te tengo, porque escribes bien y eso, y tus libros se leen casi de un tirón...


Sobre Murakami: A vueltas con Murakamiy de Murakami en UnLibroAlDíaDe qué hablo cuando hablo de correrKafka en la orillaAl sur de la frontera, al oeste del SolTokio bluesLos años de peregrinación del chico sin colorEl elefante desaparece, De qué hablo cuando hablo de escribirLa muerte del comendador

jueves, 17 de abril de 2025

Robert Crumb: Héroes del Blues, Jazz y Country

Idioma original: Inglés

Título originalRobert Crumb's Heroes of Blues, Jazz and Country

TraducciónAna Momplet

Año de publicación2006

Valoración: Imprescindible

Hace algunos meses leí Retratos de Jazz, de Haruki Murakami, y resultó ser una decepción tanto por lo escrito por Murakami como por las ilustraciones de Makoto Wada. Las razones pueden leerse en la reseña correspondiente, pero, en resumidas cuentas, cada semblanza me pareció un abordaje superficial de los músicos, mezclado con alguna anécdota trivial del autor. Los dibujos de Wada tampoco fueron de mi agrado.

Teniendo en cuenta lo anterior, podría resumir la reseña de este libro de Robert Crumb diciendo que es el libro que Murakami, en su faceta de melómano, habría querido publicar (podría asegurar que conoce la obra; no entiendo, por tanto, su afán de sacar un volumen parecido que no aporta nada más allá de lo que hizo Crumb).

El libro se divide en tres secciones: Héroes del blues, Grandes del jazz y Pioneros del country. Incluye más de un centenar de ilustraciones a página completa, realizadas originalmente con tinta y acuarela, cada una acompañada de una pequeña biografía del músico o banda, además de algún que otro dato curioso.

Originalmente, las ilustraciones se pensaron como parte de una colección de tarjetas intercambiables que vendrían incluidas en una serie de vinilos de varios músicos de la era temprana y clásica del blues y el country. De hecho, esas colecciones existen como tarjetas (¡qué envidia!), aunque tenerlas reunidas en un solo volumen se agradece. Por si fuera poco, la edición en inglés incluye un CD con 21 canciones de algunos de los músicos retratados (qué lástima que no se haya hecho eso en la versión en español). Claro que ahora es más un objeto de colección, pues basta con buscar en YouTube las piezas de estos artistas (es increíble pensar que algunas grabaciones ya cumplen 100 años).

Otro rasgo que distingue mucho este libro (y que lo separa del de Murakami) es que Crumb quiso rendir homenaje, con sus retratos, a muchos de los músicos olvidados de la historia de la música afroamericana. Hay bandas e intérpretes de principios del siglo XX de los que jamás había oído hablar, pero que fueron fundamentales para el desarrollo del blues y el jazz en el sur de Estados Unidos. Pudo haber tomado el camino fácil y mencionar solo a los artistas más populares (como hace Murakami), pero prefirió dar honor a quien honor merece.

Realmente, no hay mucho más que añadir. Para quienes conocen la obra de Crumb, eso basta para hacerse con el libro. Para quienes no, no saben de lo que se han perdido (echen un vistazo al documental de Terry Zwigoff de 1994). Cada ilustración tiene su estilo único e inconfundible. El breve texto que acompaña los dibujos nos da una idea de la vida de los artistas, pero al contemplar el arte de Crumb basta y sobra para imaginar el carácter de esos músicos que revolucionaron la música de su tiempo.





Otras obras de Robert Crumb en ULAD: Kafka

martes, 8 de abril de 2014

Haruki Murakami : Tokio Blues

Idioma original: japonés
Año de publicación: 1987
Título original: (ノルウェイの森 Noruwei no Mori

Traducción: Lourdes Porta
Valoración: está bien

Entremos al trapo. Me he hartado de proclamar por activa y por pasiva que no encuentro justificados los ataques que constantemente recibe Murakami. He alabado algunos de sus libros, y no me importa reconocer que me ha gustado incluso mucho alguno de ellos. Me crispa que se le compare con Paolo Coelho. Ahora bien, si hay que hablar del detonador del fenómeno, del paciente cero, hay que referirse a Tokio Blues, la primera de sus traducciones que obtuvo una cierta repercusión. Primero, algo que siempre me ha obsesionado: para poner otra expresión en inglés (aunque la i latina en la palabra Tokio sugiera una traducción, a mí no me la cuelan), ¿hacía falta hacer esa adaptación del título, sustituyendo el título de la canción de los Beatles que actúa proustianamente sobre el protagonista? Ah, es que el nuevo título, ya cumplía con dos premisas: lo japonés y lo melancólico.
Claro: ignoro si, conscientes de lo que se avecinaba en relación a este autor, los de Tusquets ya apostaron fuerte. Con éxito, claro, aunque habría que ver cuantos de los críticos que ensalzaron este libro son ahora los que arremeten contra su autor.
Una historia triste como pocas, una especie de interpretación libre y retrospectiva de la desorientación adolescente a varias bandas. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Pero a mí la tristeza y el tono gris de este libro me abruma, y me hace preguntar su alguien aquí piensa en otra cosa que no sea en quitarse la vida, y que muchos de los protagonistas (que ésto no represente un impedimento, aquí vamos algo justitos de trama) consumen ese deseo. Lo cual explicaría el éxito, sobre todo entre ciertos incondicionales de las lecturas tortuosas, entre los que podría contarme yo mismo según qué días, aunque para eso ya está Kafka o está Sábato. La sensación acaba haciéndome inclinar por definir este libro como existencialismo de tres al cuarto. Sí, facilito que es pronunciarse así a toro pasado y leña del árbol caído que hago cuando, he leído (pero pienso confirmarlo por mí mismo), sus últimos libros trazan una curva descendente. Pero es que ni leyendo por primera vez este libro, hace unos años, en medio de la primera oleada hype llegué a disfrutarlo. Un señor de mediana edad al que asalta una canción de los Beatles en un aeropuerto. El aluvión de recuerdos que se despliega y toda esa evocación de toneladas de angustia de ojos rasgados, de convivencia en colegios mayores, de incomprensión, de gap generacional, y de ir, como se pueda, tirando adelante. Total, que puedo explicarme en función de otras lecturas que la prosa del japonés enganche: está en ese punto intermedio tan acomodaticio entre la trascendencia de café modernillo y la vacuidad de diseño. Lo que no me explico es que fuera justo este libro el que desencadenara el mito, un manual de desesperación en color gris asfalto, con ligeros tonos verdosos, algo que me parece, a la postre, algo frívolo.


Sobre Murakami: A vueltas con Murakamiy de Murakami en UnLibroAlDíaAfter DarkDe qué hablo cuando hablo de correrKafka en la orillaAl sur de la frontera, al oeste del SolLos años de peregrinación del chico sin colorEl elefante desapareceDe qué hablo cuando hablo de escribirLa muerte del comendador