Idioma original: francés
Título original: Elle
Año de redacción: 1955 (representada y editada en 1989)
Valoración: Recomendable
Jean Genet, otro personaje fascinante de la literatura del siglo XX (como se puede ver en su Diario del ladrón): hijo de una prostituta y de padre desconocido, abandonado luego y adoptado por una familia de carpinteros; ladrón, convicto, "prostituto"... pero también genio brillante, renovador teatral, activista... Varias vidas, fundidas en una sola. Su obra, cargada de crítica a la hipocresía y a la corrupción de la sociedad, están escritas con un estilo en el que lo poético y lo metafísico alterna con lo sórdido, lo escatológico, lo pornográfico.
Ella es en cierto modo reflejo de esto último, aunque no sea tan ácidamente destructiva como El balcón o Las criadas. El personaje a quien hace alusión el título, Ella, es en realidad "Su Santidad", o sea, el Papa. Pero no esperéis encontrar en esta obra una feroz crítica de la Iglesia, ni como dogma ni como institución. Aunque hay algunas escenas que a algunos creyentes (los más "papistas") les puedan parecer insultantes -como ésa en la que Su Santidad propone que le fotografíen cagando- lo cierto es que esta es más una obra metafísica que social; en vez del Papa, podríamos haber estado hablando del Rey (cualquier rey) o del Emperador (cualquier emperador) y el resultado habría sido similar.
Porque el tema fundamental en Ella es la separación entre realidad e imagen; entre materia y símbolo. "Ella", Su Santidad, el Papa, quiere ser fotografiado para que su benéfica influencia se reparta por el mundo en forma de octavillas; pero al mismo tiempo, él, y su camarlengo, son conscientes de que su verdadera esencial "divina" es inapreensible: cuando "Ella" no está presente, es posible creer en ella; cuando se lo tiene delante, se desvanece. Es posible ver al ser humano; es imposible ver al símbolo. Por eso, el Vaticano (de Genet) ha declarado al azucarillo como la encarnación perfecta del Papa: existe, pero se desvanece. "¿Un Papa? ¿Dos Papas?", pregunta el ayudante de cámara al fotógrafo delante de su taza de café.
Ella es una obra menor (una comedia en un acto, casi una nadería) frente a otras de Genet más punzantes y más perturbadoras. Pero aun así contiene descubrimientos lingüísticos y teatrales que merecen la pena y justifican su publicación y su representación. Hasta donde yo sé, ninguna de las dos cosas se han hecho en España.
También de Jean Genet en ULAD: Diario del ladrón
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sábado, 2 de julio de 2011
sábado, 19 de febrero de 2011
Jean Genet: Diario del ladrón

Idioma original: francés
Título original: Journal du voleur
Año de publicación: 1949
Valoración: Recomendable
Título original: Journal du voleur
Año de publicación: 1949
Valoración: Recomendable
Al margen de cuestiones éticas, lo que de verdad admiro de Genet no es su increíble capacidad de convertir en literatura su propia vida ni la valentía que supone ser sincero en terrenos tan resbaladizos como los que pisa ni su inclasificable personalidad construida a conciencia sin fijarse demasiado en modelos al uso ni su insólita voluntad de ser libre ni su gran versatilidad, que le convierte en hombre de acción y de letras al modo de Cervantes, Garcilaso y otros. Es cierto que cada uno de estos rasgos – más aún todos a la vez – lo muestran como un personaje excepcionalmente inteligente y con una fuerza mental fuera de lo común pero eso es lo que hermana a muchos de los que, por un motivo u otro, han pasado a la historia. Lo que de verdad me impresiona tiene que ver con todo lo dicho y es el hecho de haber producido una obra literaria completa, coherente y de calidad siendo como era un marginado social, y, sobre todo, que supiese tomar como fuente de inspiración esa marginalidad así como el pensamiento que la sustenta. Hace falta mucho talento para saltarse el protocolo y beber de sus fuentes, para actuar como élite y como inadaptado a la vez y ser en ambas facetas un maestro. Genet es cínico, satírico y puede parecer provocador, aunque no creo que su intención fuera escandalizar a nadie, más bien le tenían sin cuidado las reacciones que pudieran producir unos escritos que elaboraba por desahogo personal, placer estético y, naturalmente, para obtener un beneficio económico.
Diario del ladrón, considerada le mejor de sus novelas, está escrita en un estilo directo y expresivo, sin divagaciones ni ambigüedades. Es un autor al que le gusta ir al grano y, por tanto, capaz de contar muchas cosas, colocándonos en el ambiente adecuado y sin dejar de transmitirnos su opinión, en poco más de 200 páginas. La objetividad no le interesa, todo lo contrario: es un maestro del enfoque y sabe seleccionar la palabra justa para que no quede la menor duda de su postura ante cada situación concreta: criterios siempre contundentes que suele defender con vehemencia. Su prosa agresiva produce una especie de mimetismo que arrastra a una lectura rápida, no hace ninguna falta recrearse en escenas y pensamientos, no hay que desentrañar nada ni sumergirse en divagaciones, todo está claro y es de una sola pieza, esa exactitud añade un gran realismo al relato, seduce al lector y le empuja a leer con interés. También le sacude en lo más hondo, y si eso ocurre hoy día, saturados como estamos de sensaciones fuertes, imaginad como sería a finales del siglo pasado, cuando las mentalidades eran muy distintas y sobre Genet pesaban aún condenas sin resolver. Y es que la razón de la huella que produce su lectura no hay que buscarla en los hechos que narra sino en el gran talento con que los refleja y, sobre todo, en su sinceridad incuestionable.
También de Jean Genet en ULAD: Ella
También de Jean Genet en ULAD: Ella
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viernes, 10 de febrero de 2017
Ryū Murakami: Azul casi transparente
Idioma original: japonésTítulo original: Kagirinaku tomeini chikai buru
Año de publicación: 1976
Traducción: (del inglés) Jorge G. Berlanga
Valoración: recomendable para lectores audaces
Nos encontramos ante la primera novela de Murakami, publicada a unos tempranos 24 años y que, no obstante, le valió a su autor varios premios y un considerable éxito comercial, al menos en su país de origen. Es además, una obra, si no autobiográfica, sí que en cierto modo "testimonial", pues los protagonistas son un grupo de jóvenes de unos pocos años menos que su autor, con la adolescencia apenas cumplida. ¿Y de qué trata esta novela con un título tan cuqui? Pues de lo que debe tratar una protagonizada por jovenzuelos, claro: de sexo, droga y rock & roll.
Bueno, rock & roll tampoco hay tanto: algunas menciones a la banda sonora de fondo, con grupos de los 60 y 70 -Rolling Stones, The Doors, Led Zeppelin...- y música negra en general. Sexo, en cambio, sí que hay a mansalva y de qué manera; polifuncional y salvaje (nada recomendable para espíritus sensibles, en todo caso). Y drogas, para qué contar; los personajes de la novela le dan a casi todo: heroína, hachís, mescalina, ácido, nibroles (o metacualona, un sedante-hipnótico), pegamento... vaya, un auténtico despliegue de politoxicomanía. De regalo, también encontramos aquí su dosis de una violencia dura y desabrida. Y todo convenientemente aliñado con una sordidez que recorre sin compasión toda la novela, que está bien regada con vómito, sangre, semen, mugre, podredumbre e insectos espachurrados.
Sé que hasta ahora no he comentado nada sobre el argumento de la historia, pero es que tampoco hay mucho que contar; el protagonista /narrador es un joven llamado Ryu (ay, el viejo truquillo de los escritores para dotarse a sí mismos de un aura más cool...) que vive junto a una base de las fuerzas estadounidenses y que aprovecha la visita de un grupo de amigos, tan drogotas como él, para organizar fiestas -llámalo orgías- para unos soldados afroamericanos, ir a un concierto de rock y, sobre todo, colocarse sin descanso como ávidas comadrejas (baste mencionar que el personaje del libro que parece más centrado es la vecina-medio novia del protagonista, que es una chica de alterne heroinómana). No es de extrañar que en su momento el libro fuese todo un éxito en Japón; imagino que los padre querían escandalizarse con lo que supuestamente hacían sus hijos y los hijos, divertirse con lo que escandalizaba a sus padres (algo parecido a lo que sucedió en España con Historias del Kronen). Muchos lectores recordarán, además, ejemplos de esta "literatura del exceso"; como antecedentes, se puede citar a Burroughs, a Bukowsky, a Jean Genet... y entre los continuadores, es inevitable acordarse de Trainspotting (hay quien incluso ha llamado la novela de Murakami "la Trainspotting japonesa", obviando que se publicó 17 años antes); entiéndase, no estoy afirmando que Welsh o Mañas plagiaran en algo Azul casi transparente, pero sí que pertenecen todas a la misma familia narrativa o son hitos en un mismo hilo que recorre la literatura y la cultura contemporánea.
Otra referencia de la que se suele hablar al respecto de esta novela es la de El extrajero, de Camus. Y no es algo descabellado: en la novela de Murakami -narrada igualmente en primera persona- también prevalece un tono despegado o ausente, si se prefiere; da igual lo que haga el protagonista: inyectarse caballo, travestirse para fornicar en una orgía, asistir a una brutal paliza, llevar a un amigo suicida al hospital... todo lo vive como si le estuviese pasando a otra persona o, más exactamente, (no) le afecta como si le estuviese ocurriendo a otra persona... Resultan brillantes, en mi opinión, los pasajes en los que Ryu describe la imágenes y sensaciones que le acometen en pleno "colocón", así como los que cuentan lo que ocurre cuando llega el bajón o resaca de los efectos de las drogas. La contención estilística, así como el buen uso del tempo narrativo y la misma extensión acotada de la novela -que se circunscribe a poco más que la visita del grupo de amigos a casa de Ryu- resultan un claro acierto que consigue acrecentar y transmitir ese efecto de extrañamiento que siente el propio narrados de la historia, de forma más perturbadora de lo que hubiese sido un exceso de verborrea psicotrópica. Bien, pues, por el entonces aún joven escritor Murakami. Sabemos que las comparaciones son odiosas, pero ya podrían aprender otros... ; )
Otros títulos de Ryū Murakami reseñados en Un Libro Al Día: Los chicos de las taquillas
Bueno, rock & roll tampoco hay tanto: algunas menciones a la banda sonora de fondo, con grupos de los 60 y 70 -Rolling Stones, The Doors, Led Zeppelin...- y música negra en general. Sexo, en cambio, sí que hay a mansalva y de qué manera; polifuncional y salvaje (nada recomendable para espíritus sensibles, en todo caso). Y drogas, para qué contar; los personajes de la novela le dan a casi todo: heroína, hachís, mescalina, ácido, nibroles (o metacualona, un sedante-hipnótico), pegamento... vaya, un auténtico despliegue de politoxicomanía. De regalo, también encontramos aquí su dosis de una violencia dura y desabrida. Y todo convenientemente aliñado con una sordidez que recorre sin compasión toda la novela, que está bien regada con vómito, sangre, semen, mugre, podredumbre e insectos espachurrados.
Sé que hasta ahora no he comentado nada sobre el argumento de la historia, pero es que tampoco hay mucho que contar; el protagonista /narrador es un joven llamado Ryu (ay, el viejo truquillo de los escritores para dotarse a sí mismos de un aura más cool...) que vive junto a una base de las fuerzas estadounidenses y que aprovecha la visita de un grupo de amigos, tan drogotas como él, para organizar fiestas -llámalo orgías- para unos soldados afroamericanos, ir a un concierto de rock y, sobre todo, colocarse sin descanso como ávidas comadrejas (baste mencionar que el personaje del libro que parece más centrado es la vecina-medio novia del protagonista, que es una chica de alterne heroinómana). No es de extrañar que en su momento el libro fuese todo un éxito en Japón; imagino que los padre querían escandalizarse con lo que supuestamente hacían sus hijos y los hijos, divertirse con lo que escandalizaba a sus padres (algo parecido a lo que sucedió en España con Historias del Kronen). Muchos lectores recordarán, además, ejemplos de esta "literatura del exceso"; como antecedentes, se puede citar a Burroughs, a Bukowsky, a Jean Genet... y entre los continuadores, es inevitable acordarse de Trainspotting (hay quien incluso ha llamado la novela de Murakami "la Trainspotting japonesa", obviando que se publicó 17 años antes); entiéndase, no estoy afirmando que Welsh o Mañas plagiaran en algo Azul casi transparente, pero sí que pertenecen todas a la misma familia narrativa o son hitos en un mismo hilo que recorre la literatura y la cultura contemporánea.
Otra referencia de la que se suele hablar al respecto de esta novela es la de El extrajero, de Camus. Y no es algo descabellado: en la novela de Murakami -narrada igualmente en primera persona- también prevalece un tono despegado o ausente, si se prefiere; da igual lo que haga el protagonista: inyectarse caballo, travestirse para fornicar en una orgía, asistir a una brutal paliza, llevar a un amigo suicida al hospital... todo lo vive como si le estuviese pasando a otra persona o, más exactamente, (no) le afecta como si le estuviese ocurriendo a otra persona... Resultan brillantes, en mi opinión, los pasajes en los que Ryu describe la imágenes y sensaciones que le acometen en pleno "colocón", así como los que cuentan lo que ocurre cuando llega el bajón o resaca de los efectos de las drogas. La contención estilística, así como el buen uso del tempo narrativo y la misma extensión acotada de la novela -que se circunscribe a poco más que la visita del grupo de amigos a casa de Ryu- resultan un claro acierto que consigue acrecentar y transmitir ese efecto de extrañamiento que siente el propio narrados de la historia, de forma más perturbadora de lo que hubiese sido un exceso de verborrea psicotrópica. Bien, pues, por el entonces aún joven escritor Murakami. Sabemos que las comparaciones son odiosas, pero ya podrían aprender otros... ; )
Otros títulos de Ryū Murakami reseñados en Un Libro Al Día: Los chicos de las taquillas
viernes, 1 de enero de 2010
Predicciones para 2010
Los que hacemos Un libro al día nos ponemos el disfraz de adivinos por un día, y proponemos una lista de acontecimientos relacionados con la literatura que tendrán lugar a lo largo del 2010. Algunos son obvios, otros son más bien apuestas personales y otros son cosas ya anunciadas pero que, en cualquier caso, conviene marcar en la agenda.
Quienes hacemos este blog esperamos que sigáis acompañándonos y que tengáis un gran año de lecturas.
- 2010 será el año del despegue definitivo del ebook en España, gracias a la digitalización de una parte importante del catálogo editorial en español.
- En 2010, el Premio Cervantes será español. Puestos a apostar, apostamos por Juan Goytisolo.
- La adaptación literario-cinematográfica del año: Alicia en el País de las Maravillas, de Tim Burton.
- El best-seller del año volverá a ser una novela histórica (después del paréntesis policiaco de la saga Millenium).
- Desde 2003, todos los Premios Nobel han sido europeos; este año toca cambiar. ¿Por qué no Hispanoamérica? Entonces los candidatos mejor posicionados serían, probablemente, Vargas Llosa y Carlos Fuentes -aunque con el Nobel últimamente nunca se sabe.
- En 2010 se cumplirán 100 años del fallecimiento de Tolstoi y Mark Twain; 100 años del nacimiento de Jean Genet y Torrente Ballester; 100 años de la publicación de Howards End y El fantasma de la Ópera.
- Para 2010 han anunciado la publicación de una nueva novela, entre otros, Philip Roth, Paul Auster, Joyce Carol Oates, Don de Lillo, Ian McEwan o Bret Easton Ellis
- A lo largo de este año, Google Books llegará a un acuerdo con diversos gobiernos europeos y americanos para evitar pagar multas por monopolio y por infringir derechos de autor, y se convertirá (o se afianzará) como el principal digitalizador de fondos documentales del mundo.
- Es casi imposible adivinar a quién le caerá el Premio Príncipe Asturias de las Letras, pero como hablar es gratis, nuestro favorito es Milan Kundera -que también ha sonado para el Nobel durante años.
- En 2010, Un libro al día cumplirá un año de vida y alcanzará las 500 entradas.
Quienes hacemos este blog esperamos que sigáis acompañándonos y que tengáis un gran año de lecturas.
¡Feliz 2010!
martes, 26 de enero de 2016
José Ovejero: Escritores delincuentes
Idioma: españolAño de publicación: 2011
Valoración: recomendable (muy recomendable para letraheridos, literatófilos y librofrikis)
Que no se altere nadie: el objetivo de este libro no es insultar a los escritores -menos aún considerar a los aspirantes a escritor como "delincuentes en potencia"- ni sugerir un ánimo delictivo a su actividad literaria (como sí parece hacer, en cambio, el Ministerio de Hacienda español: aquí); bien al contrario, parece que Ovejero considera a los autores que retrata en su libro más escritores que delincuentes -e incluso en el caso de los que escribieron sus libros en condiciones deplorables en prisión, casi se diría que son los escritores por antonomasia, dada su férrea voluntad en serlo-; por otra parte, no está del todo cómodo con el término"delincuente", aunque lo utilice a lo largo de todo el libro, pues conlleva una categorización absoluta de quien comete un delito, algo que precisamente contradicen las historias que se cuentan aquí. Porque -casi olvidaba decirlo- el libro trata, claro está, de escritores que alguna vez han cometido algún delito, incluso de sangre y también de delincuentes y criminales que han escrito libros e incluso han desarrollado una carrera literaria (están excluidos, como es lógico, los condenados por delitos políticos en cualquier lugar y época de la Historia. O aquellos cuya culpabilidad, pese a haber pasado por la cárcel, es dudosa. Empezando, por supuesto, por el propio Cervantes, pero también el costarricense José León Sánchez o Massimo Carlotto).
Que conste que, a pesar de que son muchos los escritores de los que se habla en el libro, ya sea contando sus vidas de manera pormenorizada o simplemente apuntsndo sus circunstancias delictivas, en ningún momento trata Ovejero de establecer una especie de taxonomía, una fría tipología de delitos o delincuentes: que nadie espere encontrarse un capítulo sobre asesinos, otro sobre ladrones, estafadores, etc... Nosotros, que tenemos menos escrúpulos que él (o los tengo yo, mejor dicho; el plural es mayestático...), sí que podemos distinguir, grosso modo, unas ciertas categorías:
- Por un lado, encontramos a escritores, más o menos conocidos, que cometieron algún delito una vez que ya había comenzado su trayectoria literaria. Es el conocido caso de William Burroughs, de Álvaro Mutis o del poeta Verlaine, entre los más célebres.
- Después, el grupo más numeroso -incluso ingente- de delincuentes habituales o criminales ocasionales que con el tiempo se hayan dedicado a la creación literaria. Muchas veces, esto se produce durante su estancia en prisión, ya sea contraviniendo las reglas carcelarias o, al contrario, como una actividad destinada a facilitar su rehabilitación y reinserción en la sociedad (o como una manera, también en muchos casos, de tratar de reducir su condena): los escoceses Jimmy Boyle y Hugh Collins, el contrabandista polaco Sergiusz Piasecki, Abdel Hafed Benotman... La mayoría de estos autores escriben, ya sea en forma de autobiografía o ficcionando su experiencia, sobre su vida delictiva y su estancia en la cárcel -generalmente para denunciar las malas condiciones y la brutalidad que deben soportar los presos-: el gallego-cubano Carlos Montenegro, el atracador norteamericano Jack Black; aunque algunos han alcanzado el éxito a través de la novela negra o policíaca (no deja de tener su lógica): Chester Himes, Edward Bunker o Anne Perry (el caso de ésta es algo distinto, tanto por la naturaleza del crimen que cometió como por sus escados años al hacerlo).
- Por último, unos cuantos autores en los que su vida delictiva o al menos marginal se alterna o compagina con su creación literaria y hasta con cierto reconocimiento social: sería el caso, por supuesto, de Jean Genet, pero también del poeta del s. XV François Villon o incluso, aunque en un orden de cosas completamente diferente, del político y escritor de best-sellers inglés Sir Jeffrey Archer.
Que nadie piense, sin embargo, que este libro se limita a un anecdotario más o menos morboso sobre escritores que han tenido algún tropiezo con la ley; por el contrario, el autor dedica buena parte de sus páginas a reflexionar sobre los conceptos del delito y del delincuente, sobre los orígenes y condicionamientos familiares y sociales de éstos, sobre el castigo y la redención (tanto social y jurídica como íntima- de los mismos y sobre si la literatura puede ser un medio de conseguir esta redención o, por el contrario, lo que hace es proporcionar un subterfugio para la autojustificación, dada la naturaleza inherentemente embustera de la ficción... y más aún, en cierto modo, de la autoficción.
Un último apunte: he de decir que mi experiencia, hasta ahora, con el Ovejero narrador no había sido demasiado satisfactoria. Ahora bien, tanto por mi lectura de este libro como por la reseña de otro que hizo mi compañero Francesc, parece que su versión como ensayista resulta más convincente. Quizás le dé alguna otra oportunidad a sus novelas, pues...
Otros libros de José Ovejero en ULAD: La ética de la crueldad Humo
Que conste que, a pesar de que son muchos los escritores de los que se habla en el libro, ya sea contando sus vidas de manera pormenorizada o simplemente apuntsndo sus circunstancias delictivas, en ningún momento trata Ovejero de establecer una especie de taxonomía, una fría tipología de delitos o delincuentes: que nadie espere encontrarse un capítulo sobre asesinos, otro sobre ladrones, estafadores, etc... Nosotros, que tenemos menos escrúpulos que él (o los tengo yo, mejor dicho; el plural es mayestático...), sí que podemos distinguir, grosso modo, unas ciertas categorías:
- Por un lado, encontramos a escritores, más o menos conocidos, que cometieron algún delito una vez que ya había comenzado su trayectoria literaria. Es el conocido caso de William Burroughs, de Álvaro Mutis o del poeta Verlaine, entre los más célebres.
- Después, el grupo más numeroso -incluso ingente- de delincuentes habituales o criminales ocasionales que con el tiempo se hayan dedicado a la creación literaria. Muchas veces, esto se produce durante su estancia en prisión, ya sea contraviniendo las reglas carcelarias o, al contrario, como una actividad destinada a facilitar su rehabilitación y reinserción en la sociedad (o como una manera, también en muchos casos, de tratar de reducir su condena): los escoceses Jimmy Boyle y Hugh Collins, el contrabandista polaco Sergiusz Piasecki, Abdel Hafed Benotman... La mayoría de estos autores escriben, ya sea en forma de autobiografía o ficcionando su experiencia, sobre su vida delictiva y su estancia en la cárcel -generalmente para denunciar las malas condiciones y la brutalidad que deben soportar los presos-: el gallego-cubano Carlos Montenegro, el atracador norteamericano Jack Black; aunque algunos han alcanzado el éxito a través de la novela negra o policíaca (no deja de tener su lógica): Chester Himes, Edward Bunker o Anne Perry (el caso de ésta es algo distinto, tanto por la naturaleza del crimen que cometió como por sus escados años al hacerlo).
- Por último, unos cuantos autores en los que su vida delictiva o al menos marginal se alterna o compagina con su creación literaria y hasta con cierto reconocimiento social: sería el caso, por supuesto, de Jean Genet, pero también del poeta del s. XV François Villon o incluso, aunque en un orden de cosas completamente diferente, del político y escritor de best-sellers inglés Sir Jeffrey Archer.
Que nadie piense, sin embargo, que este libro se limita a un anecdotario más o menos morboso sobre escritores que han tenido algún tropiezo con la ley; por el contrario, el autor dedica buena parte de sus páginas a reflexionar sobre los conceptos del delito y del delincuente, sobre los orígenes y condicionamientos familiares y sociales de éstos, sobre el castigo y la redención (tanto social y jurídica como íntima- de los mismos y sobre si la literatura puede ser un medio de conseguir esta redención o, por el contrario, lo que hace es proporcionar un subterfugio para la autojustificación, dada la naturaleza inherentemente embustera de la ficción... y más aún, en cierto modo, de la autoficción.
Un último apunte: he de decir que mi experiencia, hasta ahora, con el Ovejero narrador no había sido demasiado satisfactoria. Ahora bien, tanto por mi lectura de este libro como por la reseña de otro que hizo mi compañero Francesc, parece que su versión como ensayista resulta más convincente. Quizás le dé alguna otra oportunidad a sus novelas, pues...
Otros libros de José Ovejero en ULAD: La ética de la crueldad Humo
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metalibros,
recomendable,
siglo XXI
domingo, 13 de octubre de 2013
Mohamed Chukri: El pan a secas
Idioma original: árabe
Título original: Al-jubz al-hafi
Fecha de publicación: 1972
Valoración: Muy recomendable
Título original: Al-jubz al-hafi
Fecha de publicación: 1972
Valoración: Muy recomendable
Llegué a este libro gracias a la celebrada Ciudad abierta de Teju Cole, reseñada en este blog hace unos meses. En un momento del libro el protagonista charla con un personaje marroquí sobre literatura y este último le dice que en cuanto a escritores de su país de origen, prefiere a Mohamed Chukri por encima del famoso Tahar Ben Jelloun. ¿El motivo? Que mientras que Jelloun presenta en sus libros tramas y personajes que se corresponden con la idea del Oriente legendario que se tiene en Occidente (un Oriente mágico y romántico, con elementos como recién sacados de las historias de Sherezade), Chukri tiñe sus páginas de miseria, violencia, desesperación, bajeza, supervivencia, asco y dolor. En fin, que escribe sobre la dura realidad que sufrió y aún sigue sufriendo buena parte de la población del mundo árabe/musulmán.
Esta comparación me despertó la curiosidad. Yo ya conocía a Ben Jelloun, pero no a Chukri, por lo que busqué enseguida su Pan a secas, el libro autobiográfico del autor que se cita en Ciudad abierta, y descubrí encantada que el ejemplar que tienen en mi biblioteca está casi nuevo y se trata de una bonita edición de Cabaret Voltaire, en una traducción de Rajae Boumediane El Mentí revisada por el propio escritor poco antes de morir. Pero su contenido...Uugh, su contenido. Y aclaro ya que mi lamento no se refiere ni a su calidad ni a su valor, sino a las cosas que ahí dentro suceden. No me extraña que el libro estuviera prohibido durante muchos años en el mundo árabe…
Para quien no lo sepa, Chukri, nacido en Marruecos en los años 30, fue un muchacho extremadamente pobre y maltratado por la vida, como se suele decir. Hijo de un violento y alcohólico desertor del ejército y de una mujer ignorante pero cariñosa que mantenía a su familia con su humilde puesto de verduras, y con hermanos pequeños que raramente pasaban de la primera infancia, Chukri pronto vio en las duras calles de Tetuán y Tánger la única vía de escape a las palizas casi mortales de su padre y sus deseos de convertirle prácticamente en su esclavo. En su terrible vagabundeo se entregó a una destructiva pero tozuda vida de trabajos esporádicos, amigos cambiantes, amores con prostitutas, noches a la intemperie, homosexualidad puntual, peleas a muerte, piedad ocasional y hambre, mucha hambre.
Un sinfín de anécdotas y sucesos nada fáciles de leer es lo que contiene este breve libro de prosa seca y directa como púas de una planta traicionera. Y lo que relata revuelve aún más las tripas cuando se es consciente de que se trata de un testimonio real.
El libro termina cuando Chukri ronda los veinte años. Luego vendría la milagrosa oportunidad de alfabetizarse, y más tarde, la decisión de plasmar sobre papel la vida grotesca a la que había sido condenado. Así, el prácticamente autodidacta Chukri pasaría a convertirse en un reconocido escritor que se codeó con monstruos de la época como Paul Bowles (que tradujo El pan a secas al inglés y sobre el que Chukri escribió un libro), Jean Genet o, incluso, Tennesse Williams.
La historia de Chukri impresiona por la increíble capacidad que tuvo este hombre de mandar a paseo el futuro tan negro al que parecía condenado por las circunstancias en las que la vida le había colocado. Pero insisto: El pan a secas se queda en lo que vivió el escritor antes de aprender a leer y escribir, los primeros episodios de una de esas vidas legendarias que dejan con la boca abierta. Luego vendrían otras obras autobiográficas que aún no he leído.
martes, 12 de julio de 2016
Richard Brautigan: Un detective en Babilonia
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1977
Valoración: Está bien
No lo niego. Resulta inevitable simpatizar, ya desde las primeras
páginas, con ese protagonista fracasado, portador de de unas secuelas –más bien
bochornosas, por cierto– adquiridas durante (mira por donde) la guerra civil española,
que, a pesar de una penuria económica que apenas le deja margen de maniobra, intenta
abrirse paso en el mundo detectivesco.
Porque C. Card tiene un caso y, por tanto, todas las
esperanzas de que su suerte esté a punto de dar un vuelco. Aunque existe un pequeño inconveniente: le han contratado
con la condición de que vaya armado a la cita y se encuentra con la cartera
vacía y ni una bala en el revólver.
“Era un malentendido evidente.Asombroso.Creyó que yo era un maleante.Yo solo había ido allí para pedir prestadas unas balas.”
Esa ironía, a lo Gila, que utiliza el absurdo con toda
naturalidad, resulta bastante efectiva. Así que vamos bien. De momento.
Queda claro que es un habitual de los sablazos, así que
no parece que vaya a encontrar quien le preste un céntimo. Pero su característica más
relevante es la facilidad para evadirse. Su refugio es una Babilonia fabricada
a medida donde puede realizar cualquier hazaña y donde logra todos sus
propósitos. Este hábito de soñar le inhabilita en la práctica pero no puede
librarse de él. Vive, pues, entre dos mundos. El real no es mucho más cuerdo y
lógico que el otro, pero en él el fracaso existe. ¿Cómo no identificarse con un
planteamiento así?
Naturalmente, esperamos que nudo y desenlace estén a la
altura pero resultan más bien flojos. Si buscamos algo más que unas cuantas
situaciones a cual más jocosa –y, eso sí, mucha Babilonia de relleno que le
sirve para incrementar páginas sin demasiado esfuerzo y con, más bien, poca
sustancia– la decepción está servida. Y, por supuesto, vamos listos si
esperamos que alguno de los personajes tengan la más mínima consistencia,
incluido el policía, el vigilante de la morgue o la bella potentada que bebe cerveza
como un pez.
Richard Brautigan tiene sus adeptos, incluso puede
considerarse un autor de culto. No me cuento entre ellos, aunque entiendo la
fascinación que ejerce esa literatura canallesca, productora de antihéroes,
cuyos principales recursos son el sarcasmo y las situaciones delirantes. Nada
que objetar: con esos mimbres, el resultado podía haber llegado a altas cimas. Pero
Brautigan, desde luego, no es Jean Genet, y Un
detective en Babilonia está llena de trucos efectistas que quedan sin
desarrollar, supongo yo, por simple comodidad de su autor. Hasta en el
subgénero humorístico –y puede que aún con más motivo– es preciso ser rigurosos. En este caso, tenemos
una obra ligera, simpática, con algún hallazgo interesante, un excéntrico
personaje que podría haber dado mucho más juego y un trasfondo metaliterario
que no puede justificar por sí solo todos los puntos flacos del texto.
Hay amargura en ese humor, creo, también mucha acidez,
pero su alcance social es limitado y, por tanto, no puede calificarse de
sátira. Se le ha encuadrado en el género negro, pero yo la veo más bien como
una parodia de este pues, aunque inicialmente lo pueda parecer, ni hay
intención de resolver ningún misterio ni de analizar con mediana profundidad el
ambiente que describe. Cuando parece que va a mostrar las costuras de los bajos
fondos, realiza una hábil pirueta que busca la carcajada fácil y nos acaba
enfrentando con la cara más banal de lo grotesco.
Del mismo autor: La pesca de la trucha en América, El monstruo de Hawkline
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escritores estadounidenses,
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siglo XX
sábado, 28 de marzo de 2009
Bernard-Marie Koltès: De noche, justo antes de los bosques
Idioma original: Francés
Título original: La Nuit juste avant les forêts
Año de publicación: 1977
Valoración: Muy recomendable
Bernard-Marie Koltès, hoy admirado y representado en Francia y fuera de ella, fue durante su vida un outsider del sistema literario francés, o por lo menos vivió en su periferia. Homosexual, comunista, viajero por África y América Latina, enfermo de sida, Koltès se fraguó un estilo con raíces en el teatro del absurdo pero sobre todo en Jean Genet, con un estilo brusco y poético al mismo tiempo, que puede apreciarse en algunas de sus obras más conocidas, como En la soledad de los campos de algodón o Combate de negro y de perros.
La noche justo antes de los bosques, su primera obra, es un monólogo, un largo monólogo, pero no uno de tantos monólogos cómicos como se escuchan ahora, sino una reflexión sobre la soledad, la incomprensión, la dificultad para lograr una verdadera comunicación. También sobre la exclusión, sobre la inmigración y sus consecuencias en el individuo y en la sociedad, un tema que no puede ser más actual, pese a que la obra tiene ya más de treinta años.
En España, La noche... estuvo de gira hace ya unos años con una magnífica interpretación de Pedro Rebollo. Si volviera a ponerse de gira (aunque sea con otro actor y otro montaje) no dudéis en ir a verla: es una experiencia teatral que merece la pena.
Título original: La Nuit juste avant les forêts
Año de publicación: 1977
Valoración: Muy recomendable
Bernard-Marie Koltès, hoy admirado y representado en Francia y fuera de ella, fue durante su vida un outsider del sistema literario francés, o por lo menos vivió en su periferia. Homosexual, comunista, viajero por África y América Latina, enfermo de sida, Koltès se fraguó un estilo con raíces en el teatro del absurdo pero sobre todo en Jean Genet, con un estilo brusco y poético al mismo tiempo, que puede apreciarse en algunas de sus obras más conocidas, como En la soledad de los campos de algodón o Combate de negro y de perros.
La noche justo antes de los bosques, su primera obra, es un monólogo, un largo monólogo, pero no uno de tantos monólogos cómicos como se escuchan ahora, sino una reflexión sobre la soledad, la incomprensión, la dificultad para lograr una verdadera comunicación. También sobre la exclusión, sobre la inmigración y sus consecuencias en el individuo y en la sociedad, un tema que no puede ser más actual, pese a que la obra tiene ya más de treinta años.
En España, La noche... estuvo de gira hace ya unos años con una magnífica interpretación de Pedro Rebollo. Si volviera a ponerse de gira (aunque sea con otro actor y otro montaje) no dudéis en ir a verla: es una experiencia teatral que merece la pena.
viernes, 15 de junio de 2018
Patti Smith: M Train
Idioma original: inglésTítulo original: M Train
Año de publicación: 2015
Traducción: Aurora Echevarría
Valoración: muy recomendable
Pues no: ni es domingo ni en Un disco a la semana os vais a encontrar reseñado Horses o Radio Ethiopia. De hecho, debo confesar que Patti Smith nunca ha sido una artista que haya venerado en exceso. De hecho siempre recuerdo que su canción más célebre (Because the night) ni siquiera era su composición, sino la de Bruce Springsteen.
Pero insisto: tampoco busquéis una etiqueta de esas que suelo poner para horror de muchos. Libros sobre música. No. Tampoco. De hecho, las palabras canción y disco y guitarra y concierto ni siquiera aparecen en momentos memorables de este libro. Uno sabe que la autora es una artista conocida y una musa del rock'n'roll porque es algo que todos sabemos y porque existen las radios y porque en un párrafo del libro habla de un par de cheques de royalties como contenido del buzón que un día mira y quizás porque tenga curiosidad por saber cómo una persona que viaja tanto por el mundo se gana la vida. Sí, esa es la eximia mención que Patti Smith se permite a la profesión o forma de vida que la ha hecho famosa. Puedes preguntarte si sin ese sustento y esa celebridad Patti Smith hubiera publicado sus libros o no y si el discurrir de su existencia, de haber sido otra, una oficinista o una enfermera o una abogada, hubiera dado para generar estos textos.
Puedes preguntarte eso y responderte con cualquier cosa.
Pero que no te haga ignorar este texto. Porque Patti Smith hace buena una frase que he leído hace apenas unas horas, y que creo (pero no voy a buscar ese Tweet) que ha pronunciado Javier Cercas (al que admiro tanto como a veces disiento): Nadie lee tantos libros si no piensa escribir uno. Touché. Patti Smith es, entonces, se yergue en función de lo que aquí he experimentado, tan escritora como músico. Como mínimo, y teniendo en cuenta que también hay que contar con las letras de sus canciones y eso haría decantar la balanza (un poquito: tampoco le darán el Nobel como a Dylan, aunque ahora yo prefiero los Novel).
Entonces eso: Patti Smith escribe y este libro es un fragmento de sus memorias y aquí ya he tenido estos días alguna polémica más o menos encendida sobre el tema de la literatura del yo, cuando resulta que yo sí me esperaba un libro sobre música y sí tenía en mente (de hecho, llevo unos días escuchando Horses) emparentar libro y disco Y NO.
¿Por qué no? Pues, mal que me pese, porque ello sería limitarlo. Los valores de la Smith (ya no Patti) como escritora tienen bastante sustento, por sí solos. Ni idea de si lo suficiente para convencer a un editor sin el background que la avala, porque esto de los editores ya he renunciado a entenderlo del todo. Pero que como lector he disfrutado. Pues sí. No le hace falta demasiado ruido para ello. Aquí no hay lamentaciones ni nostalgia ni literatura del yo-rica (perdón, es que yo sin chistes malos es que no puedo), ni panegíricos de miles de palabras sobre lo bueno que era este o el otro y yo traidora de mí sigo en este mundo. Lo que hay son dos o tres hechos u objetos inconexos que son el armazón de una narración muy solvente y muy honesta. Un café ('Ino) en NY que cierra y al que acude cada día a escribir en una especie de mesa arrinconada que acaba considerando suya (tan suya que acaban regalándosela). Una casa desvencijada en una población costera que decide adquirir como una suerte de guiño del destino. Un viejo abrigo que ha recibido de un amigo.
Y el telón de fondo: una mujer que toma todas esas decisiones y lleva a cabo todos esos actos en medio de una soledad cómoda, nada impostada. Fred "Sonic" Smith, guitarrista de los MC5 y marido de la escritora, fallecido en 1994 y presencia tenue en la narración, como un espíritu agradable y hasta tierno que guía a su esposa, que sigue por aquí, que viaja a muchos lugares empujada por los mundos que los libros que lee le evocan. Punto fundamental de este estupendo libro. Smith es una lectora contumaz y entusiasta, peor (mejor) aún, una relectora en profundidad, la clase de persona que se sumerge de tal manera en los autores que necesita visitar los entornos que han creado en sus obras, los entornos en los que los han creado, como a la búsqueda de eso que queda en el aire y un fanático necesita respirar. Es una lectora contumaz desde antes de ser una cantante de éxito y lo ha seguido siendo, y es de esa estirpe freak que tan bien comprendemos por aquí: necesita ver el escritorio y la silla y los paisajes que sus escritores favoritos veían. Una de las principales temáticas de M Train es esa: Smith fascinada por Bolaño y por Murakami y por Sebald y por Jean Genet y visitando hasta sus tumbas y encargándose de ellas. Una veneración sincera y razonada, y mientras tanto nos cuenta su vida y sus andanzas y todo eso está tan bien escrito y suena tan veraz y poco aparatoso que ya paro: la lista de advenedizos que habrían de palidecer al leer estas páginas se haría demasiado extensa.
Y el telón de fondo: una mujer que toma todas esas decisiones y lleva a cabo todos esos actos en medio de una soledad cómoda, nada impostada. Fred "Sonic" Smith, guitarrista de los MC5 y marido de la escritora, fallecido en 1994 y presencia tenue en la narración, como un espíritu agradable y hasta tierno que guía a su esposa, que sigue por aquí, que viaja a muchos lugares empujada por los mundos que los libros que lee le evocan. Punto fundamental de este estupendo libro. Smith es una lectora contumaz y entusiasta, peor (mejor) aún, una relectora en profundidad, la clase de persona que se sumerge de tal manera en los autores que necesita visitar los entornos que han creado en sus obras, los entornos en los que los han creado, como a la búsqueda de eso que queda en el aire y un fanático necesita respirar. Es una lectora contumaz desde antes de ser una cantante de éxito y lo ha seguido siendo, y es de esa estirpe freak que tan bien comprendemos por aquí: necesita ver el escritorio y la silla y los paisajes que sus escritores favoritos veían. Una de las principales temáticas de M Train es esa: Smith fascinada por Bolaño y por Murakami y por Sebald y por Jean Genet y visitando hasta sus tumbas y encargándose de ellas. Una veneración sincera y razonada, y mientras tanto nos cuenta su vida y sus andanzas y todo eso está tan bien escrito y suena tan veraz y poco aparatoso que ya paro: la lista de advenedizos que habrían de palidecer al leer estas páginas se haría demasiado extensa.
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