martes, 12 de julio de 2016

Richard Brautigan: Un detective en Babilonia

Idioma original: inglés
Resultado de imagen de un detective en babiloniaTítulo original: Dreaming of Babylon
Año de publicación: 1977
Valoración: Está bien


No lo niego. Resulta inevitable simpatizar, ya desde las primeras páginas, con ese protagonista fracasado, portador de de unas secuelas –más bien bochornosas, por cierto– adquiridas durante (mira por donde) la guerra civil española, que, a pesar de una penuria económica que apenas le deja margen de maniobra, intenta abrirse paso en el mundo detectivesco.
Porque C. Card tiene un caso y, por tanto, todas las esperanzas de que su suerte esté a punto de dar un vuelco. Aunque existe un pequeño inconveniente: le han contratado con la condición de que vaya armado a la cita y se encuentra con la cartera vacía y ni una bala en el revólver.
“Era un malentendido evidente.Asombroso.Creyó que yo era un maleante.Yo solo había ido allí para pedir prestadas unas balas.”
Esa ironía, a lo Gila, que utiliza el absurdo con toda naturalidad, resulta bastante efectiva. Así que vamos bien. De momento.
Queda claro que es un habitual de los sablazos, así que no parece que vaya a encontrar quien le preste un céntimo. Pero su característica más relevante es la facilidad para evadirse. Su refugio es una Babilonia fabricada a medida donde puede realizar cualquier hazaña y donde logra todos sus propósitos. Este hábito de soñar le inhabilita en la práctica pero no puede librarse de él. Vive, pues, entre dos mundos. El real no es mucho más cuerdo y lógico que el otro, pero en él el fracaso existe. ¿Cómo no identificarse con un planteamiento así?
Naturalmente, esperamos que nudo y desenlace estén a la altura pero resultan más bien flojos. Si buscamos algo más que unas cuantas situaciones a cual más jocosa –y, eso sí, mucha Babilonia de relleno que le sirve para incrementar páginas sin demasiado esfuerzo y con, más bien, poca sustancia– la decepción está servida. Y, por supuesto, vamos listos si esperamos que alguno de los personajes tengan la más mínima consistencia, incluido el policía, el vigilante de la morgue o la bella potentada que bebe cerveza como un pez.
Richard Brautigan tiene sus adeptos, incluso puede considerarse un autor de culto. No me cuento entre ellos, aunque entiendo la fascinación que ejerce esa literatura canallesca, productora de antihéroes, cuyos principales recursos son el sarcasmo y las situaciones delirantes. Nada que objetar: con esos mimbres, el resultado podía haber llegado a altas cimas. Pero Brautigan, desde luego, no es Jean Genet, y Un detective en Babilonia está llena de trucos efectistas que quedan sin desarrollar, supongo yo, por simple comodidad de su autor. Hasta en el subgénero humorístico –y puede que aún con más motivo– es  preciso ser rigurosos. En este caso, tenemos una obra ligera, simpática, con algún hallazgo interesante, un excéntrico personaje que podría haber dado mucho más juego y un trasfondo metaliterario que no puede justificar por sí solo todos los puntos flacos del texto.
Hay amargura en ese humor, creo, también mucha acidez, pero su alcance social es limitado y, por tanto, no puede calificarse de sátira. Se le ha encuadrado en el género negro, pero yo la veo más bien como una parodia de este pues, aunque inicialmente lo pueda parecer, ni hay intención de resolver ningún misterio ni de analizar con mediana profundidad el ambiente que describe. Cuando parece que va a mostrar las costuras de los bajos fondos, realiza una hábil pirueta que busca la carcajada fácil y nos acaba enfrentando con la cara más banal de lo grotesco.