martes, 26 de julio de 2016

Semana del best-seller #2: Cinco esquinas de Mario Vargas Llosa


Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

Hoy toca rasgarse las vestiduras.
Primero porque servidor de ustedes confiese que, con los cientos de libros que me he metido entre pecho y espalda, este sea mi primer Vargas Llosa.

"Me da mucha pereza este hombre"
Esto lo puso Santi en un tweet sobre justo este libro. A ver si voy a tener que desdecirle yo al capo de todo esto.
Segundo, porque reconozco que el motivo era más bien personal. No puedo con los escritores que se meten activamente en política y más cuando sus ideas son tan diferentes de las mías. Y su reciente irrupción en las cloacas de la prensa rosa lo empeora todo: el rey del prejuicio escribiendo sobre un autor al que tiene manía. La apoteosis de la credibilidad. 

La cuestión es que la entrada de Cinco esquinas no puede ser más decidida. La primera media docena de páginas de Cinco esquinas es una escena lésbica algo subida de tono entre dos respetables señoras de la clase dominante limeña, y en pocas páginas más tenemos al marido de una de ellas temblando por ser extorsionado por la prensa por unas fotos comprometedoras. Un panorama halagüeño que hace que las primeras cien páginas se lean volando y permitan reconocer el oficio del escritor y una innegable capacidad de atrapar al lector: prosa bien estructurada, ritmo y suspense. Hablamos del Perú de hace unas décadas, esa época justamente en que Vargas Llosa metió las narices en política. Sendero Luminoso y la inestabilidad están a punto de provocar que el empresariado peruano se desplace en masa a Miami o cualquier otro lugar donde se sienta más seguro. La trama es pertrechada bien pronto: tenemos a Rolando Garro, periodista de pocos escrúpulos, a Juan Peineta, artista venido a la miseria por las contundentes críticas de aquel, Luciano y Quique, abogado de éxito y empresario de éxito, y a sus esposas Marisa y Chabela, enfrascadas en una relación lúdica y lúbrica. Y el fondo del régimen de Fujimori y su siniestro secuaz Vladimir Montesinos, manipulando a sus antojos los hilos, alterando las cosas para que los opositores se hundan (bueno, cierto ministro español en funciones de la actualidad tiene en quien verse reflejado) y usando el medio que sea para ello.

Todo bien. Salvo que tengo cierta impresión de que Vargas Llosa ha escrito esta novela a medio gas. Consciente de que es capaz de hacerlo mejor pero para qué. La sensación se agudiza en los tres últimos capítulos: el antepenúltimo es un batiburrillo que combina diálogos (alguno digno de un culebrón vespertino) de dos escenas diferentes que van a representar el colofón de los dos argumentos principales de la novela. Penúltimo y ultimo, remates de ambas historias con una reprobable tendencia al final feliz. No me queda ninguna duda de que, por mucho que esta novela haya vencido mis prejuicios, Vargas Llosa es capaz de mucho más que el nivel mostrado en Cinco esquinas. De hecho, le hubiera bastado con mantener el nivel de las cien páginas iniciales (misteriosas, vivaces, estimulantes), pero, imposible saber los motivos, eligió la comodidad y la complacencia (y la poca valentía en meter el dedo en la llaga política) para rematar esta novela.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Se supone q sus mejores novelas son la ciudad y los perros y conversación en la catedral. Te Animo a que las leas. Un saludo

Caballero dijo...

Como muy bien dice Francesc, desde hace algunas novelas Vargas Llosa escribe para pasar el rato. Es unos de mis autores favoritos. El único autor vivo que puede presumir de haber escrito cuatro obras maestras: La ciudad y los perros, La guerra del fin del mundo, Conversación en la catedral y La fiesta del chivo. Las demás son novelas menores y las últimas novelas de horror, es decir, novelas horribles.
Sobre su pensamiento político hay que entender a los escritores en su circunstancia. En una Hispanoamérica postrada en su fascinación hacia el populismo de izquierda, Vargas Llosa entendió que el liberalismo era el camino correcto a seguir. Podía mantenerse al margen pero los escritores e intelectuales de este lado del mundo no deben hacerlo. El tiempo terminó dándole la razón. No olvidemos que Vargas Llosa se presentó como candidato a la presidencia del Perú y perdió ante Fujimori. Hoy uno está en la cárcel pagando condena por crímenes y corrupción y el otro es uno de los grandes premios Nobel de las letras hispanas. Otro de los libros del maestro que me atrevo a recomendar es Pez en el agua. Su autobiografía literaria y política. No tiene desperdicio.
Y sobre tu tendencia al melodrama es un defecto de origen. Él mismo lo reconoce y ha recurrido a él en varias novelas desde La tía Julia y el escribidor. Para mí de lo peor de su perfil literario pero también los genios tienen sus defectos imperdonables.

Gabriel Diz dijo...

Muy buenas,

Lamento disentir con lo escrito por Caballero, durante el período gobernado por el llamado populismo de izquierda América Latina no solo experimentó democracias de alta intensidad sino que mejoró en todos los índices de bienestar social: mayor inclusión, mercados internos potentes y universalización de derechos sociales....Pero claro lo bueno no dura: se inició un golpe institucional en Brasil y en Argentina triunfó el candidato de la derecha neoliberal que tanto apasiona a Vargas Llosa.....los resultados son brillantes: en Argentina en apenas siete meses hay dos millones de nuevos pobres.....

Saludos

Caballero dijo...

¿Y su opinión sobre la novela en cuestión era..., señor Diz? Recuerde que éste es un blog literario.

Anónimo dijo...

¿Qué son democracias de alta intensidad? Pero ¿qué metajerga es esa? El libro es entretenido, desde luego no el mejor de Vargas Llosa, como sostiene el autor de la reseña.

Gabriel Diz dijo...

Buen día,

Caballero: creo que fue usted o en todo caso el autor de la crítica el que introdujo el tema político en el comentario sobre Vargas Llosa. Tiene algo de malo hablar de política en un blog literario?
En cuanto a Vargas Llosa escritor.....hace tiempo que no escribe un libro que valga la pena, tal vez debería dedicarse a ser cronista del jet set europeo.

A anónimo le sugiero que lea un poco Ciencia Política.

Saludos

Caballero dijo...

Fue el reseñista, sí, el que puso el tema político sobre la mesa. Pero creo que fue más un comentario tangencial que no buscaba protagonismo. Yo sólo quise puntualizar que a los autores hay que entenderlos en su contexto. No es sano que se los juzgue desde España por sus perfiles políticos cuando la realidad americana es diferente y aquí los autores más comprometidos no tienen que ser necesariamente de pensamiento progre. De todos modos, por experiencia sé que no es sano sacar temas políticos en blogs literarios porque nos embarramos en discusiones mundanas y perdemos el centro que nos une a todos por encima de nuestro perfil político: el amor hacia las letras. El señor Vargas Llosa fue un gran escritor. Desde La fiesta del chivo no publica nada meritorio. Y Cinco esquinas es una novela de verano con una fantástica escena lésbica de arranque y nada más.

Francesc Bon dijo...

Perdón: mi mención a las pretensiones o ínfulas políticas de Vargas Llosa es una mera "queja" pues ni congenio con sus ideas ni creo que un escritor deba aventurarse más allá del ámbito cultural. Pero la novela me parece correcta, por mucho que perciba una cierta autoinhibición en el tratamiento de ciertos temas y que crea que tiende a la complacencia en su desenlace. Gracias por los comentarios.

Anónimo dijo...

Escrito para que Isabel lo entienda.

Diego dijo...

las menciones sobre política eran aceptables, eran sinceridad, opinión. Caballero se equivocó al decir que Vargas Llosa tenía razón con sus ideas políticas, esa es una afirmación falsa sobre un hecho.

Lo intenté una vez con Vargas Llosa, antes de saber que era adicto a los paraísos fiscales, únicamente por escuchar comparaciones con García Márquez. Me defraudó. No dudo que la culpa sea mía.

Francesc Bon dijo...

A mí me ha costado abstraerme de la persona de Vargas Llosa y su ruido mediático, y he de reconocer que lo he logrado cuando el libro ha llegado a parecerme, al margen de algunos detalles, como digno de ser leído, sin esperar maravillas.