martes, 5 de julio de 2016

Gianni Rodari: Cuentos por teléfono


Idioma original: italiano
Título original: Favole al telefono
Año de publicación: 1962
Traducción: Ramón Prats de Alòs-Moner
Valoración: Muy recomendable (e imprescindible para padres con niños y niños con padres)

Cuentos por teléfono es un libro precioso: éste es el adjetivo que mejor le cuadra. Los cuentos de Gianni Rodari, perfectos para leer a cualquier niño a la hora de irse a la cama (de hecho, el libro se titula así porque son los que el señor Bianchi, viajante de comercio de Varese, le contaba a su hija por teléfono mientras él viajaba por la geografía italiana); son pequeñas maravillas llenas de imaginación, ternura y poesía. Con ellos conocerán -conoceremos- a personajes entrañables, como la pequeña Alicia Caerina, a Toñito el invisible, el buen Gilberto o Apolonia, la de la mermelada, que hizo recular al mismísimo Emperador; al muy delicado señor Lanana, al hombre que robó el Coliseo -nada menos- y al ratón que comía gatos.  Visitarán -visitaremos- el planeta de la verdad, el país de los perros o el País sin punta al que llega el impenitente viajero Juanito Pierdedía. También un edificio de Bolonia hecho de helado.

Aprenderán -aprenderemos- la cura de la fiebre comilina, el origen de la palabra "llorar", adónde lleva el camino que no lleva a ninguna parte o quién ganó -o no- la guerra de las Campanas. Igualmente, conocerán -conoceremos- la historia de Juan el distraído  -por desgracia para él-, de la mujercita que contaba los estornudos, la del reino de Comilonia (que no desmerece a la de la célebre Ruritania) o qué pasó con el semáforo de la plaza del Duomo de Milán cuyas luces se tiñeron de azul. Podrán -podremos- incluso aprender toda la Historia universal en unas pocas líneas: 

"Al principio la Tierra estaba llena de fallos y fue una ardua tarea hacerla más habitable. No había puentes para atravesar los ríos. No había caminos para subir a los montes. ¿Quería uno sentarse? Ni siquiera un banquillo, ni sombra. ¿Se moría uno de sueño? No existían las camas. Ni zapatos ni botas para no pincharse los pies. No había gafas para los que veían poco.No había balones para jugar un partido; tampoco había ollas ni fuego para cocer los macarrones; es más, mirándolo bien, tampoco había macarrones. No había nada de nada. cero tras cero y basta. Sólo estaban los hombres, con dos brazos para trabajar, y así se pudo poner remedio a los fallos más grandes. Pero todavía quedan muchos por corregir: ¡arremangaos, que hay trabajo para todos!"

Lo he escrito ya al comienzo, pero lo repito y lo haré las veces que hagan falta: este libro es precioso. Más aún: es una verdadera maravilla.

2 comentarios:

AlimañaChef dijo...

Me has convencido! Lo buscaré, parece algo que merece leer, tener y compartir. Saludos.

Juan G. B. dijo...

Hola, Alimaña:
Es un libro precioso, sobre todo para leer con niños pequeños.
un saludo.