sábado, 2 de julio de 2016

Bob Stanley : Yeah! Yeah! Yeah! La historia del pop moderno

Idioma original: inglés
Título original: Yeah! Yeah! Yeah! The History of Pop Music from Bill Haley to Beyoncé
Año de publicación: 2014
Traducción: Víctor Úbeda
Valoración: muy recomendable

Empezar a redactar esta reseña justo a 24 de Junio, Sant Joan en Barcelona y día en que se oficializa el brexit. Porque Bob Stanley no puede ser más british. Ya puede uno ponerle a su grupo el nombre de un equipo francés de fútbol en horas bajas. O escoger como vocalista a una rubita tirando a sosa que parece una directora de instituto de secundaria despedida por no haberse impuesto a los alumnos. 
El repaso que le da Stanley aquí a la música pop es agotador. No tan exhaustivo como muchos desearían. Ya sabemos que los criterios de selección u omisión suelen suscitar discusiones bizantinas. Pero es que este libro no pretende establecer un cánon, sino reflejar una evolución, e incluso la elección de los hitos (el disco sencillo, al que se da por muerto con la eclosión de Youtube y el arraigo del streaming como forma preeminente de escucha de la música) refleja que Stanley no pretende escribir una enciclopedia sino una historia. 

Claro que sorprenderán ciertos detalles. Como que, por pudor o modestia, Stanley no dedique ni tan solo de forma irónica una sola línea a su propio grupo, Saint Etienne, que aún mantiene con actividad intermitente pero fiel a su estilo ecléctico. O que la carrera de grupos otrora trascendentales a ciertos niveles (de ventas, de éxito comercial sobre todo) como ELO, Supertramp o Dire Straits sea despachada en apenas un par de líneas en una nota compartida a pie de página para los dos primeros y en una mención desganada en una frase para los terceros. Deberán conformarse: Coldplay son nombrados fugazmente en dos ocasiones: Keane, Magazine o Madness ni son mencionados. A Stanley se le notan las hechuras que ya se manifestaban, sobre todo, en los primeros dos discos de Saint Etienne. Una lógica nostalgia por la edad de oro del pop, una sabiduría panorámica sobre los primeros 60 y una sorprendente capacidad de buscarle un engarce natural con la situación actual (esa que parece tener visos de ser la definitiva). Una recomendación que puede ser una trampa. Ponerse a leer este libro con una pantalla con Youtube al lado, para comprender lo que explica sobre las canciones, puede prolongar meses su lectura (su disfrute). Contra lo que podría parecer, Stanley, que no pone ni una sola vez la palabra pop con mayúscula, evita incursión alguna en dogma ni pretenciosidad. Las más de 700 páginas se hacen muy llevaderas entre constantes cambios de ritmo y ubicación, y tiene un especial don con las metáforas: habla de gafas de abuela y de voces encerradas en sótanos. Habla de caras de ratón cruel y de solos de una sola nota. Solamente un auténtico profesional del amateurismo es capaz de encajar esas definiciones tan frívolas en apariencia, pero que ajustan como anillo al dedo para describir tanto peinados de cantantes como sensaciones al escuchar sus obras. Y conseguir evitar ser pretencioso a lo largo de tal número de páginas es un enorme mérito: en ningún momento Stanley se muestra tentado a emitir una Teoría del Pop que lo convierta en un Harold Bloom de la música. La  temática y la asequibilidad de Yeah Yeah Yeah son adecuados para un contexto de lectura veraniega, pero lo certero y desinhibido de sus opiniones lo hacen casi necesario.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Francesc, cuales son los mejores libros que has leído en lo que lleva de año? Gracias

Iago López dijo...

Pues a mi me decepcionó bastante tras leer tantas críticas elogiosas. Dejo un enlace a mi reseña por si a alguien le interesa echare una ojeada:
https://bailarsobrearquitectura.com/2016/11/08/yeah-yeah-yeah/
Saludos y enhorabuena por el blog!

Francesc Bon dijo...

Hola Iago: gracias por tu comentario. Muy interesante la visión del libro que muestras en la entrada de tu blog. Recomiendo a todo el mundo que la lea, pues es una perspectiva muy acertada y creo que hasta se complementa con otras. A Stanley le repele el mundo arquetípico del rock, desde luego.