sábado, 2 de julio de 2011

Jean Genet: Ella

Idioma original: francés
Título original: Elle
Año de redacción: 1955 (representada y editada en 1989)
Valoración: Recomendable

Jean Genet, otro personaje fascinante de la literatura del siglo XX (como se puede ver en su Diario del ladrón): hijo de una prostituta y de padre desconocido, abandonado luego y adoptado por una familia de carpinteros; ladrón, convicto, "prostituto"... pero también genio brillante, renovador teatral, activista... Varias vidas, fundidas en una sola. Su obra, cargada de crítica a la hipocresía y a la corrupción de la sociedad, están escritas con un estilo en el que lo poético y lo metafísico alterna con lo sórdido, lo escatológico, lo pornográfico.

Ella es en cierto modo reflejo de esto último, aunque no sea tan ácidamente destructiva como El balcón o Las criadas. El personaje a quien hace alusión el título, Ella, es en realidad "Su Santidad", o sea, el Papa. Pero no esperéis encontrar en esta obra una feroz crítica de la Iglesia, ni como dogma ni como institución. Aunque hay algunas escenas que a algunos creyentes (los más "papistas") les puedan parecer insultantes -como ésa en la que Su Santidad propone que le fotografíen cagando- lo cierto es que esta es más una obra metafísica que social; en vez del Papa, podríamos haber estado hablando del Rey (cualquier rey) o del Emperador (cualquier emperador) y el resultado habría sido similar.

Porque el tema fundamental en Ella es la separación entre realidad e imagen; entre materia y símbolo. "Ella", Su Santidad, el Papa, quiere ser fotografiado para que su benéfica influencia se reparta por el mundo en forma de octavillas; pero al mismo tiempo, él, y su camarlengo, son conscientes de que su verdadera esencial "divina" es inapreensible: cuando "Ella" no está presente, es posible creer en ella; cuando se lo tiene delante, se desvanece. Es posible ver al ser humano; es imposible ver al símbolo. Por eso, el Vaticano (de Genet) ha declarado al azucarillo como la encarnación perfecta del Papa: existe, pero se desvanece. "¿Un Papa? ¿Dos Papas?", pregunta el ayudante de cámara al fotógrafo delante de su taza de café.

Ella es una obra menor (una comedia en un acto, casi una nadería) frente a otras de Genet más punzantes y más perturbadoras. Pero aun así contiene descubrimientos lingüísticos y teatrales que merecen la pena y justifican su publicación y su representación. Hasta donde yo sé, ninguna de las dos cosas se han hecho en España.