domingo, 3 de julio de 2011

Luis Cernuda: La Realidad y el Deseo

Idioma original: español
Año de publicación: 1936-1962
Valoración: Imprescindible

Esta entrada, más por casualidad que por premeditación, puede ser la manera en la que ULAD se suma a la conmemoración del Día del Orgullo Gay que se ha celebrado esta semana en todo el mundo: reseñando la obra de uno de los poetas españoles fundamentales del siglo XX, que aceptó y proclamó abiertamente su homosexualidad tanto en su vida como en su poesía. Cernuda, un hombre tímido y solitario, a quien Lorca llamó "el gran poeta del misterio", dejó una obra poética extensa y de una altísima calidad sostenida por la que merece ser recordado, no solo esta semana, sino siempre.

La Realidad y el Deseo (escrito así, con mayúsculas, a deseo del poeta) es una autoantología completa, una "biografía poética", como ha sido descrita. Incluye desde sus primeros libros de poemas, escritos antes de la Guerra Civil (Un río, un amor; Los placeres prohibidos; Donde habite el olvido...), hasta los que escribió en el exilio itinerante en Gran Bretaña, Estados Unidos y México. La obra de Cernuda aquí recogida repite algunas claves similares a los de otros poetas de su Generación: inicios clasicistas y gongorinos; evolución hacia el surrealismo; acercamiento al compromiso social y político antes, durante y después de la Guerra Civil; y creación de una obra poética en el exilio de corte personal. En cualquier caso, Cernuda (como todos los poetas de su generación, por otra parte) consiguió construirse una voz propia, más (neo)romántica ("Donde habite el olvido", por ejemplo, refleja la influencia Becqueriana) y más sencilla y elegante que la de Aleixandre o Lorca, en cambio más exuberantes en su imaginario.

Siempre se suele decir (así lo recuerdo yo por lo menos de mis manuales del colegio) que Pedro Salinas es el poeta del amor de la Generación del 27; pero su poesía es demasiado cerebral y metafísica para mi gusto. Cernuda, cuando habla del amor (y da igual para eso que sea homosexual o heterosexual: amor es amor), es delicado pero también carnal; así, su representación del amor (me) resulta mucho más cercana y menos idealizada que la de Salinas. Poemas como "No decía palabras", "Si el hombre pudiera decir lo que ama" (aquí, recitado por el propio autor) o "Qué ruido tan triste..." merecen figurar en cualquier antología de la poesía amorosa española de todos los tiempos.

Quien no esté familiarizado con la obra de Cernuda, en internet puede encontrar unos cuantos aperitivos para abrir boca, que estoy seguro de que le dejarán con ganas de leer más. Incluso por separado, muchos de sus libros son necesarios en la biblioteca de cualquier amante de la poesía; así reunidos, son absolutamente imprescindibles.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece que como ejemplo del orgullo gay, mal puede citarse a Cernuda, atormentado y autoperseguido en en la vida privada y marcado por el estigma de la homosexualidad en la vida pública. Realidad y deseo son dos lugares en medio de los que se debate una persona que no puede caber en ninguno.

Anónimo dijo...

Cernuda fue un ejemplo de valentia al nunca negar su condicion homosexual aun cuando no fue del agrado de muchos.

Ignacio Villalba Peña dijo...

Creo que hay que poner siempre en su contexto la obra y la vida de cualquier autor. En la España de años 20, o incluso en los primeros 60 en México,la condición de la homosexualidad no era vista con la misma "permisividad" que en la segunda década del siglo XXI.
El valor ético que siempre se señala en la obra del Cernuda, no creo que tenga que ver con la defensa de su condición de homosexual, sino más bien con su inquebrantable coherencia con su forma de pensar, su negativa a dejarse comprar, su renuncia a silenciar lo que pensaba del mundo que le rodeaba.
A todo ello hay que unirle que quizá sea la suya una de las voces poéticas más originales de toda su brillante generación. Una poesía con una dicción muy anglosojona (en mis primeras lecturas durante la adolescencia, recuerdo que tuve la sensación de enfrentarme a una traducción), que una vez pasado los sarampiones de la poesía pura y el surrealismo, supo encontrar una voz y un discurso perfectamente ajustado a su constante reflexión sobre el mundo que le había tocado vivir, ya fuera en los breves poemas de metro corto, casi apuntes e impresiones, o en los grandiosos poemas meditativos de largo aliento.