sábado, 19 de febrero de 2011

Jean Genet: Diario del ladrón


Idioma original: francés
Título original: Journal du voleur
Año de publicación: 1949
Valoración: Recomendable


Al margen de cuestiones éticas, lo que de verdad admiro de Genet no es su increíble capacidad de convertir en literatura su propia vida ni la valentía que supone ser sincero en terrenos tan resbaladizos como los que pisa ni su inclasificable personalidad construida a conciencia sin fijarse demasiado en modelos al uso ni su insólita voluntad de ser libre ni su gran versatilidad, que le convierte en hombre de acción y de letras al modo de Cervantes, Garcilaso y otros. Es cierto que cada uno de estos rasgos – más aún todos a la vez – lo muestran como un personaje excepcionalmente inteligente y con una fuerza mental fuera de lo común pero eso es lo que hermana a muchos de los que, por un motivo u otro, han pasado a la historia. Lo que de verdad me impresiona tiene que ver con todo lo dicho y es el hecho de haber producido una obra literaria completa, coherente y de calidad siendo como era un marginado social, y, sobre todo, que supiese tomar como fuente de inspiración esa marginalidad así como el pensamiento que la sustenta. Hace falta mucho talento para saltarse el protocolo y beber de sus fuentes, para actuar como élite y como inadaptado a la vez y ser en ambas facetas un maestro. Genet es cínico, satírico y puede parecer provocador, aunque no creo que su intención fuera escandalizar a nadie, más bien le tenían sin cuidado las reacciones que pudieran producir unos escritos que elaboraba por desahogo personal, placer estético y, naturalmente, para obtener un beneficio económico.

Diario del ladrón, considerada le mejor de sus novelas, está escrita en un estilo directo y expresivo, sin divagaciones ni ambigüedades. Es un autor al que le gusta ir al grano y, por tanto, capaz de contar muchas cosas, colocándonos en el ambiente adecuado y sin dejar de transmitirnos su opinión, en poco más de 200 páginas. La objetividad no le interesa, todo lo contrario: es un maestro del enfoque y sabe seleccionar la palabra justa para que no quede la menor duda de su postura ante cada situación concreta: criterios siempre contundentes que suele defender con vehemencia. Su prosa agresiva produce una especie de mimetismo que arrastra a una lectura rápida, no hace ninguna falta recrearse en escenas y pensamientos, no hay que desentrañar nada ni sumergirse en divagaciones, todo está claro y es de una sola pieza, esa exactitud añade un gran realismo al relato, seduce al lector y le empuja a leer con interés. También le sacude en lo más hondo, y si eso ocurre hoy día, saturados como estamos de sensaciones fuertes, imaginad como sería a finales del siglo pasado, cuando las mentalidades eran muy distintas y sobre Genet pesaban aún condenas sin resolver. Y es que la razón de la huella que produce su lectura no hay que buscarla en los hechos que narra sino en el gran talento con que los refleja y, sobre todo, en su sinceridad incuestionable.