viernes, 11 de febrero de 2011

Lev Tolstoi: Sonata a Kreutzer

Idioma original: ruso
Título original: Kreitzerova Sonata
Fecha de publicación: 1889
Valoración: Muy recomendable

Al bueno de Lev (o León, con el nombre españolizado) Tolstoi le hemos dado en este blog una de cal y una de arena: pusimos a caldo Ana Karenina y fuimos algo más generosos con Guerra y Paz. Hoy le toca otra vez la zanahoria gracias a Sonata a Kreutzer; y es que, en mi opinión, Tolstoi gana en las distancias cortas, cuando su talento se concentra y se afila en torno a un único tema o conflicto (aunque su capacidad para manejar universos narrativos gigantescos también sea prodigiosa). La muerte de Iván Ilich es una crítica feroz de la hipocesía, la ambición, la falsedad de las clases medias y altas de Rusia, y una reflexión sobre la muerte y el miedo a la muerte; Sonata a Kreutzer es menos social y más psicológico: el estudio detenido de una relación amorosa que se pudre por efecto de los celos.

Estructuralmente, Sonata a Kreutzer es bastante convencional: en un vagón de tren coinciden unos cuantos personajes, entre ellos el narrador principal (del que poco sabemos) y otro personaje, inicialmente misterioso y que luego descubriremos que se llama Pozdnishev. Los personajes comienzan a hablar del amor, como sentimiento y como convención social, y Pozdnishev interviene para decir que el amor no existe; y para probarlo cuenta la historia de cómo mató a su mujer, transformándose así en la voz que ocupa el resto de la novela.

Lo interesante no es por lo tanto la estructura, sino la introspección que realiza después el personaje, en la que narra su vida de soltero depravado (idéntica, según él, a la de la mayoría de los jóvenes); su precipitado matrimonio con una joven de apariencia inocente; y sobre todo la decadencia de este matrimonio, por culpa de la rutina, el resentimiento y los celos, que conducen al crimen. En realidad, el largo discurso de Pozdnishev es una mezcla de narración y reflexión: sobre el poder (destructivo) del deseo carnal, sobre la imposibilidad de alcanzar la felicidad, sobre las pasiones humanas más poderosas.

En conjunto, la narración transmite una sensación de in crescendo: los conflictos se amplifican y profundizan con la aparición de un violinista con el que la mujer de Pozdnishev interpreta la sonata que da título a la obra (y que inspiró la pintura de Prinet que aparece ahí a la izquierda). Las escenas finales, que retratan el crimen anunciado desde el comienzo, son implacablemente descriptivas, minuciosas, terribles. Sonata a Kreuzer no es precisamente una obra optimista ni esperanzadora. Pozdnishev expresa aquí la que parece ser la postura del propio Tolstoi frente a las relaciones humanas: el rechazo de todas las pasiones, y en particular de la pasión carnal, que lleva a la infelicidad y a la insatisfacción. No es probable que muchos lectores actuales se identifiquen con esa tesis; pero sí que es más probable que muchos disfruten con el talento narrativo implacable de su narrativa.

3 comentarios:

María José dijo...

Hola, muy interesante el comentario.
En mi blog acabo de publicar una entrada sobre el mismo libro. Si queres puedes verlo aqui. http://rimelporlibro.blogspot.com/2012/02/la-sonata-kreutzer.html Muchas gracias !!

María José dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Vicente Valdes dijo...

Creo que está en la linea delas últimas obras de Tolstoi donde jhace una critica de la sociedad que le rodea.Es un analisis acido en el que va directamente al grano sin ambages en lo referente a las pasiones del varon y las fatales consecuencias de estas

pasiones desenfrenadas.Para mi gusto demasisdo convencional en el tratamiento del tema que aborda.