martes, 15 de febrero de 2011

Antonin Artaud: Van Gogh, el suicidado por la sociedad

Idioma original: francés
Título original: Van Gogh, le suicidé de la société
Año de publicación: 1947
Valoración: Imprescindible

Reviso mi biblioteca y veo que no son muchos los autores de los que, por distintos motivos y en distintas etapas, a lo largo de mi vida he querido acumular toda su obra. Neruda, Alberti, Borges, Cioran, Camus, Hernández... y Artaud. Aunque de este último, por su extensa y extrañamente dispersa obra publicada en español, nunca sé si me faltan libros.

El que reseño ahora tiene apenas 50 páginas. Dice André Breton:
Antonin Artaud, poco antes de morir, pudo realizar la obra hiperlúcida, la obra maestra indiscutible que es su "Van Gogh". El grito de Artaud -como el de Edvard Münch- surge de las "cavernas del ser". La juventud reconocerá para siempre como suya esta oriflama calcinada.
Pocos libros me han impresionado como este. El largo y complejo ensayo introductorio de Aldo Pellegrini en la espléndida edición de Argonauta, "Antonin Artaud, el enemigo de la sociedad", aporta destellos y revelaciones fundamentales para comprender la personalidad, la poética y la filosofía de un creador inclasificable, maldito reconocido, enfermo y enfermizo, inagotable, teatrero, metahumano, brutal. Dice Aldo Pellegrini:
La obra de Artaud, por encima de toda otra apreciación, debe considerarse inspiradora de una nueva conciencia de la rebelión, afirmada en los valores más hondos del hombre, en oposición a una sociedad esencialmente antihumana. La atracción apasionada que ejerce sobre determinados seres se debe a que constituye la más potente y luminosa forma de disconformismo que haya dado la palabra.
En 50 páginas, Artaud disecciona la obra de Van Gogh, "luminoso" como él, revolucionando la mera crítica de arte hasta un ensayo poético estruendoso, avasallador. Pocas veces dos espíritus se han acercado tanto, a pesar del tiempo y la distancia que los separa, como en este libro. Artaud coge a Van Gogh de la mano y ambos se elevan sobre las palabras, sobre los colores, sobre la lengua, en un baile sin máscaras que los define y los hace inmortales. La obra de Van Gogh se completa con estas páginas. La de Artaud, adquiere sentido en los amarillos solares del pintor.

No se puede reseñar este libro salvo con el libro mismo. Acercaos a él con miedo y vértigo, porque no podría jamás dejaros indiferente, paralelas en su agónico fin como fueron las vidas de sus dos protagonistas. Dice Artaud, en él:
¿Acaso era un loco Van Gogh?
Que quien alguna vez supo contemplar un rostro humano contemple el autorretrato de Van Gogh, me refiero a aquel del sombrero blando.
Pintado por el Van Gogh extralúcido, esa cara de carnicero pelirrojo que nos inspecciona y vigila; que nos escruta con mirada torva.
No conozco a un solo psiquiatra capaz de escrutar un rostro humano con una fuerza tan aplastante, disecando su incuestiobale psicología como con un estilete.
(...)
Mejor que cualquier psiquiatra del mundo, el gran Van Gogh situó así su enfermedad.
Todavía es el día, debo confesar, después de haberlo leído y revisado cientos de veces, en que este libro, con solo tomarlo entre las manos, me hace temblar como un manual de hechicería, como una palabra mágica. Porque, entre otras cosas, tiene el poder de revivir, al posar los ojos sobre él, la memoria de dos hombres irrepetibles: a mi lado Artaud, a mi lado Van Gogh, durante los milenios que tardan en leerse estas 50 páginas.

También de Artaud: Heliogábalo o el anarquista coronado.

1 comentario:

Jaime dijo...

Iván, añado la mención del otro libro que habíamos reseñado de Artaud (y ese 'habíamos' es un plural mayestático como el del Papa). Coincido totalmente contigo: leer a Artaud es como ingerir una droga portentosa que te deja tocado. Me han dado muchas ganas de leer este.