miércoles, 2 de septiembre de 2026
Shintaro Kago: Novia ante la estación y otras historias
martes, 24 de junio de 2025
Shintaro Kago: Ciudades e infraestructuras
sábado, 14 de junio de 2025
Shintaro Kago: La formidable invasión mongola
martes, 20 de mayo de 2025
Junji Ito: Black Paradox
domingo, 19 de enero de 2025
Haruki Murakami y Makoto Wada: Retratos de jazz
Título original: Potoreito in jazu (ポートレイト・イン・ジャズ)
Traducción: Juan Francisco González Sánchez
Año de publicación: 2020
Valoración: decepcionante
Si acaso piensan que leer todos los libros de Haruki Murakami traducidos al español les llevaría más tiempo que ver todos los capítulos de One Piece, deberían consultar el catálogo de sus obras en japonés. Siendo uno de los escritores japoneses más populares, las editoriales hacen bien en sacarle todo el jugo que se pueda, aunque lleguen a extremos absurdos como publicar libros del estilo “Aprende inglés con Haruki Murakami”. En esa línea, llega a nosotros la traducción al español de textos cortos, a medio camino entre el ensayo y el post de Facebook, donde el abuelo Murakami nos comparte sus ideas sobre el mundo del jazz, tomando como eje de cada texto a un músico icónico de aquella época dorada del jazz norteamericano.
El libro presenta más de 50 semblanzas, cada una acompañada del retrato del músico correspondiente, dibujado por Makoto Wada, un ilustrador que ya había colaborado con Murakami en otras obras y que fue el ilustrador de la portada de la revista literaria Shūkan Bunshun durante más de 40 años. Además, cada entrada incluye la foto de un vinilo, una recomendación para conocer al músico y comprender un poco más lo que Murakami está expresando.Una pregunta que me planteé después de leer algunos capítulos del libro fue: ¿Por qué hacer un libro específicamente para esto? Con las palabras que elegí en el párrafo anterior ya se habrán dado cuenta de que, a mi parecer, este libro bien pudo haber sido un blog (¡ja!) o una cuenta de instagram donde Murakami recomendara los discos que le gustan. Incluso se podrían incluir fácilmente audios y videos, elementos indispensables tratándose de música.
Hablando específicamente del texto, por muy aficionado al jazz que sea (ya todos sabemos que tenía un club de jazz), se nota que Murakami no es músico. A pesar de que este libro no pretende darnos detalles técnicos y que el público objetivo es, al igual que Murakami, aficionados al jazz, la forma en que se abordan estos ‘retratos’ es demasiado superficial. En muchas ocasiones ni siquiera se relatan episodios interesantes de la vida de los músicos, solo impresiones de lo más frívolas: “es indudablemente increíble”, “el bajo era profundo como un bosque”. Murakami llega al descaro de, en el capítulo dedicado a Charlie Parker, ponerse a hablar de otra cosa y, al final, decirnos: “Ah, perdón, ya ni dije nada de Charlie Parker”.
Para no quedarnos en el terreno de lo abstracto, vean cómo se abordan estos temas por el saxofonista y youtuber Jay Metcalf de BetterSax en uno de sus videos ("Top 10 alto sax players of all time"), hablando de Charlie Parker:
Vamos primero con el más obvio, porque sin él, esta lista ni siquiera sería posible. Claro, estoy hablando de Charlie Parker, Bird. Considerado como el padre del Be-bop, el innovador, el instigador, el creador. Es, sin duda, uno de los más grandes genios musicales del siglo XX. Tan adelantado a su tiempo que si tocara al día de hoy, su música sonaría contemporánea. Es irónico que muchos músicos que aparecieron después de él sean acusados de plagiar a Charlie Parker, cuando en realidad, la técnica de Bird es aún inigualable. Hasta donde sé, este es el único video de Bird tocando en vivo (procede a mostrarnos un clip de Parker tocando). ¿Vieron eso? La llave de octava se quedó trabada y la tuvo que regresar a su lugar (a esto me refiero, alguien que sabe de lo que habla puede señalarnos detalles interesantes). Parker tocaba su saxofón personalizado ‘King Super 20’, el cual se encuentra exhibido en el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana (otro detalle interesante). Después nos da detalles más técnicos (tocando algunas partes él mismo). Como les decía, entiendo que este no es el punto del libro de Murakami, pero de no ser así, no entiendo cuál es.
Otro ejemplo notable de un texto desarrollado alrededor de un músico es El perseguidor, de Cortázar. Un cuento increíble, obligatorio para todo fan del jazz.Además, Makoto Wada, el ilustrador del libro, aporta una dimensión visual que podría haber enriquecido la experiencia si se hubiera integrado de manera más coherente con los textos. Personalmente, su estilo naïf no es muy de mi agrado, al menos no en este libro, pero entiendo su atractivo. Sin embargo, a menudo no reflejan la profundidad o complejidad de los músicos (Miles Davis y Stan Getz son representados de manera muy similar). Un estilo más realista o expresivo podría haber complementado mejor los ensayos de Murakami, ofreciendo una conexión más significativa entre la imagen y el texto.
En mi opinión, este libro solo fue un capricho de Murakami y/o un negocio para la editorial. Siendo yo mismo un aficionado al jazz, este libro fue realmente una decepción. Tanto en el texto como en lo visual, Retratos de jazz falla en capturar la esencia de los grandes músicos del género, quedándose en una superficialidad que no satisface ni a seguidores casuales ni a conocedores del jazz.
Otras obras de Haruki Murakami en ULAD: Kafka en la orilla, De qué hablo cuando hablo de correr, Al sur de la frontera, al oeste del Sol, La muerte del comendador. Libro I y II, De qué hablo cuando hablo de escribir, El Elefante Desaparece de Haruki Murakami, Los años de peregrinación del chico sin color, After Dark, Tokio Blues,
sábado, 4 de enero de 2025
Reseña + Entrevista: El palacio infinito, de Shintaro Kago
jueves, 14 de noviembre de 2024
Shintaro Kago: Fraction
sábado, 19 de febrero de 2022
Zoom: Buenas noches, Punpun #1, de Inio Asano
Título original: Oyasumi Punpun (おやすみ プンプン)
Traducción: Marc Bernabé
Año de publicación: 2007 (en castellano, 2015)
Valoración: Bastante recomendable (merece la curiosidad)
Esto del manga, que es una cosa que voy descubriendo un poco a regañadientes, es algo con aristas un tanto extrañas. Así que no nos dejemos engañar por el pollito minimalista que protagoniza el libro (en este caso, el primero de una serie de trece): a pesar de la apariencia esto no es literatura infantil, como no lo son ciertas series o películas por el hecho de ser ‘de dibujos’. Los registros japoneses, por lo que tengo visto hasta ahora, son claramente diferentes de los nuestros, y una de sus características es la fácil transición entre lo que parecería recomendable para niños y lo que de ninguna manera lo puede ser si atendemos a los patrones occidentales.
Hechas las precisiones, hay que decir que Punpun Onodera es un chaval que tendrá unos doce años, un chico normal que no obstante se representa como una pequeña ave, sin más rasgos distintivos que el pico, y brazos y piernas de alambre, como los de un dibujo de preescolar (vamos, acorde con su nombre de pila). Naturalmente, Punpun va a la escuela, tiene su pequeña cuadrilla de amigos y empieza a sentir amores hacia niñas de su clase, es decir, nada fuera de lo usual, de no ser por algún pequeño detalle, como por ejemplo que su anterior amada (que se ha cambiado de cole) es recordada, en una sola viñeta, por obligar a comer arena a la princesita de la clase. Un rasgo turbio que anuncia por dónde van los tiros.
Porque la vida de nuestro pequeño protagonista aviar, sin dejar de ser muy corriente, presenta algunas cosas perturbadoras. De momento, su padre es un borracho en paro que maltrata a la madre, a la que pronto vemos en las urgencias de un hospital. Punpun parece tener muy asumida la situación familiar (más adelante se sabrá que la madre es también de armas tomar), y ello no parece influir demasiado en su vida. En medio de la molicie propia de la edad, examina con sus amigos un video porno encontrado en la calle y, al calor de las escenas, valoran qué será y de dónde procederá cierto líquido blanco que brota de vez en cuando de una parte del cuerpo. Bueno, al tiempo que descubren cómo un extraño individuo les lanza mensajes misteriosos desde la cinta que estaban viendo.
Todo alrededor de Punpun rezuma una rara desorientación: el chico va descubriendo cosas diferentes, aspectos de un mundo adulto que no entiende bien, pero que tampoco parecen hacer mella en él. Sigue con su vida habitual, sus pequeños disgustos y sus grandes aspiraciones (fugarse con su nueva novia a otra ciudad), sin mostrar perplejidad ni miedo, con la naturalidad de quien simplemente sigue avanzando como puede y contempla lo que surge a su alrededor como un fenómeno atmosférico. El desasosiego, la incomodidad y la percepción de estar ante una historia más bien oscura la deja Asano para el lector, que presencia descolocado situaciones que debieran estar sacudiendo la frágil psicología del niño, mientras este se mantiene poco menos que imperturbable.Inquietante es incluso la presencia de Dios, que aparece cuando Punpun le invoca (siguiendo un absurdo ritual aprendido de su tío) para que le ayude a resolver dudas o a tomar decisiones: Dios es un joven negro sonriente y algo desaliñado, al mismo tiempo cachondo y enigmático, que suelta algunas frases más o menos en clave y desaparece poco después. Dios es un tipo raro, Punpun tiene como referencia una familia dominada por el hartazgo, la vagancia y la violencia, y sin embargo en ningún momento deja de ser un chaval corriente, interesado por las cosas más normales.Puede que eso es lo que quiere mostrar el autor convirtiendo al chico en un pollo de parvulario, despojarle de subjetividad para convertirle en un estereotipo, un niño cualquiera que vive en cualquier ciudad de cualquier parte del mundo. O tal vez es la intención de presentar simbólicamente la inocencia del chaval que descubre cada día las sombras y los misterios que la vida adulta le va dejando atisbar. Puede ser algo de esto, o podría ser solamente una ocurrencia, la genialidad de un mangaka como Asano que parece muy dispuesto a saltarse cualquier canon, no solo visual sino también narrativo, porque el relato está sembrado de flashes repentinos que tampoco facilitan una lectura lineal.
Pero lo cierto es que el libro me parece bastante sólido. El dibujo es muy impactante, alternando imágenes realistas de extraordinario detalle con primeros planos que muestran emociones y sensaciones poderosas, y por supuesto la desconcertante presencia de ese pajarito que sabemos que es humano, al que vemos rodeado por un mundo que es hostil, que es difícil, ingrato, aunque él quizá no lo sepa. Y no sabemos si eso es lo mejor o lo peor que le puede ocurrir.
P.D.: El caso es que el ciclo de Punpun tiene un algo atrayente, como mirar a esos rincones oscuros que la vida, también la de un niño, va sembrando por las esquinas. Y no sé, es que dan ganas de seguir leyendo más.
jueves, 13 de mayo de 2021
Usumaru Furuya: El club del suicidio
Título original: Jisatsu Sākuru 自殺サークル
Traducción: Marc Bernabé
Año de publicación: 2001
Valoración: Turbio
No sé si alguien se ha dado cuenta, pero en cuestión de libros disfruto bastante metiéndome en terrenos que no conozco. Si además tengo que escribir una reseña sobre algo que para mí es totalmente nuevo me siento flotar en una atmósfera de libertad absoluta, como un recién nacido que pudiese opinar sobre el mundo que acaba de descubrir. Pienso que los lectores serán indulgentes con mis tonterías, que mi inocencia será salvoconducto suficiente para que todos rían mis ingenuidades y toleren de buen grado cualquier cosa que diga. Luego quizá no sea así, pero esa es mi disposición inicial, y las posibles críticas las aceptaré de buen grado (como siempre) y me afectarán poquito o nada. Esta vez he descubierto algo que nunca había tenido entre manos y puede que nunca vuelva a catar: el manga.
El relato resulta desasosegante, mezclando en proporciones cambiantes elementos realistas y otros algo más fantasiosos. Desde la primera de las perspectivas, nos sumergimos en ese mundo complicado de la psicología adolescente: amistades que ocultan rencores insospechados, grupos inquietantemente uniformes, relaciones tóxicas. En fin, que tampoco nos vamos a poner demasiado graves, estamos en esa etapa complicada en la que se asienta la personalidad y donde, como ya sabemos, algunos caminos llevan a terrenos bastante peligrosos, no digamos en la era de internet.
Sin embargo, la historia gira lentamente hacia terrenos todavía más problemáticos y de mayor confusión, partiendo del control mental y el vaciamiento de la personalidad para llegar, de forma muy gradual y tampoco muy clara, a lo que más parece algún tipo de posesión paranormal (por lo que he podido ver en otros productos japoneses, esto de los intercambios y alteraciones de la personalidad parece que por allí gusta bastante). Curiosamente, este giro le resta dramatismo al relato porque lo descarga de aquellas terribles tendencias de adolescentes reales para acercarnos al campo de lo inverosímil, y está claro que resulta menos perturbador presenciar actos movidos por los hilos de fuerzas sobrenaturales que si responden a situaciones potencialmente reales.
Como decía al principio, reconozco que no me muevo con comodidad en este terreno. A veces me parece estar buscándole cualidades narrativas o fundamentos filosóficos a Zipi y Zape. Un libro como este no deja de ser una opción más, tiene su punto curioso, es cómodo y rápido de digerir, y en este caso plantea algunas cuestiones bastante delicadas. Quizá habría que conformarse con eso y disfrutarlo en lo que se pueda. Porque, oiga, de todo se puede sacar algún partido.


















