viernes, 29 de agosto de 2025
José Luis Garci: Gun Moll (A Hollywood Story)
martes, 24 de junio de 2025
Shintaro Kago: Ciudades e infraestructuras
sábado, 19 de abril de 2025
Marie Darrieussecq: Marranadas
jueves, 16 de enero de 2025
Myke Babylon: Yongüein’s Massacre
¡Qué divertida me ha parecido Yongüein’s Massacre, de Myke Babylon! A fin de cuentas, esta novela corta recuerda a una de esas películas de terror de serie B que tanto me gustan. En primer lugar, porque tiene un asesino gigantesco, una pandilla de jóvenes que devendrán sus víctimas, muertes hilarantes (pienso, por ejemplo, en la del cazador del tercer capítulo), sangre a raudales, sexo gratuito y un final abierto que anticipa una secuela. Pero, sobre todo, porque está claro que, al igual que sucede con muchas cintas de género baratas, los implicados en ella (desde el escritor hasta el ilustrador) se lo han pasado de puta madre creándola.
Trata sobre unos chavales que van de gangstas y deben enfrentarse a un monstruo enorme que acecha la Sierra de Gredos, sorbe los sesos de sus presas y está dispuesto a usar su falo descomunal a la mínima.
Además de a una película de terror barato, Yongüein’s Massacre también recuerda (y mucho) a Bighead de Edward Lee, clásico de la literatura "splatterpunk" donde los haya. No sólo en su planteamiento argumental y estilístico, en su humor negro, en su ambientación rural o en su villano, sino que incluso en la estética de ciertas escenas o en ideas muy concretas. Y aunque normalmente no hay que comparar dos obras de arte, por más que una haya podido influenciar a la otra, creo que en este caso está justificado, porque el homenaje de Babylon es tan evidente como desacomplejado.
Así pues, diría que Yongüein’s Massacre es un calco de Bighead que no llega al nivel de salvajismo, "gore", escatología, truculencia y desmadre del original (si bien quiero aclarar que no escatima en ninguno de estos apartados). Pero, en cambio, es, aún dentro de lo excesivo y trasnochado, una ficción mucho más centrada y focalizada que la novela de Lee, cosa a mi juicio muy positiva. Sea como fuere, recomiendo a los amantes de la literatura gamberra, el terror depravado y el mal gusto experimentar ambas versiones, pues resultan perfectamente complementarias y cada una tiene méritos particulares.
Poco más puedo añadir. Sólo insistir en que Yongüein’s Massacre es (si te gustan estas cosas, por supuesto) una gozada. Una que, si bien no tiene un argumento complejo o un elenco memorable (tampoco es que lo pretenda), sabe hacernos pasar un rato endiabladamente entretenido y sacarnos unas cuantas sonrisas retorcidas. Además, nos obsequia con muertes exquisitamente grotescas y un interesante diseño y origen para su villano (quien conserva un sugerente halo de misterio hasta el final). ¿Qué más puede pedir uno cuando ya se ha tragado casi todo el terror de serie B que tiene que ofrecer el cine, y busca más de lo mismo pero en un libro? ¿Qué más puede pedir alguien que disfrutó de Bighead pero la hubiera preferido menos improvisada?
Ah, no quiero terminar esta reseña sin alabar la edición de Yongüein’s Massacre. Como viene siendo habitual, Colectivo Juan de Madre Presenta nos regala una cubierta extraordinaria y un prólogo estupendo. A dicho prólogo, por cierto, no le quitaría ni una coma. Y es que en él, Valero #01 destaca los paralelismos que hay entre Bighead y Yongüein’s Massacre, a la par que reivindica, con una retórica simpatiquísima, el acto creativo de homenajear a terceros (incluso cuando se hace rozando el plagio).
También de Myke Babylon en ULAD: Aquí
sábado, 4 de enero de 2025
Reseña + Entrevista: El palacio infinito, de Shintaro Kago
viernes, 20 de diciembre de 2024
Edward Lee: Bighead
jueves, 14 de noviembre de 2024
Shintaro Kago: Fraction
martes, 27 de julio de 2010
Beatriz Preciado: Pornotopía
Idioma original: castellanoFecha de publicación: 2010
Valoración: muy recomendable
...O de cómo desvelar las ambiciosas e insospechadas intenciones de Hugh Hefner, el revolucionario del batín de seda. ¿Hefner? -pensaréis-. ¿El mismo anciano risueño que sigue posando rodeado de 'conejitas' en su Mansión Playboy? ¿Acaso hay algo más trivial que la vida alegre del fundador de una revista erótica? Pues en efecto, lo que hace Beatriz Preciado en este libro es precisamente repasar la vida y la obra de este magnate del porno light. Y os diré algo: el resultado es una lección de la mejor teoría contemporánea.
Preciado toma Playboy como si fuera una célula bajo el microscopio y le aplica los recursos interpretativos de la Filosofía última: principalmente, las consideraciones de Foucault sobre las tecnologías de producción de la subjetividad y la teoría de los hábitats de Sloterdijk. Así, lo que parece a simple vista un banal proyecto de entretenimiento se convierte, ante los ojos asombrados del lector, en la punta de lanza del 'régimen farmacopornográfico' en que vivimos -según Preciado-. Hay una serie de hechos que no deben desconocerse para entender este diagnóstico.
Playboy nace en 1953 como una mera revista con fotos de chicas desnudas, sí, pero pronto se va desarrollando a su alrededor un archipiélago de espacios con unas características propias. Primero viene el diseño de un espacio imaginado, publicado en la propia revista: el Ático Playboy. Después, a su imagen y semejanza, se construye la Mansión Playboy en Chicago (1959), modelo de todos los Clubs Playboy que se abrieron por todo el planeta. A esta siguieron la Mansión Playboy West en Los Ángeles (actual domicilio de Hefner) e incluso el avión privado Big Bunny (el Gran Conejo). Según Preciado, esta proliferación de espacios dedicados a la promiscuidad masculina heterosexual tiene un claro enemigo: la típica casa familiar de los suburbios americanos.
Al ofrecer un contramodelo del espacio familiar predominante en los 50 Hefner pone en crisis los roles de género y los modos de sexualidad que le estaban asociados. Sus casas para solteros reivindican para el varón la esfera privada que hasta entonces era reservada a la mujer, pero, al mismo tiempo, la modifican sustancialmente (para evitar cualquier riesgo de feminización). El resultado son espacios des-domesticados, concebidos como emisores y receptores de información y centros de producción de placer altamente tecnológicos. Convirtiendo sus mansiones en platós de televisión, Hefner inventó los realities que ahora nos invaden y anticipó la provisión de cibersexo a través de webcam. El actual declive de su emporio sólo se debe al éxito universal del modelo que inventó.
Preciado analiza las implicaciones del archipiélago Playboy con un rigor admirable y una prosa elegante y precisa. Decir que merece ser finalista del Premio Anagrama de Ensayo se queda corto.
También de Beatriz Preciado en ULAD: Testo Yonqui











