domingo, 11 de noviembre de 2012
Reseña interruptus: Contraluz de Thomas Pynchon
Título original: Against the day
Año de publicación: 2006
Valoración: decepcionante
Esta, queridos amigos ULADianos, es la reseña de un fracaso, pero no sé muy bien si de un fracaso mío o de Thomas Pynchon. El caso es que no he conseguido terminarme Contraluz. Empecé a leerla con mucho ánimo; luego la fui abandonando poco a poco para dedicarme a otras lecturas; y ahora mismo ya tengo que reconocer que me da una terrible pereza retomarla, y que es mejor reconocerlo: no voy a seguir leyendo. Que conste que considero a Thomas Pynchon un gran escritor, uno de esos eternos candidatos al Nobel con toda justicia atendiendo a su originalidad: V es una novela alucinógena que en cuanto a exigencia está al nivel de los libros más exigentes, pero que, precisamente por su ambición y su imaginación desbordada, me atrapó; La subasta del lote 49, más breve, pero igualmente psicodélico, es una lectura recomendable para enfrentarse a este autor; no he leído El arco iris de gravedad, que algunos consideran su obra maestra.
Describir una novela de Thomas Pynchon nunca es fácil; usando una analogía (que será imprecisa como todas las analogías) se podría decir que Pynchon hace con la novela lo que Schöenberg con la música sinfónica: la despoja de algunos de sus elementos más reconocibles (la armonía, la melodía; la trama, los personajes como seres complejos psicológicamente) y resulta por eso mismo desconcertante e incluso desasosegante. Más que con una estructura narrativa, Pynchon juega con temas y resonancias que se repiten aquí y allá, y con distintos niveles de realidad que se entrecruzan en el texto. A todo esto se añade una ironía y un humor juguetón (los nombres de los personajes son a menudo notoriamente ridículos) y muchas veces paródico (en el original inglés, por lo que se lee, se incluye una alternancia de estilos literarios que me temo que se pierde, o se atenua, en la traducción española).
En Contraluz algunos de estos temas son la duplicidad (de identidades, de nombres, de situacione), simbolizada especialmente por el espato de Islandia, un misterioso mineral que permite refractar la luz y acceder a dimensiones paralelas; la relación entre luz y energía, con el inventor Nicola Tesla como invitado de honor; o el tema de la venganza, que domina la relación entre muchos de los individuos que pululan por la novela.
La construcción en forma episódica, saltando de una localización a otra (literatura cosmopolita, sin duda, la de Pynchon) hace difícil seguir a tantos personajes (más bien nombres, o "actantes", en el sentido de que hacen o les suceden cosas pero escasamente parecen portar una personalidad individual), de manera que la atención del lector debe centrarse en cada pasaje particular, renunciando casi por completo a intentar abarcar el conjunto. Así, uno puede seguir con interés las aventuras de "Los chicos del azar" o de los Traverse, para luego perderlos de vista durante muchas páginas, y volver a encontrarlos
El problema, diría yo, es que esta peculiar técnica de escritura solo funciona con una de dos condiciones: o que cada uno de los episodios sea verdaderamente seductor y mantenga la atención del lector (caso de V); o que la novela sea lo suficientemente corta como para terminarse antes de agotar al lector (caso de La subasta del lote 54). Contraluz no cumple ninguna de las dos condiciones (son más de 1000 páginas con páginas divertidas y otras que no llevan a ningún sitio especial), lo que conduce al fracaso. Lo que no sé es si al fracaso de Pynchon o al mío...
También de Thomas Pynchon en Unlibroaldía: Vineland, La subasta del lote 49
miércoles, 28 de noviembre de 2018
Thomas Pynchon: Un lento aprendizaje

Son cinco relatos en orden cronológico de escritura, y el Pynchon más relacionado con su obra en formato largo no asoma hasta el tercero. Ahí empiezan a surgir trazas de su estilo posterior: nombres extraños, situaciones surrealistas, relaciones turbias, aunque el formato corto justifica y casi requiere de esa disipación, los dos primeros pueden considerarse apuntes de escritor en ciernes, con un aroma situacionista que podría relacionarlos con Carver o hasta con Capote o Salinger, y los tres siguientes ya pueden considerarse partes del universo creativo de Pynchon, con sus pros y sus contras. Sus pros: un enorme respeto por la forma, un uso del lenguaje a pleno rendimiento, con fragmentos que no contienen ni una coma fuera de su sitio, que abarcan cuestiones y detalles de las que muchos son incapaces en capítulos y capítulos. Y sus contras: esa densidad es a veces inhumana, difícil ya no de comprender sino incluso de seguir. Así que se puede empezar por asistir a una especie de recepción, ser un grupo de niños que parezca una guisa del club de los cinco. Pynchon decide dónde lleva al lector y eso no siempre es un lugar agradable. Los dos primeros cuentos apenas apuntan esas maneras, aunque sean dos historias solventes, sobre todo el primero, quiero decir, recordad el autor del que estamos hablando, tienen recorrido como historias, tienen personajes que parecen el mismo al final del relato que al principio, tienen una intención narrativa directa.
A partir del tercero, muy adecuadamente titulado Entropía, veinte páginas de situaciones vecinales extrañas llenas de citas culturales de distinta índole, el estilo del escritor ya es plenamente reconocible hasta llegar a La integración secreta, brillante texto que a ratos parece de aventuras, a ratos surrealista, siempre fiel al peculiar modo de escribir del elusivo escritor. Impecable en las formas, críptico en el fondo, inclasificable en la combinación de los dos factores y, para mí, que sigo coleccionando sus libros a la par que las experiencias extrañas en sus lecturas, aún inescrutable e inexplicablemente, pidiendo a gritos una segunda lectura.
Otras reseñas de Pynchon en ULAD: aquí
lunes, 20 de mayo de 2013
Thomas Pynchon: La subasta del lote 49
Traducción: Antonio-Prometeo Moya
Pocas veces (recuerdo La ciudad de Mario Levrero) me había sentido tan desesperantemente confuso leyendo una novela. Por añadidura es una confusión que no induce al caos, sino al bostezo.
A punto he estado de consultar en Wikipedia acerca de los primeros experimentos con LSD en relación a la fecha de su publicación. Quizás hubiera cuadrado algo. Me hubiera gustado.
domingo, 20 de diciembre de 2020
VVAA: Thomas Pynchon
Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: muy recomendable
Perdonaréis los lectores que aproveche esta reseña para analizar un poco mis hábitos de lectura e incluso mi comportamiento ante ciertos retos. Unas breves frases confesionales y ya paso a lo que os interesa. Hasta la fecha, ninguno de los cuatro libros de Pynchon que he leído (una colección de relatos y tres novelas) me ha entusiasmado. Incluso con el primero, La subasta del lote 49, tuve un serio encontronazo con muchos lectores, cuyas consideradas, pero razonadas, réplicas a mi valoración (intragable) me obligaron a plantearme si no había leído la novela demasiado a la ligera.
A pesar de lo cual, no solamente lo he seguido leyendo y haciéndome con toda su obra, sino que pienso llegar hasta el final. Leeré todas sus novelas y mi opinión la basaré en esa experiencia sin dejar cabo suelto alguno.
Por supuesto, la tentación de un libro dedicado a su obra como es este Thomas Pynchon era demasiado poderosa. Incluyendo firmas como Jon Bilbao o Rubén Martín Giráldez, no hay duda alguna de que buenos escritores escribiendo con total libertad sobre ese mito viviente (mito por los motivos que sea, incluyendo, por supuesto, la enorme carga de morbo que acarrea el misterio en torno a su persona) como son los autores de los artículos que configuran este brillante texto, no solo son un gancho si el escritor (tentado estoy de llamarle "el personaje") te interesa. Casi es un recorrido no exento de ironía por los resortes que convierten a un escritor de vocación artísticamente minoritaria, nada más alejado del mainstream literario por mucho que nos parezca, en una figura de culto, en una especie de icono popular capaz de apelar menciones en series televisivas, en una estrella brillante en un firmamento a veces demasiado embarullado. Aquí los escritores han de ser a la vez críticos, columnistas, tertulianos, guionistas, redactores anónimos de lo que vaya saliendo, y vete a saber si camareros para ganarse la vida. Pynchon solo aparece a través de su obra y de fugaces apuntes y eso le ha permitido seguir adelante pero, claro, hablamos de Estados Unidos y una poderosa industria editorial que sustenta a toda clase de autores, y elevarse a ese status levantando admiración, la suficiente para dar para varios estudios y mantener un ejército de fans digamos que irredentos, aunque me da a mí, puede que sea mi caso, que para ser fan de Pynchon hay que pasar una especie de período de adaptación que podría certificarse con un examen para ver si se han comprendido sus novelas y se ha captado un porcentaje significativo de su multitud de referencias.
Y Thomas Pynchon, el libro, es hasta Pynchoniano en su afán. Textos que lo ensalzan, textos que hablan de las conexiones entre sus obras, textos que estudian en profundidad alguna de ellas, textos que se atreven a convertirse en complementos a sus novelas (aquí tenemos una nueva andanza de Doc Sportello), algunos más académicos, algunos (dejad que destaque a Jon Bilbao) más osados en lo creativo, algunos casi informativos - uno habla del tráfico generado en la Wikìpedia por sus seguidores y de las Wiki-páginas dedicadas a sus novelas - otros que son semblanzas de sus novelas más célebres, todo teñido de un espíritu gozosamente literario, no despojado de un sentido irónico que tiene su culmen en la intervención de ese rara avis que es Rubén Martín Giráldez: en su artículo aún no me ha quedado claro si Mason y Dixon le gustó o la considera un proyecto fallido (casi me pasó lo mismo, lo expliqué en la última Tochoweek). Con lo cual resulta, tildadme de sacrílego, que un estudio o un compendio de artículos sobre Pynchon, casi me ha parecido más digerible en su variedad y en su heterogeneidad de planteamientos, que sus propias novelas. Que seguiré, por supuesto, comprando y leyendo. Lo cual no deja de ser, también, bastante Pynchoniano.
viernes, 25 de agosto de 2017
Thomas Pynchon: Vicio propio
En fin: el terrible lastre de Vicio propio es querer combinar una trama más propia, lo dicho, de Ellroy o de Chandler, con los erráticos hábitos narrativos de Pynchon. Seguro que no hay un solo párrafo que no pueda extraerse como ejemplo de la meticulosidad del hermético escritor, pero a la vez el lector confía en que todos esos rastros más o menos mundanos acaben llevando a un lugar seguro y concreto, como si por un momento nos olvidáramos de que quien firma esta novela no es precisamente alguien que vaya a ponerlo fácil. Y no. De hecho, como poniendo a prueba nuestra paciencia (en mi caso, con 60 últimas páginas casi interminables), a tres páginas del final aún surgen esporádicamente nuevos personajes.
lunes, 20 de julio de 2020
Tochoweek IV #1 -Thomas Pynchon: Mason y Dixon

Porque está claro que intentar abarcarlo todo sería estúpido: Mason y Dixon es la creación de un escritor meticuloso que no comete un error en ninguna frase, cuyos párrafos más floridos (los hay a cientos) servirían de ejemplos rutilantes para cualquier virtud literaria objetiva; así son de imaginativos, de ricos en expresiones, en rigor histórico, en ambición. Cada capítulo, más de 70, parece una escena concluyente en un opus planificado, parece, para mostrar un momento clave en el nacimiento de esa gran nación tan cohesionada y poderosa que se atreve a asignarse a sí misma la representación de todo un continente. Algunos personajes son extraídos de la realidad y les es asignada su participación en hechos para que cuadren con esa gran historia subyacente, la de un par de tipos llevando a cabo el encargo y encontrándose gente a su paso, ya desde su salida en barco desde Inglaterra. Parece ser que el complemento perfecto para disfrutar del libro es empaparse bien de la historia de la época y reconocer a alguno de los personajes (supongo que eludiendo a la pata mecánica que vuela a toda velocidad y al reloj que habla, antes del iWatch) en los cometidos reales que les ha deparado la historia. Pero es curioso, tantas páginas, y mi lectura del libro no me ha deparado empatía con sus protagonistas. No puedo decir que los he comprendido cuando a duras penas he llegado a distinguirlos. Supongo que es premeditado, que Pynchon (mencionemos otra vez el post-modernismo, venga) no quiere estructuras narrativas clásicas. Que sus referencias a personajes como si le conociéramos de toda la vida (cuando irrumpen en cualquier momento) no son más que finas alegorías a la imprevisibilidad y a la propia complejidad de las sociedades. Vale, aceptemos eso y renunciemos a parámetros clásicos. Mason y Dixon, planteada esa circunstancia, es legible, es disfrutable, deleitable y placentera, incluso el final, las últimas páginas, que parecen desarrollar una conclusión de tono solemne. Disfrutable en sus partes, en frases y párrafos, pero casi refractario en su conjunto, cuando nos preguntamos si ese esplendor en la forma combinado con esos conceptos subyacentes en el fondo no son muros ante el lector, más que puentes hacia el lector, cuestión que me temo que no soy capaz de dilucidar,
martes, 20 de noviembre de 2012
Thomas Pynchon: Vineland
A estas alturas, ¿qué esperamos de una novela? Probablemente, no mucho. Las grandes aventuras literarias pasaron a la historia. Se han convertido en clásicos y ya no sorprenden a nadie. La comodidad se ha adueñado de las plumas, de los sofás y los despachos, nadie quiere ya molestarse mucho en emprender algo costoso de hacer y consumir asumiendo los riesgos que supone poner en circulación una obra con inciertas garantías de éxito. Al enorme bazar en que ha llegado a convertirse lo literario le conviene más acostumbrar a los lectores a una serie de esquemas trillados tanto en contenido como en forma. De ahí que la escasa (o ninguna) rebeldía y la ausencia de experimentación constituyan la mayor parte de la cosecha ficcional de las últimas décadas.
No voy a hablar de Pynchon porque, ni conozco suficientemente su obra ni tengo intención de repetir aquí el puñado de frases con que suelen referirse a él y a sus escritos. Quien tenga interés que las busque. Me ceñiré, pues, a Vineland. Una novela poco recomendable para quien no quiera complicarse demasiado la vida, porque Pynchon terminará, quiera usted o no quiera – a no ser que interrumpa la lectura – arrastrándole a un apasionante e incierto viaje a través de tierras imaginarias, tiempos futuros o espacios terrenales habitados por no-vivientes, de la mano de inolvidables personajes, tiernos o crueles, desorientados de una forma u otra, marginados a veces, siempre marginales.
La postura política del autor es diáfana, su intención crítica también, sus destinatarios, aquellos que no se sientan demasiado incómodos por sus ataques y se tomen la molestia de seguirle. El lector se trasladará, entonces, a los inquietos 60, con sus experimentos, rebeldías, hallazgos y la consiguiente represión por parte del poder; con constantes avances y retrocesos entre esta época y la de dos décadas más tarde, merodeará por unos Estados Unidos más misteriosos (o mágicos o inexplorados) de lo que son realmente, por un país tan irreal como verdadero en lo más profundo, pues la metáfora desvela todo lo que oculta la superficie. Los personajes no están demasiado definidos, tampoco los lugares ni los hechos. En eso reside parte de su encanto ya que, con unas cuantas pinceladas impresionistas, perfila un paisaje más exacto y reconocible que si lo hubiese retratado detalladamente. Mediante una combinación de fantasía y realidad, que logra a base de superponer elementos esotéricos y pseudocientíficos, nos sitúa en unos años 80 que parecen emerger de siglos futuros pero recrean un pasado que es a la vez presente y que, por desgracia, puede proyectarse en el tiempo.
La trama gira sobre varios ejes: la lucha entre un sector de la juventud y el poder establecido de la época de Nixon – que se prolongará hasta la de Reagan –, los esfuerzos de este poder por introducirse en los grupos rebeldes y corromper a sus miembros más vulnerables, la consiguiente traición a ideales, pareja y amistad; la música y el cine como medios de transformación social, la separación familiar que provocan los hechos – con la nota emotiva a cargo de la joven Prairie, que busca interminablemente a una madre fantasma, engullida por el sistema –; la violencia que generan tanto la represión como la resistencia a esta, así como las derivaciones y consecuencias de todo ello.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Premio Nobel 2012: Hagan sus apuestas
Vamos a proceder por eliminación: a la Academia Sueca le gusta repartir sus gracias con variedad (un año aquí, otro en la otra punta del globo...), así que nuestra primera apuesta, considerando que el año pasado ganó Tranströmer, es que este año el premio no será para ningún europeo, o por lo menos para ningún europeo-occidental (dejamos fuera de las apuestas, por tanto, a candidatos sólidos como McEwan, Magris, Lobo Antunes o Cees Nooteboom). Por el mismo motivo, también apostaría a que este año no va a ganar un poeta (lo siento, Adonis, otro año más que te quedas sin premio).
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| Don DeLillo |
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| Alice Munro |
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| Enrique Vila-Matas |
En fin, que si nos pedís uno o dos nombres, nos quedamos con DeLillo y Pynchon. Pero también es posible que la Academia Sueca nos sorprenda a todos premiando a un casi-desconocido. Mañana lo sabremos...
lunes, 13 de junio de 2011
Don DeLillo: Punto omega
Título original: Point Omega
Año de publicación: 2010
Valoración: Muy recomendable
Si me preguntasen quiénes son los grandes nombres de la novela norteamericana actual, me vendrían a la cabeza Philip Roth, Paul Auster, Thomas Pynchon y Don DeLillo. Roth es el más "clásico" de todos en cuanto a las técnicas y a los asuntos de sus obras; quizás sea también el más denso, el más académico de todos. Paul Auster es un torrente de imaginación, aunque ya se nota cierto agotamiento y cierta repetición de temas y trucos. Thomas Pynchon es un mundo aparte, una revolución literaria en sí mismo, desconectado de este universo en el que vivimos el resto de los mortales. ¿Y DeLillo? Pues es una mezcla de todos los demás, aunque está más cerca de Thomas Pynchon que de Philip Roth; con la diferencia de que él no rehuye los problemas contemporáneos (guerra, terrorismo, pensamiento único, maquinización, aislamiento).
Punto omega es una novela de lo que los críticos (que lo han leído mucho más que yo) han llamado late DeLillo: tramas más sencillas, un estilo entrecortado y minimalista, personajes esquemáticos... También han dicho los críticos (que son mucho más perspicaces que yo) que la novela tiene forma de haiku: empieza y termina con una escena en la que los personakes observan en el MoMA la instalación 24 Hour Psycho, del británico Douglas Gordon, en la que la película original de Hitchcock se ralentiza hasta durar, en su proyección total, 24 horas. Esta lentitud permite percibir detalles que en la versión original pasan desaperibidos. Y esta misma ralentización es la que (dicen los críticos) ha llevado a cabo DeLillo con su narrativa, sin apenas acción.
La recepción de la novela ha sido generalmente positiva, con algunos reproches. Yo me sumo a quienes han alabado la técnica y la personalidad del autor. Los personajes son, verdaderamente, mínimos y casi abstractos, irreales: Richard Elster un oscuro asesor filosófico-militar del Pentágono, retirado después de la Guerra de Iraq; el cineasta Jim Finley, cuyo único producto hasta la fecha es una película hecha con recortes de Jerry Lewis y que ahora quiere filmar una novela de Richard Elster en un único plano-secuencia; y Jessie, la hija del primero, misteriosa y traumatizada, detonante de los únicos atisbos de verdadera intriga de la novela. Los tres conviven en una perdida cabaña en el desierto, viendo, sintiendo y pensando el paso del tiempo a través de sí mismos y de la realidad.
Pero más importante que la historia o los personajes es la prosa de DeLillo, clara pero casi inconexa, "beckettiana" (han dicho los críticos). O la sensación de incomunicación y de inseguridad que transmite la novela. Es corta y no especialmente rebuscada; pero no resulta una lectura fácil: es desconcertante, desasosegante, y no se sabría decir si es meditadamente superficial o infantilmente profunda. Al final, la sensación (más que el mensaje) que transmite la novela es que todos, los personajes y los lectores (y Don DeLillo) estamos solos delante de nosotros mismos, en la vorágine del tiempo que nos ha tocado vivir.
También de Don DeLillo en ULAD: Aquí
lunes, 4 de enero de 2016
Mario Levrero: La Banda del Ciempiés
Año de publicación: 1988
Valoración: recomendable
También de Mario Levrero en ULAD: Trilogía involuntaria, Dejen todo en mis manos
lunes, 24 de septiembre de 2012
Georges Simenon: El ahorcado de la iglesia
Título original: Le pendu de Saint-Pholien
Año de publicación: 1931
Valoración: está bien
Hace (demasiados) años, cuando en el colegio intentaban enseñarnos a "relacionarnos de una forma saludable con el alcohol" (sic) nos hablaban de usar "espaciadores": bebidas sin alcohol intercaladas en medio de las bebidas alcohólicas, para no terminar en coma etílico. No les hacíamos ni caso, claro, pero esa no es la cuestión: a lo que iba es a que yo ahora hago algo parecido, pero con novelas. Entre una novela exigente y otra, o en medio de una novela verdaderamente exigente, me meto con algo más ligero: una novela policiaca, o de terror, o de Terry Pratchett. La novela verdaderamente exigente, en este caso, es Contraluz, de Thomas Pynchon (habrá reseña); y el "espaciador", obviamente, Simenon y su comisario Maigret.
Simenon es casi contemporáneo de Agatha Christie, y sin embargo sus novelas tienen un aire muy distinto. No hay en las novelas del comisario Maigret (por las que Simenon es justamente famoso) no encontramos esos ambientes cerrados, llenos de secretos y sospechas que caracterizan las novelas de Hércules Poirot, por ejemplo. Maigret es un detective de la gran ciudad, París (aunque también viaje en muchas de sus novelas) y Simenon es un autor mucho más costumbrista que Christie, e interesado por ambientes mucho más diversos.
Esta obra en concreto, El ahorcado de la iglesia, es una de las primeras de la serie de Maigret. Quizás de ahí nazca su sencillez narrativa, y su estructura casi lineal. Comienza la novela con un misterio, como debe ser (un joven se suicida con un disparo en la boca después de que Maigret le "robe" una maleta sospechosa), y a partir de ese momento Maigret comenzará su resolución, acumulando pistas en diversas ciudades europeas y haciéndose cada vez más enemigos.
Sin llegar a ser en absoluto un héroe de novela hardboiled, como Philip Marlowe, Maigret es sin duda mucho menos cerebral y mucho más héroe de acción que los más famosos detectives que le preceden, y está más cerca de novelas actuales de tipo procedural (que muestran los procedimientos policiales con una técnica más realista) que de la inteligencia sobrehumana de Sherlock Holmes.
Esta novela, a lo mejor como decía por ser una de las primeras de la serie Maigret, no es nada del otro mundo: es una novela entretenida, poco más. En definitiva, el "espaciador" perfecto para poder seguir luego hincándole el diente a bueno de Pynchon.
Y a ello vamos...
Puede interesarte también: La literatura policiaca
También de Georges Simenon en ULAD: La viuda Couderc, La muerte de Belle
martes, 1 de marzo de 2016
¡¡¡7 AÑOS 7!!!
-Andrés Camillero (venerable y longevo escritor piamontés): "Esperen antes de cerrar este blog: tengo preparados unos borradores de listas de la compra que estoy seguro que estarán muy interesados en reseñar".
-Daniel Epitecandepeich-Gromenauer (testimonio vía médium de reconocido escritor de referencia fallecido, que vende apenas unas centenas de libros): "Gran confianza en este blog. Mi obra póstuma e inédita (pues no llegué a empezarla), titulada 'No se me ocurría ningún título largo e intelectual para mi próximo libro, así que decidí no escribirlo y a tomar viento' ya me han garantizado que será libro del año 2017".
-Helena Ramistein (editora de la editorial Tresalcuarto): "Son insobornables. Ya hemos intentado comprar buenas reseñas ofreciéndoles dinero, sexo, viajes al Caribe y no han aceptado, excepto tres o cuatro de ellos. Bueno, en realidad lo han hecho casi todos, los muy..."
-La plastilina de Rajoy (blog literario de referencia): "Estoy harto de ellos... no hacen más que copiar mis lecturas, de la forma más descarada: si yo reseño a Gaddis, ellos también a Gaddis. Que si a Pynchon, ellos a Pynchon. A Foster Wallace, al que sea... al final me he visto obligado a leer libros de tipos desconocidos y que no me gustan un pimiento, a ver si así... y ni por ésas".
-Destripalibros (blog literario de referencia): "Un poco pesaditos, ¿no?, con eso de reseñar un libro al día.... lo que sea con tal de dejarnos mal a las demás. Además, seguro que se limitan a tirar del corta y pega, como hacemos tod... eh, estooo: muy buena gente, sí señor... ¡Zorionak, chavales!"
-Basmo (veo faltas y me da un pasmo) (corrección de textos y tendencia al romanticismo crepuscular): "Todos los reseñadores van a los exámenes de septiembre."
-Karkoma (hater): "Les odio. Les aborrezco. les detesto. Les abomino. Les execro. Les desprecio. Les desdeño. Les maldigo. Les escupo. Les..."
-Anónimo (seguidor): "No me atrevo a dar mi nombre porque me han dicho que son como una mafia, que no perdona las críticas... Un conocido de un conocido mío que se atrevió a firmar un comentario con su verdadero nombre, se despertó una mañana con un Quijote decapitado entre las sábanas... Ha tenido que dejar el país, por si acaso".
Y tranquilos todos, amables lectores y seguidores: mañana vuelven las estupefacientes y chiripitifláuticas reseñas de Un Libro Al Día... ¡hasta el Infinito y más allá!
miércoles, 5 de octubre de 2011
Premio Nobel 2011: hagan apuestas
Estos son algunos de los (eternos) candidatos al Nobel de Literatura:
Adonis: poeta de origen sirio, candidato al Nobel desde hace una eternidad, este puede ser su año entre otras cosas por los aires de cambio en el mundo árabe: a los académicos suecos les encanta hacer ese tipo de gestos y demostrar que están "implicados" con los acontecimientos. En todo caso, que esta circunstancia externa le pueda favorecer no le resta ni un gramo de valor a su obra poética, sugerente y amplísima.Philip Roth: aunque su obra sea algo irregular en los últimos tiempos, tiene "fondo de armario" (El lamento de Portnoy, Me casé con un comunista, La mancha humana, Pastoral americana, Elegía...) como para justificar de sobra el premio. Además, hace bastante tiempo (desde 1993) que un escritor estadounidense no se lleva el Nobel. Claro que entre los candidatos hay otros compatriotas suyos igualmente bien posicionados...
Cormac McCarthy: Un autor que se ha hecho conocido para el gran público gracias, diría yo, a las adaptaciones cinematográficas de La carretera o No es país para viejos, pero al que la crítica reconoce sus méritos desde hace tiempo. Con un estilo simple y cortante, ha reflejado la realidad de los Estados Unidos (entre otras cosas) con crudeza y sin tapujos.
Thomas Pynchon: junto con Don DeLillo (otro posible candidato) es el gran experimentador de la literatura estadounidense contemporánea. Obras como La subasta del lote 49, V o El arco iris de gravedad representan una revolución narrativa única en su país y en su época. Si le dan el premio, será interesante ver si Pynchon (alérgico como pocos a cualquier acto público) acude a recogerlo...
Tomas Tranströmer: reconozco que no he leído nada de este autor sueco, que sin embargo aparece año tras año en las quinielas para el Premio Nobel. Es poeta, como Adonis, lo que puede beneficiarle si el Nobel decide romper con una racha de cinco novelistas seguidos...
Ko Un: Otra confesión: acabo de oír hablar de este escritor por primera vez ahora, hace diez minutos. Por lo que leo en la Wikipedia (en inglés: la Wikipedia en español ni siquiera tiene un artículo para él), es un poeta surcoreano, activista en favor de la democracia en su país (un punto positivo para él, según los criterios habituales del Nobel), antiguo monje budista, suicida frustrado por partida doble... En fin, puede ser el "tapado" de las quinielas, y a los suecos también les gusta dárselas de originales de vez en cuando...
Haruki Murakami: Que conste que lo incluyo solo porque aparece mencionado en algunas listas. Pero yo estoy en contra. Entre "muy en contra" y "absolutamente en contra". Sí, Murakami escribe bien, tiene un gran éxito de público, es relativamente original... Pero para mí, su obra no está ni de lejos a la altura de los grandes: es repetitiva, facilona y superficial (toma ya). Como le den el Nobel a Murakami, me pego un tiro. En el pie.
miércoles, 11 de mayo de 2016
Tom McCarthy: Satin Island
También de Tom McCarthy en ULAD: Residuos
martes, 9 de julio de 2019
Enrique Vila-Matas: Esta bruma insensata
Año de publicación: 2019
Valoración: Entre Recomendable y Está bien
Todas las reseñas sobre Enrique Vila-Matas en ULAD: aquí
lunes, 31 de diciembre de 2012
Lo más de 2012
En ULAD queremos hacer nuestro propio resumen del año, y por eso hemos pedido a nuestros colaboradores (o sea, nos hemos pedido a nosotros mismos) que escojan lo mejor y lo peor de su particular año lector. Estas son sus respuestas:
Francesc Bon
Mejor libro de 2012: Plegarias nocturnas de Santiago Gamboa
Mejor clásico: A sangre fría de Truman Capote
Tesoro escondido: Rompepistas de Kiko Amat
Mayor decepción: El niño perdido de Thomas Wolfe
Leeré seguro en 2013: Ciudad abierta de Teju Cole
Montuenga
Mejor lectura de 2012: Vineland de Thomas Pynchon
Mejor clásico: La condición humana de André Malraux
Tesoro escondido: La cuadratura del círculo de Gheorghe Sasarman
Mayor decepción: El cielo de Madrid de Julio Llamazares
El que más me ha costado acabar: La tejedora de sombras de Jorge Volpi
Santi
Mejor libro leído este año: Todo se derrumba de Chinua Achebe
Mejor clásico: El buen soldado de Ford Madox Ford
Tesoro escondido: Mi planta de naranja lima de José Mauro de Vasconcelos
Mayor decepción: Diario de invierno de Paul Auster
El libro que se me atragantó: Contraluz de Thomas Pynchon
Iván
Libro Descubrimiento: Hace cuarenta años de Maria Van Rysselberghe
Libro más recomendado: Compañía K de William March
Autor con quien no he podido: Mo Yan
Autor al que he dedicado más tiempo: J.M. Coetzee
Libro Hostia: La jungla de Upton Sinclair
Primera lectura para 2013: Chavs. La demonizacion de la clase obrera de Owen Jones (y lo que siga escribiendo)
Por supuesto hay otras listas, pero estas son las nuestras. Estaremos encantados de leer las vuestras en los comentarios...
jueves, 25 de julio de 2013
William Gaddis: Gótico carpintero
También de William Gaddis en ULAD: Ágape se paga, Los reconocimientos
martes, 7 de marzo de 2017
Reseña a muchas manos + Entrevista. Iván Repila: Prólogo para una guerra

Año de publicación: 2017
Valoración: fuera de concurso
Otros libros de Iván Repila reseñados en Un Libro Al Día: Una comedia canalla, El niño que robó el caballo de Atila















