lunes, 4 de enero de 2016

Mario Levrero: La Banda del Ciempiés

Idioma original: español
Año de publicación: 1988
Valoración: recomendable

Debo llevar ya un tiempecito por aquí. Porque ni recordaba que, a cuenta de cierta reseña de Pynchon, mencioné a Levrero y me pareció haber establecido un vínculo algo forzado. Pero no. La lectura de La banda del ciempiés me hace incidir en esa relación, y cada detalle lo confirma. Levrero ubica su narración (no lo sabemos hasta casi el último momento, pero los nombres de los personajes hacen que pronto lo intuyamos) en la anónima ubicuidad de una ciudad estadounidense. Levrero combina nombres para sus personajes que son a la vez cercanos y ajenos. Levrero juega con el tiempo. Proyecta futuro, planea, describe destinos reales e imaginarios. Va hacia atrás y hacia adelante con la única limitación de lo que le exige su intuición.
La Banda del Ciempiés es un grupo de personas que periódicamente, toma cuerpo en algún lugar público y perpetra crueles fechorías al amparo del azar. Pero nadie investigará quiénes son si no hay un encargo explícito para ello. El encargo se produce. Molly, joven vendedora de violetas, se muestra dispuesta a ello, lo que pone en marcha a la agencia Trailler de detectives.
Hasta aquí la premisa de esta novela que podemos considerar una "trama" en el sentido convencional. Porque es solo un punto de partida para que Levrero someta al lector a una desquiciada carrera de obstáculos donde va a encontrarse de todo. Y todo es todo. Secuestros, torturas, desapariciones, crueldad, intriga política, persecuciones, sexo correcto y sexo muy incorrecto, conflictos diplomáticos resueltos a base de mutilaciones, operaciones para alterar los rasgos, nuevas identidades, corrupción, manipulación de los media, inacción policial. Las 190 páginas dan para eso y bastante más, pero, recordad que mencioné a Pynchon, no exijamos que ese tour de force (relativo: la prosa de Levrero es fluida, asequible, poco amiga de andarse por las ramas) sea marcado por la coherencia. Los saltos en el tiempo y el cierre abrupto de alguna historia pueden acabar trastocando a más de uno. En un brillante juego metaliterario, Levrero dedica un último capítulo a autorecriminarse de alguna forma los asuntos que no han quedado cerrados. Pero la sensación de redondez persiste dentro de su disparidad. La Banda del Ciempiés reúne en su dispersión la condición de un trip alucinado que puede leerse en diferentes niveles. Podría situarse la obra en su espacio físico. Un escritor uruguayo escribiendo en Argentina en 1988, ambos países convalecientes de recientes períodos dictatoriales que debieron contar con pasajes evocadores de algunas de las escenas del libro. Tipos que desaparecen tras ser metidos en coches. Caos callejero, revuelta. Podría, cuestión ligeramente tratada en La ciudad, y confirmando la influencia de Kafka en la obra de Levrero, interpretarse en clave de una figura que se repite en muchas situaciones: el individuo solo, agobiado, en peligro, aplastado por una maquinaria o por un colectivo e incapaz de llegar a buen término sin ayudas externas. Son varios los personajes que parecen querer optar por la reinvención.
Levrero ha conseguido suscitar mi interés por su obra. Una obra que ha de ser extraña y difícil, a tenor de lo que leo y en función de los curiosos títulos de algunas de sus novelas. Espero sugerencias de quienes le conozcan.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Aquella con la que empecé y me llamó la atención fue "La ciudad" para luego llegar a la que me enganchó a su obra y que recomiendo a todo el que pase a mi lado: "El lugar". Luego han venido, poco a poco por decisión propia para saborearlo durante más tiempo, obras tan magníficas y de diferente magnitud como su gran "novela luminosa" (obra escrita en su madurez, diario que debe de ser leído y que me resultó demasiado cercano), "dejen todos en mis manos" o "fauna-desplazamientos", la reseñada "la banda de los ciempiés", "el alma de gardel" y "parís" y "nick carter" (siendo estas las más flojitas, a mi entender). Y aun queda pero poco a poco.

Anónimo dijo...

Recomiendo leer "La ciudad", "Paris" y "el lugar", en ese orden, que fue lo que el denomino "la trilogia involuntaria". Las tres novelas comparten (involuntariamente segun el autor) tematicas similares, donde la realidad es un sueño, o vicecersa.

Francesc Bon dijo...

Quizás vuelva a leer "La ciudad", que leí hace unos años y me dejó algo desorientado. Gracias por los comentarios.

Anónimo dijo...

Cuando Lei "Levrero", me emocione.
Recomiendo leer "Dejen todo en mis manos"!

Unknown dijo...

No puedo con "La novela luminosa". Aunque me la pongan de "obra maestra". Tengo que puntualizar que sólo llevo 200 páginas. Pero aquí lo dejo. Pensaba que había comprado otra novela, el mero título me resulta fraudulento. Para mí, debería titularse "El diario infumable de las pequeñas sicopatologías y dolencias de un señor mayor en cuya vida apenas pasa nada". Aburrida, llena de lugares trillados y pletórica de nimiedades. La vida de casi cualquiera es más novelable que la de esta autor. Lenguaje y estilo correctos, nomás, a estas alturas exijo otra cosa. Vida nimia, diario soporífero, escritura tibia. No es que yo minusvalore el género "diario", es un género más, excelente, bueno, malo o regular. Pero... ¿una novela luminosa?
Perdón, eso es otra cosa.

Francesc Bon dijo...

Vaya: estoy tanteando dedicar un rato a otro Levrero. En fin, hay donde elegir, por eso. Gracias por el comentario.