Título original: Kirmizi Saçh Kadin
Traducción: Anna Turró en catalán para Més Llibres y Pablo Moreno González en castellano para Random House
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable
Como no podía ser de otra manera, en ULAD ya teníamos reseñadas algunas obras de Orhan Pamuk, aclamado escritor y ganador del Nobel en 2006, pero también es cierto que hace ya unos cuantos años desde nuestra última reseña de una obra suya, así que ya tocaba volver a destacarlo en este espacio y recuperarlo en nuestra memoria.
En este libro, el autor turco nos cuenta una historia interpelando directamente al lector, pues el protagonista nos narra en primera persona su intención o voluntad de ser escritor, aunque admite que «después de los hechos que me dispongo a describir, estudié ingeniería geológica y empecé a trabajar de contratista». Así, la historia traza un arco temporal de cerca de treinta años y, en clave retrospectiva, nos ubica en aquellos tiempos pasados, cuando en 1984 vivía con su familia en un apartamento en medio de Gebze, cerca del palacio otomano de Ihlamur. Allí ayudaba a su tío en los campos de cerezos y melocotoneros intentando ganarse un sueldo antes de ingresar de la academia cuando en los terrenos colindantes con los árboles frutales se encuentra con unos operarios excavando un pozo de agua, hecho que le asombra y le despierta curiosidad hasta el punto que le ofrecen un trabajo de dos semanas consistente en que cavar un pozo de agua en las afueras de Estambul con el propósito de poder abastecer la futura fábrica que se construiría en esas tierras. El chico acepta el trabajo bajo las órdenes de Mahmut, quien se encarga de supervisar y guiar al joven en ese arduo trabajo de jornadas muy largas que a menudo terminan en el pueblo vecino, donde el joven va a hacer la compra y donde de manera fortuita conoce a una joven de pelo rojo por la que queda absolutamente cautivado. A medida que comparten las horas en la excavación del mozo, maestro y alumno fortalecen su relación de manera que Mahmut ejerce como maestro y guía para el joven, estableciéndose entre ellos una relación cercana a la paternofilial, tal y como reconoce el propio Mahmut al decirle «si quieres ser un buen aprendiz, tendrás que ser como un hijo, para mí».
Leyendo el libro, en seguida percibimos las características del estilo del autor: el uso de un lenguaje muy accesible en una narración centrada en los personajes y, especialmente, con el claro propósito de construir una historia de manera firme, sin fisuras ni altibajos. Así, en la lectura, uno se siente cautivado por las hazañas y aventuras que experimenta el joven en compañía de su maestro y que nos permite constatar la capacidad del autor propia de los grandes contadores de historias: el dominio del arte de la narración a través de un ritmo constante y una gran amplitud de detalles que facilitan la empatía con sus personajes y el interés en el desarrollo del relato. Así, y a pesar de ser un libro en el que la historia sucede aproximadamente en la actualidad, el estilo del autor se asemeja más a una fábula o un cuento milenario más que un relato contemporáneo, secundado por sus continuas referencias al «Libro de los Reyes» y a «Edipo rey» o cuando, en un evidente paralelismo confiesa que «cuando padre me abandonó (como Rostam abandonó Sohrab) y se fue a prisión y, más adelante, vivió su vida, busqué figuras paternas que lo sustituyeran y me hicieran de guía».
De esta manera, centrando el relato en Estambul y en la época de cambio que sufrió a finales del siglo XX, Pamuk narra un relato en torno a la paternidad y al capitalismo, a la familia y su cohesión, a los deseos de labrarse un futuro, pero también un pasado, un legado que dejar para los que vengan, para los que recuerden, para los que escriban la historia. Este es un texto que busca respuestas a una vida con ausencias y lagunas, y la necesidad imperativa de encontrar un linaje, una figura paterna que justifique las carencias de nuestra vida y la presencia ineludible de nuestros miedos.
Afirma el autor en el último párrafo que la historia contada «tendría que ser tan creíble como una historia real, y tan familiar como una leyenda». Esto es lo que consigue el autor con este texto, pues nos devuelve a los tiempos de los cuentos milenarios, a las historias clásicas, a las fábulas trágicas, en un relato que en ocasiones nos puede recordar a Mouawad y, en otros, a tantas otras historias que han ocupado nuestra imaginación en esos cuentos que nos hacen viajar a paisajes bajo las estrellas o que transcurren en nuestros sueños.

No hay comentarios:
Publicar un comentario