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domingo, 13 de marzo de 2011

Virginia Woolf: Una habitación propia

Idioma original: inglés
Título original: A room of one's own
Fecha de publicación: 1929
Valoración: Muy recomendable

No creo que haya mucho que decir sobre la escritora inglesa Virginia Woolf, de soltera Stephen, que no se haya dicho ya. Su nombre suena incluso a los más profanos en la materia gracias a películas más o menos famosas que incluyen en su título o en su trama a la señora Woolf de un modo u otro, como ¿Quién teme a Virginia Woolf? (basada en la obra de Edward Albee), o Las horas, donde Nicole Kidman, nariz postiza en rostro, ganó el oscar gracias a su interpretación de la escritora.

Los más entendidos, sabrán que La señora Dalloway, Orlando o Noche y día son algunos de los títulos de esta autora que, atrevida y talentosa como pocos, quiso revolucionar las clásicas líneas narrativas respetadas hasta entonces introduciendo en sus obras elementos novedosos y técnicas insólitas, más propias de la poesía que de la prosa.

Miembro de honor de un grupo de intelectuales y artistas británicos conocido por el nombre del barrio donde se reunían (Bloomsbury), perteneciente a una adinerada y peculiar familia, esposa del poeta Leonard Woolf, y víctima de desórdenes mentales desde muy joven, Virginia Woolf forma parte de esa desgraciada lista de escritores suicidas que el mundo de la literatura arrastra desde siempre.

El libro que hoy nos ocupa se trata de un ensayo que surgió de la pluma de Woolf a raíz de que la escritora decidiera preparar y dar una serie de charlas sobre el papel de la mujer en la literatura. Publicado en 1929, un año después de que tuvieran lugar estas charlas, Una habitación propia es un ensayo impecablemente escrito, analítico y brilllante pero, asimismo, de lectura ágil y agradecida, que deja bien clara la sensata opinión de la autora: para que una mujer pueda escribir y desarrollar su carrera de escritora en condiciones óptimas, necesita "una habitación propia", un lugar que va más allá de la (lógica) acepción espacial del término, abarcando, asimismo, una posición de independencia económica.

Así pues, Woolf reflexiona en este libro sobre lo que a la mujer le falta y le sobra para ser escritora, la compara con el "hombre escritor", analiza la sociedad de su época, nombra a mujeres que considera que deben ser nombradas, señala, observa y elucubra. Y todo, antes de que comenzaran los años 30.

Por lo tanto, Una habitación propia es, en mi opinión, un libro muy recomendable ya que trata con más sentido que sensibilidad cuestiones que, aunque no se crea, siguen vigentes en pleno siglo XXI. No hay nada más que sacar el tormentoso debate de que si existe la llamada "literatura femenina" para acordarnos de Virginia Woolf, las Brontë, Corín Tellado, etc...

También de Virginia Woolf en ULAD: La mujer ante el espejoFlushLa señora DallowayOrlando

domingo, 31 de enero de 2016

Virginia Woolf: Flush

Idioma original: inglés
Título original: Flush: A Biography
Traducción: Rafael Vázquez Zamora
Año de publicación: 1913
Valoración: recomendable

¿Virginia Woolf escribiendo la biografía de un perro, y adoptando el punto de vista de un perro? ¿En serio? No, a ver, ¿estamos hablando de Virginia Woolf, la escritora del grupo de Bloomsbury, la autora de Mrs. Dalloway, de Las olas, de Al faro...? ¿La misma capaz de escribir con el estilo más lírico las historias más trágicas, de jugar con la lengua inglesa en frases imposiblemente delicadas y complejas? ¿Nicole Kidman en Las horas con una nariz postiza? ¿Una habitación propia? ¿Esa Virginia Woolf?

Pues sí, esa, porque además de todo lo demás, Virginia Woolf también tenía un sentido del humor irónico y juguetón, que se manifiesta sobre todo en esa maravilla que es Orlando, y también en esta biografía de Flush que, en realidad, es una biografía parcial de Elizabeth Barrett (más tarde, Elizabeth Barrett Browning), y que es también una sátira divertida de las convenciones sociales y las presunciones de pureza de la aristocracia inglesa.

El libro sigue la vida entera de Flush, un spaniel de pura raza, criado en una granja cerca de Reading, y ofrecido como regalo a la poetisa Elizabeth Barrett, con quien estableció una relación de complicidad y afecto que duró hasta el final de su vida (de la del perro). Así, Flush tuvo la oportunidad de ser testigo directo de los encuentros entre Elizabeth Barrett y Robert Browning, de sus largos intercambios epistolares y también de sus viajes entre Italia y Londres, y del nacimiento de su único hijo.

A través de los ojos de Flush, tenemos acceso a la vida de la poetisa, primero recluida en casa por una misteriosa enfermedad y un padre tiránico (modelo, por lo tanto, de la escritora reprimida por su entorno), y después progresivamente más libre y más alegre, gracias a su huida del hogar familiar con Rober Browning. Conocemos también a Browning, el poeta y también el marido, aunque con un perfil algo más desdibujado e incompleto. Y conocemos la clasista y encorsetada sociedad londinense de la época, en la que hasta los perros tienen castas y hay quien vive solo con los rescates que cobran por secuestrarlos. (El contraste con Italia, donde todos los perros son mestizos y las casas están libres de decoraciones exageradas, es evidente).

Flush es un curioso juego literario: es una reconstucción biográfica basada en documentos reales (los poemas y las cartas de Elizabeth Barrett), pero también es, claro, una obra de ficción, en la que vemos la realidad a través de los ojos (y los oídos y las narices) de un perro. Al estilo cuidado de siempre de Woolf (aunque menos lírico en este caso, como corresponde a un tema más ligero) se añade su ironía que deja caer alfilerazos con diferentes destinatarios a lo largo del texto. No es, me parece, la mejor Virginia Woolf (quizás deba entenderse como un "descanso de la guerrera" después de haber terminado dos años antes Las olas), pero sin duda que se encuentra en ella el ingenio, la perspicacia y la originalidad creativa de su autora.

También de Virginia Woolf en ULAD: La mujer ante el espejoUna habitación propiaLa señora DallowayOrlando

martes, 31 de agosto de 2010

Virginia Woolf: Orlando

Idioma original: inglés
Título original: Orlando. A Biography
Año de publicación: 1928
Valoración: Muy recomendable

Aunque escrita por la misma autora de La señora Dalloway, Orlando es una novela muy distinta de aquella, pero igualmente admirable. Aquella es una obra densa, poética, estilísticamente trabajada, trágica y llena de contrastes; ésta, en cambio, es mucho más ligera y accesible, irónica, también con momentos poéticos y pero sobre todo con mucho sentido del humor. Está considerada como una de las obras más accesibles de Woolf (y una de las mejores, también), lo cual no quiere decir que sea una lectura fácil -comparado, quiero decir, con una novela policiaca o de Dan Brown...

Orlando es una biografía ficticia (¡y tan ficticia!) de un caballero, el que da el título a la obra, que nace en el siglo XVI, durante el reinado de Isabel I de Inglaterra, y vive al menos hasta el primer tercio del siglo XX (la acción de la novela termina en el momento presente, en 1928, su fecha de redacción). Durante este tiempo, Orlando vive una apasionada historia de amor con una mujer rusa llamada Sasha -sin duda, los capítulos más bonitos del libro-, escribe un larguísimo poema, acepta un cargo como embajador en Constantinopla, cambia de sexo sin motivo aparente, vive un tiempo con unos gitanos, vuelve a Londres ya como mujer, se casa con un marino y conoce a algunas de las más destacadas personalidades literarias de la época -de todas las épocas en que vive.

El estilo con el que está escrita esta novela es bastante distinto al lirismo intrincado y sinuoso de La señora Dalloway, lo que no quiere decir que sea descuidado ni mucho menos: es mucho más directo, y está lleno de pequeñas ironías e ingeniosidades sutiles. Es indudable que Virginia Woolf se lo tuvo que pasar muy bien escribiendo esta novela. Por otra parte, son relativamente abundantes las menciones al propio proceso de escritura y redacción de la novela, lo que aumenta la sensación de distancia estética e irónica con respecto a la historia.

Aunque no haga falta saberlo para disfrutarla, Orlando es en realidad una "novela en clave" o roman à clef: Orlando es en realidad un trasunto de Vita Sackville-West (escritora y amante durante unos años de la propia Virginia Woolf); la hermosa Sasha es Violet Trefusis, amante a su vez de Vita Sackville; Marmaduke Bonthorp Shelmerdine es Harold Nicholson, el marido de Vita, quien conocía sus affairs con mujeres, los aceptaba y a su vez tenía sus propios amantes masculinos (a pesar de lo cual eran un matrimonio de lo más unido y feliz), etc. Seguro que los conocidos de Woolf disfrutaron muchísimo intentando poner nombre a todos los personajes de la novela; el lector actual, que no tiene por qué conocerlos, la disfrutará igualmente, como una obra maestra de imaginación y libertad creativa.

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miércoles, 29 de agosto de 2012

Virginia Woolf: La mujer ante el espejo

Idioma original: inglés
Título original: The Lady in the Looking-Glass
Año de publicación:1944 / 2011
Valoración: Muy recomendable

Aclaremos, para empezar, que este no es un libro de Virginia Woolf, en el sentido de que nunca, hasta 2011, se había publicado con este formato y este conjunto de textos. The Lady in the Looking-Glass es el título de uno de esos Penguin Mini-Classics que, por un precio muy simpático, ofrecen pequeñas obras de algunos de los autores más reconocibles de la colección Penguin. En este caso, se agrupan en este volumen cinco relatos originalmente publicados entre 1921 y 1941, o sea, en plena madurez creativa de la escritora.

Y en conjunto, los relatos dan una buena idea de la obra de la maestra de Bloomsbury: humor, poesía, estilo, técnica. "La mujer ante el espejo", el relato que da título a este librito (y que podéis leer entero aquí), es casi un juego de perspectiva e imaginación: la recreación por parte del narrador de la interioridad de la mujer del título a partir de la pura exterioridad captada por el ojo, la imagen reflejada en el espejo. Algo parecido sucede en "La marca en la pared", con resultados semejantes. "Lapin y Lapinova" y "Objetos sólidos" son relatos más poéticos, centrados en las excentricidades -nunca criticadas, aunque tampoco ensalzadas por la autora- de sus protagonistas.

"Una sociedad" es el texto más decididamente humorístico, crítico e interventivo del conjunto. La premisa lo dice todo: un grupo de mujeres que descubre de pronto que los hombres no siempre son seres geniales o generosos, decide no traer más niños al mundo hasta no averiguar si el mundo merece realmente la pena. Y ahí se lanzan las mujeres, a investigar lo más alto y lo más bajo de la sociedad, la cultura y las ciencias, la historia y la literatura, lo que da la oportunidad a Virginia Woolf de satirizar buena parte de las instituciones y convenciones sociales británicas. El relato termina, al menos, con una esperanza: las futuras generaciones de mujeres, más cultas, más libres, más independientes.

No son estos relatos muy probablemente la obra maestra de Virginia Woolf; Orlando, La señora Dalloway, Las olas... son por derecho propio clásicos de la literatura contemporánea universal; pero quien se acerque a este volumen sin haber leído nada más de su autora, probablemente quedará satisfecho, y muy probablemente querrá leer más. Así que, señores de Penguin: misión cumplida.

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sábado, 10 de diciembre de 2011

Michael Cunningham: Las horas


Idioma original: inglés
Título original: The Hours
Año de publicación: 1999
Valoración: Recomendable

A veces, las historias más sencillas son las que más nos cuesta reseñar. A mí, al menos, me pasa. Quizá sea porque no son "sencillas". Porque, a veces, es muy difícil escribir una historia y que parezca "sencilla", porque realmente es todo lo contrario. Eso me ha sucedido hoy con Las horas. Un resumen "sencillo" sería decir que Las horas cuenta un día en la vida de tres mujeres: Virginia Woolf, Laura Brown y Clarissa Vaughn. Claro, muy fácil, pero es que el libro tiene algo más de enjundia (porque si no, para rato gana el Pulitzer, como hizo en 1999).

Las tres mujeres están unidas por La señora Dalloway. En el día dedicado a Virginia Woolf, la vemos escribiendo este libro y luchando contra su enfermedad mental, mientras intenta mantener a raya a su marido, a sus sirvientes y a los parientes que van a visitarla. En el día dedicado a Laura Brown, estamos en los años 40 y somos testigos de cómo esta mujer cuida de su hijo mientras prepara una fiesta de cumpleaños para su marido, cuando lo que realmente quiere hacer es estar sola y leer su ejemplar de La señora Dalloway. En el día dedicado a Clarissa Vaughn, la acción se sitúa en los años 90 y nos muestra a esta mujer como una versión actualizada de Clarissa Dalloway, que también (como hace la protagonista del libro escrito por Woolf) sale a buscar flores, pues tiene que preparar una fiesta para su amigo, el poeta Richard, que está muriendo de SIDA.

Además de contarnos un día en la vida de estas tres mujeres, Cunningham hace una reflexión sobre la mortalidad (algo que ocupa constantemente los pensamientos de las tres protagonistas) y sobre las imposiciones sociales. No juega a fantasear cómo habrían sido Laura Brown y Virginia Woolf, si hubiesen nacido en la segunda mitad del siglo XX, pero sí plantea cómo las normas han cambiado (haciendo especial referencia a la orientación sexual y a cómo nos relacionamos con los demás).

En 2002 (creo, corregidme si me equivoco) se estrenó la adaptación cinematográfica de esta novela. Aunque en su momento la vi y me gustó, creo que ahora, después de haber leído el libro, no me gustaría tanto. No porque la considere una mala película (ni por asomo), sino porque la narración de esta obra está guiada por el flujo de pensamientos de las tres protagonistas. En todo momento sabemos qué piensan, qué sienten, cómo ven el mundo que las rodea y, por su puesto, cómo se ven a sí mismas. Y, desgraciadamente, eso es algo que no se puede apreciar en la película, a pesar del buen trabajo realizado en ella. Así que, si estais pensando en leer el libro y ver la película, empezad por lo segundo y ninguno de los dos os defraudará.

domingo, 30 de agosto de 2009

Virginia Woolf: La señora Dalloway

Idioma original: inglés
Título original:
Mrs. Dalloway
Año de publicación: 1925
Valoración: Imprescindible

Ya he comentado en alguna otra reseña que hasta este año casi nunca solía releer los libros de los que guardaba un recuerdo especial, en parte por miedo a desmitificarlos y en parte también por falta de tiempo (con tantos libros excelentes por descubrir, ¿para qué volver a leer lo que ya hemos leído?). Sin embargo, este año, en parte por culpa de este blog, me he puesto a releer novelas como Hotel Savoy, Mientras agonizo, El amante, El Gran Gatsby o La señora Dalloway, y esta siendo una experiencia muy interesante: releer una gran obra que nos impactó hace tiempo no es desde luego perder el tiempo, sino, verdaderamente, volver a leer, como si fuera una obra nueva o por lo menos viéndola con ojos nuevos, los que nos da la distancia (humana y lectora) que nos separa de la primera lectura.

A veces, sí, la relectura puede ser desmitificadora. Mientras agonizo no me ha gustado tanto como la primera vez, y al Hotel Savoy le bajé un punto en mi escala de admiración; pero con El Gran Gatsby o La señora Dalloway me ha pasado al revés: me da la impresión de que la primera vez no las entendí en absoluto, y que sólo las aprecié porque tenía que apreciarlas: porque eran, o así se decía, obras maestras de la narrativa del siglo XX, y quién era yo para decir lo contrario. Bueno, por lo menos en el caso de La señora Dalloway, desde luego no tengo ningún motivo para decir lo contrario. Más bien todo lo contrario. O sea.

La novela se centra en un grupo de personajes que se entrecruzan a lo largo de un día de junio en el Londres de posguerra (de la Primera Guerra Mundial). Dos de los personajes destacan sobre el resto: Clarissa (la "señora Dalloway" del título), dama de clase alta que organiza una fiesta mientras se plantea por qué rechazó a su pretendiente de juventud, Peter Walsh (que acaba de regresar de la India con un aura de fracaso a su alrededor), y decidió casarse con su actual marido, el correcto pero aburrido Richard Dalloway; y Septimus Warren Smith (el personaje más memorable de la novela, en mi opinión), combatiente de la Gran Guerra que ha vuelto al hogar con graves traumas y problemas psicológicos -trastornos que, al menos en cierta medida, comparte con la propia autora-.

Entre estos personajes no hay una relación directa: sus caminos se entrecruzarán ocasionalmente, o responderán a los mismos estímulos (las campanas del Big Ben, un avión de una campaña de publicidad, el bullicio de Regent's Park), pero sin llegar a tocarse, y desde luego sin llegar a comunicarse. Woolf nos muestra lo que sucede durante ese día de junio a través de los pensamientos de varios de los personajes implicados -utilizando la técnica del stream of conciousness que había perfeccionado Joyce en su Ulises-, lo que lleva a que el libro esté plagado de digresiones, verdades a medias, flashbacks a acontecimientos pasados y cambios de perspectiva narrativa que el lector deberá identificar y reconstruir.

La prosa de Virginia Woolf es exigente: es un laberinto de subordinadas, incisos, acotaciones y cambios de voz y de perspectiva en el que el lector -que es el ratón al fin y al cabo- puede perderse fácilmente. La valoración que hagamos de la novela, y el placer que nos produzca su lectura, depende de nuestra actitud hacia tanto arabesco verbal: que disfrutemos del aturdimiento que produce o que sucumbamos a él. Yo, personalmente, en esta segunda lectura he disfrutado como un niño que ve por primera vez el mar.

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sábado, 30 de diciembre de 2017

Vita Sackville-West: Toda pasión apagada

Idioma original: inglés
Título original: All passion spent
Traducción: Beatriz García Ríos
Año de publicación: 1931
Valoración: Recomendable

Es inevitable hablar de la aristócrata Vita Sackville-West sin mencionar a Virginia Woolf: porque ambas coincidieron y participaron activamente en el grupo cultural-progresista Bloomsbury, porque compartían una ideología feminista y también porque fueron amantes. Sin embargo tenían personalidades bien distintas; frente a la delicadeza y feminidad de Virginia, la arrolladora vitalidad de Vita con su fijación por ponerse ropa de hombre (su amiga la tomó como modelo para escribir Orlando y vete a saber cuántas más sinergias se produjeron entre estas dos creadoras). Vita también escribía, pintaba… después de todo tenía dinero, influencias y mucha mucha personalidad, así que podía hacer lo que le diera la gana. Y aunque no sé qué tal se le daba pintar, desde luego que talento literario no le faltaba.

Vita Sackville-West escribió multitud de poemas, algunas biografías y varias novelas, de entre las cuales suele destacarse Los Eduardianos (1930) y Toda pasión apagada (1931). Tan solo he leído esta última y me ha parecido una joyita.

Resumen resumido: Lord Slane, quien fuera virrey de la India y un respetable ministro en sus años de senectud, muere de viejo en su mansión de Londres dejando seis hijos, nietos, bisnietos y una viuda, la atenta y entregada Lady Slane. Los hijos y sus respectivas parejas ya han empezado a planificar el futuro de la anciana matriarca cuando, inesperadamente, Lady Slane anuncia sus propios planes sobre lo que va ser su vida en adelante, dónde va a vivir e incluso, el exiguo régimen de visitas que está en disposición de aceptar; todo ello sin perder la serenidad y la dulzura que siempre la caracterizaron. A partir de ahí, compartiremos la nueva vida de Lady Slane, conoceremos a sus nuevos amigos, revisaremos su juventud y su pasado en general y descubriremos con ella cómo y por qué se apaga de un plumazo la pasión de una joven dama que sueña con ser pintora. 

Se trata de una novela de autoconocimiento (o redescubrimiento en este caso), impregnada de una percepción muy lúcida sobre el papel al que se reduce a la mujer y cómo su identidad, (su YO) se diluye en el basto mar de la familia y la sociedad. Dado que estamos hablando de principios de los años treinta me ha resultado hasta revolucionario (ojalá tanto mujeres como hombres del siglo XXI fueran plenamente conscientes de los conceptos que esta obra plantea y cuestiona con tanta naturalidad).  

Se emplea un narrador en tercera persona omnisciente que focaliza en la protagonista pero que también se acerca puntualmente a otros personajes para enriquecer y ampliar la percepción del lector en relación a Lady Slane y sus circunstancias. En este sentido se produce un error al principio de la novela cuando el narrador se pone en el lugar de Edith, la hija menor de la protagonista; ese acercamiento tan próximo y puntual en un personaje secundario hace pensar que vaya a jugar un papel decisivo en la trama, cosa que no sucede. Se trata de un lapsus narrativo bastante común que debería haber sido subsanado con la debida revisión del texto. No deja de ser una cuestión anecdótica que no empaña el resto de valores de la obra.

La novela tiene una estructura muy sencilla dividida en tres partes:
  • La primera parte, la más mordaz, recoge los acontecimientos familiares desde la muerte del patriarca hasta que Lady Slane se instala en su nuevo hogar y conoce a los que van a ser los amigos que la acompañarán hasta el final de sus días.
  • La segunda parte nos introduce en los recuerdos de la vieja dama, desde que se vio comprometida con su futuro marido (y sus planes de dedicarse a la pintura se le escurrieron entre los dedos); también compartimos con ella su proceso de reflexión en relación a lo que ha sido su vida y lo que ella hubiera deseado que fuera. Es la parte más íntima de la obra y, en mi opinión, la más bella.
  • La tercera parte es la más emocionante y emotiva puesto que en ella se producen dos encuentros de la protagonista con dos personajes inesperados de su entorno próximo. Dichos encuentros contribuirán en gran medida a que Lady Slane deje este mundo habiendo vibrado por última ver y en paz consigo misma.

Lo más interesante de Toda pasión apagada es sin duda su estilo fluido e irónico que nace de un profundo conocimiento de la clase alta y sus miserias. El retrato resulta esclarecedor a la par que muy satisfactorio en la lectura puesto que Vita es una autora que apela a la inteligencia del lector sin torturarlo con frases enrevesadas o palabras extrañas y esgrime la sencillez para hacer llegar con delicadeza sus mordaces mensajes. Por otra parte, es capaz de alternar esos episodios con los bellísimos pasajes evocados por la memoria o las reflexiones de la sabia anciana que, no olvidemos, es una pintora frustrada y tal vez por ello muchas de las imágenes que traslada al lector están impregnadas de una poderosa plasticidad y resultan de una sensibilidad abrumadora:
«La vida era ese lago, pensó Lady Slane, sentada bajo la cálida pared sur entre el aroma de los melocotones; un lago que ofrece su superficie uniforme a gran cantidad de reflejos, dorado por el sol, plateado por la luna, oscurecido por una nube, encrespado por una onda; pero siempre llano, un plano, manteniendo sus límites, sin dejarse enrollar en una bola apretada y dura, tan pequeña como para sujetarla en la mano, que era lo que la gente intentaba hacer cuando preguntaba si la vida de uno había sido feliz o infeliz».
Por todo lo expuesto: recomendable. Un qué revolucionario para su época (y por desgracia, para la nuestra también) y un cómo pausado y bien medido, cuyo tono y estilo engancha a la lectura. 

En relación al título, Toda pasión apagada tiene un regusto pesimista pero debo advertir que la obra no lo es, en mi opinión la mirada hacia el pasado de Lady Slane es una mirada madura con el objetivo no sólo de reconocerse en los errores cometidos sino también para valorar más la oportunidad que se le brinda de «retirarse» a su manera. Esa imagen me emociona, me hace pensar en el camino que emprenden los elefantes hacia donde yacen sus antepasados, justo antes de morir; un viaje colmado de dignidad y sabiduría. Y en ese viaje, Lady Slane se reconoce en la joven que no supo reaccionar para defender su YO y en ese redescubrimiento recupera su amor por sí misma.

(Atención a la portada requetechula que Sara Morante realizó para la edición de Alfaguara. Pido disculpas de antemano por la mala calidad de la imagen que no hace justicia al original).

domingo, 24 de julio de 2016

John Dos Passos: Manhattan Transfer

Idioma original: inglés
Título original: Manhattan Transfer
Traductor: José Robles Piquer
Año de publicación: 1925
Valoración: Recomendable / Muy recomendable 

1.- Cuando estudiábamos La colmena de Cela en el colegio, recuerdo que se nos decía que seguía el modelo de novela coral de Manhattan Transfer de John Dos Passos. Es una referencia que se me quedó grabada, y hace ya muchos años, me compré esta novela con intención de leerla inmediatamente. Como suele pasar, se metieron otras lecturas de por medio, y solo ahora me he decidido a leerla.

2.- Manhattan Transfer se publicó en 1925. Ese mismo año se publicaron El Gran Gatsby de Scott Fitzgerald, Mrs Dalloway de Virginia Woolf o La prisionera, quinto volumen de En busca del tiempo perdido. En 1922 se había publicado el Ulises de Joyce. No lo digo con intención de comparar o de decir que unas obras sean mejores de otras; simplemente me llama la atención la distancia estética que separa a obras y escritores coetáneos.

3.- Tal y como nos decían cuando estudiábamos a Cela, Manhattan Transfer es una novela coral: sigue a un grupo de personajes, más o menos interligados, que viven en el Nueva York de los años 10 y 20, inmediatamente antes y después de la Primera Guerra Mundial. Es una novela coral, sí, pero poco a poco se van destacando algunos personajes centrales: Ellen (o Elaine, o Helena), modelo de mujer irresistible y voluble que vuelve locos a los hombres y los hace infelices; Jimmy Herf, descendiente de buena familia que dilapida su fortuna y su felicidad; George Baldwin, un ambicioso abogado que aspira a ascender sin abandonar sus ideales (y a casarse con Ellen); Joe Harland, un exitoso broker de Wall Street arruinado y alcoholizado...

4.- La imagen que la novela transmite de Nueva York es ambigua: el innegable atractivo de sus edificios, sus atardeceres y su actividad incesante contrasta con la crueldad con que devora a sus hijos. Todos los personajes, incluso los que consiguen ascender, viven vidas difíciles, insatisfactorias, vacías. Muchos de ellos beben como cosacos, tienen affaires, malviven con unos pocos dólares, o incluso centavos, en los bolsillos. (Más o menos por estos años, García Lorca visitó la ciudad y escribió su famoso Poeta en Nueva York; su visión es todavía más oscura que la de Dos Passsos). Dos Passos, un autor con una aguda conciencia social y política, se preocupa particularmente por mostrar el destino de los que no forman parte del sueño americano; de los que no encuentran su oportunidad en la tierra de las oportunidades.

5.- La mayor originalidad de Manhattan Transfer, lo que lo diferencia de novelas realistas al estilo decimonónico, es precisamente su estructura fragmentaria y descentrada, una técnica que Dos Passos desarrolló después en su trilogía USA. No se encuentra aquí una gran experimentación estilística (desde luego, nada comparable a Joyce o Woolf), aunque sí se emplea el estilo indirecto libre y el stream of consciousness, con especial acierto cuando se retrata el pensamiento de personajes ansiosos o borrachos. También hay un esfuerzo por retratar el habla de los personajes de distintos orígenes y niveles sociales y educativos, esfuerzo que ha realizado igualmente el traductor, José Robles Piquer, con resultados más que dignos dada la dificultad de la tarea.

6.- Manhattan Transfer es un clásico, lo que es al mismo tiempo una bendición y un castigo. Es un libro que "hay que leer", lo que puede llevar a que dé pereza leerlo. Tiene indudables virtudes, una complejidad impropia de un autor que no tenía ni treinta años cuando la escribió. Las descripciones de la ciudad, quizás el aspecto más preciosista del texto, resultan algo anticuadas y hasta kitsch; en cambio, el retrato de la vida laboral, cultural y social del Nueva York de la época sigue resultando atractivo, aunque terrible (o porque es terrible, y terriblemente actual). Es una novela de cocción lenta, en la que puede costar entrar, precisamente por la pluralidad de historias, pero también una novela que deja poso, imágenes y personajes en la memoria. Un clásico, como decía, en el buen sentido del término.

martes, 19 de abril de 2016

TochoWeek #2. James Joyce : Ulises

Idioma: inglés
Título original: Ulysses
Año de publicación: 1922
Páginas: 976
Traducción: José María Valverde
Valoración: imprescindible

Permítanme comenzar con una breve digresión sobre lo que es "políticamente correcto" (lo que decimos cuando pensamos que nuestras palabras van a quedar registradas o tendrán alguna repercusión) y lo "socialmente correcto" (lo que pensamos que hay que decir ante la máquina de café de la oficina o acodados en una barra de bar, compitiendo por ser el más "cuñao"). Un ejemplo, para entendernos: políticamente correcto puede ser disertar sobre las vanguardias artísticas, visitar museos de arte contemporáneo y tener una reproducción de un cuadro de Kandinsky en la pared del salón. Socialmente correcto es decir que "eso lo hace mi hijo pequeño" ante el cuadro de Kandinsky o contar la anécdota apócrifa de la limpiadora de ARCO que confundió una obra expuesta con un cenicero... Pues algo así ocurre con el Ulises, uno de los libros más suceptibles -quizá el que más- de ser objeto del postureo gafapástico, por un lado, pero también del desdén y hasta la ira de indignados lectores que no consienten "que se les tome el pelo".
Aunque no sólo indignados pero desconocidos lectores, claro: hay una nutrida lista de escritores, desde D. H. Lawrence al sin par Paulo Coelho... (sí, me duele poner a éste en el misma categoría que los demás, pero es responsable de una frase preclara sobre la novela: "El Ulises de Joyce hizo mucho mal a la literatura, porque nadie lo ha leído y todo el mundo dice que lo ha leído"). Mi opinión favorita, sin embargo, es la de Virginia Woolf: "Es el esfuerzo de un estudiante nauseabundo reventándose los granos". ¡Olé, doña Virgi!
Por supuesto, de igual forma ha habido colegas suyos no menos destacados y agudos  que han admirado y ensalzado la obra de Joyce: T.S. Eliot -que se lo recomendó a la Woolf-, BorgesFaulkner o Nabokov... De entre todas las opiniones, yo me quedo con una sentencia del inteligente y sutil Anthony Burgess sobre Joyce: "... una vez leído y absorbido un solo ápice de la esencia de este autor, ni la vida ni la literatura vuelven a ser las mismas de nuevo".
Tal cual, Mr. Burgess. Porque lo remarcable del Ulises no es la historia que nos cuenta, la de un día determinado (el 16 de junio de 1904, el día que James Joyce tuvo la primera cita con su mujer Nora) en la vida de unos dublineses, por lo demás no demasiado notables: Stephen Dedalus, Leopold Bloom y su esposa Molly. Tampoco es importante que estos personajes sean un reflejo de los protagonistas de la Odisea de Homero: Telémaco, Ulises y Penélope, respectivamente (bien es cierto que alguna interpretación que a mí me parece con bastante sentido considera que Stephen es también un trasunto del Joyce joven y Leopold del Joyce maduro... de la edad a la que acabó este libro). Nada más alejado de lo heroico, sin embargo, que el tono de la novela: el capítulo en el que se nos presenta a Leopold, por ejemplo, acaba con el relato de una de sus evacuaciones  intestinales...
No es lo más destacable que la estructura del libro se base también en la Odisea, con cada uno de sus capítulos avanzando de forma paralela a los cantos de aquella, y traduciendo el mito clásico a la mucho más prosaica Dublín de hace un siglo.
No es lo más importante, aunque quizás sí memorable, que Joyce despliegue una pericia técnica sin igual en la literatura escrita hasta ese momento -no dudo que habrá quien encuentre algún precedente de esto o aquello; ya sabemos cómo son los estudiosos-, todo un derroche de estilo -estilos- que consigue plasmar el continuo flujo de pensamiento de los personajes a través del monólogo interior -"stream of consciousness"-; sin olvidar los juegos de palabras y de imágenes, a todos los niveles, las referencias clásicas y cristianas; sagradas, profanas y mundanas (realmente, la novela merece otra lectura deteniéndose con más sosiego en las anotaciones del traductor, para entender a fondo cada párrafo). Joyce consigue combinar sin complejos lo más soez con lo profundo del pensamiento, lo banal con lo transcendente, lo sexual y lo fúnebre... (¿Eros y Tánatos? Uf... mejor lo dejo aquí).
Lo importante, lo fundamental, es que Joyce puso con este libro punto y final a toda la tradición narrativa occidental, que comienza con Homero. Si la Odisea es el Alfa, el Ulises es el Omega, las columnas de Hércules de la novela; es el Apocalipsis de San James, el diluvio tras de mí, el apaga y vámonos. Hasta aquí hemos llegado y el que venga detrás que arree... Y no es que después de Joyce no se pueda escribir más novela, pero eso ya será -ya ha sido- otra cosa: caminar por senderos explorados; es el ferrocarril, la plantación y el resort con campo de golf, no la selva virgen (e incluyo lo que han hecho muchos epígonos de Joyce, algunos muy aventajados: Gaddis, Pynchon... aunque en este asunto, también quien golpea primero da dos veces). Tenía razón Burgess, desde luego y, maldita sea, aún sin pretenderlo, también Paulo Coelho, en cierto modo...
Pero hay más: Joyce es el niño que grita que no ve el traje del emperador, y desnuda a sus personajes, a sí mismo y a nosotros... señalando lo que de nosotros hay en Stephen, Leopold, Molly... que es mucho, me temo. Joyce no es un escritor simpático -lo que no excluye un peculiar sentido del humor-, no es clemente ni misericordioso, pero dice la verdad.
Último apunte: esta novela, más allá de odios y fervores, postureos y cuñadismos, no se puede calificar de otra forma sino como imprescindible. Pero, siguiendo un criterio contrario al de Los reconocimientos, aún por los mismos motivos, no se la puedo recomendar a nadie. Quien la lea, que sea por su cuenta y riesgo.


Otros títulos de James Joyce reseñados en Un Libro Al Día: DublinesesExiliados

miércoles, 29 de mayo de 2019

Malditas cubiertas: Cuando mil palabras sí valen más que una imagen

En anteriores entradas de Malditas cubiertas hemos aprendido, gracias a la didáctica a la par que divertida exposición -sin olvidar su encomiable minuciosidad- de nuestra compañera Beatriz que la lectura que hagamos de un libro puede estar influenciada por el diseño y cualquier ilustración que alguien haya decidido colocar en la cubierta del mismo. Así ocurría con los ejemplos que nos proporcionaba: Marianela y, sobre todo, la controvertida Lolita (controversia que, visto lo visto, quizás sea en buena medida causada por las cubiertas que se lan puesto a la novela, precisamente...).

 Ahora bien, yo pregunto. ¿os parece que es tan fácil condensar conceptualmente un libro que puede tener 500, 700 o incluso más de mil páginas en una sola imagen, en un diseño que resuma perfectamente lo que su autor nos ha pretendido contar y que además resulte atractivo y destaque en medio del proceloso y voraz océano de las mesas de novedades? Pues para nada: es un trabajo ímprobo que exige la máxima creatividad y esfuerzo por parte de los profesionales de la materia. ¿No os parece dificultoso en grado sumo encontrar conceptos originales nunca antes utilizados en el diseño gráfico y que confieran a la cubierta del libro una impronta única, inimitable, que imprima un estilo único al libro que está anticipando?




       




Una vez estrujadas las meninges para hallar un concepto original, el diseñador gráfico (bueno, o alguno de sus asistentes-becarios-estamos-pagando-por-trabajar-aquí, que los chavales tienen que foguearse) deberá dejarse los ojos revisando miles y miles de imágenes, visitando museos, consultando libros de arte y fotografía para encontrar ésa que resulte única, que represente al libro y sólo a ese libro que estamos tratando de arropar con una cubierta singular e inimitable.




¡Qué decir de aquellos creadores audaces que deciden no conformarse con las ya un poco repetidas pinturas de Jack Vettriano y apuestan por reivindicar y difundir, siquiera desde la humildad de la cubierta de un libro, la obra de artistas poco conocidos! Un aplauso desde aquí a esos valientes...


Pensemos, además, que una cubierta adecuada puede no sólo facilitar el reclamo y la venta de un libro entre su público potencial, sino abrir nuevos nichos de mercado, expandir el target hasta convertir el título en cuestión en un ansiado long-bestseller. De esta forma, se consiguió difundir la obra de Henry James entre el gremio de mecánicos de automoción, la de Virginia Woolf entre celebrantes del Día de San Patricio o de Stephen King entre seguidoras luso-brasileiras del estilo Lady Di:



La infancia puede ser un momento tan adecuado como cualquier otro de la vida para iniciarse en la lectura de los clásicos, más aún teniendo el cuenta la afición y destreza de los escolares en el manejo del tippex.

Mientras que, por otra parte, libros considerados siempre como infantiles se pueden disfrutar de forma más completa en la edad adulta (y de gustos algo más...ejem, complicados)




Ya sé lo que estarán pensando. que el recurso a imágenes con un toque erotizante es un truco ya muy manido, incluso cutre... Sí, es cierto, pero no desdeñemos el potencial de enseñar un poco de carn...quiero decir un bello rostro y una hermosa figura , a la hora de llegar a nuevos públicos lectores que descubran  las infinitas posibilidades de maravilla que ofrecen los libros.¿Cómo se explica, si no, el gran predicamento que tuvieron en USA las ideas ultraliberales en de Ayn Rand allá por los años 80?

¿O el éxito de la obra cuentística de Poe entre ese otro grupo tan vintage, pero a priori antiético que son los fans de Barbarella?

No descartemos tampoco que el prestigio de los autores rusos del siglo XIX venga sobre todo de la idea, quizás poco acertada, de que eran unos vivalavirgen que se pasaban el día bebiendo (como cosacos, no hace falta remarcarlo) y fornicando con bellas eslavas... Bueno, vale, en algún caso, tal vez no sea una idea tan equivocada, es cierto...


En esta utilización algo epatante de imágenes erótico-festivas (por decirlo así) destaca la constante y nunca suficientemente reconocida labor de Vexin Classics, cuyas cubiertas provocan en el lector asociaciones con el libro en cuestión que sin su ayuda quizás nunca hubiesen contribuido a enriquecer su lectura de esta manera...




No debemos descartar, pues, la utilización de este tipo de imágenes. Si gracias a ellas, se ha conseguido, por ejemplo, iluminar con nuevas interpretaciones la obra del Tolkien, proponiendo significados más sugerentes a títulos como Las dos torres o que los lectores chinos se den cuenta de que en la serie Crepúsculo el personaje de Bella Swan no era sino una excusa para disimular, ante el reprimido público occidental la verdadera relación amorosa que ocurre en la célebre saga vampiro-licantrópica... si ha sido posible esta apertura de miras, insisto, ¿por qué no ir más allá y -contentando además a los seguidores de la ultraderecha española, a los que tan atrayente resulta este tipo de parafilias- por qué no tratar de acercar, por ejemplo, a los aficionados a la zoofilia travestida? Haberlos haylos, seguro, o al menos en Noruega lo tienen claro:


En fin, como vemos, el camino ya está abierto y gracias a las cubiertas adecuadas, es posible potenciar la lectura entre colectivos en principio poco proclives a los libros o, al menos a ciertos libros. Con un diseño apropiado, se puede atraer  a cualquier tipo de lector o lectora hacia cualquier libro, por alejado que parezca de sus gustos. Ahora bien, todo editor ha de ser también cauto y no contratar a cualquier diseñador para su proyecto sin antes asegurarse de que es el idóneo para el encargo; el steampunk, por ejemplo, no tiene por qué ser lo más pertinente para una novela del siglo XIX ni el hecho de que salga un payaso con un globo significa que se trata de un libro infantil. Ni, por supuesto, que la obra esté ambientada en Escocia, que sea del mismo tipo que las de Megan Maxell o Monica McCarty... 





Vaya, que cada responsable editorial tiene que saber qué estilo es el más conveniente y propio para sus libros. Aunque las posibilidades son infinitas... ¡Todo sea por fomentar la lectura!






Bonus Extra: Para las personas interesadas en profundidar en el apasionante aunque turbador tema de las cubiertas bizarras, aquí unos cuantos enlaces que sin duda harán sus delicias: 


jueves, 1 de noviembre de 2018

BIblio-Necrophiliac Quiz2 2018:


¡Feliz día de Todos los Santos y, mañana, día de los Fieles Difuntos a todo el mundo! Sabemos que muchos de nuestros lectores son unos empedernidos necrófi... bibliófilos y, sin duda, más de uno aprovecha sus vacaciones para visitar el Pére Lachaise, la abadía de Westminster o, aunque sea, el cementerio de La Almudena (vale, o La Recoleta), en busca de las tumbas de sus autores favoritos. Bueno, tampoco hace falta ser tan friki: en los suplementos literarios y en los blogs abundan, y más en estas fechas, los reportajes sobre los sepulcros de muchos escritores y escritoras que han honrado a nuestra especie con su presencia y obra (incluso el escritor holandés Cees Nooteboom escribió el libro Tumbas de poetas y pensadores). ¡Veamos si tanta información nos ha aprovechado realizando este rápido y divertido test, nuestro Biblio-Necrophiliac Quiz, sobre las últimas moradas de algunos/as muy insignes literatos/as!


Quien acierte todas las respuestas podrá participar en el sorteo de una fabulosa, aunque escalofriante, velada espiritista a cargo del Profesor Eggbá, sacerdote de la religión yoruba, reconocido sanador de todo tipo de enfermedades, incluidos el SIDA, el ébola, la alopecia y las hemorroides, experto en hechizos de amor, salud y trabajo, y célebre médium, intermediario en la comunicación con los muertos, a voluntad y bajo pedido... (ya sé que tal currículum resulta asombroso, pero si no te fías de un folleto que te dejan en el limpiaparabrisas del coche, ¿de qué te vas a fiar?).

Pues en palabras del, en cambio, inmortal Peter Pan: Here we go! Prohibido, eso sí, consultar la wikipedia o similares; no seáis tramposillos. Ni tramposillas... ; )

1- Venga, una facilita para empezar: ¿En que hermosa localidad mallorquina (perdón por la redundancia) se halla la tumba del escritor Robert Graves (perdón por otra redundancia)?
A/ Palma
B/ Calviá
C/ Deiá
D/ Magaluf

2- ¿Qué dejan sus muchos admiradores, según marca la tradición, en el sepulcro parisino de Oscar Wilde?
A/ Cartas de amor
B/ Besos
C/ Lazos de cintas arco iris
D/ Cajas de ansiolíticos

3- ¿Y sobre la tumba de qué famosa escritora lo que se deja son corazones formados con piedrecitas?
A/ Marguerite Duras
B/ Colette
C/ Barbara Cartland
D/ Patricia Highsmith

4- Ya puestos: ¿junto a la tumba de qué escritor, un pelín dipsómano, una figura misteriosa dejó durante muchos años una botella de coñac, en cada aniversario de su nacimiento?
A/ Edgar Allan Poe
B/ Malcolm Lowry
C/ Charles Bukowski
D/ Ernest Hemingway

5- ¿En la lápida de qué otro exitoso escritor podemos ver grabado un drakkar o barco vikingo?
A/ Stieg Larsson
B/ Michael Crichton
C/ Edison Tesla Marshall
D/ Jorge Luis Borges

6- ¿Qué famoso/a escritor o escritora está enterrado/a en plena naturaleza, al pie de un haya centenaria?
A/ Virginia Woolf
B/ Lev Tólstoi
C/ Isak Dinesen
D/ Bruce Chatwin

7- ¿De qué eximio autor, gloria de las letras de su patria, no estamos por completo seguros de dónde yacen sus restos (o al menos todos sus restos)?
A/ Miguel de Cervantes
B/ Fernando Pessoa
C/ William Shakespeare
D/ Todos ellos

8- ¿Y, en cambio, qué otro poeta, no menos insigne, dispone para su descanso eterno de dos sepulcros, dos (aunque sólo repose en uno de ellos, como es lógico)?
A/ Dante Aligheri
B/ Walt Whitman
C/ Reiner Maria Rilke
D/ Pablo Neruda

9- ¿En la tumba de qué gran escritor del género fantástico podemos contemplar una escultura que representa, precisamente, a ese autor saliendo de su propia tumba, cual walking dead ansioso por merendarse nuestros cerebros?
A/ Jules Verne
B/ H. P. Lovecraft
C/ Bram Stoker
D/ Richard Matheson

10- ¿Junto a la tumba de qué conocido/a autor /a de novelas detectivescas, situada en el no menos célebre Poet's Corner de Westminster, sus seguidores tienen permiso, por su cumpleaños y siempre que vayan vestidos como los personajes de sus novelas, a tomar el té con sandwiches de pepino?
A/ Arthur Conan Doyle
B/ Agatha Christie
C/ Michael Innes
D/ Esto es un INVENT como el Big Ben de grande, porque yo estuve en Londres de viaje con el insti y no recuerdo que ninguno de ésos estuviese enterrado allí...

Y para los obse... eruditos del tema, bonus extra, ya para nota:

11- ¿El cantante de qué mítica banda de heavy-metal intervino recientemente en la inauguración de una nueva lápida en la tumba del poeta, pintor y visionario William Blake, de quien es devoto admirador?
A/ Ozzy Osbourne, de Black Sabbath
B/ Bruce Dickinson, de Iron Maiden
C/ James Hetfield, de Metallica
D/ Jon Bon Jovi, de... vale, olvidémoslo

Las respuestas correctas, después de la preceptiva visita al tío Marcel:



Respuestas lúgubre y aproximadamente correctas: 
1-C/  2-B/  3-A/  4-A/  5-D/  6- C/ 7-D/  8-A/  9-A/  10-D/  11-B/

Valoración de los resultados:
De 1 a 3 aciertos: Reconoced que habéis seguido el mismo método que os sirvió para aprobar (a la cuarta vez) el examen teórico del carnet de conducir: poner las respuestas a boleo. Hala, venga, idos a comer huesos de santo o panellets, que os van a aprovechar más...
De 4 a 7 aciertos: Pscháa... podría estar mejor, sinceramente. Tiene un pase, pero pensad que con un cuatro, ni siquiera aprobaríais una asignatura de la ESO. Ahora bien, sí que podríais liderar un partido político español, así que no todo está perdido.
De 8 a 10 aciertos: ¡Enhorabuena: sois unos auténticos biblionecrófilos/as! Cuando hacéis un viaje lo primero que vais a visitar son las librerías y los cementerios; os gusta disfrutar de la paz de los camposantos leyendo y paseando entre sus tumbas... Vale, tenéis pocos amigos y además os llaman cada vez menos, pero cuando llegue el apocalipsis zombi ya veremos si logran rehuiros, ya... (a no ser que os toque ser zombis de ésos que van despacico, que entonces sí. Sorry).
11 aciertos: ¿Once? ¿En serio? Ejem... ¿No sois un poco raritos/as, eh? Y mirad que de raritos en este blog sabemos bastante. Por favor, dejad de leernos, no sigáis Un Libro Al Día... y si tratáis de contactar con nosotros os denunciaremos por ciberacoso. Hacedle un favor a la sociedad y acudid a un psiquiatra, o a un exorcista o lo que sea.  O mejor no salgáis nunca de casa... aquí tenéis una página web para que os vayáis entreteniendo; os prometo horas y horas de diversión:
https://www.findagrave.com/


martes, 28 de agosto de 2018

Eduardo Halfon: Saturno

Idioma original: Español
Año de publicación: 2003 (en Guatemala, junto a "Pan y cerveza") - 2017 en España (y en solitario)
Valoración: Muy recomendable

Al grano. Este libro en una pequeña joya, por dentro y por fuera. Punto. Si hay que decirlo, se dice. Pero vayamos por partes.

El exterior. Libro pequeñito, de apenas 16,5 * 11,5 cm, con preciosa encuadernación en cartulina negra con impresión en oro y papel ahuesado de alto gramaje, es decir, nada de papel de fumar. Un único pero: la fajita (manía personal del que suscribe: quitar  todas o casi todas). Pese a este pequeño detalle, esta edición de Jekyll & Jyll es una maravilla.

El interior. “Saturno” es un librito de solo 68 páginas cuyo título hace alusión al mito según el cual al dios Saturno le fue concedido reinar con la única condición de no criar hijos, lo que provocó que fuese devorando a los pobres churumbeles que iba teniendo. Esta figura de padre devorador es la que pone el libro en movimiento.

Y es que “Saturno” es la dolorosa carta de un hijo a un padre castrador, lejano y ausente (en lo afectivo, no en lo económico), a un padre que ignora o se burla de los anhelos literarios de su hijo. Es una carta que funciona como un llamado de socorro, un exorcismo, una confesión y un ajuste de cuentas al mismo tiempo, una carta en la que lo particular y lo general se acaban fundiendo.

Por un lado tenemos la experiencia personal del autor, su tumultuosa relación con la figura paterna y la escritura y la creación literaria como válvulas de escape. Quisiera destacar, sobre todo, el dolor que desprende esta parte del libro ("Porque materialmente, padre, no me faltó nada. Pero nunca pudo usted entender que más que dinero yo necesitaba un padre).

El dolor también está muy presente en la vertiente más "general" de "Saturno", esa en la que, partiendo de esa relación del autor con su padre, se recuerdan la más que variadas relaciones de una serie de famosos escritores suicidas (o famosos suicidas que también escribían) con sus padres. La lista es extensa y bastan algunos nombres (Virginia Woolf, Sylvia Plath, Yukio Mishima, Cesare Pavese (maravilloso epígrafe, por cierto), Hemingway, etc) para imaginar que esta parte hará las delicias de bibliófilos y mitómanos. Pero más allá de la enumeración de nombres y datos conocidos por todos, me quedo con el tratamiento, lleno de delicadeza y belleza, que les otorga Halfon.

El todo: Decía anteriormente que lo general y particular se funden en "Saturno", pero también lo personal y lo literario se entrelazan en una narración de difícil clasificación en cuanto a género ("nouvelle" quizá?), pero muy recomendable en cualquier caso. Y es que se trata de un libro precioso, doloroso y bello a partes iguales, cuyo único pero es su brevedad (Eduardo Halfon: ¡no nos puedes dejar así, con solo 68 páginas, hombre!).

También de Eduardo Halfon en ULAD: Biblioteca bizarraDueloSignor HoffmannMonasterio

jueves, 26 de julio de 2018

Rebecca Solnit: Los hombres me explican cosas

Idioma original: inglés
Título original: Men explain things to me
Traducción: Paula Martín Ponz (edición en castellano), Marina Espasa (edición en catalán)
Año de publicación: 2014
Valoración: bastante recomendable

Para aquellos que desconocen la trayectoria profesional de la autora, podríamos resumirlo diciendo que Rebecca Solnit es una de las voces activistas que más relevancia tienen en el panorama mundial. Así, escribe de manera frecuente en The Guardian y Harper's Magazine, y parte del contenido de sus artículos de denuncia son la base de sus libros.

En «Los hombres me explican cosas», la autora parte de una anécdota personal en la que una figura masculina de alto cargo explica a Solnit el contenido de un libro que estaba teniendo mucho renombre en ese momento, sin saber que era ella quien lo había escrito. Y aún después de que ella se lo hiciera notar, él siguió intentando explicarle el contenido del libro. Esta situación podría ser una divertida anécdota, a menos que vayamos a lo que implica realmente: un mundo donde los hombres son quienes realmente saben las cosas, quienes tienen la "facultad" de explicar lo que sucede, quienes con su autoimpuesta seguridad menoscaban la voz de las mujeres. Matiz importante: antes de que alguien se siente ofendido por el título genérico, la autora ya indica que el libro no va dirigido a todos los hombres sino a aquellos que pretenden explicar cosas que una ya sabe y que lo hacen presuponiendo un desconocimiento de la interlocutora por el hecho de ser una mujer.

De esta manera, Solnit escribe este ensayo donde denuncia la dificultad de las mujeres, no únicamente en ser escuchadas, sino en que los hombres valoren la calidad de sus aportaciones. El título del libro ya lo indica de forma clara y hace referencia al famoso concepto de mansplanning. Partiendo de esa curiosa anécdota, pone de relieve un mundo donde las mujeres deben luchar, no únicamente por conocer y explicar los hechos, sino también por librar una batalla que va más allá del propio conocimiento sobre un tema: deben luchar también para que su voz sea reconocida y válida. Así, a lo largo de los nueve capítulos que contiene el libro, la autora trata diferentes hechos y situaciones donde la mujer está relegada a un segundo plano, donde el poder del hombre en un mundo construido a su medida intenta imponerse a la libertad y al derecho de la mujer a ocupar ese mismo espacio.

La autora nos expone datos sobre violencia hacia las mujeres, y como esta es una herramienta de control. Por este motivo tantos asesinatos a mujeres son por parte de sus parejas al decidir ellas romper la relación. Y al hablar del control, habla sobre la errónea interpretación sobre el hecho que la liberación femenina intenta robar el poder de los hombres, como si solo pudiera tenerlo uno de los sexos. Aquí la autora es clara: «Somos libres juntos o somos esclavos juntos». Y hablando sobre el poder, lo hace también sobre su ejercicio en la práctica: el control. Un control que se manifiesta en los diferentes apartados del libro, como cuando habla de Dominic Strauss-Kahn (con críticas que extiende hacia el FMI y el capitalismo, como estructuras que ejercen el poder, fomentan la individualidad, la competitividad y un consumismo sin límites), también cuando denuncia la invisibilidad que se da a las mujeres a través de la religión (el velo), el matrimonio (pérdida del apellido en la descendencia), menciones a Virginia Woolf y a la esperanza en la oscuridad (capítulo que dará pie a otro libro publicado por la autora en 2016 y que reseñaré en breve) y la necesidad imperiosa de avanzar hacia caminos de destino incierto pero necesarios. Igualmente, con una mirada retrospectiva, la autora menciona los cambios en la sociedad que supuso la aceptación del matrimonio formado por dos seres iguales y denuncia las desigualdades existentes antiguamente dentro de un matrimonio formado por hombre y mujer. La aprobación del matrimonio entre seres del mismo sexo permitió la revisión de los conceptos sobre igualdad entre miembros y supuso un cambio a la hora de establecer el poder dentro de una relación.

La autora también habla sobre la acusación y presunción de culpabilidad que se otorga a las mujeres, y la falta de credibilidad cuando ellas acusan a los hombres de abusos. Habla de las violaciones y el silencio que hay en cada una de esas situaciones, un silencio de la víctima. Habla sobre los cambios a raíz de los movimientos feministas en los años setenta y posteriores. Y habla, en el caso de las violaciones, del intento de callar a la víctima y si es posible, atacar a su credibilidad; pero la autora no lanza la toalla y sí lanza un mensaje optimista: «La lucha ha sido larga y dura, y lo seguirá siendo; a veces se pondrá fea y las reacciones contra el feminismo continuaran siendo salvajes, fuertes y omnipresentes, pero no están ganando

Este aspecto último aspecto ya lo vimos en «Teoría King Kong», de Virginie Despentes, pero en este caso Solnit se desmarca del enfoque de Despentes y hace mención al movimiento YesAllWomen como respuesta al NotAllMen.  La autora critica el movimiento NotAllMen, porque aunque es cierto que no todos los hombres cometen abusos, sí todas las mujeres los sufren, de ahí su YesAllWomen. Y aprovecho para lanzar un aviso: aquellos (y aquellas, aunque menos) que os echasteis las manos a la cabeza con Virginie Despentes y su «Teoría King Kong», no os alarméis. Porque el estilo de Solnit es totalmente diferente, y su enfoque no parte tanto de la crítica ácida y mordaz, casi desafiante e incluso agresiva de Despentes, sino que lo centra en algo más constructivo. Y sí, claro que habla del concepto NotAllMen y lo critica poniéndolo en frente del más que acertado YesAllWomen, pero ya la misma autora reitera en varias ocasiones que muchos hombres se han unido al feminismo, en una causa que no pretende menospreciar o reducir la capacidad de los hombres, sino una causa que lo que pretende es liberarnos a todos. Igual que el racismo no debe combatirse solo por parte de las víctimas (o personas afectadas), tampoco el feminismo. Así, este relato es más inclusivo, más esperanzador, más optimista, porque hay razones para creer que se avanza, de manera más lenta o más rápida, a veces de forma acelerada y otras con muchísimos obstáculos, pero se avanza.

Y esta vez terminaré la reseña con una cita de la autora, que resume perfectamente el por qué debemos afrontar y combatir la situación actual: «Es una cuestión de derechos humanos, es el problema de todos, no está aislado y nunca más será aceptable. Tiene que cambiar. Es vuestro trabajo cambiarlo, y mío, y nuestro

jueves, 23 de noviembre de 2017

Assia Djebar: Sin habitación propia



Idioma original: Francés
Título original: Nulle  part dans la maison de mon père
Año de publicación: 2007
Traducción: Susana Andrés Font
Valoración: Muy recomendable


En la escritura de Assia Djebar cristalizan algunas de las paradojas, choques y conflictos más característicos de nuestra época. Mujer, musulmana, argelina, Fatima-Zohra Imalayen (Cherchell, Argelia, 1936 – París, 2015) fue terca y coherente en el manejo público de sus ideas e intimista y delicada en la forja de sus relatos. En su literatura, en la que su propia trayectoria vital es la principal materia prima, estas tensiones no es que estén latentes, si no que aparecen explícitas y pormenorizadas, siendo habitual que sean el motor mismo de la narración.

Una complejidad que aparece incluso instalada en el propio seudónimo literario escogido: Assia (Consolación) Djebar (Intransigencia). Que se visibiliza en muchas facetas de su trayectoria. En la elección del idioma impuesto por el dominio francés para pensar y crear, manteniendo la lengua árabe materna para los lances más íntimos de cualquier persona; amar, sufrir, rezar... O en su implicación en la lucha contra la ocupación colonial de Argelia, que le costó la expulsión de la Universidad de París en 1958, y su nueva expulsión de la Universidad de Argel en 1965 por negarse a renunciar al francés frente a la arabización impuesta por el triunfante nacionalismo. O en el ingreso en la Academia Francesa en 2005 -la quinta mujer en conseguirlo, después que Marguerite Yourcenar ocupase uno de sus sillones por vez primera en 1980- y, a la vez, el contundente ejercicio que no aflojó de denuncia y rechazo de la superioridad cultural, ideológica y moral que se arrogan aún demasiados vecinos nuestros del otro lado de los Pirineos.

Sin habitación propia es el relato de ese periodo mágico que va desde los más remotos recuerdos de infancia hasta los turbulentos días de la adolescencia, en que deben tomarse las primeras decisiones trascendentes. Con un padre, profesor de la escuela francesa, tan abierto e innovador como para llevar a su hija a la escuela y enorgullecerse de sus progresos como cerril para montar en cólera cuando la ve subirse a una bicicleta y mostrar las rodillas. Con una madre retraída y discreta que sólo con el tiempo optará por desvelarse y mostrar, afirmar públicamente su propia persona. Con un país, la Argelia sometida, donde la segregación en función del origen, del género y la condición social eran brutales y espeluznantes pero donde también se filtraban por las rendijas de la convivencia rayos de conocimiento, emancipación y arte y se generaban sueños individuales y colectivos. La referencia a las mujeres labrándose su propio porvenir que hizo Virginia Woolf es explícita, tanto como la sensorial descripción que la autora hace de ese ámbito femenino postergado y discreto, en las casas, en los baños públicos, en las bodas y reuniones donde ellas creaban su tejido de complicidades, confidencias y apoyos mutuos.

"Solo reconozco una regla, aprendida y dilucidada, poco a poco, en soledad y lejos de las capillas literarias: no practicar más que una escritura de necesidad.", explicó Assia Djebar. Este empeño en retratarse, en explicarse y encarnarse en la literatura para así servir a sus congéneres, compatriotas, compañeros o lectores como constatación de que emociones, pasiones, limitaciones, anhelos, incertidumbres y sacrificios son intrínsecamente individuales y a la vez necesariamente colectivos, late tenazmente en sus novelas. Sin habitación propia es una poderosa exhibición de memoria y de escritura precisa y personal, que no ensimismada. Que seduce por la cálida minuciosidad con la que se describen escenas, detalles, personajes y ambientes y en el que se recrea ese imperceptible soplo de libertad que luego será un valor esencial en la personalidad del adulto. Puesto que, en efecto, la infancia termina demasiado pronto en los países soleados.