viernes, 10 de julio de 2020

Bill Bryson: En las antípodas

Título original: Down Under
Idioma original: inglés 
Traducción: Esther Roig i Formosa
Año de publicación: 2000
Valoración: Recomendable alto

Puede que sea cosa mía, pero creo que los libros de viajes son un género algo menospreciado dentro del mundo de la literatura. Hacer un viaje y contarlo parece, a poco que se tenga cierta buena mano, una cosa sencilla: recopilar unos cuantos datos que puedan interesar, darle algunas pinceladas personales, un poco de humor, y ya está, ese viaje guay que te has marcado convertido en libro, tu ego satisfecho y, con un poco de suerte y una buena promoción, unos magros ingresos. Bueno, ya, está bien como idea general, igual no hace falta muchísima creatividad ni un estilo depurado pero, como todo, hay que hacerlo y hacerlo bien. Y eso no es tan fácil.

Empecemos por el escenario. Salvo que seas David Foster Wallace y hayas hecho un crucero, no valen planes burgueses, como esa Semana Santa en el combinado Viena-Praga-Budapest con dos parejas amigas, ni la semana de julio en la calita de Menorca. Para ser digno de un libro, el destino tiene que ser algo potente, África, parajes polares o tierras remotas. ¿Qué les parece Australia? Es lo que ofrece Bryson, más de trescientas páginas sobre ese inmenso país-isla-continente, extremadamente lejano de casi todo, perdido en una esquina del mundo, ignorado excepto cuando se trata de deportes o de incendios. El autor se confiesa enamorado de aquella tierra ignota, lo repite muchas veces y su entusiasmo se deja ver sin rubor y suena totalmente sincero porque tampoco oculta la crítica cuando la cree necesaria. Esa subjetividad no disimulada, además de empatizar con el lector, trasmite honestidad y transparencia, y eso es un tanto a su favor, claramente.

El lugar es descomunal en todos los sentidos: unas catorce veces mayor que España, tiene apenas la mitad de habitantes, casi todos concentrados en un área mínima del sureste. Si hablamos de kilómetros, se encuentra a unos 15.000 tanto de Estados Unidos como de Europa, y cuenta con una bárbara extensión de desiertos y tierras áridas que ocupan la gran mayoría de su superficie. Las zonas urbanas son perfectamente asimilables a cualquier país anglosajón actual, con cierta nostalgia del pasado británico y fuerte presencia de los valores ecológicos. Pero también posee con una amplia región de clima tropical al norte, carreteras solitarias que enlazan ciudades separadas por miles de kilómetros de vacío absoluto, la Gran Barrera de Coral y algunos de los animales más peligrosos de la Tierra. Es decir, ingredientes de sobra para contar muchas cosas y muy interesantes.

El viaje de Bryson es una paliza bestial de miles de horas de coche, porque solo en un par de ocasiones utiliza otros medios de transporte. Unas veces solo y otras acompañado, los trayectos se llenan de paradas en lugares muy diversos, desde pequeñas poblaciones donde visita algún museo medio olvidado, antiguos enclaves mineros de los que solo queda un motel polvoriento y una gasolinera, o un punto perdido de la costa donde pueden verse líquenes de épocas cercanas al nacimiento de la vida en el planeta. Siempre con un generoso derroche de humor, porque el libro es divertido hasta diría que en exceso, y con la campechanía del viajero experimentado que no se ahorra una agotadora etapa improvisada para conocer alguna curiosidad irrelevante, ni por supuesto unas buenas cervezas con que refrescar una jornada de coche demoledora. Los bares, ya se sabe, son en cualquier parte del mundo el mejor elemento de análisis de la sociedad, y eso ningún buen autor de libros de viajes lo ignora. En los bares pero también en tiendas, en museos o en la misma calle, Bryson (que no parece precisamente tímido, pero sí educado y también irónico) conecta con los australianos, que le tienen encandilado ya desde sus anteriores experiencias. Son gente espontánea y directa, que parece desinhibida, amante de la vida y la luz, individuos felices en un mundo aislado pero autosuficiente, esa especie de pequeño paraíso en un rincón del que pocos se acuerdan. 

Y sin embargo en esa Arcadia hay zonas de sombra que todos prefieren ignorar. Una es el origen penitenciario de los primeros pobladores británicos y otra, la más importante, los aborígenes. Sobre su historia nos ilustra el libro de forma clara y amena, pero no me voy a extender más. El problema es que los aborígenes –salvo que jueguen al rugby- son todavía hoy en día una minoría ninguneada, cuyos escasos miembros se arrastran por las ciudades o malviven en pueblos remotos, muchas veces víctimas del alcoholismo. Una situación de racismo ahogado que más que a los negros recuerda a los indios norteamericanos o los inuits canadienses, pueblos abocados a la desaparición, perdida toda su identidad cultural y sin vocación ninguna (por voluntad o por capacidad) de integrarse en la sociedad blanca dominante. Tampoco se ahorra Bryson crudeza a la hora de referirse a esas situaciones, y su entusiasmo por el país y sus habitantes se empaña con sinceridad ante un problema que los australianos parecen no querer ver porque no saben (o no quieren) resolver. Es una muestra del equilibrio que muestra el libro, dice mucho sobre la honradez del autor, y constituye tal vez el único momento en que abandona de verdad la combinación entre el humor omnipresente y la fascinación por ese enorme y sorprendente país. 

Saber transmitir la experiencia personal es seguramente la mayor virtud de un libro de viajes, y en el libro tampoco faltan datos, interesantes pero no excesivos, ocurrencias o anécdotas con que dar color al relato, con todo lo cual tenemos un libro estupendo, instructivo y entretenido, al que pocas pegas se le pueden encontrar. La principal, claro está, que nos interese este tipo de literatura y, sobre todo, aquello de lo que se habla, porque si usted no tiene ninguna intención de pasarse varios días leyendo sobre Australia, a lo mejor ha perdido unos minutos leyendo esta reseña.

También de Bill Bryson en ULAD: En casa. Una breve historia de la vida privada

9 comentarios:

beatrizrodriguezsoto dijo...

Hola, Carlos: A mi me gustan mucho los libros de viajes. Y, por lo que cuentas, el que reseñas hoy me resulta muy atractivo. Voy a intentar descargarlo en internet pero no se si lo conseguiré porque me manejo mal en esto. Pero sí me ha gustado mucho tu comentario Y me ha sorprendido porque, en mi ignorancia, desconocía que Australia ha tenido un pasado conflictivo de colonos e indígenas similar al de América.Creo que será un libro muy interesante.
Saludos.

Juan G. B. dijo...

Hola, compañero:
Muy interesante el libro y la reseña. Para quien esté más interesado aún en Australia, hay otro libro de viajes ("novela de viajes", más bien) de Bruce Charwin, "Los trazos de la canción"que aunque en mi opinión no es lo mejor de este autor, está bastante bien y fue reseñado estupendamentemior Grancesc, hace tiempo:
http://unlibroaldia.blogspot.com/2014/09/bruce-chatwin-los-trazos-de-la-cancion.html

Carlos Andia dijo...

Pues resulta que yo llegué a este libro un poco por casualidad, porque estaba buscando algo sobre un desafortunado viaje de exploración de Burke y Willis, pero no había nada en castellano, y mi inglés no me da para tanto. Bryson se refiere un poco por encima a ese viaje, y en general es un libro muy apetecible para quien le gusten los libros de viajes y le interese algo el tema de Australia. Sobre los aborígenes, no llegó a haber un conflicto propiamente dicho, pero sí un problema de asimilación bastante duro que nadie ha sido capaz de resolver, como en tantos otros casos.

Gracias a los dos por los amables comentarios.

MEGGASABER BLOG dijo...

Like libros and documentarys..legal good post

Unknown dijo...

Carlos la reseña me ha encantado y lo apunto como posible.. Dsde niño siempre me gustó australia. He sengido nostalgia de David foster wallace. Precisamente lei el libro al qué haces referencia el del crucero y tb su biografía.. Con ese final tremendo. Gracias carlos.. Mayor Thompson

Oriol dijo...

Perdón por la referencia pop innecesaria, Carlos, pero a los improbables amantes del “slasher” que pululen por este blog quiero recomendarles Wolf Creek 2. Es una película que se puede ver autónomamente, prescindiendo de su antecesora. Trata sobre un asesino serial australiano que da, en su genial y excesivo último tercio, una lección sobre la historia del país. Haciendo hincapié, precisamente, en el pasado británico.

Carlos Andia dijo...

Ya que hablamos de películas, sobre la historia de Australia (y puede que algo sobre los aborígenes, no recuerdo bien) algo hay también en la que precisamente se titulaba 'Australia', que de alguna manera era uno de esos relatos épicos de mujer-en-tierras-hostiles como 'Memorias de África' o algunas otras en entorno norteamericano. Vamos, es lo que me suena sobre la marcha. Sobre esa que dices, Oriol, creo que es la primera vez que veo mencionarla, así que ni idea, pero gracias por la aportación.

Mayor Thompson, si te interesa algo ese país el libro te va a gustar seguro. Nos cuentas si te decides a leerlo.

Saludos a los dos!

Bretanho dijo...

Creo que lo más importante para que este libro, que no he leído, sea recomendable, más allá del género, es que Bryson es un estupendo narrador y tremendamente entretenido, como sí he podido comprobar en otros libros suyos.

Carlos Andia dijo...

Pues efectivamente, Bretanho, esas cualidades se dejan ver con toda la intensidad en este libro.

Y ya que haces alusión a otros títulos del autor, diré que he actualizado la entrada con un enlace a 'En casa. Una pequeña historia de la vida privada', referencia que injustamente había ignorado.

Un saludo y gracias por comentar.