sábado, 4 de julio de 2020

Colaboración: La belleza del marido de Anne Carson

Idioma original: Inglés. 
Traducción: Andreu Jaume. 
Publicación: 2001. Edición española de Lumen (2003); edición actual española de Lumen (2019).  
Valoración: Está bien. Recomendable.  

El anuncio de la concesión del premio Princesa de Asturias 2020 a Anne Carson me sorprendió iniciando la lectura de La Belleza del marido. Un ensayo narrativo en 29 tangos, publicado en castellano -edición bilingüe- por Lumen.  

La obra, compuesta de poemas (tangos) y una coda final, recorre -o más bien adopta como motivo o pretexto poético- la historia de una pareja imposible, bajo la inspiración o el hechizo Beauty is Truth -Belleza es Verdad- suerte de lema de John Keats, poeta y autor de las breves sentencias que preceden cada texto.

Leí a Anne Carson por primera vez en 2015. Men in the off hours (Hombres en sus horas libres, Pre- Textos, 2007) supuso todo un descubrimiento, lo cual no es poco pasados los años, cuando la capacidad de asombro disminuye. En aquel momento llegué a pensar que había encontrado, casi por casualidad, la poeta que busqué durante mucho tiempo. Después de la pequeña decepción de Decreation (Decreación, Vaso Roto Ediciones, 2014) no eran pocas las ganas de abordar otra obra de esta autora canadiense, profesora de griego antiguo ahora afincada en Nueva York. 

Los versos de Anne Carson pueden llegar a representar, en modo casi perfecto, esa conocida fórmula que define la Poesía como Belleza + Misterio. Su conocimiento del mundo clásico abre un perfecto telón a la evocación, y una enorme capacidad de sugestión y una incuestionable sensibilidad hacen el resto, apuntalan el material preciso para escribir una obra poética tan bella como sólida. 

Sin embargo, La Belleza del marido no cumple con las expectativas, por varios motivos. Pero antes de avanzar, como casi que siento estas líneas como hollar un templo con zapatos sucios, como una especie de profanación de la obra de una de las mejores poetas del momento -premiada incluso con el T.S. Eliot de 2001- no quiero dejar de lado referir qué altamente subjetiva e incluso espiritual es la Poesía, o incluso cada lectura. Y es que en el llamado género del yo, una obra puede suscitar reacciones bien diversas. A bote pronto y sin establecer conexiones estudiadas o racionales sino meras sensaciones, los versos -o más bien lo que transmiten- tienen algo de Valéry, de Mallarmé, de Dickinson. Cito estos tres grandes poetas precisamente por aquello del elemento subjetivo, porque puede que un mismo poemario resulte grande a unos, insulso a otros. 

Pero no puedo ocultar que a veces durante la lectura de la obra he echado en falta fuerza, capacidad de transmitir y autenticidad amén de una mayor dosis de Belleza con mayúsculas en este singular poemario, que deja una sensación, hasta cierto punto, de obra si no malograda, al menos no tan brillante como podía haber sido.  

En fin, que la historia, aun secundaria en un libro de poemas, es tan idónea en principio y en potencial (un matrimonio que se desmorona; un marido inaprehensible, resbaladizo para la esposa; una sucesión de dolores y rupturas que no suponen, sin embargo, la discontinuidad de la Belleza) como por momentos impostada y, en determinados episodios, de escasa verosimilitud, y a la que falta esa convicción, esa autenticidad que viene de frente y te puede y te lleva y es lo que, a la postre, más valoro. 

Parece que Carson finge cuando juega a no hacerlo; parece que no nos encaja del todo su historia; que no convencen ni determinados excesos de indefinición ni -esta vez- esas intercaladas referencias clásicas en un contexto moderno y un tanto decadente de llamadas, cabinas, silencios infieles, de un amigo que sabe poco y que se llama Ray. Esta vez no termina de ajustarse la lágrima, la copa o la carta que descubre mi madre entre mis cosas con el pensamiento de Parménides. Algo ha fallado. Algo te dice que falta consistencia, que falta naturalidad.  

Lógicamente, Carson nos deja versos de factura y capacidad evocadora (Shall we sharpen our eyes and circle closer to the beauty of the husband / carefully, for he was on fire. / Under him the floor was on fire, / the world was on fire, / truth was on fire) pero se echan en falta más,un poco por todos lados. Los mejores poemas no llegan sino al final. Según avanzala lectura se tiene la impresión de estar leyendo algo menos veraz, menos auténtico de lo que, en teoría, podía ser. Porque el leit motiv formal de la narración, en una versión moderna y en manos de Anne Carson, puede dar lugar, sin lugar a dudas, a una obra más que notable, a un trabajo que deje menos dudas. 

Si soy sincero, no puedo decir que Carson me haya transmitido, esta vez, esa rota belleza en la percepción de mujer del engaño del marido; esa mirada que parece estar en las cosas materiales que nos rodean (un amigo que tiene un nombre y lee poco; la barra de un bar; un sobre donde asoma una carta) pero que está más allá. Esa mirada que limpia y obtiene Verdad y Belleza donde otros no ven, como un palimpsesto, como una suerte de alquimia. En esta ocasión las letras que devienen visibles lo son menos, la dosis de oro que surge tras la repetición de la fórmula no es tanta. Si soy sincero tengo que decir que la obra se queda corta y que, un poco, me ha decepcionado. Y es una pena porque tiene todos los mimbres.Y por ello bien que lo lamento.  

Autor: Fran Marín Paz

4 comentarios:

Lupita dijo...

Hola;

Esta preciosidad de reseña se merece leer el libro.

Entonces, compararé mi visión con la tuya, Fran, pues, quizás, una mujer con muuuchos años de marido encuentre más cercanos esos versos.. o no.

Qué viva la Poesía, en mayúsculas siempre. Más poesía necesita el mundo.

Unknown dijo...

Estupenda reseña fran... Kempes 19

Salomé Ballesteros dijo...

Y que libros recomendarias de Carson?

Anónimo dijo...

¡Muchas gracias por vuestros comentarios, Lupita y Kempes 19!

Salomé, de los tres títulos que he leído de Carson me quedo con "Hombres en sus horas libres."

Fran Marín Paz