viernes, 27 de enero de 2017

John Gray: El alma de las marionetas. Un breve estudio sobre la libertad del ser humano

Idioma original: inglés
Título original: The Soul of the Marionette. A Short Inquiry Into Human Freedom
Año de publicación: 2015
Valoración: Muy recomendable

Quizá, a estas alturas, cueste un poco interesarse por una obra que habla de la libertad, incluso si su título es así de sugerente, el tema parece ya bastante trillado y nos imaginamos enfrentados a otro sesudo estudio avalado por una ristra de citas. No es así: el apoyo bibliográfico existe pero se entremezcla con las propias reflexiones explicitándose solo en las notas bibliográficas anexas; las teorías, si bien profundas y algo complicadas a veces, se exponen de forma fluida, amena y llena de resonancias literarias.
Hay que distinguir entre este John Gray –filósofo especializado en política, de nacionalidad británica, nacido en 1948– y su homónimo, solo tres años más joven, natural del estado de Texas y cultivador de la autoayuda.
Según las teorías gnósticas, el ser humano no puede liberarse más que a través del conocimiento. Tanto estas como las tradiciones místicas (estoicismo, taoísmo, los monoteísmos en general) abogan por una libertad interior, al margen de la conciencia superficial que le arrastraría a elegir constantemente. Todo esto se acerca bastante al determinismo moderno, que al ligar al ser humano con sus  condicionamientos genéticos, lo convierte en mera marioneta colgada de los hilos biológicos. Solo a través de la ciencia (de nuevo, el conocimiento) llegaríamos a emanciparnos de las leyes naturales y perderíamos nuestra condición biológica como único requisito para alcanzar la libertad.
Esta liberación no estaría al alcance de la generación que se lo propusiera, la especie habría de evolucionar reinventándose a sí misma, haría falta crear una especie de homúnculo al estilo del Frankenstein que imaginara Mary Selley hace ya dos siglos, o del androide femenino creado por el francés Auguste Villiers de l'Isle-Adam en su misógina La Eva futura. Pero estas utopías, aunque los avances técnicos lograsen hacerlas realidad, no llegarían nunca a alcanzar el ser superior que desean ya que sus creadores transmitirían inevitablemente a su obra, junto con las cualidades, todos los defectos humanos.
Todo ello se encontraría condicionado por la cuestión, nunca resuelta, de si este mundo nuestro avanza o no hacia un propósito diseñado por una entidad superior (el buen dios que defienden las religiones y no demiurgo malvado e imperfecto), lo que avalaría la idea de progreso generada por el cristianismo y continuada por la actual mentalidad laica. Claro que otros sistemas fueron menos optimistas, los aztecas por ejemplo, apostaron por un caos originario, una maquinaria destructiva que podría paralizarse eventualmente aplacando a los dioses por medio de sacrificios humanos. Una forma de pensar que, desde nuestra perspectiva, nos puede parecer inhumana, pero, si reconocemos, para variar, que la humanidad se sigue matando, con otros procedimientos pero idéntica fruición, que, sin ir más lejos, el siglo XX ha sido pródigo en masacres por mucho que nos esforcemos en disfrazarlas y que el XXI lleva el mismo camino, concluiremos que, aunque nos esforcemos en identificar civilización y humanidad, nuestros genes contienen también barbarie y en proporciones bastante parecidas. Esto se debe a que “el ser humano es el único animal que busca sentido a su vida matando y muriendo por motivos ridículos”. Ni siquiera hay que recurrir a las guerras de religión: Occidente, interviniendo en civilizaciones de las que lo ignora todo con el insensato propósito de instaurar en ellas su idealizada democracia, lleva tiempo contribuyendo con toda su energía a propagar violencia y destrucción. De momento, en esta parte del mundo, los mass-media transmiten una sensación constante de alarma moderada que proporcionaría la estabilidad deseada por los grandes poderes. Aunque la tranquilidad que el ciudadano desea conlleva una perpetua intromisión en las vidas privadas, con la globalización desaparece el control vecinal que existía en las comunidades reducidas sustituyéndose por la vigilancia globalizada a cargo de gobiernos, empresas y hasta mafias, lo que conlleva una destrucción de la intimidad sin retorno posible.
La tecnología, además de observar, constituye un vehículo de transmisión insuperable, las redes sociales han conseguido poner en marcha todo tipo de movimientos . “Promocionadas como fuerzas unificadoras, las nuevas tecnologías de la comunicación se están utilizando como armas.”
Yendo más lejos, lo tecnológico podría dar un paso más y llegar a independizarse de nosotros. “Algunos creen que los ordenadores pronto pasarán el test de Turing y exhibirán una conducta inteligente que no se distinguirá de la de los seres humanos”. ¿Es posible esperar una nueva ola de adelantos tecnológicos en la que los seres biológicos se extingan para ser sustituidos por entidades cibernéticas? “Intentando rehacer el mundo a su imagen y semejanza, la humanidad está creando un mundo post-humano.” Gray plantea  la posibilidad de un escenario convulso, dominado por una maraña de virus informáticos.
No obstante, puede que esta incertidumbre conlleve algo bueno, que –en contra de los que abogan por la libertad que aporta el conocimiento– no saber lo que nos depara el futuro nos libere en lugar de esclavizarnos. Para ser verdaderamente libre habría que convertirse en marioneta, “… su mente común le proporcionará todo lo que necesite. En lugar de imponer sentido a su vida, se contentará con dejar que el significado venga y se vaya.” “Las Über-marionetas no tienen que esperar a poder volar para ser libres. Al no pretender ascender a los cielos, pueden encontrar la libertad cayendo a la tierra.”