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viernes, 23 de enero de 2026

Wu Ming: Ovni 78

Idioma original: italiano

Título original: Ufo 78

Año de publicación: 2022

Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona

Valoración: muy recomendable 

Italia, años 70; es decir, años de terrorismo (rojo y negro), drogas, comunas más o menos jipis, rock espacial/psicodélico, noticias sensacionalistas, supuestos avistamientos de ovnis... Elementos todos que pertenecen al zeitgeist de la época pero que resultan difíciles de encuadrar en la misma narración, quizás... Pues bien, los Wu Ming lo han conseguido -quiénes, si no-  en esta su última novela hasta la fecha (de hace ya tres años, pero publicada en 2025 en España.  

La acción se desarrolla en Roma, en Turín y en la comarca toscana de la Lunigiana, en el año 1978 (¡sorpresa!), en el que hubo más avistamientos de ovnis que nunca en Italia, aunque sea más recordado por otro suceso: el secuestro y posterior asesinato de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas, algo que encontramos como transfondo de la acción de la novela. De hecho, está arranca, tras un prefacio en el que se nos cuenta otra desaparición misteriosa, unos años antes, cuando cuando se va a celebrar en Roma un congreso de ufología, justo el día en que secuestran al político democristiano. Allí acuden los aguerridos turineses del Grupo de Investigadores Ufólogos y Clipólogos Asociados de Turín -GIUCAT-, acompañados de una de las protagonistas del esta historia, la antropóloga Milena Cravero, que está estudiando a los aficionados a esta actividad. También otro de los protagonistas, el escritor de libros sobre los ovnis Martín Zanka, cuyo hijo Vincenzo, ex-heroinómano, vive en una comuna llamada Tanur, en un pueblo de la Lunigiana donde se encuentra también el misterioso monte Quarzerone, un lugar lleno de leyendas y avistamientos extraños y donde, unos años antes, se han producido unas desapariciones que obsesionan al subinspector Gheppio, de la Guardia Forestal, el último de los personaje principales. Lo que no quiere decir que el resto no tenga importancia, porque en esta historia todos tienen su momento y se les da la misma importancia, desde el ufófilo y germanófilo Jimmy Fruzzeti o su abuela, la "bruja" Jole, al ex-fascista Pardo o el veterano de guerra Capoferri... ¡Si hasta aparece, si bien sólo de pasada, el gran Franco Battiato! Y ya me diréis si un libro que recuerde y reivindique a Franco puede ser malo... (bueno, vale, me abstendré de hacer el chiste).

Por otra parte, es esta una novela que va mutando: lo que comienza como un relato sobre alienígenas, posibles abducciones e investigaciones al respecto, adquiere un tono de crónica política y sociológica para acabar como una suerte de noir rural (o de giallo, en este caso), pero sin perder tampoco los elementos anteriores. Es también la instantánea de un momento de cambio, un punto de inflexión en ese año en el que la izquierda italiana comenzó (o comenzó a ser palmario) su declive, representado en el desencanto del comunista Zanka (no olvidemos que el tema común de las novelas de este colectivo es, justamente, cómo se fueron torciendo los impulsos revolucionarios en los diferentes momentos históricos en los que habían o parecía que iban a triunfar).

Estamos también ante una metáfora (o quizá ni siquiera lo sea, de tan obvia) de cómo en la Italia de la Guerra Fría y, particularmente, de los "años de plomo", se distraía la atención de la población con unos hechos, mientras lo que estaba sucediendo era otra cosa. No sólo con los ovnis y la "fantaciencia" (como se dice en Italia), sino incluso con la actividad armada de ciertos grupos... En todo caso, es posible también, como se menciona en el libro, que esa gran ola de avistamientos de ovnis que tuvo lugar ese año tuviera mucho que ver con el cansancio de la ciudadanía ante una realidad social y política que les había dejado exhausta a la sociedad italiana, necesitada de una ilusión escapista o, más aún, de que vinieran unos seres extraordinarios que se los llevaran de allí a otro mundo donde no hubiera heroína, bombas, corrupción y latrocinio por doquier. Otra cosa es cuánto hubiera aguantado un italiano en un planeta donde, por ejemplo, hiciesen la carbonara con nata en vez de con huevo o le pusieran salsa boloñesa a los espaguetis... Ya os digo yo que se vuelve corriendo y rezongando contra esos barbari.

Más novelas de Wu Ming reseñadas en Un Libro Al Día: Manituana, El Ejército de los Sonámbulos, Proletkult. Y de Luther Blisset: Q

domingo, 28 de septiembre de 2025

Dario Ferrari: Se acabó el recreo

Idioma original: italiano

Título original: La ricreazione è finita

Año de publicación: 2023

Traducción: Carlos Gumpert 

Valoración: bastante recomendable

Si hay algo más entretenido en la experiencia universitaria que dejar pasar las horas dulcemente en los bares o cafeterías de la facultad de turno, en vez de ir a clase (bueno, eso me han contado...) es enterarse de la gran cantidad de chismorreos, maledicencias y habladurías variadas (y centradas básicamente en el profesorado y sus alumnos/as más dilectos) que produce cualquiera de esos sagrados centros de conocimiento, ya se trate de la Universidad de Harvard o del último campus de provincias de alguna universidad autonómica de reciente creación. El cotilleo, el arribismo y, sobre todo, las luchas intestinas (o interuniversitarias, también) están servidas. Más aún quizás en Italia, que no sólo es la patria de la más antigua universidad del mundo, sino que en lo de la sutileza en los juegos de poder, el disimulo en el apuñalamiento por la espalda y el manejo del lenguaje (no sólo verbal) para decir lo contrario de lo que parece nos llevan siglos de ventaja a todos los demás. Que quizá sea un tópico, es cierto, ma è ben trovato

A Marcello Gori,  protagonista de la novela, sin embargo, parece que el rol de estudiante universitario le ha gustado tanto que ha procurado alargarlo todo lo posible, llevándole casi diez años sacar una licenciatura en Letras y aun por los pelos. Procrastinador casi profesional, devoto de la ley del mínimo esfuerzo y de la triquiñuela (resulta imposible no empatizar con este tipo), él mismo reconoce que su vida a los treinta no difiere mucho de la que llevaba a los dieciséis, en una perpetua huida hacia delante a lomos del síndrome de Peter Pan. Pero claro, todo tiene un límite y llega un momento que la cosa ya no puede alargarse más... es entonces cuando Marcello, gracias a un rebote inesperado, consigue una de las preciadas becas de doctorado en el departamento de Italianística Comparada (sic) de la Universidad de Pisa, bajo la dirección del venerado y casi omnisciente profesor Sacrosanti. La contrapartida a tan asombrosa chiripa es que éste le impone como tema de investigación la figura y obra de un escritor de segunda fila originario, como nuestro protagonista, de la cercana Viareggio, Tito Sella, muerto en la cárcel debido a su militancia -finalizada en un baño de sangre- en una suerte de Brigada Roja local, durante los célebres "años de plomo" en Italia. Y a ello que se pone, sin tener demasiada idea de cómo, nuestro amigo Marcello...

No quiero llamar a engaño: en realidad, tampoco es que ésta sea una novela de campus a la italiana o al menos no lo es tanto como puede sugerir la premisa (y mi arranque de esta reseña); es cierto que podemos encontrar salseo académico, rivalidades, y pasteleos... De hecho, podemos aprender mucho de como funcionan tan doctas instituciones gracias a los consejos que sus compañeros de doctorado, mucho más versados en el secreto funcionamiento del mundo académico, le dan al bisoño, pese a llevar media vida como estudiante, Marcello -impepinablemente divertidas o viceversa, las lecciones que le da el sabelotodo Pier Paolo sobre el adecuado uso de las notas a pie de página o las sutilezas del arte del elogio a los artículos y ponencias de los colegas/rivales de especialidad-, así como otros conocimientos más o menos útiles para quien quiera dedicarse a la más fútil labor investigadora u organizar un simposio de literatura. Esta narración de los entresijos del mundo universitario, en principio en un tono jocoso -si bien en algún momento se vuelve serio o incluso trágico- es además el marco para otras dos narraciones que podemos encontrar dentro de ella, dos "novelas dentro de la novela": la primera, muy clara y que ocupa un tercio del libro, es la biografía de Tito Sella conjeturada por Marcello -y que titula La Estantigua, como la supuesta autobiografía inédita del sujeto de su tesis-, centrada sobre todo en su proceso de radicalización política y su toma de compromiso con la lucha armada (o, en otras palabras, el proceso de enajenación que podía llevar a un joven vasco a ingresar en ETA, a un joven musulmán a dedicarse a la yihad o a un joven blanco norteamericano a elegir un rifle de su colección de armas y cargarse al líder de una facción nazi rival) y con darle un sentido a su propia vida. El tercer nivel narrativo que veo en la novela, menos evidente que el segundo, pero que transcurre en paralelo con éste o, al menos como contrapunto, es el que cuenta el proceso de maduración, de entrada en la edad adulta de nuestro protagonista-narrador -aunque yo no me atrevería a calificarla, exactamente, como "novela de crecimiento", porque recordemos que el tipo tiene ya treinta añazos-; lo irónico es que este trayecto irreversible hacia la adultez se produce mientras Marcello lleva a cabo su doctorado, que él empezó, justamente, para tratar de prolongar su condición estudiantil y, en su caso, irresponsable. Su maduración se debe, pues, al estudio de la vida y obra de Sella, pero también por una estancia en París que resulta bastante tópica (por suerte, no tanto como en Actos obscenos en lugar privado de Missiroli), amén de una serie de circunstancias luctuosas que, quieras que no, te hacen poner los pies sobre la tierra.

Por lo demás, los personajes resultan creíbles y sólidos, sin que tampoco el autor necesite dedicarles páginas y más páginas de introspección psicológica -un poco más, en todo caso, sobre Marcello y Tito Sella-; lo ambientes, perfectamente reconocibles (es decir, para quien conozca, por ejemplo, el laberinto mitterrandiano de la Biblioteca  Nacional de Francia) y las peripecias del protagonista, verosímiles en su avance lógico. En cuanto a la prosa de la novela, resulta cuidada pero sin perder su fluidez, denotando esa capacidad que tienen muchos escritores italianos -de hecho, el estilo de Ferrari me recuerda mucho al de Marco Malvaldi, que es de la misma zona, aunque quizás sus novelas sean menos ambiciosas-para resultar ágiles y livianos sin perder un ápice de densidad literaria ni de profundidad en el retrato psicológico, sociológico o histórico, en un análisis en el que lo divertido no está reñido con lo certero.  En este caso, más allá de la novela de formación que he comentado -o de maduración, más bien-, la indagación sobre el compromiso y sus consecuencias, que pueden ser trágicas pero también, en la mayoría de los casos, consiste en cerrar puertas que en nuestra juventud aún permanecen abiertas, en elegir un camino en el "jardín de los senderos que se bifurcan", que diría ya sabéis quién. Pues madurar y comprometerse es dejar morir el resto de posibilidades que se abrían ante nosotros, para poder vivir en una de ellas. Para saber si Marcello es capaz o no de aprenderlo, leed la novela. Otra cosa no, pero os prometo que no os arrepentiréis...

Nota final: Por lo visto, la ganadora del último premio Tusquets de novela, fallado recientemente (de hecho, mientras yo leía ésta otra), El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano, también trata de un grupo armado ficticio de los años setenta. Asimismo, la película Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson (basada en la novela Vineland de Thomas Pynchon), también trata de un grupo armado revolucionario... Tal vez nos encontremos ante una nueva tendencia en alza... ¡Temblad, autores/as de romantasy!

domingo, 17 de noviembre de 2024

Scott Spencer: Despertar a los muertos

Idioma original: Inglés
Título original: Waking the dead
Año de publicación: 1986
Traducción: Ce Santiago
Valoración: Muy recomendable (y mucho recomendable, que diría M.R.)

No me ando por las ramas: Despertar a los muertos es un novelón. Por varios motivos: por el manejo del ritmo narrativo, por la agilidad y credibilidad de los diálogos, por la amplitud y variedad de temas tratados, por cómo (d)escribe (sobre) las relaciones familiares y de pareja, por su plena vigencia, etc.

Yendo a lo argumental, Despertar a los muertos es la historia de Fielding Pierce, un joven abogado de origen humilde "predestinado" a la vida política que vio cómo, unos años atrás, su pareja (Sarah) fallecía en un atentado mientras ayuda a exiliados políticos chilenos. 

Obviamente, la vertiente política de la novela es fundamental. Por un lado, su engarce con el cine político de los años 70 es claro pues la novela está ambientada entre los años del Watergate y la Operación Cóndor, los últimos coletazos de la Guerra de Vietnam y el final del mandato de Nixon y resulta imposible no ligarla, al menos en parte, con películas como Desaparecido, Los 3 días del Cóndor o Í de Ícaro; por otro, hay también una clara crítica a un sistema en el que los que mueven los hilos se esconden tras rostros como el de Fielding, quien a la larga resulta un paria convertido en centro de atención, un pez entre tiburones que se verá enfrentado, entre otras, a la dicotomía ideal / realidad. En este sentido, también son dignas de mención las referencias a la "clase media aspiracional", al "ascensor social", etc. Y, last but no least, no es casual la localización de la novela entre Nueva York y Chicago  (los Chicago Boys y demás familia, you know)

Pero quedarnos con lo político sería hacer una lectura reduccionista de la novela y quedarnos con las referencias al cine político setentero sería quedarme corto. Y es que la novela no deja de ser la historia de una obsesión ya que, a medida que Fielding intenta "construir" su carrera política, la presencia de Sarah se hace cada vez más presente, hasta el punto de terminar persiguiendo una luz (¿o una sombra?). Por lo tanto, Fielding frente a sus propias contradicciones, Fielding frente a la culpa y Fielding frente a su pasado y frente a su planeado futuro a través de la continua presencia de Sarah. ¿No os recuerda un poco a cierta película de cierto calvo regordete genial?

Otro aspecto que quisiera destacar de la novela es el aporte de los personajes secundarios, todos ellos bien construidos e importantes en el desarrollo de la trama, todos ellos necesarios para poner continuamente a Fielding frente al espejo. Especialmente reseñable es el papel de las mujeres y de la relación de Fielding con ellas. 

Por último, es imprescindible mencionar, aunque sea solo de pasada (no vamos a destripar nada), el final de la novela. Se trata de un final abierto y ambiguo que deja abiertas las puertas a una relectura en la que encontrar posibles nuevas claves. Ahí lo dejo.

En fin, 525 páginas de una muy buena novela con la que Scott Spencer consigue mantener el ritmo y la tensión gracias a una trama en la que mezcla, en dosis justas, amor, poder, política y otras hierbas.

También de Scott Spencer en ULAD: Amor sin fin

P.S.: Releo ahora la reseña que escribí de Amor sin fin y veo que lo que destaqué como puntos fuertes en aquella se repite en Despertar a los muertos. ¿Será casualidad?

viernes, 22 de diciembre de 2023

Percival Everett: Los árboles

Idioma original: inglés

Título original: The Trees

Traducción: Javier Calvo

Año de publicación: 2021

Valoración: tronchante y, por supuesto, recomendable

Durante la inolvidable (y esperemos que irrepetible) presidencia de Trump se producen en el pueblo de Money (sic), estado de Mississippi, unos crímenes particularmente truculentos, con mutilaciones incluidas y que parecen estar relacionados entre sí. Y que, sobre todo, llevan aparejados unas inexplicables apariciones y desapariciones que tienen superadas a las fuerzas del orden locales, comandadas por el sheriff Jetty, por lo que la policía estatal -el MBI, aunque parezca una broma- envía a dos de sus detectives, Ed Morgan y Jim Davis a investigar el caso. Los dos negros, lo cual no tendría mayor importancia si no fuera porque el caso parece tener connotaciones racistas -o las víctimas, más bien- y aquello no deja de ser el muy profundo Sur.

Con estos mimbres muy bien podríamos encontrarnos ante un thriller con conciencia social, al estilo (y ya sé que se trata de una película) de la muy conocida En el calor de la noche, duplicado, en este caso, el detective Tibbs que encarnaba Sidney Poitier (y sobre todo porque el sheriff Red Jetty también recuerda un poco al interpretado por Rod Steiger). La pareja de detectives negros también trae a la memoria, aunque en suave, a los impagables Ataúd Johnson y Sepulturero Jones del gran Chester Himes. Pero el caso es que, según se van sumando los elementos extraños a la trama, ésta va recordando más, y perdón por continuar con las referencias audiovisuales, a un Twin Peaks (1) sureño o incluso un episodio de Expediente X (2). Y aviso que la cosa no ha hecho más que empezar...

¿Ante qué nos encontramos, pues? ¿Un thriller policiaco? ¿Un whodunit con ínfulas políticas? ¿Una novela de terror bien enraizada en la realidad americana, a lo Stephen King? ¿Una distopía con tintes sobrenaturales? Pues todo y nada de esto, en realidad. Porque si algo caracteriza a esta novela, si Los árboles se puede calificar claramente de alguna forma, desde su primera página, es como una novela de humor. Humor satírico, incluso sarcástico, humor irónico, humor más sutil o más obvio -sin ir más lejos, Everett hace humor con los peculiares nombres de muchos personajes: Junior Junior, Braden Brady, Mamichula de Amarillo, Pick L. Dill, Helvetia Quip, Chester Hobsinger...-, humor cómplice y, sobre todo, humor negro (en todos los sentidos)... negrísimo, de hecho, porque Everett lo utiliza para tratar unos temas de los más espinosos, dramáticos e incluso traumáticos. Las heridas abiertas por el racismo en los Estados Unidos de América, que quienes  elegieron al tipo naranja que ocupaba la Casa Blanca cuando su autor escribía esta novela no parecen muy proclives a cerrar, sino todo lo contrario (la novela también se puede leer como una metáfora del movimiento Black Lives Matter, sobre todo en su tramo final). Sin duda, Everett ha hecho suya la frase del maestro Billy Wilder. "Si quieres decirle la verdad a la gente, sé divertido o te matarán" y a fe mía que consigue ser MUY divertido, incluso tronchante en más de una ocasión, para poder soltar toda la amargura y la tristeza de cómo se construyó su país (y el mundo en el que vivimos, podíamos añadir), de una forma basada en la crueldad, el desprecio y la ignorancia que muchos parecen dispuestos a perpetuar allí, aquí y casi se diría que en todas partes. nos queda, es verdad, el humor como arma defensiva, pero me temo que no sea suficiente. Aunque el buen rato, en este caso, no nos lo quita nadie...

(1) Nota para centennials e incluso algún que otro millenial: Twin Peaks era una serie de principios de los 90 dirigida por David Lynch en la que pasaban cosas muy rarunas en un pueblo en el que se había producido un asesinato, investigado por un agente del FBI.

(2) Nota para centennials e incluso algún que otro millenial: Expediente X era una serie de mediados de los 90 en la que pasaban cosas muy rarunas en muchos sitios, que eran investigadas por una pareja de agentes del FBI. Se ve que la agencia había aumentado de presupuesto.


También de Percival Everett y reseñado en Un Libro Al Día: X


sábado, 18 de febrero de 2023

Reseña + Entrevista: Arauco, de Juan Manuel Zurita Soto

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2022
Valoración: Entre recomendable y está bien

Arauco, primera novela de Juan Manuel Zurita Soto, da buena cuenta de la madurez del chileno, pues es el fruto de muchos años acumulando lecturas, observando el ambiente y conociendo al ser humano.   

¿De qué trata? Un periodista que se ha quedado sin trabajo regresa al pueblo en el que pasó su infancia y adolescencia, donde todavía viven sus padres. Allí se interesa por un crimen acaecido hace casi treinta años. 

«Lo mío tenía que ser una investigación periodística. (...) El expediente estaba lleno de contradicciones. Las había en las declaraciones de los testigos, en el propio testimonio de Leiva, en las diligencias policiales.» (94-95)

Ya veis que Arauco tiene un misterio a desentrañar y dosis de tensión. Sin embargo, ambos elementos, propios del relato policial, no son sino la excusa para hablar de otros temas: la idiosincrasia provincial, las dinámicas familiares, la rutina cotidiana, la vejez, la desidia de las autoridades, los prejuicios hacia la homosexualidad, el clasismo, el crecimiento personal, etc…

El tono que impregna la novela está muy logrado. Al principio tiene un poso melancólico o hasta triste, pero evoluciona paulatinamente, paralelamente al protagonista y narrador de la historia, hasta adquirir un talante estoico. 

Una calidad y desarrollo similares presentan las reflexiones que salpican estas páginas, acertadas ya giren en torno a la política, la sociología o la psicología. Adjunto un par de ellas a modo de ejemplo: 

«Mis choques con mis compañeros eran (...) poco profundos. Las discusiones se daban por esa necesidad adolescente de pelear, de diferenciarse, como si en ello estuviera la clave de todo. Una urgencia imperiosa de buscar el desacuerdo, la mirada particular, como si se pudiera lograr tan sólo con voluntad.» (35-36)

«De niños [mi hermano y yo] fuimos muy amigos, pero de adolescentes comenzamos a distanciarnos. No fue que peleáramos, sino que se iban forjando nuestras personalidades y, con ello, nuestras diferencias.» (134)

También funcionan bastante bien la prosa y el argumento de Arauco. Si bien la primera tiende a reiterar ciertos detalles, o a alargar innecesariamente determinadas escenas, es fluida a la par que profunda. Con el segundo sucede algo parecido; adolece de paja, pero por lo general está cargado de escenas relevantes y conmovedoras. Mis favoritas: la minuciosa descripción del crimen en el tercer capítulo o la visita a la hermana del acusado.

Quizá le pondría una pega a la obra: su desenlace es previsible. Tanto en lo que atañe a la elección catártica del protagonista como a la resolución del asesinato que estaba investigando.

En cualquier caso, Arauco es una ficción a tener en cuenta. Sobre todo si consideramos que es producto de un autor que llevaba tiempo rumiando qué quería comunicar y esperó a estar preparado para escribirlo.
  

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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Juan Manuel Zurita Soto ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Has esperado bastante para publicar (y deduzco que también para escribir) Arauco, tu primera novela. ¿A qué se debe? ¿Quizá llevabas tiempo dándole vueltas a lo que querías comunicar, pero estabas esperando a tener la experiencia y madurez suficientes para hacerlo?

J.M.Z.S.: Escribo desde adolescente, principalmente relatos, la mayoría sin acabar, pero desde hace algún tiempo comencé a con la idea de acabar algo, de dejar de decir «estoy escribiendo» —esa eterna justificación para no mostrar nunca nada— a «ya escribí», a tomarme en serio la idea de acabar algo. Creo que se debe también a cierto ordenamiento en las lecturas, en encontrar autores que me animaron a lanzarme yo también.

Coincidió aquello con la redacción de mi tesis: entre más avanzaba en ella, más leía y más escribía ficción. Comencé dos novelas, una de ellas fue Arauco, y me atreví a mostrarla a gente, a inscribirme en un taller que me obligó a ser disciplinado y a convencerme de que, quizá, sí que tenía algo que decir. Eso, más ciertos eventos personales (y el empujón de algunos amigos), me hicieron convencerme de que era publicable. La envié a Comba, les gustó; así que aquí está Arauco, la novela que «ya escribí».

ULAD: Sospecho que Arauco tiene bastante de autobiográfico. ¿Estoy en lo cierto?

J.M.Z.S.: Sí, tiene muchos aspectos de mi vida, es más, muchos amigos (especialmente quienes me conocen desde niño) dicen que es difícil separar al personaje de mi propia voz; pero, más que autobiográfica, es un tema de sensaciones, de ideas, miradas y percepciones que he tenido y que, obviamente, se cruzan con mis propias experiencias. El vivir en un pueblo, la relación que establece el personaje con su familia y con todo su entorno. Por otra parte, la historia que se cuenta es la mezcla de varios sucesos que pasaron, pero no sólo en mi pueblo, sino que recogí en mi experiencia como periodista.

ULAD: El protagonista de la novela tuvo a un profesor que dijo que un escritor necesita buena memoria. ¿Es tu caso? Entiendo que hay muchos recuerdos aquí metidos, entre los párrafos de ficción.

J.M.Z.S.: Más que un profesor, es la frase de un autor de tangos, Enrique Santos Discépolo. Mi tesis fue sobre él. Discépolo, en una entrevista, dijo que las emociones descritas en sus tangos no las estaba viviendo al momento de escribirlos, sino que el recuerdo de ellas, de ese momento en que las sufrió o padeció (sus tangos son dramáticos) era lo que lo animaba a utilizarlas. Eso, más la suma de todos esos momentos que uno vive en la vida, esos que muchas veces, más que nostalgia, traen vergüenza, se amalgaman en una suerte de archivo al cual eché mano para construir esta historia.

ULAD: Arauco transcurre años después de una dictadura. ¿Crees que Chile va en una buena dirección para sacudirse de encima el fantasma del régimen de Pinochet? 

J.M.Z.S.: Espero que sí, pero siguen perviviendo aspectos autoritarios en mi país. Creo que Chile entiende, tal cual muchos otros lugares que han vivido situaciones así de crueles, que eso no debe volver a ocurrir, pero debemos estar alertas ante ciertos signos. Soy profesor en una asignatura que trata sobre el tema, por lo cual me ha tocado leer y retomar ciertas reflexiones en torno a ello y el peligro está ahí. Hanna Arendt lo advierte. Es un tema de muchas aristas y ponerle adjetivos no hace más que banalizarlo, pero sí, creo que Chile puede dejar atrás a Pinochet. El tema es que no venga otro.

martes, 26 de abril de 2022

Salman Rushdie: La decadencia de Nerón Golden

 Idioma original: inglés

Título original: The Golden House

Año de publicación: 2017

Valoración: Imprescindible



Tardaré en reponerme de una lectura como esta, en el buen sentido, claro. Ya he comentado mi admiración casi incondicional por Salman Rushdie. ¿Salman o Nerón, por dónde empiezo? Creo que dejaré volar las teclas y que ellas decidan. Este espacio literario que he habitado durante casi veinte días, ¿o debería admitir que me ha abducido? es una de las pocas lecturas dónde me gustaría irme a vivir, al menos por una temporada. No es que aspire a compartir las experiencias de los personajes, ni hablamos de un idílico lugar donde pasar las vacaciones, es más bien como… lo que hace el narrador (y personaje relevante) de esta compleja trama. Observar, incluso espiar, acercarse o alejarse según conveniencia, incluso mimetizarse a veces y hasta participar en la acción según convenga. Pero sin tener que involucrarme tanto como él, ya que René, al fin y al cabo, vive realmente ahí dentro y no puede permanecer siempre al margen, en cambio el estatus de lector me protegería de cualquier salpicadura ocasional. De René hablare más adelante, él es quien explica los hechos pero detrás de él, y de todos los demás, está la mano expertísima de un escritor que sale y entra de la realidad según le convenga con toda naturalidad y un punto de arrogancia que le perdonamos porque puede permitírselo.

Comprendo que a muchos no acabe de atraerles ese simbolismo constante, la fusión de realidad y fantasía, un sarcasmo que utiliza lo esotérico, la mitología, la confrontación real/irreal junto a la realidad más cruda para hacer una feroz crítica social. Y esa ausencia de cortapisas, su costumbre de dar rienda suelta a una imaginación desbocada así como el señalamiento de nuestros defectos y vicios con la mayor crudeza posible tiene poco de comercial. No es fácil leer la obra de Rushdie porque exige un esfuerzo constante y, de alguna forma, nos arañan por dentro. Hasta yo, que he disfrutado tanto con sus novelas, tuve que abandonar una de ellas porque tanta alegoría me sobrepasaba una poco. Pero aquí se da un cambio apreciable: no existen dos planos, el argumento es absolutamente realista, las pinceladas de irrealidad son un mero adorno, una rúbrica de autor. Encontramos también más humanidad, afecto hacia los personajes, valores positivos, planteamientos éticos directos, empatía, incluso amor del bueno (y de varios tipos) junto a la crueldad, dolor e injusticia que suponen una llamada a la catástrofe y que no pueden faltar en este autor sin desvirtuar su auténtica esencia. Así que, en caso de estar dispuestos a abordar sus más de quinientas páginas, no se lo piensen mucho y conozcan a este Nerón Golden y a toda su familia. Van a disfrutar y a sufrir, van a amar a unos y odiar a otros. Y eso es lo que se espera de esas grandes historias cuya mayor virtud es, quizá, su capacidad de engancharnos a poco que estemos disponibles.

El acaudalado industrial del título se ha metamorfoseado junto con toda su familia, cambiado de nombre, nacionalidad e idioma. Su identidad, pues, es otra. (Este tema de la identidad, en sus diferentes facetas (religión, estado, sexo etc,) se contempla a lo largo de estas páginas, con mayor o menor detalle, desde varios ángulos distintos. Aunque originarios de la India, sus nombres de pila están todos tomados de la Roma clásica (Petronio, Apuleyo, Dioniso y Vespasiano son los nombres de sus hijos por orden de edad, su autor sabrá el por qué de este guiño entre tantos). Me consta que le interesa situar en primer plano la tragedia griega, ¿será esa la razón por la que habla todo el tiempo de romanos? El mundo clásico, es cierto, está muy presente, pero también la mentalidad y política estadounidenses, vida y fisonomía de Nueva York, hechos históricos, el arte, lo hindú, problemáticas recientes –como la absurda polémica del género fluido, que el autor acaba resolviendo con su lógica implacable sin eludir el dramatismo que implica–, haciendo gala de una erudición más sorprendente aún si pensamos que abarca los mundos oriental y occidental y en ambos parece sentirse igualmente cómodo. 

“Tendríamos que haber adivinado que un hombre que se había puesto el nombre del último de los Julio-Claudios de Roma y luego se había instalado en una domus aurea estaba reconociendo públicamente su propia locura, sus fechorías, su megalomanía y su inminente final trágico, y también riéndose en la cara de todo aquello; un hombre así estaba arrojando un guante a los pies del destino y chasqueando los dedos en la cara de la Muerte al acercarse esta…”.

En India, Nerón había perdido a su primera mujer, víctima de un terrible atentado, pero no tardará en aparecer Vasilisa, la cazafortunas joven, bella y arpía (¡cómo no! otro mito que no podía faltar), cuyo papel es fundamental en el desarrollo de los hechos. Y si la riqueza atrae a los ambiciosos, el culebrón que acabo de esbozar es un imán para un joven creador, el mencionado René, vecino de la cómoda zona residencial donde viven, que cree haber encontrado en la Casa Dorada el guion perfecto para triunfar en el mundo del cine. Como solo conocemos su punto de vista, forzosamente tiene que caernos bien, aunque su hipocresía sea más que evidente para el lector y gracias a ella capte la confianza de los Golden y de todo su entorno. El desarrollo no es lineal, abundan los cambios de registro, la alternancia entre primera y tercera personas, apuntes para ese futuro guion, flash backs ocasionales y digresiones varias. Historias dentro de historias, metaliteratura como ingrediente indispensable que no puede faltar en un guiso cocinado por Rushdie. Los recuerdos de Nerón Golden, en plena decadencia y cercano ya el desenlace, servirán para dar sentido a todo lo anterior, gracias a sus confidencias comprendemos que la clave del misterio se encuentra en la mafia. Como todo ese material está en manos de un narrador que, además, es cineasta, imaginen cuántos títulos y escenas salen de su cabeza y se convierten en el vehículo que da forma a su relato. 

El climax de la acción tiene lugar en la época inmediatamente anterior a las elecciones que acabará ganando Trump, y que René vive con auténtico pavor como ciudadano y como documentalista cuyo principal deber es informar. La gran tragedia griega que se venía anunciando culmina finalmente, de todo aquel esplendor solo quedan las cenizas, y sin embargo, sorprendentemente, se produce cierta justicia. Poética, no religiosa, no se premia a los buenos y se castiga a los malos, muchos malos caen, también algunos buenos, tal como sucede en la vida, pero unos pocos, por sorprendente que parezca, pueden disfrutar de un final feliz.

Traducción: Javier Calvo

También de Salman Rushdie: Dos años, ocho meses y veintiocho noches, Los versos satánicos

sábado, 17 de julio de 2021

Clementina Black: Revolucionario

Idioma original:
Inglés
Título original: An agitator
Año de publicación: 1894
Traducción: Gonzalo Gómez Montoro
Valoración: Curioso

Revolucionario es una novela de finales del siglo XIX. La escribió Clementina Black (1853-1922), quien era, además de narradora, sindicalista y feminista. Refleja la sociedad inglesa de la década de 1880 y tiene un alto contenido político y de crítica social.

La protagoniza Christopher (Kit) Brand, un hombre de treinta y dos años que lucha por los derechos de los trabajadores. Brand es inteligente, un buen orador y tiene madera de líder, aunque peca de idealista. Podríamos considerarlo un héroe trágico porque, pese a sus numerosas cualidades, se ve asediado por sus propios fantasmas. A saber: su condición de hijo ilegítimo, las tentaciones que le provocan puntualmente el dinero y el éxito fácil o el distanciamiento que, por varias razones, experimenta con respecto a sus semejantes.

Revolucionario no destaca especialmente por su argumento o sus personajes. En ese sentido, hay que abordar este texto desde la óptica de la literatura de ideas, y no en tanto que ficción ortodoxa. Su autora explora en él temas complejos: la coherencia entre pensamiento y acción, la doctrina socialista, la implicación postiza de ciertos sectores en la lucha de clases, la cautela que hay que adoptar frente a aquéllos que sólo quieren medrar, la necesidad de autocrítica, la falta de credibilidad de la prensa... Resumiendo, podríamos decir que la obra de Black funciona mejor como ventana a cierta época y convicciones que como narración al uso. Aun así, resulta entretenido asomarse también a las tribulaciones de Brand y experimentar su desarrollo.

viernes, 8 de enero de 2021

Simone de Beauvoir: Los mandarines

Idioma original: Francés
Título original: Les mandarins
Traducción: Silvina Bullrich
Fecha de publicación: 1954
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Los mandarines, de Simone de Beauvoir, es una novela de ochocientas y pico páginas. Fue galardonada con el Premio Goncourt en 1954, año de su publicación. Trata sobre un grupo de intelectuales franceses que, al término de la Segunda Guerra Mundial, se plantean cómo seguirán con su vida, de qué modo gestionarán sus relaciones con el resto de miembros de su grupo y cuál será su papel en un mundo cambiante.

No os voy a mentir: esta obra es difícil de leer. Es extensísima; tiene muchos personajes, cuyos nombres, bagaje y carácter cuesta recordar; su argumento se cuece a fuego lento; su subtexto filosófico, exitencialista y político es, por momentos, algo abstruso. Asimismo, producirá rechazo a más de uno por cuestiones ideológicas. ¿Qué me importan a mí las movidas de la izquierda?, dirán unos cuantos. ¿Por qué debería interesarme algo que no pasa el test de Bechdel?, se preguntarán otros. 

Pues bien, pese a vuestras reticencias iniciales, hacedme caso y dadle un tiento a este libro. Intercaladlo con algo liviano, si es necesario, pero dadle una oportunidad. Es empachoso, mas perseverar recompensa con creces este hecho. Las tensiones que explora resonarán en todos nosotros, independientemente de nuestras afinidades políticas. Puede que sus personajes femeninos tengan poca autonomía y sirvan como satélites de sus contrapartes masculinas, pero eso no impide que las mujeres esbozadas por Beauvoir gocen de una psicología extremadamente densa. 

Es curioso, por cierto, el componente autobiográfico de Los mandarines. Y es que reconocemos fácilmente a Beauvoir en el personaje de Anne. También se intuye a la pareja de la autora, Jean-Paul Sartre, en Robert, o al amigo de ambos, Albert Camus, en Henri. 

En resumidas cuentas, considero que estamos frente a una narración muy lograda, que baraja temas complejos desde una perspectiva interesante y que es ambiciosa en la forma. La recomiendo sobremanera a quienes sepan armarse de paciencia y deleitarse con sus múltiples virtudes.


También de Simone de Beauvoir en ULAD: La mujer rota

viernes, 23 de octubre de 2020

Wu Ming: Proletkult

 

Idioma original: italiano

Título original: Proletkult

Año de publicación: 2018

Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona

Valoración: recomendable, tovarischi

Bueno, pues por fin vuelven los Wu Ming con nueva novela (es decir, publicada hace dos años en Italia), para disfrute de sus fans o, al menos, de este fan que aquí escribe. Para quien no los conozca, resumen resumido, que diría no sé quién: Wu Ming (o "sin nombre", en chino) son un colectivo de escritores italianos, provenientes algunos de otro proyecto colectivo que firmaba como Luther Blisset y que, entre otras cosas, van sacando novelas cada cierto tiempo, como la que nos ocupa y que se inserta en una cierta línea temática, pues si Manituana y El Ejército de los Sonámbulos transcurrían durante las revoluciones americana y francesa, respectivamente, en Proletkult se han atrevido con la Revolución rusa (supongo que con la idea de coincidir, más o menos, con su centenario). Claro que quien haya leído algún otro de sus libros sabrá que esta gente no se puede conformar con escribir una novelita histórica más o menos convencional; ésta de hoy se puede considerar más bien como la secuela de una de las novelas más insólitas (al menos para nuestra sucia mirada capitalista) de la ciencia-ficción: Estrella Roja, escrita en 1908 por el revolucionario (fue amigo y luego rival de Lenin para dirigir el bolchevismo), economista, pensador, médico y fundador de la Organización Cultural Proletaria o Proletkult (y todo esto, hay que decir, de forma bastante heterodoxa) Alexander Bogdánov. Novela que ya fue reseñada estupendamente en ULAD por el camarada Koldo, algo que me viene de perlas, pues os mando a leer su reseña y así me ahorro la mitad de la mía...

Bueeeno, vaaalee... otro resumen (muy) resumido: Estrella Roja cuenta el viaje de Leonid, un revolucionario ruso que es llevado por unos marcianos a su planeta, donde funciona un sistema socialista como el que pretender implantar los socialistas, y luego vuelve a la Tierra para contar a Bogdánov lo que ha aprendido. En Proletkult, la que viene desde el espacio exterior es la joven Denni, una supuesta nativa del planeta Nacun -que en Estrella Roja se había convertido en Marte, más reconocible para los lectores-, en busca de su padre, el tal Leonid Voloch; para ello, contacta con Bogdánov, que para entonces,  pues la visita de Denni se produce en 1927, cuando se va a celebrar el centenario de la Revolución de octubre, dirige un instituto científico dedicado a las transfusiones de sangre, en Moscú. Bogdánov, alejado ya de la política y aun sin creer en el origen extraterrestre de la chica, se dedica a buscar a su viejo camarada revolucionario -y alumno en las escuelas obreras de Capri y Bolonia- y en su indagación se reencuentra con otros antiguos bolcheviques, muchos de los cuales ostentan cargos de responsabilidad , pero con el riesgo de caer en desgracia en cualquier momento, pues son los tiempos en que Lenin ya ha sido momificado y Stalin aún no se ha convertido en el padrecito Iósif, pero ya ha dejado de ser Koba (aunque siempre el Temible).

La novela, por tanto, toma en algún momento un aire detectivesco, pero que nadie se engañe, no es éste el sesgo principal de la historia; lo que predomina, más bien, es un carácter reflexivo, a partir, por un lado, de los recuerdos de Bogdánov de su época revolucionaria y del exilio de los bolcheviques en Finlandia, Italia, París... y, por otra parte, de su reencuentro con los viejos camaradas. Es una reflexión, ya digo, sobre la deriva que había tomado la Revolución en esos diez años y sobre la mejor manera de llevarla a cabo; no me refiero a la toma del poder, sino asegurarse de que se produzca una revolución auténtica. Y, más concretamente, sobre el papel que la cultura debe desempeñar en ella y si es posible -o deseable- propiciar la creación de una verdadera cultura proletaria y revolucionaria.

Estas preocupaciones, por  fútiles y hasta ridículas que puedan parecer a la endurecida alma neoliberal de nuestro tiempo, para algunos revolucionarios de aquel entonces y para algún sector de la izquierda actual (me temo que de la más heterodoxa, si es que hay aún alguna ortodoxa), sí que eran asuntos trascendentales o al menos dignos de tenerse en consideración. para quién hoy pueda estar interesado, , ya sabe que aquí tiene esta novela. Todo el poder para los aliens... digo, para los soviets. Bueno, lo que sea...



Recreación de una de las escenas de la novela, en la que se produce un enfrentamiento simbólico, por medio del ajedrez, entre el materialismo y el empiriocriticismo. El primero es el que bosteza... Gorki mira a la cámara, porque el ajedrez no es lo suyo.

Otros títulos de los Wu Ming reseñados en Un Libro Al Día: ManituanaEl Ejército de los Sonámbulos y, por supuesto, Q

sábado, 1 de agosto de 2020

Emilia Pardo Bazán: El saludo de las brujas

Idioma: Español
Año de publicación: 1899
Valoración: Entre recomendable y está bien

¿Quién me hubiera dicho que disfrutaría tanto de El saludo de las brujas? A fin de cuentas, a esta novela de apenas doscientas páginas, escrita por la prolífica Emilia Pardo Bazán, la atraviesan una serie de ingredientes que, a priori, no me llamaban demasiado la atención. A saber: un registro realista, el amor como tema predominante, una prosa alambicada, una voz narradora que constantemente interrumpe la acción para meter baza y valores decimonónicos totalmente desfasados.

Pues resulta que Bazán consigue articular los mentados ingredientes de un modo sumamente atractivo. El registro realista de la historia, por ejemplo, adquiere interés gracias a Dacia, una nación ficticia que coexiste con otros países de la geografía mundial. En cuanto al amor, no se presenta dulcificado; es, de hecho, fuente de tragedias y desgracias de todo tipo. ¿Y qué hay de la prosa? El uso del lenguaje de Bazán es extraordinariamente rico. Es cierto que, a veces, la autora dilata excesivamente ciertas escenas, pero en ningún momento se siente que lo haga para exhibir músculo, sino para aportar matices y reflexiones enjundiosas.    

Una Dacia al borde de la guerra civil. Un romance imposible entre Felipe, un príncipe destronado, y Rosario, la sobrina de un talentoso pintor. Intriga política por doquier. Un desenlace algo abrupto pero francamente demoledor. ¡Drama, drama, drama! El contraste entre la libertad y el deber, la coherencia personal y la responsabilidad colectiva. Esto y más, mucho más, señores, es lo que encontraréis en El saludo de las brujas. Que la reivindicación de la institución monárquica que se gasta Bazán no os impida leer esta delicia, porque vale la pena.


También de Emilia Pardo Bazán en ULAD: Los pazos de Ulloa y La madre naturaleza, Siete cuentos de misterio, Cuentos fantásticosLa gota de sangre, Insolación

viernes, 24 de abril de 2020

Andréi Platónov: La zanja


Idioma original: Ruso
Título original: Kotlovan
Traductora: Marta Sánchez-Nieves
Año de publicación: 2000*
Valoración: Exigente


Algunos estudiosos consideran que La zanja es una obra maestra, la mejor que tiene en su haber el escritor ruso Andréi Platónov. Quién sabe. Lo que no se puede negar es que esta es una novela densa, de una potencia conceptual inusitada, arriesgada en la forma y plagada tanto de connotaciones filosóficas como políticas.

La editorial Armaenia la traduce por primera vez al español en una edición de lujo que, amén del texto definitivo del autor, incluye un iluminador posfacio y un interesante apéndice. Personalmente, hubiera disfrutado más esta ficción si el posfacio estuviera ubicado a modo de prólogo. Hace algún destripe de la historia (como el final), pero ayuda a contextualizarla y a apreciar el estilo que emplea, los temas que la sobrevuelan y las referencias que la enriquecen.

Lo dicho: estamos frente a una novela repleta de virtudes que, dada su exigencia, son difíciles de apreciar si no se tiene las herramientas adecuadas. Recomiendo a sus lectores que acudan primero al posfacio de Robert Chandler y Olga Meerson y luego den cuenta de este extraordinario trabajo de Platónov. Creedme: un "spoiler" es un precio justo a pagar con tal de experimentar La zanja en toda su grandeza literaria.


*En la década de 1930, Platónov cayó en desgracia con Stalin y su obra dejó de ser publicada hasta 1987. Kotlovan, por tanto, saldría a la luz el 2000, años después de haberse concebido. 

viernes, 3 de enero de 2020

Gustavo Faverón Patriau: Vivir abajo

Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: muy recomendable

Una barbaridad de novela. Una barbaridad de novela es la que ha parido Gustavo Faverón: barbaridad por la forma, abarrocada, excesiva, laberíntica; pero también por lo que cuenta, por el fondo: las barbaridades, las innumerables violencias que se han infligido a América latina -aunque no sólo- durante el perturbado siglo XX (y parece que tampoco sólo el siglo XX, por desgracia). Una barbaridad de novela, alucinada y alucinante, desbordante, aunque dotada al tiempo de una estructura, de una intención más férrea de lo que puede parecer en un principio...

Novela desbordante, ya digo, por laberíntica , por orgánica, si se quiere, que avanza como el magma en el fondo del océano o, más bien como uno de esos gusanos marinos ondulantes, que se enrosca y desenrosca sobre sí mismo y hacia fuera de sí mismo. Novela subterránea como los innumerables caminos secretos que trazan las lombrices de tierra y los topos que se alimentan de ellas; novela que, en cierto, modo, también recrea esa caza ciega, ese escabullirse y encontrarse, de topos y lombrices, en sus túneles bajo tierra.

Porque aquí el título no sólo es metafórico: Vivir abajo se llama así porque hay quien pasa la vida viviendo -si es que eso es vida- abajo, bajo la superficie de la vida aparente y "normal": los presos, los desaparecidos, los torturados, los muertos... Pero también sus carceleros, sus torturadores, sus asesinos llevan una vida subterránea -no en vano, el grabado de una cárcel de Piranesi que ilustra la cubierta española de la novela parece haber sido hecha ex profeso para ella hace casi 300 años-; de todo eso, torturas, violaciones, asesinatos, matanzas, está repleta esta novela, que le saca las tripas, para orearlas y mostrarlas en su miseria, a lo que ha sido la Historia reciente -quizás también la actual, quizás la de siempre- de América y del mundo. todo ello a partir de la figura enigmática y en principio ominosa de George Bennett, cineasta y asesino norteamericano, hijo de un militar y agente de la CIA  y una boliviana. Pero no sólo, porque la historia de George se va ramificando en una miríada de historias de quienes le rodean o se topa en su camino y así vamos conociendo las desventuras de niños maltratados, de soldados americanos en Yugoslavia, de cineastas experimentales,de pyragues paraguayos, de un guitarrista peruano, de un preso brasileño, de un superviviviente de Auschwitz, de un bosnio dueño de una librería, de un senderista nadador, de torturadores chilenos, de torturadores norteamericanos, de torturadores alemanes, de nazis de diversa condición y voluntad de serlo... porque el nazismo, como epítome de la crueldad humana, es la matriz a partir de la cual parecen haber sido generados muchos personajes, muchos comportamientos y devenires que aparecen en el libro.

Habrá quien se haya dado cuenta por el anterior párrafo, si es que no lo había notado antes, que esta novela denota una indudable impronta "bolañeana" (o como se diga... si es que se dice); así es, aun con un matiz importante: en las novelas de Bolaño, al menos hasta donde yo conozco, suele haber una cierta laxitud, una mayor incertidumbre, que, buscada o no, contribuye a volverlas inquietantes. En la mayor parte de Vivir abajo, sin embargo, no hay tregua: ni la trama ni el estilo aflojan un ápice y obligan al lector a una tensión constante... bien es cierto que hay toques de humor, aunque bien negruzco, repartidos a lo largo de la novela (sobre todo en la historia del Mano Manzano, escritor incesante chilrno, y  en las películas imaginadas por los presos de la cárcel paraguaya). Y aunque no esté explícita, no es sólo la de Bolaño la única presencia tutelar de esta obra: más evidentes -y recurrentes de forms circular- también están las de poetas como el boliviano Jaime Saenz, Alejandra Pizarnik, Robert Frost; cineastas como Klímov y Werner Herzog; pintores como el Bosco; compositores barrocos... y sobre todo, la sempiterna sombra de Shakespeare y de Calderón de la Barca.

Lo repito: una barbaridad de novela que no trata únicamente de la violencia y la represión; es una novela sobre la locura y la redención, la culpa y la venganza, sobre la ficción y la mentira, sobre los padres y los hijos (quizá esto resuma todo lo anterior)... ¿Se trata de la mejor novela publicada el año pasado, o cuando menos en lengua castellana, como en su momento han afirmado algunos "prescriptores literarios" (pero que no me entere yo que le hacéis caso a alguien que no sea de ULAD)? No me atrevo a afirmar tanto, pero sin duda Gusravo Faverómn ha escrito una barbaridad de novela, una brutalidad, un novelón. En serio.

También en ULAD: Minimosca y Madame Vargas Llosa

sábado, 26 de octubre de 2019

Iñaki Abad: Las amargas mandarinas


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2019
Valoración: Muy recomendable

No todos lloramos por las mismas cosas aunque todos los seres humanos lloren y se rompan por dentro de un modo diferente, ni la palabra libertad tiene el mismo significado para unos que para otros. En una noche lluviosa, Carla llega a Palma desde Windhoek, la capital de Namibia, donde reside con su marido, diplomático, y sus dos hijos. Viene para enterrar a su padre. Así arranca esta novela de Iñaki Abad y lo que hay a lo largo de sus cuatrocientas páginas no es desde luego una despedida sino más bien un reencuentro, el descubrimiento de una persona discreta, sensata, pulcra y reservada, como esos actores secundarios siempre dispuestos a dar diligentemente pie para que se luzcan los protagonistas.

El padre de Carla es José María Fleta Loroño, un bilbaíno del 51, hijo único de una familia trabajadora criado en el muelle de Urazurrutia, al que una decisión bastante intrascendente y tomada a la ligera en una noche de septiembre de 1974 le va a condicionar de una manera definitiva durante el resto de su vida. Chema Fleta iniciará así un periplo que le alejara definitivamente de los suyos, de Bilbao y del País Vasco, aunque se mantendrá irremediablemente sometido al disparatado desquicie de ese monstruo desatado de furia, narcisismo y arrogancia que fue el denominado, incluso por don JoséMarí Aznar, Movimiento Vasco de Liberación Nacional.

Chema Fleta iniciará entonces su vida adulta en Burdeos, en los años setenta, y pese a ser de ese tipo de personas que no precisa de ir convenciendo a los demás de lo necesario, justo y bondadoso de sus propias ideas, no conseguirá situarse al margen de las embestidas de aquellos años, de aquella década tan desatada, quimérica y explosiva. Uno de los hilos que recorre toda esta trama hasta nuestros días es el sentido de las palabras, de qué significado se nutren, para qué sirven y para qué las usamos, qué señales emiten y cómo las disponemos para crear laberintos donde ocultarnos. Y su mayor atractivo, quizás, sea la discreta fuerza en la que se sustenta este personaje de Chema Fleta, que no es otro que el amor, las palabras reencontradas, la conciencia de sus labios, los ojos con los que aprendió a ver el mundo, su olfato, el paladar, fue la piel, el sexo, el temblor, el hambre y el deseo que lo saciaba, el día y todas las noches, el mar donde perderse, las tormentas y el refugio. Y me corto para no dar más detalles que chafarían el goce de descubrirlo por si mismo a quien quiera animarse a la lectura de Las amargas mandarinas.

Porque, desde luego, hacerlo tiene una excelente recompensa. De Iñaki Abad (Bilbao, 1963) no había leído ninguna de sus dos novelas anteriores, Los males adioses (2007) y El hábito de la guerra (2002) así que no puede decirse que se trate de un autor que no le dedique el tiempo preciso a sus historias. Las amargas mandarinas  es un novelón, una auténtica gozada, de esos libros que atrapan y fascinan, que te obligan a dedicarles atención y tiempo, que necesitas arañarle desesperadamente más minutos al sueño, entender, volver atrás, perderte en la profundidad de sus párrafos complejos, densos, enjundiosos. El lenguaje y el tono de la novela están tan logrados como ajustados y la narración va fluyendo con vigor, realismo y emoción, de manera asombrosa y veraz. Yo he llegado al último párrafo de la última página con un nudo en la garganta, con un puño en el estómago. Y no exagero ni un gramo. La he leído embelesado y con fruición, con las lágrimas apelotonadas y pugnando por brotar y con la imaginación sometida y entregada al fluir de la narración. Y cuando eso ocurre, tan de tanto en cuanto, hay que disfrutarlo. Por eso me parece tan y tan recomendable,

domingo, 18 de agosto de 2019

Juan Madrid: Perros que duermen

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: Está muy bien




¿De qué depende que una novela nos guste o no nos guste? Pues, con independencia de tecnicismos que pretenden ser objetivos, lo definitivo es que le llegue al lector, y eso no se sabe muy bien en qué consiste. Según la persona y el momento en que se encuentre, el autor habrá dado en la diana más o menos, y eso lo dirá cada cual, pero aquí tratamos de desmenuzar sus elementos para que cada uno pueda hacerse una idea previa y los que vengan de vuelta contrasten su opinión personal. Perros que duermen deja, creo yo, una sensación agradable, como si regresásemos de una larga y complicada aventura que nos ha mantenido en tensión gran parte del tiempo y gracias a la cual hemos conocido ambientes, situaciones y sucias artimañas que suponen un gran salto, tanto en el tiempo como en el espacio sociopolítico. Bien, desde ese punto de vista no puedo dejar de recomendarla. Pero si enfocamos un poco más, puede que encontremos unas cuantas inconsistencias, y, nos importen o no, están ahí.
Si echan un vistazo a las sinopsis, tropezarán casi seguro con el asunto guerra civil y eso quizá les quite las ganas de leerla. Pero aquella fiebre, que duró décadas y dejó cierto hastío en muchos lectores, parece que ha pasado o ha remitido mucho. Además, Perros que duermen tampoco se puede encuadrar cien por cien en ese grupo, aunque es cierto que la mitad de la acción se sitúa en dicha época, incluso en el frente, y que se describen algunos combates. Pero la otra mitad recrea los primeros pasos del franquismo y, de alguna manera, ambos se equiparan. ¿O es que un campo de prisioneros no tiene mucho en común con cualquier guerra? En mi opinión, el eje central lo constituye la contraposición de ideas, esas dos visiones del mundo separadas por un abismo infranqueable al que, para entendernos, denominamos “las dos Españas” y entre las que, en este caso, en una genial vuelta del tuerca, se tiende un débil puente que, si bien no llega a unir nada, pone de manifiesto la fragilidad de ciertas convicciones.
Juan Madrid –del que destaco su labor como formador de futuros escritores– es, como sabemos, uno de los primeros representantes del género negro en España. Para sus argumentos, cuenta con unos cuantos personajes recurrentes, entre ellos su alter ego, Juan Delforo, del que se sirve en esta su última novela para homenajear a sus padres, que convenientemente transformados, aunque no en lo esencial, asumen casi todo el protagonismo. En cuanto al género, policiaco propiamente no es, a pesar de que se investiga un crimen, pues se trata de una investigación muy sui generis y se encuentra en una posición marginal. Quizá podríamos clasificarla como thriller histórico-político o algo así.
La estructura es, sin duda, uno de sus grandes hallazgos. En su mayor parte, se alternan dos fechas –el primer trimestre de 1938 y varios momentos de 1946– y, paralelamente, dos puntos de vista: el mencionado Delforo por una parte, y el tándem Dimas Prado/Guillermo Borsa por otro, unidos ambos planos por el conocido recurso del manuscrito. Aunque en este caso no fue encontrado, sino legado, gracias a un giro argumental tan sorprendente que llega a rozar lo inverosímil.
En cuanto a la prosa, sabemos que el autor no es para nada un estilista, ni falta que les hace a los géneros que ha cultivado, pero su estilo funcional y correcto de siempre presenta aquí unos cuantos descuidos, quizá demasiados. También entorpecen la lectura esas escenas demasiado largas, repletas de detalles y diálogos irrelevantes, o las batallas que, junto a la acción en sí misma, incluyen una abrumadora cantidad de datos técnicos. Pero tampoco olvidemos otras, en las que los ambientes están admirablemente descritos o episodios impresionantes, por crueles o terriblemente descarnados.
La figura de la manada de perros es, naturalmente, una metáfora, pero también una imagen literal, potentísima, que aparece en más de una ocasión y sobrecoge.

domingo, 30 de junio de 2019

D. B. John: Infiltrada

Idioma original: inglés
Título original: Star of the North
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable



Hace unos meses me propuse recomendar algo trepidante y adictivo para el verano y, después de algún intento fallido, creo que lo tengo. Quizá el título resulte algo pretencioso y, desde luego, mucho menos realista que los sucesos relatados aquí. Pues lo que tenemos entre manos es un thriller político, muy bien documentado según parece, que recomiendo a todo aficionado al género. No para que lo llevéis en la maleta, pues es demasiado voluminoso a pesar de no llegar a las 500 páginas, pero sí en el maletero, ya que contiene todos los ingredientes: intriga, cambios constantes de enfoque, amores y odios, cuentas pendientes, personajes encantadores o aborrecibles o ambas cosas dependiendo del momento, hechos y personalidades históricas, tremendas injusticias y mucha, mucha violencia (no demasiado explícita, afortunadamente), con algún toque de ternura para compensar. Todo ello provocará nuestra indignación –aunque sin implicarnos demasiado debido a la lejanía geográfica de lo narrado– y nos mantendrá enfrascados en la lectura durante esas largas y calurosas tardes en las que lo único que apetece es quedarse en la tumbona. Pero voy a lo concreto para que se entienda.
D. B. John es un galés, de profesión abogado, que apenas había escrito una novela cuando visitó Corea del Norte y recibió una de esas impresiones indelebles con las que no se puede vivir si no lo cuentas (o bien encontró el filón que necesitaba para armar un argumento no demasiado explotado en el confortable mundo que habita). Siempre a mayor gloria de USA, dueños absolutos tanto del protagonismo como del punto de vista, y por tanto los buenos de la película –¡cómo no!– sin que eso signifique, en mi caso, disculpar ni un ápice a los otros. Porque: ¡qué prósperos, qué bien organizados, qué democráticos! No como esos mentecatos de allá lejos que osan no pensar como nosotros (nótese la ironía). En Corea del Norte, “el relato secreto nunca se reconocía, porque no había ninguna emoción o idea, ningún aspecto de la vida, que pasaran desapercibidos a la autoridad del Estado.” Pero recordemos que existe Internet, y démosle tiempo a ver qué pasa. Aquí os dejo otro botón de muestra:

 “… Una vez más, las fuerzas de la intolerancia se han reunido y urden sus planes contra nosotros. Están envalentonados, creen que nuestra libertad nos deja desprotegidos, que nos vuelve decadentes y nos llena de contradicciones. Nosotros, unos pocos afortunados, somos los guardianes de la libertad. Somos los buenos. Somos nosotros los que estamos en la línea del frente. Por eso os habéis unido. Habéis elegido la luz y no la oscuridad.”

Esta arenga, emitida por un supuesto dirigente de un campo de entrenamiento para recién reclutados por la CIA –naturalmente, inventada por el autor de la novela pero bastante verosímil, por desgracia–, da bastante miedo y se acerca a ese clima de lavado de cerebro del fundamentalismo coreano que se describirá más adelante. En ese punto, recién superadas las cien primeras páginas, el argumento no acababa de arrancar del todo, se acumulaban los detalles irrelevantes sirviendo de envoltorio a unas pocas pinceladas informativas: una cáscara de sentimentalismo bastante tópico al que no encontré sentido hasta más tarde. Pero he de reconocer que –aunque hubiese preferido un reportaje periodístico sin concesiones al lector– la narración mejora notablemente a medida que avanza. Poco a poco, va cobrando fuerza, comenzamos a entender hilos narrativos cuya inclusión no acababa de convencernos, nos vamos sintiendo cómodos con esa intriga que crece por momentos, algunos personajes se vuelven tan humanos que empezamos a comprenderlos y hasta a quererlos. Al final, y aunque no se nos explique punto por punto todo lo que ocurre, cada cosa encaja en su lugar y con eso es más que suficiente.

 “Solo tienes poder sobre un hombre mientras no se lo arrebates todo. Pero, si lo dejas sin nada, ya no está en tu poder. Es libre”.

En su climax la novela se acerca a niveles epopéyicos, y hasta el recurso –ya tan manido– de reunir a miembros de familias desmembradas –en este caso, por un destino con fisonomía comunista– nos recuerda a la anagnórisis de los clásicos. También es un acierto que ciertas líneas narrativas se abandonen sin concluir o apenas esbozadas –como ese conato de adopción a Kyu por parte de la señora Moon–, que se muestren cambios de estrategia u opinión por parte de algún personaje, o que los acontecimientos no se produzcan según lo previsto, ya que todo ello se acerca mucho a la vida real y resulta bastante convincente. Y, como en la vida, no existe un solo desenlace sino muchos. Por otra parte, y dentro de los elementos a favor, la trama está repleta de dilemas éticos, que únicamente se plantean y es el lector quien ha de resolverlos. Solo diré que el ambiente está tan cargado de corrupción (constantes sobornos, tráfico de estupefacientes a cargo de diplomáticos, algo muy, muy turbio denominado Programa Semilla etc.) y represión que parece a punto de explotar. Pero ahí siguen, en pie, tanto el país como su régimen, muestra palpable de que el ser humano es capaz de lo mejor y lo peor.
Pero, claro, a una novela con formato de best-seller hay que pedirle lo justo. Algún episodio capital resulta surrealista de puro increíble, los personajes evolucionan, sí, pero no de forma progresiva, sino de golpe. Además, y a medida que nos vamos adentrando en los tejemanejes del gobierno liderado por (el ya fallecido) Kim Jong-il, nos preguntamos hasta que punto esos hechos están documentados, cuales son los fundamentos de lo que afirma el novelista. Por eso considero imprescindible el apéndice que detalla, y explica, las fuentes que ha utilizado. Mi convencimiento ha aumentado después de leerlo, he de admitir. Aunque he creído encontrar también alguna fuente un poco más novelesca: en concreto, un tenue rastro de la serie  Breaking Bad (que aparece en la pag. 383 y alguna otra, para quien quiera consultarlo). Se ofrece, además, un glosario de términos coreanos que no viene mal, aunque los podemos comprender por el contexto.

Traducción: Javier Guerrero

lunes, 4 de marzo de 2019

Isaac Bashevis Singer: El certificado

Idioma original: Yiddish  
Título versión inglesa: The Certificate
Año de publicación versión inglesa: 1992
Traductor: Carlos Lagarriga
Valoración: Entre recomendable y está bien

Esta novela de Isaac Bashevis Singer apareció originalmente en 1967, por entregas, en el diario Forverts. En ella se relatan las tribulaciones de David Bendinger, un joven provinciano que aterriza en la Varsovia de 1922 sin un céntimo. Estamos, por tanto, frente a un "bildungsroman"; uno, además, que sigue los pasos no sólo a un adolescente que debe acceder al mundo de los adultos, sino de un aspirante a escritor que quiere publicar su obra. 

Bendinger recuerda a muchos otros protagonistas singerianos. A fin de cuentas, es un judío al que le falta fe, impulsivo y contradictorio. Asimismo, salta a la vista que es un alter ego del propio Singer. De hecho, los eventos narrados en El certificado coinciden con algunos episodios de Amor y exilio, la autobiografía del premio Nobel de literatura.

También el argumento de la novela es reminicente de otros trabajos de Singer: como ya he adelantado, la acción transcurre en Varsovia, y hay callejeo y enredos amorosos a cascoporro. Por lo general, la historia es interesante y está bien llevada, aunque quizás se le podría reprochar que le sobra alguna subtrama, o que tiende a repetir eventos y situaciones. Por cierto, entiendo que dicha reiteración está justificada: vivir a salto de mata y participar de un proceso burocrático para conseguir un dichoso certificado es lo que tiene. Sin embargo, me hubiera gustado que el autor paliara la sensación de bucle, de falta de progreso, que por momentos se tiene cuando se está leyendo este relato.

El componente judío de El certificado tiene un peso importante. No en balde, hay quien afirma que esta es la novela «más judía» de la bibliografía de Singer. Me lo creo: los términos en hebreo que salpican estas páginas son tantos que hay un prolijo glosario de definiciones al final del libro. Personalmente, me gustó que el escritor no se limitara a victimizar al pueblo judío, pese a que tanto el contexto histórico en el que transcurre El certificado como su argumento se prestaran a ello. De modo que aquí hay una denuncia al antisemitismo y, al mismo tiempo, una feroz autocrítica al judaísmo y al fanatismo de algunos de sus practicantes. 

La prosa del autor es muy dinámica, incluso en aquellos capítulos sin apenas diálogos. Lástima que el argumento reiterativo lastre un poco su fluidez. Asimismo, resaltaría que, aunque el manejo narrativo de Singer es brillante, al conjunto le falta algo de empaque. Por ejemplo, se nos repite tres veces que Bendinger y una mujer con la que está viviendo parecen un matrimonio. Este símil hubiera quedado mejor de sólo sugerirse. Huelga decir que, puestos a emplearlo, con una ocasión bastaba.

La ambientación es uno de los aspectos más logrados del relato. Los que conozcan la coyuntura histórico-político-social de la época la disfrutarán especialmente. Igualmente destacaría la sensibilidad de Singer a la hora de apelar a lo universal en el hombre, su maestría al plasmar la psicología de los personajes con apenas unas pinceladas y el ya mencionado estilo, dinámico pero atento al detalle.

Pese a todas estas virtudes, no puedo recomendar del todo El certificado. Y es que a este texto no le hubiera ido mal una revisión final, que puliera aquí y allá las reiteraciones del argumento o los puntuales gazapos del estilo. En definitiva, esta es una novela disfrutable que, no obstante, le deja a uno la sensación de que podría haberse mejorado.


También de Isaac Bashevis Singer en ULAD: Shosha, La familia Moskat, La destrucción de Kreshev, Escoria, Una ventana al mundo y otros relatos, El seductor, Keyle la Pelirroja

viernes, 22 de febrero de 2019

Christopher Isherwood: Adiós a Berlín


Idioma original: Inglés
Título original: Goodbye to Berlin
Año de publicación: 1939
Traducción: Jaime Gil de Biedma (1967) Al catalán: Jordi Arbonès i Montull y  Josep Cornudella i Defis  (2016)
Valoración: Muy recomendable

Empecé a ir al acecho de Adiós a Berlín porque sabía que era la novela en la que se basaba –en realidad, apenas sirvió de inspiración- a la película Cabaret, que rodó Bob Fosse en 1972 con una estelar Liza Mineli de protagonista. Descubrir que existía una versión en castellano firmada por Jaime Gil de Biedma aumentó considerablemente el aliciente –y cómo se hace notar la mano del poeta barcelonés. Adiós a Berlín en castellano arranca y suena así: “En lo hondo la calle, pesada y pomposa, bajo mi ventana.”-.

El género cabaretero, con su corrosiva y contagiosa capacidad de sacarnos los colores a las personas convencionales y a los momentos esdrújulos y confusos –como la Europa de entreguerras o la actual- me parece por supuesto una manera deliciosa de hacer reír y de hacer sentir. De quien no albergaba ni remota idea era de Christopher Isherwood (Chesire, Reino Unido, 1904 / California, EE.UU., 1986), apenas que, como W.H Auden, Anthony Burgess o Stephen Stender, formó parte de esa extraordinaria ola de escritores británicos, cultos y sagaces, homosexuales y mundanos, brillantes y transgresores, que produjeron magnífica literatura. Con estos mimbres, desde luego, Adiós a Berlín debía valer la pena. Y así ha sido.

Aunque no se trata estrictamente de una novela al uso -escrita en 1939 juega ya con la hoy apabullante y omnipresente autoficción- puesto que se presenta formalmente como memoria de una experiencia vivida, la de la estancia del propio autor en el Berlín de finales de la década de los 20 y los primeros años 30. En la capital de la República de Weimar, en los momentos previos a la llegada –vía elecciones democráticas, no lo olvidemos- del Partido Nazi alemán al Gobierno, cuando todavía parecía que aquellos estúpidos y grotescos salvadores de la patria no eran más que una broma estúpida que no iba a ninguna parte. Pero el gran disparate fue a más, no se desvaneció: “Dentro de pocos días, pensé, habremos perdido toda afinidad con el noventa y nueve por ciento de la población mundial, con los hombres y las mujeres que se ganan el pan, que aseguran sus vidas y se preocupan por el porvenir de sus hijos. Es posible que en la edad Media las gentes sintiesen algo así cuando creían haber vendido su alma al diablo, era una curiosa sensación estimulante, y no desagradable, pero al mismo tiempo me sentía ligeramente asustado”.

Desde luego, Sally Bowles, el personaje que Liza Minelli encarnaría en el celuloide, es un lujo, inspirado a su vez en la persona de Jean Ross, una cabaretera, modelo, activista y escritora nacida en Alejandría en 1911 con la que Christopher Isherwood coincidió y trabó amistad en sus noches berlinesas. Su dieta apenas incluía criadillas y huevos batidos y su fascinante personalidad se basaba en una atractiva y arrolladora simbiosis de ingenuidad y ambición, de simplicidad y hedonismo: “Tenía una voz sorprendentemente baja y bronca y cantaba mal, sin la menor expresión, con las manos pegadas al cuerpo, y sin embargo resultaba impresionante a su manera, debido a lo extraño de su aspecto y a su aire de no importarle un pito lo que el público opinase”. La atmósfera que desprende la novela es precisamente esa, la de unos personajes aferrándose a la dicha de vivir en un momento en que todo está diabolicamente dispuesto para estallar y hacerse añicos.

El elenco de personajes que pululan por las páginas de Adiós a Berlín incluye unos cuantos miembros de la acomodada familia judía Landauer, así como también la proletaria y aria familia de los Nowak, a los que Christopher Isherwood alquila media buhardilla que le permitía compartir las noches con Otto, y unos cuantos chaperos, buscavidas, idealistas, estafadores, cabareteros y artistas de medio pelo. Gentes arruinadas, desesperadas, supervivientes en una urbe enloquecida y sin rumbo, sin apenas esperanza en el porvenir pero dispuesta a aprovechar cada instante.

La eterna comedia humana aconteciendo en un local como el Lady Windamere de la Tauentzienstrasse, escrita ¡en 1939! con abundante ironía, mordacidad y humanidad: “Para ser una demi mondaine parecía tener escaso tacto y sentido del negocio: perdió un largo rato insinuándose a un señor de edad que claramente hubiese preferido charlar con el barman”. O capturada en sabrosos diálogos sin desperdicio:
“-El otro día estuve en Hiddensee y no había más que judíos. ¡Da gusto volver aquí y ver verdaderos tipos nórdicos!

-Vamos a la otra playa, propuso enseguida Otto. Esta es aburridísima. No hay nadie.

-Vete tú si quieres, replicó Peter furiosamente sarcástico: Me temo que yo me sentiría un tanto fuera de lugar. Una de mis abuelas era medio española”.