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viernes, 22 de diciembre de 2023

Percival Everett: Los árboles

Idioma original: inglés

Título original: The Trees

Traducción: Javier Calvo

Año de publicación: 2021

Valoración: tronchante y, por supuesto, recomendable

Durante la inolvidable (y esperemos que irrepetible) presidencia de Trump se producen en el pueblo de Money (sic), estado de Mississippi, unos crímenes particularmente truculentos, con mutilaciones incluidas y que parecen estar relacionados entre sí. Y que, sobre todo, llevan aparejados unas inexplicables apariciones y desapariciones que tienen superadas a las fuerzas del orden locales, comandadas por el sheriff Jetty, por lo que la policía estatal -el MBI, aunque parezca una broma- envía a dos de sus detectives, Ed Morgan y Jim Davis a investigar el caso. Los dos negros, lo cual no tendría mayor importancia si no fuera porque el caso parece tener connotaciones racistas -o las víctimas, más bien- y aquello no deja de ser el muy profundo Sur.

Con estos mimbres muy bien podríamos encontrarnos ante un thriller con conciencia social, al estilo (y ya sé que se trata de una película) de la muy conocida En el calor de la noche, duplicado, en este caso, el detective Tibbs que encarnaba Sidney Poitier (y sobre todo porque el sheriff Red Jetty también recuerda un poco al interpretado por Rod Steiger). La pareja de detectives negros también trae a la memoria, aunque en suave, a los impagables Ataúd Johnson y Sepulturero Jones del gran Chester Himes. Pero el caso es que, según se van sumando los elementos extraños a la trama, ésta va recordando más, y perdón por continuar con las referencias audiovisuales, a un Twin Peaks (1) sureño o incluso un episodio de Expediente X (2). Y aviso que la cosa no ha hecho más que empezar...

¿Ante qué nos encontramos, pues? ¿Un thriller policiaco? ¿Un whodunit con ínfulas políticas? ¿Una novela de terror bien enraizada en la realidad americana, a lo Stephen King? ¿Una distopía con tintes sobrenaturales? Pues todo y nada de esto, en realidad. Porque si algo caracteriza a esta novela, si Los árboles se puede calificar claramente de alguna forma, desde su primera página, es como una novela de humor. Humor satírico, incluso sarcástico, humor irónico, humor más sutil o más obvio -sin ir más lejos, Everett hace humor con los peculiares nombres de muchos personajes: Junior Junior, Braden Brady, Mamichula de Amarillo, Pick L. Dill, Helvetia Quip, Chester Hobsinger...-, humor cómplice y, sobre todo, humor negro (en todos los sentidos)... negrísimo, de hecho, porque Everett lo utiliza para tratar unos temas de los más espinosos, dramáticos e incluso traumáticos. Las heridas abiertas por el racismo en los Estados Unidos de América, que quienes  elegieron al tipo naranja que ocupaba la Casa Blanca cuando su autor escribía esta novela no parecen muy proclives a cerrar, sino todo lo contrario (la novela también se puede leer como una metáfora del movimiento Black Lives Matter, sobre todo en su tramo final). Sin duda, Everett ha hecho suya la frase del maestro Billy Wilder. "Si quieres decirle la verdad a la gente, sé divertido o te matarán" y a fe mía que consigue ser MUY divertido, incluso tronchante en más de una ocasión, para poder soltar toda la amargura y la tristeza de cómo se construyó su país (y el mundo en el que vivimos, podíamos añadir), de una forma basada en la crueldad, el desprecio y la ignorancia que muchos parecen dispuestos a perpetuar allí, aquí y casi se diría que en todas partes. nos queda, es verdad, el humor como arma defensiva, pero me temo que no sea suficiente. Aunque el buen rato, en este caso, no nos lo quita nadie...

(1) Nota para centennials e incluso algún que otro millenial: Twin Peaks era una serie de principios de los 90 dirigida por David Lynch en la que pasaban cosas muy rarunas en un pueblo en el que se había producido un asesinato, investigado por un agente del FBI.

(2) Nota para centennials e incluso algún que otro millenial: Expediente X era una serie de mediados de los 90 en la que pasaban cosas muy rarunas en muchos sitios, que eran investigadas por una pareja de agentes del FBI. Se ve que la agencia había aumentado de presupuesto.


También de Percival Everett y reseñado en Un Libro Al Día: X


sábado, 16 de abril de 2022

Diamela Eltit: Fuerzas especiales

Idioma original: español

Año de publicación: 2013

Valoración: Bastante recomendable


Esta vez, y a pesar de la valoración que le doy, abordo una novela difícil de recomendar aunque utilice un lenguaje sencillo –excepto por los numerosos localismos para quien no comparta origen con la autora– y el argumento sea bastante simple, al menos en apariencia. Pero detrás de los pocos rasgos que se muestran percibimos una sociedad completa y compleja que incluso podríamos describir con bastante detalle si, como a los personajes, no nos agobiase el peso de los bloques. Sí, me refiero a los bloques grises de la portada, que basándome en las parcas pero expresivas descripciones, yo imagino todavía más siniestros, pobres, remendados y asfixiantes. Y es que la función del texto, si lo he comprendido bien, es desasosegar a los lectores. Es lo que, supongo, se propuso su autora en este centenar y pico de páginas y doy fe de que lo consigue. De ahí que, por mucho que me haya gustado, tenga que matizar la recomendación.

Claro que el mundo es de los valientes, y una vez advertidos de que deben abordar esta lectura con la moral bien alta, me decido a entrar en materia. La protagonista y narradora reside en un cuarto piso de los susodichos bloques, 30 metros de vivienda –como todas las demás, por cierto– que comparte con lo que queda del resto de su familia. Ya son solo cuatro, de los demás (sobrinos y hermanos) apenas se aportan datos pero sobra con lo que podemos intuir. Su reducido mundo se limita al hogar y a un ciber, que además funciona como casa de citas clandestina, a sus padres, hermana, dueño del local (proxeneta), su compañero de penurias y una antigua colega que ya no ejerce. Esos escenarios (los bloques, así, en conjunto, la casa, la escalera y el equívoco establecimiento), así como los personajes, desfilan obsesivamente sin apenas suministrar información o haciéndolo con cuentagotas. La vida es así de simple cuando se carece de horizontes: una enumeración de personas y objetos con los que alguien se topa a diario y poco más, aunque las ocasionales reflexiones y metáforas resultan escalofriantes como mínimo.

Este panorama obsesivo se alimenta también de una prosa reiterativa y de un argumento que da vueltas sobre sí mismo, quizá no en círculo pero sí en espiral, y eso nos deja casi en el mismo lugar que al principio. Sin embargo y aunque pensemos que apenas se avanza, las conclusiones que extraemos al final son clarísimas; como decía antes, al cerrar el libro podemos hacer un análisis social, incluso psicológico, bastante completo basándonos en lo que hemos leído. La angustia, el desánimo, el pánico, miseria, impotencia, enfermedad, frustración, están perfectamente descritos y sus causas se adivinan al primer vistazo. Aunque el elemento principal es la violencia, tanto implícita como explícita. Violencia que procede de las condiciones de vida, la falta de perspectivas, el hacinamiento familiar y, fundamentalmente, de los dos cuerpos policiales (las fuerzas  especiales del título) que merodean, acechan y amenazan a los vecinos del barrio.

“Pero no es posible, porque mi miedo es otro no es pulcro ni menos redimible, es otro, otro, es como si la policía hubiera atravesado todas las fachadas y sus escudos transparentes se me hubieran metido adentro de la boca. Como si las fuerzas especiales de la policía corrieran directas hacia mí y me lanzaran de manera sincrónica mil bombas de gas lacrimógeno que me cegaran.”

Lo peor es que nos movemos en la incertidumbre. Ellos, los personajes, y nosotros los lectores. El discurso es ambiguo, insinúa más que narra, o bien se aclara una situación tras mucho rato de dar vueltas y vueltas sobre ella. Todo es aproximado salvo el desastre, a menudo se trata de simples elucubraciones que dan lugar a versiones dobles o múltiples. En esa realidad insoportable, quizá traspasar la pantalla, digitalizarse, convertirse en muñeco de videojuegos sea la única solución al alcance de sus (escasas) fuerzas.

lunes, 10 de enero de 2022

Lucía Etxebarria: Selene y los cuatro elementos

Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: De plena actualidad. Trepidante



La realidad está cambiando, aunque con más lentitud de lo deseable, gracias a la acción inteligente y decidida de quienes han llevado la peor parte hasta ahora y a pesar de la feroz resistencia de muchos grupos, aparentemente en las antípodas unos de otros, que se alían ante el enemigo común para constituir un ente reaccionario y multicéfalo que, combatiendo desde mil frentes, siempre con la complicidad del poder político y económico, pretenden retroceder a esquemas decimonónicos e incluso anteriores. Aún así, tal como decía, la evolución es un hecho, espero que imparable, y en ese contexto, donde las profesionales de éxito, dirigentes políticas, poseedoras de grandes fortunas, investigadoras al mando de grandes proyectos etc., empiezan a proliferar, las mitologías populares han dado un vuelco claro y, consecuentemente, la literatura lo registra. De ahí que arquetipos como la millonaria que pone todos los medios a su alcance para lograr su objetivo o la detective con experiencia que trabaja a su servicio, entre otras muchas, no sean ya una entelequia sino personas reales, con nombre y apellido, y por tanto perfectamente verosímiles. 

No encuadraría a Selene y los 4 elementos como novela negra, menos aún como policíaca, pues esta institución no llega a hacer acto de presencia –quien la lea sabrá por qué motivos– pero sí tiene abundantes rasgos de thriller, sobre todo en los acontecimientos que tienen lugar en Argentina. También recurre a un simbolismo esotérico que dota de fisonomía propia al conjunto, aunque no podría decir si le beneficia. Cuatro mujeres con nombres simbólicos en el centro de una constelación, en cuyos márgenes aparecen otras igual de representativas. Esto puede dar una falsa impresión así que quiero recalcarlo: se trata de un argumento que habla fundamentalmente de los hombres, que refleja al desnudo el universo masculino y sus hábitos de dominación, mayores cuanto más poder adquieren pero siempre en activo. Hombres en general e individuos particulares con mucho más peso argumental de lo que parecen indicar unas apariciones más bien escasas. Su sombra es tan alargada que llega hasta el último rincón, pero la inteligencia no entiende de sexos y la perseguida quizá sea capaz de esconderse sin dejar el más mínimo rastro. En cuanto a ellas, representan un potencial económico evidente al que se puede acceder sin su consentimiento, solo hace falta precariedad o extrema juventud, mejor aún si ambas coinciden como sucede en el caso de niñas pobres, vulnerables y desarraigadas de su entorno.

Selene Der Himmel, influencer, poeta y con una novela en capilla, casada con Gaia, una potentada de ascendencia argentina, ha desaparecido sin dejar rastro. Por su forma de vivir, siempre al límite, esto no sería preocupante pero su esposa cree percibir signos alarmantes y contrata a la detective Sol Aglaya. A estas Luna, Tierra y Sol se añadirán el Fuego (Fulvia) y el Viento (Haizea) en forma de amantes de la fugitiva, todas ellas personajes que aparecen constantemente en escena pero, como he dicho, no exactamente quien mueve los hilos y pone en marcha el argumento. En consecuencia, son ellas a quienes vemos afanarse, unas veces por simple supervivencia, otras para reafirmarse y progresar, pero siempre en los márgenes por herencia, delegación, usurpación o subordinación efectiva (caso de la editora que representa una importante firma y que en realidad no es más que una subalterna).

“Quería que sus chicas se alejaran en lo posible del ideal narcoestético de buchona, de figura de reloj de arena hiperfeminizada, de cintura pequeña y definida, caderas anchas y glúteos y senos imposibles. Las strippers que actuaban en El Cielo siempre eran delgadas y naturales, más parecidas a las clientas del club que a las chicas del porno.”

Corrupción política, tráfico de drogas, abuso y trata de menores, matones a sueldo, hackeo de ordenadores y teléfonos, bulos de prensa, junto a otras lindezas que señalan a esta sociedad en decadencia, insensible, codiciosa y cruel, que se ceba con los débiles aunque a veces, como muestra Etxebarria en la novela, se cambien de algún modo las tornas. Y es que la venganza está siempre presente, efectiva o como mera posibilidad. La trama comienza, cronológica aunque no narrativamente, en Argentina y las consecuencias de aquellos hechos se trasladarán a España más tarde.

La narración, trepidante en su mayor parte, contiene abundantes diálogos, recurre a la fragmentación en forma de recortes de prensa, mensajes de móvil, fragmentos de la novela en cuestión, poemas y a veces el propio relato presentado a retazos y marcado por fecha y lugar. Los personajes suelen llamarse de varias maneras para protegerse, para resaltar el simbolismo de sus roles o por otros motivos, y eso, unido a los constantes giros de guion y los flashbacks frecuentes, obligan al lector a estar atento. Ustedes dirán que la narrativa ha tratado con frecuencia estos asuntos y es cierto, la diferencia está en que aquí el punto de vista es el de las mujeres, que las vemos tal como son y sienten, y de qué manera algunos hechos les destrozan la vida. Esto elimina cualquier posibilidad de normalización y banalización, como suele ocurrir en el caso de autores varones.

Concluyendo, una obra pegada a la actualidad con toda su crudeza, tan entretenida como aleccionadora, que se dirige sobre todo a un público fiel pero que puede disfrutar cualquiera que esté dispuesto a seguir a la autora por los territorios que esta le va proponiendo

“No nos unió el amor sino el espanto. Vos no tenés ni idea de lo que es el amor, pelotudo. Un hombre que de verdad ama a una mujer no la viola, no le pone un fierro en la cabeza y la tira contra el piso. Ni vos ni ninguno como vos saben amar. (…) Monstruos. Sin conciencia ni vergüenza. Sentís placer haciendo mal. Y luego creen que son las víctimas, como lo pensás vos. Vos nunca fuiste mi víctima, vos me violaste, vos no me dejaste otra salida que hacer lo que hice.”


También de Lucía Etxebarria: La vida por delante. Voces desde y hacia Palestina