Título original: Middonaito suwan (ミッドナイトスワン)
Traducción: Asuka Ozumi (al portugués)
Año de publicación: 2020
Valoración: Se deja leer
Título original: Middonaito suwan (ミッドナイトスワン)
Traducción: Asuka Ozumi (al portugués)
Año de publicación: 2020
Valoración: Se deja leer
Título original: Flung out of Space
Año de publicación: 2022
Traducción: Esther Cruz Santaella
Valoración: recomendable y, sobre todo, para fans
Una vez más, resulta aconsejable acudir al subtítulo de este libro para enterarnos de qué va... Pues bien, dice así: Las indecentes aventuras de Patricia Highsmith. En realidad, con esto ya sería suficiente para dar por hecha la reseña o al menos, dos tercios de la misma. El resto sería dar mi parecer ("me ha gustado mucho, bla, bla, bla"), aconsejar su lectura ("no os lo perdáis y menos aún quienes seáis fans de esta escritora, bla bla bla"), cobrar mi suculentos honorarios y pa' casa... Pero vaya, uno es un profesional prestigioso del mundo de las reseñas y vosotros/as os merecéis algo un poco más elaborado y además, si no, me echan de este chollo, así que aquí va la de esta ¿biografía ficcionada gráfica? ¿Ficción biográfica gráfica? ¿Lo que sea, pero gráfica? Bueno, da igual la taxonomía que apliquemos a esta obra; el caso es que se trata de una recreación de la época juvenil de la gran escritora Patricia Highsmith, justo en el momento previo -meses, en verdad- a que comenzara a publicar novelas, cuando se dedicaba, para su desespero, a escribir guiones para cómics, algo que le resultaba bastante degradante -y muy gracioso a las autoras de este otro cómic, puesto que insisten bastante en ello-, mientras se dedicaba a crear sus primeras obras literarias de enjundia: las novelas Extraños en un tren y Carol (que primero se llamaba así, luego se publicó como El precio de la sal, firmada con un pseudónimo, y en 1989 volvió a ser Carol, ya con la autoría declarada de Highsmith). Momentos complicados para esta escritora, en primer lugar por las cuitas propias de cualquier escritor o escritora que trata de publicar su primer libro (a no ser que sea algún presentador/a de televisión, influencer, tiktoker o cualquier otra gansada por el estilo), pero también -al menos es sobre lo que las autoras de este cómi... novel... biografía gráfica o lo que sea, hacen mayor hincapié- por su lesbianismo galopante, que no sólo se ve obligada a disimular -tampoco mucho-, sino que le crea un fuerte sentimiento de culpa y le impulsa a buscar ayuda psicológica e incluso a seguir lo que hoy llamamos "terapias de conversión". Esta situación nos puede parecer hoy un despropósito (y con razón) a las personas de bien, pero recordemos que la historia está ambientada a finales de los años 40 del pasado siglo, por más que sea en Nueva York, una gran ciudad donde era esperable encontrar un poco más de tolerancia. Aún así, la homosexualidad era considerada una enfermedad que debía ser tratada por psicólogos y terapeutas, algo a lo que incluso una personalidad tan indómita como la de Patricia Highsmith no pudo resistirse.
"La historia de la humanidad está llena de seres humanos complicados y destructivos. Creo que es importante que no olvidemos eso. No todas las figuras influyentes o relevantes merecen que se las ponga en un pedestal, lo que incluye a mujeres y personas LGBTQ. Las hagiografías simplificadas tienen sus objetivos, pero considero que, en última instancia, nos hacen un flaco favor al mostrar a personas reales reducidas a simples héroes y villanos, cuando la verdad casi siempre es más rica y compleja (...)"
No puedo estar más de acuerdo, aunque también cabe preguntarse qué ocurre para que la autora de un libro sobre otra escritora real, en este caso, tenga que incluir esta nota a modo de prólogo para evitar herir susceptibilidades y, en última instancia, poner la venda antes que la herida, por si las moscas... No sé, casi se diría que el público lector (por no hablar del público televidente o usuario de las redes sociales) no está formado por adultos conscientes de la complejidad del mundo, de la variedad de personalidades y comportamientos humanos y de las interacciones entre las personas, sino por pre-púberes incapaces de entender las cosas de forma no binaria: bueno/malo; me gusta/no me gusta; salvación/condenación eterna en los fuegos del Infierno (lo digo por decir, ¿eh?, que ya sé que no es así y todos nosotros nos movemos en la sutileza, ambigüedad y tolerancia como peces en el agua).
Por apuntar alguna cosa sobre el aspecto gráfico del libro, el trabajo de Hannah Templer me parece magnífico, desde el planteamiento de cada página y el uso de una gran diversidad de planos -por cierto, muy eficaz e inteligente el recurso a repetir las viñetas finales de algunas páginas en la siguiente, para enfatizar el efecto que se quiere transmitir... además de ahorrarle algo de trabajo a la dibujante-, hasta el estupendo trazo, claro a la par que expresivo y detallista. Además de al cómic clásico norteamericano (el de superhéroes, por entendernos), a mí, que ya soy un señoro machirulo de ésos, me ha recordado al de dibujantes franceses e italianos de los 80-90, como Vittorio Giardino e incluso, cuando se trata de mujeres, a... ejem, Milo Manara. Pero no, debo de estar equivocado... ¿Cómo va a ser un referente para una historia donde la protagonista se acuesta con un buen número de macizas gentiles congéneres a lo largo de la misma (perdón por el spoiler, si es que lo es) un tío que las dibujaba de maravilla, para solaz de los salidos de media Europa? Y que conste que yo sólo leía sus cómics por los guiones...
Un montón de títulos de (que no sobre) doña Patricia Highsmith reseñados: aquí
Título original: Manji (卍)
Traducción: Aiga Sakamoto y Miguel Martín Onrubia
Año de publicación: 1928
Valoración: muy recomendable
¡Pero qué dramón!
Esta novela tiene todos los elementos (y futuros clichés) de lo que después sería reconocido como novela japonesa: esposas insatisfechas, maridos autoritarios pero pusilánimes, jóvenes seductoras, gigolós sin escrúpulos, deshonra familiar, suicidio por amor, etc. Sin embargo, se ve claramente por qué a Tanizaki se le considera un representante de la novela moderna en Japón. Hay rasgos propios de la novela romántica del siglo XIX, que Tanizaki mezcla muy bien con el estilo de la novela Meiji.
En esta novela temprana de Tanizaki, se nos presenta la vida de una esposa aburrida e insatisfecha, con un historial de infidelidades (pasadas por alto por el marido, siempre guardardando las apariencias), quien se enamora de una joven de belleza fascinante, inocente y narcisista. En esta relación lésbica se interpondrán, por un lado, el marido de la protagonista y, por otro, el amante de la joven, formando un cuadrado (o manji) amoroso digno de una telenovela mexicana.
La historia está narrada desde el punto de vista de la protagonista, quien relata sus desventuras a una suerte de psicólogo o consejero. Sin embargo, su narración se confunde con la voz de los demás personajes, lo cual nos permite conocer sus versiones de manera indirecta, la mayoría de las veces contradictorias, obligándonos a posicionarnos a favor de uno o de otro. Esto se logra gracias a lo bien definidas que están las personalidades de los protagonistas, sin llegar a caricaturizarlos.
Resulta especialmente interesante cómo Tanizaki, a través de la voz de esta narradora poco fiable, juega con la percepción del lector y con la ambigüedad de los hechos. A lo largo de la novela, se ponen de manifiesto no solo las pasiones y frustraciones de cada personaje, sino también la forma en que la sociedad japonesa de la época condicionaba los roles y comportamientos de hombres y mujeres.
Tal vez no sea la mejor obra de Tanizaki, pero sin duda es una historia interesante y entretenida, narrada con fluidez y no sin uno que otro cliffhanger (la novela fue publicada originalmente por entregas). A pesar de que para el año en que se publicó esta obra, Tanizaki ya era un autor reconocido, me parece que es aquí donde se nota que llegó a su madurez como escritor.
Título original: Nanshoku Ōkagami (男色大鏡 )
Traducción: Carlos Rubio
Año de publicación: 1687
Valoración: muy interesante
Año de publicación: 2023
Valoración: Recomendable
Creo haber dicho en más de una ocasión que casi toda novela contiene en su interior al menos un viaje. En esta ocasión, el viaje de Manuel Gerardo Sánchez en esta "En verano duele más" es doble: a través del espacio y el tiempo.
Así, mientras el viaje espacial de esta novela nos traslada de Venezuela al Líbano en varias idas y venidas, el temporal nos lleva, y no necesariamente en este orden, desde el presente a la década de los 60, con estaciones de paso por los 70, 80, 90, etc.
Podríamos resumir el argumento en el retorno de Camille a Venezuela para, por un lado, acompañar a su padre en los últimos días de su enfermedad- y, por otro, realizar una larga rememoración (que funciona más como un balance que como un lamento) de un pasado que no es otra cosa que un catálogo de heridas y cicatrices. Ampliando un poco la información, "En verano duele más" es una novela sobre la familia, el amor, el deseo, la culpa y la memoria.
Para tratar todos estos temas, el autor se sirve de una serie de dualidades (Líbano - Venezuela, Padre - Madre, Pasado - Presente) e identidades en conflicto que provocan en los personajes dolorosos desgarramientos. Eso sí, siempre teniendo en cuenta que la memoria falsea y embriaga y que, a fin de cuentas, todo consiste en tejer a partir de cabos sueltos.
Creo que la principal virtud del libro radica en la exploración del deseo y de la culpa de su protagonista, especialmente en un tercio final superior al resto de la novela. Digamos que todas las ramificaciones iniciales que parecían no conducir a ninguna parte convergen en un punto que funciona como un big bang a la inversa. A partir de ahí, la trama se "centra" y la indagación es más profunda.
Otros puntos a destacar son la construcción del personaje de Anatole (padre de Camille) y la relación entre Anatole y la madre de Camille.
En fin, que podría haber hablado de aspectos mucho más explícitos e impactantes de la trama, de etiquetas LGTBI, etc, pero creo que eso sería un injusto ejercicio de reduccionismo. "En verano duele más" es bastante más que eso. Creo yo, vaya.
Se trata de una especie de fanzine que Clear encuentra en un momento dado y que lee en dos momentos que se queda a solas. La historia se titula Un paso al interior no significa que lo entiendas y expone en toda su desnudez y crudeza el mensaje que mencionaba antes. Solo que a pesar de lo aparentemente sórdido de la historia, en este caso se vislumbra la esperanza ya que no deja de ser un singular canto al reconocimiento y estima de la propia identidad por poco normativa y ambigua que esta pueda resultar. Título original: Retour a Reims
Año de publicación: 2009
Valoración: Recomendable
El ensayo biográfico permite abordar
cuestiones de interés con todas la licencias propias de este género literario (desorganización,
proporción desigual de los temas tratados, opiniones personales en lugar de
realidades científicas, divagaciones sin límite etc.), y el aspecto narrativo le
proporciona un plus de amenidad. Demasiada para mi gusto en este caso, y es que
el contenido autobiográfico me parece excesivamente extenso, incluso
reiterativo, en detrimento de la parte teórica. Pero esta es mi opinión, solamente.
Autor de una obra extensa y variada, Didier
Eribon ha escrito varios tratados en los que –siguiendo la estela de Genet y (su
biografiado) Foucault– plantea el largo y arduo proceso de la salida del armario. Aquí trata de la suya propia y
del concepto en sí con todas sus implicaciones. El camino fue largo para
alguien nacido en 1953, primero lo mantuvo en secreto, pero poco a poco tuvo
que resignarse a la perspicacia de su entorno y con el tiempo acabó reuniendo
un amplio corpus teórico en el que analiza la homosexualidad desde diversas
perspectivas. No solo había superado la fase de ocultación, supo además
convertir su realidad personal en asunto de investigación y reflexión, eso le
proporcionó el respeto personal, un prestigio profesional indiscutible... y un día falleció su padre. Entonces
fue consciente de que el secreto, alimentado por la vergüenza, no era solo su
orientación sexual, que su origen social seguía a salvo de todas las miradas
pues durante toda su vida había ocultado su pasado, y cuando las preguntas le
parecían demasiado indiscretas, se veía obligado a mentir. (“Formulémoslo de la siguiente manera: me fue
más fácil escribir sobre la vergüenza sexual que sobre la violencia social”).
Esa procedencia, que describe con todo
detalle, era de hecho tan humilde que él mismo considera milagroso su ascenso en la escala social. Tras el fallecimiento del
padre –del que le separaba un abismo cultural e ideológico, incluso de talante,
que los mantuvo alejados durante años– no había razón para dejar de visitar el
hogar, que ya no estaba en el Reims de su infancia pero que, al margen de
traslados, conservaba la esencia del lugar dónde se crió. Su visita permitió
una comunicación madre-hijo insólita hasta entonces, que lo devolvía a sus
auténticos orígenes y le abría las puertas a esa zona de su conciencia de la
que se había desvinculado hasta el momento. De esa especie de catarsis, e
inspirado por los autoanálisis llevados a cabo por Annie Ernaux y su amigo
Pierre Bourdeau (del que, opina, se quedó corto), surgió Regreso a Reims. Una obra cuya sinceridad incomoda a veces, que no
elude la autocrítica más cruda y que, gracias a su faceta ensayística, va más allá
de la confesión personal. Examina los férreos mecanismos de reproducción del determinismo
social e indaga sobre la movilidad de clase (transfuguismo) y los efectos que produce, tanto en la unidad familiar
como en aquel que ha cambiado de rango.
Según dice, y demuestra, la conciencia de
pertenecer a una clase no es tan habitual como podría parecer. En un extremo situaríamos
al entorno de su infancia (padres, vecinos etc.) que votaron siempre al Partido
Comunista y, en un momento dado, se sintieron traicionados por la izquierda y
seducidos por el discurso de Marine Le Pen, o bien, analiza el frecuente rechazo
a la instrucción de esas clases populares por considerarla ocio improductivo, así como la creencia de
que el abandono escolar es una elección libre. En el otro, a un estudioso como
Raymond Aaron que, desde su posición, consideraba las clases sociales
como una realidad de otra época. Eribon opina que esas son las palabras de un
privilegiado y que solo los burgueses pueden permitirse ignorar la pertenencia
de clase. La combinación de ambas posturas reproduce el determinismo social (“Es como si la línea que divide ambos mundos
sociales fuera impermeable casi por completo”). Pero si hasta el teórico de
lo social reniega de su origen, no parece que vaya a cambiar nada. (“En lo político, estaba con los obreros, pero
odiaba tener raíces en su mundo. Probablemente, ponerme del lado del “pueblo”
me habría provocado muchos menos tormentos internos y crisis morales si el
pueblo no hubiera sido mi familia.”). Aunque, realmente, son las
estructuras sociales quienes condicionan ese inmovilismo, en particular, el
sistema educativo, que Eribon considera una auténtica trampa, la forma más
efectiva de perpetuar la desigualdad. Incluso él se engañó en cierto modo
pues, al carecer de la información propia de las élites, siguió un itinerario carente
de prestigio que ha condicionado su carrera.
Como pueden suponer, toda su trayectoria supone un largo y
costoso proceso de construcción personal cuyo resultado consiste en aceptar y conciliar
sus diversas identidades.
“¿No nos compete a nosotros construir discursos y teorías que permitan que nunca descuidemos tal o cual aspecto, que nunca dejemos fuera del campo de la percepción o fuera del campo de acción ningún ámbito de opresión, ningún registro de dominación, ningún señalamiento de inferioridad, ninguna vergüenza asociada a la interpelación injuriosa?”.
Traducción: Georgina Fraser
Idioma: español
Idioma original: inglés«Ésta es una obra de ficción libremente inspirada en el caso de Einar Wegener y su esposa. La escribí para explorar el espacio íntimo que definía su insólito matrimonio, y ese espacio sólo podía cobrar vida a través de la conjetura, la especulación y la libertad imaginativa (…)»