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martes, 7 de junio de 2011

Michel Foucault: Los anormales

Idioma original: francés
Título original: Les anormaux. Cours au Collège de France 1974-1975
Fecha de publicación: 1999
Valoración: recomendable

Michel Foucault es uno de los autores más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Sus agudos análisis en torno a la formación de los discursos del saber y su imbricación con los mecanismos del poder son determinantes para entender buena parte de los debates en la teoría política más actual. En términos aún más generales, puede decirse que su obra arrojó una nueva luz sobre el modo en que la subjetividad se construye a partir de complejos procesos sociales. Todo el campo de la teoría queer, por ejemplo, sería incomprensible sin estas aportaciones.

Foucault dio clases en el Collège de France desde 1971 hasta su muerte en el 84. Las transcripciones de sus cursos se recogen en una colección de Akal, uno de cuyos volúmenes es el libro del que os hablo hoy, correspondiente al curso 74/75. Antes de decir nada sobre su contenido, hay que aclarar que Foucault se beneficia póstumamente de un adelanto técnico de los 70: la cassette. Gracias a que existen muchos registros sonoros de sus multitudinarias clases, la transcripción no deja lugar a dudas. No le pasaba lo mismo a Hegel, por ejemplo, algunas de cuyas lecciones cambian, y mucho, según el autor de las notas que se sigan.

El curso en cuestión se centró en la categoría del "anormal", que se sitúa en el quicio entre el Derecho penal y la psiquiatría. Foucault prosigue sus investigaciones en torno a las relaciones entre saber y poder, ocupándose, no tanto de la historia de las instituciones de reclusión (como en Vigilar y castigar), sino siguiendo la evolución de la psiquiatría forense. Al comienzo trae ejemplos de algunos informes periciales, escritos por psiquiatras, en los que se aprecia claramente la voluntad de criminalizar a la persona completa, y no al acto que cometió (como en teoría dicta el Código penal).

A partir de ahí, Foucault se lanza a hacer una genealogía del "anormal", buceando principalmente en dos direcciones: el monstruo y el masturbador. Muestra el deslizamiento del monstruo clásico (mero prodigio de la naturaleza) al delincuente anormal pero corregible, pasando por el monstruo criminal (abuelo de nuestro psycho-killer). La cruzada antimasturbatoria del XIX es explorada en sus intenciones últimas, que apuntan a la constitución de la familia nuclear burguesa. A esto hay que añadir un par de magníficos capítulos sobre la historia de la confesión y la dirección de conciencia.

Se trata de una lectura exigente, desde luego, pero que no requiere grandes conocimientos previos, y que depara el placer de ver cómo Foucault relaciona los temas más sorprendentes con increíble agudeza.

También de Michel Foucault en ULAD: Vigilar y castigar

lunes, 26 de marzo de 2012

Michel Foucault: Vigilar y castigar

Idioma original: francés
Título original: Surveiller et punir
Fecha de publicación: 1975
Valoración: imprescindible

Cuando compré este libro, la verdad, no tenía ni la menor idea de quién era Foucault, y lo hice por una razón poco confesable: la morbosa descripción que ocupa sus primeras páginas. Lo que recoge Foucault es el relato que hicieron diversos testigos del tormento al que fue sometido Robert François Damiens el 2 de marzo de 1757 en París. Este era culpable de haber atentado contra Luis XV, que salió sólo con una herida leve del atentado. A Damiens, en cambio, el intento le costó varias horas de terrible tortura, con tenazas al rojo, azufre y descuartizamiento incluidos. Inmediatamente después de recoger este relato, Foucault añade algunos extractos del reglamento para la "Casa de jóvenes delincuentes" de París, 75 años posterior. Aquí se trata de someter el tiempo de los internos a una severa y meticulosa disciplina.

Pues bien, la intención del libro está perfectamente contenida en este contraste entre los dos textos con que da comienzo. El objetivo de Foucault es analizar de cerca el cambio que se produjo a fines del XVIII y comienzos del XIX en los procedimientos de castigo. De una justicia basada en el espectáculo público del tormento se pasó a la callada eficacia de las instituciones disciplinarias, que pretendían reformar al preso. Esta cuestión, que se enmarca en puridad en la historia del derecho, sirvió sin embargo a Foucault para desarrollar una de las reflexiones sobre el poder que más influencia ha ejercido en la filosofía y las ciencias sociales de las últimas décadas.

Foucault defiende que lo esencial del cambio que se produjo en la aplicación de las penas no tiene que ver con que el poder decidiera "humanizar" o moderar su efecto sobre los sujetos, sino con la búsqueda de unos modos aún más eficaces de control social. Lo que se da en el quicio entre los siglos XVIII y XIX es una transición entre dos paradigmas del poder: se pasa de un poder soberano que decide sobre la muerte de los súbditos a un poder disciplinario que decide sobre la vida de los ciudadanos. El nuevo poder biopolítico que aparece como el único modo de gobierno sobre los cuerpos libres del régimen burgués.

Una de las ideas que este libro más contribuyó a difundir fue la del panóptico. Es este el modelo para una institución de reclusión ideado por el filósofo inglés Jeremy Bentham; una institución cuyos reclusos podrían ser mantenidos bajo constante vigilancia desde un único punto. Muchas prisiones, reformatorios y asilos se construyeron bajo este modelo, en el que Foucault veía la máxima expresión de la forma propiamente moderna del poder.Enlace Hasta qué punto nos estamos alejando alejando de esto, y en qué sentido, con nuestros actuales facebook, twitter y demás, es algo que puede dar que pensar.

También de Foucault: Los anormales.

jueves, 24 de mayo de 2012

Gilles Deleuze y Tiqqun: Contribución a la guerra en curso

Idioma original: francés
Título original: "Qu'est-ce qu'un disppositif" y "Une métaphysique critique pourrait naître comme science des dispositifs..."
Fecha de publicación: 2012
Valoración: muy recomendable

Se reúnen aquí en un solo volumen, traducidos, dos textos ya publicados previamente en Francia: uno del filósofo post-estructuralista Gilles Deleuze y otro de un colectivo de autores que firma como Tiqqun. Tiqqun era el nombre de una revista francesa de filosofía que apenas duró dos años (entre 1999 y el 2001), pero que se ha ido haciendo célebre en parte por la radicalidad política y tono poético de sus textos (reeditados en diversos libros desde su cierre) y en parte porque a uno de sus redactores -Julien Coupat- lo detuvieron en Francia en 2008 acusado de sabotear líneas de tren e incitar a la insurrección. Coupat es también uno de los autores que escriben bajo el pseudónimo "Comité invisible", responsables de un libro que ya recomendé aquí: La insurrección que viene.

El texto de Deleuze es una relectura del proyecto general de Michel Foucault, y defiende que la categoría central del mismo es la de "dispositivo". Tiqqun arranca de aquí para hacer un diagnóstico de nuestras sociedades contemporáneas, aparentemente mucho menos represivas que las sociedades disciplinarias de las que hablaba Foucault, pero en realidad atravesadas de "dispositivos" que encauzan de continuo nuestra conducta. Su proyecto es filosóficamente potente. No se trata, sin más, de aportar una "crítica" más a la sociedad contemporánea, sino de elaborar lo que ellos llaman "metafísica crítica", entendida como una ciencia de los dispositivos. Entre sus referencias teóricas están, desde luego, Foucault y Deleuze, pero también otras voces autorizadas de la filosofía más, digamos, radical, como Giorgio Agamben o Hardt y Negri. Curiosamente se percibe también a menudo un aroma heideggeriano, coherente con el intento de hacer metafísica en tiempos post-metafísicos, pero también sorprendente porque las consecuencias políticas de uno y otros no pueden ser más opuestas, claro...

El libro no es de fácil lectura. Los de Tiqqun tienen su propia jerga (como hablar de "Bloom" en vez de decir "individuo" o similar) y las ideas son, en algunos casos, tan novedosas que no entran a la primera. Comparado con La insurrección que viene, este parece un libro mucho más maduro. Pese a la voluntad claramente revolucionaria no se cae aquí en una ingenua exaltación de la guerrilla. Aquí se deja bien claro que la destrución directa de los dispositivos no arreglaría nada de por sí, sino que parece imprescindible entenderlos antes y encontrar luego la manera de neutralizarlos, por decirlo así. Suena a Matrix, sí.

martes, 7 de febrero de 2012

Philippe Ariès: El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen

Idioma original: francés
Título original: L'enfant et la vie familiale sous l'ancien régime
Fecha de publicación: 1960
Valoración: muy recomendable

¿Os acordáis de los Picapiedra? Toda la gracia de la serie estaba en la manera en que presentaba la Prehistoria con todos los rasgos del american way of life de los 60 (triturador de basura y autocine incluidos). Si uno lo piensa, en realidad tenemos una tendencia peligrosísima a hacer eso de continuo: proyectamos nuestra forma de vida a cualquier cultura y cualquier época. Es peligroso no sólo porque nos haga ignorar lo específico de otras formas de vida (ignorancia con la que puede vivirse bastante bien), sino porque nos empuja a creer que las cosas son como son porque siempre han sido así y no pueden ser de otra manera. Y ahí es donde el asunto se pone peligroso.

Pues bien, este libro es uno de los mejores antídotos que conozco contra el "síndrome Picapiedra". Lo que hace Philippe Ariès es dedicar sus esfuerzos a mostrarnos que la infancia tal y como la conocemos es el producto de un conjunto de procesos sociales relativamente recientes. Durante la Edad Media los niños pasaban a mezclarse con el conjunto de sus contemporáneos a partir de los siete años, más o menos, de modo que hablaban y vestían como los demás, participaban en los mismos juegos y fiestas, y aprendían enseguida el oficio que les correspondiera. No había asuntos que debían ocultarse de los niños por vergüenza o pudor, ni puede decirse que ocuparan un lugar privilegiado en el seno de la familia.

Esta situación fue cambiando lentamente a medida que surgía un sentimiento de la infancia en los siglos XVI y XVII. Ariès ilustra este proceso con una avalancha de testimonios textuales e iconográficos. Una de las fuentes más curiosas es el diario del médico personal del futuro Luis XIII, que se preocupó de registrar las monerías del príncipe. Así, por ejemplo, sabemos que a nadie le escandalizaba que la niñera durmiera con su marido en el mismo cuarto que el Delfín, ni que este se metiera en la cama de aquellos (en una época en la que todos dormían desnudos) nada más despertarse. Y es que tenemos que imaginarnos unas casas repletas de gente, muchos de ellos no unidos por lazos de sangre, en las que era casi imposible estar solo. El concepto que hoy tenemos de la familia, un lugar por excelencia de la intimidad donde los hijos ocupan el centro, tardó varios siglos en imponerse.

Estoy seguro de que todos vosotros, fieles lectores del blog, estaréis ahora recordando una reseña mía de agosto del año pasado (¿a que sí, a que os acordábais? ¿a que todas nuestras críticas dejan una huella imborrable en vuestras mentes lectoras?). Hablaba entonces de un libro titulado La desaparición de la niñez, con argumentos bastante parecidos. La explicación es sencilla: el ensayo de Ariès es ya todo un clásico en la historiografía de la vida cotidiana y no le faltan defensores ni detractores. Entre los primeros probablemente debiéramos contar a Michel Foucault, y es que muchas de las ideas que este desarrollaría en Vigilar y castigar, por ejemplo, aparecen preludiadas aquí. Luego me he enterado (gracias a Wikipedia) de que Ariès intercedió para que la tesis de Foucault se publicara, y de que este acabaría escribiendo la necrológica de Ariès. Espero que le devolviera también el favor de alguna manera menos póstuma.

(La imagen de arriba es un cuadro de Philippe de Champaigne, de 1649, titulado Les enfants Habert de Montmor.)

lunes, 1 de octubre de 2018

Meg-John Barker & Julia Scheele: Queer. Una historia gráfica

Idioma original: inglés
Título original: Queer. A Graphic History
Año de publicación: 2016
Traducción: Begoña Martínez
Valoración: interesante

Quizás alguno de ustedes, vosotro/as, nosotrxs (lo siento; es difícil utilizar un lenguaje inclusivo tras este libro...) haya oído o leído algo sobre la llamada Teoría Queer, o le suenen términos en boga como heteronormatividad, identidad de género, binarismo, matriz heterosexual, poliamor, performatividad, interseccionalidad, TERF, etc... O tal vez haya sido testigo, en medios de comunicación y redes sociales, de polémicas no siempre comprensibles, de las que desconocemos exactamente su origen o el contexto en el que se generan, pero asistimos a sus derivadas, a veces un tanto absurdas.... Pues bien, si quieren saber algo más sobre la tal Teoría Queer, pero sin dejarse los ojos en sesudos e interminables estudios biopsicosociales (y sí, el palabro existe), este, sin duda, es su libro: un ensayo divulgativo con abundantes ilustraciones que tratan de hacerlo más llevadero aún, sobre las ideas, la Historia y las ramificaciones y desvíos de la teoría -o mejor, teorías- Queer.

Aplaudo desde aquí el ingente esfuerzo que han llevado a cabo las autoras -en especial la psicóloga y académica Meg-John Barker, supongo- pera afrontar tan ardua tarea. Yo, desde luego, reconozco mi incompetencia para  explicar, y menos en el exiguo espacio de una reseña, ideas tan escurridizas y complejas. Pero, en fin, por decir algo y resumiendo mucho (pero mucho), podríamos decir que la Queer es una teoría o conjunto de teorías de ciertas ramas de las Ciencias Sociales que tratan de cuestionar y refutar el concepto esencialista y fijo de las identidades sexuales y de género al uso, que consideran no más que un constructo social dentro del marco heteronormativo y binario (hombre/mujer; hetero/homo..., destinado a perpetuar las relaciones de poder establecidas (dominante/dominado); para ello, la teoría Queer opera desde los márgenes de esa normatividad (que también puede es homonormatividad, binormatividad y hasta kinknormatividad... ejem,  mejor no preguntéis).

Clarinete, ¿no? Bueno, todo esto se explica muchísimo mejor y con más matices en el libro, así como el origen del término -en principio, "raro", "extraño"-, sus antecedentes en los estudios sexológicos -sobre todo, los de Kinsey-, los movimientos homosexuales, algunas ramas del feminismo o las ideas del existencialismo francés y, sobre todo, el postestructuralismo (no menciona, sin embargo, al anarquismo, que a mí me parece uno de sus sustratos teóricos y políticos más evidente). Es justamente Michel Foucault, junto con la filósofa americana Judith Butler, a quienes se considera "padres" de la Teoría Queer, aunque el término fuese utilizado por vez primera por la teórica feminista Teresa De Lauretis.

Le sigue una inacabable lista de estudiosos, activistas y tendencias dentro de la Teoría Queer y, como un detalle que honra a las autoras, un apartado sobre las críticas y tensiones que ha vivido en su no demasiado larga trayectoria  (por ejemplo, desencuentros con el feminismo, o los movimientos bisexuales y trans, así como las acusaciones de elitismo, innacesibilidad o ineficacia...). Por último, también se recogen las nuevas direcciones y tendencias que vive(n) esta(s) teoría(s) y un recordatorio de que lo "queer" es algo que "se hace", no que "se es".

Por mi parte, no me considero aún capaz de decir si estoy o no de acuerdo con esta(s) teoría(s) socio-psico-sexual. Me resulta muy interesante y sugerente y, como cualquier otra idea liberadora e igualitaria (pues de eso se trata, al fin y al cabo), digna de consideración y estudio. Cierto que del libro también se coligen algunas de sus contradicciones y defectos, algo que las autoras han suavizado, pero no han querido o sabido evitar. Por ejemplo:
-Da la sensación de ser más una teoría reactiva que constructiva, mucho más centrada en la oposición a la normatividad establecida que en proporcionar una alternativa viable a esa normatividad.
-Trasluce que se trata más de un debate académico dentro de los estudios sociales, que como mucho puede haber trascendido a ciertos grupos activistas, pero no algo que tenga o vaya atener una incidencia en la vida real de la mayoría de la gente, al menos a corto plazo.
-Por último, la propia naturaleza de estas teorías y su relación con algunos movimientos pro-derechos de diferentes colectivos dejan la idea de que nos encontramos ante la enésima versión del Frente Popular de Judea contra el Frente Judaico Popular. No digo ni sé si esto es así, pero sí lo que deja entrever la lectura de este libro, por más que las autoras hayan tratado de  lograr la mayor positividad y ecuanimidad al respecto.

En cualquier caso, tampoco es ésta una lectura demasiado pesada y al menos, tras ella, podremos utilizar con más propiedad conceptos y términos que, como ya he mencionado, empiezan a ser frecuentes en los medios y redes sociales. ¡Seamos un poquito más abiertos al respecto que un mero académico de la RAE, caramba! Y me refiero a las ideas, no a las palabras...


domingo, 8 de mayo de 2016

Raymond Queneau: Zazie en el metro

Título original: Zazie dans le métro
Traducción: Fernando Sánchez Dragó
Idioma original: Francés
Año de publicación: 1959
Valoración: Muy recomendable

Si a la mayoría de nosotros nos preguntaran por intelectuales franceses de los años 50 y 60 del siglo XX, seguramente saldrían a relucir nombres como los de Alain Resnais,  Albert Camus, Jean Paul Sartre, Louis Althusser, Michel Foucault o Jean-Luc Godard. Todos ellos intelectuales muy sesudos, muy serios, muy de “gafapastas”.

Pero no toda la intelectualidad francesa de su tiempo fue así. Hubo una parte de ella que se fue más por la rama lúdica y que describió y analizó el mundo y la época que le tocó vivir desde el humor, el absurdo y el surrealismo. Uno de los ejemplo más claros fue el Ilustre Colegio de Patafísica, del que fueron miembros, entre otros, Boris Vian, Eugene Ionesco o Raymond Queneau.

Y hoy vamos a tirar para ese lado aprovechando que la pasada Tochoweek nos ha dejado el cerebro como un campo arrasado por una plaga de langostas hambrientas y que, por tanto, no tenemos el coco para disquisiciones filosóficas de primer nivel. Nos ponemos con "Zazie en el metro", una de las más famosas novelas del autor de los “Ejercicios de estilo” y creador del OuLiPo, fama debida, en parte, a la adaptación cinematográfica que hizo en 1960 el también francés Louis Malle.

El libro tiene un argumento muy simple. Zazie (una niña de unos 12-13 años aproximadamente) es dejada por su madre en París al cuidado de su tío Gabriel durante 2 días y medio. ¿Por qué? Bueno, en fin. Eso son cosas de mayores.

Pero Zazie no es una niña cualquiera. Es lista como ella sola, malencarada, lenguaraz, rebelde, independiente. Y para colmo de males se le ha metido en la cabeza recorrer la ciudad en metro, pero desgraciadamente para ella ¡¡¡hay huelga de trabajadores de metro!!!. A Zazie no le importa y comienza a deambular, en taxi o a pie, por la ciudad. Y en la ciudad vivirá situaciones inverosímiles y se topará con personajes de lo más variopinto.

Se encontrará con sátiros disfrazados de policías disfrazados de sátiros, buscavidas, viudas ninfómanas, turistas engañados, cabarets de “hormosexuales”, etc. También se perderá por la ciudad, subirá a la Torre Eiffel, se verá metida en alocadas persecuciones, secuestros discusiones tabernarias, etc.

Todo ello contado a un ritmo endiablado, con diálogos chispeantes, gran frescura y con un humor disparatado y absurdo. Y esto pese a que el humor de Queneau se basa mucho en juegos de palabras y alteraciones sintácticas, lo que hace muy difícil que el ritmo y la gracia del libro se mantenga en la traducción. Aquí me gustaría mencionar que la traducción corre a cargo de Fernando Sánchez Dragó (me he prometido no emitir juicios de valor sobre el susodicho), el cual creo que consigue salir airoso del trance. Obviamente, habrá juegos de palabras intraducibles, otros que pierdan todo su sentido en castellano y otros que otro traductor hubiera expresado de forma diferente, pero me da la sensación de que ha sido un duro trabajo y de que la labor de Sánchez Dragó es bastante buena.

La novela también es, en parte, novela de iniciación o de aprendizaje en el sentido más amplio del término. Zazie se ve empujada al mundo de los adultos, lo contempla, choca con él e intenta comprenderlo. De hecho, al final de libro, cuando su madre le pregunta: “Entonces, ¿qué has hecho?”, ella responde, ni corta ni perezosa, “He envejecido”.

Nosotros no diremos que hemos envejecido con las aventuras de “Zazie en el metro”. Pero sí podemos afirmar que nos hemos reído (y mucho) con su lectura.

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