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domingo, 4 de mayo de 2025

David McCloskey: Estación Damasco


Idioma original:
inglés

Título original: Damascus Station

Año de publicación: 2021

Traducción: Jofre Homedes

Valoración: indigesto

Si hubiera una lista  standard de ticks para marcar que encajaran con la definición de best seller, subgénero "novela de espías", Estación Damasco las cumpliría a rajatabla. Desde su extensión y formato, tan adecuado para despacharlo en un corto período de vacaciones en algún sitio con un moderado bullicio, hasta su estructura, con capítulos cortos que parecen escenas y que siempre podrían saciar el ego del autor traduciéndose en jugosos contratos si algún directivo de cadena de streaming poco exigente decidiera sacarle algún provecho audiovisual. Por supuesto, referencias como John Le Carré o Graham Greene o una larga lista de autores de esos que basan sus libros en sus experiencias previas - militares, policiales, en cuerpos de élite, etc - son rápidamente identificables.

En este punto, por eso, habría que empezar a poner en duda que esto sea suficiente para que uno se convierta en escritor, más allá de la apelación constante al morbo y a una narración estereotipada hasta la saciedad, consistente en un amontonamiento de clichés tan obvio como algunos de los aderezos promocionales (el elogio de un ex-director de la CIA, en la portada, su definición en la contratapa como "novela atmosférica y trepidante"). Y aquí ya hay que ponerse serios: quinientas treinta páginas de idas y venidas constantes por los consabidos escenarios globales - Siria, Italia, Francia, Estados Unidos - en torno a la figura de Samuel Joseph, un miembro de la CIA que, sediento de venganza por la muerte de otra agente a manos de un sanguinario torturador sirio del gobierno de Al Asad, intenta captar a Mariam, agente siria que tantea y presiona a disidentes, para convertirla en colaboradora, lo que vendría a ser el agente doble de toda la vida, pero, ay, a pesar de que ambos son profesionales de alto rango capaces de manejarse en armas, pelea cuerpo a cuerpo, resistencia mental y física a las torturas más crueles, surge la pasión entre ellos, algo bastante curioso y desaconsejable en un entorno tan agitado como Damasco en medio del inacabable revuelo posterior a la Primavera Árabe.  

Surge, uno tras otro, cada uno de los enemigos favoritos clásicos, desde la Yihad en sus múltiples formas, hasta Rusia o incluso la propia burocracia que impide a los especialistas resolver las cosas a su manera. Todo precipitado, turbulento y lleno de estampas que enlazaríamos visualmente con cosas como Homeland o The Americans. La narración, dejadme recordaros que son más de 500 páginas, se enrevesa para tantear al lector con posibles traiciones, lealtades ambiguas, truculencia, diálogos confusos entremezclados con casualidades casi risibles (¿se puede hablar de un ataque con armas tóxicas a gritos en un lavabo? oh yes), todo en un contexto que se pretende apuntalar con siglas, nombres en clave, terminología para que el autor saque pecho de su profundo conocimiento de la "Agencia", lo cual convierte el libro en una aventurilla de superhéroes algo trasnochada y ya muy vista. Con escenarios, tecnología y enemigos actualizados, por supuesto, pero sin la mínima intención de profundidad o sutileza.

De ahí a  considerarlo literatura o algo que pretenda más allá de un algo farragoso entretenimiento  insustancial...

jueves, 6 de abril de 2023

Chris Kraus: La fábrica de canallas

Idioma original: alemán

Título original: Das kalte Blut

Año de publicación: 2017

Traducción: Isabel García Adánez

Valoración: muy recomendable

¿Se puede tener simpatía por un nazi, aunque se trate de un personaje de ficción? Si alguno fuéramos un escritor murciano de extremocentro, dedicado a llamar la atención en los medios de derechas denunciando la dictadura woke, no cabe duda que la contestación sería: "Sí, por supuesto", antes de enseñar la foto de Knut Hamsun que tendríamos sobre el escritorio. Pero para el resto de personas normales y más o menos decentes, la respuesta no es tan clara..."Hombre, un nazi-nazi, aunque sea un personaje de novela... Buf, qué difícil..." Pues más complicado resulta aún decirlo una vez leída esta novela. Porque su protagonista-narrador en primera persona, Konstantin -Koja- Solm es un alemán del Báltico y, junto a su hermano Hubert, miembro de las SS y, más concretamente, agente de la SD, su servicio de información, integrada dentro de la igualmente infame Oficina para la Defensa del Reich dirigida por el felizmente finiquitado Heydrich y. después, por el mismísimo Himmler. Pero, además, Koja Solm es un tío ocurrente, simpático y sentimental, con un temperamento y vocación artística, más que por la intolerancia política -de hecho, en ningún momento se presenta como un nazi convencido y no tiene ningún problema en tener trato amistoso hombres, ni mucho menos en mantener relaciones de...ejem, todo tipo con mujeres de razas supuestamente inferiores-; a diferencia de su hermano Hub, ha devenido nazi por las circunstancias del momento, de igual forma que luego espía para diferentes servicios secretos, traicionando a quien haga falta para su propia supervivencia y la de quien le importa de verdad. Es, en todo caso, más un pícaro que un fanático, aunque también un criminal.

Se ha comparado este libro con Las benévolas de Jonathan Littell, libro que no he leído (ni creo que vaya a hacerlo, que son 1200 paginacas, tetes...); no sé, pues, hasta que punto existen similitudes, aparte de las más obvias, entre las dos obras, pero si hay algo que distingue a sus autores: a diferencia, supongo, del norteamericano que escribe en francés, el alemán Kraus (*) no sólo originario del país responsable de todo el quilombo, sino también está afectado personalmente, por la conmoción que le supuso enterarse de que su abuelito querido había sido de las SS durante la guerra, y de ahí el germen de esta novela. No obstante, parece que el abuelo nazi debía de ser cariñoso con el nieto (igual que le ocurre a cierto escritor murciano, que tenía "un abuelo rojo y otro facha"... sólo que, visto lo visto, parece que el facha le daba más propina), porque ya digo que  Kraus no presenta al personaje basado en él  -aunque no únicamente- como un psicópata asesino, sino como un canalla, o medio canalla, que se amolda a lo que le va tocando vivir. Aunque claro, algo de mala conciencia sobre las tropelías que ha cometido a lo largo de su vida sí que le debe de quedar a Koja Solm, pues durante su estancia en un hospital de Múnich en 1974 -debido, en concreto, a una bala que tiene alojada en la cabeza- se dedica a contárselo todo a su infortunado compañero de habitación, un hippie llamado Basti, que alucina ante la historia, y sin necesidad de psicotrópicos (bueno, alguno que otro también hay, ejem...).

De todos modos, más que un lamento por lasa culpas de Alemania, que también, lo que aquí encontramos es una crónica histórica-familiar a lo largo de casi un siglo, un dramón incestuoso -o varios., una novela de espías que se desarrolla en diferentes épocas y escenarios, un libro de humor -sí, lo siento, pero hay mucho humor en esta novela, incluyendo humor judío-; más aún, una crónica sobre los avatares de la Alemania y el mundo de la posguerra y el papel que jugaron en ella los antiguos (?) nazis como fue el doctor Gehlen, general de contrainteligencia de la Wehrmacht y posterior director de la semioficial Org -bajo el ala de la CIA-, y su sucesor, el BND, organizaciones más llenas de nazis que los juicios de Nüremberg (y sólo un poco menos que en los congresos que se celebraban en esa ciudad durante el III Reich). Claro, que no sólo los servicios secretos occidentales hicieron la vista gorda con según que gente de turbio pasado, también el KGB, cómo no, e incluso el muy judío Mosad, con quien nuestro Koja y el resto canallas también tienen no poco trato, en algunas de las páginas, por cierto, más hilarantes del libro, merced, en gran medida, a la presencia del jefe de la inteligencia y contrainteligencia israelí, el inefable Isser Harel  (oriundo también de Letonia, por cierto).

En este extenso libro (perfectamente podría haber entrado en una de nuestras Tochoweeks) cada cual puede encontrar lo que busque: quien quiera estremecerse con un relato de los horrores de la época nazi, podrá hacerlo -aunque hay que señalar que la denuncia de Kraus va más hacia lo que ocurrió después, la connivencia de los gobernantes de la RFA con los criminales de guerra), igual que quien busque el morbo erótico y sentimental  o quien guste de una novela de espías a la vieja usanza, cuando no había hackers , algoritmos ni deep web o cosas por el estilo.... Quien quiera partirse de risa, lo hará, ya digo, y quien quiera llorar -o, al menos, emocionarse-, también. Lo más importante, en cualquier caso, es que todo esto, junto, conforma un PEDAZO DE NOVELÓN, un relato de resonancias bíblicas, sobre el amor, la traición, la cobardía o el valor y los vínculos que no se pueden borrar ni con sangre ni con fuego. Algo tramposo, sin duda, y tal vez inverosímil (aunque cosas más raras se han visto), pero que funcuiona de principio a fin merced, quizás a esta misma variedad , lo mismo que por una prosa de más que notable calidad y, sobre todo, a un protagonista y narrador que no puede dejar de conquistarnos y repelernos a la vez. Un canalla o medio canalla, al menos, incluso un nazi, de acuerdo -de aquella manera, eso sí-, pero que, pese a todo, no deja de concitar simpatía.  Otra cosa es que, en la vida real, un tipo así debería quizás acabar colgando de una soga, no lo sé... Pero, en fin, esto es una novela, después de todo...

(*) Hay que aclarar que el autor de esta novela es un escritor y director de cine alemán, no una crítica de arte y escritora norteamericana también llamada, mira por dónde, Chris Kraus.

martes, 13 de septiembre de 2022

John le Carré: El espía que surgió del frío

Idioma original: inglés

Título original: The spy who came in from the cold

Traducción: Nieves Morón

Año de publicación: 1963

Valoración: Recomendable alto


Espías los ha habido siempre, pero a mediados del siglo pasado se llegó a consolidar una especie de subgénero literario basado en aventuras de ese mundo, seguramente tan oscuro y complejo como parece desde fuera.  Recién terminada la Segunda Guerra mundial (incluso podría decirse que antes de terminar) ya estaban configurados los dos bloques antagónicos que se enfrentarían durante los cincuenta años siguientes. En ese momento esos dos bloques comparten frontera en la Alemania ocupada y, de forma muy significativa, en el propio Berlin, de inmediato dividida, donde los nuevos enemigos literalmente se rozaban. El famoso Checkpoint Charlie, con toda su leyenda, es el símbolo de la guerra fría y el espionaje.

Por allí anda el espía británico Alec Leamas, responsable del tinglado en la República Democrática alemana, hasta que pierde a su último hombre justo cuando iba a cruzar la frontera. Parece que el trabajo de Leamas no ha sido demasiado provechoso, y el alto mando (todo lo dirige un tipo enigmática y muy apropiadamente conocido como Control) le manda un tiempo a la nevera. El agente, ya bastante bregado y un poco harto de todo, termina sin un céntimo, con un trabajillo de circunstancias, hasta que se le encomienda una última misión, que será al mismo tiempo una oportunidad para redimirse de su derrota.

La perspectiva del mundo del espionaje es muy diferente de la que proponía Graham Greene, por ejemplo en El factor humanoEn Greene interesa sobre todo la subjetividad, el espía como individuo cuyo trabajo es ese como podía ser cualquier otro. Para Le Carré, sin perder de vista el lado humano, es más importante la intriga, cómo funcionan los mecanismos del engaño y la simulación, qué leyes gobiernan ese entramado político-militar que hoy llamaríamos Inteligencia, en definitiva descubrir el juego oculto del adversario, anticiparse a sus movimientos, conocerle para debilitarle y destruirle. Y lo que encontramos es que no hay en realidad ninguna ley, nada tiene valor, incluida la vida, al margen del éxito de una misión, eso es lo único que importa.

Las redes de espionaje son realmente una gran trituradora que va destruyendo a todos los que, voluntariamente o no,  se acercan a ella, los destruye física o mentalmente, o ambas cosas. No a todos: solo pueden salvarse los que realmente conocen el sistema, quienes carecen de escrúpulos como el sistema exige, y saben mantenerse a flote a cualquier precio. Así vamos distinguiendo entre ese puñado de personajes bien dibujados (idealistas, desengañados, funcionariales) quiénes serán capaces de sobrevivir y quiénes sucumbirán en esa criba inexorable y muy descriptiva.

Según se dice, las novelas de John le Carré, y ésta en concreto, son el canon de la literatura de espionaje, el modelo que muchos otros copiaron después y que se llevó al cine una y otra vez. Y es que realmente el libro está estupendamente escrito, tiene el ritmo perfecto, el grado adecuado de complejidad para no frustrar al lector y que su esfuerzo resulte gratificante, integra ciertos elementos emocionales (la relación entre Leamas y la joven Liz, pero también la envidia de Fiedler, por ejemplo) en la justa medida para no deshumanizar del todo la trama. Y no falta el tanto de literatura forense (ya saben, la larga escena del juicio en donde se dilucidan cosas fundamentales), que tal vez no sea tan novedosa, bien llevada aunque intuyo que con un sesgo anglosajón que puede no ser del todo adecuado. 

Un conjunto brillante, donde tiene también cabida la sutileza para describir situaciones de forma que el leguaje digamos literario no es un adorno, sino que esté realmente al servicio de la narración:

‘En todas partes, ese aire de conspiración que se produce entre la gente que está levantada desde el amanecer, casi de superioridad, nacido de la experiencia común de haber visto desaparecer la noche y llegar la mañana.’

Es decir, captando las atmósferas necesarias para contextualizar el relato de forma impecable.

No sé si una historia de espías da como para hablar de literatura de gran calibre pero, si no perdemos la perspectiva de lo que estamos leyendo, hay que decir que el libro se cerca bastante a lo perfecto y desde luego merece ser conocido.


También de John le Carré en ULADEl sastre de PanamáUn hombre decente

domingo, 22 de agosto de 2021

Mick Herron: Leones muertos

 Idioma original: inglés

Título original: Dead Lions

Año de publicación: 2013

Traducción: Enrique de Hériz

Valoración: recomendable

Ésta es la segunda novela de la serie (de momento ya hay diez, pero en España sólo han sido publicadas tres) de Mick Herron sobre la llamada Casa de la Ciénaga -o "Slough House"-, el lugar adónde los servicios secretos británicos destierran a sus agentes que la han pifiado o han caído en desgracia por algún motivo -los llamados "caballos lentos"- con la esperanza de que el desánimo y el aburrimiento les impulse a ellos mismos a dimitir y dedicarse a cualquier otra actividad. Para ello cuentan con el inestimable talento del director de la Casa, Jackson Lamb, un agente secreto que no podría estar más alejado, al menos en apariencia, del prototipo ideal de James Bond: entrado en años y en carnes, poco escrupuloso con su higiene personal, apariencia y costumbres, y digamos, siendo benevolentes, que de carácter que tiende al sarcasmo... pero con un talento, ya digo que impagable para martirizar a sus subordinados.

Aunque, eso sí, no deja de ser un espía de los viejos tiempos y no puede sino ponérsele la mosca detrás de la oreja cuando uno de sus conocidos de la época del "Zoo de los espías", es decir, del Berlín pre-caída del muro, aparece muerto por causas aparentemente naturales, pero en escamantes circunstancias, así que Lamb no duda en poner a los desechos a su cargo, a sus caballos lentos, a investigar tanto en el mundo realcomo virtual, incluso en lugares tan exóticos y peligrosos como en un , en principio, apacible pueblo de los Costwolds... Aunque no cuenta con todos sus efectivos: al mismo tiempo, dos de estos "caballos" son reclutados en comisión de servicios por un trepa de Regent's Park -la central del MI5- para controlar ciertas negociaciones con un oligarka ruso llamado Pashkin.

Con su cuadra mermada y unas pistas que , en el mejor de los casos, podríamos calificar como "aproximativas", ¿serán capaces la mente maquiavélica y el instinto de comadreja de Lamb de desentrañar el secreto oculto tras la muerte de su antiguo colega del Zoo? ¿O su empecinamiento sólo servirá para hundir la Casa de la Ciénaga aún más en la misma? Quien quiera saberlo deberá leer esta intrigante y estupendamente escrita, por cierto, novela; quizás un tanto heterodoxa para lo que solemos pensar que son las novelas de espías, pero no menos apasionante que las clásicas del género. Sin duda, el espíritu de le Carré, que debería descansar en paz, sigue corriendo por la páginas de los libros de Mick Herron.

También de este mismo autor (serie Jackson Lamb) y reseñado en Un Libro Al Día: Caballos lentos

lunes, 23 de diciembre de 2019

John le Carré: Un hombre decente

Idioma original: inglés
Título original: Agent Running in the Field
Año de publicación: 2019
Traducción: Benito Gómez Ibáñez
Valoración: recomendable

En más de una ocasión, en los comentarios que se hacen a nuestras reseñas, hay quien nos ha señalado, con total acierto, que nunca nos habíamos ocupado de los libros del afamado escritor de novelas de espías John le Carré (David Cornwell en su casa). Pues bien, ha llegado el día de acabar con esa omisión y qué mejor que hacerlo con su última obra hasta la fecha... y que quizás sea la última que escriba, dada su avanzada edad y que el hombre se encuentra algo bastante pocho, por lo visto. Aunque claro, nunca se sabe y crucemos los dedos...

Esta última novela, Un hombre decente -traducción que no tiene mucho que ver con el título original y que condiciona la lectura, me temo, aunque no sé si para bien o para mal- también es de espías, como debe ser; aquí nos cuenta las periperipecias de Nat, un agente veterano en los asuntos rusos -él mismo es medio ruso o, al menos, cuarterón- que, a punto de quedar fuera de la Oficina, como se llama al MI6, pasa a dirigir una subestación marginal de la misma, conocida como El Refugio, desde donde vuelve a entrar en el juego. También en el juego del bádminton, del que es un aventajado practicante y que en esta novela tiene una importancia fundamental: Nat comienza a enfrentarse en su club con un joven desgarbado y más bien peculiar llamado Ed Shannon, que además de revelarse como un contrincante a su altura. resulta ser un inconformista con el rumbo que está llevando su país y el mundo, en general... Lo que no es baladí, puesto que el Brexit y los gobiernos de Trump y Putin son el telón de fondo -y algo más que eso- de la trama de espionaje de la novela.

Novela de espías, sin embargo, con aire un poco vintage, puesto que parece (o al menos así se retrata aquí) que los servicios secretos han vuelto en buena medida a los métodos "tradicionales", dada la vulnerabilidad de la tecnología digital. Novela que, además, no oculta una cierta nostalgia (en lo que se refiere al aspecto literario, se entiende) por la Guerra Fría, con aquellos agentes y topos de la KGB tan entretenidos... Novela que, pese a lo que yo mismo comenté en la reseña de Caballos lentos, sí que guarda algún parentesco con las de Mick Herron: El refugio parece una versión aligerada de la Casa de la Ciénaga y también adquieren gran importancia -incluso crucial- a las circunstancias más prosaicas y domésticas de los espías, que tienen que ve más con simples y a veces sufridos funcionarios gubernamentales que con agentes 00 con licencia para matar.

Novela de espías que, como es de suponer no sólo trata de una trama ingeniosa o unos personajes pintorescos; subyace en ella la cuestión de hasta que punto hay que gusrdar lealtad al país o la sociedad a la que perteneces, al Estado para el que trabajas (o al que pagas tus impuestos y respetas sus leyes, sin más)... y por tanto, si es ético traicionarlo cuando los derroteros que sigue van en contra de tus ideas o en contra de su propia ciudadanía, a tu entender.

Huelga decir que la historia está escrita con una soltura, un ritmo y un humor que denotan no sólo un gran talento sino sobre todo un gran oficio en estas lides. Ni siquiera el que el final (y espero no estropearle la lectura a nadie) sea un tanto abrupto y deje algunos flecos, algunos interrogantes que hacerse tras una trama de precisión suiza, devalúan el placer que supone devorar esta última (y que sea de momento) novela del maestro del género. Sin duda, recomendable.


miércoles, 28 de agosto de 2019

Carme Riera: La mitad del alma


Idioma original: Catalán
Título original: La meitat de l’ànima
Año de publicación: 2004
Traducción: La propia autora
Valoración: Está muy bien

Estaciones ferroviarias, mujeres solitarias enfundadas en una gabardina, portadoras de una mirada decidida y empuñando una maleta ligera ¿Quién era realmente mi padre? ¿A qué bando pertenecía mi madre? ¿A quién escribía las cartas apasionadas que un desconocido me ha hecho llegar?… De acuerdo, digamos que no son los argumentos más inéditos, los mimbres más originales con los que urdir una trama. Pero en manos de Carme Riera (Palma, 1948), poseedora de una más que acreditada solvencia narrativa, dan al menos para una novela concisa, apenas doscientas páginas, entretenida y con algunas páginas vibrantes. Balance que, a mi entender, está más que bien.

Para mí la memoria es imprescindible. Sin memoria estamos muertos. La memoria es el alma de las personas y quizás por eso yo ando buscando la mitad de mi alma…”, leemos en las páginas de esta novela, escrita en primera persona y en la que la narradora se dirige continuamente y de manera directa al lector, y en este juego sí que encontramos más carga de sorprendente originalidad. Aunque, de acuerdo, en novela sepamos que todo todo todo ya está inventado.

Pero también es quizás uno de los rasgos que más me seducen de las  novelas de Carme Riera, la necesidad de ir siempre un poco más allá en la formas, de escapar de lo cómodo o previsible y plantearse la escritura como un ejercicio de riesgo, de apuesta por romper moldes formales, estilísticos o de género literario, lo que en una escritora que lleva ya casi medio siglo de oficio le propicia un atractivo adicional, en mi opinión. Y otro aliciente, por si fuera menester. La propia autora es quien se encarga de traducir sus libros al castellano desde el catalán original, lo que dota a sus textos de una resolución más vigorosa que una traducción ajena.

En La mitad del alma, Carme Riera se pone en la piel de una mujer de su propia edad, dedicación y extracción social, hija única de una pareja formada por un ganador y una perdedora de la Guerra Civil española, en la Barcelona de entre los años cuarenta y sesenta del siglo veinte. La narradora se confiesa adicta a las estaciones de tren, en especial a las del sur de Francia, a los trenes que enlazan Barcelona con PortBou y a los que desde PortBou van a Montpellier y luego pasan por Aviñón, para recrear una atmósfera con la que ambientar la narración y que nos va deparando inevitablemente más dudas que certezas, en una trama que va enredando al lector progresivamente y por el que pululan fantasmas familiares y personales, exmaridos, tías y abuelas, fantasías y anécdotas, jirones de realidad, suposiciones, sombras y sospechas, recortes de diarios y retazos de objetos y recuerdos con los que se construye la zozobra psicológica y social que agita a la protagonista: "Ahora sí que lo que más necesitaba era ser escuchada, que alguien aceptará que mi silencio angustioso era también una manera de comunicar".

Incluso la velada aparición que se permite una camusiana declarada como es la autora de un cameo literario de primer orden se antoja por completo verosímil, real, posible. Por juegos como ese, leer a Carme Riera parece tener premio siempre, aunque en mi opinión La mitad del alma no sea uno de sus libros más ambicioso, exigente, arrebatador.

Otros títulos de Carme Riera en ULAD: En el último azul, Palabra de mujer

sábado, 20 de julio de 2019

Kurt Vonnegut: Madre noche

Idioma original: Inglés
Título original: Mother Night
Año de publicación: 1961
Valoración: Recomendable



Madre noche es la tercera novela de Kurt Vonnegut. Es de las pocas del escritor estadounidense que carece de elementos de ciencia ficción y, pese a ello, rezuma vonneguismo. A fin de cuentas, aborda uno de los temas predilectos del autor, la Segunda Guerra Mundial. Además, está permeada por el cinismo y, sobre todo, por el humor negro.

En efecto: Madre noche es una sátira. Una que se mofa del Régimen Nazi, de los EEUU y del comunismo soviético. Una que se burla de los supremacistas blancos y los sionistas por igual. Una que, como se puede ver, no deja títere con cabeza. Esta irreverencia es, sin duda, uno de sus mayores atractivos. Otro aspecto remarcable de Madre noche es que se lee en un santiamén. Al fin y al cabo, esta ficción no llega a las ciento cincuenta páginas, su argumento te engancha desde el inicio y está narrada con una prosa sencilla.

Llegados a este punto, creo pertinente mencionar al protagonista y narrador de esta historia. Howard Campbell Jr. está encarcelado en la prisión internacional de Haifa, en Israel, a la espera de ser juzgado por crímenes contra la Humanidad, pues hizo de propagandista para el Régimen NaziMadre noche es su confesión. O, más bien, su desahogo. En estas páginas, Campbell narra cómo tuvo que amoldarse a una causa, la nacionalsocialista, que no compartía. También explica cómo lo dejaron en la estacada los americanos. Porque sí, Campbell fue un agente doble que, a través de sus emisiones, enviaba mensajes cifrados a los aliados. 

Por desgracia, ya nadie es capaz de testificar a su favor. Ni siquiera él mismo resulta del todo convincente. Su tono anestesiado, el frío desapego con que relata eventos supuestamente importantes para él, su cameo en Matadero Cinco... ¿Es tan inocente como afirma? No lo sabemos. A fin de cuentas, Campbell es un narrador poco fiable. Antes de la Segunda Guerra Mundial estallara era escritor y dramaturgo. ¿Acaso no es posible que interpretando un papel acabara por mimetizarse con el mismo?

El título de esta novela viene de una cita del Fausto de Goethe que reconoce la ambigüedad del ser humano. Dice Vonnegut en la introducción del libro: «Si hubiese nacido en Alemania, supongo que habría sido nazi, habría liquidado a judíos y gitanos y polacos, habría dejado botas sobresaliendo de montículos de nieve y me habría reconfortado con mis propias entrañas, secretamente virtuosas. Así suele suceder.»

Lo que más me ha gustado de Madre noche es:

  • Su redondez. El estilo, el tono, la voz narrativa y la estructura de la novela se adecuan perfectamente a lo que ésta quiere transmitir.   
  • Su protagonista. Howard Campbell Jr. es, sin lugar a dudas, un personaje de una complejidad fascinante, contradictorio y ambiguo. 
  • Algunos de sus secundarios, extremadamente memorables. Pienso en el reverendo Lionel Jason David Jones, doctor en Cirugía Dental y en Teología, o en Bernard B. O´Hare, ex-militar que en su momento capturó a Campbell, cuyo único afán en la actualidad es apresarlo de nuevo.
  • Sus constantes golpes de efecto o giros de tuerca. 
  • Las sentencias lapidarias que la salpican, sean sobre la patria, el amor o el Bien y el Mal. Están presentadas con humildad, pero son tremendamente sabias.

Esta es una novela, pues, de lo más recomendable. No será tan innovadora en lo formal como Matadero Cinco, pero divierte y hace reflexionar a partes iguales. ¿Qué más se le puede pedir al bueno de Vonnegut?


Otras obras de Kurt Vonnegut en ULAD: Matadero CincoUn hombre sin patria, Cuna de gato, Barbazul

domingo, 30 de junio de 2019

D. B. John: Infiltrada

Idioma original: inglés
Título original: Star of the North
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable



Hace unos meses me propuse recomendar algo trepidante y adictivo para el verano y, después de algún intento fallido, creo que lo tengo. Quizá el título resulte algo pretencioso y, desde luego, mucho menos realista que los sucesos relatados aquí. Pues lo que tenemos entre manos es un thriller político, muy bien documentado según parece, que recomiendo a todo aficionado al género. No para que lo llevéis en la maleta, pues es demasiado voluminoso a pesar de no llegar a las 500 páginas, pero sí en el maletero, ya que contiene todos los ingredientes: intriga, cambios constantes de enfoque, amores y odios, cuentas pendientes, personajes encantadores o aborrecibles o ambas cosas dependiendo del momento, hechos y personalidades históricas, tremendas injusticias y mucha, mucha violencia (no demasiado explícita, afortunadamente), con algún toque de ternura para compensar. Todo ello provocará nuestra indignación –aunque sin implicarnos demasiado debido a la lejanía geográfica de lo narrado– y nos mantendrá enfrascados en la lectura durante esas largas y calurosas tardes en las que lo único que apetece es quedarse en la tumbona. Pero voy a lo concreto para que se entienda.
D. B. John es un galés, de profesión abogado, que apenas había escrito una novela cuando visitó Corea del Norte y recibió una de esas impresiones indelebles con las que no se puede vivir si no lo cuentas (o bien encontró el filón que necesitaba para armar un argumento no demasiado explotado en el confortable mundo que habita). Siempre a mayor gloria de USA, dueños absolutos tanto del protagonismo como del punto de vista, y por tanto los buenos de la película –¡cómo no!– sin que eso signifique, en mi caso, disculpar ni un ápice a los otros. Porque: ¡qué prósperos, qué bien organizados, qué democráticos! No como esos mentecatos de allá lejos que osan no pensar como nosotros (nótese la ironía). En Corea del Norte, “el relato secreto nunca se reconocía, porque no había ninguna emoción o idea, ningún aspecto de la vida, que pasaran desapercibidos a la autoridad del Estado.” Pero recordemos que existe Internet, y démosle tiempo a ver qué pasa. Aquí os dejo otro botón de muestra:

 “… Una vez más, las fuerzas de la intolerancia se han reunido y urden sus planes contra nosotros. Están envalentonados, creen que nuestra libertad nos deja desprotegidos, que nos vuelve decadentes y nos llena de contradicciones. Nosotros, unos pocos afortunados, somos los guardianes de la libertad. Somos los buenos. Somos nosotros los que estamos en la línea del frente. Por eso os habéis unido. Habéis elegido la luz y no la oscuridad.”

Esta arenga, emitida por un supuesto dirigente de un campo de entrenamiento para recién reclutados por la CIA –naturalmente, inventada por el autor de la novela pero bastante verosímil, por desgracia–, da bastante miedo y se acerca a ese clima de lavado de cerebro del fundamentalismo coreano que se describirá más adelante. En ese punto, recién superadas las cien primeras páginas, el argumento no acababa de arrancar del todo, se acumulaban los detalles irrelevantes sirviendo de envoltorio a unas pocas pinceladas informativas: una cáscara de sentimentalismo bastante tópico al que no encontré sentido hasta más tarde. Pero he de reconocer que –aunque hubiese preferido un reportaje periodístico sin concesiones al lector– la narración mejora notablemente a medida que avanza. Poco a poco, va cobrando fuerza, comenzamos a entender hilos narrativos cuya inclusión no acababa de convencernos, nos vamos sintiendo cómodos con esa intriga que crece por momentos, algunos personajes se vuelven tan humanos que empezamos a comprenderlos y hasta a quererlos. Al final, y aunque no se nos explique punto por punto todo lo que ocurre, cada cosa encaja en su lugar y con eso es más que suficiente.

 “Solo tienes poder sobre un hombre mientras no se lo arrebates todo. Pero, si lo dejas sin nada, ya no está en tu poder. Es libre”.

En su climax la novela se acerca a niveles epopéyicos, y hasta el recurso –ya tan manido– de reunir a miembros de familias desmembradas –en este caso, por un destino con fisonomía comunista– nos recuerda a la anagnórisis de los clásicos. También es un acierto que ciertas líneas narrativas se abandonen sin concluir o apenas esbozadas –como ese conato de adopción a Kyu por parte de la señora Moon–, que se muestren cambios de estrategia u opinión por parte de algún personaje, o que los acontecimientos no se produzcan según lo previsto, ya que todo ello se acerca mucho a la vida real y resulta bastante convincente. Y, como en la vida, no existe un solo desenlace sino muchos. Por otra parte, y dentro de los elementos a favor, la trama está repleta de dilemas éticos, que únicamente se plantean y es el lector quien ha de resolverlos. Solo diré que el ambiente está tan cargado de corrupción (constantes sobornos, tráfico de estupefacientes a cargo de diplomáticos, algo muy, muy turbio denominado Programa Semilla etc.) y represión que parece a punto de explotar. Pero ahí siguen, en pie, tanto el país como su régimen, muestra palpable de que el ser humano es capaz de lo mejor y lo peor.
Pero, claro, a una novela con formato de best-seller hay que pedirle lo justo. Algún episodio capital resulta surrealista de puro increíble, los personajes evolucionan, sí, pero no de forma progresiva, sino de golpe. Además, y a medida que nos vamos adentrando en los tejemanejes del gobierno liderado por (el ya fallecido) Kim Jong-il, nos preguntamos hasta que punto esos hechos están documentados, cuales son los fundamentos de lo que afirma el novelista. Por eso considero imprescindible el apéndice que detalla, y explica, las fuentes que ha utilizado. Mi convencimiento ha aumentado después de leerlo, he de admitir. Aunque he creído encontrar también alguna fuente un poco más novelesca: en concreto, un tenue rastro de la serie  Breaking Bad (que aparece en la pag. 383 y alguna otra, para quien quiera consultarlo). Se ofrece, además, un glosario de términos coreanos que no viene mal, aunque los podemos comprender por el contexto.

Traducción: Javier Guerrero

jueves, 9 de mayo de 2019

Graham Greene: El factor humano

Idioma original: inglés
Título original: The Human Factor
Traducción: Iris Menéndez y Enrique Sordo
Año de publicación: 1978
Valoración: Recomendable

Casualidades: siendo más bien poco aficionado a los relatos de intriga y espionaje, muy poco antes de ponerme con este libro había terminado otro de asunto teóricamente similar. Como la reseña se publicó hace poco, no volveré sobre aquella lectura, pero sí me complace dejar constancia de la diferencia. Moviéndose también por terrenos más o menos próximos (tramas de espionaje), la novela de Greene es justo la antítesis de la otra: argumento muy sencillo, solo un puñado de personajes pero interesantes, profundidad psicológica, el punto de humor justo. Todos los ingredientes bien manejados y ensamblados con inteligencia. En realidad, tampoco creo que El factor humano se deba considerar un libro sobre espías. Efectivamente hay espías, el relato se monta en torno a ellos y su trabajo, pero ese mundo opaco es solo una de las capas del relato, y no necesariamente la más importante. 

En un oscuro departamento de cierto servicio de inteligencia inglés se descubren unas filtraciones que, como puede suponerse, es lo peor que puede ocurrir en un lugar así. Como en este entorno todo debe ser necesariamente sutil, se inicia una investigación discreta y el problema se focaliza en dos únicas personas. Aquí empezamos a descubrir a algunos de esos ricos perfiles que iremos encontrando. Los dos funcionarios sobre los que recaen las sospechas son aproximadamente antagónicos: uno es un veterano servidor del Estado, curtido en distintas misiones, con familia y ganas de colgar la chapa. El otro, un joven soltero, algo derrochador (ay, esas apuestas) y con una vida un poquillo disoluta. Ambos tienen en común un elemento omnipresente en la novela: el alcohol. Más concretamente el whisky, que trasiegan como la cosa más normal en dosis, momentos y frecuencias que llegan a dar un poco de grima. Quizá no llega a ser una adicción, pero sí una costumbre digamos demasiado arraigada, que terminará con la aparición de cierto hígado bastante triturado. Como para extrañarnos.

Subiendo en la escala administrativa nos encontramos con un coronel, entregado a la tarea con empeño castrense, y de una integridad moral irreprochable. Y, ya en las alturas, aparecen esos sujetos de responsabilidades nebulosas, que flotan entre lo político y las prácticas mafiosas, individuos socialmente intachables, encantados de concebir y ordenar operaciones de limpieza mientras despachan una trucha ahumada en el comedor del club. Tipos sin escrúpulos cuando se trata de alcanzar los objetivos o, mejor dicho, con niveles de escrúpulos muy bajos, aunque no siempre equivalentes: dentro de ese mundo de ‘los malos’, Greene define con finura a unos y otros, porque en definitiva esta es una novela de personajes, donde lo que hacen importa solo para definir cómo son.

Es también notable la imagen que tenemos del trabajo de los espías. El autor, que por lo visto trabajó un tiempo para el MI6, parece empeñado en desmitificar ese mundo, y se vuelca en su vertiente más burocrática. Sin rastro de heroicidad, lo que vemos son funcionarios que en una oficina polvorienta tramitan informes recibidos de distintas partes del mundo, muchos de ellos irrelevantes. Un ambiente gris y aburrido en el que ejercen más de chupatintas que de urdidores de oscuras tramas internacionales. 

Probablemente Greene ha querido degradar a propósito la épica de los servicios secretos para poner de manifiesto con más rotundidad la perspectiva que va en el mismo título: lo que importa en este caso no serán las peripecias de espías y agentes dobles, ni las maniobras de los Gobiernos para mantener o alterar los equilibrios geopolíticos. Lo que interesa esta vez es contemplar ese mundo desde la posición de sus protagonistas, individuos que trabajan en una oficina como otros tantos millones, aunque lo que manejen sea material sensible y estén sometidos a controles y obligados a mantener secretos que personalmente les importan bien poco. Hablamos de tipos que en definitiva se mueven por estímulos no muy diferentes de cualquier otro, básicamente llevarse un sueldico a casa y, según los casos, tener lo suficiente para apostar a los caballos y alguna juerga, o simplemente mantener a su familia con algo de decencia. Estos currelas de los servicios de espionaje -nos dice Greene- no son superhéroes de cine de acción, ni se dejan llevar por raptos de patriotismo pensando en Su Graciosa Majestad. 

Con esta perspectiva, cuando aflora la traición tampoco encontraremos a un culpable atrapado entre dos lealtades, ni a alguien atormentado o vengativo con algún terrible secreto que justifique su conducta imperdonable, sino alguien corriente, consciente de su falta pero que simplemente actúa como considera correcto. El personaje recuerda un poco al cura de El poder y la gloria que, sin ser un héroe ni un gran traidor, se salía del carril para seguir su propio camino, asumiendo con naturalidad  las consecuencias de su conducta. Pero no sólo el protagonista, la mayoría del reparto tiene también su dibujo, su pequeña historia y su personalidad, y de todo ello deriva su forma de proceder.

En definitiva, lo que Greene presenta, más que un relato de espías, es un conflicto en el que las circunstancias individuales y las convicciones chocan con (y prevalecen sobre) las obligaciones, como queriendo dejar claro que por mucho que esos servicios de inteligencia se diseñen con toda la frialdad y las cautelas para asegurar su eficacia e impermeabilidad, no dejan de estar formados y manejados por personas, cuyas debilidades o fortalezas, según se mire, pueden terminar por hacer vulnerable el sistema.

Como apenas hay acción hasta bastante cerca del final, cabría pensar si una novela de estas características no se hará aburrida: pues en absoluto. El autor tiene indudable destreza para componer una narración fluida, dosificada a la perfección y con un tono equilibrado, que se mueve cerca de lo oscuro sin desdeñar lo íntimo ni la pincelada humorística, medida y colocada exactamente donde debe. Y es que cuando se tiene talento y las ideas claras, con lo más sencillo es suficiente para construir algo inteligente e interesante.


jueves, 17 de enero de 2019

Mick Herron: Caballos lentos

Idioma original: inglés
Título original: Slow Horses
Año de publicación: 2010
Traducción: Enrique de Hériz
Valoración: recomendable


Pese al nombre, la Casa de la Ciénaga no es ningún pub de inspiración dickensiana. No se trata tampoco de una escape-room gótica ni de una página web sobre cine de terror de serie Z... Y, por supuesto, no se refiere ni a una casa de verdad, ni mucho menos a una ciénaga. En esta novela, así es como se conoce al departamento o sección de los servicios de inteligencia británicos donde son destinados aquellos de sus miembros que han cometido fallos graves (o tontos), que han sido elegidos para hacer de cabezas de turco de los errores ajenos o que han sucumbido de una forma u otra a alguna de las muchas debilidades humanas. Dicho en plata: que la han cagado y han pasado a engrosar el grupo de los "caballos lentos", que en el argot de los servicios secretos (y supongo que antes de los hipódromos), son el equivalente a los caballos que se quedan rezagados, sin posibilidad de disputar la carrera y ni siquiera alguno de los puestos de cabeza. Ese es el reino de Jackson Lamb, un veterano de los tiempos de la Guerra Fría sarcástico, gordinflón y flatulento, cuyo cometido parece ser, más que nada, fastidiar a sus subordinados.

Como se puede ver, esta es una novela de espías británicos, pero nada que ver con John Le Carré -un poco sí con Graham Greene- y, desde luego, a años luz de Ian Fleming; aquí lo más parecido que hay a James Bond es River Cartwright, un joven "caballo" que tras un error  bien gordo se ha librado de ser expulsado del Servicio tan sólo por la influencia de su abuelo, también un -respetado, en este caso- agente de otra época. Sin embargo, aunque el protagonista de la novela parece ser River, en un primer momento, nos acabamos dando cuenta de que el verdadero personaje principal, el 007 de la novela, es el inefable Lamb (el apellido, como es de suponer, es una ironía del autor), que se ha de desenvolver en un verdadero quilombo de operaciones internas que mezclan terrorismo, grupos de extrema derecha y algún político bastante reconocible en un ambiente pre-Brexit -la novela es del 2010-, pero que ya anuncia la estulticia y confusión (no solo en el UK) que sobrevendría años después y en la que todavía estamos.

Así pues, provisto con esta especie de "doce del patíbulo" (aunque a veces parecen más los polis de Brooklyn Nine-Nine), Mick Herron forja una trama impecable -quizá abusa un poco del engaño al lector-, original  y, desde luego, de lo más entretenida, además de enseñarnos un estupendo muestrario de personajes de lo más peculiar aunque, al mismo tiempo, creíbles gracias a una construcción sólida y compleja. Lo extraño, la verdad, es que esta novela, al igual que el resto de la serie que inaugura, dedicada a Lamb y sus chicos, no hubiese sido hasta hace bien poco publicada en castellano. En fin, nunca es tarde...

Por cierto, y como detalle que todos los biblionecrófilos agradecemos a Mr. Herron: en el libro aparece la tumba de Blake (está en el mismo cementerio que la de Daniel Defoe, al parecer)... Eso sí, cuando se escribió esta novela, aún no lucía su nueva lápida... ; )