jueves, 11 de junio de 2026

Remedios Zafra: El informe

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2024

Valoración: Recomendable 


Remedios Zafra necesita un ordenador nuevo para su trabajo, se supone que en una universidad o alguna otra institución cultural, y le piden que justifique la petición. Una exigencia bastante frecuente, doy fe de que no solo en el ámbito público, pero que es la gota que colma el vaso, ese momento en el que algo que estaba ahí, larvado, hace crack y ya nada vuelve a ser igual. Quizá no sea como para darle tanto dramatismo, pero al menos da pie a la autora a escribir este informe en el que, a partir de ese cabreo inicial, irá desgranando reflexiones sobre los obstáculos al trabajo intelectual, en realidad a todo desempeño realmente enriquecedor y con sentido.

Así que el motor que moviliza todo el texto y lo impregna de principio a fin es el malestar, la incomodidad, también incredulidad, ante las trabas que entorpecen la actividad cultural. Puede sonar, y durante unas cuantas páginas ocurre, al lloriqueo de la intelectual que, agobiada por los requerimientos de la burocracia, reclama desembarazarse de esa carga, disponer de tiempo para hacer fluir el pensamiento, habilitar la reflexión, en definitiva para vivir de otra forma. Uno se pregunta entonces si otras ocupaciones no merecen ese mismo trato, si el camarero, el administrativo o el trabajador manual, no digamos el autónomo, no deberían ser igualmente beneficiarios de otro enfoque en el que el trabajo no limite/empobrezca/anule la vida personal.

La queja tiene por tanto un cierto tono elitista, pero la autora sale por momentos de su posición personal, ese reducto quizá privilegiado de la actividad cultural, y reclama, ahora sí, una perspectiva diferente para el mundo del trabajo en general. No solo reduciendo en general la jornada sino, lo que en mi opinión es más interesante, avanzando en la búsqueda de lo que llama hacer con sentido, que cada uno en su desempeño puede tener conciencia de que lo que está haciendo es importante, que está aportando su esfuerzo y sus capacidades para un fin identificable, y que su tiempo no está al servicio de un entramado mecánico y opaco al que nadie es capaz de encontrar justificación. Es la burocracia tal como la entendemos, pero son también procesos obsoletos o inútiles que nadie se ha preocupado en revisar y que, añado por mi cuenta, afectan generalmente a trabajos pagados con salarios y condiciones miserables.

El propio individuo es consciente de que no está aportando valor real, y junto con la multiplicación de horas interminables, termina todo ello por generar hastío y desafección. De manera que, a partir de esa chispa de cabreo inicial, nos hemos situado en una reflexión mucho más amplia sobre la necesidad de repensar la actividad laboral de manera que el individuo no se sienta el mero engranaje de una estructura en la que no participa (¿recuerda alguien Tiempos modernos?). En definitiva, dignificar y racionalizar los sistemas para que el trabajo deje de ser alienante y adquiera un significado para quien lo está realizando. (Lo cual, si nos ponemos en tono de escuela de negocios, seguramente va a redundar en un aumento de la productividad, así que todos contentos)

Al texto quizá se le podrían reprochar algunas cosas, como el uso de frases excesivamente largas o la reiteración de ciertas ideas que entran y salen con demasiada frecuencia. Pero también me parece apreciable que la autora deslice algunas experiencias personales que tienen poco que ver con el tema principal pero que aportan sinceridad al libro. Algo importante cuando se trata no tanto de responder como de plantear preguntas tan fundamentales como incómodas sobre nuestra actividad laboral: qué hacemos, cómo lo hacemos o para qué.

También de Remedios Zafra reseñado en ULADEl bucle invisible


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