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sábado, 13 de marzo de 2021

John Le Carré: El sastre de Panamá


Idioma de publicación:
inglés

Título original: The tailor of Panama

Año de publicación: 1996

Traducción: Carlos Milla

Valoración: recomendable

Casi tres meses después de su fallecimiento, en el epígrafe "libros que andan por casa" presto la atención, y creo que es la primera vez, a John Le Carré, pseudónimo, por cierto, de David Cornwell, autor especializado en el espionaje partiendo de su experiencia personal en el sector. Como muchos autores de la segunda mitad del siglo XX, encuadrados dentro de un género (Greene, Lapierre, Collins) de enorme poderío comercial, de alto nivel de sugerencia visual, lo cual les procuraba un innegable gancho y una curiosa hegemonía, prácticamente ese ramillete de autores justificó el acuñamiento del término best seller y hasta aquí hemos llegado: ventas millonarias, adelantos generosos, lanzamientos multinacionales, incluso antes de que apareciera la oleada de la novela histórica (queridos lectores: no me busquéis ahí) y degradara hasta el extremo: hoy best seller es casi sinónimo de obra de fácil lectura e incierto valor literario.

Creo que Le Carré queda a medio camino de ese concepto: El sastre de Panamá me ha parecido una novela bien escrita, quizás no con un estilo depurado pero desde luego alejado de las frases cortas y las parrafadas desechables. Cierto es que Le Carré se ve obligado, 1996, a situar su obra en periodos y escenarios alejados de los estereotipos de los 60 a los 80 (telón de acero, guerra fría, los dos bloques) y que ha de optar, en ese 1996 que queda a medio camino entre la caída del muro y la de las torres del WTC, por imaginar un Panamá previo a la salida de la dominación USA, pergeñando una trama donde la república centroamericana es un nido de confidentes, espías y contraespías de los movimientos de las autoridades del Canal, auténtico protagonista inerte en su condición de enclave geoestratégico, que en este caso se concreta en la figura de Harry Pendel, responsable de la sastrería P&B, que proclama orgullosa haber tenido sede en Saville Row, Londres, sastre que se dedica a vestir con caros ropajes a la élite de poder que desfila por sus instalaciones. Louisa, su esposa, trabaja en las cercanías de políticos prominentes y emergentes. Andrew Osnard, del servicio de inteligencia británico, lo elige para chantajearle sin reparo, ya que Pendel tiene un pasado sobre el que Osnard ha indagado, un pasado mucho menos idílico del que Pendel proclama y da a conocer. Pendel cede al chantaje y acepta convertirse en informador.

Y hasta ahí puedo llegar. Se trata de una novela de suspense, sabéis. Solo diré que Le Carré se inclina más por el aspecto psicológico (Pendel ha elegido una vida honrada y aburrida a la que no quiere renunciar) e incluso escora la novela hacia cierto escenario de picaresca (Pendel debe satisfacer a Osnard sin traicionar a su entorno) en el que la novela se empantana un poco. No hay acción, no hay tiros ni persecuciones, de hecho hay más bien un juego laberíntico, descrito en escenas que cambien de enclave para evitar un desarrollo demasiado lineal, obvio recurso del género, y podríamos incluso destacar que la novela juega al cambio de roles: Osnard tiene un comportamiento más abiertamente deshonesto que Pendel. El final se atisba demasiado pronto y la novela pierde fuelle en sus últimas cien páginas, se trata de un texto más que digno si bien el género, como tal, ha perdido buena parte de la relativa erótica de décadas pasadas. Hoy todo es más sórdido y lúgubre y menos rodeado de ese glamour ligeramente decadente que la obra de Le Carré parece desprender.


martes, 13 de septiembre de 2022

John le Carré: El espía que surgió del frío

Idioma original: inglés

Título original: The spy who came in from the cold

Traducción: Nieves Morón

Año de publicación: 1963

Valoración: Recomendable alto


Espías los ha habido siempre, pero a mediados del siglo pasado se llegó a consolidar una especie de subgénero literario basado en aventuras de ese mundo, seguramente tan oscuro y complejo como parece desde fuera.  Recién terminada la Segunda Guerra mundial (incluso podría decirse que antes de terminar) ya estaban configurados los dos bloques antagónicos que se enfrentarían durante los cincuenta años siguientes. En ese momento esos dos bloques comparten frontera en la Alemania ocupada y, de forma muy significativa, en el propio Berlin, de inmediato dividida, donde los nuevos enemigos literalmente se rozaban. El famoso Checkpoint Charlie, con toda su leyenda, es el símbolo de la guerra fría y el espionaje.

Por allí anda el espía británico Alec Leamas, responsable del tinglado en la República Democrática alemana, hasta que pierde a su último hombre justo cuando iba a cruzar la frontera. Parece que el trabajo de Leamas no ha sido demasiado provechoso, y el alto mando (todo lo dirige un tipo enigmática y muy apropiadamente conocido como Control) le manda un tiempo a la nevera. El agente, ya bastante bregado y un poco harto de todo, termina sin un céntimo, con un trabajillo de circunstancias, hasta que se le encomienda una última misión, que será al mismo tiempo una oportunidad para redimirse de su derrota.

La perspectiva del mundo del espionaje es muy diferente de la que proponía Graham Greene, por ejemplo en El factor humano. En Greene interesa sobre todo la subjetividad, el espía como individuo cuyo trabajo es ese como podía ser cualquier otro. Para Le Carré, sin perder de vista el lado humano, es más importante la intriga, cómo funcionan los mecanismos del engaño y la simulación, qué leyes gobiernan ese entramado político-militar que hoy llamaríamos Inteligencia, en definitiva descubrir el juego oculto del adversario, anticiparse a sus movimientos, conocerle para debilitarle y destruirle. Y lo que encontramos es que no hay en realidad ninguna ley, nada tiene valor, incluida la vida, al margen del éxito de una misión, eso es lo único que importa.

Las redes de espionaje son realmente una gran trituradora que va destruyendo a todos los que, voluntariamente o no,  se acercan a ella, los destruye física o mentalmente, o ambas cosas. No a todos: solo pueden salvarse los que realmente conocen el sistema, quienes carecen de escrúpulos como el sistema exige, y saben mantenerse a flote a cualquier precio. Así vamos distinguiendo entre ese puñado de personajes bien dibujados (idealistas, desengañados, funcionariales) quiénes serán capaces de sobrevivir y quiénes sucumbirán en esa criba inexorable y muy descriptiva.

Según se dice, las novelas de John le Carré, y ésta en concreto, son el canon de la literatura de espionaje, el modelo que muchos otros copiaron después y que se llevó al cine una y otra vez. Y es que realmente el libro está estupendamente escrito, tiene el ritmo perfecto, el grado adecuado de complejidad para no frustrar al lector y que su esfuerzo resulte gratificante, integra ciertos elementos emocionales (la relación entre Leamas y la joven Liz, pero también la envidia de Fiedler, por ejemplo) en la justa medida para no deshumanizar del todo la trama. Y no falta el tanto de literatura forense (ya saben, la larga escena del juicio en donde se dilucidan cosas fundamentales), que tal vez no sea tan novedosa, bien llevada aunque intuyo que con un sesgo anglosajón que puede no ser del todo adecuado. 

Un conjunto brillante, donde tiene también cabida la sutileza para describir situaciones de forma que el leguaje digamos literario no es un adorno, sino que esté realmente al servicio de la narración:

‘En todas partes, ese aire de conspiración que se produce entre la gente que está levantada desde el amanecer, casi de superioridad, nacido de la experiencia común de haber visto desaparecer la noche y llegar la mañana.’

Es decir, captando las atmósferas necesarias para contextualizar el relato de forma impecable.

No sé si una historia de espías da como para hablar de literatura de gran calibre pero, si no perdemos la perspectiva de lo que estamos leyendo, hay que decir que el libro se cerca bastante a lo perfecto y desde luego merece ser conocido.


También de John le Carré en ULAD: El sastre de Panamá, Un hombre decente

lunes, 23 de diciembre de 2019

John le Carré: Un hombre decente

Idioma original: inglés
Título original: Agent Running in the Field
Año de publicación: 2019
Traducción: Benito Gómez Ibáñez
Valoración: recomendable

En más de una ocasión, en los comentarios que se hacen a nuestras reseñas, hay quien nos ha señalado, con total acierto, que nunca nos habíamos ocupado de los libros del afamado escritor de novelas de espías John le Carré (David Cornwell en su casa). Pues bien, ha llegado el día de acabar con esa omisión y qué mejor que hacerlo con su última obra hasta la fecha... y que quizás sea la última que escriba, dada su avanzada edad y que el hombre se encuentra algo bastante pocho, por lo visto. Aunque claro, nunca se sabe y crucemos los dedos...

Esta última novela, Un hombre decente -traducción que no tiene mucho que ver con el título original y que condiciona la lectura, me temo, aunque no sé si para bien o para mal- también es de espías, como debe ser; aquí nos cuenta las periperipecias de Nat, un agente veterano en los asuntos rusos -él mismo es medio ruso o, al menos, cuarterón- que, a punto de quedar fuera de la Oficina, como se llama al MI6, pasa a dirigir una subestación marginal de la misma, conocida como El Refugio, desde donde vuelve a entrar en el juego. También en el juego del bádminton, del que es un aventajado practicante y que en esta novela tiene una importancia fundamental: Nat comienza a enfrentarse en su club con un joven desgarbado y más bien peculiar llamado Ed Shannon, que además de revelarse como un contrincante a su altura. resulta ser un inconformista con el rumbo que está llevando su país y el mundo, en general... Lo que no es baladí, puesto que el Brexit y los gobiernos de Trump y Putin son el telón de fondo -y algo más que eso- de la trama de espionaje de la novela.

Novela de espías, sin embargo, con aire un poco vintage, puesto que parece (o al menos así se retrata aquí) que los servicios secretos han vuelto en buena medida a los métodos "tradicionales", dada la vulnerabilidad de la tecnología digital. Novela que, además, no oculta una cierta nostalgia (en lo que se refiere al aspecto literario, se entiende) por la Guerra Fría, con aquellos agentes y topos de la KGB tan entretenidos... Novela que, pese a lo que yo mismo comenté en la reseña de Caballos lentos, sí que guarda algún parentesco con las de Mick Herron: El refugio parece una versión aligerada de la Casa de la Ciénaga y también adquieren gran importancia -incluso crucial- a las circunstancias más prosaicas y domésticas de los espías, que tienen que ve más con simples y a veces sufridos funcionarios gubernamentales que con agentes 00 con licencia para matar.

Novela de espías que, como es de suponer no sólo trata de una trama ingeniosa o unos personajes pintorescos; subyace en ella la cuestión de hasta que punto hay que gusrdar lealtad al país o la sociedad a la que perteneces, al Estado para el que trabajas (o al que pagas tus impuestos y respetas sus leyes, sin más)... y por tanto, si es ético traicionarlo cuando los derroteros que sigue van en contra de tus ideas o en contra de su propia ciudadanía, a tu entender.

Huelga decir que la historia está escrita con una soltura, un ritmo y un humor que denotan no sólo un gran talento sino sobre todo un gran oficio en estas lides. Ni siquiera el que el final (y espero no estropearle la lectura a nadie) sea un tanto abrupto y deje algunos flecos, algunos interrogantes que hacerse tras una trama de precisión suiza, devalúan el placer que supone devorar esta última (y que sea de momento) novela del maestro del género. Sin duda, recomendable.


jueves, 10 de marzo de 2016

John Banville: El intocable


Idioma original: inglés
Título original: The Untouchable
Año de publicación: 1997
Traducción: José Antonio Molina Foix
Valoración: muy recomendable



He de decir que a punto he estado de etiquetar este libro como "biog vez de como "novela", porque el "intocable" del título, el personaje alrededor de la cual gira la historia, está basado, sin apenas algún disimulo, en el espía británico Anthony Blunt, ex-caballero de la Corona Real británica, crítico e historiador del arte experto en Poussin, profesor universitario, conservador de la colección real inglesa de pinturas -y asesor de la reina-, espía a favor de los servicios secretos soviéticos desde los años 30, formando parte de los llamados "cinco de Cambridge", y desenmascarado públicamente como tal por Margaret Thatcher en 1979 (aunque ya había sido descubierto quince años antes). Aparecen también, con otros nombres, personajes célebres de la época -o basados en ellos- como el también espía Guy Burgess, el novelista Graham Greene o el "padre" de la inteligencia artificial, Alan Turing... entre otros cuya auténtica identidad sin duda se me escapa.

En realidad, no sé hasta qué punto este libro es lo que llaman un roman à clef; más que nada, porque no he leído las verdaderas memorias de Blunt, que fueron editadas unos años más tarde, en 2001, y cuya autora, Miranda Carter, también aparece en la novela de Banville (de hecho, cabe la sospecha de que éste, al enterarse de que Carter estaba escribiendo también la biografía de Blunt, y con su colaboración, decidiera incorporarla como personaje en su novela). Para empezar, el autor irlandés se lo lleva a su terreno y convierte al espía, aquí llamado Victor Maskell en oriundo del Ulster, aunque hijo de un pastor protestante y emparentado con la reina (me refiero a la madre de Isabel II, no a ésta), lo que le da acceso, junto con su esmerada educación en Malborough y Cambridge a los círculos de la "buena sociedad" británica. Es en esta ciudad universitaria donde, a partir de su preferencia al selecto -y casi secreto- grupo de "Los apóstoles" donde se convierte al marxismo y es reclutado por el espionaje soviético (igual que sucedió con Blunt, en este caso). Tampoco es que Maskell se nos presente como un comunista convencido y mucho menos de las posibles virtudes de la Unión Soviética -de hecho, se confiesa "marxista monárquico"-; eso sí, una vez tomada la resolución de espiar para ésta, es absolutamente leal a su decisión.

Que tampoco espere nadie una trepidante novela de espías, ni siquiera a lo John Le Carré; El intocable es casi una novela intimista, en la que tienen más peso las remembranzas, las sensaciones, las revelaciones... el paso del tiempo (tanto el cronológico como, de forma sorprendente, aunque  en absoluto incongruente, el atmosférico). En realidad, no es una novela -sólo- sobre el espionaje y sus dobleces; ni sobre la homosexualidad y también sus dobleces -sobre todo en la época de la que se habla-; ni sobre la familia y sus... cómo no, dobleces. Ni sobre las relaciones humanas. Ni sobre el amor... Es ante todo, una novela sobre la memoria y sus ingobernables recuerdos; cómo la engañamos o nos engañamos con ella, como la falsificamos hasta no poder discernir lo que ha sido verdad de lo que no, como un cuadro que atribuimos a una mano maestra, aunque esa certeza sólo la tengamos nosotros... o ni siquiera.

He dejado para el final el aspecto más destacable de la novela, tan obvio para quien conozca la obra de Banville que tal vez no debería ni mencionarlo: lo magníficamente que está escrita; de hecho, no creo que se pueda escribir mejor. Quizás sí con más brío, más tripas o más ingenio. Se podrá escribir de manera más "sincera" -espinoso asunto, si hablamos de ficción- o más artificiosa, más cruda o más elíptica; lo que sea que prefiera cada cual. Pero mejor que lo que escribe Banville, no: es imposible.

Otros libros de John Banville/ Benjamin Black reseñados en Un Libro Al Día: El otro nombre de Laura, El mar, El lémur, El libro de las pruebas, Antigua luz, En busca de April, La guitarra azul, Regreso a Birchwood

viernes, 3 de octubre de 2014

John Godey: Pelham Uno Dos Tres

Idioma original: inglés
Título original: The taking of Pelham One Two Three
Año de publicación: 1973
Traductor: I. Ferrer Aleu
Valoración:  recomendable

Posiblemente el título de esta novela les sonará a muchos/as porque es el de una película casi mítica del cine negro norteamericano de los años 70 (mítica sería La noche se mueve; clásicas, la saga de El Padrino). Pero antes que la película, como ocurre a menudo, hubo un libro, una novela cuyo éxito inmediato propició que fuera llevada al cine, aunque hoy en día tanto este título como su autor hayan caído en el olvido general (por fortuna, no ha ocurrido así con la versión cinematográfica, que incluso ha conocido un par de remakes, como serie y como película, hace no muchos años). La novela fue escrita por el neoyorquino Morton Freedgood, que firmaba como John Godey, y el argumento, para quien no lo conozca, es el siguiente: un grupo de maleantes secuestra un vagón de Metro en pleno Manhattan (del tren que ha salido de Pelham Bay a la una y veintitrés: de ahí su apelativo) y exigen un millón de dólares -ojo: de los de 1973- como rescate para liberar a los rehenes.

Tal suceso hace de detonante de todo un tráfago de reacciones y una actividad febril, no  ya  en el interior del vagón secuestrado, sino también en la Jefatura de Tráfico,  la de la Policía,  la Oficina del alcalde, los medios de comunicación, la calle... Utilizando con eficaz agilidad una estructura coral, Godey consigue ofrecernos una estupenda panorámica de la sociedad de su tiempo -al menos, la americana o la neoyorquina- y de los asuntos que la inquietaban, aunque quizás hoy nos resulten algo desfasados (o no tanto): la guerra de Vietnam, la inseguridad ciudadana,  las tensiones raciales,  las revueltas políticas... Incluso la propia banda de secuestradores está hábilmente formada por caracteres contrapuestos, de manera que contribuyan aún más al juego narrativo: el frío ex-mercenario, el bruto silencioso, el cobarde inteligente y el chulo rebelde, tan indisciplinado  que había sido expulsado incluso de la Mafia... (a los cinéfilos quizá les interese saber que los secuestradores no se dirigen entre ellos llamándose "Mr. Green", "Mr. Brown" o "Mr. Grey", como en la película; éste es un feliz hallazgo de guión, "homenajeado" después por Tarantino).

Una novela policíaca, en cualquier caso, magistralmente escrita. Y sazonada en todo momento con un humor socarrón, a veces lleno de acidez -hasta bordear el cinismo-, que no vacila en apuntar hacia la propia ciudad y sus habitantes (un tipo de humor, pues, muy neoyorquino,  según se dice). Lo que no impide que,  al mismo tiempo, la novela sea un homenaje de su autor hacia esa misma ciudad y esos habitantes. Una novela,  además,  que guarda el sabor de cuando los best-sellers los firmaban Frederick Forsyth, Lapierre & Collins... o el gran John Le Carré (toda una literatura a reivindicar, 40 años después). Una novela que demuestra que la comercialidad no tiene por qué estar reñida con la calidad y el disfrute de la buena literatura. La verdad, ya podía aprender más de uno...

Como nota curiosa, mencionaré que, durante años, el servicio de ferrocarriles metropolitanos de Nueva York retiró el tren que salía de Pelham Bay a las 13:23, para evitar el peligro de imitadores, más o menos locuelos, supongo. E incluso cuando se restableció el horario, muchos conductores se negaban a llevar ese tren. En este caso, la ficción superó a la realidad (y sí: lo he leído en la Wikipedia... ejem).

domingo, 11 de septiembre de 2011

Andrea Camilleri: La intermitencia

Idioma original: italiano
Título original: L'intermittenza
Año de publicación: 2010
Valoración: está bien

A mí es que, como se suele decir del cerdo, de Camilleri me gustan hasta los andares. Me cae genial, el hombre, y además sus novelas me parecen entretenidísimas.Así que hace poco me compré no una, sino dos de sus obras: una de la serie de Montalbano y esta otra, que no es de la serie de Montalbano. Y bueno, esta segunda es algo menos entretenida que las otras, pero tampoco está mal. O será que yo a Montalbano lo miro siempre con buenos ojos...

A diferencia de la serie "policiaca pura" de Montalbano, esta es una especie de thriller financiero, un poco como de John Le Carré Grisham, aunque en un entorno italiano. Hay absorciones empresariales, traiciones entre socios, relaciones más sexuales que amorosas, una trama de corrupción empresarial y, claro, las intermitencias del título, que son unas pérdidas momentáneas de consciencia que sufre uno de los protagonistas.

La intermitencia comparte con el resto de las novelas de Camilleri su visión cínica y desencantada de la vida, en general, y de la vida italiana, en particular. No hay estrato, profesión, región, religión o sexo (los hombres son unos cabrones; las mujeres, unas estúpidas) que se libre de su crítica. Pero para ser como las mejores de sus novelas, a esta le faltan dos cosas: un héroe con el que identificarse -aunque sea un héroe tan atípico como el hedonista Montalbano- y el sentido del humor que normalmente llega de la mano de Mimí Augello y de Catarellla, y que aquí solo aparece con cuentagotas, haciendo que la novela resulte algo más oscura de lo habitual.

En fin, no está mal ver a Camilleri defendiéndose en un género algo distinto, pero, a pesar de toda la admiración (¿veneración?) que le tengo, prefiero las novelas de Montalbano.

También de Andrea Camilleri en ULAD: Aquí

domingo, 4 de mayo de 2025

David McCloskey: Estación Damasco


Idioma original:
inglés

Título original: Damascus Station

Año de publicación: 2021

Traducción: Jofre Homedes

Valoración: indigesto

Si hubiera una lista  standard de ticks para marcar que encajaran con la definición de best seller, subgénero "novela de espías", Estación Damasco las cumpliría a rajatabla. Desde su extensión y formato, tan adecuado para despacharlo en un corto período de vacaciones en algún sitio con un moderado bullicio, hasta su estructura, con capítulos cortos que parecen escenas y que siempre podrían saciar el ego del autor traduciéndose en jugosos contratos si algún directivo de cadena de streaming poco exigente decidiera sacarle algún provecho audiovisual. Por supuesto, referencias como John Le Carré o Graham Greene o una larga lista de autores de esos que basan sus libros en sus experiencias previas - militares, policiales, en cuerpos de élite, etc - son rápidamente identificables.

En este punto, por eso, habría que empezar a poner en duda que esto sea suficiente para que uno se convierta en escritor, más allá de la apelación constante al morbo y a una narración estereotipada hasta la saciedad, consistente en un amontonamiento de clichés tan obvio como algunos de los aderezos promocionales (el elogio de un ex-director de la CIA, en la portada, su definición en la contratapa como "novela atmosférica y trepidante"). Y aquí ya hay que ponerse serios: quinientas treinta páginas de idas y venidas constantes por los consabidos escenarios globales - Siria, Italia, Francia, Estados Unidos - en torno a la figura de Samuel Joseph, un miembro de la CIA que, sediento de venganza por la muerte de otra agente a manos de un sanguinario torturador sirio del gobierno de Al Asad, intenta captar a Mariam, agente siria que tantea y presiona a disidentes, para convertirla en colaboradora, lo que vendría a ser el agente doble de toda la vida, pero, ay, a pesar de que ambos son profesionales de alto rango capaces de manejarse en armas, pelea cuerpo a cuerpo, resistencia mental y física a las torturas más crueles, surge la pasión entre ellos, algo bastante curioso y desaconsejable en un entorno tan agitado como Damasco en medio del inacabable revuelo posterior a la Primavera Árabe.  

Surge, uno tras otro, cada uno de los enemigos favoritos clásicos, desde la Yihad en sus múltiples formas, hasta Rusia o incluso la propia burocracia que impide a los especialistas resolver las cosas a su manera. Todo precipitado, turbulento y lleno de estampas que enlazaríamos visualmente con cosas como Homeland o The Americans. La narración, dejadme recordaros que son más de 500 páginas, se enrevesa para tantear al lector con posibles traiciones, lealtades ambiguas, truculencia, diálogos confusos entremezclados con casualidades casi risibles (¿se puede hablar de un ataque con armas tóxicas a gritos en un lavabo? oh yes), todo en un contexto que se pretende apuntalar con siglas, nombres en clave, terminología para que el autor saque pecho de su profundo conocimiento de la "Agencia", lo cual convierte el libro en una aventurilla de superhéroes algo trasnochada y ya muy vista. Con escenarios, tecnología y enemigos actualizados, por supuesto, pero sin la mínima intención de profundidad o sutileza.

De ahí a  considerarlo literatura o algo que pretenda más allá de un algo farragoso entretenimiento  insustancial...

jueves, 17 de enero de 2019

Mick Herron: Caballos lentos

Idioma original: inglés
Título original: Slow Horses
Año de publicación: 2010
Traducción: Enrique de Hériz
Valoración: recomendable


Pese al nombre, la Casa de la Ciénaga no es ningún pub de inspiración dickensiana. No se trata tampoco de una escape-room gótica ni de una página web sobre cine de terror de serie Z... Y, por supuesto, no se refiere ni a una casa de verdad, ni mucho menos a una ciénaga. En esta novela, así es como se conoce al departamento o sección de los servicios de inteligencia británicos donde son destinados aquellos de sus miembros que han cometido fallos graves (o tontos), que han sido elegidos para hacer de cabezas de turco de los errores ajenos o que han sucumbido de una forma u otra a alguna de las muchas debilidades humanas. Dicho en plata: que la han cagado y han pasado a engrosar el grupo de los "caballos lentos", que en el argot de los servicios secretos (y supongo que antes de los hipódromos), son el equivalente a los caballos que se quedan rezagados, sin posibilidad de disputar la carrera y ni siquiera alguno de los puestos de cabeza. Ese es el reino de Jackson Lamb, un veterano de los tiempos de la Guerra Fría sarcástico, gordinflón y flatulento, cuyo cometido parece ser, más que nada, fastidiar a sus subordinados.

Como se puede ver, esta es una novela de espías británicos, pero nada que ver con John Le Carré -un poco sí con Graham Greene- y, desde luego, a años luz de Ian Fleming; aquí lo más parecido que hay a James Bond es River Cartwright, un joven "caballo" que tras un error  bien gordo se ha librado de ser expulsado del Servicio tan sólo por la influencia de su abuelo, también un -respetado, en este caso- agente de otra época. Sin embargo, aunque el protagonista de la novela parece ser River, en un primer momento, nos acabamos dando cuenta de que el verdadero personaje principal, el 007 de la novela, es el inefable Lamb (el apellido, como es de suponer, es una ironía del autor), que se ha de desenvolver en un verdadero quilombo de operaciones internas que mezclan terrorismo, grupos de extrema derecha y algún político bastante reconocible en un ambiente pre-Brexit -la novela es del 2010-, pero que ya anuncia la estulticia y confusión (no solo en el UK) que sobrevendría años después y en la que todavía estamos.

Así pues, provisto con esta especie de "doce del patíbulo" (aunque a veces parecen más los polis de Brooklyn Nine-Nine), Mick Herron forja una trama impecable -quizá abusa un poco del engaño al lector-, original  y, desde luego, de lo más entretenida, además de enseñarnos un estupendo muestrario de personajes de lo más peculiar aunque, al mismo tiempo, creíbles gracias a una construcción sólida y compleja. Lo extraño, la verdad, es que esta novela, al igual que el resto de la serie que inaugura, dedicada a Lamb y sus chicos, no hubiese sido hasta hace bien poco publicada en castellano. En fin, nunca es tarde...

Por cierto, y como detalle que todos los biblionecrófilos agradecemos a Mr. Herron: en el libro aparece la tumba de Blake (está en el mismo cementerio que la de Daniel Defoe, al parecer)... Eso sí, cuando se escribió esta novela, aún no lucía su nueva lápida... ; )