Año de publicación: 2020
Valoración: muy recomendable
En estos tiempo de incertidumbre energética provocada por una guerra de desarrollo y consecuencias imprevisibles, resulta extraordinariamente oportuno sumergirse en este ensayo que nos propone Antonio Turiel, investigador del CSIC.
El título del libro ya resulta esclarecedor. Turiel va realizando un análisis pormenorizado de las distintas fuentes de energía de que disponemos, del ritmo de vida que pretendemos seguir manteniendo aún a costa de acabar con los recursos del planeta y llega a la conclusión de que tarde o temprano acabaremos inmersos en una crisis energética de dimensiones globales y no vamos a hacer nada para evitarla.
El científico del CSIC comienza analizando las fuentes energéticas fósiles comenzando lógicamente por el petróleo, y nos demuestra con cifras que este combustible está llegando a su pico de producción e inevitablemente comenzará su decrecimiento. Coches, camiones, buques y aviones que interconectan la actividad humana en cualquier parte del mundo necesitan el petróleo porque, como señala Turiel, es una sustancia energéticamente densa, capaz de mover todos estos ingenios y no hay ninguna otra energía capaz de realizar esta tarea.
Puesto que los derivados del petróleo se agotarán en un futuro no muy lejano, analiza las distintas fuentes alternativas que ya se están poniendo en marcha, es decir, las energías denominadas renovables y llega a la conclusión de que aunque puedan resolver el consumo de electricidad de los hogares, no van a solucionar el principal problema de consumo de combustible, que es el transporte de mercancías y personas a nivel mundial. Transporte que como todos ustedes saben ha aumentado de forma exponencial en los últimos años.
Turiel dedica cada capítulo del libro a analizar todas las posibles alternativas a nuestro actual sistema de consumo energético global y va desmontando todas esas teorías triunfalistas que confían en que a través de nuevas investigaciones tecnológicas podamos mitigar o resolver la crisis que se avecina: "la llegada de la producción de los combustibles fósiles a su cénit y la manifiesta incapacidad de los sistemas de generación de energía renovable por cubrir el agujero que deja tras de sí el retroceso de los combustibles fósiles van a imponernos una situación de racionamiento forzoso...está garantizado que cada año obtendremos menor cantidad y eso va a impedir que crezcamos desde prácticamente ya".
Y aquí llegamos a la tesis principal que defiende Turiel en este libro. Una crisis de crecimiento supone necesariamente una crisis del capitalismo, "hace falta adaptarnos a un entorno de decrecimiento forzado y comenzaríamos a hablar de una nueva sociedad que pueda generar empleo y bienestar sin necesidad de crecimiento".
El problema, como señala Turiel, es que este cambio social necesario e ineludible, este final del capitalismo, choca con la dinámica actual de los sistemas políticos que gobiernan nuestras sociedades: "La mayoría de los partidos políticos atacarán sin piedad lo que calificarán de meras ocurrencias, un ataque al estado del bienestar e, incluso, un atentado contra nuestros derechos más básicos. Todo eso es cierto. Y, a pesar de ello, da igual. Aunque durante algunos años aún pueda parecer que una determinada solución (basada en las energías renovables, en la nuclear, en los biocombustibles o en lo que sea) vaya a permitir mantener el sistema capitalista, no es verdad. Pasarán los años y las alternativas fracasarán. Lo harán de manera silenciosa: no se dirá que han fracasado, pero lo cierto es que no resolverán ninguno de los problemas planteados que se decía que iban a resolver".
Advierte Turiel de que no nos queda mucho tiempo porque la alternativa podría ser "acabar en un sistema ecofascista, en el que un Estado imponga a sus ciudadanos medidas coercitivas para evitar la crisis de los recursos. O bien podemos acabar en un sistema militarista y expansionista, convencido de que la solución a la crisis consiste en invadir tantos países como pueda en pos de los recursos que necesita para mantener el status quo (les suena de algo). O podemos acabar en un sistema neofeudal, en el que uno o varios señores de la guerra impongan su ley a sangre y fuego a toda la población".
Puede parecer que la visión del ensayista es mayormente negativa, pero confía en que logremos un consenso y nos encaminemos hacia soluciones esperanzadoras y compartidas, soluciones de índole social, porque es la mentalidad social la que necesita cambiar. Turiel propone: anulación de las deudas actuales, reforma radical del sistema financiero, redefinición del dinero, reforma de los estados, definición de planes de transición locales y preservación de los servicios básicos (sanidad, educación y asistencia a gente mayor y necesitada).

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