lunes, 21 de mayo de 2012

John Banville: El mar

Título original: The Sea
Idioma original: inglés
Año de publicación: 2005
Valoración: Recomendable



Confieso que este autor me desconcierta, no me resulta fácil valorar sus obras pues, si bien no puedo negar que escribe magníficamente, que sus personajes experimentan reacciones muy humanas, que sus descripciones son impecables, que su manera de concebir la ficción es muy personal, tampoco negaré que me aburre. Unas veces más y otras menos. No sé si los motivos que he encontrado son suficientes. En primer lugar, a estas alturas literarias, en materia de sentimientos, está todo ya muy trillado, es difícil encontrar algo nuevo bajo el sol, nadie va a descubrir nada por muy excepcional que pueda sentirse. Otra cosa es la forma de presentarlos, y ni siquiera en esto es sencillo ser original. Puede ser que Banville y yo, simplemente, no conectemos. Sin embargo, a mí me gusta el subjetivismo, la introspección, el lenguaje poético, esos personajes taciturnos y permanentemente torturados, admiro el procedimiento narrativo que utiliza estampas sucesivas para componer un argumento. No debería ser así.
 
En El mar, aún siendo la novela suya que más me ha gustado hasta ahora (incluyendo las de género policíaco, que publica bajo pseudónimo), encuentro la misma falta de sinceridad de siempre, quizá debido a un pudor excesivo que le impide reflejar lo que de verdad le preocupa. Esto da lugar a que el narrador/protagonista no sea todo lo consistente que debiera, a que los resortes para conmover al lector resulten algo artificiosos, a que tanto la evolución de los hechos como la conexión entre las dos etapas que presenta no convenzan demasiado, a que el preciosismo descriptivo parezca superpuesto en lugar de entretejerse con los sentimientos de los personajes. En definitiva, lo que tenemos es una construcción poco sentida, que se afana por conseguir la perfección formal pero que adolece de una absoluta falta de alma.

El protagonista – un tipo contradictorio, ya que se confiesa calculador y materialista pero ama a quien supuestamente utiliza y su tortura constante revela un espíritu sensible – pasa por una larga fase de angustia existencial, no logra asumir el fallecimiento de su esposa, mantiene una relación ambivalente con su hija adulta y su estado natural es de constante pelea con el mundo. Este presente – indudablemente atractivo, incoherencias aparte – se alterna con un ambiguo pasado preadolescente
cuyas incidencias no despiertan el mismo interés y cuyo momento de alta tensión dramática resulta tan absurdo, tan incomprensible, que ni siquiera añadiendo el factor sorpresa consigue impactar demasiado. En las últimas páginas, pasado y presente se entrecruzan en un débil punto de unión sin que esta coincidencia logre despertar tampoco toda la emoción que pretende. Sin embargo, es justo después de ese momento, en medio del total pesimismo y desesperanza que invaden la novela, cuando se abre una pequeña brecha, un débil rayo que sólo el amor filial parece haber puesto en marcha.

Es cierto que, según avanza, la novela va mejorando, que contiene escenas intensas, que la habilidad del autor para crear atmósferas y transmitir efectos sensoriales es indiscutible, que técnicamente no se le puede reprochar nada porque está escrita con minuciosidad, que sus personajes provocarían una gran ternura si Banville hubiese conseguido hacerlos suyos, pero el libro se ha pasado más de una semana sin abrir, olvidado encima de un mueble y, sinceramente, no creo que toda la culpa sea mía.


Del mismo autor: Como John Banville: Aquí Como Benjamin Black: El otro nombre de Laura

4 comentarios:

santi dijo...

Estoy completamente de acuerdo con la reseña, no entiendo por tanto el "Recomendable" que le se le etiqueta.
Yo lo dejaría entre un "Se deja leer" y un "decepcionante", casi decantándome más por la segunda opción.
Pasas las páginas y no pasa absolutamente nada. Estoy de acuerdo con lo de la minuciosidad de su prosa, pero no basta. En ningún momento crea intriga o interés.
Me fui a la biblioteca en busca de "El Intocable" y en vistas de que no estaba disponible decidí coger este otro, motivado por el "Recomendable" que había leído aquí, pero me ha aburrido enormemente y lo he acabado por respeto al pobre traductor (que habrá tenido una tediosa tarea), Damián Alou, más que por otra cosa.
No lo recomiendo en absoluto.

Montuenga dijo...

Jeje, siento mucho haberte confundido, compañero. El motivo de la incoherencia entre reseña y valoración lo tengo un poco borroso por culpa del tiempo transcurrido. Creo recordar que fue debido a cierta mala conciencia, al temor de estar siendo injusta con Banville cuando todo el mundo le ponía por las nubes y yo no encontraba la excelencia por ningún sitio. Así que fui totalmente sincera en lo que escribí pero le elevé la nota en aras de una objetividad inexistente.
Bueno, al menos, y por una vez, alguien me da la razón. Algo es algo.

Francisco Hernandez dijo...

Leer o hablar de la muerte es molesto. Roberto Bolaño escribió en una de sus novelas que la gente sana rehuye el trato con la gente enferma, y decía que la noción del tiempo, para los enfermos es como un tesoro escondido en una cueva del desierto, o también que los enfermos muerden realmente, mientras que los sanos solo mastican aire. Podemos hablar o leer sobre asesinatos, masacres, crueldades, etc. pero hablar sobre la nostalgia de quienes sufren la agonía y el "post mortem" de un ser querido, siempre resulta fóbico. Describir la nostalgia siempre ha sido un reto para todo escritor, existen pocas obras literarias donde se ahonde con profundidad en el tema, con todo y sus personajes, y que sea al menos "recomendable" o "muy...", porque tratar el tema conlleva a un cierto estado de locura, sin embargo todo buen escritor debe enfrentar toda la gama de emociones humanas, para llevarlas a su cúspide sin el detrimento de su calidad literaria, de ahí es donde podemos apreciar que significa Shakespeare y que significan los otros. Rescato de la obra El Mar, la descripción sobre los primeros síntomas y las consecuencias emocionales del recién tumor cancerígeno de su esposa, como inevitablemente esta situación hace de una pareja situarse en el tiempo pasado, como si el presente ya no tuviera razón de ser. rescato la descripción de las emociones de quien esta al pie de la cama en sus últimos momentos de vida, y fue para mí una sorpresa adonde llevaría el desenlace de sus primeras emociones amorosas de niño-adolescente, tal vez el autor quería darnos a entender que la nostalgia debía entenderla el personaje principal en aquella pérdida inevitable en su infancia-adolescencia. Si existen muchas novelas catalogadas como recomendable y en realidad son una basura comercial hollywoodense, o los llamados best seller, en este caso particular coincido en recomendable, pero calificarla en menos, es devaluarla. He leído del escritor La rubia de ojos negros, y debo decir que yo la calificaría muy recomendable, porque es entretenida, te mantiene atento al hilo de la trama, tal vez lo que suceda es que reducimos nuestro capacidad de sorprendernos, de emocionarse y contagiarse con un buen relato, o creamos una expectativa muy alta, y no recibimos lo que esperábamos. Es mejor dejarse llevar, o como decía JL Borges, no buscar las críticas, sino leer directamente a los escritores, yo trato de hacer esto antes de ir a comprar un libro o novela.

Montuenga dijo...

Independientemente de las (buenas) intenciones del autor y de sus cualidades objetivas, un libro -cuadro, composición musical o lo que sea- o llega o no llega. Puede ser a que el objeto en cuestión no transmita las sensaciones que se espera de él por una frialdad difícil de definir o que no conecte con alguien en particular. En mi caso, como he dicho y aún valorando sus méritos, Banville no consigue emocionarme. Y, a pesar de los seguidores que tiene, no me pasa solo a mí.