miércoles, 30 de mayo de 2012

Arnošt Lustig: Una oración por Katerina Horovitzová

Idioma original: checo 
Título original: Modlitba pro Kateřinu Horovitzovou
Año de publicación: 1964
Valoración: Muy recomendable

Este es un libro sobre el Holocausto, pero no desde la perspectiva habitual: no es un testimonio (aunque Arnošt Lustig pasó por Auschwitz y Buchenwald, y por lo tanto los conocía de primera mano); es una narración ficticia, casi alegórica, con un toque de fábula moral, sobre el poder del autoengaño y de la voluntad de supervivencia, y sobre la crueldad de la inteligencia humana.

La novela comienza con una sorpresa: nos encontramos en una sinagoga adyacente a un campo de concentración nazi, en la que un grupo de acaudalados judíos están siendo tratados con el mayor de los respetos, agasajados incluso. Con ellos hay una muchacha, Katerina Horovitzová, una joven y hermosa bailarina, de la que se ha apiadado uno de los hombres (el que parece ser el jefe del grupo, devido a que habla alemán). Pronto se nos explica la razón de este extraño caso: los acaudalados judíos van a ser intercambiados por militares alemanes de alta graduación. Para ello deberán abonar los gastos provocados por su cautiverio y su traslado, debidamente calculados por el oficial Bedrich Brenske. Pero empiezan a surgir imprevistos en el viaje: retrasos, problemas burocráticos, más y más gastos... La libertad, que parece al alcance de la mano, se escapa constantemente de su vista...

Una oración por Katerina Horovitzová es una novela angustiosa, como no puede ser de otra manera teniendo en cuenta su tema. Manejada de un modo impecable por el autor, la tensión narrativa va creciendo a medida que los personajes (y los lectores) ven cómo las esperanzas de libertad parecen nunca llegar a concretarse. Destacan en la obra los personajes del manipulador Bedrich Brenske, el honrado pero ingenuo Herman Cohen o la torturada Katerina Horovitzová, que se debate entre su instito primario de sobrevivir, y el deseo de salvar a su familia.

El final de la novela tiene algo de mesiánico, casi de milagroso. Es aquí donde más notamos que es esta una historia de ficción, casi podríamos decir que "romántica", y no un testimonio: no encontraremos nada semejante en las obras de Primo Levi, de Imre Kerteszs o de Jorge Semprún, por poner algunos nombres. Pero esto no roba dramatismo al conjunto; la angustia y la tensión que las 150 primeras páginas han sabido transmitirnos, no se borran por unas últimas 20 páginas de "justicia poética". Al contrario: el efecto es catártico; sabemos que esto no pasó, pero nos gustaría que hubiera pasado.